viernes, 17 de enero de 2014

Emociones tóxicas (XIII): la culpa


Los seres humanos percibimos el mundo según nuestras emociones y actuamos en consecuencia; por lo tanto, si nuestro interior no está sano, nuestro exterior tampoco lo estará. No siempre las emociones que experimentamos nos favorecen, sino que, paradójicamente, muchas veces atentan contra nuestra felicidad. Tal es el caso de la culpa falsa o culpa tóxica, que posee un efecto letal: bloquea nuestra capacidad de disfrutar de la vida.

La culpa real es la que se produce cuando se transgrede una ley, ya sea moral, universal o divina, teniendo conciencia de ello.

La culpa tóxica se produce cuando los sentimientos de culpa provienen de causas emocionales. Esta clase de culpa muchas veces es utilizada por otras personas para manipularnos.

Nuestra conciencia nos hace experimentar culpa como una señal de que no estamos haciendo “lo que deberíamos”.

La persona sumergida en la culpa tóxica está segura de lo que “debería” hacer y toma ciertas creencias falsas como leyes universales:

- Debería hacer lo que me dice tal persona
- Debería ayuda a todos los que me rodean
- Debería escuchar los problemas de toda mi familia y de todos mis amigos y de todo el mundo
- Debería hacer felices a los demás antes que preocuparme por ser feliz
- Debería ser siempre feliz, no debería enfadarme.

Cada uno es responsable al cien por cien de sus propios pensamientos, decisiones y acciones.

Si te dicen: “Es culpa tuya, tú me dijiste que hiciera esto”. Responde: “No, tú eres el responsable de tus decisiones”.

Si te dicen: “Estoy enfadado contigo”. Responde: “Ese es tu problema, yo no tengo nada que ver”.

Tampoco veas al otro como una víctima cuando dice: “Me tienes que ayudar porque estoy sufriendo”, y te tiene 5 horas al teléfono. Cuando dices que te tratan como a una persona sin valor, es porque tú decides serlo.

Hay gente experta en acusar, y cada uno es responsable al cien por cien de su vida, tiene libre elección. No te sientas mal por lo que otros deciden.

Gente que parece sentirse culpable hasta de respirar, de dónde puede haber salido tanta culpa. Estas culpas fueron semillas sembradas a muy temprana edad.

Una de las causas más frecuentes proviene de la forma en que los padres tratan a sus hijos frente a un error cometido: emplean actitudes hostiles y degradantes. Si la culpa se origina en el núcleo familiar, el sentimiento “culpógeno” puede llegar a durar toda la vida, ya que en edad temprana cuestionamos mucho menos la realidad que se nos presenta y la aceptamos como cierta. A muchos niños se les hace sentir inferiores, culpables, indignos por actos que no tienen nada que ver con la transgresión. Y lo lamentable es que crecen en estos ambientes. Estos niños se convertirán en adultos que, a menudo, tenderán a sentirse incapaces, inseguros, reaccionarán mal y con angustia ante toda situación frustrante.

Cuándo puede originar culpa tóxica una familia:

1) Desgracias familiares. Puede suceder que, cuando uno logra salir de ese círculo, sienta la culpa impuesta por los mismos miembros del grupo familiar. Sobre todo si a la persona le va bien en la vida pero en su familia continúan las dificultades.

2) Sucesos negativos y falta de acción ante ellos. Cuando alguien de la familia sufre y no se hace nada, indirectamente se siente culpable por una demanda no explícita: “Me tienes que ayudar”. Debemos saber que la persona que llora y no hace nada para salir de su situación dolorosa está transmitiendo culpa.

3) Otros que sufren más. “Te quejas por un globo roto cuando hay tante gente que sufre de hambre”. Muchas personas como esta niña serán las que luego te digan. “Te robo un minutito”, o te preguntarán si te pueden molestar cinco minutos. Siempre se sentirán mal frente a los demás, como si estuvieran de más en la vida.

4) Ser distinto. Es la persona que es distinta del resto de la familia. La consideran como una traidora porque piensa de forma diferente.

Características de una persona que vive con culpa tóxica:

a) Busca ser herida. Es la persona que elige relaciones en las que sabe que la van a maltratar. Siente que no tiene valor.

b) Se hiere a sí misma. La crítica es una semilla que le entra en el corazón y crece para convertirse en una voz interna que condena. La autocrítica es el resultado de las culpas que se transformaron en voces internas condenatorias permanentes.

c) Hiere a los demás.

Estrategias para librarse de la culpa tóxica:

1) Si me equivoco, pido perdón y sigo adelante, no me detengo ahí. Con una vez basta. Tratemos de no repetir el error y prosigamos hacia nuestros objetivos.

2) Si me equivoco, reparo el daño producido.

3) Si me equivoco, verbalizaré mi culpa.

Cambia la culpa tóxica por tu derecho a disfrutar:

a) Disfrutaré de todo lo que poseo. Haz de cada ocasión algo especial.

b) No importa que me critiquen por disfrutar.

c) Disfrutar no es algo que encuentro, sino algo que llevo. Hay gente que precisa estímulos externos para sentirse bien. Libera la alegría que hay en tu interior, porque no es algo que se encuentra sino que está en ti.

d) Yo soy el presente. Los jóvenes son el mañana, pero nosotros tenemos el presente. Podemos influir en él, cambiarlo y disfrutarlo.

e) Disfrutaré de mí. Si no disfruto de mí mismo, no podré disfrutar del resto. Debes ser el 1º en amarte y respetarte. Los otros lo harán como consecuencia.

f) Seguiré los deseos de mi corazón. Especialmente, y muy influenciadas por la cultura, las mujeres han relegado sus deseos poniendo por delante los del resto. Muchos padres han puesto en primer lugar a sus hijos y así se han destruido las parejas tras años dejadas de lado. Muchos hijos han puesto en primer lugar a sus padres y no han vivido sus vidas, etc.

Sentimientos nobles pero actitudes equivocadas, muchas veces impulsadas por un gran “sentido de la responsabilidad” malinterpretado y muchas veces utilizado por manipuladores para sacar provecho de personas bien intencionadas.

g) Seré sabio. Recuerda que no tienes que demostrarle nada a nadie. Si disfrutas, hazlo por ti.

