martes, 12 de junio de 2012

Exámenes


Hay que ver cómo ha cambiado esto de estudiar con el paso de los años. En mi juventud pasábamos el tiempo pegados a los libros, hincando los codos, quemándonos las pestañas, para tener las lecciones al día y los deberes cumplidamente hechos. Cierto es que vagos han existido siempre, y que yo formaba parte de un pequeño grupo en el que destacábamos por nuestro trabajo, nuestro tesón y nuestro espíritu de sacrificio. Éramos los empollones, palabra que he aborrecido siempre, aunque el resto de la gente también estudiaba, quizá no tanto, pero también hacía su esfuerzo.

Hasta hace poco no he sido consciente de que hasta en eso pertenecía a una minoría.Y no creo que esté hablando de excepcionalidad. Hay una marcada línea que distingue al esforzado del perezoso. Hoy en día esa distancia se ha acrecentado por el número tan escaso de estudiantes que dan el do de pecho. Ahora sí que se los considera bichos raros.

Nunca he visto a mis hijos nerviosos antes de un examen. Yo en cambio jamás logré acostumbrarme a esa incertidumbre previa, a pesar de las muchas pruebas por las que pasé. Era como el miedo del artista antes de salir al escenario. Aunque tuviera bien aprendida la lección, siempre cabía el temor de no ser capaz de dar lo mejor de tí mismo. Y cuando se acababa el examen, qué gusto haber descargado todo el saber acumulado, hojas y más hojas, sin parar de escribir, era como dar a luz, te quedabas aliviada. Habías demostrado tu valía, que podías estar a la altura, que cumplías con las expectativas creadas en torno a tí. Aunque fueron tantos los esfuerzos realizados durante años que ahora detesto ser sometida a examen, tener que seguir demostrando algo, lo que quiera que sea.

Los estudiantes de ahora no saben estudiar. Sólo se miran los cuadros con esquemas y resúmenes que aparecen intercalados o al final de las lecciones. Los libros están llenos de fotos y de textos con paja, y aún así les parece mucho lo que tienen que memorizar. Miguel Ángel se lee los temas (él dice que no le hace falta estudiar) un par de días antes, y no hay manera de que cambie de sistema. Como tiene buena memoria va aprobando y luego, por fortuna, se le queda grabado mucho de lo que aprendió, con lo que siempre poseerá una pequeña culturilla general. Todo lo que le gusta o le llama la atención, no sólo en los estudios sino en cualquier otro ámbito de la vida, lo absorbe como una esponja, por lo que tiene un bagaje de cosas curiosas que muy pocos saben y que quedan muy bien cuando se dejan caer en una conversación.

Ana no tiene tanta retentiva, o quizá sólo la tenga de unas cuantas cosas que forman parte de su mundo, en el que apenas tienen cabida los estudios. Cada vez que debe estudiar un examen, inicia un doloroso proceso que la transforma física y mentalmente. Se encierra en su habitación y no consiente que nadie entre bajo ningún concepto, ni aunque se esté incendiando la casa. Se pone de un mal humor increíble. Sólo sale, para ir al servicio o picar alguna cosa de la cocina, y entonces se la ve con marcadas ojeras, el rímel corrido, y el pelo recogido furiosamente y como al descuido en lo alto de su cabeza atravesado por un lápiz. Se diría que es como la transfiguración de los santos cuando entran en éxtasis, sólo que a sus padecimientos no acompaña ninguna felicidad, sólo el deseo de que acabe pronto el trance.

Dolor de cabeza, de cervicales o espalda, come-come de uñas, desazón, amargura, son los síntomas que acompañan a su transitoria enfermedad. Qué ha sido de aquellos estudiantes tan sufridos que éramos, que pasábamos horas y horas sentados en una silla empollando sin apenas descanso. Los chicos de ahora necesitan hacer muchas pausas, sufren lo indecible, no pueden estar sentados mucho rato, no les es fácil concentrarse, tienen nula capacidad de sacrificio y poca tolerancia a la frustración. Y les pasa a todos, por lo que me cuentan otras personas con hijos.

