lunes, 17 de febrero de 2014

Desayuno con diamantes


Desayuno con diamantes es una película de la que, a pesar de su fama, apenas tenía recuerdo, si es que alguna vez la vi. Y es realmente una comedia romántica poco usual.

Audrey Hepburn está, como siempre, única. Es sorprendente comprobar cómo la ropa y los complementos que lucía y hasta la decoración del apartamento que aparece en la película siguen vigentes, 53 años después de haberse rodado. El vestido negro de Givenchy parecía distinto en las 4 ó 5 ocasiones en las que aparecía porque cada vez le cambiaba los accesorios, pero era todo el tiempo el mismo.

La cama, con su cabecero de forja negra con arabescos es lo mismo que se lleva ahora. El sofá, si nos fijamos bien, es una bañera seccionada por la mitad, en la que aún se aprecia la grifería dorada en un lateral. El film quería ser original a toda costa, y en esa línea se suceden los gags con un toque de fino humor, como cuando saca unas zapatillas de raso rosa del frigorífico, que nadie explica qué hacen ahí, o como el hecho de tener el teléfono metido en una maleta para que no moleste nadie.

La fiesta que da la protagonista en su apartamento tampoco se queda atrás. Una numerosa colección de personajes excéntricos se reúnen allí a beber, bailar y charlar animadamente. La larga boquilla de Audrey quema sin que ella se de cuenta el florido sombrero de una de sus invitadas, que está sentada cerca. El descuido del señor que habla con Audrey, que vuelca el contenido de su vaso sobre el pequeño incendio al ir a mirar la hora de su reloj de pulsera, evita males mayores y provoca la risa divertida del protagonista masculino, un George Peppard en lo mejor de su juventud.

La historia de una chica de origen humilde que quiere dejar atrás su pasado para convertirse en una mujer mundana y, a ser posible, casarse con un millonario que la saque de la pobreza que siempre la ha acompañado, no es un argumento desconocido en las películas de Hollywood de aquellos años. Pero en la figura de Audrey Hepburn adquiere una dimensión distinta. Su forma de caminar por las calles de Nueva York, con sus elegantes vestidos, mientras fuma con esa larguísima boquilla plateada tan snob, en esas escenas con las que empieza la película, cuando ella se asoma al escaparate de Tiffany para contemplar los diamantes que tanto le gustan, mientras desayuna, pues aún no se ha acostado después de una noche de juerga, son todo un símbolo de lo chic y la vida mundana.

Dicen que tuvo que repetir bastantes veces esas escenas iniciales, pues cientos de personas acudieron al reclamo de su presencia, a duras penas contenidas por las vallas protectoras, y esa expectación que causó la puso nerviosa. Ella, consciente de lo mucho que cuesta rodar una película, procuraba que se hicieran la menor cantidad de tomas posibles. Tan profesional como era, intentaba estar siempre concentrada y aprenderse muy bien los diálogos, además de ser de las primeras personas que llegaban al set de rodaje.

Como dato curioso cabe decir que para el momento en que la pareja protagonista entra en Tiffany y se pasea entre los mostradores abrieron la famosa tienda por 1ª vez en su historia un domingo.

George Peppard está también muy bien. Guapo y talentoso, era seguidor del método Stanislavski, y a Audrey le resultó difícil adaptarse a su forma de trabajar, pues el estilo de ella era radicalmente opuesto. Pero su carácter hacía que conectara con toda clase de personas, y con Peppard trabó una amistad que duraría el resto de sus vidas.

Este actor tenía fama de mal carácter, de estallar en ataques iracundos en medio del set de rodaje y llevarse mal con casi todos los compañeros con los que le tocó actuar. Esto y su afición a la bebida le relegaron a un lugar no merecido, cuando al empezar los 70 cada vez se le contrató menos. Su aparición en algunas series de televisión que logró llevar a la fama fueron breves momentos de éxito. Si no hubiera sido por todos estos problemas habría sido recordado como uno de los mejores actores de su generación.

Resulta sorprendente que el guión de la película estuviera basado en una obra de Truman Capote, escritor siniestro donde los haya. Por supuesto el argumento está muy retocado, pues en el original la protagonista se hace practicar un aborto, es fumadora habitual de marihuana y bisexual. Además mucho más joven de lo que era Audrey Hepburn, que ya tenía 30 años en aquel momento. Pero Blake Edwards, el director, le daba un toque muy dinámico y festivo a todas sus historias, y estuvo muy acertado con los cambios que introdujo.

Sin embargo resulta poco creíble el origen tan humilde y salvaje del personaje, dada la elegancia y exquisitez de Audrey Hepburn. Ella también tuvo una infancia triste al abandonarles su padre siendo una niña. Con los años se reencontraría con él en un asilo, y le sustentaría económicamente hasta su muerte.

Padeció además los devastadores efectos de la 2ª G.M., el hambre y el frío, que dieron a su cuerpo esa extrema delgadez que la caracterizó. Recuerda cuando recibió la ayuda de las Naciones Unidas, tras acabar la contienda, que se puso enferma con el paquete de leche condensada que se comió de golpe. A partir de entonces se prometió que algún día colaboraría en labores humanitarias, cosa que hizo cuando empezó a trabajar menos en el cine, y hasta el final de sus días.

Sus elegantes maneras se deben sin duda a ser hija de una aristócrata, pues su madre era baronesa, aunque ella nunca le dio demasiada importancia a eso. O también a haber sido bailarina de ballet antes que actriz, lo que tampoco se le daba mal. Audrey dominaba además varios idiomas.