(Del libro de Bernardo Stamateas)

miércoles, 15 de enero de 2014

Gallardón y su ley del aborto


A Gallardón hace tiempo que se le va la pinza, y mucho. No hubo más que verle cuando supo que no iba a ser candidato a la presidencia de este país, parecía un niño enrabietado porque no se ha salido con la suya. Su ambición no conoce límites, y su soberbia. Tras ese aire infantilón que tiene se oculta un déspota a todos los niveles, incluido el personal. Hace poco me enteré, aunque es vox populi hace mucho, que le es infiel a su mujer desde tiempo inmemorial. Si estuviera en EE.UU. ya le habrían hecho retirarse de la política por comportamiento indecoroso, con lo puritanos que son allí. Y lo tendría merecido.

Porque quién es él para dar lecciones morales cuando no se es un ejemplo para nadie ni siquiera como ser humano. Se atreven a nombrarlo ministro, y donde vaya tiene que armarla. Porque ese es el pasatiempo de todos los idiotas, llamar la atención en todo momento para que todo el mundo esté pendiente de ellos. Si lo hubieran puesto al frente de otra cartera habría pasado lo mismo, se las habría ingeniado para organizarla con alguna propuesta desquiciada.

Lo de la nueva ley del aborto es un ejemplo claro. Quién es este señor para restringir los casos en los que se admitía esta práctica. Ya de por sí ha sido siempre un tema polémico, para qué darle más vueltas. Yo, que estoy en contra del aborto en casi todas sus formas, sin embargo un resto de humanidad me lleva a considerarlo en lo que se refiere a los embarazos con síndromes como el de Douglas. Cómo permitir que una criatura tenga sufrimiento fetal, y cómo se ha de sentir una madre sabiendo que no puede interrumpir un embarazo en el que su futuro hijo está agonizando casi desde el mismo momento en que es concebido.

Un tipo inmoral como Gallardón no puede jugar a ser Dios, decidiendo quién puede existir y quién no. Qué vida es esa para el que tiene tan pocas posibilidades de sobrevivir a una gestación. Es el nunca suficientemente dilucidado tema del bien morir, esa eutanasia que no termina de formar parte de ninguna legislación. Cuántos problemas para un hecho tan natural y cotidiano como es la muerte y para algo tan básico y trascendental como la dignidad humana. Si hasta la piedad llega a los animales, cuando nada se puede hacer por ellos y están padeciendo, cómo no va a llegar a las personas. Me gustaría verle en una situación como esa, porque cómo decidir y mucho menos legislar sobre lo que sólo se conoce de oídas.

Él, que tiene tantos hijos, reconocidos al menos, porque con ese vaivén adúltero puede que tenga algunos más, no sabe lo que puede suponer la restricción que quiere llevar a cabo. Parece una medida de los católicos más acérrimos y recalcitrantes, él, que es un pecador nunca arrepentido. Hace falta ser hipócrita, y descerebrado.

Todo lo bueno que hubiera podido hacer en el pasado, cuando aún la ambición política no parecía tan arraigada en él, se ha ensombrecido con sus desmanes de los últimos años. En lo único que se parece a su padre, que fue un político insigne, es en su gusto por el escarceo extraconyugal. Lo llevamos claro si tipos como este están en puestos de importancia, decidiendo sobre el bien y el mal.

martes, 14 de enero de 2014

Un poco de todo (XXII)


- Ya no sabemos qué hacer para llamar la atención. Lo del Día sin pantalones en el Metro es la gota que colma el vaso. No sé por qué para romper la monotonía diaria de los viajeros hay que inventarse este tipo de cosas. Y como siempre, copiamos todo lo que venga de Norteamérica, pues por lo visto es una costumbre que tienen en Nueva York desde hace varios años.

Las fotos son para desternillarse, gente en paños menores, sin complejos eso sí, leyendo un libro, escuchando música o charlando como si fuera lo más normal ir por ahí en ropa interior. Se dejan fotografiar con aparente desinterés. Pero ¿y el frío? ¿A quién se le ocurre proponer esto en pleno mes de enero? Se supone que se vestirán en cuanto tengan que salir a la calle, aunque yo no sé algunos dónde llevarán el pantalón porque no parecen haberlo guardado en ninguna parte. No se ven bolsas ¿debajo de la cazadora quizá?.

Las que llevan tanga ya van enseñando mucho, y los chicos aprovechan para lucir sus calzoncillos más sexys e imaginativos, de paso que presumen de músculos los que van al gimnasio. Chulos no faltan nunca, y más en este país. Aunque no deja de parecer muy raro ir tan abrigados por arriba, hasta con gorros de lana y todo, y tan desnudos por abajo.

¿Qué será lo próximo que se les ocurra? ¿Quitarse las camisetas? Ahí nosotras tenemos más que enseñar, más vamos a romper la rutina del viajero de Metro, y ellos serán los que mejor se lo pasen mirando. Que vengan las de Femen y completen la propuesta, esas parecen no pasar frío nunca.

- Y hablando de frío, tremenda la ola polar que está asolando EEUU estos días. He leído que en muchos estados la sensación térmica, debido al viento, ha llegado a ser de 40 grados bajo cero. Se dice pronto. Aunque, curiosamente, sólo se ha registrado una veintena de fallecidos. Circula una anécdota, no sé si será cierta, de que un preso que se había escapado volvió a la cárcel al no ser capaz de resistir tan bajísimas temperaturas.

El fenómeno meteorológico nos ha dejado hermosas imágenes: el Central Park helado, donde por lo visto no se registraba un frío así desde hace 118 años, o las cataratas del Niágara congeladas, algo que no es la 1ª vez que sucede, pues vi hace tiempo unas fotos sorprendentes en las que aparecian en ese estado ya a principios del siglo pasado, aunque eran imágenes en blanco y negro y no se podía apreciar la belleza del momento a todo su color como ahora.

Todo se debe a una tormenta colosal a la que, por una vez, han puesto nombre masculino, Hércules, rompiendo la costumbre de poner nombres femeninos a todos los desastres meteorológicos, y el frío alcanzó incluso a sitios como Hawai en los que no están acostumbrados a las bajas temperaturas. El río Michigan, en Chicago, era una pista de patinaje de hielo de la que salía una niebla que le daba un aire misterioso. He visto también imágenes de gente dando paladas con la nieve hasta la cintura, para poder desenterrar sus coches, o la vista aérea de un gran barrio residencial de Chicago cubierto por la nieve.