De vez en cuando descubro trocitos de papel en la habitación de Ana con información condensada que no sé si habrá llegado a utilizar, porque chuletas se han hecho toda la vida. Cuando la veo recortar tiras largas de papel pienso que está haciendo de todo menor trabajos manuales. Intentos desesperados por eludir la cuestión y encontrar una salida fácil. Competencia desleal respecto a los compañeros, escaso amor propio. Quién sabe. Me queda el consuelo de que mientras copia la lección en esos papelitos se le va quedando en la memoria algo.

Realmente cuando veo así a mi hija no sé si reír o llorar. Su aspecto es lamentablemente gracioso. No sé por qué hacen un mundo de una cosa que podría ser mucho más sencilla. Ahora tienen que estudiar mucho menos y tienen muchas más facilidades para aprobar. Ellos mismos se complican la vida haciendo que el proceso sea como un infierno, al fin y al cabo sacar una titulación es algo por lo que todos tenemos que pasar y cuanto mejor lo procuremos llevar más nos facilitaremos la vida y antes se acabará todo. 

También es verdad que las perspectivas de futuro no son muy alentadoras, y el tiempo pasa que es un primor. Cuántos hemos estudiado denonadamente para luego no podernos dedicar a aquello para lo que nos hemos preparado, y cuántos ni siquiera eso, engrosando como están las listas del paro. El futuro se presenta bastante incierto, pero que no cunda el desánimo: nunca hay que dejar de hacer el esfuerzo porque nada bueno de lo que se haga en la vida suele caer en terreno baldío.

lunes, 11 de junio de 2012

Pixdaus (I)


Pixdaus es un lugar de Internet donde se pueden encontrar algunas de las fotografías más bellas y sorprendentes que se hayan visto. He aquí algunas de ellas.









viernes, 8 de junio de 2012

El lado tierno de Al Capone


Fue el enemigo público número 1, el criminal más famoso del siglo XX, y pasó a la historia como un hombre despiadado. Tanto que su apellido ha perseguido a sus herederos durante años. Deirdre Capone, su sobrina nieta, se ha atrevido ahora por primera vez a contar en primera persona el lado familiar del mafioso más temido de América.

"Soy una capone. Mi tío abuelo fue Al Capone, considerado el enemigo público número 1 en 1930 por la Chicago Crime Commission. Mi abuelo, su hermano, fue Ralph Capone, enemigo público número 3. Crecí rodeada de hombres vestidos de negro con ametralladoras, pero nunca conseguí reconciliar los terroríficos retratos de Al y Ralph que construían los periódicos con los cálidos señores que bromeaban conmigo en las reuniones de domingo.

Ser una Capone ha marcado toda mi vida. Cuando tenía diez años, mi padre se suicidó, derrotado ante el estigma familiar; más tarde, mi hermano siguió sus pasos. De niña intenté esconder mi herencia a ojos de los demás. En vano. Tenía siete años cuando conocí las implicaciones de ser una Capone. Para mis compañeras de colegio, yo era Deirdre Gabriel -el segundo nombre de mi padre-, hasta que el Chicago Tribune incluyó mi verdadero apellido en una lista con las niñas que el día anterior habían comulgado por primera vez. Me quedé sin amigas, nadie me invitaba a sus cumpleaños; a mis compañeras les habían prohibido jugar conmigo.

El apellido volvió a complicarme la vida al acabar el instituto. Conseguí trabajo en una aseguradora como Deirdre Gabriel y a los seis meses me premiaron con una póliza gratuita. Al comprobar mi identidad, el jefe no lo dudó: «¡Estás despedida!». Mi tío, que controló la más poderosa organización criminal de Chicago, de 1925 a 1932, llevaba muerto una década.

Años después, tras dejar a mi primer marido, un hombre grosero que llegó a amenazar a nuestra hija, mi tía-abuela Maffie me preguntó si quería que alguien se encargara de él. «No, gracias», le dije. De haber pronunciado la palabra mágica quizá habría pasado a mejor vida.

