jueves, 9 de diciembre de 2010

Pintura hiperrealista (XVIII): Paco Sánchez


 Paco Sánchez empezó exponiendo en el sótano de una librería que tenía un conocido en su Sevilla natal, lugar en el que alumnos de Bellas Artes mostraban esporádicamente sus obras.
En sus cuadros se aprecia la luminosidad y la belleza de la tierra que le vio nacer. Gran delicadeza en sus trazos.



martes, 7 de diciembre de 2010

Citas varias (III)

- “Desciende del mono con más intensidad que los demás”.

- “La lectura es un medio de participar en los conocimientos y el pensamiento de las generaciones pasadas. Leemos para superar nuestra vida y comprender la de los demás (…). Gracias a los libros conocemos las formas de vida ajenas y compartimos las inquietudes de otros hombres. De ahí su valor para la comprensión del mundo” (André Maurois, escritor).

- “En la antigüa Grecia, el prestigio intelectual de un hombre se basaba en su capacidad para hacer partícipe de sus ideas a otros hombres, en sus facultades persuasivas mediante la utilización de formas expresivas bellas”.

- “Suelo disfrutar más con lo que ocurre a mi alrededor que la mayoría de la gente” (Katharine Hepburn en la película La mujer del año).

- “Hay que intentar convivir con las personas en lugar de tratar de educarlas” (Spencer Tracy en la misma película).

- “Sólo puede degustar el sabor de los días quien se despoja de la obligación de tener un destino”.

- “Mientras dura el arrepentimiento dura la culpa” (El informe de Brodie, de Jorge Luis Borges).

- “Casi todos los casos de longevidad que se dan en el campo son casos de mala memoria o de un concepto vago de las fechas” (id.).

- “La modestia es la virtud de quien no tiene otra”.

- “Lo bueno de los feos es que no tienen que andar desmintiendo continuamente que no son tontos” (Pedro Ruiz, humorista).

- “Los envidiosos son los que han fracasado” (id.).

- “La sabia mezcla de melancolía y humor que surge casi siempre de la capacidad para tratar cómicamente situaciones tristes, un talento del que salen malparados los burócratas, los personajes que ven el mundo de manera rígida y unívoca” (Octavi Martí, periodista).

- “Más vale divertir con cosas ajenas que fastidiar con las propias” (Mariano José de Larra, escritor y periodista).

- “El pedantismo ha sido en todas las naciones el precursor de la decadencia de las letras” (id.).
- “Los ojos son un modo de puntuación de las palabras, son inteligencia y ortografía en una conversación, y a veces... algo más” (La Regenta, de Benito Pérez Galdós).

viernes, 3 de diciembre de 2010

Algunas de las cosas que me gustan

Es bien cierto que disfrutamos del mundo a través de nuestros cinco sentidos. Olores, colores, sonidos, texturas, todo está a nuestro alcance para que experimentemos y nos sintamos vivos.

Algunas de las cosas que me gustan especialmente son:

El olor de la lluvia después de una tormenta, el de los libros la 1ª vez que son abiertos, el de las rosas cuando se abren en primavera.

El azul del mar un día soleado, y cuando es gris los días de tormenta.

El azul también de los cielos sin nubes en las mañanas de invierno, cuando el aire es tan limpio.

El color verde de una pradera entre montañas, y el blanco de la nieve en las cumbres, cuando tira a azulado por efecto de la luz del sol. El rojo, verde, marrón de las hojas de otoño.

El color champán de las flores de tela que tenia de mi vestido de novia en la base de la espalda.
Contemplar las sábanas blancas y limpias tendidas al sol y al viento.

El color de la madera recién barnizada.

También el olor de los bizcochos y las rosquillas que hacía mi abuela Luisa.

El rojo de las uñas de unas manos cuidadas o de una barra de labios, y las sombras oscuras en ojos claros.

El suave color dorado del vestido que me puse en la boda de mi hermana, y los zapatos a juego.

La sobrecubierta de gasa blanca transparente de algunos trajes nupciales, acabada en un ribete ondulado que a veces va más allá de la cola.

Las mangas transparentes de ciertos vestidos de noche, en negro, blanco o dorado.

El rojo de las fresas sobre una montaña de nata, y las ondas marrones de chocolate cuando anuncian helados.

El color miel que he visto en jerseys de hombre.

El tono violáceo de las nubes que vienen cargadas de nieve, y las muchas intensidades del rosa en el cielo los días que ha habido viento.

El rojo oscuro del vino, que parece sangre, y el del champán en una copa bonita constantemente animada por burbujas.

