viernes, 18 de enero de 2013

Para Ángela


He tenido a lo largo de muchos años de trabajo infinidad de compañeras de todas clases, pero sólo unas pocas han llegado a ser mis amigas. En el último sitio en el que estuve conocí a una persona peculiar, distinta a cualquier otra con la que me hubiera cruzado en mi camino, que me aportó mucho a nivel humano.

Ángela fue bailarina de ballet clásico antes de dedicarse a esto de la burocracia, reciclaje radical que tuvo que llevar a cabo cuando por sus años se vio en la obligación de dar por concluida su carrera. Acostumbrada desde muy joven a viajar por su trabajo recorriendo el mundo entero, tiene anécdotas para todos los gustos y recuerdos muy bonitos con los que podría escribir un libro si quisiera.

Ya la 1ª vez que la ví, y sobre todo la oí, con esa risa dinamitera que llega a todos los rincones y que resulta realmente contagiosa, supe que estaba ante un ser diferente. Pero no hay que llevarse a engaño. Ángela tiene también mucho temperamento y lo saca a relucir siempre que cree hallarse ante una injusticia, propia o ajena.

Ella es una mujer de profundas convicciones y tiene las cosas muy claras en su vida. Desde muy temprano supo que nunca querría estar casada, ni tener hijos. Ella no iba a seguir derroteros que fueran convencionales. Alguna que otra convivencia con alguna de sus parejas le llevó a la conclusión de que nada hay como la propia independencia. Y muchas veces se ha visto defraudada cuando el novio de ese momento se ha querido saltar lo acordado previamente, al cabo de un tiempo de relaciones, intentando llevarla a su terreno y que ella claudicara en sus posturas. Ni por todo el amor del mundo, que ha sentido mucho, cambió jamás de parecer. Ella cree que la convivencia destruye a las parejas, y la madurez que se necesita para adquirir la responsabilidad de tener descendencia o la necesidad está ausente en ella.

Pocas personas tienen las cosas tan claras en la vida, y pocos pueden hacer frente a una personalidad tan arrolladora como la suya sin perecer abrasados en ese fuego.

Sólo con echar un vistazo a su mesa de trabajo se sabe que se está ante alguien sin equivalente posible: pequeñas muñecas de la Betty Boop, con la que se identifica y guarda un cierto parecido físico; un llamador de ángeles en forma de corazón plateado del tamaño de un puño; una bola de cristal rojo semejante a las de las videntes que leen el porvenir; alguna brujita; un pequeño Buda; palillos de incienso; post it de colores con forma de corazón… Ante semejante bazar uno no puede dejar de sorprenderse y hace pensar que su dueña es alguien con quien es muy difícil aburrirse.

Recuerdo que un día sacó una caja blanca con tapa transparente, del tamaño de una mano y con muchos compartimentos, llenos de pastillas de todos los tamaños y colores. El botiquín ideal, pensé. Lo que no podía imaginar era que en realidad había servido para guardar anzuelos y cebos.

Otro día sacó un pequeño espejo con luz incorporada. Parecía la versión en miniatura del que pueda haber en el camerino de una artista.

Sus vestidos se le ceñían al cuerpo perfectamente, pues cuida su figura con dietas que lleva a rajatabla, acostumbrada a esa disciplina física por sus tiempos de bailarina, pues tenía estipulado por contrato un determinado peso y si cambiaba podía ser despedida.

Le encantan las cremalleras. Su ropa tiene siempre montones, por todas partes. Le parecen muy sugerentes. Y también las hay en su calzado. Le gustan las transparencias negras, los escotes y los tacones muy altos para compensar su baja estatura. Hay una gran armonía de movimientos en ella, una mezcla de fuerza y feminidad, y mucha seguridad al andar, todo fruto sin duda de su aprendizaje en el escenario, que ha forjado su personalidad.

A Ángela le gusta que la miren, provocar, no pasar desapercibida. Su dicción es perfecta, su nivel de vocabulario muy alto, su capacidad intelectual elevada. Razona todo con una inteligencia instantánea y transparente, y sus motivos están exentos de prejuicios y gazmoñerías.

Ella es extrema: todo aquello que le gusta le provoca un gran placer; lo que le disgusta lo aborrece sobremanera. Odia la rutina, la mendacidad, las miserias y los miserables. Por el contrario, se abre a todo lo que sea sinceridad y humanidad, sensible a los sentimientos ajenos. Cuando la llegas a conocer, ese aire mundano y un poco banal que la envuelve se difumina para dar paso a una persona entrañable, generosa, tierna, muy afectuosa (me hacía gracia cuando la oía decir “mami” al hablar por teléfono), y confiada, con un sentido del humor sarcástico y desternillante, muy aguda observadora y perspicaz para entender y conocer a los demás.

Al principio de tratarnos andaba sumida en la desesperación por tener que desempeñar un trabajo en el que no se tenían en cuenta sus limitaciones físicas. Con problemas en los tendones de las muñecas, se veía obligada a cargar con cajas llenas de expedientes, a pesar de tener hematomas y llevarlas cubiertas con vendas protésicas. Le estuve echando una mano durante un tiempo y su situación cambió de la noche a la mañana.
Después fue ella la que hizo algo por mí, al ponerme en contacto a través de un amigo con la institución en la que trataron a mi hijo. Era como si se hubiera convertido en mi ángel de la guarda. Ella le ha quitado siempre importancia a su intervención, pero sabe que mi gratitud es eterna y que no habrá años suficientes de vida para pagar una deuda como esa.

Polifacética hasta decir basta, el nº de sus talentos es incontable. Sabe francés perfectamente porque de jovencita estuvo viviendo en París. Practica el taewondo como medida de defensa personal y para mantenerse en forma. Colabora con una asociación benéfica en sus ratos libres que da de comer a indigentes. Le gusta bucear en aguas tropicales siempre que puede. Empezó a estudiar Psicología pero tuvo que dejarlo por un problema familiar, que ya parece superado.

Qué podría decir de Ángela, hiperactiva, inclasificable, se sale de todos los cánones establecidos, es imprevisible. Echo de menos cuando, un ratito después de llegar al trabajo me preguntaba: “¿Un cafetín?”, o se lo decía yo a ella, y nos bajábamos a la máquina de café para charlar de nuestras cosas y reirnos de todo un poco. Era una manera muy chispeante de comenzar la jornada.