En fin, será este un invierno que difícilmente podremos olvidar.


lunes, 13 de enero de 2014

Master Chef


Sergi Arola
Tienen desde hace tiempo mucha aceptación los programas de cocina en televisión, desde aquel lejano Con las manos en la masa hasta los que inició Arguiñano, y toda la secuela que ha venido después, buscando el éxito que éste tuvo. Los concursos también han tenido su hueco como Esta cocina es un infierno, con Mario Sandoval y Sergio Arola en reñida competición. Aquí ya pudimos ver las primeras muestras de la larga saga de programas de este tipo en los que se maltrata a los participantes, con la excusa de que así aprenden más rápido y mejor. En realidad hay pocos concursos, de la índole que sean, en los que no se hostigue a los que tienen la desdicha de participar en ellos, como si de un entrenamiento militar se tratara. Por lo visto no es cuestión de divertirse y ganar un premio, sino que antes hay que pasar un calvario en el que tu dignidad y tus derechos como persona son puestos en entredicho. Es incluso hasta desagradable de ver. No veo por qué tenemos que copiar el estilo de programas que hacen en EE.UU., si allí se divierten con eso pues mejor para ellos.

Mario Sandoval
No hace mucho el programa de Alberto Chicote, copia como decía de otro que existe en Norteamérica que guarda bastante menos las formas, nos descubría los entresijos de algunos restaurantes al borde de la quiebra, cuyas cocinas en la mayoría de los casos producían repulsión. Fue una idea acertada pero muy reiterativa, terminaba cansando.

Ahora Chicote, aprovechando su éxito, se ha reenganchado con un concurso en el que colabora con otros dos chefs, mujer y hombre (ya era hora de que alguna fémina se hiciera con los fogones), para ponerle las pilas a un montón de cocineros, muchos de ellos con experiencia profesional, venidos de todas partes de España. Es, una vez más, copia de otro que se hace en EE.UU., Master Chef. En él, tres afamados cocineros ponen a prueba los nervios y la habilidad de los concursantes, convocados en masas.

Alberto Chicote
Uno de los cocineros es el que hacía la versión americana del primer programa de Chicote, un señor muy rubio y muy alto, muy nervioso y bastante chabacano, aunque es el único que dice algo amable de vez en cuando. Se presenta como dueño de un montón de restaurantes, con varias estrellas Michelín en su haber.

Otro de los expertos cocineros es un hombre joven, aunque por lo grande y lo obeso parece mayor. Viste de manera informal, y no es demasiado borde cuando critica los platos de los concursantes.

El 3º es un señor muy trajeado con el aspecto de fabricación en serie que tienen ahora todos los hombres cuarentones que van de cool: rapado para disimular que son calvos, ropa muy ajustada, aire distante. No sonríe nunca, y casi no habla. No le gusta casi nada de lo que prueba, y se limita a echar una mirada intimidatoria y despectiva al concursante de turno, sin decir nada. Si alguna vez se decide a hablar suele ser muy hiriente, déspota, y hasta cuando dice algo agradable mantiene su hierática postura, como si le hubieran metido un palo por el culo. Es una actitud forzada, antinatural, con la que pretende parecer un tipo interesante, duro, cuando en realidad resulta antipático, maleducado, insípido y ortopédico. Dice ser dueño de un montón de bodegas, vinotecas y restaurantes.

A los concursantes se les sitúa en grandes naves de aspecto industrial, en las que se han dispuesto filas de fogones y encimeras para que desarrollen sus creaciones durante una hora. Mala filosofía la de estos programas, los cocineros que los llevan deberían saber más que nadie que para que una comida salga bien no debe haber prisas. La cocina es tiempo, deleite, dedicación. También es cierto que cuando se trabaja en un restaurante y hay que dar de comer a mucha gente se debe ir rápido, pero yo sigo pensando que esto es incompatible con un buen resultado.

Hay quienes, aún así, consiguen platos magníficos, como pasó con una chica, treinta y muchos años y rasgos sudamericanos, que hizo unas tartaletas de frutas con un aspecto increíble, teniendo en cuenta que la masa la debían hacer ellos mismos. La rapidez y la capacidad de improvisación se valoran mucho.

Otro fue expulsado porque puso harina cruda en su guiso, algo que por lo visto es imperdonable. Había sido una medida tomada en el último momento para intentar espesar un caldo. Y varios dejaron sus comidas a medio hacer porque no habían encendido el horno con suficiente antelación.

En una de las pruebas les dejaban a todos un pollo y un montón de aderezos, y debían cocinarlo como mejor creyeran. Había gente que se metía en unos líos impresionantes, cocinando salsas complicadas, o todo lo contrario, haciendo algo muy corriente con lo que no podían lucirse. Casi todos salieron escaldados, con los platos sencillos es donde lo tienen más difícil curiosamente.

En la penúltima prueba los situaron en un local de diseño precioso y el ganador podía escoger en una despensa enorme y muy fashion todos los productos que quisiera, con lo mejor que un cocinero se pudiera encontrar. Había un chico muy joven y guapo, con la pinta típica de los universitarios pijos estadounidenses, que se daba aires de superioridad y que no caía bien a nadie, no sólo por su arrogancia sino también por proceder de una familia adinerada, algo que por lo visto les parecía a todos muy censurable. Pensaba que siempre tenía que destacar y que debía ser él el vencedor, y le molestaba visiblemente que los demás tuvieran reconocimiento y se alabara su trabajo. La antipatía que le tenían se correspondía con la que él sentía por los demás. Me dio un poco de lástima, porque se veía que era víctima de una educación equivocada que le perjudicaría toda su vida.

