lunes, 17 de junio de 2013

Un poco de todo (XX)


- Ayer hizo un año que falleció mi tío Fonchi. Una de sus hijas puso una foto de él en su muro de Facebook, una imagen suya con el mar de fondo que debieron tomarle no mucho antes de que nos dejara, y que me emocionó mucho. Su recuerdo en mi memoria va inextricablemente unido al mar. Otro de sus hijos comentó que se casaba con su actual pareja, y le dedicaba unas palabras a su padre, esperando sin duda tener su aprobación. Mi primo ha querido que una fecha como esta no sea algo luctuoso. Ahora cada vez que sea 15 de junio no será sólo el día en que su padre, mi tío, abandonó este mundo, sino también la del aniversario de una boda.

La verdad es que parece como si él siguiera aún entre nosotros, como si en realidad no se hubiera marchado.

- Es tremenda e increíble la situación que están viviendo en Grecia. El colmo es el hecho de que la televisión haya tenido que dejar de emitir y haya cerrado. Siempre he creído que cuando esto ocurre es que se ha llegado al límite, que hay un estado de emergencia, o de sitio. Cuando los medios de comunicación desaparecen es que una sociedad, un país entero, ha colapsado.

Los periodistas han ocupado las instalaciones, y nos han llegado escenas de gran tensión y dramatismo. Aquí en España hay miles de despidos en los periódicos cada año. Parece que nos estamos acercando peligrosamente al status de desolación y precariedad que sufren los griegos. Da miedo.

- Qué interesantes son las teorías sobre la posibilidad de alterar el cerebro, ya sea con terapias, entrenamientos o técnicas médicas. La intervención en ciertas partes de la masa encefálica con operaciones, electroshock o cualquier otro métdo puede llegar a alterar los gustos, hábitos y hasta la manera de pensar de los pacientes. Y las alteraciones provocadas por accidentes.

En Todos los días de mi vida, enésima película basada en una de las novelas románticas de Nicolas Sparks, se trata este tema desde el punto de vista del amor: una mujer que tras un accidente ha olvidado todo lo que le ha sucedido después de abandonar la casa de sus padres, debido a un conflicto que tuvo con ellos, que tampoco recuerda. Se obliga entonces a vivir con el hombre que es su marido, en un intento por retomar su vida normal, y que para ella es un completo desconocido. Se descubre a sí misma como una desconocida también en la mujer en la que se había convertido: vegetariana, escultora, con un tatuaje en la espalda.

Cómo es posible que un accidente provoque un cambio de personalidad tan drástico, además de la pérdida de la memoria. Basada en una historia real, ella vuelve a enamorarse de su marido, que salvo algún momento de lógica desesperación, ha sabido pacientemente esperarla: antes que pensar en sí mismo, lo importante es que ella se recupere. Sólo quiere que sea feliz, con o sin él.

Me horroriza pensar que un accidente puede cambiarte hasta el punto de hacerte ser otra persona. Nosotros, que creemos que nuestra idiosincrasia es inamovible, construida durante años de experiencias y una carga genética concreta, podemos ver de la noche a la mañana cómo nuestro mundo muta en otro completamente distinto. Somos muñecos en manos del azar, que en un abrir y cerrar de ojos podemos ver alteradas nuestras vidas sin proponérnoslo. Nada es para siempre, ni siquiera nuestro propio yo. 


viernes, 14 de junio de 2013

Hoy caviar, manaña sardinas


Nunca pensé que se pudiera reir tanto leyendo las peripecias de un embajador y su familia en su periplo por el mundo. La madre de los autores del libro, Carmen y Gervasio Posadas, nos relata con fina ironía y ternura a través de un diario que escribió durante años buena parte de lo que les aconteció a ella, su marido y sus cuatro hijos.

Acostumbrados a su país de origen, Uruguay, en donde vivían en un gran chalet con jardín exótico, el cambio a Madrid, su primer destino, fue impactante pero no tanto como el que sufrieron en posteriores destinos. En nuestra ciudad, a finales de los 60 y en los 70, había una gran vida social, y la protagonista tenía mucho que hacer organizando comidas y asistiendo a fiestas. Alguien le comentó que no había sido acertado escoger un piso, por grande que fuera, en un bloque, para establecer su residencia oficial. Fueron unos cuantos los años que aquí vivieron, los suficientes como para que la mayor de las hijas, una de los autores del libro, a pesar de haber añorado tanto su tierra al principio, decidiera permanecer aquí tras su boda.

Su siguiente destino fue Moscú. La capital rusa, en los 70, no era la que es hoy. La carestía de alimentos hacía que la embajadora tuviera grandes dificultades para organizar sus ágapes. Es desternillante la forma como describe la vida en la sede de la embajada, un lugar que encontraron cochambroso y que consiguió remozar con la ayuda de un ejército de obreros reclutados a duras penas. Los micrófonos puestos por todas partes hacía que mantuvieran conversaciones en clave.

Su descripción de un acto oficial público de los mandatarios rusos es uno de los episodios más hilarantes y rocambolescos que he leído nunca, cuando el representante de Finlandia iba tan sólo con una gabardina para hacerse el valiente, a pesar de estar a muchos grados bajo cero, hasta que empezó a ponerse rojo y a faltarle la respiración, y se lo tuvieron que llevar con un infarto: el sistema de calefacción que llevaba oculto bajo tan ligera prenda le había fallado.

