
Igual sorna malévola me produjo
un gran cartel metálico sobre unos postes que, hace un tiempo, se colocó dentro
del recinto, tras las vallas, al aire libre, y en el que se podía leer: “Obras
de rehabilitación de las instalaciones por deficiencias varias”. Y cuántas deficiencias había, ya lo
creo, y no precisamente estructurales, en la época en que me tocó estar entre sus
cuatro paredes. El ambiente tan particular que allí existía, hijos de militares y un pequeño porcentaje de hijos de funcionarios civiles de Defensa, no se da en la actualidad, afortunadamente.
Ana intentó "escapar" el año pasado junto con algunas de sus amigas al llegar el momento de empezar Bachillerato, que es donde más les aprietan los tornillos, pero los demás institutos de la zona estaban ya colapsados, sobre todo porque muchos habían llevado a cabo la evasión antes que ella y estaban las plantillas cubiertas. Este año vuelve a las mismas, ahora que está aún dentro del plazo para realizar la solicitud, pero le surge la duda de a dónde ir. El público que llena el resto de los centros está plagado de extranjería, y lo que ganaría en menor exigencia académica lo perdería en un mejor ambiente y en lejanía de casa. Un instituto privado, le dije, pero aparte del dinero que eso supondría piensa que estará repleto de pijos. Complejo social quizá, porque por el hecho de vestir bien y hablar con corrección no quiere decir que se sea repelente o se mire a los demás por encima del hombro. Antes casi todos los estudiantes éramos así, y no éramos adinerados.
Total, que es bastante probable que tenga que continuar donde está ahora, aunque la dejen machacada por el alto nivel que demandan. Por fin este año ha sabido lo que es currárselo, a pesar de afirmar que lo lleva haciendo desde que repitió 3º de ESO. Ha estudiado más pero seguía con las triquiñuelas y el escaqueo que le son habituales, hasta que llegó este curso. Tampoco ayuda mucho el hecho de que sus amigas sean poco estudiosas. Me da la impresión de que Ana es una buena estudiante porque se obliga a sí misma más que por convicción personal. Quiere hacer una carrera, aunque a veces le surjan dudas sobre si es lo que realmente quiere o no, y sabe que las notas que piden para entrar en las facultades no son como las que pedían cuando yo fui a la Universidad. Ahora hay más gente todavía, y se necesita más para llegar a donde uno se ha propuesto.

Me pregunto qué será de este
instituto en el futuro, ahora que con las obras que piensan llevarse a cabo en
la zona quieren derruirlo por considerarlo obsoleto y construir otro más grande
en un solar cercano. Por un lado ya que no hay fuego por lo menos que haya
demolición para ajustar cuentas con el pasado, pero por otro lado algo de mí
desaparecería con aquellos muros. Es una historia de amor y odio la que yo
tengo con este lugar. Sólo el tiempo dirá lo que ha de pasar.
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