En 1972 dejé atrás Chicago para asegurarme de que nadie, salvo Bob, mi marido desde 1963, supiera quién era. Dos años después, mi hijo mayor volvió un día del colegio y al preguntarle qué había aprendido me respondió: «Nos han hablado de Al Capone». Me quedé sin aire. Esa noche decidimos que ya era hora de que nuestros cuatro niños conocieran la verdad. Nos juntamos en la cocina; temblaba como un flan, apreté la mano de Bob y lo solté: «Al Capone fue mi tío. Mi nombre es Deirdre Marie Capone». Por unos instantes, el silencio oprimió el aire. Entonces, mis hijos dijeron a un tiempo: «¡Genial, mami!». Se lo contaron a todo el mundo.

Comencé a interesarme por la historia de mi familia y a hablar de ello con mis tíos y mi abuelo siendo adolescente. Años después, el entusiasmo de mis hijos acabó por empujarme a contarlo todo en Uncle Al Capone: The untold story from inside his family ('Tío Al Capone: La historia vista por su familia'), el único libro sobre Al escrito por alguien de su familia; alguien que, siendo una niña, se sentó en su regazo, lo abrazó, lo besó, compartió chistes de «toc, toc, quién es», jugó con él tumbado en el suelo como si fuera un oso de peluche; alguien a quien enseñó a cocinar espaguetis y biscotti vestido con delantal, a nadar, a andar en bicicleta y a tocar la mandolina; alguien a quien una noche llevó a ver los ciervos al bosque, alguien a quien llevaba a pescar, alguien con quien escuchaba la radio comiendo palomitas; alguien que lo escuchó cantar operetas en italiano a pleno pulmón".

Cuando los Capone llegaron a Brooklyn, en 1895, huyendo de la penuria, los italianos ocupaban el más bajo escalón social. En el colegio, los profesores irlandeses humillaban a mis tíos. En ese entorno, los pequeños Capone pronto desarrollaron su espíritu de supervivencia. Comenzaron robando comida en tiendas y puestos ambulantes para pasar a desvalijar camiones y almacenes e ingresar en las bandas que peleaban contra los irlandeses. Con 12 años Al ingresó en los Five Points Juniors, una banda cuya versión adulta acabaría siendo la primera familia al estilo de la mafia en EE.UU. Allí conocería a tres chicos cuyos nombres pasarían a la historia del crimen: Charles Lucky Luciano, Meyer Lansky y Bugsy Siegel.

Al era un adolescente cuando el capo Johnny Torrio entendió que ya conocía las claves del negocio y lo ascendió al Five Points. Más tarde, Torrio formaría su propia banda y Al se fue con él. Poco después, su rostro quedaría marcado para siempre en una pelea por una chica.

"El 4 de diciembre de 1918 nació el único hijo de Al. Mi tío había contraído la sífilis y, además de dejar embarazada a una chica, le transmitió la enfermedad. Ella murió en el parto. Mi tatarabuela encontró una madre para el niño en Mae Coughlin, una devota católica y estéril a punto de cumplir los 21. Mae sería madre y esposa devota hasta el fin de sus días.

Para entonces, mi tatarabuelo había muerto y Al y mi abuelo eran los únicos capaces de mantener a su madre y a los cinco hermanos que vivían en casa. Necesitaban dinero.

En 1920, la ley seca entró en vigor y Torrio se dio cuenta de que su negocio era demasiado grande. Llamó a Al, le ofreció 25.000 dólares al año más la mitad de la venta de alcohol y los Capone se trasladaron a Chicago. La ciudad era un campo de batalla. Más de 250 gánsters fueron asesinados entre 1922 y 1926. La tasa de homicidios superaba en un 24% la media nacional. En 1926 ,el Sindicato del Crimen ingresó 105 millones de dólares.

"Deirdre, se trataba de negocios", me dijo un día mi tía Maffie. Los Kennedy y los Rockefeller también se enriquecieron con la prohibición y Al y Ralph suministraban mercancía de gran calidad. La gente los adoraba. Los bares de Al estaban repletos de políticos, policías y jueces; los vi con estos ojos. Eran sus mejores clientes y la mitad estaban en nómina. Confiaban en él. Su palabra valía como un contrato.