También el ambiente en el que se movía extraoficialmente era muy peculiar, pues hicieron amistad con artistas disidentes que organizaban reuniones en las casas de unos y otros, durante las cuales corría el vodka y se terminaban montando improvisadas representaciones muy teatrales en forma de grandes discursos llenos de idealismo y elocuencia. Por desgracia uno de ellos, que llegó a ser muy amigo de la embajadora, moriría abrasado en su taller cuando la policía lo incendió creyendo que no había nadie dentro. Eran muy perseguidos.

Un viaje que hizo a Japón en aquel tiempo tampoco se queda atrás, cuando describía horrorizada un mercado lleno de animales exóticos muertos que ella nunca se hubiera atrevido a comer, hasta que llegaron a un restaurante, bastante caro, y descubrió que lo que estaba degustando con delectación era serpiente. A pesar de todo no quería volver a la grisura y el frío de Moscú. Carmen, la autora, se casó allí por el rito católico en una iglesia ortodoxa, todo muy original, y hasta tuvo que depositar su ramo de novia ante la estatua de Lenin, según la costumbre.

Es digna de mención la vez en que una de sus hijas se puso mala con apendicitis y tuvieron que salir corriendo del hospital donde ya estaban a punto de operarla, viendo las pésimas condiciones en que tenían a los enfermos, dejándolos a todos con un palmo de narices, y poniendo rumbo a Ginebra donde la intervinieron. O después de aquello, cuando se fueron madre e hija a un restaurante a celebrar que todo salió bien y a la embajadora no se le ocurre otra cosa que imitar lo que veía al resto de comensales, tirar el plato a una pista central tras una actuación musical, con tan mala fortuna que le dio al maitre en el cogote y se organizó una buena, ella echándole la culpa a la hija para disimular, y ésta muerta de risa hasta el punto de que se le terminan saltando los puntos de la operación, y los dos, maitre e hija, acaban en urgencias.

El siguiente y último destino fue Londres. Es increíble lo que puede suceder en Buckingham Palace durante una recepción oficial: la música de fondo a base de canciones de la película Mary Poppins, el nº interminable de pasos que hay que memorizar por lo complicado del protocolo allí, las sonrisas de Lady Di para todo el mundo menos para su padre, al que no perdonó que se hubiera vuelto a casar, los comentarios tan desafortunados del príncipe Carlos a las hijas de la embajadora llamándolas devoradoras de carne al saber que eran de Uruguay, todos los miembros de la familia real inglesa seguidos de varios ayudantes que eran clónicos entre sí y con la persona a la que sirvieran. En fin, todo muy original. Igual que no están bien vistas entre los ingleses las muestras de afecto, todo circunspección, para muchas cosas sin embargo son muy infantiles, e incluso excéntricos diría yo.

Lo mejor fue la presentación oficial de los embajadores al llegar al país. Al ir a hacer la reverencia a la reina, a la embajadora se le enganchó el largo colgante que llevaba, recuerdo de su madre, con la falda del vestido, por lo que éste se levantó dejando las enaguas al aire sin que ella se percatara. Sólo cuando vio las expresiones de su marido, la comitiva y la propia reina fue consciente del ridículo que estaba haciendo, aunque la amable reacción de ésta quitándole importancia hizo que las reticencias que tenía respecto a ella casi desaparecieran. Pensó para contentarse que menos mal que se había puesto enaguas y así no enseñó la “bombacha”, que es como en su país se debe decir bragas.

Pero el colmo de todo lo que le podía suceder a esta mujer tuvo lugar cuando se casó una de las hijas, y ésta se olvidó de contratar a los camareros para el banquete, a pesar de ser la única misión que tenía asignada la novia. Al enterarse, ya con todos los invitados en el cocktail de llegada y los contrayentes desaparecidos por varias horas haciéndose fotos por ahí, cayó en fase depresiva tirada en un sillón con varios vasos de whisky encima para digerir el momento, hasta que llegó Miguel Bosé, que está metido en todos los saraos, y organizó a los comensales para que hicieran las veces de camareros. Invitados ochenteros de varias partes del mundo, muy original una vez más.

También fue inolvidable la invitación que unos aristócratas ingleses les hicieron a su mansión en el campo. Eran un matrimonio muy curioso que se había propuesto casar al primogénito de sus hijos, el único que aún no tenía novia y que era muy poco agraciado en todos los sentidos, con una de las hijas de ellos. Sucedieron cosas rocambolescas durante aquel encuentro, aunque lo que más me divirtió fue la descripción de la gélida campiña y ellos tomando un gazpacho helado preparado por sus anfitriones.

Y lo más extraño de todo, un matrimonio que se encargaba de atenderles en casa, que eran muy raros y las pocas palabras que decían se referían a la 1ª mujer de Onassis, a la que sirvieron y con quien la comparaban. Hasta que un día vió que uno de ellos le hacía fotos a la autora del libro desde el jardín, y al subir a sus habitaciones para interrogarles se los encontró disfrados, a él de folclórica y a ella como un hombre pero sin nada por abajo, con una música flamenca de fondo. Servir a latinos les había inspirado algo español.

