
Tras sus estudios, se ha podido comprobar que las similitudes que tienen los chimpancés con nosotros son extraordinarias. Los machos atacan a sus propios hermanos para hacerse con el poder y se unen con otros individuos para patrullar el territorio y cazar intrusos de grupos vecinos.
“Durante un tiempo quise convencerme de que ellos eran pacíficos por naturaleza y que éramos nosotros los que debíamos hacer dado un traspié en algún momento de la evolución”, afirma Goodall. Pero no tardó en darse cuenta de que no era así. Una vez se despertó sobresaltada en la noche y vio una guerra en toda regla entre dos comunidades de chimpancés que se masacraron entre sí. Ellos trazan estrategias de combate, violan a las hembras, matan a las crías y torturan con saña. A nivel cognitivo son muy sofisticados, pero exhiben conductas egoístas, y la cooperación desaparece cuando se trata de conseguir alimento. Algunos emplean ramas a modo de picas para cazar gálagos, unos pequeños primates de hábitos nocturnos que forman parte de su dieta.

En el lado positivo, los chimpancés sienten compasión por sus congéneres, se consuelan entre ellos y entienden los sentimientos ajenos.
La peor lacra que tienen que soportar estos animales es su caza sistemática, con el fin de comerciar con su carne, servir de experimentación en laboratorios o para exhibición en zoológicos. Muchas hembras son quemadas vivas en presencia de sus crías, a las que se aprisiona, encadena y transporta en camiones, donde les echan agua hirviendo para silenciarlos. Los que son recuperados tienen tales traumas psíquicos y tales secuelas físicas que se tarda mucho en hacer que se recuperen y vuelvan a confiar en los seres humanos, pues despertamos en ellos un estado de terror permanente.

Aún recuerdo la película que sobre la zoóloga Dian Fossey se hizo en su momento, y el libro que ella publicó con sus experiencias, que tengo en mi casa. Está muy bien que se de a conocer la labor de estas personas, científicos que como ella han llegado a dar incluso su vida por esta causa. Era sorprendente verla agachada o medio tumbada entre los gorilas, tan territoriales y agresivos con los extraños, y cómo se acostumbraban a su presencia y terminaban aceptándola entre ellos. El miedo que nos tienen la mayoría de los animales es atávico, se ha transmitido a lo largo de generaciones como una forma de asegurarse la supervivencia, una salvaguarda contra un peligro seguro.
El estudio de cualquier especie animal es siempre interesante, pero es cierto que cuando se trata de los simios, debido a su semejanza con nosotros, el interés es aún mayor. Y como digo yo siempre: tenemos tanto que aprender de los animales, si emuláramos muchas de sus conductas, más racionales y constructivas que las nuestras en innumerables ocasiones, el mundo iría mucho mejor. Dejemos que sigan creciendo en paz en sus hábitats naturales, limitémonos a observarlos y a estudiar sus hábitos. Volvamos a la Naturaleza.
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