
Qué mujer no se ha sentido en muchas ocasiones Cenicienta, siempre atareada con las faenas de la casa, sin tener nunca descanso ni sentirse valorada. No es difícil encajar la figura de la madrastra y sus hijas con un marido exigente y tiránico, o unos hijos caprichosos y egoístas. Por qué no salir una noche loca vestida con un traje maravilloso y unos zapatitos de cristal, o mejor de metacrilato, que es más resistente. Lo malo es tener que regresar precipitadamente a medianoche para evitar que se deshaga el encantamiento. Las cosas buenas que duran tan poco no merecen la pena. El príncipe no deberia ser engañado con estos trucos de prestidigitación, pues no tendría que importarle que el objeto de su amor tuviera procedencia plebeya. Hasta nuestro príncipe se casó con la chica del telediario.
Y quién no se ha sentido alguna vez Blancanieves, con una madrastra que solo desea tu mal, envidiosa y despiadada. Un psicólogo seguramente le diagnosticaría algún complejo de inferioridad, y paranoia. Si necesita eliminar del mapa a una frágil damisela para sentir que es la mejor es por lo insegura y lo infeliz que es. Qué tendrán las madrastras que en todos los cuentos se las retrata tan malignas. Esta señora bien podría ser una cuñada envidiosa, una suegra celosa, o una jefa que cree que le puedes hacer sombra. Cierto que se disfrazan de seres débiles e indefensos para dar la manzana envenenada sin levantar sospechas, pero ya puestas a ser perversas lo interesante sería actuar sin tapujos. Es entonces cuando a la pobre Blancanieves le crecen los enanos. Los problemas nunca vienen solos, sino de siete en siete, número bíblico por excelencia. Pero son tan monos estos siete enanos que le han crecido que da lástima querer deshacerse de ellos.

Aquel que hubiera perdido a su madre o hubiera sido separado de ella, bien podria haberse sentido como Bambi o Dumbo, cuentos que es dificil que resistan las lágrimas por lo conmovedores que son, y también lo edulcorados. El desamparo del que aún es un niño, sometido a las crudezas de la vida sin entrenamiento previo, cuánto se asemeja a la realidad en tantos lugares del mundo.
Los superhéroes de los comics también tienen su correlato en los cuentos infantiles con Robin Hood. Es el Curro Jiménez de la factoría Disney, el ladrón que roba para dárselo a los pobres, el proscrito que redistribuye la riqueza de una forma peculiar. Debería practicarse mas a menudo.

El flautista de Hamelin bien podria ser cualquier político y demás trileros en general que, tocando su instrumento hechizante, consiguiera embaucarte para que le sigas allá donde él quiera. Aunque dicen que hay melodías lo bastante interesantes como para resistirse a su influjo.

Cuidado con los lobos que se disfrazan de corderos para comerse a Caperucita. Eso de que se comiera a la abuelita me pareció siempre de un mal gusto incalificable. Aunque ahora hay pocas Caperucitas que se dejen engañar, y muchos lobos que estan deseando que les den la manzana, la miel y el trozo de pastel de la cestita (o lo que fuera que llevara alli), porque ya puestos vamos a hacer la merienda completa. Cuánta truculencia.

La vida puede ser como un cuento, solo hay que echarle un poco de imaginación. O echarle mucho cuento.
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