Ahora que sé que cambió de ocupación casi al mismo tiempo que yo, y que está haciendo algo que le gusta, siento una gran alegría por ella y confío en que todo en la vida le vaya cada vez mejor. Su felicitación de Año Nuevo me ha traído a la memoria todo esto que he contado.

En los e-mails que nos intercambiamos siempre estamos con que a ver cuándo nos llamamos y quedamos para tomar algo y charlar, pero lo vamos demorando. En realidad nos movemos ahora en ámbitos diferentes, cada una con sus ocupaciones, pero sé que nuestros caminos volverán a cruzarse, y espero que pronto.


jueves, 17 de enero de 2013

Un poco de todo (XX)


- Hay cosas en mi blog que desaparecen o dejar de funcionar sin motivo aparente y de forma inesperada. Es algo que me pone mala. Yo, que no soy una experta en informática, me las tengo luego que ver y desear para restablecer lo que pierdo. Hasta ahora, las veces que me han cambiado mi nombre de usuario poniéndome una dirección gmail (¿una mano siniestra?), he conseguido de milagro volver a mis datos de siempre y seguir publicando. Pero el mes pasado me desapareció la pestaña que me permitía descargarme las imágenes que pongo en los post desde el ordenador. Ahora tengo que hacerlo desde otros sitios: páginas web, álbum Picasa, copiando la dirección de URL… Un rollo. Empezando porque no sé muy bien en qué consiste el álbum Picasa, he visto que ahí se van almacenando las fotos que pongo en el blog, pero no sé cómo colgar en él las nuevas que quiero ir poniendo.

Estoy usando lo de la dirección de URL, pero tardo mucho en encontrar imágenes que la tengan, pues suele aparecer la de la página en la que están, por lo que me tengo que conformar muchas veces con fotos que me gustan menos pero que por lo menos tienen lo que necesito. Esto me lleva mucho tiempo, y es aburrido.

Creo que el fallo vino a partir del momento en que quise usar una de las fotos que iba a descargar desde mi PC en mi Facebook, en el paso previo de selección, antes de colocarlas en el post. Igual se cruzaron los cables, o yo no sé qué pasó, pero desde entonces ya no ha vuelto a funcionar.

Lo mismo me pasa con la descarga de videos, o con la publicación de posts desde mi móvil, cosas que no puedo hacer. Mi blog se queda incompleto, cojo, no le puedo sacar todo el partido que quisiera, no puedo exprimir todo su potencial. Si consulto en los foros de opinión, hablan un lenguaje que no entiendo, y no puedo solucionar los problemas que van surgiendo. En fin, resignación y paciencia.

- Hay un grupo de Pínfanos amigos de mi tía Carmen que leen algunos de mis posts, por mediación de ella y que, salvo alguna excepción, les suele encantar lo que escribo. Los Pínfanos son los antiguos alumnos del colegio de huérfanos del Ejército. Uno de ellos en particular me ha dedicado unas palabras, que mi tía me ha hecho llegar por e-mail, que me han emocionado enormemente, aunque las creo inmerecidas, a propósito de los posts que últimamente he dedicado a dos películas, Náufragos y Annie Hall, y que reproduzco: “Con sólo leerte, Pilar, despiertas mis neurona adormecida... Renglón tras renglón abres mi mente y me contagias tus sentimientos, pétalos varios de la rosa que nos ofreces en cada crónica...

Siempre tengo prisa pero tus posts los leo dos veces o más porque son de mucho fuste y casi siempre esconden algún tesoro en uno o más párrafos.

A mi, W. Allen me pone nervioso a veces por sus tics y sobre todo porque, dicho en gallego, es un bule-bule; no para nunca, es como si tuviese el baile de san vito, liberando en cada movimiento sus manías, obsesiones y su judaismo. Es además un obsexo (así debería escribirse)”

Mi eterna gratitud para este hombre pues, además de ser muy generoso, me ha proporcionado un subidón para el ánimo, que nunca está demás. Él sí que escribe bien.

- Gracias también para Jose Luis Moreno, nuevo seguidor, que tiene un blog maravilloso que conviene visitar, Afán de saber, al que he dado mi voto en el concurso de blogs de 20 minutos en el que participamos ambos. El suyo es un espacio al que te asomas con curiosidad y en el que te terminas quedando.


martes, 15 de enero de 2013

Informática para mayores


Me quedé estupefacta con un folleto que me dieron hace poco por la calle en el que se anunciaba una academia, cerca de mi barrio, en la que dan clases de informática a personas “mayores”. La publicidad estaba encabezada por el siguiente título: “El mejor regalo para tus padres o abuelos”.

“Informática fácil para adultos”, continuaba diciendo, “Tengas la edad que tengas qué más da 50, 60, 70 años” “Todo lo que siempre quisiste al alcance de tus dedos” “Te sorprenderá la cantidad de alumnos de 60 y 70 años que pasan por nuestro centro”. “No temas más a la informática, ven a conocernos”. Qué se puede esperar de un centro donde para publicitarse entre el resto de su alumnado utiliza el anacrónico slogan "Aprobarás aunque tú no quieras". Increíble.

Desde luego en este cupo no entra mi padre. Él no necesitó de nadie para ponerse al día en lo que a Internet, videoconferencias, e-mails, scanner y todo lo que concierne a un ordenador se refiere. Aunque por lo visto eso es una rareza: tengo una amiga que cada vez que le hablo de la facilidad con que mi padre se desenvuelve en estas cosas, se ve invadida por un visible malestar. Su padre, por lo visto, no sabe casi ni coger el ratón, pero eso no creo que sea motivo para avergonzarse ni sentirse menos que los demás. Si no se tiene facilidad o no se ha tenido oportunidad de manejar nunca equipos informáticos no tiene importancia. No saber informática hoy en día es un hándicap, más que nada en el mundo laboral, pero no tiene por qué suponer ningún problema fuera de ese ámbito, no quiere decir que se sea tonto o se esté obsoleto. Se puede vivir sin Internet, a pesar de que ahora, una vez que lo hemos conocido, nos parezca imposible.

