martes, 21 de diciembre de 2010

Fans

Hace unos días, cuando fui a ver A tres metros sobre el cielo con una amiga, película que está tan de moda ahora sobre todo entre el sector juvenil, no pude salir de mi asombro. El cine estaba lleno cómo no de quinceañeras y algunas veinteañeras también, aunque todas se comportaron de forma parecida. Cuando se estaba terminando el film, que llegó a su momento más dramático (o melodramático diría yo), y se veía sufrir en pantalla al apuesto protagonista (este actor lo hace mucho mejor que cuando trabajaba en Los hombres de Paco), de repente una multitud de sonoros y angustiosos sollozos se dejaron oir aquí y allá por todo el local. A nuestra izquierda estaban sentadas como media docena de adolescentes, y una de ellas en particular era incapaz de contenerse de la tensión nerviosa que tenía. Sus amigas intentaron calmarla, incluso la regañaron un poco, pero en vano. El cine entero era un estertor convulso de damiselas compungidas hasta el paroxismo, que a cada nueva desgracia acaecida a su ídolo (y fueron unas cuantas muy seguidas en el último cuarto de hora que duraba la cinta), reaccionaban al unísono movidas por un frenesí transitorio que no fue a más porque la película no duró más tiempo, y que se prolongó cuando se encendieron las luces y se dio por concluida la sesión. Muchas salían bañadas en lágrimas, con los pañuelos cubriéndoles los ojos y diciendo entre hipidos cosas como “Jo tía, qué mal” y otras perlas por el estilo.

El fenómeno de las fans ya ha dado mucho qué hablar en el mundo de la música. Todos sabemos las que se organizaban en tiempos de Los Beatles y de Elvis. Keith Richards lo describe muy bien en un libro que ha escrito sobre su vida y sus experiencias con los Rolling Stones: “A los diez minutos de salir al escenario empezaban a pasarnos por delante los cuerpos inertes de fans que habían perdido el conocimiento de la emoción, eso no fallaba. A veces incluso las dejaban poco menos que apiladas a un lado porque había demasiadas, ¡era como el puto frente occidental! (…) Me acuerdo de salir al escenario cuando ya habíamos terminado y la sala estaba vacía, ya habían recogido la ropa interior que nos habían tirado y demás. Andaba por allí un empleado ya mayor, el vigilante nocturno, que al verme me comentó: “Muy buena actuación, no ha quedado ni una sola butaca seca” (…) Aquellas tías se agolpaban allí abajo, sangrando, con la ropa desgarrada, las bragas meadas…”

Él recordaba con pavor las veces que en alguna ocasión las fans lo rodearon y casi estuvieron a punto de matarlo, tal era el frenesí que se apoderaba de ellas. Se preguntó más de una vez qué era lo que las empujaba a comportarse así, si admiración, lujuria o que simplemente habían perdido el norte y ni ellas mismas sabrían explicar lo que les pasaba.

Este es un tema que siempre ha despertado mi curiosidad , y parece ser que tiene mucho que ver con una escasa autoestima personal y un cierto vacío vital. Al admirar a una celebridad se establece una relación parasocial que no está sometida a las cargas emocionales de las relaciones personales convencionales: no hay miedo al rechazo, no existen obligaciones… Es una ilusión por la que se cree que se tiene una relación con el personaje, alguien a quien se admira y que parece corresponderte afectivamente entregándote su arte (su música, su interpretación). Esto puede llegar a influir y cambiar la vida de la gente.

La baja autoestima se debe a que las personas desean ser mejor de lo que son o no se sienten lo suficientemente bien consigo mismos. Las celebridades se convierten en lo más parecido a su yo ideal.

Pero desde luego también hay un fuerte componente de represión sexual, a la que las mujeres somos más vulnerables por la educación que hemos recibido desde que el mundo es mundo. Estos momentos sirven para desatar todo aquello que las convenciones sociales obliga a mantener oculto. El ídolo es además un modelo masculino ideal e inalcanzable que se cree excepcional: va a ser difícil que podamos conocer a alguien así en nuestra vida corriente, lo que hace que el poco tiempo que pasemos con él sea único y limitado, y esto genera una gran ansiedad. Las fans se vuelven muy agresivas, posesivas, celosas, se hacen daño a sí mismas y al objeto de su adoración si se pone a su alcance, aún sin ellas quererlo. Hay una película, Casi famosos, que refleja muy bien todo este mundo. 

Siempre me ha parecido un poco lamentable este fenómeno, se pierde por completo la dignidad personal. Hay un gran vacío afectivo y de valores en el mundo actual, y no es difícil imaginar por qué suceden estas cosas. Todos hemos tenido alguna vez alguien a quien admirar y con cuyo talento hemos disfrutado, pero con un control.

Que el fenómeno se de sobre todo entre la gente joven se debe sin duda a que su personalidad aún se está conformando, y se crean unas expectativas y unas emociones que superan el mundo consciente, lo racional.

Sólo sé que después de lo que vi el otro día en el cine, siento incluso lástima por ellas, pobres, porque sufren de una manera desaforada por cosas que son ficticias. Aunque me parece que lo pasan muy bien sufriendo, qué gusto de dolor.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Un poco de todo (VIII)

- He comprobado que ha aumentado el número de mis seguidores con otro artista, también pintor, Omar, que me honra con su interés por mi blog. Nunca pensé que la sección que dedico al hiperrealismo fuera a encontrar tanto eco. Estoy encantada de que a tantos nos gusten las mismas cosas, y espero seguir siendo del gusto de otros muchos. Gracias Omar.