De vuelta a Uruguay el embajador pasó un tiempo “haciendo pasillos”, que es como llaman allí a no tener un destino concreto, y poco más le fue encomendado hasta que se jubiló. Los autores del libro siempre pensaron que fue poca cosa para un diplomático de raza como él.

Intercaladas entre unas historias y otras la embajadora escribe recetas de cocina de todos los lugares por los que pasó. La comida fue siempre importante para ella, una buena mesa podía facilitar acuerdos y relaciones entre países.

Aunque resulta un poco cursi en algunos de sus comentarios, en realidad resulta una mujer encantadora, enamorada de su marido al que sigue por el mundo entero, amantísima madre, jovial amiga. El libro en realidad está escrito por ella, aunque dos de sus hijos tengan la autoría, pues sólo se limitan a apostillar o ampliar lo que dice su progenitora.

Un libro curioso, entretenido, estupendo para pasar un buen rato y ver la vida en ciertos países y a algunos personajes famosos con otros ojos, los de una embajadora entregada a su misión que lo mismo se puede permitir el lujo de poner caviar en sus recepciones, que debe conformarse con poner sardinas (es un decir) cuando no da el presupuesto para más. Es, al fin y al cabo, una mujer con un enorme sentido del humor, con una mezcla de responsabilidad y despiste, dinámica, siempre dispuesta a todo, que se divierte observando los contrastes y las paradojas del ser humano, incluyéndose a sí misma. Es, lo que yo suelo decir de mí misma, muy gansa.

Aunque la autora señala que sólo se han incluído los pasajes más desenfadados, pues como en cualquier vida o profesión hubo luces y sombras, y de lo que se trataba era de hacer pasar un buen rato, desde luego nadie podrá decir que tuvo nunca cabida el aburrimiento.

jueves, 13 de junio de 2013

Fotos que me gustan (XX)



El relámpago de Catatumbo








Volcán en Chile, Premio FotoCAM 2011







Volcán Sarychev, Islas Kuril (Rusia)





China
 
Venus-Fort shopping complex (Tokyo)


miércoles, 12 de junio de 2013

Pierre Dulaine


Me encantó la película basada en la vida de Pierre Dulaine, un bailarín y profesor de danza que en los años 90 creó un programa de desarrollo social para niños y adolescentes, en el que utiliza el baile de salón como vehículo para reinsertarse socialmente y mejorar sus aptitudes académicas.

Siendo dueño de una academia de bailes de salón, ofreció sus servicios en un instituto neoyorkino, aceptando su propuesta la directora, picada por la curiosidad acerca de cómo desarrollaría su labor. Inmediatamente le asignó a un grupo de chicos problemáticos, que solían estar apartados en el gimnasio por mala conducta, donde en lugar de estudiar pasaban el tiempo ociosos, sin hacer nada provechoso.

Al principio no le prestaban atención, le miraban como si fuera un chiflado. Ellos sólo escuchaban rap y bailaban street dance. Decían no entender la música que Pierre les ponía, tango, vals, mambo, rumba, y otros muchos bailes que les sonaban anticuados y que no lograban sentir.

Pronto se acostumbraron a los ritmos y a entender el compás. Les enseñó los pasos básicos de cualquier baile de salón, emparejándolos por estaturas. Según he leído en Internet, “Dulaine desarrolló un método de enseñanza que combina el orden y la disciplina con el uso del lenguaje (corporal y verbal) y el humor, para crear un lugar seguro en el que los chicos(a menudo marginados y, muchas veces, rebeldes) ganen el respeto propio, el orgullo y la elegancia”.

Aquel primer grupo que adiestró se presentaría, a instancias suyas, en un concurso de baile, en el que una de las parejas del grupo (en realidad bailaron una chica y dos chicos) logró empatar con otra que solía ser la ganadora. Las normas del concurso no permitían bailes de más de dos personas, por lo que se otorgó el premio a la pareja habitual, pero la chica de la pareja ganadora, que era alumna de la academia de Pierre, decidió compartir el galardón.

Pierre Dulaine enseña en sus Dancing Classrooms no sólo a conocer el propio cuerpo, sacándole todo el partido posible, sino que procura una ocupación y una actividad física sana que mantiene en forma cuerpo y mente, transmitiendo al mismo tiempo valores como el respeto mutuo, la educación, la dignidad, el saberse comportar en sociedad. Según sus propias palabras, “a los 25 se pueden haber olvidado los pasos, pero la cortesía adquiridos y el conocimiento de cómo tratar a otra persona son las habilidades para la vida”.

Cuando había algún problema entre los alumnos, que tenían enfrentamientos fuera de allí, cuando estaban en la calle, vidas endurecidas castigadas por muertes de parientes y amigos a causa de drogas y reyertas, Pierre les pedía que lo resolvieran de alguna manera. Y para facilitar la cuestión a uno de los dos le vendaba los ojos, el que fuera menos colaborador, para que sintiera el baile y no perdiera la concentración con ninguna otra cosa.

Al enseñarles el respeto mutuo necesario para desarrollar un baile, consigue que se valoren a sí mismos y a los demás, que tomen conciencia de su verdadero yo y puedan dejar atrás todas esas crudas experiencias que cargan a sus espaldas, y deben ser superadas para poder avanzar. El baile se convierte así en una liberación de los propios demonios, en una catarsis redentora en la que se dan rienda suelta a la adrenalina, la alegría propia del baile, el placer de seguir un ritmo y dominar el propio cuerpo, y comprobar cómo éste responde.

