
Y es que cada Ministerio es un
mundo. En el Defensa lo pusieron cuando yo acababa de marcharme a Justicia,
aunque sólo funciona el correo electrónico y unas pocas cosas más relacionadas
con el trabajo, lo demás está capado. En Justicia, que fue cuando yo descubrí
el universo de los internautas, la única restricción que había, creo recordar,
era la de las compras on line. Al principio no sabía ni qué mirar, ni dónde
meterme, era como asomarse a una dimensión tan infinita que me sentía incapaz de abarcarla.
En Cultura no había trabas de
ninguna clase, y el único percance que tuve fue que el ordenador se infectó con
un virus al visitar unas páginas de arte. El que me lo arregló dijo en plan jocoso que a saber dónde me había metido para que me
pasara eso. En realidad en cualquier sitio al que accedas en Internet te puede pasar.
En Fomento tampoco hubo restricción,
de ahí mi larga lista de Favoritos que mencionaba al principio, y ahora en
Hacienda sí que las hay: no te puedes meter en redes sociales, lo cual es más
que comprensible, ni mandar correos desde tu e-mail particular, y ciertas
páginas están restringidas, aunque no sé muy bien por qué, por ejemplo la consulta del callejero. Son los
misterios de la censura administrativa. Las compañeras se las arreglaron para
que permitieran las compras on line, a las que son adictas. Yo no lo
utilizo, aunque han intentado infructuosamente que me aficione.

Ahora nos parece mentira imaginar un tiempo en que Internet no existía, es como si hubiera un antes y un
después. Nos ha cambiado la vida, igual que con la telefonía móvil. Me
pregunto qué nuevos avances tecnológicos nos traerá el futuro, hasta dónde seremos
capaces de llegar.
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