- La entrevista de Buenafuente el otro día en su programa a Alex de la Iglesia, con motivo de la película que ha estrenado recientemente, no tuvo desperdicio. A mí particularmente es un director de cine que no me ha gustado nunca nada. El humor de Buenafuente puede parecer cálido y amable, pero suele dejar caer alguna pregunta mordaz, cuando menos te lo esperas, que es su sello personal inconfundible y lo que le ha hecho famoso: “Y tú con esa cabeza que tienes, ¿cómo puedes llevar una vida normal?”. Esa misma pregunta me había hecho yo más de una vez. El otro no se dio por aludido, pero sí comentó que en la proyección que hubo en la Mostra de Venecia Tarantino aplaudió a rabiar, y que luego se le acercó a felicitarle. Como suele decirse, Dios los cría y ellos se juntan. Qué horror.

- Y a propósito de Buenafuente, qué personaje tan curioso me ha parecido siempre. Creo que tiene mi edad, pero en realidad es un hombre al que es difícil calcularle eso y otras muchas cosas. Es inclasificable. Extremadamente ingenioso e inteligente, muy catalán en su forma de hablar y en otras cosas, tiene un sentido de la comicidad increíble. Ejerce de presentador de televisión, o de showman, según se mire, pero bien podría ser una nueva forma de clown en este circo de las vanidades en el que nos hallamos inmersos.

He estado tentada de comprar alguno de los libros que ha escrito con sus monólogos, siempre geniales, pero creo que no sería lo mismo leerlos que verlos. La clave de su gancho está en su gestualidad, en su expresión corporal, que es única y espontánea. Él podrá tener un guión previamente hecho, sobre el que estoy segura que improvisa todo lo que quiere y más, pero la forma como lo dice, con todo el cuerpo, es algo que hace sobre la marcha y no tiene imitadores.

A veces dice cosas que me molestan, porque tampoco es respetuoso con según qué temas, pero me imagino que este es un país libre en el que todos pueden opinar lo que les parezca, y él es un taimado atrevido.



viernes, 17 de diciembre de 2010

Fama

Aunque ahora con el nombre de Fama han hecho muchos programas que se aprovechan del tirón que tuvo la película que en 1980 dirigiera Alan Parker, la semilla original, el germen único e inimitable de todo aquello fue aquel film que, iniciada aquella ya lejana década, nos sorprendió a todos por la visión que del mundo del arte interpretativo en todas sus versiones nos ofreció.

En las pruebas de acceso a la escuela vamos conociendo a los personajes en torno a los cuales girará la trama. Vemos a Ralph, un puertorriqueño que aún no sabe exactamente qué es lo que quiere hacer, pero que ya sabe que su sitio está allí. Empieza con el profesor Shorofsky, de música, que le sugiere que se pase a la clase de danza, a ver si le va mejor, y de la que saldrá a su vez rebotado a la de interpretación.

Doris llega acompañada de su absorbente madre, que no deja de hacerla fotos, llorar de emoción e interrumpir cada vez que ella va a hablar. Se la ve cantando una canción preciosa, Memory, durante la cual no deja de desafinar por culpa de los nervios.

Bruno abruma al profesor de música cuando toca sus teclados electrónicos. “Un instrumento detrás de otro es suficiente”, le dice, pero él tiene respuestas para todo, dispuesto a defender su forma de hacer arte, inasequible al desaliento. “Si quiere lo hago en un ritmo de 4 x 4 con ritmo de discoteca”.

Leroy, un chico negro del Bronx, se contonea provocadoramente, con movimientos obscenos y una forma de interpretar la música a través del baile que nunca antes se había visto. Todo este atrevimiento le sirve involuntariamente para quitarle la plaza a su compañera, con la que se presentaba para acompañarla en su prueba.

Montgomery sí tiene claro que lo suyo es la interpretación. Su madre, una actriz famosa, le manda el dinero que gana cuando está de gira para que se pague el psicoanalista.

El inicio de las clases es parecido en todas las materias. Los profesores dicen lo mismo, que su asignatura es la más importante de todas, imprescindible para pasar de curso. “No os libraréis de estudiar porque tengáis talento”, les dice la profesora de literatura. “Tendréis que tener piel de elefante porque sufriréis toda clase de insultos y rechazos”, afirma el profesor de interpretación.

El comedor es un hervidero de alumnos, una pequeña Babel donde se ensaya con los instrumentos, el baile o las escenas. Alguno consigue milagrosamente concentrarse y leer un libro, aislándose de todo. De repente la multitud reacciona a una energía común que surge y se va propagando entre ellos, como una onda expansiva. Una música empieza a sonar, los acordes que son la banda sonora de la película. Y como una cosa lleva a la otra, no tarda en iniciarse el baile también, los chicos se suben encima de las mesas, un frenesí de cuerpos que se convulsionan sin seguir ninguna norma, sólo dejándose llevar. El espectador, inevitablemente, se ve arrastrado a ese paroxismo de ritmo y creación. Piensas que a eso es a lo que se le llama estar vivo.

Un día hay un incidente en la clase de la señorita Sherwood, la profesora de literatura. Ella ha querido desmentir a Leroy que decía saber leer, le provoca para que salga de su marginalidad. Él reacciona con violencia inusitada, viéndose descubierto ante todos y sintiendo una gran vergüenza, por lo que comienza a dar patadas a los muebles, saliendo con un sonoro portazo, rompiendo cristales en los pasillos mientras vocifera toda clase de insultos. Da salida a una frustración más de las muchas que se han acumulado en su vida.

El profesor de interpretación les enseña cómo obtener los recursos para actuar de las pequeñas cosas de cada día. “Concentraos en cómo hacéis las cosas cotidianas. Prestad atención al mundo físico, aislad los detalles”. Cuando se llevan un cubierto a la boca, cuando se mueven por una habitación, todo tiene importancia. Recreaos, es su consigna.