La transparencia del agua de un río que fluye melodioso en medio de un bosque, o la del mar tropical sobre esa arena tan blanca de sus playas.

Las nubes que son como enormes masas de algodón de azúcar.

El aire fresco un día de invierno cuando luce el sol, y la brisa que viene del mar en las noches de verano.

Un campo lleno de amapolas, un camino vallado cubierto de nieve, un campo cubierto por la niebla.

Los rizos de espuma blanca sobre un mar intensamente azul los días de viento.

Los barcos surcando las aguas, levantando espuma a su paso y con las velas ondeando al viento, y las avionetas que sobrevuelan paisajes salvajes a corta distancia. Es como si se pudiera tocar con la mano la hierba verde, las copas de los árboles, las nubes cuando vuelan alto.

Querría poder contemplar el mundo desde la cima de una montaña, o la fauna variada y multicolor de las profundidades submarinas.

Una voz dulce acompañada de una música melodiosa.

La suavidad de la piel de un bebé, y la de la seda.

Me gusta tocar la cubierta de un instrumento musical que estén tocando para sentir su vibración, e incluso de mi aparato de música cuando está sonando una canción que me gusta, porque así me parece que la siento más. 

La lista de las cosas que me gustan sería interminable. He aquí algunas. Y mientras, disfrutemos de nuestros sentidos.

jueves, 2 de diciembre de 2010

La vida como un cuento

Las cosas que sucedían en los cuentos que leímos allá en nuestra niñez pueden tener lugar en la vida real. No hay que echarle tanta fantasía como pudiera parecer.
Qué mujer no se ha sentido en muchas ocasiones Cenicienta, siempre atareada con las faenas de la casa, sin tener nunca descanso ni sentirse valorada. No es difícil encajar la figura de la madrastra y sus hijas con un marido exigente y tiránico, o unos hijos caprichosos y egoístas. Por qué no salir una noche loca vestida con un traje maravilloso y unos zapatitos de cristal, o mejor de metacrilato, que es más resistente. Lo malo es tener que regresar precipitadamente a medianoche para evitar que se deshaga el encantamiento. Las cosas buenas que duran tan poco no merecen la pena. El príncipe no deberia ser engañado con estos trucos de prestidigitación, pues no tendría que importarle que el objeto de su amor tuviera procedencia plebeya. Hasta nuestro príncipe se casó con la chica del telediario.
Y quién no se ha sentido alguna vez Blancanieves, con una madrastra que solo desea tu mal, envidiosa y despiadada. Un psicólogo seguramente le diagnosticaría algún complejo de inferioridad, y paranoia.  Si necesita eliminar del mapa a una frágil damisela para sentir que es la mejor es por lo insegura y lo infeliz que es. Qué tendrán las madrastras que en todos los cuentos se las retrata tan malignas. Esta señora bien podría ser una cuñada envidiosa, una suegra celosa, o una jefa que cree que le puedes hacer sombra. Cierto que se disfrazan de seres débiles e indefensos para dar la manzana envenenada sin levantar sospechas, pero ya puestas a ser perversas lo interesante sería actuar sin tapujos. Es entonces cuando a la pobre Blancanieves le crecen los enanos. Los problemas nunca vienen solos, sino de siete en siete, número bíblico por excelencia. Pero son tan monos estos siete enanos que le han crecido que da lástima querer deshacerse de ellos.
Qué mujer no ha tenido la visión romántica del príncipe azul (ignoro por qué siempre tienen que ser de este color), besando a la Bella Durmiente para despertarla de su sueño centenario. En el cuento que yo leía de niña él era tan apuesto y gallardo, y ella tan hermosa con su mata de pelo largo, rubio y ondulado, los labios rojos y los ojos tan azules, que no era difícil que se convirtieran en el prototipo del amor ideal. Lo que si me escamaba era que ella no envejeciera, y que resistiera tanto tiempo inmovil sin que el cuerpo se le entumeciera. Y lo peor era el hecho de que los habitantes de su reino durmieran al mismo tiempo que ella, y en las posturas mas inverosímiles, allí donde les hubiera pillado el encantamiento. Cuánta incomodidad. Me parecía injusto que todos tuvieran que correr la misma suerte, pero para eso han existido siempre los siervos y los vasallos.
Aquel que hubiera perdido a su madre o hubiera sido separado de ella, bien podria haberse sentido como Bambi o Dumbo, cuentos que es dificil que resistan las lágrimas por lo conmovedores que son, y también lo edulcorados. El desamparo del que aún es un niño, sometido a las crudezas de la vida sin entrenamiento previo, cuánto se asemeja a la realidad en tantos lugares del mundo.
Los superhéroes de los comics también tienen su correlato en los cuentos infantiles con Robin Hood. Es el Curro Jiménez de la factoría Disney, el ladrón que roba para dárselo a los pobres, el proscrito que redistribuye la riqueza de una forma peculiar. Debería practicarse mas a menudo.
Peter Pan conozco yo a unos cuantos. Bien está ser como niños para poder entrar en el Reino de los Cielos, pero todo tiene un limite. Si eso sirviera para conservar la juventud no estaría mal, pero no querer crecer cuando ya se pintan canas es un poco lamentable. Tengamos eso sí un pensamiento alegre, no hace falta ser Peter Pan para tenerlo.
El flautista de Hamelin bien podria ser cualquier político y demás trileros en general que, tocando su instrumento hechizante, consiguiera embaucarte para que le sigas allá donde él quiera. Aunque dicen que hay melodías lo bastante interesantes como para resistirse a su influjo.
Y qué mujer no ha besado alguna vez a alguna rana esperando que se convirtiera en príncipe. Todavía no nos hemos enterado que el que es rana no va a dejar de serlo por mucho que nos empeñemos en besarla. Aceptemos a las ranas como son y no pretendamos cambiarlas. O mejor, aceptemos nada más que a los príncipes y desechemos a las ranas directamente.
Cuidado con los lobos que se disfrazan de corderos para comerse a Caperucita. Eso de que se comiera a la abuelita me pareció siempre de un mal gusto incalificable. Aunque ahora hay pocas Caperucitas que se dejen engañar, y muchos lobos que estan deseando que les den la manzana, la miel  y el trozo de pastel de la cestita (o lo que fuera que llevara alli), porque ya puestos vamos a hacer la merienda completa. Cuánta truculencia.
Lo que no querría es tener 101 dálmatas en mi casa, ni caer bajo los hechizos transformantes de Merlin, ni ser como el gigante Gulliver en un país de gente diminuta empeñada en atarme con cuerdas, ni pequeñita como Pulgarcito. Yo me sentiria cómoda en algún cuento de Beatrix Potter, viviendo en una de sus granjas en medio de maravillosos parajes campestres y rodeada de dulces animales domésticos.