El papel, curiosamente, le fue ofrecido en un principio a Marilyn Monroe, pero la aconsejaron que lo rechazara porque el personaje de “acompañante” de hombres no favorecía su imagen. Al dárselo a Audrey se pulió el texto hasta conseguir que fuera idóneo para ella. Hubo alguien en postproducción que quiso eliminar la escena en la que ella aparece cantando la famosa canción Moon river, sentada en la ventana, pero Audrey se levantó y dijo indignada: “¡Por encima de mi cadáver!”. Porque ella era una mujer tierna y dulce pero también tenía su carácter y mucha personalidad.

Audrey Hepburn y George Peppard, que fueron actores tan diferentes y con trayectorias vitales tan distintas, tuvieron un final parecido, pues ambos murieron a consecuencia del cáncer y siendo sexagenarios. En esta película, como en otras, ella desplegó en la película todo un repertorio de emociones, desde la mayor de las alegrías hasta la más profunda de las tristezas y la desesperación, como en las escenas en las que destruye el mobiliario de su casa cuando se entera de la muerte de su hermano. La violencia, tratándose de Audrey, resultaba lacerante pero nunca desagradable. Su encanto era mayor que ninguna otra cosa, lo cubría todo con un manto de delicadeza, elegancia y sensibilidad.


viernes, 14 de febrero de 2014

Amor, amor: Beyoncé y Jay Z


En un día como hoy de los enamorados el periódico nos trae algunos ejemplos de parejas de larga duración, iconos del romance, cuyas relaciones despertaron curiosidad y admiración a su alrededor, pues que el amor dure tanto parece ser algo poco corriente. Las parejas propuestas son las típicas que se suelen mencionar cuando llegan estas fechas: Lennon y Yoko, Paul Newman y Joanne Woodward, Dalí y Gala, entre otras.

Aunque pienso que en realidad no es tan poco corriente el amor intenso y duradero. Cuántas personas anónimas lo viven y no se dan a conocer porque no son famosas. Los ejemplos citados son amores de otra época, en la que parece que las parejas estaban asentadas sobre bases más solidas que las actuales. Por eso, cuando hoy en día vemos a una pareja famosa que disfruta de una pasión auténtica y de cierta duración nos quedamos maravillados, como si se hubiera obrado un milagro.

Es el caso de Beyoncé y su marido Jay Z. Echaron el otro día por televisión un reportaje sobre ellos con motivo del 2º cumpleaños de su hija. Es un canto al amor y al éxito en definitiva. Se la veía a ella en algunas de sus actuaciones, con ese físico espectacular que los partidarios de la escualidez tan de moda han criticado en alguna ocasión. La cantante, sin complejos, antes al contrario, orgullosa de los dones que la Naturaleza le ha otorgado, se movía incesantemente al ritmo de sus canciones acompañada por sus coreografías femeninas habituales. Su melena al viento, su vestimenta siempre sugerente, diseñada con muy buen gusto, enseñando mucho muslo, todo ello componía un conjunto magnético que, unido a su talento para el baile, atrae la atención de cualquiera aunque no se sea aficionado a su música.

En otro momento del reportaje Beyoncé, celebrando algo en su casa, con una copa de vino en la mano y dirigiéndose a los presentes, familiares y amigos de los dos, dedicaba emocionada unas palabras y un brindis a su marido, que la escuchaba atentamente, con esa expresión entre tierna y seria que le caracteriza. Su mujer quería manifestar su admiración, su agradecimiento y su amor al hombre de su vida. “Gracias por todo lo que has hecho por nosotros, los que aquí estamos. Cuánto te debemos. Te conocí cuando tenía 20 años y desde entonces cuánto me has enseñado”.

Realmente cuesta imaginar una vida anterior en la que Jay Z no lo haya tenido todo. Su fortuna, incalculable, sus prósperos negocios como empresario en todo tipo de productos, su ya larga y fructífera carrera musical, son un cúmulo de felices circunstancias que hacen que su vida sea el paraíso en la tierra. Pero no siempre fue así.

Jay Z vendió crack en su juventud, y estuvo envuelto en más de una reyerta con armas blancas y de fuego. A un hermano le disparó porque intentó robarle sus joyas, me imagino que todos esas cadenas, anillos y demás parafernalia que a los raperos gustan de lucir. Quizá por eso, a pesar del tiempo transcurrido, le quede ese aire melancólico y taciturno, ese ensimismamiento, que contrasta con sus enormes sonrisas en ciertos momentos de su vida, cuando está con su mujer, su hija o sus amigos.

Nadie mejor que él valorará lo que tiene ahora, lo que ha conseguido, porque antes le faltaron muchas cosas. Nadie le ha regalado nada, todo se lo ha ganado con esfuerzo, y con inteligencia, hábil como es para los negocios. Contrasta enormemente su poco agraciado rostro con la belleza de su mujer cuando están juntos. Ella sin embargo lo mira embelesada, pues ve en él cosas profundas que se nos escapan al resto de los mortales. Son ellos dos, Beyoncé y Jay Z, la representación de la buena fortuna en todos los sentidos, lo que todos querríamos tener. Una mezcla de azar y dedicación ha sido la pócima mágica que lo ha hecho posible.

Amor, amor, como ese anuncio del perfume de Cacharel que me gusta tanto, posible y duradero hoy en día como en cualquier otra época. Amor, amor, eterno motor del mundo.


jueves, 13 de febrero de 2014

Críticos y seguidores de El hormiguero


Veía hace un par de días a Laura Pausini invitada en El hormiguero y la verdad es que fue una delicia. Sigo a esta cantante desde que comenzó, a la tierna edad de 19 años según comentó ella misma. Cuántas tablas ha adquirido desde entonces, con cuánta desenvoltura se mueve en escenarios y platós de televisión. Si antes se le percibía cierta melancolía, como transfondo de su simpatía y su encanto natural, ahora ésta ha desaparecido tras su maternidad.

