
Recuerdo que vi esta serie con sumo interés (estaba yo en el instituto), pues mi padre ha sido siempre un gran megalómano y había escuchado la música de Wagner en innumerables ocasiones. La mezcla del sonido tan intenso de sus sinfonías con la recreación de su vida me impactó enormemente. Sus composiciones sobrecogen, son como fuerzas telúricas que arrastran, remueven nuestro interior y, al mismo tiempo, nos llevan en algunos de sus pasajes a tocar el cielo con dulzura y delectación.
Está rodada con un ritmo contenido, lento, recreándose en ambientes y situaciones muy concretas, con un tono muy intimista. Los diálogos grandilocuentes, las tomas largas con muchos picados desde arriba que dan una idea de la majestuosidad de los palacios y paisajes que frecuentó Wagner, los primeros planos que recogen al detalle las mil y una emociones de los protagonistas, el silencio, en el que los gestos y las actitudes son más elocuentes que las palabras, todo ello hacen de esta producción un tratado magistral sobre la vida de este gran músico, en la que sus problemas personales, sus deslices y debilidades, y en suma su genialidad son tratados con gran sensibilidad. Pudiera pensarse que la escabrosidad de algunos episodios de su existencia resta valía a su talento como compositor, pero no fue así.
Ella nunca renunció a volver a su hogar, cosa que hizo en cuanto pudo, aunque Wagner prefería estar en cualquier otro sitio. Luis II de Baviera estaba hipnotizado con su música, y a él debe haber tenido una larga carrera y una vida acomodada. Todo lo que pedía le era concedido, lo cual no obsta para que tuviera desencuentros con el monarca, con el que no tardaba en reconciliarse.
Hubo una época en que Wagner despilfarraba el dinero, viviendo con ostentación, haciendo muchas fiestas y regalos a sus amigos, pagando prostitutas para sus orgías. Puede que esa fuera en realidad la existencia que había querido siempre llevar, o puede que ese desenfreno ocultara otras carencias del compositor.

Él tenía un carácter muy temperamental, y era propenso a los excesos. Extremo en sus afectos y desafectos, amaba profundamente a los que le favorecían y despreciaba al que le hiciera la más mínima crítica. Su vanidad buscaba los aplausos, el reconocimiento, la inmortalidad, y se complacía manifestándolo.
Un día, mientras Cósima comía con sus hijos, recibió una carta. Aunque iba dirigida a Wagner, ella leía toda su correspondencia. Era un mensaje de amor de una princesa rusa a la que conocía desde hacía años y que fue su mentora durante un tiempo. Ella entró en el gabinete, donde el músico escribía y gozaba de cierta tranquilidad, y le reprochó que pudiera tener un affaire con aquella mujer. Él se sintió indispuesto repentinamente, se levantó por un momento buscando la ayuda de su mujer, y se volvió a quedar sentado, con los ojos cerrados, como si de pronto estuviera muy cansado y todos los años se le hubieran venido encima de golpe.

Wagner y sus sinfonías despiertan fascinación, conmueven los más profundos cimientos del alma, y nos hacen ver a un hombre que, independientemente de los aciertos y los errores que tuvo, vivió intensamente aún a costa de su propia paz y la de los suyos, pues siempre dijo e hizo lo que sentía, sin medias tintas, gozando y sufriendo con igual extremo. Nos ha quedado su obra, para la posteridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario