
Algo que a Raf Simons le ha venido de perilla. Con amplia experiencia en el mundo del pret-a-porter para hombre, había estado anteriormente entre otros con Jean Paul Gaultier. Simons trabaja y vive en Bélgica, de donde es oriundo, y viaja a París 2 veces al año para sus colecciones. La alta costura es nueva para él, con ella que dispone de menos tiempo para realizar sus colecciones; el pret-a-porter se puede realizar con mucha más antelación y tranquilidad.

Se intercala una voz que representa a Dior, a modo de narrador, que reproduce lo escrito en sus Memorias. Así sabemos que era un hombre al que no gustaban el ruido ni la vida de ajetreo social, que quiso vestir a las mujeres que habían salido de la 2ª Guerra Mundial, acostumbradas a uniformes y trajes rectilíneos, con vestidos que realzaran la feminidad: hombros redondeados, cinturas finas, faldas largas y amplias como corolas. Y resultó que su gusto personal coincidió con el de la mayoría de la gente. Él empezó con 41 años en 3 talleres de una conocida calle parisina.
Las primeras colecciones de Raf Simons como diseñador datan de hace 20 años. En Dior sólo conocían su trabajo los encargados de ropa masculina, que son pocos, porque la Casa se ha especializado siempre en ropa de mujer. Raf es un hombre poco dado a la exposición pública, que desempeña su labor con pasión pero queriendo verse libre de las servidumbres de la fama.
Raf va a los ateliers y conoce a cada uno de los que los componen. Está preocupado porque sólo tiene 8 semanas para presentar la nueva colección de Dior. El ayudante de Raf, Pieter, se asombra de que Christian Dior trabajara sólo 10 años en una Casa que lleva 60 años funcionando. Eso demuestra que aunque estuvo poco tiempo lo que hizo fue revolucionario. De Raf dice que él no dibuja, pero que elabora conceptos visuales muy concretos. Hace dossieres con ellos a base de fotos, grabados y bocetos de los diseñadores de la Casa. De 250 puede elegir 3 ó 4. Le gusta hablar con todo el mundo y da mucha libertad a sus equipos, por lo que todos tienen la oportunidad de incluir sus ideas, y la colección resulta mucho más rica. Raf tiene palabras de elogio para las encargadas de los talleres, no las considera simples empleadas sino figuras importantes dentro de la firma que están a cargo de equipos muy grandes y colecciones muy grandes.

Raf Simons no puede pasar un día sin ver alguna exposición. Necesita contemplar Arte, le da ideas y le ayuda a relajarse. Sterling Ruby le inspira para hacer varios modelos. Es un pintor que no toca el lienzo directamente sino que utiliza sprays. Raf quiere se se use una técnica parecida para sus vestidos. Para ello se necesitan grabadores y no hay ninguno disponible en Francia hasta varios meses después. Además los ateliers tienen que atender los pedidos de las clientas particulares. Por fin consiguen proveedores que se encargarán de ello y lo harán a destajo, con días y noches y fines de semana trabajando si parar.
Raf reflexiona sobre el concepto que tiene la gente de su estilo. Todos creen que es minimalista, porque anteriormente estuvo trabajando para una marca que lo era, pero él dice que además de eso también le gustan otras cosas, y piensa que el público lo comprobará en el desfile.
El diseñador va a visitar en una soleada mañana, junto a Olivier,el jefe de comunicaciones, la casa en la que vivió Dior en su infancia, un edificio de 2 plantas con fachada rosa y situada junto al mar. Está rodeada de jardines, pues heredó de su madre la afición por las flores. Hay un pequeño busto de Dior en medio de ellas.
Los diseñadores-as del atelier hacen sus propios bocetos, pero Raf siempre retoca. Este va con algunos miembros de la Casa a inspeccionar una mansión particular de varias plantas, sin amueblar, que les van a ceder para hacer el desfile. Es muy señorial, pero le hace falta una limpieza y pintura en las paredes. Raf tiene una propuesta que hacerles, aunque cree que a lo mejor es muy arriesgada: quiere llenar todos los espacios de flores, cada estancia de un color diferente, y que todos puedan aspirar su fragancia. Dice que la idea está inspirada en una escultura de Jeff Koons, Puppy.
A Raf le traen las primeras telas con las impresiones inspiradas en los cuadros de Sterling Ruby. Los coloca sobre algunas de las modelos, prendidos con alfileres, para que se muevan y ver el efecto. Está encantado, le parece sublime.
Van también a la mansión donde tendrá lugar el desfile. Han hecho estructuras que llegan hasta el techo, altísimo, donde se engarzan las flores. Aún sólo hay algunas, de diferentes colores, para ver el efecto. El presidente de la Casa Dior va a verlo porque es el que tiene que dar su conformidad, sobre todo por el elevado presupuesto que lleva consigo.
Olivier, el jefe de comunicaciones le dice a Raf que la Casa Dior espera mucha prensa, pero que hay que hacer una selección de quiénes y dónde van a entrevistarle. Raf manifiesta su horror a que le filmen o fotografíen, sobre todo si es gente que no conoce. Pregunta qué es lo mínimo que tiene que hacer para saludar al público y contentar al señor Arnault, el presidente ejecutivo de Dior, porque no está dispuesto a pasearse por todas las salas como un payaso, ni tampoco recorrer la pasarela al término del desfile, se siente incapaz de hacerlo. Olivier le dice que es importante para ellos que permita hacerse una foto con 10 modelos delante de una de las paredes de flores. Es la condición imprescindible para tener 10 páginas en París Match. Raf se frota lentamente la cara, angustiado. Hacen una broma para quitarle hierro al momento, y después Raf afirma no tener mucha elección y accede.
Raf está haciendo retoques a las prendas y tomando decisiones hasta el último momento. Le gusta contemplar a las modelos caminando mientras él está sentado a lo lejos pensativo, con la mano apoyada en la frente o en la cara. De vez en cuando se levanta, hace superposiciones con telas de las más variadas texturas y colores, camina unos pasos hacia atrás para tomar distancia y ladea la cabeza, como sopesando el efecto.
Llega Esther, una modelo que va a hacer su primer desfile de su vida, una nueva adquisición de la Casa Dior. Raf piensa que es muy guapa pero que no puede caminar así, y que debería relajarse porque parece asustada. Mientras, en los ateliers las costureras trabajan incansablemente. Llega una gasa transparente en negro con bordado de flores de un azul intenso que es una maravilla. Creo que a eso se le llama encaje. Por más que busco en internet no soy capaz de distinguir entre gasa, tul, muselina, chiffon, satén y organza, es algo que hay que tocar y ver, no te puedes hacer una idea real en un ordenador.
Una de las diseñadoras del atelier dice que hay alegría y tristeza cuando llega el final, porque las prendas les han pertenecido durante mes y medio y luego ya no les pertenecen, las dejan ir. Raf les ha hecho llegar a todos y cada uno de ellos una tarjeta en la que ha escrito de su puño y letra palabras de agradecimiento por la labor realizada y afirma que "mañana será un día fantástico", refiriéndose al día del desfile.

El día del desfile los que componen el atelier llegan cuando aún no hay gente en las salas para contemplar la maravilla de las flores colocadas por las paredes hasta el techo. Están asombrados y encantados. Raf recibe a la legendaria y terrible Anna Wintour, directora del Vogue norteamericano, que fue retratada en la película El diablo viste de Prada. Está unos momentos con él recorriendo las salas pero no tarda en despedirle con un vaivén de la mano. Raf aprovecha para escabullirse rápidamente, algo que parecía querer hacer porque en su presencia pocos son los que estarán cómodos.


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Esther durante el desfile |
A medida que avanza el desfile Raf se va emocionando cada vez más. Pugna porque las lágrimas no afloren a sus ojos, inútilmente. Está mascando chicle desde antes de que empezara, para calmar los nervios. Se abraza a Pieter, que también llora emocionado. Cuando termina, Raf se pasea por el recorrido entre los aplausos del público y choca los cinco con el presidente de Dior ya casi al final del trayecto. Luego se hace fotos con las famosas, las antes mencionadas, y con las actrices Marion Cotillard y Sharon Stone. Jennifer Lawerence también estaba entre los asistentes. También con gente del mundo de la moda, y con sus padres, a los que presenta, rodeándolos con cada brazo con afecto. Ha sido su gran día.


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