- Gracias mil por la llegada de dos nuevos seguidores, Yumypets, que tiene una tienda de animales y que decidió unirse a mi blog con la entrada que hice de Mr. Magorium y su tienda mágica. Seguro que la suya es también una tienda muy especial. Mi otro seguidor no sé cómo se llama pero he visto que pinta unos óleos maravillosos. Gracias mil.

Hay viajes que van más allá, que son algo más que seguir una ruta trazada en el espacio o el tiempo. El camino de Darjeeling es uno de ellos.

A poco de casarse ya les pasé muchas cosas de recién nacido, pero aún quedaba todo lo demás. Necesitaba el sitio porque ya no sabía dónde meterlo todo y, curiosamente, no me dio tanta lástima deshacerme de todas esas prendas como pensé que iba a suceder.
Viendo el tamaño de las ropas, me costaba creer que mis hijos hubieran cabido alguna vez en algo tan pequeño, y me asombraba comprobar lo deprisa que pasa el tiempo. Me parecía que no hace tanto que aún la llevaban.
Con cada prenda que sacaban me acordaba de una determinada etapa de sus vidas, nuestras vidas, aunque mis recuerdos no son demasiado nítidos. Son más emociones que imágenes concretas las que me asaltaban. Lo que sí me apenó es tener que tirar todo lo que no quisieron llevarse.
Mi hermana me preguntaba si no me quería quedar con alguna cosa de recuerdo, y la verdad es que en ese momento le dije que no. Pero luego sí me he quedado con otras cosas que no eran de vestir: un babero, una almohada de cuna con su funda, pequeños peluches blandos, alguna mochila de mi hija adornada con el hada de Peter Pan …
Y el caso es que no sé para qué, todo eso lo único que sirve es para ocupar otra vez sitio y ya no va a tener utilidad. Pero siempre he sido así. De niña llegué a guardar hasta un plato donde comía todos los días y que iban a tirar porque se había roto. No tengo remedio.
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