Mi padre hizo unas pocas preguntas durante su proceso de aprendizaje, tal y como lo haría una persona de cualquier edad. El resto fue trastear un poco, meterse aquí y allá, probar, sin miedo. De ser un neófito en la materia pasó en poco tiempo a ser un aguililla. Él ya estaba acostumbrado a manejar ordenadores en su trabajo, antes de jubilarse, pues era delineante y manejaba un programa específico, ploter, etc. Eso sí que era difícil de utilizar, tuvo que ir a un curso intensivo, aunque luego le gustó mucho más que tener que estar sobre el tablero con las herramientas de medición y la fotocopiadora enorme e insalubre que requería antaño. Internet y todo lo demás le era desconocido, pero su curiosidad ha sido siempre muy grande y ahora disfruta como un enano, no puede pasar sin estas cosas ni siquiera en vacaciones.

Esta publicidad que me dieron me parece horrorosa. Se trata a los mayores como si fueran retrasados o tuvieran la obligación de “ponerse al día” en nuevas tecnologías. Me recuerda a algunos anuncios que aparecían en televisión hace unos años en los que para publicitar cualquier producto se mostraba a la mal llamada “tercera edad”, término  muy poco afortunado la verdad, como si no supieran lo que decían o sus cerebros ya no funcionaran bien.

Desde que los publicistas se han dado cuenta que los ancianos ocupan un espacio creciente en la sociedad, procuran dirigir a ellos muchos de sus campañas comerciales porque son más que posibles consumidores.

No subestimemos a los mayores, pues ellos ostentan ahora un nuevo poder económico, son una nueva fuerza en medio de tanta crisis, y porque lo que ellos son lo seremos nosotros más adelante.

lunes, 14 de enero de 2013

Annie Hall


Siempre ha sido la figura de Woody Allen motivo de curiosidad. Su aspecto, su forma de hablar y de moverse, hacen pensar en un pequeño insecto que no para de zumbar inquieto, revoloteando de aquí para allá, como si siempre estuviera dubitante o no se encontrara a gusto en ninguna parte. Y sin embargo, se trata de un ser humano imperfecto que se ha convertido, con el paso de los años, en el paradigma del hombre moderno, acuciado por las neurosis y la hipocondría.

Nunca le hemos dado tantas vueltas a todo, nunca nos hemos cuestionado todo tanto como en las últimas décadas. La figura de Woody Allen nos mueve a la risa, convertido en un peripatético payaso que saca constantemente a relucir nuestras más profundas inquietudes, aquellas de las que no nos gusta hablar en voz alta, pero en realidad somos nosotros llevados al extremo.

El otro día vi una de sus primeras películas, Annie Hall, y, aunque peculiar como todas las que hace, me gustó mucho más que las que rodó después. Hasta ahora no había podido sacarle todo su jugo.

Sus frases son, cómo no, geniales. Al ser tan joven en aquella época, su genio es más vivo y fresco. Sus diálogos arrancan una risa descontrolada por lo originales e inesperados que son:

- Creo que se le da tanta importancia al orgasmo para suplir los vacíos de la vida.

- ¿Quién dijo eso?

- Creo que el marqués de Sade.

Se puede ser hipocondríaco, creer que se padecen todas la enfermedades inimaginables y estar obsesionado con la muerte, se puede estar convencido de que se es feo y raro, y aún así no hacerle ascos a uno de los principales motores que mueven el mundo: el sexo. Para Woody Allen debe ser el refugio placentero a todos sus temores y obsesiones.

Me encanta cuando recrea su niñez en el colegio. A través del pequeño actor, que le parodia, que tiene el mismo aire despistado y poco agraciado que él, y con sus sempiternas gafas, revive sus traumas infantiles, todas aquellas cosas que al ser humano sensible que fue y es le han dejado huella. En esas escenas se incluye él mismo de adulto, como testigo y narrador de su propia historia. La profesora, horrible por supuesto, debió ser el tipo de docente que traumatiza más que enseña. Quién no ha tenido a alguien así alguna vez en su vida.

También son desternillantes las escenas en que va al cine de pequeño y ya por aquel entonces no pensaba ni se comportaba como el resto de los niños de su edad: le gustaba la madrastra en lugar de Blancanieves, la encontraba mucho más atractiva. Sorprende la precocidad, y mueve a hilaridad. Woody Allen es el típico feo interesante, inteligente, que tiene siempre algo distinto que decir, con un particular sentido del humor que no deja indiferente.

Y no digamos la escena en la que se disfraza de rabino, con el sombrero, la ropa negra, unas largas barbas y cara seria y aburrida. Las películas le sirven al director para sacar a relucir todas sus obsesiones, y la de ser judío es una de ellas, pues cree que es una cosa más que le hace ser diferente, motivo de exclusión histórica, social.

Diane Keaton, su pareja en aquella época, es la compañera perfecta para un neurótico Woody, pues se complementa a la perfección con sus rarezas y manías, de las que ella no está exenta. Luce un look pretendidamente descuidado, masculino y un tanto extravagante que causó furor en aquel entonces. Tiene una voz preciosa esta actriz, por cierto, y el director le da la ocasión de lucirla en varios momentos del film.

Hay unas frases, que aparecen en otra de sus películas, Hannah y sus hermanas, que fueron escritas por el poeta Edward Estlin Cummings, que me han encantado siempre, y que ponen de manifiesto la clase de sensibilidad que tiene Woody Allen:

"Con sólo mirarte me liberas. Aunque yo me haya cerrado como un puño, siempre abres pétalo tras pétalo mi ser, como la primavera abre con un toque diestro y misterioso su primera rosa. Ignoro tu destreza para cerrar y abrir, pero cierto es que algo me dice que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas. Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas".


viernes, 11 de enero de 2013

Los pensamientos de Lao Tsé y Confucio


A Lao Tsé se le considera uno de los filósofos más relevantes de la civilización china. No ha podido concretarse el año de su nacimiento, que fue antes de Cristo en el calendario cristiano. Se le atribuye haber escrito el Dào Dé Jing, obra esencial del taoísmo. De acuerdo con este libro, Dao o Tao ("el Camino") puede verse como el cambio permanente y éste como verdad universal. Se cree que fue contemporáneo de Confucio.

