Aquí aparezco con la abuela Luisa, la madre de mi padre, en una visita a la Casa de Campo con mis primos, la única vez que fuimos allí todos juntos. Yo soy la 2ª por la izquierda, apoyada sobre el respaldo del banco. Debía tener yo tres años y algo. La rubita un poco enfadada que está a mi lado es mi hermana, que no debía querer que la subieran a un sitio tan poco estable. Cómo se nota quiénes somos los tímidos, los que nos llevamos un dedo a la boca como titubeantes y desviamos la mirada, mi primo Ignacio y yo, los demás miran abiertamente a la cámara. La verdad es que no recuerdo nada de aquel día.
Mi abuela disfrutaba mucho cuando nos veía a todos reunidos. Faltaban los cuatro primos que, como viven en Alicante, nunca estaban en las reuniones familiares, y también cinco primos más que nacieron después.
En esta estoy con mi madre y mi hermana cuando yo tenía quince años. Siempre he parecido mayor de lo que soy. La única rubia natural es mi hermana. Llevamos puestos ella y yo unos jerseys que nos hizo la abuela Luisa. Cuando se ponía con las agujas de punto hacía de todo, hasta ropita para nuestras muñecas cuando éramos pequeñas. Como se ve siempre he sido grandota. Mi hija no ha heredado esta constitución, que a mí me viene de mi abuela Pilar. Ana es mucho más menuda, de hueso fino. Se nos ve a las tres tan bronceadas en Benidorm, en el pequeño apartamento que solíamos alquilar en aquella época, cuando aún veraneábamos en agosto. A mi madre siempre le ha gustado esta foto, dice que cuando todo el mundo se pone medallas, las medallas de ella somos mi hermana y yo.
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