
El año pasado ya pude empezar a pasar sus cumpleaños con ella, pues he estado tres años que como nos ateníamos al pie de la letra a lo estipulado en el convenio de divorcio, en cuanto empezaba agosto se tenía que ir con su padre. Luego hemos dejado de ponernos tan estrictos. Al fin y al cabo se van hasta bien entrado septiembre, porque son las fiestas del pueblo de su padre, y yo nunca me he opuesto. Con tal de que se lo pasen bien....
Esta tarde ya se van ella y su hermano. Están contentos, y a mí también me parece que se me va haciendo menos difícil tener que separarme de ellos tanto tiempo. Antes vivía su ausencia como un duelo.

La tuve nada más nacer junto a mí en la habitación, sin apenas haberla limpiado los que se tenían que encargar de hacerlo, pues a esas horas el nido estaba cerrado. No sentí la angustia y el desconsuelo que con Miguel Ángel, al que sí separaron de mi lado nada más nacer, como hacen con todos los bebés, para ponerle vacunas y tenerlo en observación en el nido. Anita sí pudo estar conmigo todo el tiempo, salió del paritorio a mi lado en la cama en la que nos llevaron a la habitación. Ella es como yo, mujer de verano. Y ya han pasado catorce años....

En otras ocasiones han ofrecido otras cosas, pero esta de los cuchillos me llamó mucho la atención. No sé qué será lo siguiente que se les ocurra.
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