El profesor Shorofsky le dice a Bruno si lo va a tocar todo él solo, cuando le ve con sus sintetizadores tras intentar que aprenda algún instrumento en su orquesta de música clásica. “Eso que haces no es música, es masturbación”.

Al padre de Bruno, que es taxista, no se le ocurre otra cosa para promocionar la música de su hijo, que colocar unos altavoces sobre su vehículo a la puerta de la escuela con sus canciones sonando a toda pastilla. Los chicos que van saliendo se ponen a bailar frenéticamente en mitad de la calle, subiéndose por encima de los coches, cortando el tráfico, haciendo venir a la policía.

El profesor de interpretación quiere que hablen sobre un hecho de su vida que sea traumático. Montgomery habla sobre su homosexualidad. Dice estar bien adaptado, aunque tamibén deja entrever otra sensación. “No ser feliz no significa ser desgraciado”.

A Doris no le gusta ser judía, ni vivir en Brooklyn, ni las fiestas de cumpleaños con niños chillones y llorones a las que su madre le obliga a ir a cantar para ganarse un dinero.

La señorita Sherwood le dice a Leroy que el Play Bloy no es el mejor modo de aprender a leer. Desde la escalera donde está subida colocando unos libros en las estanterías de la biblioteca, le lanza Otelo. “Léelo, era negro”.

En el enorme piso sin muebles de Montgomery, él, Ralph y Doris ensayan y comparten confidencias al anochecer, tenuemente iluminados por las intermitentes luces de neón rosa que se filtran desde la calle a través de los grandes ventanales.

En el cine, Doris y Ralph asisten a una sesión dramatizada de una película de miedo: si en la pantalla llueve, los espectadores sacan sus paraguas sentados en sus asientos; si un personaje pregunta algo, el público responde como guiado por una consigna; si alguien da un golpe, la gente también. Algunos suben al escenario que hay bajo la pantalla, y cantan coreados por el resto, con una trepidante música de fondo que comienza a sonar.

Ralph no siempre tiene una buena noche cuando va al night club a hacer sus monólogos de humor. Doris intenta abrirle los ojos para que no se olvide de quién es él. “Estás lleno de fuerza, de rabia y amor”, le dice. Montgomery también tiene unas palabras para él, cuando se queda solo en su camerino. “Sólo nos prometieron siete clases diarias y comida caliente. Lo demás depende de nosotros”.


El día de la graduación, tras cuatro años de estar allí, es un momento de celebración y también de nostalgia por todo lo vivido, ese bullicio constante, joven, efervescente y creativo de la escuela, experiencias irrepetibles que ya han quedado atrás. Se abre un mundo de posibilidades, tienen toda la vida por delante. Todo está por hacer. Y la meta: alcanzar la fama.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Criss Angel: el nuevo Gran Houdini

Descubrí a Criss Angel hace relativamente poco, cuando me enviaron un correo electrónico en el que se le veía en medio de un parque, partiendo en dos a una mujer que salía a toda prisa sin piernas, únicamente usando sus brazos, arrastrando el resto de su cuerpo por el suelo. Eran imágenes muy impactantes. Poco tiempo después emitieron en el Digital un reportaje sobre su vida y su trabajo, y resultó ser de lo más interesante.

Este mago, ilusionista, escapista, acróbata, músico y showman televisivo, lleva ya unos cuantos años siendo un personaje archipopular en EE.UU. Neoyorkino, el más pequeño de una familia numerosa, empezó a hacer trucos de magia siendo un niño, a raíz de un pequeño juego que hizo una tía suya para entretenerle. A los 13 años realizó su primera actuación pagada.

Cuando se le ve, hablando con tanta tranquilidad y naturalidad sobre su vida y su trabajo, lo único que llama la atención es su apariencia, a medio camino entre lo gótico y lo roquero: media melena lisa, ojos y uñas pintados de negro, anillos de calavera en los dedos, muchos colgantes muy largos al cuello, ropa informal y mucho cuero, siempre a la moda.
En el reportaje se mostraban algunos de sus números, todos increíbles: levitaba a varios metros por encima de la pirámide de Luxor, de noche, sobre un haz de luz procedente de un foco situado en la cúspide; o se colgaba con unos cables desde un helicóptero con cuatro ganchos atravesándole la carne de la espalda, mientras volaba sobre el desierto.

En otra ocasión se quemó a lo bonzo en mitad de la calle, en una zona previamente vallada, rodeado de público y con su madre presente, para celebrar el cumpleaños de ésta. Ella se medio tapaba la cara, asustada. Al final, cuando se tumba bocabajo y los ayudantes apagan las llamas con extintores, sólo queda su ropa en el suelo sin nadie dentro.

En otro momento se le ve apoyado contra un muro mientras un coche lo embiste a gran velocidad, llevándoselo a él y al muro por delante, y saliendo aparentemente ileso.

También salen unas instantáneas en las que se le ve metiendo un escorpión en la boca de una bellísima y aterrorizada “voluntaria”, transformando agua en cerveza, rompiendo con aparente facilidad guías de teléfono, atravesando cristales sin romperlos y caminando sobre las aguas de una piscina. Recuerdo la impresion que me dio verle subirse encima de una valla llena de pinchos, tumbarse encima y parecer como estos le atravesaban, a la vista de la gente que pasaba.

A veces hay números que no salen bien, como cuando implosionó un edificio con él dentro. Un helicóptero tenía que llevárselo justo un momento antes de la explosión, pero algo falló y se quedó en el interior. Los organizadores respiraron aliviados cuando le vieron salir, algo maltrecho, por su propio pie.

Otro número fallido fue el escapismo subacuático en un casino. Se metía en una caja alargada metálica, pero lo bajaron cuando aún no estaba preparado. El agua se le metió en los pulmones y se le reventaron los tímpanos. Con una fuerza sobrenatural consiguió abrir la caja y salir.