Déjate llevar, la película sobre Dulaine

Los resultados académicos mejoraron notablemente en aquella 1ª experiencia. Los chicos tenían una ilusión, ocupaban el tiempo en algo que les gustaba y con lo que se lucían y obtenían reconocimiento, y estaban apartados de las calles, en las que nada bueno podrían encontrar. Hoy en día las Dancing Classrooms están extendidas por una amplia red de alumnos de numerosos centros de enseñanza, con excelentes resultados. Y todo gracias a Pierre Dulaine.


martes, 11 de junio de 2013

Turistas japoneses de Perú


Iba yo en el autobús hace unos días cuando un nutrido grupo de turistas subió a la altura de un hotel que hace poco han inaugurado en mi barrio. Por su aspecto pensé que serían chinos o japoneses, pero cuando hablaron lo hicieron en un español con suave acento sudamericano.

Eran todo matrimonios sexagenarios o más. Las mujeres iban impecablemente peinadas con un estilo muy parecido, cortes modernos, alisados perfectos e inamovibles (asiáticos, cómo no), maquillajes que resaltaban sus facciones orientales, bellas a pesar de la edad.

Una de ellas se sentó a mi lado y no tardó en entablar conversación conmigo. Me contó que eran un grupo de 38 personas procedentes de Perú, donde tienen un club con el que practican deporte, organizan comidas y cenas y, últimamente, viajan. Habían estado antes en Italia y Suiza. La 1ª les pareció muy sucia (no sé dónde se meterían, porque nada dijo de las maravillosas obras de arte), y la 2ª muy cara: una botella de agua que aquí te cuesta 2 € allí son 13.

Parecía encantada con nuestro país. Dijo que en España somos muy acogedores y amables. Comentó que habían estado antes en Barcelona y Toledo, y que esa misma noche cogían el avión de regreso a Perú, donde les esperaba el crudo invierno, que no les apetecía nada. Daba la impresión de que no quería que se acabara la tournée, pues lo estaban pasando muy bien.

Le comenté que al entrar había pensado que venían de China o Japón, pero que al decir que eran de Perú recordé que había allí mucha gente descendiente de emigrantes japoneses. Me vino a la cabeza la deleznable figura de Fujimori, que fue presidente de aquella nación. Hasta su elección no supe que existía una colonia nipona allí. Me chocaba ver a un hombre con rasgos orientales gobernando un país sudamericano. Pero enseguida se vio que estaba muy integrado, porque no tardó en adoptar la costumbre de los líderes latinoamericanos de abundar en la corrupción, aunque aquí últimamente tampoco nosotros nos quedamos atrás.

Ella me comentó que habían ido todo el tiempo con una guía, pero que ésta ya se había despedido y que ese era el día libre que les había dejado, el último en España, en el que podían hacer lo que quisieran, sin planificación. Dio a entender que por eso estaban tan eufóricos, como niños a los que dejan solos para que jueguen a su antojo, pero también esto originaba una cierta confusión a la hora de decidir la mejor ruta a seguir para ir a tal o cual lugar. Nada como la aventura, y la improvisación.

Mi interlocutora me señaló con la cabeza a uno de los miembros de su grupo, sentado allí cerca, que era el único que no hablaba ni reía. Parecía estar en stand by, y ser muy mayor. Todo lo observaba con esa imperturbable indiferencia con que miran los ancianos orientales. Ella me dijo que tenía 84 años, y que seguía el ritmo de todos como uno más, sin quejarse nunca ni mostrar cansancio. Pensé que me encantaría poder llegar a esa edad y en esas condiciones, aunque me temo que a los que no nos acompaña una buena genética nos lo tendremos que currar.

La gente que nos visita se suele fijar en cosas que a los que ya estamos aquí nos pasan desapercibidas, por la costumbre, lo mismo que nos pasa a nosotros cuando viajamos fuera. Así ella me dijo que le llamaba la atención que el autobús basculara cada vez que se abrían las puertas. Le comenté que era para facilitar la bajada de los pasajeros, y que no siempre el conductor tenía a bien accionarlo. Ella manifestó sorprendida que creía que lo hacía automáticamente el mecanismo de apertura de puertas. Como hacía calor abrí una ventana, y ella me dijo que creía que era costumbre no abrirlas, pues aunque hiciera calor siempre iban cerradas y nadie las abría. Cómo explicarle que aquí, por alguna extraña razón, a nadie le gusta abrir ventanas por mucho calor que haga o por muy mal que huela.

Se dirigían todos a La Almudena, y la señalaban emocionados cuando pasamos cerca con el autobús. Al llegar a la plaza de Puerta Cerrada le señalé una calle al final de la cual la encontrarían sin tener que subir cuestas, pero por lo visto alguien les había dicho que era mejor ir a la Puerta del Sol, destino final de nuestro trayecto. Uno de los miembros del grupo, que estaba de pie en la puerta, parecía enfadado porque se quería bajar en cuanto avistó la catedral, pero nadie le secundó.