Maffie me dijo también que apostaría su vida a que Al nunca dañó jamás de forma intencionada a un inocente. ¿Y las personas asesinadas por el Sindicato?, le pregunté. «Había gente que deseaba su muerte para ocupar su puesto,contestó. Cuando eras niña, muchos querían hacerte daño. Ahí fue donde estableció la línea roja. Si alguien quiere hacerte daño, ¿no debes defenderte? Al amaba a su familia, te amaba a ti. Nunca jamás olvides esto. ¿Capisci? Y te diré algo más, prosiguió, nadie de la familia estuvo implicado en matanzas a sangre fría».


Por lo visto, los enemigos de mi tío pensaron en volar la casa familiar cuando todos estuvieran cenando un domingo. «Había un código de honor, me reveló mi abuelo: No importa lo que hubiera ocurrido ni cuánto odiaras a tus enemigos, los miembros inocentes de una familia eran intocables. Pero no todos respetaban ese código».


Con Teresa, su madre

En 1928, mi tío compró una casa en Miami, donde las fiestas se alargaban hasta la madrugada. Su vecino se hartó de tanto alboroto y llamó a la Policía. El jefe del departamento frecuentaba la casa de Al y nadie hizo nada. El hombre, indignado, telefoneó a un viejo amigo suyo: el presidente Herbert Hoover. La orden no pudo ser más clara: «¡Cojan a Capone!». Al Departamento del Tesoro se le ocurrió indagar en los impuestos de mi tío. Lo condenaron a 11 años. Tenía 32.

En Alcatraz, Al fue un preso ejemplar. Incluso rechazó el plan de fuga de unos presos y fue apuñalado en la pierna en la lavandería. Los funcionarios hicieron todo lo posible por cabrearlo. Un día el padre Clark, el clérigo del penal, escribió a mi abuela: «Están destruyendo a Al. Le administran drogas y ha perdido memoria». Cuando salió, con 40 años, hablaba en susurros; tenía problemas de memoria. Lo llevaron al Johns Hopkins de Baltimore, el hospital más prestigioso de EE.UU., donde revirtieron los daños hasta cierto punto. Allí estaba internado cuando nací.

En 1947 sufrió un derrame seguido de una neumonía en su casa de Miami. Debilitado, le dieron unos días de vida, pero se recobró de forma inesperada y la familia regresó a Chicago. El 25 de enero, tras darse un baño en la piscina, se duchó y al acabar cayó fulminado por un derrame.Su funeral fue hermoso. Su ataúd era de bronce con asas de oro y el fondo de gardenias. Llegaron tantas flores que tuvieron que ser repartidas por otras capillas. Pasó gente por allí sin parar durante 24 horas".

Fue Al Capone una figura controvertida donde las haya. A su sobrina nieta le quedan de él  unos recuerdos que sin duda nos son desconocidos para la mayoría de la gente, y que hacen que lo veamos de una forma distinta. Disculparle de sus fechorías o intentar justificarlas haciendo una recreación de sus circunstancias personales y del ambiente en el que vivió, que lo condicionaron, es quizá una manera de poder vivir con ese estigma familiar. 


jueves, 7 de junio de 2012

Un poco de todo (XVI)


- Insidiosa y repugnante la entrevista que el periodista Martin Bashir le hizo a Michael Jackson en 2003.
En todo momento Bashir estuvo tendencioso, chabacano, sin ningún estilo ni interés tanto en los temas que trataba como en su forma de abordarlos. Lo encontré horrendo, y me hizo comprobar cómo la telebasura y ciertos mal llamados profesionales de la información campan por sus respetos no sólo aquí sino en buena parte del mundo, y desde hace mucho tiempo.

El cantante estuvo educadísimo, y fue un monumento a la paciencia y el saber estar. Se le veía muy molesto, dañado en su sensibilidad, siempre a flor de piel, algo que solían utilizar mientras vivió para hacer carnaza y ganar dinero. Dudo mucho que Michael supiera el cariz que iba a tomar la entrevista, y pienso con dolor en las muchas infamias que tuvo que soportar a lo largo de su existencia.

Ahora que él ya no está, cobra renovado interés la denuncia social de ciertas prácticas periodísticas que intentan destrozar la reputación de las personas y a las personas mismas.