Hay páginas en Internet en las que él mismo explica con ayuda de videos cómo hace algunos de sus trucos, y son sorprendentemente sencillos. Es difícil explicarlos aquí, porque espectáculos tan visuales y efectistas como éstos es mejor verlos que expresarlos con palabras para poder comprenderlos. Todo se basa en formas especiales de colocar las cámaras, en situar estratégicamente espejos, o simplemente pegarse un papel de celofán detrás del dedo gordo de una de las manos para que se quede ahí sujeto determinado objeto que quiera hacer “desaparecer”.

Algunos de sus espectáculos son especialmente truculentos, cuesta creer que las cosas que en ellos tienen lugar no sucedan realmente. No teme herir sensibilidades, sólo busca impresionar, llamar la atención, que se hable de él, generar polémica.

Se cuenta que estuvo practicando en un circo durante años para mejorar sus números, antes de hacer el programa de televisión que tanta fama le está dando.

Criss Angel dice haber sacrificado su vida personal en aras de su carrera. La adrenalina que desarrolla en cada uno de sus espectáculos, la emoción y el entusiasmo que este trabajo despierta en él ha hecho que renuncie a casi todo lo demás.

Y sigue inventando cosas, su imaginación es portentosa, su magia no tiene límites. No le importa poner en peligro su vida una y otra vez, resistir el dolor. Puede que haya entrenado su mente para que su cuerpo lo aguante todo. Su energía es inacabable.

No en vano se le conoce como el Gran Houdini del siglo XXI.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Jubilación

La jubilación es un momento crucial en la vida de las personas, el tránsito a una fase que parece distinta a todo lo conocido.

Yo he sido testigo de reacciones muy diversas ante este hecho cuando ha tenido lugar a mi alrededor. Tuve dos compañeros hace muchos años que eran hermanos y que lo vivieron de forma diametralmente opuesta. Mientras para uno supuso un alivio y un motivo de alegría, después de tantos años trabajando en el mismo lugar y no siempre en las mejores condiciones, para el otro sin embargo fue una desgracia, pues el trabajo era lo que debía dar sentido a su vida, y de hecho falleció pocos meses después.

Cuando le tocó a mi padre tampoco lo pasó bien. Llevaba muchos años en aquellas oficinas y tenía buen ambiente laboral, era y es muy querido y estaba muy considerado. Aún creo que añora su trabajo, porque le gustaba mucho.

A mi jefa le tocará a comienzos del próximo verano, y también lo está enfocando por el lado más negativo. Ella piensa que va a entrar a formar parte de una categoría social, la del jubilado, que es inferior a la que tiene ahora y que la degrada. Cree que la sociedad menosprecia al que está retirado, al que es viejo en general, como si ya no sirvieras para nada. Además es un claro indicio de que ya la muerte está próxima. Realmente, sintiendo así se está muy cercano a la depresión.

El jefe del otro departamento no se anda muy lejos en su apreciación del hecho en sí. Teme que cuando se jubile no tenga ya una disciplina en su vida, una obligación ineludible, y que le de igual a la hora que se levante de la cama, que no le importe estar en pijama en su casa todo el día. Acostumbrado casi desde niño a tener una ocupación, no sabe si afrontará la falta de ella como un vacío que no sabrá rellenar. Una compañera dijo, cuando le oyó, que ella no necesitaba trabajo ninguno para tener una disciplina en su vida, quizá porque su salud física y mental la ayudan a ello, ya que en esto, como en casi todo lo demás, la actitud es lo importante.

Mi tía Carmen, la hermana de mi madre, que se jubila este mes, parece que está pasando por este momento con una gran serenidad. Entró a trabajar cuando aún tenía casi calcetines, siempre ha estado en el mismo sitio, en su centro de trabajo ha conocido a muchas personas a lo largo de un montón de años y ha sido como su segunda casa. Como a todo el mundo, le ha llevado su tiempo hacerse a la idea, pero una vez que ha llegado el momento va a pasar por él con la inteligencia y la bonhomía que la caracterizan.

La opinión de mi jefa es la que más me ha dado qué pensar y me parece que está bastante alejada de la realidad. Es fácil hablar cuando no se ha llegado a un momento así, pero si hay algo que nunca he creído es que al jubilado se le defenestre en forma alguna. No es que en los países occidentales se tenga tanto respeto a los mayores como ocurre en los orientales, pero creo que sí se valora el esfuerzo que una persona ha hecho a lo largo de toda su vida y el merecido descanso cuando se llega a la vejez. Lo de autocompadecerse no tiene mucho sentido, lo lamentable sería no haber llegado. Además el concepto que se tenga de uno mismo no está en función de tu situación laboral, social, económica ni de ninguna clase, ni mucho menos de lo que opinen los demás. Somos quienes somos en cualquier momento y circunstancia, nunca podemos ni debemos renunciar a nuestra identidad por ningún motivo.

En cuanto a la proximidad de la muerte, oponerse a ello es aún más absurdo, pues con esa premisa nacemos, y además nadie está libre de ella, puede llegar en cualquier momento de la vida, y si te sucede siendo mayor es precisamente como tiene que ser.

Muchos factores están en juego a la hora de afrontar la jubilación: tu estado de ánimo en ese momento, lo realizado que te sientas en tu trabajo, tu situación personal… Pero supongo que es una etapa más de la vida, que nos permite ir avanzando y dejar ciertas cargas atrás que hemos soportado durante un tiempo y que ya son innecesarias. Yo sí creo que sea una liberación, un momento para vivir en paz y reencontrarnos con nosotros mismos, si es que estábamos un poco perdidos. Es como hacer un repaso a todo lo anterior y pasar página.