Su nuevo disco incluye en una de sus canciones una grabación de los primeros balbuceos de su retoña, entre los que se incluía por vez 1ª la palabra “mamá”. El presentador nos lo hizo escuchar, ante la emoción de la artista, que no se lo esperaba, y nos hizo darnos cuenta de que la pequeña cantaba, mientras los pronunciaba, a semejanza de la sintonía que hizo famosa El mago de Oz. La Pausini se quedó muy sorprendida, porque comprobó que era cierto, pues además es una de las canciones preferidas en su familia desde siempre.

La cantante nos cautivó a todos con sus ocurrencias, su forma de narrar, su voz tan personal. Es italiana por los cuatro costados, no lo puede negar, apasionada, tierna, muy vivaz. Habla el español perfectamente, por cierto, e hizo algunas alusiones graciosas a palabras que aquí significan una cosa y en su tierra otra muy distinta, algunas incluso no recomendables para pronunciar en televisión.

Hay artistas extranjeros que han criticado este programa en sus países de origen tras haberlo visitado. Justin Timberlake dijo que era ridículo lo que allí pasaba y vejatorio el trato recibido. Quizá recuerde el video que le pusieron en el que se le veía disfrazado de mujer, bailando con otros dos individuos, en una parodia de un videoclip de Rihanna. El hecho está ahí, no hay trampa ni cartón, otra cosa es que se haya arrepentido después de haberlo rodado. Parece mentira que un hombre como él, que lleva tantos años dedicado exitosamente a la música (aunque como actor sea penoso) tenga tantos complejos y sea tan inseguro. Lo cual no le ha impedido acudir al programa en más de una ocasión. Sabe que es un programa de mucha audiencia y es la mejor forma de promocionarse en nuestro país.

En su compañía estaba también Jesse Eisenberg, el actor que encarnó al fundador de Facebook, y también otros papeles en los que aparece como lo que debe ser, un bicho raro. También se sintió muy ofendido y se despachó a gusto en un programa norteamericano donde no dejaron de reir con sus sarcasmos acerca de El homiguero.

Otra pareja peculiar, la formada por Charlize Theron y Kristen Stewart, tampoco se quedó atrás. La 1ª comentó en la televisión estadounidense que nunca se había sentido tan incómoda y "confusa". Se burló de las costumbres del programa, como la de poner música insinuante cada vez que ellas hablaban, hacer preguntas insustanciales y a gran velocidad a las que parecía no importar si respondías o no, traer una mesa llena de envases de cristal con líquidos azules y verdes para hacer extraños y pueriles experimentos… Dijo que Kristen Stewart, la insípida, extraña e inexpresiva protagonista de la saga Crepúsculo, estaba a su lado y en un momento dado la vio agachada con las manos sobre la cabeza. Igual esperaba un ataque nuclear. Tom Hanks parecía también bastante seco cuando estuvo allí. Son todos personas peculiares llenos de manías, y allá donde vayan nunca se terminarán de encontrar a gusto y le sacarán pegas a todo.

Es cierto que los extranjeros no tienen por qué entender nuestro sentido del humor y nuestras idiosincrasias. Charlize dijo que parecía un programa de emisión en horario infantil. Y puede que no le falte razón, pero trae a gente interesante y siempre se aprende algo. En nuestro país no tenemos tantos canales ni tan variada oferta televisiva como en EE.UU., algo que seguramente desconoce la actriz al aplicarnos tan duro rasero.

Por eso la gente que es sana acude allí y se divierte, no se cuestiona nada, se deja llevar, son personas a las que la fama no se les ha subido a la cabeza y no se creen muy importantes por mucho bombo que les de en todos los lugares a donde acuden. La lista es interminable, Tom Cruise, Jean Reno, Will Smith, Harrison Ford, Russell Crowe, Gloria Estefan, Justin Bieber, Hugh Jackman, Elijah Wood, Jennifer Aniston, Mel Gibson y tantos otros pasaron un rato estupendo y nos lo hicieron pasar a nosotros, porque saben estar, con sentido del humor y sin complejos. Así disfrutamos todos.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Jordi Évole y el padre Josep Mª Fabró


Estaba Jordi Évole con uno de sus temas candentes, como siempre, en esta ocasión las repercusiones de la salida de delincuentes de la cárcel tras la derogación de la doctrina Parot, cuando tras muchas entrevistas apareció hacia el final un sacerdote, Josep Mª Fabró, que le dejó sin palabras, algo inusual en el periodista, y que le beatificó el gesto.

Este hombre, que regenta un hogar de acogida para presos que acaban de salir de la cárcel, es el cristianismo hecho realidad. Contaba que montó aquel lugar con mucho esfuerzo, pues cuando pedía ayuda a las autoridades y personas adineradas de donde vive, la mayoría le dijeron que les pidiera cualquier cosa pero que para los convictos no.

El padre Fabró da alojamiento y manutención al que llega por allí. Durante las comidas describe cómo las conversaciones terminan derivando hacia las experiencias sufridas durante el cautiverio. Todos están marcados, a todos les ha dejado huella la dureza de lo vivido. No niega que problemas han tenido de muchas clases en la casa de acogida, como cuando uno de ellos tuvo una sobredosis, pero tanto él como los voluntarios están preparados por anticipado para lo que venga, teniendo en cuenta las circunstancias. Comprensión y humanidad.

