
Sus amigos de su tierra natal le convencen para que regrese. En 1936, con ocasión de los Juegos Olímpicos de Berlín, recibe el pedido de tres estatuas para el estadio. A partir de entonces trabajará para Hitler, siendo ésta su etapa más fructífera. Sin embargo, durante la guerra, ni la cuarta parte de sus obras se salvó del bombardeo enemigo.
Tras la guerra sigue dedicándose a la escultura y a la arquitectura. Dedica mucho tiempo a la realización de bustos de personajes conocidos, como Salvador Dalí.

Llama la atención la perfección de sus figuras masculinas, hercúleas y viriles, de una belleza absoluta, representadas con frecuencia en actitudes de fuerza. La representación del cuerpo femenino quizá no esté tan lograda, pero es también delicada y hermosa.
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