Es ir por el mundo con los deberes cumplidos. Y que te quiten lo bailao. Y como dice el cartel, "Este producto ya no se comercializa".

martes, 14 de diciembre de 2010

Grandes arquitectos contemporáneos (I): César Pelli

Torres Gemelas Patronas

César Pelli es un arquitecto argentino nacionalizado estadounidense, que ha sido muy galardonado y que ha hecho magníficos trabajos en todo el mundo.
Las Torres Gemelas Patronas, en Kuala Lumpur (Malasia), es uno de los más conocidos. Fue el edificio más alto del mundo hasta 2003. Mide 452 metros y tiene 88 pisos de hormigón armado. La fachada es de acero y de vidrio. Con el tiempo, se ha convertido en un símbolo de la zona.
Utilizó un diseño geométrico basado en motivos tradicionales del arte islámico: una estrella de doce picos.
Están unidas por un pasarela de doble altura aérea entre los pisos 41 y 42, llamada Skybridge. Es el punto más alto accesible para los visitantes. Están ocupadas por oficinas y un centro comercial.

En Madrid diseñó la Torre de Cristal, uno de los cuatro rascacielos del complejo empresarial de la Castellana. Tiene 249 metros y es el segundo edificio más alto de España.

En Bilbao destaca la Torre Iberdrola.

Torre Iberdrola de Bilbao



Canavy Wharf

 La Torre Canavy Wharf es el edificio más alto de Londres, enclavado en un centro de negocios. Tiene 50 pisos.

También creó el tristemente conocido World Financial Center de Nueva York, entre otras muchas obras.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Rafael Alberti y su arboleda perdida

Hace poco caía en mis manos, echándole un vistazo a entrevistas, reportajes y artículos que colecciono y conservo desde hace años, unos extractos que ABC publicó con las últimas líneas escritas por Rafael Alberti antes de morir, hace once años, y que el año pasado volvió a reproducir al cumplirse el décimo aniversario de su fallecimiento.

Se titulaba Memoria desde el mar y la arboleda, y en ella repasa algunos de los acontecimientos de su larga vida.

Yo a Alberti lo había leído poco, quizá porque su ideología política es totalmente opuesta a la mía, y porque me parecía una castaña de hombre cada vez que hacía una aparición pública para recitar algunos de sus versos. Aquellos “se equivocó la paloma, se equivocaba”, me resultaban machacones, relamidos e insustanciales, y más cuando aparecía con Nuria Espert a dúo, magnífica actriz donde las haya, pero que a cursi y petulante no la gana nadie cuando se pone. Tuve ocasión de comprobarlo personalmente en una ocasión, cuando dio una conferencia en mis tiempos de estudiante en la facultad y le faltó tiempo para ponerse a recitar esos sempiternos versos. Me fui antes de que terminara. La verdad es que el pobre hombre estaba ya muy mayor y se veía que no se encontraba bien.

Ahora que releo esas últimas líneas que escribió, me maravilla su prosa como no ha conseguido maravillarme su poesía. Lo único que comparto con él como poeta es su amor por el mar, siempre presente, su constante.

En esta ocasión logró conmoverme profundamente, pues sus palabras son el grito dolorido, desesperado y terriblemente sentimental de una persona que es ante todo un artista y que pese a los muchos años que llevaba en este mundo, le parecían pocos y renegaba de la proximidad de la muerte. Cuánto amor a la vida.

“Ya las últimas hojas de mi arboleda perdida están cayendo, ya van neblinándose los últimos renglones de mi vida, aunque mis ojos siguen conservando la suficiente luz para distinguir las flores que brotan en este sencillo y tembloroso jardín, gracias a una mano celestial que, siempre junto a mi, hace el diario milagro de que todo parezca estrenado.

Todo es belleza a mi alrededor, lianas perfumadas me rodean y arrebatan de los aterradores y oscuros abismos de la vejez, de la muerte. Me voy con los ojos llenos de acontecimientos de un siglo. Un siglo de horrores, de enfrentamientos, dolorosísimas separaciones, de hechos que habitan en mis bosques interiores y en los que casi a mis 94 años, aún puedo caminar sin perderme entre su frondosidad. Pero no me quiero ir. No quiero morirme. Sigo sin querer morirme. ¿Por qué tengo que morirme?. Todavía me retienen muchas cosas, muchos atrayantes sabores que no quiero dejar de percibir”.

Alberti se lamenta de aquellos que se le acercaron por interés, sin tener en cuenta sus sentimientos y su parecer, personas que pretendieron pasar por encima de él como apisonadoras. “Ahora, que ya se han desvanecido tantos falsos e interesados afectos imposibles de mantener, cuando como “los hijos de la mar” machadianos me he ido desprendiendo de lo poco que a lo largo de mi vida he tenido y que para otros ha significado continua inquietud. Ahora, que ya no me siento acosado por personas desveladas en comercializar de forma disparatada cualquier trazo mío (…) Ahora, que se han ido alejando de mi lado las pequeñas y comprensibles vanidades de equívocas jóvenes impacientes por desmantelar los recuerdos de mi memoria, los libros de mis anaqueles y mis distraídos cuadernos de trabajo. Jóvenes ávidos de llegar a la cima por el camino más rápido, sin la mínima posibilidad de trascender en el tiempo poético…”

Como poeta y amante de todo lo que ofrece la vida, tiene un recuerdo para las mujeres que conoció. “Mujeres que habéis pasado presurosas por mi vida, cercanas o lejanas ya, hermosas siempre, por encima de los días, de la crueldad del tiempo y del olvido. No adivino ya vuestros rasgos cuando atravesáis mi, todavía, encendido jardín. Pero siempre seréis un delicado y silencioso recuerdo en las páginas de mi perdida arboleda … Todo en mí sigue latiendo. Amo todo aquello que siempre amé, sin advertir la sorpresa de los que ya me contemplan como un árbol centenario al que le crujen las ramas e imaginan sin savia en las venas”.

