
Sólo algunos de sus films son comerciales, el resto podría incluirse dentro del tan últimamente cacareado cine independiente, denostado en el pasado y que ahora parece muy de moda. Seguir esta línea es signo inequívoco de ser muy cool, y no una rareza como antaño.
Con los años, sobre George Clooney se ha posado un aire de madurez relajada, siempre atractivo, desde la que nos mira con sus enormes ojos oscuros de manera socarrona, sólo a veces mutada en profunda seriedad. Si trata algún tema social o político, entonces es como si llamara a la puerta de nuestra conciencia dirigiéndonos su mirada fija y penetrante para captar nuestra atención y casi hipnotizarnos.


Y precisamente por ese comportamiento suyo tan fuera de lo común, tan infantil a veces, se desencadenan los acontecimientos de manera inesperada, inimaginable. Y, como quien no quiere la cosa, al final consigue sus propósitos, sacando a relucir en el proceso facetas de su propia personalidad que ni él mismo conocía.
En Los descendientes se plantea una cruda realidad familiar, y las reacciones de cada uno de los protagonistas resultan sorprendentes. Hay momentos muy trágicos, con los que no es difícil sentirnos identificados porque nos pueden pasar a cualquiera. La manera como lo resuelve Clooney le da al conjunto del film un toque muy especial, y no deja indiferente.
Él, que nos tiene acostumbrados a verlo en diferentes roles, tan pronto anunciando café Nespresso con su voz sugerente y su seductora apariencia (se ríe de su propia imagen, gusta de autoparodiarse), como cerveza (son spots muy logrados, que fomentan su lado divertido, simpático), nos lleva a través de los caminos de la interpretación, de una manera muy personal, hasta los confines de nuestras propias convicciones y emociones, y lo hace como por casualidad, sin apenas darnos cuenta.

A mí George Clooney, con los años, me ha terminado produciendo una sensación placentera, muy agradable, sabes que ir a verle al cine es garantía de que vas a pasar un rato interesante, da igual que sea una historia dramática o una comedia. Él sabe mezclar lo trágico y lo cómico de forma increíble, tan pronto se le ve llorar desesperado como haciendo alguna payasada frikie, y sin embargo no resulta chocante.
No sabemos con lo que nos asombrará en el futuro, pero lo que sí es seguro es que no podremos ignorar nunca su forma de ver el mundo.
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