Confucio fue un reconocido pensador chino cuya doctrina recibe el nombre de confucianismo. Procedente de una familia noble arruinada, a lo largo de su vida alternó periodos en los que ejerció como maestro con otros en los que sirvió como funcionario del pequeño estado de Lu, en el nordeste de China, durante la época de fragmentación del poder bajo la dinastía Chu. A los 50 años comenzó sus enseñanzas. Viajaba solo de un lado a otro instruyendo a los contados discípulos que se reunían en torno a él. Su fama como hombre de saber y de carácter pronto se propagó a toda China. Su filosofía se basa en el amor al prójimo, la tolerancia y el respeto a las tradiciones.

He aquí algunas de los pensamientos que ambos nos dejaron.

LAO TSÉ:

- Quien conoce a los hombres es inteligente.

  Quien se conoce a sí mismo es iluminado.

  Quien vence a los otros posee fuerza.

  Quien se vence a sí mismo es aún más fuerte.

  Quien se conforma con lo que tiene es rico.

  Quien obra con vigor posee voluntad.

  Quien se mantiene donde encontró su hogar perdura largamente.

  Morir y no perecer es la verdadera longevidad.

- Un viaje de mil millas comienza con el primer paso.

- Quien conoce su ignorancia revela la más profunda sabiduría. Quien ignora su ignorancia vive en la más profunda ilusión.

- Paga el mal con el bien, porque el amor es victorioso en el ataque e invulnerable en la defensa.

- El alma no tiene secreto que el comportamiento no revele.

- El sabio se distingue sin exhibirse. Renuncia a sí mismo, y jamás será olvidado.

- Quien quiere humillar a alguien debe 1º engrandecerlo.

- Cuando me despojo de lo que soy, me torno en lo que podría ser.

- Para ganar conocimiento, agrega algo todos los días. Para ganar sabiduría, elimina algo todos los días.

- Las grandes realizaciones son posibles cuando se da importancia a los pequeños comienzos.

- Reacciona con inteligencia aún ante un trato no inteligente.

- La liberación de todos los deseos conduce a la paz interior.

- Es fácil borrar las huellas; difícil es caminar sin pisar el suelo.

CONFUCIO:

- Cuando tenía 15 años puse mi corazón en el aprendizaje; a los 30 estaba firmemente establecido; a los 40 no tenía más dudas; a los 50 sabía el designio del Cielo; a los 60 estaba dispuesto a escucharlo; a los 70 podía seguir lo que mi corazón indicara sin transgredir lo que es correcto.

- El sabio teme al cielo sereno, porque cuando viene la tempestad tiene que caminar sobre las olas y desafiar al viento.

- El hombre de bien exige todo de sí mismo; el hombre mediocre espera todo de los otros.

- Elige un trabajo que ames y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida.

- Lo que oigo, olvido. Lo que veo, recuerdo. Lo que hago, aprendo.

- Saber que es lo correcto y no hacerlo, es la peor cobardía.

- La naturaleza de los hombres es la misma, sólo sus hábitos los separan.

- No sólo son las hierbas las que sofocan el grano, sino la negligencia del cultivador.

- No procuro saber las respuestas, procuro comprender las preguntas.

- Cuando veas a un hombre bueno, intenta imitarlo; cuando veas a un hombre malo, examínate a ti mismo.

- La música genera un placer del cual la naturaleza humana no puede prescindir.

- El ser humano tiene la perversa tendencia de transformar todo lo que le es prohibido en tentación.

- Si examinamos los errores de un hombre, conoceremos su carácter.

- ¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir.

- Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad.


jueves, 10 de enero de 2013

Náufrago


La imagen de Tom Hanks en Náufrago al clarear el día, después del accidente de avión, sentado en la playa con un reloj de cadena en la mano que ya no funciona, es el paradigma del hombre moderno.

El protagonista, obsesionado con el tiempo, dueño de una empresa de mensajería y paquetería, siempre inculcaba a sus empleados de forma compulsiva la necesidad de ser los más rápidos en su trabajo: había que llegar a los sitios más lejanos lo más rápido posible.

De pronto, paralizado en su quehacer cotidiano, abandonado a su suerte en una isla desierta por esas cosas del azar (lo que menos imaginas te puede llegar a pasar), se siente perdido al no tener sus habituales referentes. Parece que no somos capaces de vivir sin un reloj, sin horarios, sin parámetros de ninguna clase, sin planificación de la cotidianeidad en función de los minutos, de las horas.

También Hanks representa al paradigma del hombre moderno en lo que se refiere a la soledad. Sólo cuando se ve aislado del resto de sus congéneres, teniendo que recurrir a la imaginación para conseguir los recursos que le permitan sobrevivir, se dará cuenta de lo mucho que todos necesitamos a los demás, de la convicción absoluta de que, como decían los griegos, somos “zoon politikon”, animal social. En los tiempos que corren, en los que tendemos a replegarnos dentro de nosotros mismos y, aunque vivamos rodeados de gente somos a veces como una isla, es ésta una amarga lección de humanidad.

La supervivencia nos obliga a tomar lo que se nos va presentando sin muchas contemplaciones. A uno de los cadáveres que llega a la playa tras el accidente le quita los zapatos, que le van a hacer falta. Sin embargo, las costumbres impuestas por nuestras tradiciones culturales le impelen a darle sepultura y a escribir su nombre, fecha del nacimiento y de la muerte sobre una roca, según la identificación que encuentra en su chaqueta.

Paralizado en lo que había sido su vida, las horas pasan despacio, y le da ocasión de observar la Naturaleza, los movimientos de las mareas, los cambios climáticos, la técnica para pescar o para hacer fuego, la elaboración de utensilios que le servirán en su cotidianeidad. Así debió ser para el hombre primitivo, puesto en este mundo con los únicos recursos de su resistencia física y su imaginación.

Probará una y otra vez diversas formas de hacer las cosas, como el niño que experimenta lo que por vez 1ª llega a sus manos, hasta que consigue hacerlo bien. La sabiduría de la perseverancia. Es duro el aprendizaje, pero las ganas de vivir pueden más.

