
1º lo de su inmunidad ante la Justicia. El acelerado proceso de su aforamiento es un intento descarado de evitarle males mayores. Desconocía que el hecho de abdicar le dejara al mismo nivel que el resto de los ciudadanos en este sentido. Aunque, como se suele decir, el que nada malo hace nada malo tiene que temer, y con él parece que sí había que tomar precauciones, por lo que pudiera venir.

Y es que a D. Juan Carlos además le han salido por partida doble: una mujer belga y un catalán. No sé si será falso todo esto pero desde luego los que acostumbran a ser infieles deberían tener más cuidado cuando meten su llave en según qué cerraduras. Y es que cuando la lujuria te ciega las precauciones se olvidan.
Lo malo de nuestra monarquía es que hasta ahora creía que podía ejercer todos sus derechos como antiguamente, menos el de gobernar, y porque la Constitución se lo impide. Antes el rey hacía y deshacía, guerreaba y tomaba decisiones de Estado, campaba por sus respetos en todos los sentidos. Los poderes se le sometían, y la última decisión en todo la tenía él. Por eso la realeza es un residuo del pasado que actualmente ya no tiene mucho sentido, mera figura representativa en países extranjeros y protocolaria en determinados momentos contemplados constitucionalmente.
Los deslices extramatrimoniales están a la orden del día a todos los niveles, siempre ha sido así, pero en cargos como estos se pide siempre un decoro y una honorabilidad que pocos están dispuestos a tener. El hábito no hace al monje, vamos.

La inmunidad parlamentaria llega a aquellos a los que la Constitución ha señalado, grupo restringido aunque no selecto del que se excluyen ciertas figuras cuando cambian de estado. D. Juan Carlos ha perdido muchas cosas en este sentido, la dignidad entre ellas, aunque ya no la tenía cuando ejercía el cargo. Qué será lo que venga a continuación, la sucesiva aparición de males sin fin, y no me refiero a los de su quebrantada salud. Se cosecha lo que se ha sembrado, y parece que pesan más sus errores que sus aciertos, después de todo el trabajo realizado a los largo de más de 3 décadas de reinado. Los árabes le echarán de menos. Nosotros le debemos recordar por lo bueno que hizo, no sólo por lo malo. Ya que hablamos de justicia, seamos ecuánimes.
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