El periodista le preguntaba que si en sus visitas a la cárcel pasaba miedo, pero él afirma que sólo la 1ª vez que fue, esas rejas que se van cerrando tras de sí, hasta que empezó a hablar con aquellos hombres y sus temores desaparecieron.

Jordi Évole le inquirió acerca de si predicaba en la cárcel, pero el sacerdote lo negó. “Suena demasiado a Misa, y yo no he sido nunca persona de muchas Misas. Que me castiguen por ello, pero cuando llegue mi hora espero que se verá todas las otras cosas buenas que haya podido hacer”. Si le preguntan sobre religión o la conversación le lleva a ello entonces sí habla del tema, pero no por propia iniciativa.

El padre Fabró se quejaba de las condiciones de la vida carcelaria. “Una vez pasé cerca de unos presos a los que habían puesto en fila, y porque algunos de ellos me saludaron sus carceleros les mandaron callar, mantener su sitio y no alterar el orden de forma muy desabrida. Así no se puede tratar a unos hombres hechos y derechos, casi como si fueran críos en el colegio a los que hay que regañar”.

Dice llevar 40 años ejerciendo el sacerdocio. Es ya muy mayor, pero sus energías parecen no agotarse nunca. Habla con rapidez, con inteligencia y sencillez, con mucha claridad. Con él no hay malos entendidos, es transparente. Su aspecto es tan modesto como el lugar que regenta. La vida sacerdotal lleva consigo vivir con sobriedad. Pero esta apariencia humilde no oculta el hecho de que se trata de una persona con carácter.

El periodista le pregunta si admitiría al “violador del chándal”, el individuo sobre el que se centra el reportaje. Dice que lo conoce, pues hace 11 años, cuando murió su padre, lo dejaron salir de la cárcel para asistir al entierro y vino mucha gente sólo para ver si acudiría esposado y el aspecto que tendría. Él se ofreció para acompañarlo sin las esposas, garantizando que nada pasaría, y así evitar el espectáculo. Évole se sorprendía y lamentaba de que estas cosas pudieran pasar.

El padre Fabró por supuesto que lo acogería en el Hogar. “A cualquiera que venga aquí buscando ayuda y refugio. Quién soy yo para juzgar a nadie. Ya han sido juzgados y ya han cumplido condena”. “¿Y si aquellos a los que acoge cayesen una y otra vez en los mismos delitos?”. “Los acogería las veces que fueran necesarias”, contesta el sacerdote. Cree fervientemente en la redención, en que alguna vez llega la hora buena, el momento en que la bondad supera a la maldad. Su versión es muy distinta de la mantenida por los vecinos que protestaron airadamente cuando se enteraron de que el “violador del chándal” había vuelto a su casa, y así se lo hizo notar. La versión del sacerdote era como una bocanada de aire fresco. “Sólo fueron 70 u 80 personas a la manifestación, y reclamaban al alcalde, como si él tuviera algo que ver con eso. Es absurdo”, afirmó el padre Fabró.

El gesto del periodista era inefable, nunca le había visto mirar a nadie así. Le dejaba hablar todo lo que quiso, absorbiendo sus palabras. Él, que se protege siempre tras un aire neutro y un verbo incisivo, en esta ocasión parecía estar totalmente rendido ante la inobjetable honradez del sacerdote. Pocas personas como él habrá encontrado en su vida. En realidad así es como deberíamos ser todos, aunque no vistamos los hábitos de religión alguna. Me quito el sombrero ante el padre Fabró, inasequible al desaliento pese a la adversidad.

martes, 11 de febrero de 2014

La época dorada del cine


Con el conflicto que ha habido en el estreno de El lobo de Wall Street, en el que los cines Kinépolis y Cinesa se han negado a distribuir la película por las duras condiciones económicas que exigía Universal Pictures, no puedo por menos que añorar la época dorada del cine en nuestro país.

Cómo no rememorar aquellas dobles sesiones por precios módicos, con su descanso en mitad de la película para ir al bar a tomarte algo o a fumar. El espectador no era un robot que se sentaba en el patio de butacas a tragarse de un tirón lo que le pusieran, no era un consumidor pasivo, sino que podía entrar y salir, conversar con otras personas, había un flujo de gente que no molestaba por la educación que existía.

Cada estreno era un acontecimiento social, la sesión de cine suponía una ocasión única para disfrutar con las nuevas propuestas, inagotable fábrica de sueños. No existía la piratería de Internet, ni reproductores de video y DVD, y a nadie se le ocurría llevarse una cámara a la sala para reproducir lo que saliese en pantalla.

Las películas duraban meses y meses en cartel, y nunca dejaban de tener público. Los cines, con la suntuosidad que caracterizaba la decoración de antaño, eran salones elegantes con enormes arañas de cristal y grandes cortinas burdeos sobre las pantallas a modo de telón, dispuestas a ser descorridas en cuanto empezase el espectáculo. No se comía como se hace ahora, incluso estaba mal visto: el placer de lo que se estaba viendo era suficiente.

Aquellos cines han desaparecido en su mayoría. Recuerdo uno de la Gran Vía que proyectaba mucho cine infantil y películas de aventuras, que en la última reforma le habían puesto un techo en la sala que imitaba un firmamento estrellado. Era maravilloso relajar la vista mirando aquel techo mientras esperabas que comenzara la sesión.

Cómo se les ocurre a los de Hollywood imponer unas condiciones draconianas a un país como el nuestro en el que tan difícilmente está sobreviviendo la industria del cine. La subida de precios, el recorte de personal, el gasto en promociones y publicidad, y el creciente descenso en la calidad de las películas son factores que terminarán acabando con el 7º Arte.