La vida puede ser como un cuento, solo hay que echarle un poco de imaginación. O echarle mucho cuento.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Pintura hiperrealista (XVII): Linda Huber


Linda Huber,  pintora estadounidense que trabaja desde hacce más de 30 años con lápiz de grafito. Es autodidacta.
Se centra en pequeñas áreas y las trabaja al detalle, con mucha paciencia, hasta conseguir darles el máximo realismo.
Prefiere hacer retratos porque, según sus propias palabras, "la captura de una personalidad única e irrepetible siempre es un reto muy gratificante".
No deja de ser sorprendente la forma como capta la transparencia, los reflejos, el movimiento.

martes, 30 de noviembre de 2010

Carros de fuego

Nunca antes se había visto una historia de lucha y competición tan especial como la que protagonizaron Eric Lidell y Harold Abrahams, conocida gracias a la película Carros de fuego.

Dos corredores, que practicaban deporte más como afición que como profesión, en un momento dado se verán en el punto de mira de la opinión pública sin que ellos mismos se lo hubieran propuesto, y su enfrentamiento marcará un hito en la historia de la competición.

Más distintos no podían ser. Eric, cristiano evangélico de la iglesia reformada de Escocia, aspiraba a ser misionero, y era muy popular entre los suyos. Su humildad, su alegría y su empuje interior eran excepcionales, y eso se reflejaba en su forma de correr, pues lo hacía con una libertad, una limpieza y una determinación increíbles, sin perder nunca la sonrisa. Tenía una manera muy peculiar de hacer sus carreras, y especialmente sus sprints, abriendo la boca en un rictus de esfuerzo al límite, echando la cabeza hacia atrás y moviendo los brazos hacia fuera, un poco patoso. Cuando terminaba, siempre victorioso, dedicaba unas palabras a todos los que se agolpaban a su alrededor para saludarle, infundiendo una fe renovada en Dios, que estaba presente en su vida en todo momento y era su fuente de inspiración, y un ánimo de triunfo y una energía que contagiaba al que le escuchara. Su verbo era ardiente, directo y sencillo, completamente entregado a aquello que estuviera haciendo en cada ocasión. En muchos sentidos, Eric Lidell era un hombre heroico, sublime, y hacía que cada momento de la vida cotidiana resultara excepcional.