Al cabo de 4 años el cambio obrado en su persona es brutal. Extremadamente delgado, con el pelo largo y sin afeitar, apenas vestido, realiza todo lo necesario para sobrevivir con precisión y de forma mecánica. Mientras come, su mirada inexpresiva se pierde en un punto indefinido en el mar, más allá del horizonte. Habla solo o con una pelota que encontró entre los restos del avión, a la que ha dibujado una cara con la huella sangrienta que dejó en ella su mano herida, y a la que llama Wilson.

Fuerte, perspicaz, con todos sus sentidos alerta en todo momento, idea la forma de escapar. Le ha llevado mucho tiempo tomar esta decisión, poco confiado en sus capacidades y temeroso de las fuerzas de la Naturaleza, que le han demostrado más de una vez hasta dónde pueden llegar.

La balsa que se construye es muy ingeniosa, usando un trozo del fuselaje del avión como vela. Él ya había estudiado la frecuencia de las olas, y cuando consigue remontar la última, la más grande y peligrosa, y se aleja hacia alta mar, no puede reprimir el llanto al tener que dejar un lugar que ha sido al mismo tiempo una cárcel y un hogar para él.

Abandonada la seguridad de la tierra firme, a la deriva en medio del inmenso mar, será una vez más azotado por los elementos y momentáneamente acompañado por una ballena, que le observará con uno de sus enormes ojos, como a un extraño animal perdido en mitad de un páramo azul.

Wilson, que se aleja flotando, le hace casi perder la vida en su intento por recuperarlo, pues ha sido el único objeto de sus afectos. Dolorosamente consciente ahora de su absoluta soledad, lanzará a los cuatro vientos su desesperación, su llanto desgarrado.

El carguero gigantesco que pasa a su lado es como una aparición, algo totalmente surrealista. Él, medio inconsciente, tarda en darse cuenta de lo que sucede.

Volver a su vida de antes será ya imposible. Kelly, su amor, se ha casado y ha tenido una hija, creyéndolo muerto. Para ella es muy difícil el reencuentro, porque aún sigue queriéndolo.

En la fiesta de bienvenida de su empresa está como pez fuera del agua, aturdido. Cuando todos se han ido, contempla la langosta sobre una bandeja en la mesa, y recuerda los muchos cangrejos que se tuvo que comer mientras estuvo en la isla, y acciona el encendedor eléctrico rememorando también lo mucho que le costaba hacer fuego. En el mundo civilizado, lleno de comodidades, todo está al alcance de la mano, algo de lo que no nos damos cuenta hasta que lo hemos perdido.

En su dormitorio no puede dormir en la cama, acostumbrado a hacerlo en el suelo, y enciende y apaga la luz como hacía en la isla, cuando dormía en una cueva y con una linterna que encendía y apagaba enfocaba el pequeño retrato de Kelly.

Cuando va a visitarla, el abrazo de ella es largo e intenso, a duras penas correspondido por él, devastado por la separación y la imposibilidad de volver a estar juntos. Kelly conserva muchas de sus cosas, y le enseña un plano en que se detalla el lugar del accidente y donde lo encontraron. “Dijiste que volverías enseguida”, le dice ella. “Lo siento de corazón”, le contesta él. “Yo también lo siento… Te quiero…, eres el amor de mi vida”, exclama Kelly sin poderse contener. “Yo también te quiero”, le dice él, “más de lo que te imaginas”.

Los dos en el coche, bajo la lluvia, están a punto de abandonarlo todo y comenzar de nuevo, pero el deber se impone. “Tienes que volver a casa”, le dice él al ver la expresión de su cara.

“Seguiré respirando, porque mañana vendrá un nuevo amanecer, y quién sabe lo que traerá la marea”, le dice a un amigo al que le cuenta cómo se siente.
En un cruce de caminos en medio de la nada, con un mapa abierto sobre el capó de su furgoneta, debe decidir hacia dónde poner rumbo. Nada tiene que perder, cualquier posibilidad es buena. Medita, parado en aquella desértica inmensidad, parecida a la del mar en el que flotó a la deriva, y cuando por fin ha tomado una decisión, esboza una sonrisa: el pasado empieza a ser superado, y ya nunca va a mirar atrás.

miércoles, 9 de enero de 2013

Un poco de todo (XIX)


- No tomé al pie de la letra a Gerard Depardieu cuando dijo que él era ciudadano del mundo, y todo por un tema económico. Siempre he pensado que este hombre es como una olla a presión, va acumulando pasiones, buenas y malas, hasta que termina estallando. Impulsivo como es, se deja llevar por sus emociones hasta límites insospechados, pero dentro de su aparente locura hay siempre un trasfondo arrebatado de inteligencia y exacerbada sensibilidad, todo lo que hace tiene su por qué, salpicado con unas gotas de un sarcástico sentido del humor.

Escuecen a los ricos los impuestos con los que les está gravando la Hacienda francesa. Aquí deberían hacer lo mismo. De todos modos siempre ha existido la evasión de capitales y  paraísos fiscales como Suiza. Depardieu ha optado, por lo que se ve, por poner tierra de por medio él mismo, en lugar de hacerlo sólo su dinero.

Pero no nos engaña. Sería el primer francés que abandonara su patria sin añorarla siquiera un segundo. El chovinismo tiene allí su cuna. No tardará el histriónico actor en regresar a la tierra que le vio nacer en cuanto se le pasen un poco las nubes de borrasca. Volverá con su sempiterna sonrisa y sus ojos picarones e incisivos para seguir con sus excesos, adorados por sus seguidores, cuya fascinación hace que no puedan ver en él nunca tacha alguna.

De momento, nos ha dejado en la retina la imagen horrible de su abrazo al ominoso Putin y la comida que tuvo con él, además de imposición de banda honorífica para demostrarle lo contentos que están de tenerlo en su territorio, y su vestimenta rusa para ambientar sus declaraciones públicas. Una puesta en escena digna del actor que es. Antes se hizo belga también, y si sigue en racha, por aquello de no desdecirse de que es ciudadano del mundo, podría seguir adoptando todas las nacionalidades que le salieran al paso. Parece que va errante en busca de un lugar apropiado para él y que no termina de encontrar.