En fin, que entre unos y otros estamos bien servidos en la parrilla televisiva, nunca mejor dicho. Esto de la cocina interesa a mucha gente, por lo que se ve, aunque no sé si lograremos aprender nuevas recetas con las que innovar nuestro menú diario, pues se cocina mucho pero no se explica bien cómo ni con qué. Dónde está el amor y la laboriosidad que han hecho falta siempre en la cocina para que los platos salgan ricos. Si nuestras abuelas levantaran la cabeza y vieran lo que se hace ahora, centrifugar lechugas, caramelizar cebollas, gasear, usar sopletes, en fin, se horrorizarían.


jueves, 9 de enero de 2014

Wagner


Wagner fue la penúltima interpretación de Richard Burton antes de morir. Siempre fue un actor intenso, había algo en él de una brutalidad contenida, incluso en la vejez, cuando hizo este papel, ya próximo a su fin. Hace poco leí sobre su vida, y me pareció comprender mejor por qué era así. Burton pertenecía a una familia muy humilde y numerosa, y fue obligado a dejar de estudiar para ponerse a trabajar, para finalmente ser adoptado por un profesor que le animó a seguir su incipiente afición interpretativa y que le dio su apellido.

Recuerdo que vi esta serie con sumo interés (estaba yo en el instituto), pues mi padre ha sido siempre un gran megalómano y había escuchado la música de Wagner en innumerables ocasiones. La mezcla del sonido tan intenso de sus sinfonías con la recreación de su vida me impactó enormemente. Sus composiciones sobrecogen, son como fuerzas telúricas que arrastran, remueven nuestro interior y, al mismo tiempo, nos llevan en algunos de sus pasajes a tocar el cielo con dulzura y delectación.

Está rodada con un ritmo contenido, lento, recreándose en ambientes y situaciones muy concretas, con un tono muy intimista. Los diálogos grandilocuentes, las tomas largas con muchos picados desde arriba que dan una idea de la majestuosidad de los palacios y paisajes que frecuentó Wagner, los primeros planos que recogen al detalle las mil y una emociones de los protagonistas, el silencio, en el que los gestos y las actitudes son más elocuentes que las palabras, todo ello hacen de esta producción un tratado magistral sobre la vida de este gran músico, en la que sus problemas personales, sus deslices y debilidades, y en suma su genialidad son tratados con gran sensibilidad. Pudiera pensarse que la escabrosidad de algunos episodios de su existencia resta valía a su talento como compositor, pero no fue así.

Vemos la lucha interna de un Wagner ya muy reconocido, cuando sus ideas políticas no coinciden con las imperantes en su ciudad natal, y tiene que exiliarse. Es un hombre de convicciones profundas, capaz de renunciar a una vida acomodada, a pesar de las protestas de su 1ª mujer, que no dejaba de atormentarle con sus lamentos y reproches, que tenía muy mala salud y no le dio hijos, y a la que fue infiel con cuantas mujeres pudo.

Ella nunca renunció a volver a su hogar, cosa que hizo en cuanto pudo, aunque Wagner prefería estar en cualquier otro sitio. Luis II de Baviera estaba hipnotizado con su música, y a él debe haber tenido una larga carrera y una vida acomodada. Todo lo que pedía le era concedido, lo cual no obsta para que tuviera desencuentros con el monarca, con el que no tardaba en reconciliarse.

Hubo una época en que Wagner despilfarraba el dinero, viviendo con ostentación, haciendo muchas fiestas y regalos a sus amigos, pagando prostitutas para sus orgías. Puede que esa fuera en realidad la existencia que había querido siempre llevar, o puede que ese desenfreno ocultara otras carencias del compositor.

Conoció a Cósima cuando aún estaba casado, interpretada en la película por la siempre magnífica Vanessa Redgrave. Ella también lo estaba. Formó un curioso trío con el marido, que parecía consentir por su admiración a Wagner, por su falta de carácter o simplemente por su ingenuidad. Ella fue la mujer definitiva, la que le dio hijos. Juntos vivieron en varias ciudades, en grandes mansiones rodeadas de jardines, bosques y lagos. Ella fue la que le dio el amor que necesitaba, la serenidad, la inspiración. Cósima, hija de otro gran compositor, veneraba su música, y le ahorraba la pesadez de las cargas cotidianas o cualquier otro asunto que pudieran distraerle.En respuesta, él la adoraba, y por su cumpleaños, antes de que se levantara de la cama, hizo que su orquesta entrara en su casa y la despertara con una suave melodía compuesta por él, tocando sus instrumentos en las escaleras, como si fuera la cosa más normal. A pesar de los muchos años que estuvieron juntos nunca faltaron los besos, las caricias, los abrazos. En su casa había un ambiente musical, daba clases, componía, ensayaba con músicos, mientras Cósima se movía entre todos ellos, atendiendo a unos y a otros, al mismo tiempo que se ocupaba de sus hijas, habidas en su anterior matrimonio, y el hijo que tuvo con Wagner.

Él tenía un carácter muy temperamental, y era propenso a los excesos. Extremo en sus afectos y desafectos, amaba profundamente a los que le favorecían y despreciaba al que le hiciera la más mínima crítica. Su vanidad buscaba los aplausos, el reconocimiento, la inmortalidad, y se complacía manifestándolo.

Un día, mientras Cósima comía con sus hijos, recibió una carta. Aunque iba dirigida a Wagner, ella leía toda su correspondencia. Era un mensaje de amor de una princesa rusa a la que conocía desde hacía años y que fue su mentora durante un tiempo. Ella entró en el gabinete, donde el músico escribía y gozaba de cierta tranquilidad, y le reprochó que pudiera tener un affaire con aquella mujer. Él se sintió indispuesto repentinamente, se levantó por un momento buscando la ayuda de su mujer, y se volvió a quedar sentado, con los ojos cerrados, como si de pronto estuviera muy cansado y todos los años se le hubieran venido encima de golpe.

Cósima sostuvo su cadáver durante 25 horas, pero le sobrevivió 47 años. Luis II casi enloqueció cuando le dieron la noticia, empezó a romper todo lo que había a su alrededor mientras lloraba y gritaba, tal era la pasión y la admiración que sentía por él. Hombre de personalidad infantil, obsesiva y trastornada, terminó suicidándose adentrándose en las aguas del Rhin 3 años después.