Cada vez que había que tomar una decisión se ponían a hablar todos a la vez, y siempre algunos de ellos rogaban que se bajara la voz en cuanto se elevaba el tono. En España hay muchos sitios públicos, como los hospitales, en los que han tenido que poner carteles para avisar de que se mantenga un tono de voz moderado en todo momento. Me fijo en estos visitantes extranjeros, cuya educación contrasta tanto con nuestros modales.

Me despedí de mi interlocutora, pues me bajaba una parada antes del final, deseándoles que lo pasaran muy bien el tiempo que les quedaba de estar por aquí. Me simpatizaron mucho estos turistas, parecían un grupo de chiquillos curiosos deseosos de conocer y aprender cosas nuevas. A pesar de sus edades se comportaban con el mismo entusiasmo e ilusión con que normalmente lo hacemos cuando somos más jóvenes. Está muy bien eso de formar parte de un grupo en el que se comparten gustos, y tiene todo el mundo la misma educación. Me dan ganas de irme a Perú, con ellos.

lunes, 10 de junio de 2013

Estrechando lazos en Facebook


Por muchos detractores que tenga Facebook, yo no dejo de maravillarme ante el mundo de infinitas posibilidades que este medio social ofrece. Quién nos iba a decir que podríamos retomar el contacto con personas que hacía décadas que no veíamos, y que de otra manera habría sido muy difícil encontrar. Incluso he conocido a los hijos de mis primos. Hay tan poco contacto entre los miembros de mi familia que ha tenido que ser así.

El hijo de uno de mis primos tiene una minusvalía, una dolencia con un nombre extraño parecida a una parálisis cerebral o algo así, pero no lo había visto nunca. Aunque ya es un chico mayor parece mucho más pequeño, y tiene que estar en una silla de ruedas. Cuando me metí en su Facebook y vi que tenía a varios de mis primos agregados no dudé en pedirle amistad, y él me aceptó. En realidad se ve que lo utiliza poco, y que sus capacidades expresivas están muy limitadas.

Sé que para mi primo el hecho de que el mayor de sus dos hijos naciera con este problema es un calvario personal que le ha cambiado física y mentalmente. No hay nada peor que la enfermedad en un hijo, y más si es algo que no tiene solución. Mi primo es además uno de mis parientes más sensibles, y esto que le ha pasado lo hubiera llevado mejor cualquiera de los otros, por su forma de ser. Viéndonos a sus primos en el Facebook de sus hijos sabrá que, aunque no nos veamos ya casi nunca, ahí estamos.

Pero él no es el único que tiene un hijo con minusvalía. Tengo un amigo en Facebook, Lubomir, al que dediqué un post el verano pasado, que trabaja como cuidador de niños con discapacidad física y mental allá en Eslovaquia, de donde es él. Yo creía que el chico con el que aparecía tanto en las fotos de su muro era su hijo, pero hablando con él un día en el chat me reveló que no era así, que su mujer estaba divorciada y tenía 3 hijos cuando se casó con ella. El padre no se debe ocupar mucho de ellos, pero Lubomir hace las veces de padre, sin tener hijos propios, más que muchos.

Sólo un hombre con un gran corazón puede llegar a querer tanto a un chaval que no lleva realmente su sangre. Por su profesión no hay misterios para él en lo que al cuidado de jóvenes minusválidos se refiere, y no duda en prodigar a Maltus todas las atenciones que sean necesarias, además del amor de un progenitor que lo es ya por derecho propio. Porque verdaderamente no es padre o madre quien te trae a este mundo sino quien te cuida desinteresadamente y te enseña a vivir.

Me conmueven, nos conmueven a todos sus amigos de Facebook, esas imágenes que cuelga en su muro, en las que se le ve con Maltus nadando en una piscina desmontable, en una tumbona tomando el sol o sentados junto a un fuego en invierno en compañía de algunas de sus amistades. Todo transcurre en el jardín de su casa, del que tan orgulloso está, pues no para de hacerle fotos a las numerosas especies florales que en él cultiva, de las que pongo una muestra. En invierno está cubierto por la nieve, pero en cuanto llega la primavera hay una explosión de color y de vida que hace que aquello parezca un paraíso. Yo le he dicho que es como el Edén, y él está de acuerdo, aunque supongo que el trabajo que le da le quite muchas veces esa idea de la cabeza. En realidad lo que se hace con gusto no cuesta.

En Facebook he podido conocer a personas con una gran sensibilidad, seres muy espirituales que me han enseñado muchas cosas que no sabía, me han hecho pensar y han sido una fuente de inspiración para algunas facetas de la vida. Hay otros que no forman parte de esta categoría, gente que pone fotos de mal gusto, o raras, con comentarios fuera de lugar, y que son pesados y aburridos. Pero así es el mundo, diverso y contradictorio.

Facebook es la imagen del tiempo que nos ha tocado vivir, una explosión de ideas, de sentimientos, de aficiones, que encuentran de esta manera una vía de expresión. Sirve para contactar con seres queridos del pasado, con otros a los que hasta ese momento no conoces pero que terminan convirtiéndose también en queridos, y en general para establecer lazos de hermandad, de amistad, de solidaridad. Es la humanidad en ebullición.


viernes, 7 de junio de 2013

Un poco de todo (XIX)


- Me aparece últimamente en el ordenador, cada vez que me meto en la página de consulta de empleos, uno de esos anuncios que cambian de imagen constantemente para captar la atención, en el que se publicita un curso de agente funerario y técnico en tanatoestética. Siendo un sitio dedicado a ofertas de trabajo, no es de extrañar que aparezcan sugerencias de todo tipo, pero nunca me había parado a pensar en una ocupación como esa.