De qué forma tan distinta afrontamos la vejez, cada cual según la vida que haya tenido o su forma de ser. Recientemente leía una entrevista que le hacían a Mingote, que tiene casi 92 años, y vi que se lo tomaba de otra manera. Se quejaba de sus múltiples achaques pero decía esperar a la muerte tranquilo, aceptando lo inevitable, sintiéndolo sólo por el disgusto que daría a aquellos que le quieren. Y es que Mingote siempre ha sido así, con su humor tan particular, disfrutando de la vida enormemente también, pero serio, realista y tan reflexivo para sus cosas.

¿Llegaremos nosotros a esas edades?. ¿Y cómo?. Me parece que mi amor a la vida no da para tanto, pero hay hombres, como Rafael Alberti, que no se querían ir.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Thelma y Louise

Si hay una película que me levanta ampollas morales siempre que la he visto es Thelma y Louise. Dicen que se ha convertido en todo un símbolo para el feminismo, y que costó bastante que alguien la quisiera producir porque el tema resultaba difícil y no muy comercial, alejado de los cánones habituales en Hollywood. De hecho despertó mucha polémica en su estreno, pues nunca antes se había abordado tan abiertamente un hecho corriente como el que dos mujeres quieran reivindicar sus derechos y defenderse de la agresión machista, usando un medio nada corriente como es el de las armas.

En esta historia, lo que empieza siendo nada más que la huida de dos mujeres desesperadas hartas del maltrato a las que las someten sus parejas, termina convirtiéndose en una auténtica odisea, recorriendo kilómetros a través de las típicas e interminables carreteras que atraviesan los desérticos parajes entre estados que hay en Norteamérica., y en la que suceden cosas que ni ellas mismas hubieran imaginado, final incluido.

A simple vista quizá el tema parece que se ha planteado de forma exorbitada, pero es tan real como la vida misma. Que dos mujeres que pretenden llevar una vida normal acaben modificando su conducta en una espiral de violencia creciente, inducidas por las agresiones físicas y psíquicas de que son objeto por parte de los hombres, es algo que puede llegar a suceder, que de hecho sucede y que, desde luego, es muy desalentador.

Este comportamiento machista, que aún permanece en gran parte del mundo, y que se acepta como algo normal por la costumbre, cada vez nos resulta a nosotras sin embargo más incomprensible y difícil de soportar. El hecho de que dos mujeres no puedan viajar solas, sólo por ser atractivas, sin que haya algún tío que en un momento dado se vea en la obligación de molestarlas, es algo que me enfurece sobremanera, más que nada por lo corriente del hecho en sí, y no por ello menos inaudito.

Todas sabemos bien cómo se sienten ellas. Qué mujer no tiene que aguantar cosas así todos los días: por la calle, en los transportes públicos, en cualquier momento o situación. Hasta el simple piropo, tan utilizado en nuestro país y generalmente aceptado por casi todas las españolas como algo establecido y muy de aquí, en realidad es una afrenta más. Me da igual que sea bonito o una grosería. Como decía Louise en la película a un camionero con el que se topan en la carretera en dos ocasiones y que no deja de ofenderlas con su lenguaje procaz, al preguntarle por qué hablaba así a unas mujeres que no conocía de nada, que qué derecho creía que tenía para dirigirse a ellas de esa manera. Y el tipejo todavía ponía cara de no entender nada, como si le estuvieran hablando en un idioma que no fuera el suyo. Por eso, cuando la emprenden a tiros con su camión cisterna y termina volando por los aires, es en realidad una escena triunfal que me produce una euforia salvaje, es darle su merecido, hacer justicia, o tomarse la justicia por su mano ya que nadie parece capaz de impartirla. Y al final resulta tan ridícula la reacción del individuo, que mueve más a risa que a otra cosa, una risa algo esperpéntica quizá.

A las mujeres nos ponen a prueba los hombres todos los días desde la niñez. No quiero ni pensar cómo será la situación en países donde se nos aplican leyes terribles.


La forma como acaba Thelma y Louise es sin duda controvertida. Yo posiblemente lo cambiaría si pudiera, pero hay que ponerse en su lugar, que es el lugar al que se llega cuando te ponen en el disparadero, cuando eres víctima de la incomprensión, la violencia sea cual fuere, y la desesperación. A veces parece que sólo cabe una solución radical: la vida o la libertad, ya que ambas cosas no son posibles. Si lo piensas fríamente se puede terminar de otra manera, pero si lo piensas en caliente no es difícil comprender el desenlace. Ellas no deberían haber saltado por ese precipicio, aunque fuera para poner fin al sufrimiento y la injusticia infinitos que las acechan. Nuestras esperanzas parece que se acaban con ellas con ese descenso mortal al vacío. Por qué renunciar a todo como si no tuviéramos derecho a nada sólo por haber nacido mujeres. Me hubiera gustado poderlas sujetar en el aire y no dejarlas caer. Las habría llevado a otro sitio, a un lugar lejano en el que estuvieran a salvo de ningún mal. Aunque ¿hay realmente algún lugar así?.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Pintura hiperrealista (XVIII): Paco Sánchez


 Paco Sánchez empezó exponiendo en el sótano de una librería que tenía un conocido en su Sevilla natal, lugar en el que alumnos de Bellas Artes mostraban esporádicamente sus obras.
En sus cuadros se aprecia la luminosidad y la belleza de la tierra que le vio nacer. Gran delicadeza en sus trazos.



martes, 7 de diciembre de 2010

Citas varias (III)

- “Desciende del mono con más intensidad que los demás”.