¿Por qué no ha venido a vernos a nosotros los españoles?. ¿Es que no quiere abrazarse a Rajoy? ¿O quizá es por la tradicional animadversación histórica que hay entre Francia y España? Si le apreciamos mucho, seguimos desde hace mucho tiempo su trayectoria profesional. Además aquí los ricos están a sus anchas y hasta se permiten el lujo de manifestarse en taxi, pagando el dinero que haga falta tras la subida de bandera, por asuntos como el euro que hay que abonar con cada receta médica, algo que a ellos en realidad les trae al fresco.

Si vienes a vernos Depardieu te encontrarás con un país no muy distinto al tuyo en muchos aspectos, sólo que aquí nos lo tomamos todo más a guasa. Te ibas a divertir.

- Gracias a CUIDADO con los HUEVOS por ser nuevo seguidor de este blog. Me encantan el huevo frito de la imagen que le representa.


martes, 8 de enero de 2013

Entrevista de Jesús Hermida al Rey


Cuánta polémica ha suscitado la minientrevista que le ha hecho Jesús Hermida al Rey hace unos días. Casi habría sido mejor que D. Juan Carlos no hubiera tenido que pasar por ese trance, y que el conocido periodista hubiese vuelto al campo de batalla informativo con cualquier otra cosa.

Las imágenes breves de cuando aún era príncipe, en su discurso ante las Cortes, hace más de tres décadas, en las que se le veía serio y emocionado, me hacían pensar en cuán cruel es la vida, en cómo nos cambia y a dónde nos lleva. Contemplando su actual decrepitud, la hinchazón de su cara por la medicación y el descrédito de su persona tras los últimos acontecimientos, que han empañado una trayectoria vital y profesional que parecía más o menos honorable hasta ahora, me pregunto si envejecer consiste en realidad en perder la propia dignidad, además de la salud.

Hermida, con una corbata muy fea, hacía preguntas más largas que las propias respuestas del Rey, con los circunloquios y la rimbombancia que le son característicos, y que le hacían parecer aún más soberano que el propio monarca. . Es siempre un placer verle en acción. Encorvado sobre su asiento, era como si no consiguiera relajarse y estuviera sentado en el borde a punto de lanzarse sobre su interlocutor.

Sin embargo, su enorme experiencia la proporciona una desenvoltura proverbial. Sin guión escrito, las larguísimas preguntas parecían ser formuladas de memoria, entrenada tras largos años de trabajo. Hermida ha sido uno de los profesionales de la comunicación que más y mejor ha desempeñado su labor

Dicen que esta pequeña entrevista se ha hecho para aumentar los índices de popularidad del Rey, que pasan por horas bajas. La audiencia en su discurso de Navidad, tan escasa, parece que ha llevado a tomar la decisión de hacerle aparecer en televisión con una imagen más favorecedora, beatífica diría yo. Pero D. Juan Carlos ya no es el que era, no reconocí en la persona que respondía a las preguntas del periodista al hombre que fue. Sólo vi a un anciano enfermo, física y mentalmente, que a duras penas mantenía la conversación, y que exhibía un gesto de niño bueno, que es el que se nos queda a casi todo el mundo cuando llegamos a mayor. Y es que con los años volvemos a la infancia.

Esperábamos una entrevista más larga, y si no se ha hecho ha sido para no agotarle, y para no tener que abordar las preguntas que la mayoría de la gente queríamos oir: lo sucedido con su yerno, y la rocambolesca historia de la caza de elefantes. Esto último, affaire amoroso incluído, le ha convertido definitivamente en el hazmerreir de los medios de comunicación. Él siempre ha sido objeto de chanzas por su dicción, imitado por humoristas de todo pelaje. Por alguna razón su figura inspira poco respeto desde hace mucho tiempo, algo que los hechos recientes no han hecho más que reforzar.

Un reportaje y unas entrevistas a personas conocidas con la misma edad que el Rey, que siguieron a la realizada a éste, pretendieron ensalzar el papel del monarca a lo largo de estos años, desde el inicio de la democracia, algo que es indiscutible, pero a costa de defenestrar la figura de Franco. Y aunque una dictadura no es la forma de gobierno más deseable, no es comparable la que nosotros tuvimos con la que hubo y hay en otros países. Tuvo su sentido en aquel momento histórico, y aunque quizá duró demasiado, sentó las bases de lo que ahora somos, nuestra ahora maltrecha democracia no sería lo que es sin aquel paso previo. Fue un trabajo ingente levantar a un país que había pasado por una guerra, pero yo recuerdo mi niñez, los últimos 12 años de aquella época, como una etapa de paz y bienestar.

Me sorprende hasta qué punto funciona aún la censura aquí, cómo se soslayaron los temas candentes. Tan sólo una concesión a la intimidad del Rey al preguntarle por su padre y su hijo, con los que sí se explayó y hasta pareció emocionarse.

En realidad siento lástima por este hombre, porque para seguir viviendo necesita evadirse de la cruda realidad. Me da la impresión de que abordar sus errores y los de algunos miembros de su familia le podría llevar al colapso. Cuando pidió públicamente perdón en la puerta de la habitación del hospital, tras una de sus muchas intervenciones quirúrgicas, acosado por los buitres de la prensa más sensacionalista, nos sorprendió una vez más. El Rey es capaz de cosas que nunca hubiéramos pensado en él, tanto buenas como malas.

Fue un hecho sin precedentes, denostado por unos, alabado por otros. Un Rey debe mantener su dignidad, pase lo que pase, y eso incluye por lo visto no disculparse jamás. Afortunadamente, los tiempos de los faraones pasaron hace mucho a la historia y ya los que tienen “sangre azul” no son considerados hijos de ningún dios, intocables e incuestionables. Sus disculpas estuvieron revestidas de sencillez y contrición, pero ya que hemos sido inusitados confesores de sus pecados, deberemos decirle aquello del propósito de enmienda y cumplir la penitencia. Porque pecadores somos todos, pero no a costa del erario público ni del honor de una institución.

Me gustó cuando dijo, en varias ocasiones, que lo que más huella le había dejado a lo largo de estos años había sido el terrorismo. En el momento que lo vivimos nos hallábamos inmersos en una espiral de violencia que nos atenazaba y nos impedía ser plenamente conscientes del horror, pero visto ahora con la distancia del tiempo me parece increíble que hubiéramos podido vivir así, expuestos a las bombas y la metralla como si estuviéramos en una guerra. Es absolutamente demencial.