Desde luego es una actividad para la que siempre hace falta gente, y con el futuro asegurado, pues el negocio de la muerte no se acaba nunca.

Me metí por curiosidad a ver en qué consistía. El curso incluía, entre otras cosas, tanatopraxia, restauración cadavérica y Derecho funerario. Se podía ver una foto de una bella mujer con un maquillaje casi blanco y una boca abierta perfecta sobre la que una mano pintaba unos labios de color violáceo. Evidentemente la de la foto estaba viva, aunque aseguraban que se hacían prácticas en tanatorios.

Será que tengo muchos escrúpulos o mucha aprensión, pero el que esté buscando trabajo muy mal se tiene que ver para orientar su futuro profesional hacia esos derroteros.

Aunque mirando las ofertas de Periodismo, que son las que yo busco, no anda la cosa mucho mejor. Me meto en una de ellas y descubro que es para personas minusválidas. Me meto en otras y te piden japonés, coreano o árabe. Se solicita mucho redactor de contenidos web para empresas, en las que la mayor parte del trabajo no requiere presencia en oficina. Es todo muy original.

Ahora hay mucha diversidad de ofertas educativas, nunca ha habido tantas carreras universitarias y con tanta especialización, pero eso no se corresponde con la posibilidad de encontrar luego un empleo. No me extraña que haya gente que termine maquillando muertos.

- Ayer falleció la inolvidable Esther Williams, a los 91 años nada menos. Cuántas horas de mi infancia llenaron sus películas con aquellas maravillosas coreografías en el agua. Nada que ver con la natación sincronizada actual, tan ortopédica.
Esta mujer era nadadora olímpica, y apareció en el mundo del cine de rebote, cuando se suspendieron los Juegos Olímpicos de Helsinki en los que iba a participar, debido a la 2ª G.M. Alguien se fijó en ella y la verdad es que fue un acierto.

Ignoro si ideaba las coreografías acuáticas de sus películas, pero desde luego no se ha vuelto a ver nada igual. Cuánta belleza y armonía, qué buen gusto y sentido estético. Había algo tremendamente femenino en todos aquellos juegos de agua, flores y figuras geométricas perfectas realizadas por las nadadoras. Admiraba aquella sincronización, aquellos movimientos de ballet llevados a cabo con tan aparente facilidad. Cuánto entrenamiento debía haber detrás de aquello. Y cómo aparecía ella siempre, impecable, con peinados y maquillajes que resistían el agua. Las cámaras hicieron un trabajo magistral rodando las escenas subacuáticas, refrescantes y sorprendentes.

Supongo que la longevidad de Esther Williams se ha debido al hecho de ser deportista, además de por tener una buena genética. Ese es el secreto, una vida sana, ejercicio físico, y una eterna sonrisa, como la que ella siempre lució, hasta el final.

jueves, 6 de junio de 2013

Grandes arquitectos contemporáneos (XI): Toyo Ito



Biblioteca de la Universidad de Bellas Artes de Tama

Ha diseñado estadios, rascacielos y edificios emblemáticos, pero ahora la mayor ilusióndel arquitecto japonés Toyo Ito es construir viviendas "que simplemente cubran las necesidades de la gente", reveló ayer en una entrevista con Efe tras recibir el Premio Pritzker.
Ito reconoce que desde el tsunami de Japón de 2011 volvió a "cuestionar" su arquitectura, sobre todo desde su implicación en proyectos en las zonas devastadas, algo que ha sido reconocido por el jurado del prestigioso premio y que le hace una ilusión especial.


Tienda de Tods

"Tras haber trabajado y convivido con la gente de las zonas afectadas por el desastre, quiero apostar por la construcción de casas que se inspirenen el estilo de vida de quienes van a residir en ellas", explica en su estudio del barrioto kiota de Omotesando. A sus 71 años, que no aparenta, se muestra feliz, aunque humilde, ante la avalancha de felicitaciones recibidas pocas horas después de que se anunciara que era el ganador del premio considerado como el ‘Nobel’ de la arquitectura.

"Me ha llegado de manera inesperada; ha sido una sorpresa y estoy muy emocionado. Creo que este premio me dará ánimos y me sentiré más valiente al afrontar mi arquitectura de ahora en adelante", apunta.

Además, Ito cree que este tipo de galardones te ayudan a ser más libre a la hora de crear y que impulsará su trabajo en Asia, donde se aprecia mucho el Pritzker y donde, comenta entre risas, siempre le preguntan si no lo ha recibido todavía.

Torre de los Cuatro Vientos

Ito se ha convertido en el sexto arquitecto nipón en ser reconocido con el galardón estadounidense. Los últimos, en 2010, fueron su discípula Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, ambos responsables del estudio SANAA.

Se muestra escéptico a la hora de hablar de una arquitectura claramente japonesa, pero reconoce que su estilo y los espacios que crea pueden estar muy influenciados por el idioma que habla, algo que los hace reconocibles fuera de Japón. "El inglés es un idioma mucho más claro, y por eso creo que los arquitectos anglosajones intentan marcar la frontera o el límite de cada espacio. Mientras que en Japón se trata de ser poco concreto, una ambigüedad que influye desde luego en mi arquitectura", señala.