- “La lectura es un medio de participar en los conocimientos y el pensamiento de las generaciones pasadas. Leemos para superar nuestra vida y comprender la de los demás (…). Gracias a los libros conocemos las formas de vida ajenas y compartimos las inquietudes de otros hombres. De ahí su valor para la comprensión del mundo” (André Maurois, escritor).

- “En la antigüa Grecia, el prestigio intelectual de un hombre se basaba en su capacidad para hacer partícipe de sus ideas a otros hombres, en sus facultades persuasivas mediante la utilización de formas expresivas bellas”.

- “Suelo disfrutar más con lo que ocurre a mi alrededor que la mayoría de la gente” (Katharine Hepburn en la película La mujer del año).

- “Hay que intentar convivir con las personas en lugar de tratar de educarlas” (Spencer Tracy en la misma película).

- “Sólo puede degustar el sabor de los días quien se despoja de la obligación de tener un destino”.

- “Mientras dura el arrepentimiento dura la culpa” (El informe de Brodie, de Jorge Luis Borges).

- “Casi todos los casos de longevidad que se dan en el campo son casos de mala memoria o de un concepto vago de las fechas” (id.).

- “La modestia es la virtud de quien no tiene otra”.

- “Lo bueno de los feos es que no tienen que andar desmintiendo continuamente que no son tontos” (Pedro Ruiz, humorista).

- “Los envidiosos son los que han fracasado” (id.).

- “La sabia mezcla de melancolía y humor que surge casi siempre de la capacidad para tratar cómicamente situaciones tristes, un talento del que salen malparados los burócratas, los personajes que ven el mundo de manera rígida y unívoca” (Octavi Martí, periodista).

- “Más vale divertir con cosas ajenas que fastidiar con las propias” (Mariano José de Larra, escritor y periodista).

- “El pedantismo ha sido en todas las naciones el precursor de la decadencia de las letras” (id.).
- “Los ojos son un modo de puntuación de las palabras, son inteligencia y ortografía en una conversación, y a veces... algo más” (La Regenta, de Benito Pérez Galdós).

viernes, 3 de diciembre de 2010

Algunas de las cosas que me gustan

Es bien cierto que disfrutamos del mundo a través de nuestros cinco sentidos. Olores, colores, sonidos, texturas, todo está a nuestro alcance para que experimentemos y nos sintamos vivos.

Algunas de las cosas que me gustan especialmente son:

El olor de la lluvia después de una tormenta, el de los libros la 1ª vez que son abiertos, el de las rosas cuando se abren en primavera.

El azul del mar un día soleado, y cuando es gris los días de tormenta.

El azul también de los cielos sin nubes en las mañanas de invierno, cuando el aire es tan limpio.

El color verde de una pradera entre montañas, y el blanco de la nieve en las cumbres, cuando tira a azulado por efecto de la luz del sol. El rojo, verde, marrón de las hojas de otoño.

El color champán de las flores de tela que tenia de mi vestido de novia en la base de la espalda.
Contemplar las sábanas blancas y limpias tendidas al sol y al viento.

El color de la madera recién barnizada.

También el olor de los bizcochos y las rosquillas que hacía mi abuela Luisa.

El rojo de las uñas de unas manos cuidadas o de una barra de labios, y las sombras oscuras en ojos claros.

El suave color dorado del vestido que me puse en la boda de mi hermana, y los zapatos a juego.

La sobrecubierta de gasa blanca transparente de algunos trajes nupciales, acabada en un ribete ondulado que a veces va más allá de la cola.

Las mangas transparentes de ciertos vestidos de noche, en negro, blanco o dorado.

El rojo de las fresas sobre una montaña de nata, y las ondas marrones de chocolate cuando anuncian helados.

El color miel que he visto en jerseys de hombre.

El tono violáceo de las nubes que vienen cargadas de nieve, y las muchas intensidades del rosa en el cielo los días que ha habido viento.

El rojo oscuro del vino, que parece sangre, y el del champán en una copa bonita constantemente animada por burbujas.

La transparencia del agua de un río que fluye melodioso en medio de un bosque, o la del mar tropical sobre esa arena tan blanca de sus playas.

Las nubes que son como enormes masas de algodón de azúcar.

El aire fresco un día de invierno cuando luce el sol, y la brisa que viene del mar en las noches de verano.

Un campo lleno de amapolas, un camino vallado cubierto de nieve, un campo cubierto por la niebla.

Los rizos de espuma blanca sobre un mar intensamente azul los días de viento.

Los barcos surcando las aguas, levantando espuma a su paso y con las velas ondeando al viento, y las avionetas que sobrevuelan paisajes salvajes a corta distancia. Es como si se pudiera tocar con la mano la hierba verde, las copas de los árboles, las nubes cuando vuelan alto.

Querría poder contemplar el mundo desde la cima de una montaña, o la fauna variada y multicolor de las profundidades submarinas.

Una voz dulce acompañada de una música melodiosa.

La suavidad de la piel de un bebé, y la de la seda.

Me gusta tocar la cubierta de un instrumento musical que estén tocando para sentir su vibración, e incluso de mi aparato de música cuando está sonando una canción que me gusta, porque así me parece que la siento más. 