Su padre le dijo una vez: “Corre en nombre del Señor, y deja que el mundo se asombre”.

Eric se consideraba un instrumento divino. “Yo creo que Dios me hizo con un propósito. Él me hizo rápido para complacerle”.

Por lo que respecta a Harold Abrahams, en su condición de judío, percibía dolorosamente que no contaba con el beneplácito de los ingleses. Poseía una personalidad signada por un complejo de inferioridad social, que le hacía sufrir mucho, agravado por ser él una persona extremadamente sensible e inteligente. En una ocasión le dijo a un amigo y compañero de Cambridge: “Mi padre era lituano, un extranjero. Él ama profundamente a este país. Pero olvida que Inglaterra es cristiana, y anglosajona. Yo lucharé contra todos, y les haré tambalearse”. Abrahams confesaba querer a su padre en extremo, y cualquier agravio que se le hiciera era una afrenta para él.

Eric y Abrahams compitieron en los Juegos Olímpicos de 1924. Los rectores de la universidad llamaron a este último para reconvenirle por usar un entrenador profesional siendo él un atleta amateur, y de paso hacerle algún comentario xenófobo y clasista. Todo eran obstáculos y prejuicios, algo que chocaba con su orgullo y a lo que nunca se terminó de acostumbrar. Pero Abrahams no se arredró: “Ustedes caballeros suspiran como yo por el triunfo, conseguido sin aparente esfuerzo de los dioses. Suyos son los valores arcaicos que se encierran en esta Universidad. Yo creo en la búsqueda de lo excepcional, y llevo el futuro conmigo”.

La casualidad hizo que la competición en la que corría Eric se celebrara  un domingo, y por los preceptos religiosos que el seguia ese día no se puede trabajar ni realizar actividad alguna. Convocado ante el comité olímpico y el mismísimo príncipe de Gales, nadie fue capaz de convencerlo para que cambiara su parecer, hasta que un compañero, amigo de Abrahams, que también participaba en los Juegos, le cedió su lugar en su carrera, que iba a celebrarse otro día. Eric Lidell era un hombre de convicciones profundas, algo que tenía en común con Abrahams. Cuando el comité comentó lo acontecido, alguien dijo: “Hemos pretendido con este hombre separar su velocidad de su espíritu, infructuosamente por fortuna, en nombre de un exagerado orgullo nacional”.

Abrahams admiraba profundamente a Eric. Cada vez que corría, observaba todos sus movimientos, la forma como remontaba a todos hasta alcanzar la meta, a veces con bastante diferencia respecto del resto del grupo. No podía dar crédito a sus ojos, deseaba ser mejor que él, pero no sabía cómo.

Ellos nunca compitieron en las mismas pruebas, pero fue memorable la ocasión en que Abrahams se acercó a Eric para estrecharle calurosamente la mano después de que éste acabara victorioso una de sus carreras. No parece que Eric fuera tan consciente de la expectación levantada como Abrahams, no era tan competitivo como éste.

Harold Abrahams volvió victorioso de los Juegos de París, y los rectores de su universidad tuvieron que tragarse sus palabras. Eric Lidell también cosechó triunfos, pero abandonó por completo el atletismo para ser misionero en China, falleciendo unos años después. Era una persona muy querida y fue muy llorado por todos.

Como se decia en la pelicula, no sólo una razón les llevaba a correr más rápido que ningún otro hombre. Sus motivos eran tan diferentes como sus pasados. Cada uno tenía su propio Dios, sus propias creencias y su propio empuje hacia el triunfo. Fue la suya una cuestión de ambición y superación personal que marcó un hito en la historia de la competición deportiva.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Citas varias (II)

- “Escalerillas de caracol con pasamanos gastados que empiezan en la portería y acaban en terrazas de ropa tendida, luego de eternizarse en los descansillos” (Juan Cueto, escritor).

- “No es un hombre fácil. Amuralla sus sentimientos tras un aire de hostilidad”.

- “Un diario es un cuaderno para anotar la vida”.

- “Es en los detalles donde está la diferencia entre un caballero y un patán, una dama y una cualquiera”.

- “Los coches antiguos eran un estrépito de humo y tuercas”.

- “Tenía la piel nacarada, como el interior de las conchas” (Pequeño teatro, de Ana Mª Matute).

- “El viento soplaba, y se metía en el interior de las caracolas” (id.).

- “Él hablaba con el mar” (id.).