Wagner y sus sinfonías despiertan fascinación, conmueven los más profundos cimientos del alma, y nos hacen ver a un hombre que, independientemente de los aciertos y los errores que tuvo, vivió intensamente aún a costa de su propia paz y la de los suyos, pues siempre dijo e hizo lo que sentía, sin medias tintas, gozando y sufriendo con igual extremo. Nos ha quedado su obra, para la posteridad.


miércoles, 8 de enero de 2014

La Navidad según cada cual


Ahora que ya han pasado una vez más la Navidad y el Año Nuevo, con sus eternas y reiteradas tradiciones, podemos hacer una reflexión sobre lo que estas fiestas han sido y son para nosotros. Empezando porque a cada vez más gente le repatean ciertas costumbres que suelen llevar incorporadas. Una amiga se quejaba asqueada de haber sido felicitada y besada por compañeras de trabajo que son unas harpías, a las que por decoro social tiene que poner buena cara,sabiendo que sus buenos deseos e intenciones son una falacia. La hipocresía social nos obliga a veces a vivir situaciones estomagantes, sobre todo en esa época.

Un compañero de trabajo me decía que la Navidad y el Año Nuevo han adquirido una dimensión desproporcionada, una brillantez artificial, de forzado cumplimiento de ciertos ritos irritantes, como ser invitado una y otra vez a grandes comilonas, tener que hacer regalos a tutiplén o imbuirnos de un buenismo que no sentimos en absoluto el resto del año. Se reúnen las familias que normalmente se evitan, teniendo la Navidad como única excusa para poder decir que aún tienen algún vínculo. Es una verdadera pena.

Qué difícil es en la edad adulta abandonar siquiera por unas breves semanas esa capa gris que nos reviste cada día y nos acartona(rutinas, obligaciones, preocupaciones) para participar de un juego, al fin y al cabo, en el que hay magia, dulzura y bondad. Son estos elementos que no deberían faltar nunca en nuestras vidas, relegados como están a la noche de los tiempos de nuestra infancia, por lo que nos cuesta tanto recuperarlos y hacerlos nuestros de nuevo con cada Epifanía.

Hay quienes no pueden hacerlo ya, porque la ilusión se fue hace mucho y ya no son capaces de sentirla. Para los que tenemos creencias religiosas no es tan difícil, pues ese es el auténtico espíritu de estas fiestas, aunque lo olvidemos con frecuencia y sólo pensemos en lo material. La historia de los Reyes Magos de Oriente, la estrella que los guió y el portal de Belén son nuestro camino hacia la luz. Como ha dicho el Papa Francisco, el camino de los Reyes Magos es el camino que nosotros seguimos también.

Después de todo somos un compendio de todas las etapas por las que pasamos en la vida, niñez, juventud, madurez y vejez, no abandonamos cada una para siempre sino que sigue con nosotros hasta el final. Es por ello por lo que entonces no debería ser tan complicado recuperar los tesoros extraviados en lo más recóndito de nuestra memoria y nuestro corazón para volver a disfrutar de ellos. El post que Lorza girl, un blog que sigo, dedicó a estos recuerdos me conmovió y me hizo reir al mismo tiempo, como me suele pasar con casi todo lo que su autora escribe.

Ella se acordaba del Belén que montaba su familia en su infancia, aunque con el tono jocoso que la caracteriza. Las figuras tenían un ojo más grande que el otro, unas eran pequeñas y otras enormes, las luces rojas no llegaban a todas las hogueras, por lo que sólo se beneficiaban el portal y los pastores, la castañera se calentaba con una verde y la posada estaba iluminada con una rosa, por lo que su madre decía que parecía un puticlub, y al ángel como era inestable se le rompían las alas cada dos por tres, como le pasa al que tengo yo ahora.

Yo adoraba el Belén de mi infancia, y recuerdo que también había alguna que otra figura desproporcionada respecto a las demás. Me llamaba la atención el “caganer”, que nosotros poníamos tras el castillo de Herodes, para que se fastidiara con el mal olor, era como una irreverencia, como un castigo para el malvado. En el Corte Inglés he visto este año uno que estaba metido en una caseta, una especie de aseo hecho con maderas rústicas, en una versión menos silvestre al no tener que hacer sus necesidades a la intemperie.

Esto de montar el Belén tiene su aquel, pues cada uno lo hace como quiere. Solemos olvidar el estilo árabe de las casas de Judea, y en cada país o región lo hacen a su manera. Aquí en España hay mucha casa labriega destartalada con corral para gallinas y mucho botijo. He visto estrellas guiando a los Reyes que igual eran un cometa que parecían un cuásar, y portales con tantas luces de colores que asemejaban Las Vegas.

Lorza girl se quejaba de la costumbre de su familia de intercambiar los regalos en Nochevieja en lugar de hacerlo en Nochebuena o el Día de Reyes, porque era cuando podían asistir todos a la vez, algo que al hacerse mayor ya no es así, aunque se mantenga la fecha. Quería que su hija, que es muy pequeña, fuese adquiriendo los hábitos que tiene todo el mundo. Su hermano menor se disfrazó de Rey Mago, pero la niña, como es inteligente y muy observadora, a pesar de su corta edad se daba cuenta de que algo no cuadraba, de que aquel personaje tenía la cara de alguien que ya conocía y que de mago no tenía nada, y miraba como con sospecha.

Sumé mi comentario a otros que recibió su post, preguntándome por qué tenemos que engañar a los niños para que tengan una ilusión. ¿La realidad no lo permite?.En fin, que cada cual se toma estas fiestas como le parece, pues sabemos de antemano que nunca llueve a gusto de todos. A mí sí me gustan, e incluso me parece que duran poco.

Hace poco me contaron que en Cataluña no quitan los adornos de Navidad hasta el día de no recuerdo qué Santa, a principios de febrero. Esa costumbre tengo yo, sin saber que ya existía. Aunque este año no creo que la cumpla, porque vendrá la profesora que da clases a mi hija de inglés y a ella le da vergüenza que no sigamos las costumbres que tiene todo el mundo. Tratándose de mí ya debería estar acostumbrada.



martes, 7 de enero de 2014

El libro de Mercedes Milá


Hace unos meses hice una breve mención al libro de Mercedes Milá, Lo que me sale del bolo, original y desvergonzado título que, de entrada, despierta curiosidad. Y vuelvo a él porque quisiera mencionar algunos de los pensamientos y emociones que su autora nos ha querido dejar, un compendio de algunas de las cosas que publica en su blog, y que reproduzco a continuación.

Ella, en una época de su vida en la que el tiempo era difícil de llenar, ha sido mis ojos y mis manos. Se refiere a una chica que hace comentarios en su blog.