A pesar de su proyección internacional y sus trabajos alrededor del mundo, la obra de Ito está muy ligada a la capital nipona, donde se mudó en su adolescencia y que acoge algunos de sus edificios más reconocibles como la casa White U o la tienda de Tods. Sin embargo, admite que cada vez le interesa más trabajar en zonas rurales de Japón, ya queTokio, a su juicio, "ha perdido la energía que tenía".


Biblioteca de la Universidad de Bellas Artes de Tama

"Siempre he tratado de no tener estilo para no concentrarme en mejorarlo. Mi objetivo ha sido producir algonuevo según el lugar y el equipo con el que trabajaba. Esa novedad es lo que mejor define mis ideas", señalaToyo Ito. El arquitecto es responsablede obras tan diferentes como las Torres Porta Fira de Barcelona (2004) o, en Japón la biblioteca de la Universidad de Bellas Artes de Tama (2007) y la Torre de los Vientos de Yokohama (1986). 


(Artículo aparecido en 20 minutos el 19/03/13)

miércoles, 5 de junio de 2013

Las memorias de Alfonso Guerra


Últimamente parece haberse puesto muy de moda escribir memorias, sobre todo entre políticos caducos. Fue el caso de Aznar, que aprovechó la publicación de su libro para volver a salir en televisión, medio que ha utilizado recientemente para defenestrar a miembros de su propio partido, presidente del gobierno incluído. Mucha gente practica el autobombo a costa del desmerecimiento ajeno. Aznar se ha autoproclamado una especie de Mesías, alguien absolutamente necesario para que España pueda solucionar sus problemas y sin el que el país entero está avocado al desastre. El retiro de la actividad política no le ha sentado bien, y probablemente habrá tenido tiempo de cocinar en su cabeza todo tipo de ideas redentoras, sin querer admitir que su tiempo ya pasó y ahora hay a otras muchas cosas a las que puede entregarse con la pasión que acostumbra.

Ahora el que nos amenaza es Alfonso Guerra con un libro en el que a su vez hace lo propio, poniendo a parir a todo bicho viviente, deporte que ha practicado siempre en realidad. Da igual los años que pasen que hay gente que no consigue evolucionar. Lo vi hace poco en El Hormiguero, soltando por esa boquita frases lapidarias, con muchas risitas y miradas de soslayo al público para ver el efecto de sus palabras. Resucitan los espectros del pasado, no se resignan a quedar relegados en los desvanes del poder.

Una de las mayores simplezas de la gente de izquierdas ha sido siempre la de burlarse del aspecto de sus oponentes políticos, algo que hace la gentuza en general. No deben tener argumentos más elaborados para hacerse valer. Él se ríe del aspecto de Aznar, sin darse cuenta del que él mismo tiene, que recuerda a Nosferatu, ahora más que nunca, con sus colmillos afilados y su tez tan pálida.

A pesar de los años y los problemas de salud que ha tenido, Guerra sigue fiel a sí mismo, inteligente, maquiavélico y caradura a partes iguales. Hace falta ser sinvergüenza para presentar un libro dando caña a todo el mundo cuando él ha sido tan inmoral. No dudo de la fuerza de sus convicciones ideológicas, que le honra, pero todos nos acordamos del CORRUPSOE que él encabezó en su momento. Se cree que tenemos amnesia. El presentador abordó el tema de refilón, y él puso cara de pena y contrición (cómo le gusta el teatro, y qué falso es), pero no ahondó en determinados temas, como cuando Guerra practicó nepotismo metiendo a uno de sus hermanos en política, individuo que resultó ser inepto y corrupto como pocos.

Y qué decir de aquella vez que hizo uso de un Mystere, un avión del Ejército que utilizó para no tener que aguantar un atasco de tráfico, en un viaje que hizo de vacaciones. Un gasto semejante a costa del erario público, y más por parte de un representante socialista, que se supone que es el partido de la gente obrera. Lo 1º que suele hacer un currito cuando abraza el poder es entregarse a los placeres del capitalismo. Fue una noticia tan rocambolesca que aún hoy, 25 años después, la recuerdo como si hubiera ocurrido ayer. Además así fue como supimos muchos lo que era un Mystere.

A la gente le divierte mucho sus ocurrencias, lo acerado de su lengua a la que pocos escapan y su gracejo andaluz al hablar, pero si hacemos una reflexión un poco seria veremos que estamos ante uno de los muchos impresentables que ha dado nuestra clase política tan democrática. Seguro que obtendrá pingües beneficios con su “obra”, y de paso que se vuelva a hablar de él después de tanto tiempo, que es lo que les ha gustado siempre a estos políticos trasnochados.

martes, 4 de junio de 2013

Desastres naturales


Los medios de comunicación tienen hoy en día una repercusión sin precedentes, apoyada por la enorme difusión de aparatos de telefonía e Internet que hacen que cualquier suceso se termine magnificando. Con los desastres naturales que acontecen en el mundo entero, llegamos a creer que nunca antes hemos sido sacudidos por la furia de la Naturaleza como ahora. Pero no es así.