- “El centro de los ojos, dentro de su esfera verde, irisada, tenía una fijeza alucinada, inhumana. Eran los ojos de los locos, de los niños. Eran los ojos del sueño, de lo que no existe. Dentro de aquella esfera verde cabía la esperanza” (id.).

- “No perdía el dominio de sí, sabía beber con dignidad” (La vieja sirena, de Jose Luis Sanpedro).

- “Sus enormes ojos color verde mar tenían una curiosa manera de viajar sobre mí”.

- “En la oscuridad erraban mariposas de luz, como diminutos barcos flotantes”.

- “Rumor de conversaciones de oficina moderadamente clandestinas”.

- “Los pescadores matamos los peces para sobrevivir, pero nunca olvidamos el valor de sus vidas, su belleza y su valentía” (El viejo y el mar, de Ernest Hemingway).

- “No hay pecado, en una familia, que sobrepase el perdón” (De la película El príncipe de las mareas).

- “El fracaso no existe. Es simplemente la opinión que alguien tiene sobre cómo se deberían hacer las cosas. No hay ningún acto que deba hacerse de una manera específica, según el criterio de otras personas” (Tus zonas erróneas, del Dr. Wayne W. Dyer).


- “El telón de fondo de casi todas las neurosis es dejar que el comportamiento de los demás sea más significativo, más importante que el tuyo propio” (id.).

viernes, 26 de noviembre de 2010

Jane Eyre


Enganchada como estoy a las hermanas Brontë últimamente, le ha tocado esta vez el turno de lectura al libro de Charlotte, Jane Eyre, cuyo argumento no me era desconocido tras haber visto hace mucho la versión cinematográfica que en los años 70 protagonizaron George C. Scott y Susannah York, para mí la mejor de todas las que se han hecho.

Leyendo la novela, te sorprendes de lo acertado de la elección de actores que en su día hicieron para protagonizar esta película, pues el físico y la intensidad de las emociones que en ella despliegan sus protagonistas se corresponde muy fidedignamente a los de los personajes que encarnaron las figuras principales del relato.

En el film se abrevió bastante el principio y el final, en un afán de no alargar en exceso su metraje y quizá cansar al espectador. A mí me hubiera encantado que se hubiera reflejado todo lo que Charlotte Brontë escribió.

Su prosa te cautiva casi desde el comienzo, y tanto el relato de los hechos como los diálogos de los protagonistas me envolvieron en un torbellino de emociones infinitas, mezcla de todo un amplio repertorio de sentimientos que van desde la más absoluta dureza hasta la más delicada ternura.

Durante toda la historia somos testigos de la evolución interior de la singular mujer cuyo nombre da título a la novela, alguien que se ve obligada a pasar por las más duras experiencias vitales, y que consigue sobrellevar gracias a su enorme fuerza interior y a una fe casi inquebrantable en sí misma y en Dios. Aunque físicamente no aparenta ser gran cosa, su forma de hablar y de comportarse no pasan desapercibidos para los que la rodean, y sólo al conocer al que sería el amor de su vida ve que por fin es valorada en todas sus dimensiones. Nada más emocionante que sentir los ojos del amado o amada mirando dentro de ti, y que llegue a conocerte como ninguna otra persona sea capaz.

Charlotte Brontë escribió esta novela basándose en sus propias y terribles experiencias en el orfanato al que fue llevada junto con sus hermanas cuando murió su madre. De las cinco que eran, dos no lograron sobrevivir. Era aquella una época dura, sobre todo para la mujer, sometida a rígidas normas. Algunas de las ideas que se defienden en esta novela causaron mucha polémica en su momento cuando fue publicada, porque pasaban por alto muchas convenciones sociales.

Leyendo Jane Eyre las horas transcurrieron como si fueran minutos, sin apenas darme cuenta. Hacía mucho tiempo que esto no me sucedía con un libro. Yo misma me sorprendía del gusto y el interés que este relato había despertado en mí, pues aprovechaba cualquier rato libre para retomarlo y, al mismo tiempo, no quería que se acabara nunca. No lo leía tampoco con prisa, pues me encantaba saborear cada palabra, cada pensamiento que aportaba, cada nuevo acontecimiento que tuviera lugar. Quisiera poder escribir así, con esa riqueza de vocabulario y de ideas, con ese lenguaje tan intenso y tan vivo. En comparación, encuentro mi prosa pobre, escasa de ideas, siempre encorsetada en los mismos términos que me parecen torpes muletas a la expresión de mis pensamientos. Cada vez me falla más la inspiración.