Esos escasos 3 € y algo que valen las entradas los miércoles en determinadas salas apenas es una medida de urgencia para intentar hacer que el negocio resurja. La gente es tan particular que en esos días sí hay colas. Como oía en el programa de Iñaki Gabilondo en televisión, cuando entrevistaba al director de cine Jose Luis Cuerda, en un encuentro de fútbol reciente, el Osasuna contra no sé quién, el billete más barato había costado 113 €, y sí hay colas para entrar, para luego estar al fin y al cabo a la intemperie, haga frío o calor. En cualquier otro partido no baja de 65 €. Por qué nos quejamos entonces del precio de la entrada de cine o de teatro.

Después del reciente y arrollador éxito de Lo imposible, récord absoluto de taquilla en nuestro cine, es muy difícil que ningún otro film, autóctono o extranjero, pueda alcanzar ese nivel. Su director está ahora trabajando en EE.UU., como el resto de la gente cualificada de otros sectores, que se terminan marchando fuera para poder desarrollar sus talentos. No es sólo que haya dinero, sino una política cultural que fomente la creatividad y la calidad. En aquellos momentos, cuando esta película arrasó, nadie pareció preocuparse por el precio de la entrada, y volvimos por un tiempo a la época dorada del cine. Y es que, cuando algo merece la pena, todo lo demás no importa.

lunes, 10 de febrero de 2014

Seymour Hoffman o la tentación del suicidio


Ha causado mucha conmoción la reciente muerte de Philip Seymour Hoffman, actor de complicado apellido y, por lo que se ve, personalidad. Siempre que Hollywood pierde a uno de sus artistas, sobre todo si está en la cima de su éxito profesional, se sorprende y se hace cruces del fatal desenlace que el destino les tiene preparados a algunos de sus miembros.

A mí nunca me gustó demasiado, quizá por el tipo de papeles que interpretaba, individuos despreciables, villanos, mezquinos. La verdad es que parecía encasillado en ese rol, no sé si por su físico, que le condicionaba, o por su forma de darles vida, tan real. Ha habido muchos personajes deleznables en la historia del cine, pero pocos como los que interpretó este actor. Verlo trabajar me producía una enorme desazón, porque sin grandes aspavientos te iba llevando a su terreno, una zona vacía y oscura donde cualquier cosa mala podía suceder. Esa sonrisa torcida, esa forma de mirar entre aniñada, pícara y perversa, fueron sus notas características.

Seguramente nada tenía que ver la persona con el personaje, por mucho que tendamos los espectadores a identificar a una y otro. Me preguntaba, como nos preguntamos siempre que un artista de éxito pujante se entrega al desenfreno autodestructivo o se abandona a una muerte segura, lo cual sucede con demasiada frecuencia, por qué alguien como él pudo llegar a una situación como esa.

Nada sabía de su vida privada. Desconocía que tuviese 3 hijos. Eso hace el hecho aún más lamentable. He leído que su mujer quiso que se marchara de casa para que los niños no le vieran en ese estado. Las drogas, retomadas tras muchos años sin probarlas, eran su vía de escape a ese pánico atroz que acompaña a ciertas personas cada vez que tienen que tomar decisiones importantes en su vida o se hallan inmersos en un mar de responsabilidades. La duda de si se será capaz de afrontarlo todo y con bien asalta a cada momento a quienes la autoestima no les ha acompañado nunca mucho. Las sonrisas, el aparente aire relajado en los posados antes la prensa no son más que una máscara que oculta profundos miedos y debilidades.

Dicen que el que se droga nunca se termina de rehabilitar del todo, como pasa al que bebe, algo que él también hacía. Del alcohol intentó rehabilitarse sin llegar a conseguirlo del todo, y de las drogas también. Luego basta cualquier contrariedad para intentar buscar refugio en las únicas cosas que precisamente no pueden serlo nunca, aunque parezca que logras por un rato olvidarte de tus preocupaciones y problemas.

Seymour Hoffman, que sabía encarnar la seguridad y la implacabilidad como nadie, en la vida real entraba en pánico ya desde sus tiempos de universitario. Y su reacción era huir, usando los medios que hicieran falta, como tantos otros han hecho antes. En esto no fue alguien excepcional, se comportó como suelen hacer muchos en Hollywood.

Estaba muy solicitado como actor, y muy reconocido, y como director tenía en proyecto una película para la que ya había elegido a los intérpretes. Quizá fuese que no se gustaba a sí mismo, con su tendencia a la obesidad. Resulta sorprendente que tuviera sobrepeso siendo consumidor de heroína. O quizá estuviera harto del encasillamiento al que se veía sometido.

Lo que me parece una estupidez es que se detenga a los camellos que le suministraban la droga, a modo de escarmiento, porque alguien tiene que pagar por lo que ha sucedido. El único responsable de esta muerte es el propio actor. O decir que ha vuelto el consumo de heroína porque es más barata que otras sustancias, cuando este tipo de estupefacientes nunca terminan de desaparecer del todo del mercado.

Seymour Hoffman era una persona que no se quería, que deseaba morir. Tenía su casa llena de drogas. Es la tentación del suicidio, la muerte como alivio de padecimientos sin fin. A quién no se le ha pasado alguna vez por la cabeza terminar con todo, descansar en paz, en un momento de desesperación. Él estaba deprimido, y cuando se halla uno en ese estado no se puede valorar lo mucho que se tiene, no se es capaz de disfrutar de nada y todo te angustia. La vida es según el color del cristal con que la quieras mirar, y el actor la miró en negro. Pero la vida sigue.

viernes, 7 de febrero de 2014

El machismo de la publicidad


Me producen un gran hastío los medios publicitarios con su forma de hacer las cosas, pues parece que sólo hubieran evolucionado en cuanto a medios y técnicas, pero no en contenidos. Siguen empeñados los que se dedican a esto en mortificarnos con anuncios de detergente o cualquier otro producto de limpieza en los que las mujeres siempre aparecemos como eternas marujas y los hombres, si aparecen, como los que solucionan el problema. Ellas, agachadas ante la lavadora o el lavavajillas, ponen caras casi de dolor cuando los resultados no son los esperados, y ellos surgen inusitadamente en forma de técnicos, empresarios o incluso el mayordomo sabelotodo aquel con su algodón que no engaña, dispuestos a salvarnos del desastre, como si de un improvisado Superman se tratara, y de paso darnos unas cuantas lecciones a cerca de algo que normalmente no suelen hacer en una casa.

Incluso las marcas caras afinan poco la puntería, cayendo en estas bajezas. No hay más que contemplar ese anuncio de Dolce Gabbana en el que una mujer es sometida en el suelo por un hombre mientras otros miran. Imagen que sugiere la idea de una violación múltiple. La encuentro tan desagradable que es un antídoto contra el deseo de comprar sus productos.

Lo último que más poderosamente ha llamado mi atención es la publicidad de Vodafone: una mujer se pasea desnuda por la calle con el cuerpo pintado como si llevara ropa para anunciar un móvil. Si en televisión choca un poco, en las marquesinas de los autobuses impacta aún más. Afortunadamente tienen la prudencia de colocar el logo y el texto publicitario en donde se podrían apreciar sus partes íntimas. Lo del cuerpo pintado es una idea antigua que en su momento resultó muy original, está muy bien usada con fines artísticos. Aunque podrían haber puesto hombres desnudos y pintados también, pues es como si los anuncios estuvieran pensados sólo para que los disfruten ojos masculinos. Esa tontería de que la anatomía femenina es más estética que la de ellos no se la cree nadie a estas alturas, y más desde que se dedican a esculpir el cuerpo en el gimnasio.

Si se trata de productos para el aseo femenino no faltan las mujeres, una vez más sin ropa, bajo el chorro de agua en la ducha o en la catarata, llenas de sensualidad. Los hombres, cuando aparecen, enseñan lo justo, escena fugaz en la ducha, toalla a la cintura y afeitado con primeros planos de la cara. Lo que no entiendo es la manía de hacer coreografías cada vez que se anuncian compresas.

Por lo que se ve se trata de transmitir la idea de la supremacía masculina: ellos tienen el control, ellos deciden. Los hombres conducen coches maravillosos, y ganan eventos deportivos donde se les ve haciendo filigranas en el aire mientras practican skateboard o snowboard, alzando los brazos en señal de victoria al marcar un tanto o al llegar a una meta. A las mujeres nos queda reservado el papel de anunciar ropa, comida, productos dietéticos y medicinas.

Le preguntaba a mi hijo, por ser el varón que tenía más cerca en ese momento, si se sentía a gusto siendo hombre, y dijo que sí. Pensaría el pobre que qué cosas tiene su madre, que vaya preguntas. Pero cuando le inquirí sobre si no le chirriaban esos anuncios en los que no aparece ni una sola mujer, o que ésta aparezca sólo en determinados roles, me contestó que no, que no le parecía extraño.

Cómo no se va sentir a gusto habiendo nacido hombre, ellos tienen todas las ventajas. Y que no le llame la atención todo lo que le planteé es lógico, puesto que ha sido así toda su vida y está habituado a ello, le parece lo normal. Su espíritu crítico aún no ha despertado en estas cuestiones, y siendo hombre dudo mucho que despierte jamás. Y no es un discurso feminista, es la reivindicación de una injusticia que no deja de producirse a estas alturas del siglo XXI, en países que se suponen civilizados, no hablo ya de aquellos en los que hay burkas y otras costumbres por el estilo.

El día que no se nos utilice para vender coches en las exposiciones o para promocionar artículos del hogar habremos dado un paso de gigante en la evolución de la Humanidad. Mientras tanto, seguiremos besando la axila del tipo de turno que se acaba de poner desodorante (puag), conseguiremos dejar reluciente el baño más sucio que hallarse pueda (puag), y comeremos las barritas energéticas que nos harán adelgazar para seguir gustándoles a ellos (¿?). Porque gustarnos a nosotras mismas se ve que no, pues qué poco nos queremos si consentimos que se perpetúe este estado de cosas.

jueves, 6 de febrero de 2014

Fotos que me gustan (XX)











Teatro Colón (Argentina)









Hot Spring Danakil

Cueva de Voronia, Abjasia, la más profunda de la Tierra

miércoles, 5 de febrero de 2014

Emociones tóxicas (y XV): los celos


La envidia es el deseo de tener lo que tiene el otro. En cambio, los celos actúan al revés, se dan por miedo de perder algo.

Ejemplo de personas celosas y controladoras son aquellas mujeres que quieren vigilar a toda la familia, tomar las decisiones por todos y siguen con la misma actitud con el paso de los años. Creen que los demás son objetos a su disposición y que pueden dirigir todo lo que hacen o dicen.

El circuito de los celos funciona así:

a) Sentir la amenaza.

b) Controlar.

c) Prohibir.

d) Perdón. Pero no tardará en volver a las mismas de siempre.

e) Profecía cumplida. El miedo a perder se cumple. La persona se va del lado del celoso.

El celoso tiene miedo a perder, porque no tiene el permiso interior de tener.