- Hace poco decía Buenafuente en su programa que es fácil que tu pareja se ponga celosa cuando te oye hablar por teléfono con una compañía de telefonía móvil, porque el diálogo puede ser muy equivoco: “No, no necesito otra, ya tengo compañía…. ¿Cómo? ¿los fines de semana? ¿tantas veces como quiera?... ¿Y cuánto dicen que me dan por mi aparato?”.

Me encantan los monólogos de Buenafuente. Es un poco tendencioso con algunos temas, pero bueno. Lo que no se le ocurra a este hombre...

- Cada día me decepciona más Juan Manuel de Prada. Antes me parecía un escritor de gran sensibilidad, arriesgado en muchas cosas, que se atrevía a decir lo que otros callaban, inteligente y transparente. Ahora, además de haber perdido la chispa que le caracterizaba, cae con frecuencia en fariseísmos increíbles en él.

Despotrica contra muchas cosas generalizando sin ton ni son, y la vara con la que mide a los demás no le sirve pare medirse a sí mismo. Clama en contra del divorcio, cuando él tiene una hija de una relación anterior a su actual matrimonio. Quizá la mejor manera de evitar divorciarse es no llegar nunca a casarse, aunque haya descendencia de por medio, y en esto contradice sus propias creencias religiosas, que le sirven sin embargo para aleccionar a los demás.

Me cuesta creer que no se de cuenta de que para predicar primero hay que dar ejemplo. Pareciera que vive encerrado en su mundo, alejado de la realidad. Puede que el hecho de que esté escribiendo últimamente en el periódico del Vaticano le haga ser más papista que el Papa. No sé qué imagen quiere dar realmente, a quién engaña.
La verdad es que es un ser extraño. Alguien que tituló Coño una de sus novelas, que presume de gustarle lo gore y lo hortera (vivo ejemplo es el formato del programa que comparte en Intereconomía con su mujer, trasnochado, extrañamente grotesco), es normalmente una persona inteligente y de gran sensibilidad con una prosa que rezuma espiritualidad y humanidad. Pero cuando se pone a fustigar yerra, y refunfuña como un viejo cascarrabias, o se enrabieta como un niño repelente, consentido y maleducado.

A lo mejor sólo se alcanza el culmen en las letras cuando no se vive acomodaticiamente, cuando no hay más que zozobras y la felicidad es una probabilidad cercana pero nunca totalmente conquistada. Prada experimenta actualmente el alivio de pesares antiguos desde que contrajo matrimonio con la mujer de su vida. Pero parece ser que hay que ser un ser sufriente para dar el do de pecho en cualquier expresión artística a la que uno se dedique. Necesita dolor, incertidumbre, y así volvería a ser el que era, con ese estilo li terario desbordante y arrollador con el que solía deleitarnos.  

Nada, a sufrir tocan. Deja de hacer sonar la campanilla de monaguillo y haz repicar las campanas como antaño. Vuelve, Juan Manuel, a ser el que eras.


miércoles, 6 de junio de 2012

Fotocomposición (II): Akiko Ida y Pierre Javelle


Se trata de una fotógrafa japonesa y un fotógrafo francés que un día se conocieron en París y decidieron realizar juntos un trabajo que fuera lo más sorprendente posible.

Presentaron Minimian, un mundo en miniatura en el que la comida y pequeños muñecos interactúan entre sí dando lugar a las situaciones más increíbles e impensables.




















Originalidad, imaginación, colorido y curiosos efectos en estas fotocomposiciones.


martes, 5 de junio de 2012

Acerca del suicidio


Me mandaba un amigo hace unos días un video en el que se veía cubierto con una manta el cuerpo de Dimitris, un jubilado griego que se pegó un tiro allá por abril delante del Parlamento, en protesta por la crítica situación de su país. Se combinaba con escenas de algaradas callejeras, que venían a ilustrar el ambiente de crispación social que allí se vive. Mi amigo se adolecía del infortunado hombre, pero yo en cambio me sentí indignada, ahora que esta palabra está tan de moda.

Puede parecer cruel que yo diga esto, pero siempre me ha parecido la barbarie llevada al extremo atentar contra la propia vida delante de la gente y utilizar ese acto violento para reivindicar lo que quiera que sea. Es un exhibicionismo siniestro, macabro, morboso, la acción de alguien que ha perdido la cordura o el sentido de la realidad.