Escribir un blog es encontrar un tesoro y en eso estamos: abriendo cofres.

Siempre que pueda ayudaré a transmitir un mensaje que pueda servir a alguien.


Es inaguantable tener que aceptar que hay mujeres que ya están marcadas como árboles que deben ser derribados.
Es el sino femenino, según donde nazcas o la época que te ha tocado vivir, así están condicionadas nuestras vidas.

Los faros siempre evocan sentimientos. No se mueven, indican la seguridad, la llegada a lugar sin miedos; aguantan lo que el mar les eche, resisten, disfrutan antes que nadie del sol y de la luz de la mañana. Desde hace unos años viven en soledad, pero no les importa: funcionan igual sin escuchar voces ni ruidos humanos. Fueron cobijo de sentimientos, risas y lágrimas; fueron testigos de lo más íntimo de los humanos que vivieron en sus entrañas. Hoy son los que siempre fueron, y lo son aislados del mundo.

El día de mi 60 cumpleaños me regalé a mí misma escuchar el silencio de las montañas y no contestar ni una sola vez mi teléfono móvil. Dejé en el contestador un mensaje que decía que estaba cumpliendo un sueño, que no tenía cobertura, que podían dejar mensajes, si querían. Cuando me paré a escucharlos, me abrumaron; necesité varias horas para oírlos todos y contestarlos: todos habían entendido que un sueño no puede ser interrumpido. Ese día se fue a esquiar con unos amigos, algo que le encanta y que pensó que no podría hacer nunca más, antes de que le operaran de la rodilla.

Einstein decía: “El aprendizaje es experiencia, lo demás es información”. Y también: “No aprendes porque eres inteligente, aprender cosas te hace inteligente”.

Propondría vaciar las cárceles y volverlas a llenar con estas gentes que tanto daño nos hacen. Si consiguiéramos saber las personas que, sin que su trabajo lo haya justificado jamás, han recibido un trato parecido al Sr. Pego, reuniríamos a un grupo escandaloso de gentes.Se refiere a un alto cargo de Novacaixagalicia que, con 54 años, decidió prejubilarse y cobrar una cantidad exorbitante.

Un blog como este sirve también para empequeñecer nuestros terrores. Sentirse acompañado sentirse leído y comprendido, es otra de las herramientas que nos da la vida. Hasta hace pocos años esos pozos negros que se hunden en nuestros corazones tenían pocas posibilidades de ser compartidos, de ser conocidos por personas que pudieran entender el lenguaje que utilizásemos. Hoy, gracias a Internet, sin conocerte te conoces, sin verte te ves y te sientes y sin saber casi ni lo que dices llegas a ayudar a pasar el puente del dolor a una persona que te lee.

Alguna vez os habréis sentido Meryl Streep, aunque jamás hayáis estado en África ni tampoco un hombre se haya ofrecido a lavaros la cabeza junto a un río. Esa magia tiene una extraordinaria potencia y, de hecho, sirve para sobrellevar muchos momentos difíciles de nuestras vidas. A veces me pregunto si los actores habrán recibido el agradecimiento de las personas que se emocionaron con ellos, si habrán sido conscientes de haber llegado al fondo de nuestras almas y de haberse quedado ahí para siempre.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Un mundo pequeño. Albert Casals


No creo que exista una persona más libre que Albert Casals. Todo lo que pasa por su cabeza lo lleva a la práctica, sin plantearse las dificultades que pueda entrañar. Si algo le resulta especialmente complicado, entonces desiste, simplemente. Para él lo imposible es llevar una existencia como la de la mayoría de la gente, haciendo todos los días lo mismo, no lo podría soportar. No comprende cómo se puede vivir así.

En Un mundo pequeño, largometraje dirigido por Marcel Barrena que, según he leído en Internet, “mezcla el autofilmado con un estilo visual próximo al documental”, Albert cuenta sus experiencias a lo largo de un viaje que le llevó desde su Barcelona natal hasta un faro perdido en los confines de Nueva Zelanda. En compañía de Anna, su novia desde hace un tiempo, recorre el mundo en busca de nuevas experiencias.

Durante la cinta se intercalan las peripecias de los viajeros con opiniones que sobre ellos tienen sus familiares y amigos, así como con películas caseras en las que se ve a Albert cuando era pequeño. Era muy rubio y tenía un gesto testarudo, caminando con normalidad. Luego cuando enferma de leucemia, con 5 años, que fue cuando murió su madre. También jugando con un hermano menor, o saliendo de casa con muletas para ir al colegio. Su padre dice que las abandonó pronto, porque no podía llevar los libros o correr al mismo ritmo que los demás chicos.

El médico que le operó habla de Albert con un afecto enorme. Recuerda lo duro que fue todo para él y los suyos, y su afán de superación cuando supo que ya no podría utilizar sus piernas. “Albert hace cosas que mucha gente no sería capaz de hacer ni con silla ni sin ella”, afirma categórico. En ciertos momentos a duras penas puede contener las lágrimas. Él ha sido más que un paciente, le conmueve y le admira profundamente.

Su padre, un hombre muy vivaz, rehízo su vida con otra mujer tras quedarse viudo. Se le ve en las películas caseras cogiendo a su hijo en brazos en la orilla del mar, con los pies metidos en el agua, señalando algún punto perdido en el horizonte. Fue un padre paciente y abnegado, que sonreía cada vez que estaba con Albert para no entristecerle, el dolor lo dejaba para cuando no le veía. Albert lo recuerda siempre animado, no tuvo sensación de trauma ni duelos en su infancia, sólo veía el lado positivo de las cosas y que había que seguir adelante, algo que le transmitió a él.

Los padres de Anna, su novia, son también muy libres. Dicen que nunca se les ocurrió prohibir a su hija esa relación ni ninguna otra cosa que quisiera hacer, porque aunque es joven ya tiene edad para decidir por sí misma. “A los hijos no se los puede retener, no puedes atarlos porque no son tuyos”. Estoy aboslutamente de acuerdo con ellos. Parecen contentos porque su hija está contenta, y eso es lo único que importa.

Las amigas de Anna son de otro parecer. Dicen que nunca harían lo que ella ha hecho, jamás estarían con un chico minusválido, y que no comprenden cómo ella sí. Una cuenta que, sin embargo, al verlos juntos, él tirándose desde la silla al césped donde estaba Anna y jugar como niños, tan felices, cree que realmente es posible.