Los tornados de Oklahoma son una muestra de ello. Cierto es que aquella es una zona propicia para que se formen, y que los que están teniendo lugar últimamente son especialmente frecuentes y virulentos. Pero por lo que se ve nadie está libre, pues sin ir más lejos hubo uno en Madrid en 1886 de fuerza 2 (el máximo es 5), también en primavera.

Mirando las diferencias entre un tornado y un huracán, he comprobado que no tienen nada que ver, contrariamente a lo que yo creía. Un huracán se origina en el océano, en zonas tropicales, con vientos que pueden llegar a los 240 km/h, un diámetro de hasta 1800 kms., duración entre varios días y varias semanas, y no están asociados a tormentas. Un tornado se origina en tierra, en zonas de montaña interior, con vientos de hasta 500 km/h o más (¡increíble!), un diámetro como mucho de apenas unos pocos kilómetros, dura unos pocos minutos (horas excepcionalmente), y sí están asociados a tormentas.

Los tornados son muy imprevisibles en comparación con los huracanes, aparecen de repente y en poco tiempo lo arrasan todo. Hace unos días veía cómo uno de ellos tiraba un camión de gran tonelaje en Oklahoma. Un experto que los seguía desde hacía 30 años pereció junto con su hijo y un compañero. Me parece que nadie que esté en su sano juicio se mete con un vehículo, por muy preparado que esté, dentro de un embudo semejante. A veces nos consideramos inmunes a todo, y la fuerza de la Naturaleza es incalculable, no podemos controlarla ni someterla.

Con esto del cambio climático nos creemos víctimas de los mayores desastres, pero en el pasado hay numerosos ejemplos de que los ha habido e incluso mayores. Sin ir más lejos la gran inundación que sufrió París y alrededores en 1910, cuando el Sena tuvo una crecida desproporcionada al no poder acometer el aumento de caudal de sus afluentes, que arrastraban todo el agua acumulada por las lluvias invernales. No hubo desbordamiento, sino que se anegaron túneles, desagües y alcantarillas. Las bóvedas de muchas de éstas ternimaron hundiéndose.

Las fotos de aquel suceso son impactantes. Las mujeres, ataviadas con trajes largos y grandes sombreros, iban de un lado a otro en carros tirados por caballos o en barcas. Se colocaron tablones a modo de pasarelas para transitar por encima de las aguas. París se había convertido en una improvisada Venecia.

A las 11 de la mañana del 21 de enero de aquel 1910 la mayor parte de los relojes públicos de la ciudad se detuvieron. El Sena había inundado la central eléctrica que los suministraba de energía. Al día siguiente el río empezó a ocupar el centro de París. Multitud de personas reunidas en puentes y terraplenes contemplaron cómo el río arrastraba enseres, cadáveres de animales y restos de edificios, todo lo que había arrasado en su camino hacia el mar. Los ojos de los puentes estaban ciegos de la cantidad de agua que pasa por debajo de ellos, y el nivel iba aumentando.

El primer día los parisinos que habían salido de sus casas por la mañana como un día cualquiera, al regresar por la tarde tuvieron que atravesar calles inundadas, al principio por las rodillas, luego más, sin alumbrado eléctrico, para encontrarse que sus casas eran inaccesibles.

En las afueras, el Sena inundó los campos y las localidades próximas.

En total cientos de calles y la 4ª parte de los edificios de París se inundaron. Una semana después de comenzada la catástrofe, el 28 de enero, el agua llegó a su máxima altura, 6 metros por encima del nivel normal. Durante esa semana miles de parisinos tuvieron que ser evacuados de sus hogares, y se cerraron la mayor parte de las infraestructuras de la ciudad.

En las bocas de metro el agua llegaba hasta las escaleras de salida, cuando no aparecían completamente sumergidas. El ferrocarril circulaba por vías inundadas.

A medida que las plantas de purificación y vertederos se volvieron inaccesibles, los parisinos empezaron a tirar las basuras en el Sena por el puente de Tolbiac. Se organizaron servicios de reparto de provisiones y necesidades básicas. Los hogares por fortuna tenían reservas de carbón para la cocina y la calefacción.

El 29 de enero París se despertó con una radiante mañana de sol, y a partir de ahí comenzó el fin de la pesadilla. Los soldados montaban guardia en puntos escogidos y se repartía vino caliente a los ciudadanos para combatir el frío. Se instalaron bombas de achique para vaciar bodegas y sótanos.

En aquella época no había muchas comodidades ni adelantos, y los ciudadanos pudieron sortear los inconvenientes con más o menos fortuna. Si la inundación se produjera hoy en día los daños serían mucho más graves, pues tenemos la mayoría de los servicios centralizados y poca independencia energética.

Así sucedió el año pasado con las tormentas de viento y lluvia que azotaron Nueva York. Una gran ciudad como es esa quedó prácticamente paralizada, con los servicios eléctricos e informáticos cortados.

Cuando arrecia el temporal y las fuerzas de la Naturaleza se desatan, no hay adelantos tecnológicos que valgan. Lo mejor es ponerse a cubierto y encomendarse a todo lo divino y lo humano.


viernes, 31 de mayo de 2013

Ilustradores (XII): Massimo Carnevale


Este ilustrador romano trabaja para la industria americana del cómic desde hace una década. Ha recibido por sus magníficos trabajos varios premios internacionales.

Además realiza brillantes retratos de grandes figuras del cine, y portadas publicitarias.






 
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