Los padres estamos para darles a nuestros hijos permiso para tener. Un celoso es alguien que no tuvo el permiso de los padres. Creció con padres que le engañaban, creció en un ambiente de violencia, donde el padre o la madre siempre descalificaron, en un lugar de abandono, en definitiva, en un lugar donde los padres no dieron el permiso. Faltó la validación. Los padres somos quienes debemos bendecir a nuestros hijos, ya que esto significará darles permiso para tener, vivir y poder. Instruye al niño en su camino y cuando fuere viejo no se apartará de él. La tarea de un padre es motivar, alentar a que sus hijos descubran su propio camino, porque cuando lo descubran no van a apartarse de él.

Una persona que vive con sueños es una persona que vive en victoria.

Loa padres estamos para transmitir ideales a nuestros hijos.

Los padres estamos para impartir vida a nuestros hijos. Hay padres que están más preocupados por la vida intelectual que por la vida interior de sus hijos. Tenemos que impartirles vida en todo sentido. Enseñarles –con el ejemplo- a que cuiden su corazón.

Loa padres estamos para proporcionar amor incondicional a nuestros hijos. Tus hijos tienen que saber que siempre los vas a querer, hagan lo que hagan. Ese es el verdadero permiso y seguridad que necesitan.

Si tus padres no lo hicieron, siempre hay tiempo. Si en tu familia no te dieron permiso, tú puedes dártelo y puedes ser el 1º en hacerlo con tus hijos. El mejor ejemplo para ellos es que te vean haciendo lo que tú quieres que ellos hagan. Están cansados de palabras; quieren ver vida en los padres.

Este es el mensaje interior que posee la persona celosa: “en definitiva no me merezco lo que tengo, por eso en cualquier momento puedo perderlo”. Una persona que cumple sus deseos es una persona que se permite a sí misma obtener lo que desea por más que no sea una necesidad. Necesidad es una cosa y deseo es otra.

Un mal deseo es un buen deseo unido a la forma equivocada de cumplirlo.

Estas son opciones que les da su deseo hoy, pero les cobran caro mañana.

Anímate a cambiar el foco de “poseer” por “atraer”.

Todo lo que respetes se te acercará y lo que no respetes se te alejará.

Estrategias para salir de los celos tóxicos:

1) Tener carácter atrae. Cuando una persona tiene carácter, es quien es. Cuando eres quien eres, atraes. Cuando eres falso, alejas.

2) Estar comprometido atrae las oportunidades. El compromiso te da un aura, te hace atractivo.

3) Capacitarse atrae las oportunidades. Cuando uno se prepara, se supera.

4) La química atrae. Cuando uno tiene química, hace sentir bien al otro. Hay personas que no han logrado avanzar aunque tienen compromiso, capacitación, porque no tienen química con la gente. Cuando la tienes, atraes a los demás y hay puertas que se te abren.

5) La gente libre interiormente atrae las oportunidades. Si eres libre por dentro, atraes, porque eres una persona sencilla. Cuando uno está contento, eso es señal de que uno está libre.

La gente en paz atrae. Cuando alcances tu felicidad, que es tu paz interior, habrá una atracción, un sentido de influencia, algo hermoso que te adorna y de lo que los demás se dan cuenta. Y los que te vean sentirán tal impacto que te van a dar aquello que necesitas.

A la gente en paz se le abren las puertas.

Cuando escalas el monte de tu felicidad luego ella es tu compañera de por vida. Cuando tengas paz interior, tu sabiduría aumentará.

Cuando llegues a tener paz interior, todo tu entorno tendrá paz, porque es algo que tú generas en los demás.

(Del libro de Bernardo Stamateas)

martes, 4 de febrero de 2014

Querida Lina


Cuánto lamento todo lo que le está pasando a Lina Morgan. Y no sólo por su deteriorada salud sino también por la avaricia que una fortuna como la suya despierta a su alrededor. Antes de que se haya ido al otro barrio ya se están disputando sus bienes, que tanto trabajo le costó conseguir, ella que tiene unos orígenes tan humildes. Quién le iba a decir, cuando sus padres recogían cartones para sobrevivir, que llegaría a ser una estrella en lo más alto del firmamento.

A nadie le tienen por qué interesar los conflictos familiares que tuviera Lina, puesto que forman parte de su vida privada. Ahora se airean muchos trapos sucios, aprovechando que no se puede defender. No es la 1ª mujer sola que pretende adoptar hijos ajenos, con el pretexto del parentesco, la pobreza y un exceso de confianza mal entendida. Eso se hacía mucho antes, es algo de otra época, y generaba muchos conflictos. En cuestión de sentimientos cada quien sabe lo que alberga en su corazón y los motivos que le han llevado a tomar determinadas decisiones. En cualquier caso no tienen por qué salir a la luz cosas tan particulares, precisamente en momentos delicados como este.

Yo sólo recuerdo a la Lina que pasó años y años trabajando, planificando, ilusionándose e ilusionando. Creativa, vivaz, muy tierna, llena de comicidad con un punto de tristeza. Su energía, su ingenuidad, su bondad, su inteligencia, son cualidades que nos sirven de inspiración a los que deseamos pasar por esta vida con optimismo y entusiasmo. Esa forma de doblar las piernas, que parecían de goma, de hacer muecas con lo gansa que era, esa manera de transformarse según requiriera el papel, su versatilidad, su comicidad, su incansable dinamismo en el escenario, como si el paso de los años no hiciera mella en ella, no dejan de ser sorprendentes a pesar del tiempo transcurrido desde que tuvo sus grandes éxitos.