Albert no se comporta como un minusválido convencional. Para él la silla de ruedas no tiene nada de particular, “es como llevar gafas o ropa distinta”. No ve el impedimento, lo que le hace diferente a los demás, porque si él es distinto lo es por otras razones, por su forma de ser, por su personalidad. Lo que demuestra que los obstáculos están la mayoría de las veces en nuestra mente.

Y especial es porque allá donde va la gente le ofrece lo que tiene. Viaja sin apenas dinero, pero su simpatía, calidez y candidez, además del dominio del inglés, por qué no, le hacen granjearse la amistad de seres de todas las razas, edades y sexos. Dice que las personas con traje y corbata son de las que menos puedes esperar, y en cambio de las personas más llanas y sencillas lo puedes esperar todo, aunque apenas te conozcan.

Igual pasan la noche en una modesta pensión, como en un cuarto de servicio de una estación de tren que les permiten utilizar, al raso si hace buen tiempo, o en un hotel estupendo porque se ha ganado la simpatía de otras personas que viajan por negocios y les han dado una de las habitaciones que habían reservado.

En la Muralla China Albert sube sentándose uno a uno en los peldaños y ascendiendo, pero para bajar ahorra tiempo y esfuerzos tirándose escaleras abajo de una forma en la que se supone que no se hace daño. Desde la cintura hasta los pies su cuerpo parece el de un muñeco de trapo y puede que no tenga mucha sensibilidad. Anna, que lo graba con la cámara, le grita espantada que no haga eso, y le medio regaña, pero él no hace mucho caso.

En otro momento del recorrido Albert se da un baño en un lago y se sienta en la hierba para tomar el sol. El aire parece muy limpio y hay una quietud en el aire como en pocos sitios puedes encontrar. Eso es disfrutar de la vida, sin más complicaciones.

Algún tiempo después Anna se siente enferma y no puede salir de la habitación de una de las pensiones en la que han recalado. Él se va a dar una vuelta por la ciudad porque se aburre, aunque sea de noche. Anna, a solas, le dice a la cámara que no se siente capaz de continuar el viaje, que desde hace un mes se encuentra mal, y llora al pensar que no está a la altura, pues Albert lleva muchos años recorriendo el mundo y está más entrenado.

Mientras ella regresa a su casa con la intención de reincorporarse en cuanto esté bien, Albert continúa su periplo en solitario, como ha hecho durante tanto tiempo antes de conocerla. Con un gran mapa en la mano, no hay frontera que se le resista. Se acuerda de su chica por algunos comentarios que hace mientras graba, pero sin sentimentalismos vanos. La tristeza o la nostalgia no tienen cabida en su corazón, son sentimientos inútiles que no llevan a ninguna parte, y que impiden gozar de la vida con plenitud.

Albert cuenta que ha viajado en barco más de una vez usando el recurso de la pena que produce en los demás un minusválido: hace como que se ha caído de la silla y con el revuelo de varias personas acudiendo a la vez para ayudarlo, se olvidan de pedir billetes y como si tal cosa. Es como si se riera de la actitud ajena ante su situación y además sacara partido de ella. En Albert no hay prejuicios, traumas ni complejos.

La Nochebuena la pasa en un tren. Está en un vagón con literas con otras personas. Les enfoca con su cámara y le saludan sonrientes. En Nochevieja se encuentra en casa de un tipo con pinta extraña, que le ha acogido. Creo que está en Praga. El piso es modesto, y Albert toma con su cámara los fuegos artificiales que se ven a lo lejos, mientras se refleja en los cristales de las ventanas la imagen de su anfitrión, con la cabeza rapada y el torso desnudo, mirando sonriente lo mismo que él.

Parece que tampoco existe para Albert la necesidad de pasar en familia estas fiestas que para los demás suelen ser de reunión con los seres queridos. Él no necesita seguir tradiciones, ni costumbres, ni normas socialmente aceptadas. Cuando quiere ver a los suyos lo hace, no como una rutina más que venga impuesta por la fecha en la que esté. Y siempre está acompañado, hace amigos allá por donde va, la soledad es un término que tampoco está en su vocabulario, algo que no está interiorizado en él. Como hace las cosas un poco al tuntún uno puede pensar que es porque es simple o atolondrado, pero en realidad es por su enorme espontaneidad, su naturalidad, la pureza de su mente y su corazón, la inocencia intacta. La aventura es improvisación. Se le ve ya grande, veinteañero como es, pero al mismo tiempo parece todavía un niño. Sin embargo, por todo lo que dice se aprecia que tiene muy claras las cosas de su vida.

En un momento dado, cuando Anna ya se ha reincorporado al viaje, Albert se siente enfermo. Tiene fiebre y se queda como adormecido. En la escena siguiente su novia se enfoca unos segundos, en ese afán de ambos por grabarlo todo, y dice desesperada que lo lleva corriendo a un hospital. Está muy asustada. Una vez allí, y aún convaleciente en la cama, Anna está hablando con él diciéndole la cara que se le había puesto cuando empezó a sufrir convulsiones y no podía respirar. Por lo visto algo le había producido un cuadro alérgico agudo. Tampoco la salud de Albert es lo fuerte que debería, posiblemente por secuelas de su enfermedad, aunque él parece no darse por enterado. “Eso le puede pasar a cualquiera, sales a la calle y te puede pasar cualquier cosa”, le resta importancia, pero cuando enfoca a Anna ella se ha retirado junto a una pared para llorar. Le dice que no llore, y ella que no la enfoque estando así.

Un viaje, como la vida misma, que es otro viaje, está lleno de alegrías y dificultades. Al final consiguen llegar a donde se habían propuesto, en los confines de Nueva Zelanda, y Albert se pone a hablar en inglés con alguien que encuentra por allí, diciéndole que es español, los sitios que ha recorrido y algunas de las peripecias vividas. Su interlocutor parece muy sorprendido y admirado, mirando su silla de ruedas, le parecerá increíble.

