miércoles, 16 de noviembre de 2011

En las redes de la red


Al final me he rendido a las tentaciones de Facebook, yo que despotricaba tanto cuando mi padre me convenció para que me uniera a esta red social, en la que estamos ya el común de los mortales. Hice lo que todo el mundo, busqué a amigos del pasado y a miembros de la familia, a los que hace mucho que no veo, y el resultado no dejó de sorprenderme.

Comprobé que aquellos a los que conocí hace tantos años siguen ahí, dispuestos de nuevo a responder a mi llamada como si el tiempo se hubiera detenido para nosotros. Pero el tiempo no se ha detenido para nadie: matrimonios, hijos, trabajos, para todos la vida ha cambiado, y todas las veces que me preguntaba qué había sido de fulanito o menganita, tuvieron por fin respuesta. Es muy grato saber que aquellos a los que querías y que formaron parte de tu mundo en un cierto momento siguen dando guerra y están bien. He contactado con una amiga del instituto y otra del colegio y el instituto. De las amigas recientes sólo dos tienen Facebook.

Luego están los desconocidos. Parece que es corriente en las redes sociales. Se me agregó la amiga de una amiga, a la que no conozco y a la que debí caer bien, y el hermano de un amigo del colegio y el instituto (mi amor de juventud), del que nada sabía porque es unos años menor que yo y no debimos coincidir. Conocía a otro hermano de los muchos que tiene, pero a este no. Son curiosas sorpresas.

Mi hija dice que en su Tuenti tiene agregadas a 700 personas, de las que no conoce a 100. En Facebook veo también a mucha gente con ciento y pico amigos o más. Al final, con quien te relacionas en realidad es con tu grupo de allegados, porque salir de marcha con todos los que se te adosan en las redes sociales sería como montar una manifestación o formar parte de un improvisado ejército, es imposible.

Para una persona muy extrovertida con muchas relaciones, estar en Facebook debe ser como vivir en una fiesta permanente. Pero para los que no hemos tenido nunca demasiados amigos es experimentar una realidad que no es real, pues a los pocos habituales que forman parte de tu círculo se unen otros que siguen estando en la distancia. Aunque hay una frase que me ha encantado siempre, y que aparecía en una postal que tenía pegada en una pared de mi habitación cuando era niña, en la que se decía que la amistad no depende de cosas como el espacio y el tiempo.

Con la familia también ha sido muy reconfortante, porque a parte de mi padre y mi tía Carmen (mis incondicionales, por supuesto), dos primas que se llaman Pilar Rubio como yo y un primo contactaron conmigo, y yo contacté con otra prima y otro primo más. Sólo nos veíamos en las bodas, y como ya se han casado todos hemos dejado de vernos hace mucho. La verdad es que somos tan diferentes que me cuesta creer que por nuestras venas corra la misma sangre, pero ahí están. Son un encanto.

También he lanzado peticiones de amistad a un par de personas que no me han respondido. No me extraña mucho, porque conociéndolas de antemano lo suponía, pero nunca está de más intentarlo. No nos va a querer todo el mundo, por mucho que queramos nosotros.

Mi padre se relaciona en Facebook con sus sobrinos más de lo que lo ha hecho en la práctica jamás, y ha contactado con un amigo de la infancia, muy simpático y cariñoso por cierto, que le manda unos correos electrónicos maravillosos.

En fin, que estoy en las redes de la red. Ojalá me siga deparando gratas sorpresas.

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