Quién no ha visto alguna vez en televisión las imágenes de alguien quemándose a lo bonzo, que suele ser el procedimiento más utilizado en las protestas públicas, algo que sí que me ha hecho sentir siempre horrorizada y sobrecogida. Ese momento, absolutamente terrorífico, en el que la persona se queda quieta, de pie, y se va desmoronando lentamente hasta que se queda sentada en el suelo o tirada, con la mirada fija, perdida en algún punto lejano, mientras las llamas la van consumiendo. Me imagino que tomarán alguna droga antes, porque sino no lo soportarían.

Los suicidas parecen entregarse a la muerte sin temor ni resistencia. Y no lo consigo comprender: es como si yo me montara en una montaña rusa e hiciera el propósito de no sentir pánico, cómo se hace eso. Hay reacciones que son viscerales, automáticas, no las puedes controlar, y protegerse de un peligro las provoca.

A pesar de mis creencias religiosas, que impiden obrar con el propio cuerpo y la propia vida a voluntad, pues son patrimonio de Dios y cuando se atenta contra ellos se hace contra su creación, templo del alma, a pesar de ello, como digo, nunca he estado en contra del suicidio. Es un triste final, prematuro muchas veces, pero qué final no es triste. Ya que la elección del nacimiento no nos es dada, la de la muerte sí debería poder elegirse. Por qué aguantar sufrimientos, sean los que fuere, sobre todo cuando se sienten terminales. A lo mejor sólo es cuestión de un momento, un bajón emocional que no dura mucho, y si se deja pasar se remonta y se puede ver todo de otra manera, pero hay que estar ahí para afrontarlo, y al fin y al cabo sí creo que somos dueños de nuestro cuerpo y de nuestros momentos.

Siempre ha habido una ambivalencia en el tema del suicidio: unos dicen que es propio de cobardes, de aquellos que tienen miedo a afrontar los problemas de la vida y buscan una salida rápida. Otros dicen que es algo que requiere mucho valor, porque no todo el mundo tiene los arrestos necesarios para quitarse de en medio, y según con qué métodos, algunos muy dolorosos.

Parece que el suicidio, que yo he considerado siempre una cosa privada, como el dolor, suele necesitar de acciones descabelladas, espectaculares, que llamen la atención de la gente. Tirarse desde un edificio, volarse la tapa de los sesos, colocarse una bomba como hacen los integristas para conseguir un salvoconducto rápido y seguro al paraíso. Lo de los kamikazes lo encuentro similar a lo de quemarse a lo bonzo, una acción pública, callejera, que va no sólo contra uno mismo sino contra otros.
Como le dije a mi amigo, lo que le sucedía a Dimitris no debía estar únicamente motivado por la crisis económica, sino más bien por una crisis total, existencial. Ya no encontraría sentido a la vida, y si se añadía una depresión entonces todo se oscurecería aún más para él.

El crack del 29 fue algo así, la gente se suicidaba después de haberlo perdido todo. Pero ¿qué es lo que habían perdido en realidad? Cosas materiales, seguían teniendo todo lo demás, y sorprendentemente no eran capaces de verlo. El ser humano es el único ser vivo que se pierde en estos detalles, el resto de los seres considerados no racionales lo tienen mucho más claro: aprovechar la vida ya que se tiene, adaptarse lo mejor posible a las circunstancias, y retirarse del mundanal ruido cuando se siente la llegada de la muerte, sin aspavientos, sin melodramas. Los animales también se ponen tristes, también lloran, también añoran, también pasan necesidades, sienten las alegrías igual que las penas, pero ahí están, resisten porque su instinto de supervivencia, que es innato a todos, funciona.

Siento lo de Dimitris, pero me niego a considerar su acción una forma eficaz y racional de protesta por un asunto público, es un insulto para los que sí deciden quitarse la vida por motivos personales, por tragedias privadas de las que no se llega a enterar nadie y para las que nadie tiene solución. Si todos hiciéramos lo mismo más de medio mundo habría desaparecido hace ya mucho tiempo. De hecho, la acción del griego parece incitar al resto del mundo a seguir su ejemplo, cosa que parece que está consiguiendo, con lo cual la aberración es total.