Y cuando tuvo su propio teatro, algo a lo que pocos artistas se atreven por la gran responsabilidad que lleva consigo, los problemas, las facturas, el tener gente a tu cargo, fue la guinda que coronó el pastel de una vida entera dedicada al público, a transmitir emociones, a hacer pasar buenos ratos y hacer olvidar las preocupaciones. Eso no tiene precio. Y qué bonito lo dejó tras la reforma que hizo, adornado con primor y elegancia. Era su 2ª casa, y la nuestra. Hace pocos años lo vendió, pero ha quedado su impronta.

Por eso ahora que Lina está pasándolo tan mal, que ya los años se le han venido encima de repente, y su salud está acusando el desgaste físico de tanto trabajo, sólo le deseo, le deseamos, una pronta recuperación, que pueda estar de nuevo en su hogar tranquila, sin preocupaciones, como se merece. Un mundo sin ella ya no sería lo mismo.

lunes, 3 de febrero de 2014

Una aventura extraordinaria


Nunca antes el destino azaroso de unos animales había movilizado al mundo entero de aquella manera. En Una aventura extraordinaria, que en realidad se titula muy acertadamente El gran milagro, se narra la historia real de tres ballenas grises de California, una familia compuesta por macho, hembra y el hijo de ambos, que quedaron atrapados bajo el hielo de Alaska.

Pronto se corrió la voz del suceso en un lugar pequeño como aquel, en el que las noticias vuelan. Rachel, ecologista de Greenpeace, se pone al mando de una operación destinada a conseguir que las ballenas puedan seguir viviendo y logren salir de la trampa involuntaria en la que la Naturaleza les ha hecho caer.

Los nativos Inupiat son los primeros en movilizarse. Con sus sierra mecánicas van cortando el hielo en los bordes de la zona en la que se encuentran los infortunados cetáceos, para que se hunda y puedan salir a respirar. A través de un gran cuadrado la pequeña familia saca alternativamente la cabeza para tomar aire. Las ballenas grises no tienen la cabeza lo bastante fuerte para romper el hielo como hacen las ballenas boreales, por lo que están llenas de heridas.

Un reportero, antiguo novio de la ecologista, aburrido del escaso movimiento informativo del pueblo, y que tiene planes para marcharse a una gran ciudad, ve en este acontecimiento una noticia que le puede catapultar a la fama, ayudado por una ambiciosa periodista de una importante cadena de televisión que es enviada para cubrir el suceso.

Un ejecutivo del petróleo que vive allí se pone en movimiento, con el fin de conseguir buena imagen y contratos millonarios. La ecologista se enfrenta a él por los interesados motivos que le mueven. Y al principio es así, pero a medida que va pasando el tiempo y es testigo del sufrimiento de los animales, la preocupación desinteresada de la gente y el respeto con que son veneradas por los nativos, que les dedican cantos y rezos, cambiará de actitud y dará todo el dinero que sea necesario para que el incidente tenga un final feliz.

La noticia llega a oídos del mismísimo presidente de EE.UU., Ronald Reagan en ese momento, que mandará a la Guardia Nacional para que ayude. Helicópteros militares, al mando de un oficial, intentarán arrastrar con unas cuerdas a través del mar helado un hovercraft destinado a salvar a los animales, pero la dureza del hielo hace que se desplacen muy lentamente e incluso pone en peligro la vida de los pilotos, que están a punto de chocar entre ellos. El oficial conoce a la enviada del presidente cuando se está lamentando de lo infructuoso de sus esfuerzos, con la que ya había mantenido una crispada conversación telefónica, nervioso como estaba a causa de la dificultad de la misión.

Dos inventores de Minnesota acuden a ayudar con su máquina desheladora, después de que la ecologista los hubiera desechado. Con esto consiguen que el trozo abierto por los nativos en el hielo no se vuelva a congelar por la noche, donde se alcanzan temperaturas de 45 grados bajo cero.

El gobierno propone pedir la ayuda de un rompehielos ruso, a pesar de la Guerra Fría. La ecologista se opone porque los soviéticos son grandes cazadores de ballenas. El buque debe intentar con sus embestidas romper la barrera de hielo que impide salir a las ballenas a mar abierto.

La cría de las ballenas comienza a respirar con dificultad. Sus padres le ayudan a salir a la superficie cada vez que tiene que tomar aire porque le fallan las fuerzas. Cuando finalmente muere las otras deciden avanzar. Cientos de personas han estado ayudando a hacer agujeros en el hielo cada varios metros para que las ballenas puedan ir desplazándose por debajo y saliendo a respirar. El rompehielos tarda en romper la barrera, y los agujeros se han vuelto a helar, por lo que si se demoran las ballenas perecerían ahogadas. Finalmente lo consigue, y pueden marchar en medio de los aplausos y los gritos de entusiasmo de la gente.

Según cuenta la película, el reportero tuvo oportunidad de marcharse a donde quería pero renunció para estar cerca de la ecologista, con la que reanudó su relación. El millonario consiguió contratos sustanciosos para depurar aguas marinas. Los inventores se hicieron de oro. El oficial de la Guardia Nacional se casó con la enviada presidencial. El hecho real tuvo lugar en 1988 y se lo denominó Operación Breakthrough.

Pero lo que más destacó de aquel acontecimiento es el feliz desenlace de unos animales condenados a morir y que el mundo entero estuviera pendiente de un suceso que aunó esfuerzos y logró deshelar, nunca mejor dicho y por un momento, las frías relaciones entre americanos y rusos. Fue una causa común que consiguió que naciones enfrentadas y personas con intereses dispares unieran sus esfuerzos por un buen fin, un fin que nunca nadie hubiera pensado lo suficientemente importante como para que se desencadenaran tantas iniciativas, una corriente de verdadera humanidad.


 
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