jueves, 13 de octubre de 2011

El desfile de la Hispanidad


Nunca antes había visto completo el desfile militar con motivo del Día de la Hispanidad, pero ayer estaba tan interesado mi hijo que lo estuvimos contemplando en televisión.

Él ya me había avisado de que algunas de las demostraciones aéreas que allí tienen lugar las podíamos ver simultáneamente desde casa, y así fue. Cuando descendía el paracaidista que llevaba la bandera de España atada a un pie, lo avistamos a lo lejos por la ventana, dando círculos mientras bajaba lentamente, con la enseña ondeando al viento. Lo mismo ocurrió cuando los cazas sobrevolaron el cielo por encima de unos edificios que están cerca de mi casa, dejando su estela de humo rojo y amarillo que al cabo de un rato se transformó en nubes rosadas.

La familia real estaba muy seria, diría yo que preocupada. Había habido abucheos cuando llegaron y empezaron a saludar a los miembros del gobierno y jefes militares. El príncipe miraba a un lado y al otro con ojos desconfiados y malhumorados mientras hacía el saludo militar junto a su padre al sonar el himno nacional, gesto idéntico al que exhibió el año pasado. El rey parecía estar muy tranquilo. Es un señor mayor que está delicado de salud y su máxima preocupación debía ser sin duda ser capaz de mantenerse en pie el tiempo que durara la ceremonia, a duras penas ayudado por su muleta futurista. A ciertas alturas de la vida se está pendiente de lo básico, y sobra todo lo demás. No así su hijo, que se siente herido en su orgullo y sufre por su familia.

Los abucheos, que este año fueron escasos, a mí me parece que van dirigidos sólo a los miembros del Gobierno, pero al estar todos allí juntos y revueltos se crea una situación muy incómoda. Y eso que se habían instalado paneles electrónicos advirtiendo que se guardara silencio y se tuviera respeto. Es increíble que tengan que poner ese tipo de cosas para que la gente se comporte con educación, aunque supongo que se tratará sólo de unos pocos exaltados y agitadores.

En la tribuna la familia real y autoridades presenciaron el desfile por primera vez sentados. Las condiciones físicas del rey así lo exigían. No sé por qué no delega estas cosas en su hijo, qué manía tienen ciertas figuras, monarcas y papas, en mantenerse en el puesto cueste lo que cueste, no se resignan a la jubilación, como si creyeran que se los fuera a relegar, a no tener en cuenta. Eso no es así: cuando uno ha cumplido su misión en la vida y además durante tanto tiempo, siempre hay un momento en que llega el merecido descanso y hay que saber retirarse antes de que no se pueda desempeñar el cargo con dignidad. Hay que tener clase hasta para eso.

Después de izar la bandera y de depositar la corona funeraria en honor a todos los que dieron su sangre por la patria, acto durante el que se entonaron cánticos exaltados y sentimentales, comenzó el desfile. Me pareció curioso que estuviera encabezado por 36 Harley Davison de la Guardia Civil (qué marcha), seguido de un montón de ancianitos puestos de pie muy tiesos en vehículos todoterreno que representaban a los veteranos, todos con traje azul, a los reservistas voluntarios y creo que también a los mutilados.

Luego siguieron los boinas negras de la Infantería Ligera de la BRIPAC, Unidad Militar de Emergencia, Unidad de Artillería, Artillería Antiaérea, Unidad de Transmisiones, Unidad mixta motorizada de la Guardia Civil, Regimiento Batería acorazada con carros de combate Leopardo 3, Unidad de Infantería de Marina, y Vehículos Centauro del Grupo de Reconocimiento de la Brigada de Infantería aerotransportable.

Volaron en escuadrón los aviones de combate F-18 dejando su estela con los colores de la bandera, los Mirage F-1, los aviones Hércules amarillos apagafuegos, los helicópteros Tigre y los camuflados de doble hélice (de esos dijo mi hijo que se tirará cuando sea paracaidista militar), y la patrulla Águila (aviones más pequeños que también dejaron su estela con los colores de la enseña nacional). Cerca de mi casa pasaron todos cuando se dirigían al desfile. Era como tener sitio en una tribuna exclusiva sin tener que aguantar aglomeraciones.

Continuaron los alumnos de las distintas Academias Militares, Unidades de Enseñanza de los 3 ejércitos, los infantes de Marina con sus uniformes azul marino con tobillos y pies blancos, los boinas verdes de la BRIPAC con sus bayonetas en las metralletas, los esquiadores-escaladores de montaña vestidos de blanco nuclear con boinas verdes, y las Fuerzas de Operaciones Especiales de camuflaje.

Cuando llegó La Legión hubo sonoros aplausos. A partir de aquí comenzaron las unidades más pintorescas, es como si dejaran lo más llamativo para el final. Con sus 160 pasos por minuto, cortos y rápidos, camisa de manga corta, pantalones marcapaquetes con tirantes y la cabra (también puede ser un carnero), los legionarios resultaban un grupo un tanto extraño, pues cuando más viriles pretenden parecer menos lo consiguen con esa forma de caminar, y encima con una suerte de majorette masculina que se pasaba una especie de bastón por todas las partes de su cuerpo. La verdad es que daban mucho espectáculo.
Le siguió la Unidad de Música y después los preferidos de mi padre, los Regulares, porque en su infancia los veía en Ceuta y en Ifni, lugares en los que vivió porque en ellos estuvo destinado el abuelo al ser militar. Son muy llamativos, con ese gorro rojo chillón con borla de flecos dorados, capa de un blanco níveo ribeteada en rojo por atrás y una especie de manguitos del mismo color y flecos que el gorro. Durante la marcha elevaban el brazo derecho flexionado a la altura de la cara. Su cadencia es muy elegante. Por lo visto son los más condecorados de todo el Ejército.