Le decía a mi amigo que más pena me daban los negritos de África, por decir uno de los muchos lugares del mundo donde abunda la miseria, porque ellos no han elegido morir y aún tienen toda la vida por delante, no como Dimitris que ya era un anciano. En su nota de suicidio decía, entre otras cosas, que ya estaba harto de escarbar en la basura. En África no hay ni basura que escarbar. Mi amigo se ha molestado conmigo por mi dureza. Yo simplemente pienso que quien apoya semejantes comportamientos es porque tiene también pulsiones autodestructivas y también se halla inmerso en algún proceso depresivo.

Hay algo sumamente aberrante en el suicidio reivindicativo, porque aniquilar la propia vida como si se fuera un cordero que va al sacrificio tiene un mucho de violencia extrema y de absurdo, pues si se quiere protestar por algo para cambiar lo establecido no se puede abandonar la nave y dejar a los demás que luchen solos, es el acto menos solidario con los demás y con uno mismo que existe, la acción más cobarde. 

Sólo faltaría, como ha pasado en muchas ocasiones, que la gente se ponga de acuerdo por Internet para quitarse la vida en día y hora concretos, también con afán de protesta, es la locura universal, algo que va contra natura, el sinsentido absoluto, como pasa en las sectas. Eso que he oído muchas veces de que paren el Mundo que yo me quiero bajar. Qué estupidez. El Mundo no se para por nadie.

Hay que tener mucho cuidado con estas consignas, porque la estupidez se propaga con enorme facilidad entre el género humano, y no así la inteligencia y la cordura.

viernes, 1 de junio de 2012

eDarling


Hace poco más de un mes decidí materializar dos cosas que vengo demorando indefinidamente y que tarde o temprano tenía que llevar a cabo si quiero que mi vida tome un nuevo rumbo, mucho mejor: estudiar oposiciones y buscar pareja.

Ambas opciones requieren valor y entusiasmo, algo de lo que no sé aún muy bien si dispondré en cantidad suficiente, pero desde luego lo voy a intentar.

Por supuesto, he empezado por lo más gratificante, y para ello me he inscrito en eDarling. Había visto anuncios en televisión y en Internet, y me pareció un sitio serio. Además le han dado el año pasado el premio a la mejor página web. Como reza la publicidad: “Para solteros exigentes”, “Una relación formal”.

Antes de decidirme por eDarling había echado un vistazo a otro sitio cuyo autor ganó el premio al mejor blog en la categoría de Personal en el último concurso del diario 20 minutos, una página que alardeaba de conseguir miles de relaciones al año, pero en cuanto me metí a ver las condiciones generales y, ya casi al final, leí con letras mayúsculas y en negrita que se excusaba de cualquier responsabilidad respecto a sus usuarios, en el sentido de que no se les podía investigar y, por tanto, no se podía saber si tenían delitos penales o antecedes por agresión sexual, entonces decidí salir corriendo de allí y probar en este otro lugar.

Tuve que rellenar un exhaustivo cuestionario de 280 preguntas, muchas un tanto reiterativas, acerca de mis gustos, mis opiniones sobre la vida y lo que desearía en mi futura pareja. Desde su estatura, su edad, su raza, su religión, si fuma o no, hasta mi actual estado de ánimo, mi apariencia, mis ingresos y si me importaría que tuviera hijos menores de edad viviendo con él.

Tras las preguntas tipo test venían otras en las que en unas pocas frases tenía que describir cosas como mi personalidad, lo que es más importante en mi vida, cómo sería mi día favorito o lo que más me gusta y lo que más detesto.

Completado todo el cuestionario podía ver unos diagramas en los que con barras de diferentes intensidades de color se muestran las 5 grandes áreas de la personalidad: responsabilidad, amabilidad, nuevas experiencias, extraversión y emocionalidad. Luego hay una tanda de preguntas aparte a cerca de las preferencias y antipatías respecto a la pareja que se busca, opciones que vienen predeterminadas y de las que hay que escoger 10 en cada una de ellas, las que se consideren más importantes.

Cada vez que alguien visite mi perfil verá datos como mi profesión, mi formación, mi estatura, mi religión, si fumo y si quiero tener hijos. Luego algunas de las preguntas que me hicieron en el larguísimo test, en una especie de ficha personal para una 1ª impresión.

Cuando me meto en la página me aparecen 6 ó 7 parejas sugeridas. Si te gusta alguna le puedes enviar una sonrisa, un mensaje o 5 preguntas que ya vienen confeccionadas. eDarling cruza los datos que tiene sobre ti con los de otras personas, y en los que haya más coincidencias te hace llegar parejas sugeridas, y a su vez sugieren tu perfil a otras personas. Para que lo sugerido se aproxime lo más posible a lo que quieres hay una zona que se llama “Mi búsqueda”, en la que puedes concretar cosas de bastante enjundia, como el intervalo de edad de las parejas que solicitas, la distancia a la que vivan, si deseas o no tener hijos, el nivel económico de la pareja o sus ingresos, su consumo de tabaco y alcohol, su origen étnico y su religión. Si los márgenes de preferencia son muy ajustados aparece un mensaje azulado diciendo que cuanto más restringidos sean mis parámetros menos ofertas recibiré.

Cuando empecé a recibir parejas sugeridas comprobé lo distintos que son los hombres a partir de cierta edad. Los que tienen cuarenta y muchos, 50 años, se les ve personas maduras que ya tienen el campo trillado, como se suele decir, que están a la vuelta de todo o quizá no tanto, pero que, como yo, han pasado por experiencias parecidas y todavía albergan una ilusión por un futuro más feliz en compañía, sin muchas exigencias.

Descarté a gente que ponía la palabra sexo muchas veces en sus respuestas o que decía que su afición al fútbol era importante. En el apartado de cómo sería su día ideal había muchas coincidencias, pues la mayor parte lo describía como un día de no madrugar, de ir de tapeo y cañas, siesta y alguna escapadita de fin de semana a la sierra. Todo muy convencional, muy tipical spanish. Tampoco me gustó uno que hacía alusiones políticas, no lejanas a mi propia ideología, pero no creo que éste sea el lugar más adecuado para eso.

Hubo uno que quería a alguien que hablara poco, porque en su trabajo tenía que darle mucho a la húmeda y al volver a casa necesitaba silencio. Sólo con el poder de las miradas era suficiente. Otro ponía la palabra “no tolero” demasiadas veces, y otro dejaba la disciplina y el orden de su vida, muy importante para él, en manos de sus amigos (¿?). Uno exhibía en las fotos de su perfil descapotable rojo, pedazo de moto y sauna. Cuando alguien basa su éxito en las relaciones humanas en cosas materiales es porque tiene poca fe en sus propias posibilidades. Y para rematar otro, con melenita rubia y sonrisa permanente, que dice ser ejecutivo aunque parece un cantante de pop, y aparece besando delfines en la boca. Muy ecológico y naturalista, pero a mí no sé si me apetecería besar a un hombre que besa delfines.

La mayoría aparecen en las fotos haciendo algún tipo de deporte, senderismo o esquí sobre todo, suelen querer dar una imagen lo más desenfadada posible, como dando a entender que aunque sean maduros siguen siendo juveniles y se mantienen en forma, incluso se les ve sin la camiseta, algo que deberían haber evitado, sobre todo por la flacidez.

Las sugerencias de hombres treintañeros eran en cambio absolutamente conmovedoras, románticas y con un toque pueril, encantador. Aún no ha habido lugar a divorcios y ven la vida con más ilusión. Los hay que incluso desean tener hijos, y los más maduros también.

La verdad es que hasta la fecha he recibido un ejército de sugerencias de hombres que en su mayoría hacen que Mr. Bean parezca guapo a su lado. Y, curiosamente, sólo me ha gustado un hombre que no me fue sugerido, sino al que le fue sugerido mi perfil. Me ha mandado un mensaje y le he contestado. Ya veremos qué pasa.

Como se suele decir, muchos son los llamados y pocos los elegidos. Y en mi caso, con lo exigente que me he vuelto con el paso del tiempo y el recuerdo de malas experiencias pasadas que no quisiera volver a repetir, ya no me conformo con cualquiera. Como casi todo el mundo supongo.


 
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