La banda sonora de la película, una de las más bonitas que he escuchado en mi vida, contribuía al toque trágico, romántico y absolutamente sentimental que caracterizó el estilo cultivado por las tres hermanas Brontë en sus libros, un estilo que no por clásico está pasado de moda, apto sobre todo para espíritus sensibles y seres que a lo mejor hemos pertenecido a otra época, quizá en otra vida.

Ilustro este post con la imagen que aparece en la carátula del libro, un cuadro de Carlton Alfred Smith, que supo captar a la perfección la atmósfera que se respiraba en aquella época y en esa zona de Inglaterra.

jueves, 25 de noviembre de 2010

La vida como una película

No es cierto que la vida puede llegar a confundirse con lo que vemos en las películas, sino que éstas se confunden con la vida, se alimentan de ella. Todos sabemos que con frecuencia la realidad supera a la ficción. Por eso es bastante probable, por ejemplo, que vayamos a nuestro restaurante preferido y, aunque lo conozcamos y nos guste, no nos fiemos de la limpieza del servicio y saquemos nuestros propios cubiertos de plástico de unas bolsas que llevamos guardadas en los bolsillos, como en Mejor imposible. O el cocinero del restaurante podría ofrecernos una patata pelada, cortada con forma de flor y teñida de púrpura con el jugo de una remolacha, pinchada en un tenedor como si fuera una rosa sobre su tallo. Tal como pasó en Frankie y Johnny.

Podríamos abrirnos paso, cuando atravesamos una calle en la que hay demasiada gente, invocando el poder de Dios con una larga vara, como hizo Moisés en Los diez mandamientos cuando separó las aguas del mar para que pasaran los suyos. O hacer como Spiderman, lanzar unas cuantas mallas pegajosas contra las fachadas de los edificios para desplazarnos a gran velocidad por encima de todo y de todos.
La colmena en la que vivo podría estar amenazada por un carnicero que ocupara un local en la planta baja y que abasteciera su tienda con los restos de los vecinos que va asesinando, uno por uno, sistemática y sigilosamente, como en Delicatessen.

Podríamos hacer un largo viaje y encontrarnos en medio de África, de noche, sentados a una mesa delicadamente preparada, mientras degustamos una deliciosa cena, a la luz de una hoguera, disfrutando de una grata conversación, dejándonos envolver por los sonidos nocturnos, como en Memorias de África.

Si nos sintiéramos muy solos, podríamos hablar con un coco igual o mejor que si fuera alguien de nuestra propia familia, como en Náufrago.

Cuando nos lanzáramos a una piscina para refrescarnos un caluroso día de verano, podríamos quedarnos dentro del agua para sentir el mismo silencio que sienten los que no pueden oir, como en Hijos de un dios menor.

Puede que nos encontremos hombres anónimos que no resistan la tentación de ser héroes cuando la ocasión se presente, corriendo por la acera mientras se quitan la camisa, para lucir el traje especial que llevan puesto debajo, y sin el que no podrían ser superhéroes (toda puesta en escena  requiere su atrezo), como en Superman.

Y si buscáramos trabajo, podríamos llegar a ser secretaria en un despacho que resultase ser la antesala de la mujer más influyente y tiránica del mundo de la moda, como en El diablo se viste de Prada. O un puesto de profesor en un instituto de un barrio marginal, en el que consiguiéramos con sudor y casi sangre ganarnos el respeto y el cariño de un puñado de alumnos problemáticos, como en Rebelión en las aulas.

Y por qué no acabar nuestros días cuidados por ese chófer al que durante años hemos agobiado con nuestras manías y prejuicios, y que al final es la persona que, a fuerza de estar con nosotros, ha resultado ser la única que nos comprende y nos ha llegado a querer, como en Paseando a miss Daisy.



Como decía Aute en una de sus canciones, que toda la vida es cine, y los sueños cine son.

martes, 23 de noviembre de 2010

Pintura hiperrealista (XVI): Ruddy Taveras


Desde hace poco cuento con un nuevo seguidor de mi blog, Ruddy Taveras, artista algunas de cuyas obras guardo en mi colección particular de pintura hiperrealista de mi ordenador, y que sólo esperaba el momento oportuno para salir a la luz, como todos los anteriores que le han precedido. Es un honor inesperado que agradezco sobremanera.
Ruddy es un creador precoz que empezó a pintar con doce años de forma autodidacta. A los catorce ya exponía y vendía.
Sus cuadros hablan por sí mismos, hiperrealismo en estado puro, más que fotografía. Son imágenes puras, limpias, perfectas. Un derroche de talento.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Un poco de todo (VII)

- Hace poco he sabido de un fenómeno meteorológico que me ha parecido sorprendente y espectacular por un correo electrónico que me mandó una amiga. Se trata de las nubes Morning Glory. Aparecen en diversas partes del mundo, pero donde son más espectaculares y conocidas es en el norte de Australia.