La lista de las cosas que me gustan sería interminable. He aquí algunas. Y mientras, disfrutemos de nuestros sentidos.

jueves, 2 de diciembre de 2010

La vida como un cuento

Las cosas que sucedían en los cuentos que leímos allá en nuestra niñez pueden tener lugar en la vida real. No hay que echarle tanta fantasía como pudiera parecer.
Qué mujer no se ha sentido en muchas ocasiones Cenicienta, siempre atareada con las faenas de la casa, sin tener nunca descanso ni sentirse valorada. No es difícil encajar la figura de la madrastra y sus hijas con un marido exigente y tiránico, o unos hijos caprichosos y egoístas. Por qué no salir una noche loca vestida con un traje maravilloso y unos zapatitos de cristal, o mejor de metacrilato, que es más resistente. Lo malo es tener que regresar precipitadamente a medianoche para evitar que se deshaga el encantamiento. Las cosas buenas que duran tan poco no merecen la pena. El príncipe no deberia ser engañado con estos trucos de prestidigitación, pues no tendría que importarle que el objeto de su amor tuviera procedencia plebeya. Hasta nuestro príncipe se casó con la chica del telediario.
Y quién no se ha sentido alguna vez Blancanieves, con una madrastra que solo desea tu mal, envidiosa y despiadada. Un psicólogo seguramente le diagnosticaría algún complejo de inferioridad, y paranoia.  Si necesita eliminar del mapa a una frágil damisela para sentir que es la mejor es por lo insegura y lo infeliz que es. Qué tendrán las madrastras que en todos los cuentos se las retrata tan malignas. Esta señora bien podría ser una cuñada envidiosa, una suegra celosa, o una jefa que cree que le puedes hacer sombra. Cierto que se disfrazan de seres débiles e indefensos para dar la manzana envenenada sin levantar sospechas, pero ya puestas a ser perversas lo interesante sería actuar sin tapujos. Es entonces cuando a la pobre Blancanieves le crecen los enanos. Los problemas nunca vienen solos, sino de siete en siete, número bíblico por excelencia. Pero son tan monos estos siete enanos que le han crecido que da lástima querer deshacerse de ellos.
Qué mujer no ha tenido la visión romántica del príncipe azul (ignoro por qué siempre tienen que ser de este color), besando a la Bella Durmiente para despertarla de su sueño centenario. En el cuento que yo leía de niña él era tan apuesto y gallardo, y ella tan hermosa con su mata de pelo largo, rubio y ondulado, los labios rojos y los ojos tan azules, que no era difícil que se convirtieran en el prototipo del amor ideal. Lo que si me escamaba era que ella no envejeciera, y que resistiera tanto tiempo inmovil sin que el cuerpo se le entumeciera. Y lo peor era el hecho de que los habitantes de su reino durmieran al mismo tiempo que ella, y en las posturas mas inverosímiles, allí donde les hubiera pillado el encantamiento. Cuánta incomodidad. Me parecía injusto que todos tuvieran que correr la misma suerte, pero para eso han existido siempre los siervos y los vasallos.
Aquel que hubiera perdido a su madre o hubiera sido separado de ella, bien podria haberse sentido como Bambi o Dumbo, cuentos que es dificil que resistan las lágrimas por lo conmovedores que son, y también lo edulcorados. El desamparo del que aún es un niño, sometido a las crudezas de la vida sin entrenamiento previo, cuánto se asemeja a la realidad en tantos lugares del mundo.
Los superhéroes de los comics también tienen su correlato en los cuentos infantiles con Robin Hood. Es el Curro Jiménez de la factoría Disney, el ladrón que roba para dárselo a los pobres, el proscrito que redistribuye la riqueza de una forma peculiar. Debería practicarse mas a menudo.
Peter Pan conozco yo a unos cuantos. Bien está ser como niños para poder entrar en el Reino de los Cielos, pero todo tiene un limite. Si eso sirviera para conservar la juventud no estaría mal, pero no querer crecer cuando ya se pintan canas es un poco lamentable. Tengamos eso sí un pensamiento alegre, no hace falta ser Peter Pan para tenerlo.
El flautista de Hamelin bien podria ser cualquier político y demás trileros en general que, tocando su instrumento hechizante, consiguiera embaucarte para que le sigas allá donde él quiera. Aunque dicen que hay melodías lo bastante interesantes como para resistirse a su influjo.
Y qué mujer no ha besado alguna vez a alguna rana esperando que se convirtiera en príncipe. Todavía no nos hemos enterado que el que es rana no va a dejar de serlo por mucho que nos empeñemos en besarla. Aceptemos a las ranas como son y no pretendamos cambiarlas. O mejor, aceptemos nada más que a los príncipes y desechemos a las ranas directamente.
Cuidado con los lobos que se disfrazan de corderos para comerse a Caperucita. Eso de que se comiera a la abuelita me pareció siempre de un mal gusto incalificable. Aunque ahora hay pocas Caperucitas que se dejen engañar, y muchos lobos que estan deseando que les den la manzana, la miel  y el trozo de pastel de la cestita (o lo que fuera que llevara alli), porque ya puestos vamos a hacer la merienda completa. Cuánta truculencia.
Lo que no querría es tener 101 dálmatas en mi casa, ni caer bajo los hechizos transformantes de Merlin, ni ser como el gigante Gulliver en un país de gente diminuta empeñada en atarme con cuerdas, ni pequeñita como Pulgarcito. Yo me sentiria cómoda en algún cuento de Beatrix Potter, viviendo en una de sus granjas en medio de maravillosos parajes campestres y rodeada de dulces animales domésticos.

La vida puede ser como un cuento, solo hay que echarle un poco de imaginación. O echarle mucho cuento.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Pintura hiperrealista (XVII): Linda Huber


Linda Huber,  pintora estadounidense que trabaja desde hacce más de 30 años con lápiz de grafito. Es autodidacta.
Se centra en pequeñas áreas y las trabaja al detalle, con mucha paciencia, hasta conseguir darles el máximo realismo.
Prefiere hacer retratos porque, según sus propias palabras, "la captura de una personalidad única e irrepetible siempre es un reto muy gratificante".
No deja de ser sorprendente la forma como capta la transparencia, los reflejos, el movimiento.

 
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