También me gustó cuando le preguntó Hermida por la mayor virtud y el peor defecto de los españoles, y contestó a ambas cosas que la pasión. Es completamente cierto.
Jesús Hermida, al que los años han suavizado el gesto y la sonrisa, ya no luce aquel negro tupé que hacía bambolearse en el aire incidiendo en cada palabra que pronunciaba, uno de los muchos tics que le hicieron famoso. En su lugar crecen ahora un montón de canas que ya no se sostienen ni mueven como su pelo de entonces, pero como se suele decir, el que tuvo retuvo, y sigue siendo todo un espectáculo verlo trabajar, con el magnífico esplendor de un veterano. Conserva aún parte de su antigua belleza, pues fue un hombre muy atractivo y bastante vanidoso, siempre ha cuidado su imagen, y le ha gustado suscitar polémicas, no dejar indiferente.

Si algo tienen en común Hermida y el Rey, además de la edad, es que para ambos la vida no ha sido fácil, lo que viene a demostrar que de dichas y desdichas nadie está libre, da igual cuál sea tu condición, y que la pobreza y la riqueza están, ante todo, dentro de uno mismo.

viernes, 4 de enero de 2013

Unas palabras de Einstein


Durante una conferencia para universitarios, un profesor de la Universidad de Berlín propuso un desafío a sus alumnos con la siguiente pregunta: “¿Dios creó todo lo que existe?”.

Un alumno respondió valientemente: “Sí, Dios creó todo”.

“¿Dios creó realmente todo lo que existe?”, preguntó nuevamente el maestro.

“Sí señor”, respondió el joven.

“Si Dios creó todo lo que existe”, continuó el profesor, “¡entonces Dios hizo el mal, ya que el mal existe! Y si establecemos que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos ¡entonces Dios es malo!”

El joven se calló frente a los argumentos del maestro, que feliz se regocijaba de haber probado una vez más que la fe es un mito.

Otro estudiante levantó la mano y dijo: “¿Puedo hacerle una pregunta profesor?”

“Adelante”, respondió éste.

El joven se puso en pie y preguntó: “Profesor ¿el frío existe?"

“Pero ¿qué pregunta es esa?”, contestó el maestro, “lógico que existe ¿o acaso nunca sentiste frío?”

El muchacho respondió: “En realidad, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío en verdad es la ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto es factible de estudio cuando posee o transmite energía; el calor es lo que hace que ese cuerpo u objeto tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total del calor; todos los cuerpos quedan inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Nosotros creamos esa definición para describir de qué manera nos sentimos cuando no tenemos calor”. “¿Y existe la oscuridad?”, continuó preguntando el estudiante.

El profesor respondió: “Existe”.

El estudiante repuso: “La oscuridad tampoco existe. La oscuridad, en realidad, es la ausencia de luz. La luz la podemos estudiar, ¡la oscuridad no!. A través del prisma de Nichols se puede descomponer la luz blanca en sus varios colores, con sus diferentes longitudes de onda. ¡La oscuridad no!... ¿Cómo se puede cómo de oscuro está un espacio determinado? Pues en relación a la cantidad de luz presente en ese espacio. La oscuridad es una definición utilizada por el hombre para describir qué ocurre cuando hay ausencia de luz”.

Finalmente el joven preguntó al profesor. “Señor, ¿el mal existe?”.

El profesor respondió: “Como afirmé al inicio, vemos estupros, crímenes, violencia en todo el mundo. Esas cosas son del mal”.

El estudiante contestó: “El mal no existe, señor, o por lo menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia del bien. De conformidad con los anteriores casos, el mal es sólo una definición que el hombre inventó para describir la ausencia de Dios. Dios no creó el mal. El mal es el resultado de la ausencia de Dios en el corazón de los seres humanos. Es igual a lo que ocurre con el frío cuando no hay calor, o con la oscuridad cuando no hay luz”.

El joven fue aplaudido por todos puestos en pie, y el maestro, moviendo la cabeza, permaneció en silencio.

El profesor, cuando se hubieron acabado los aplausos, se dirigió al joven y le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?”

“Me llamo Albert Einstein”, respondió.

jueves, 3 de enero de 2013

Los miserables


Sabía cuando fui a verla que era un musical, pero aún así o precisamente por eso quise verla. Intuía, no sé por qué, que no iba a ser uno cualquiera. Y así fue, Los miserables sobrepasó mis expectativas con creces.

Nunca imaginé que actores cuyo trabajo admiro desde hace años contaran entre sus muchos talentos también con el de la voz. Hugh Jackman en el papel del inolvidable Jean Valjean alcanza cotas de dramatismo y sensibilidad nunca antes vistas a lo largo de su trayectoria profesional. Me sobrecogió su apariencia, al principio de la película, tan deteriorada. Exhausto, extremadamente delgado, Jackman tuvo que hacer un enorme esfuerzo personal para adaptarse a este personaje. Contrasta el aspecto que tiene después, su transformación posterior es brutal.

Hay una melodía en especial, de las muchas que canta, que me pareció bellísima y conmovedora, cuando está velando el sueño del amor de Cosette, su protegida. No cuesta mucho imaginar por qué fue elegido este actor para interpretar el papel. Fueron su bondad natural, su porte, y desde luego su increíble voz, tan bonita, que alcanza registros insospechados. Es maravilloso oírle pasar de las notas más graves a las más altas con tanta facilidad. Está nominado este año muy merecidamente al Oscar al mejor actor.

Russell Crowe resulta portentoso, aunque sea en la piel del malo de la historia. No sabía que tuviera una voz tan grave pues, aunque el doblaje en español es bastante bueno, nos priva de sus verdaderos matices. Quizá en ciertos giros en los tonos más altos se percibía su inexperiencia, pero su potencia vocal es increíble. Es el actor más contundente de cuantos participan en este film, el más talentoso en cuanto a capacidad interpretativa se refiere.

Pero la sensación absoluta fue escuchar a Anne Hathaway. Como actriz nunca me había llamado mucho la atención, siempre en papeles de comedia ligera, salvo alguna excepción. A pesar de poner tanto de su parte, me parecía algo histriónica, pero en esta ocasión me ha sorprendido. Qué voz más dulce, qué notas más altas consigue alcanzar de forma tan natural, cómo ha sabido transmitir el sufrimiento de la adorable y desdichada Fantine.

Hathaway, que aún no ha sido madre, logra encarnar perfectamente y con enorme y crudo realismo el desgarro de una mujer que ve cómo se le escapa la vida sin poder darle a su hija lo que necesita para su subsistencia, arrancada de su lado por las garras de la muerte. Dolorosa, terrible ausencia. Hathaway, al igual que Jackman, también hizo un enorme esfuerzo personal por dar credibilidad a su personaje, tuvo que adelgazar mucho, y preparar su voz. Ha sido una delicia escucharla cantar. Pienso en lo difícil que debe ser hacerlo mientras se está llorando, casi todos los personajes lo hicieron.

Las actrices que interpretan a Cosette son magníficas, tanto la niña, que tiene una voz preciosa, como la joven, una intérprete que no conocía y que posee unos registros dulcísimos. La imagen infantil, que se utilizó para el cartel publicitario de la película, se basa en la ilustración de la portada de la 1ª edición del libro de Víctor Hugo.

El coro de jóvenes intérpretes masculinos, de los que sólo conocía al que encarna al amor de Cosette, aunque nunca le había oído cantar, es verdaderamente impresionante. Cada uno en su estilo, la gama de matices de sus voces descubre a profesionales del bel canto, lo que es de agradecer al ser amateurs los elegidos para los papales protagonistas. La fuerza y la ilusión de la juventud están perfectamente representadas en ellos.

El director del film, Tom Hooper, que ya hizo gala de su enorme inteligencia y sensibilidad con la estupenda El discurso del rey, quiso que las voces se grabaran en directo, en lugar de en un estudio, y que no fueran retocadas después. Todo valor y talento al servicio del cine.

El vestuario fue diseñado por un español, que creo que está nominado al Oscar por su trabajo, por lo que continuamos con nuestra excelente promoción cinematográfica fuera de nuestras fronteras, iniciada el año pasado. Que sepa el mundo entero la calidad de lo que aquí se hace.

Me comentó mi madre lo mucho que le gustaba esta obra a mi abuela Pilar hace años, que la escuchaba en forma de serial radiofónico. En aquel entonces se cautivaba a la audiencia a través de las ondas. Todo ello hace que aumente aún más si cabe mi amor por esta obra.

Al final, fuimos muchos los que nos limpiamos las lágrimas tras el tristísimo, conmovedor y épico desenlace, que arrancó un aplauso de los asistentes, algo que no veía hace mucho en una sala de cine. La pobreza, como la riqueza, es algo intemporal, todos los tiempos han estado aquejados de las mismas cosas, pero a través de los ojos y la pluma de Víctor Hugo se nos traslada al presente con una inusitada crudeza, testigos una vez más de la sempiterna injusticia social. 

Los miserables, seres a los que las circunstancias pusieron en el lugar más bajo del escalafón social, que vinieron a este mundo nada más que a sufrir y que agotaron su vida tras pasar por todo tipo de calamidades. Quién puede decir que no perduran aún.

miércoles, 2 de enero de 2013

Decisión


Hay un momento, en Encuentros en la 3ª fase, que me ha parecido siempre crucial, poético incluso: un grupo de personas que se han atrevido a traspasar una zona prohibida para adentrarse en el lugar donde va a suceder algo de suma importancia, el primer contacto con seres de otro mundo, aunque ellos aún no lo saben, y que han sido retenidos por el Ejército con el falso pretexto de que se ha propagado un virus letal. Encerrados en una furgoneta, a la espera de su evacuación, y obligados a llevar una máscara antigas, deciden quitársela y respirar.

“Nos quieren quitar de en medio para que no molestemos”, exclama el protagonista, libre del molesto artilugio que cubría su cara y le impedía hacerse oir. Sólo otras dos personas, de todos los que allí están, secundan su iniciativa, sólo dos le seguirán cuando emprenda la huída, dejándose llevar por su instinto, un pálpito, una intuición, que le dice que algo fuera de lo común va a pasar, aunque no sabe aún muy bien qué.

Y este momento me parece crucial no sólo porque marca un punto de inflexión en la historia que se cuenta, sino también porque, a poco que nos fijemos, nos damos cuenta que sucede lo mismo en la vida real. Cuántas veces nos hemos visto paralizados por normas que otros han establecido, absurdas y falsas, amordazados y casi asfixiados por pesadas imposiciones, por prejuicios, por reglas no escritas que vienen de tiempos pasados y que resultan anacrónicas en el presente. Cuántas veces no nos hemos visto apartados por ello, por disentir, por intentar buscar nuestro propio camino siguiendo un impulso primario, al margen de la opinión ajena.

Yo siempre digo que cuando la mayoría dice que hay que ir hacia una determinada dirección, lo mejor es tomar la dirección contraria, que cuando la mayoría afirma o hace una determinada cosa, lo más acertado suele ser decir y hacer justo la opuesta. Todo ello siempre y cuando aquello que quiere imponérsenos entre en contradicción con nuestra forma de pensar.

No nos dejemos engañar, no tropecemos en las piedras que hayan sido puestas en nuestro camino. La recompensa final será el poder hacer realidad nuestros anhelos, y si nos equivocamos, por lo menos nunca podremos decir que no pusimos todo nuestro empeño, contra viento y marea, para conseguir lo que nos proponíamos. 

No hay excusas, cualquier momento es bueno para quitarse la máscara antigas que nos ahoga y salir del confinamiento. El que quiera ser libre que nos siga, el que quiera responder a su propio instinto como una necesidad vital que empiece a caminar: somos unos cuantos los que hemos tomado esa decisión, la de no dejarnos arrastrar ni aplastar por lo que otros consideran conveniente o correcto. No hay reglas escritas para ello: sólo obra conforme a lo que te diga el corazón. Las posibilidades son infinitas.

 
MusicaServicios LocalesContadorsAnuncios ClasificadosViajes