Es una gran nube en forma de rollo que puede alcanzar los 1000 km. de largo, 1 a 2 km. de altura y que puede desplazarse a velocidades de hasta 60 km/h. Suele ir acompañada de ráfagas de viento repentino. En la parte frontal de la nube hay fuertes movimientos verticales que transportan el aire a través de la nube y es lo que crea la apariencia de rollo.

Suelen estar asociadas a las brisas marinas. Los vientos a nivel del suelo cesan cuando la nube pasa por encima.

En Buketown, pequeña población australiana de sólo 178 habitantes, pueden verse entre septiembre y octubre. Allí acuden pilotos de parapentes y alas deltas a los que les gusta volar sobre ellas. En una ocasión hubo una que atravesó Inglaterra, pero no pudo ser avistada porque se formaron nubes por debajo de ella.


- Qué cierto es aquello de que nunca sabemos lo que va a ser de nosotros, no ya sólo en el futuro, sino en breve plazo; cualquier acontecimiento inesperado puede dar un giro radical a nuestras vidas. Así ha pasado con un amigo de mi hijo, que no hace mucho estuvo en mi casa comiendo. De origen sudamericano, aunque él nació en Madrid, en aquel momento vivía solo con su padre y era huérfano de madre, detalle éste que me conmovió profundamente y me llevó a invitarle a comer ese día y todos los que quisiera. Sergio me pareció un chico de carácter afable, grande como un armario, educado y un poco tímido. Intuí, por algunas cosas que dijo, que debía estar acostumbrado a ocuparse de sí mismo. Ahora Miguel Ángel me ha dicho, para mi sorpresa y estupor, que también ha muerto su padre, por enfermedad.

Sergio tiene un hermano mayor, que se marchó de casa hace años y del que nunca han vuelto a saber nada, y una hermana también mayor, que por lo visto no se ha querido hacer cargo de él. En poco tiempo pasará a ingresar en un orfanato, y ya ha empezado a regalar a sus amigos y amigas, que son muchos, su X-Box, su play y muchos de sus objetos personales, que allá a donde va no se puede llevar. Se irá del instituto y del barrio. Y me consta que lo hará sin exhalar una sola queja.

Se me ocurrió proponerle a Miguel Ángel que si le parecía bien que viniera a vivir a casa, a adoptarle si fuera posible. Sergio me había llegado al corazón, y el destino que ahora se abría ante él me resultaba injusto y cruel. Pero los chicos son egoístas. “Para mamá, a dónde vas. No es nuestro problema”, me dijo. 

Como he leído en el libro que me estoy leyendo, Jane Eyre, “Asistir al sufrimiento y sacrificio de otros hizo que dejara de pensar sólo en mí misma”. Es una gran verdad. Mirando lo que ocurre a nuestro alrededor, se puede decir que no tenemos derecho a quejarnos, da igual cuáles sean nuestros problemas. Qué duro debe ser no tener a nadie que te reclame, no importarle a nadie nada.

Le dije a mi hijo que en cuanto pudiera salir de esa institución le invitara a venir por casa cuando quisiera. Como es tan parco no sé si lo hará.
A Sergio lo voy a tener siempre en mi corazón.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Temple Grandin (II)

Temple aprendió a dibujar observando a un diseñador que trabajaba para uno de los mataderos en los que la contrataron. Era capaz de recordar todos los detalles casi al milímetro.

Ella puede hacer una simulación virtual en su mente como la harían los equipos informáticos actuales. Cuando va a construir cualquier cosa, la pone a prueba primero en su imaginación. Puede verla desde cualquier ángulo, por encima o por debajo, haciéndola rotar al mismo tiempo. “Para crear nuevos diseños, extraigo piezas y componentes de mi memoria y las combino en un conjunto nuevo”.

“Siendo autista, no asimilo la información que la mayoría de las personas da por supuesta. En cambio, la almaceno en mi mente como si se tratara de un CD-ROM”. Recuerda el caso que aparecía en la película Rainman.

“Si dejo que mi mente vague, el video salta en una especie de asociación libre (…) Las personas con autismo más grave tienen problemas para detener estas asociaciones sin fin”.

“Las relaciones personales carecían totalmente de sentido para mí hasta que desarrollé símbolos visuales para las puertas y ventanas. Sólo entonces pude comenzar a entender conceptos tales como aprender a dar y recibir en una relación personal”. Temple, cuando comenzaba una nueva etapa de su vida, se imaginaba a sí misma atravesando todas las puertas que había visualizado en su vida, una detrás de otra. De esta manera se sentía más segura ante lo desconocido.

“En mi adolescencia y juventud tenía que usar símbolos concretos para entender conceptos abstractos (…) El Padrenuestro fue algo incompresible para mí hasta que logré desarmarlo y convertirlo en imágenes visuales específicas. El poder y la gloria eran representados por un arco iris y una torre de transmisión de electricidad”.

Hay muchos autistas que poseen un alto coeficiente intelectual. Suelen ser diagnosticados como Asperger o autistas de alto funcionamiento. Temple afirma que personajes como Bill Gates o Einstein tienen rasgos autistas.

Para compensar sus déficits sociales, la persona autista necesita hacerse muy buena en su trabajo para obtener reconocimiento. Necesita encontrar personas que les aconsejen y orienten bien para que puedan canalizar sus talentos naturales.

Como los autistas son emocionalmente inmaduros, se les debe inculcar fuertemente unos principios morales básicos que interioricen desde niños.

“La percepción de mí misma, como persona con autismo, se basa en lo que pienso y hago. Yo soy lo que pienso y hago, no lo que siento. Tengo emociones, pero mis emociones son más parecidas a las de un niño de 10 años o un animal”.

Leyendo muchas de las experiencias que cuenta Temple Grandin, no puedo evitar encontrar en mí muchas similitudes respecto a su comportamiento. De niña me pasaba el tiempo haciendo asociaciones de imágenes, y me recreaba en los detalles más nimios de todo lo que me rodeaba. Era incapaz de decir más de cinco palabras seguidas excepto cuando hablaba con alguien de mi familia o alguna de mis pocas amigas. No fue hasta muy mayor, estando en la universidad, cuando pude mantener una conversación fluida. Todo lo atribuía a que era introvertida, pero seguramente había algo más porque recuerdo con horror mi relación con los compañeros de clase tanto en el colegio como en el instituto. Había como una barrera invisible entre el resto de la gente y yo, sensación que sigo teniendo.

“En el instituto había aprendido a controlar un poco la ansiedad y el miedo constantes encerrándome en mí misma y soñando despierta, pero a los otros chicos les parecía fría y distante y me daban de lado”, recuerda Temple. Yo era objeto de burla por este motivo. Como me dijo una profesora en una ocasión, delante de toda la clase: “Pilar, siempre estás en primera fila, pero siempre al margen”. Lo cierto es que mi autoestima era muy baja en aquellos tiempos.

Mi fracaso matrimonial no ha contribuido después a que todo esto mejore. Por cuántas cosas tuve que pasar que en nada me beneficiaron. Desde luego la clase de persona que elegí para compartir mi vida era lo último que yo necesitaba.

Como le pasaba a Temple, llevo muy mal el rechazo ajeno, porque siempre lo considero arbitrario e injusto, y aunque ahora ya consigo remontarlo, la persona que me haya infringido dolor, sea del tipo que fuere, puede formar parte de mi círculo habitual en un cierto momento, pero nunca podrá formar parte de mi corazón, y eso incluye a los miembros de mi familia. Puede que mis “rasgos autistas” sean producto de mis circunstancias más que un problema de nacimiento, pero lo que sí aprecio enormemente, y ya de una forma quizá exagerada, son las muestras de afecto de los demás, a las que temo siempre no saber corresponder con el suficiente énfasis.

Mi hijo va por el mismo camino también. Sufre un bloqueo emocional importante, sólo manifiesta afecto por muy pocas personas (y algún animal), rehuye la mirada, le asustaban de niño los sonidos fuertes (a mí me sigue pasando), no le gusta que le toquen (sólo de vez en cuando), y no suele hablar mucho, sólo con los pocos amigos que tiene, aunque su nivel de lenguaje ha sido siempre bastante alto. Yo veo dentro de él y sé que hay un ser tierno y dulce en su interior que sólo aflora en ocasiones, cuando está relajado, y que pugna por salir para poderse realizar como persona, pero como no puede conseguirlo esto le hace sufrir. Ahora he encontrado a un profesional que le va a poder ayudar, con un poco de suerte.

Un mundo este muy particular y muy interesante, y que Temple Grandin nos ha sabido mostrar a su manera tan especial.
 
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