Como dice el director del largometraje, “el mundo está pasando una década gris y triste, pero el color de las cosas puede ser un estado mental”. Eso es lo que aprendemos de Albert y su mundo pequeño, porque cuando él lo recorre, con tanta facilidad, no nos parece ya tan grande como creíamos que era.

viernes, 27 de diciembre de 2013

De animales y plantas


Me enseñaba mi hijo hace poco en el portátil la foto de un Carlino con el pelo reluciente negro azabache, aún una cría en manos de su dueño. Está empeñado en que si alguna vez compramos un perro que sea uno así. Los gustos vienen impuestos por las modas, y en una época donde lo feo y lo extravagante se lleva tanto no es extraño que guste esta raza de ojos saltones y estrábicos, morro baboso y aplastado y cuerpo chato. Mi hija prefiere los labradores, que son realmente bonitos, aunque por el tamaño que alcanzan no son los más adecuados para tener en un piso.

Hasta hace poco se llevaba el pastor alemán y el yorkshire terrier, que al andar parecían pequeños felpudos limpiando el suelo, animales que caben incluso en un bolsillo, muy coquetos. De niña recuerdo que proliferaba el sheltie, que era la raza de Lassie, espectacular.

Miguel Ángel afirma categórico que no es una pena tener un perro en casa, que es una especie que está adaptada al ser humano y que, al contrario, no podría sobrevivir sin él. Como que desde que nacen están ya predestinados. Y no es la 1ª vez que oigo decir algo semejante.

Yo por supuesto me opuse a su idea. Ningún animal nace para ser utilizado por el hombre, lo que pasa es que hay ciertas especies que por sus características han podido ser usadas para fines domésticos. Un animal salvaje, fuerte, capaz de defenderse, no puede estar en el ámbito humano, sometido. Miguel Ángel cree que es porque son inestables, que cambian de humor constantemente, pero yo le dije que eso no era ser inestable sino salvaje, que aunque ahora sea una palabra que se suela utilizar en tono despectivo para referirse a alguien que se comporta sin control, en realidad ha sido siempre una cualidad de los que han nacido y son libres.

A fuerza de verlos entre nosotros nos llegamos a creer que un caballo ha nacido con un jinete encima del lomo, o que un gato o un perro forman parte de la decoración de una casa. Cierto es que si se han acostumbrado a ser cuidados por las personas, si luego se les permite ser libres no saben sobrevivir, pero no sería así si se les hubiera dado la oportunidad de nacer en libertad. Así les pasa a todos los animales nacidos en cautividad, algo que me ha parecido siempre injusto y horrible.

“¿Te gustaría que te pusieran una correa al cuello y te sacaran a la calle para decirte cuándo y dónde tienes que hacer tus necesidades?”, le pregunté a Miguel Ángel, pero él no dio opción a discusión posible, porque no considera comparable la vida de un ser humano con la de un animal. Incluso dijo hace poco que las plantas no sienten, sólo porque carecen de las células nerviosas que poseemos el resto de los seres vivos. Le pregunté que por qué entonces las flores se abren y cierran según la intensidad de la luz solar, o por qué se inclinan hacia una ventana buscando esa luz si las colocas en un sitio que normalmente está oscuro. Las células fotosensibles son también una forma de sensibilidad. Y qué decir de las plantas carnívoras, con esos mecanismos que se activan por contacto y a vertiginosa velocidad.

Les conté a él y a su hermana que yo sería feliz viviendo en una casa rodeada por un jardín. Sería como esas mujeres que, con una cestilla colgando del brazo, cortan flores cada mañana para adornar los rincones. Aunque seguramente renunciaría a este placer porque nadie debe quitar la vida a ningún ser vivo sólo por hacer su gusto, incluso aunque se trate de una planta. Que siga creciendo y formando parte de la Naturaleza, su verdadero ámbito, como es el de los animales, y el nuestro también.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Emociones tóxicas (XII): el llanto


Es preciso saber administrar nuestras lágrimas para que el llanto no se vuelva una respuesta inmediata ante la frustración y de esta manera pase a ser un estado tóxico donde nos volvamos vulnerables y víctimas de todo.

Utilizando el llanto poco a poco hemos ido perdiendo la capacidad resolutiva frente a las circunstancias y nos hemos enredado en la autocompasión.

Muchas personas hipersensibles en sus hogares han recibido un entrenamiento para “vivir sufriendo” a través de las advertencias de sus padres.

Con estas enseñanzas, luego la felicidad se les hace algo imposible.

Las personas que se sienten atadas a algo de lo que no pueden escapar utilizan conductas repetitivas, costumbres y hábitos que les han enseñado para responder a las situaciones difíciles.

Cada emoción es producto de un pensamiento anterior.

Lo importante en la vida no son los acontecimientos, sino los pensamientos que tienes respecto a lo que está pasando.

Según cómo me vea o sienta, será la imagen que llevaré a donde vaya. Tendrás reacciones emocionales diferentes si piensas de manera diferente.

No son los acontecimientos los que determinan mi estado, sino los pensamientos que yo tenga con respecto a esos acontecimientos.

En cada situación que se produce en tu vida no debes responder de la misma manera. Hay situaciones en las que tienes que buscar nuevas respuestas.

Mi futuro será como yo creo que será.

Cuando en medio del dolor comiences a pensar en las cosas positivas de la vida, harás que el dolor empequeñezca y la esperanza se agrande.

Lo que nos repetimos de forma constante, esas frases interiores que formulamos todos los días, es responsable de nuestros estados de ánimo.

Existen 3 clases de llantos inútiles o tóxicos:

1) Las “lágrimas de cocodrilo” o el llanto manipulador. Cuando se aprende a pedir el amor y no se recurre a la manipulación, la persona queda libre del llanto tóxico.

2) Las “lágrimas religiosas que santifican” o el don de llorar.

3) Las “lágrimas por todo” o llorar según dice la cultura. Todos los llantos de la cultura te dicen cuándo deberías llorar, aunque ese llanto no te sirva para nada.

Hay 3 clases de llantos útiles o positivos:

1) Por dolor.

2) Por los cambios trascendentes.

3) Por revelación o iluminación. Está provocado por el descubrimiento de una verdad que uno desconocía.

En mi dificultad aprenderé a priorizar. Porque cuando uno pasa por un momento difícil es entonces cuando te olvidas de todas las tonterías insignificantes y empiezas a priorizar.

En medio de las dificultades realizaré mis mejores conquistas. En medio de la crisis surgirá toda mi sabiduría.

 
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