Siguió un Escuadrón de Caballería de la Guardia Civil que tiene misiones de protección civil y que llevaban el tricornio, una banda terciada y los manguitos amarillos, el pantalón blanco y la chaqueta azul marino con pechera roja. Unos caballos percherones tiraban de unos cañones de 1906 que aún seguían en uso. En su Unidad de Música tocan trompetas y van sobre caballos blancos.

Al terminar el desfile la familia real ya sí aparece sonriente. El rey se despide de los jefes de las distintas Agrupaciones. Al darle la mano a la reina, el jefe de los legionarios hace una rotunda inclinación de cabeza. Se tiene una imagen de ellos como de gente salvaje y bruta, pues antiguamente se decía que se enrolaban en ese cuerpo los desesperados y los marginados, pero en realidad son muy educados y caballerosos.

Una Unidad a caballo de la Guardia Real, Lanceros y Coraceros, con grandes penachos blancos sobre el casco plateado, chaqueta azul y pantalón blanco, acompañan a la familia real cuando se va. También los hay con penacho rojo y uniforme azul más claro ribeteado en rojo. 

En total fue poco más de hora y media. El día lucía magnífico, con un sol espléndido y un cielo azul despejado, algo poco corriente porque recuerdo otros años con frío e incluso con lluvia. Y el desfile lució muy vistoso, magnífico también.

martes, 11 de octubre de 2011

El método Dukan


Hace un mes que decidí comprar el libro de Pierre Dukan para informarme sobre su famoso método de adelgazamiento. Muchas voces se han alzado en su contra, pero después de leerlo me parece que aquellos que lo critican lo hacen movidos por la envidia o porque este método va a suponer cuantiosas pérdidas para las clínicas de adelgazamiento y las consultas endocrinológicas.

En dos ocasiones me he puesto en manos de un especialista, siempre coincidiendo con malos momentos de mi vida. La reacción de mi cuerpo ante la angustia y el dolor moral es la de ponerme como una vaca, y no porque me de ansiedad y coma más. La 1ª vez con 23 años, cuando murió mi abuela Pilar. Coincidió además con que había terminado mi carrera y tenía menos actividad. Decidí acudir a la consulta de un endocrino que encontré en las páginas amarillas y que resultó ser cara pero estupenda.

Siempre me recibía con música clásica. Palpó mi tiroides el primer día, cogió un michelín con una tenazas que llevaban una especie de reloj, para medir la cantidad de grasa corporal y, al cabo de un tiempo, pretendió incluirme a toda costa en un tratamiento anticelulítico, pero cuando comprobó aplicándome unas bandas de gel frío que yo no tenía semejante cosa, pareció incluso que le molestaba. En estos sitios se va sobre todo al negocio, aunque iban allí otros pacientes que sí tenían verdaderos problemas de salud, como un niño de unos 12 ó 13 años con un índice de colesterol bestial. A esos los trataba con sumo interés y delicadeza.

A mí me sometió a dos dietas hipocalóricas, una de 1200 calorías, y cuando dejé de bajar peso otra de 900. Pasé más hambre que el perro de un afilador, pesando todo lo que comía, con las rebanadas de pan integral racionadas, en fin, un horror. Me recetó unas pastillas que regulaban la función tiroidea, y otras para el abatimiento, que no me tomé. Como era la primera vez que me ponía a régimen adelgacé mucho y rápido, y luego me mantuve bien bastantes años.

La 2ª vez mientras estuve casada, siendo los niños aún pequeños. Era infeliz y estaba estresada. Fui a la consulta de una endocrina que le había dado muy buen resultado a una amiga de mi hermana. Ella aplicaba acupuntura, recetaba unas pastillas carísimas y restringía el consumo de ciertos alimentos. Recuerdo que mis hijos me acompañaban y se quedaban alucinados cuando me veían con los brazos y las piernas llenos de agujas. También adelgacé mucho y me quedé estupenda.

Ahora, después de mi divorcio, vuelvo a las mismas, pero ya no estaba dispuesta a gastar más dinero en consultas. El libro de Dukan me permite seguir las indicaciones en casa sin más. Los cinco primeros días son a base de proteína pura: carne de ternera, de pollo o de pavo a la plancha o asada, pescado a la plancha o cocido, huevos cocidos o en tortilla, marisco, embutido de pavo o york, leche desnatada, aspartamo como edulcorante, postres lácteos (natillas, mousses, yogures desnatados), y una cucharadita y media de salvado de avena mezclado con algunos de ellos. Nada de pasta, ni arroz, ni legumbres, ni pan, ni dulces, ni fruta. Después de esta introducción se incorporan las verduras, todas menos la patata, y la zanahoria con restricciones.

Se recomienda hacer ejercicio, pero muy moderado: unos abdominales en la cama al levantarse por la mañana y al irse a acostar, subir las escaleras evitando el ascensor, o ir a la compra dejando el coche de lado (el que lo tenga). Es una buena forma de cambiar las rutinas y hacer un poco de gimnasia.

También recomienda tomar las comidas frías, porque según Dukan el cuerpo necesita quemar calorías para poner los alimentos ingestados a la temperatura corporal. Yo particularmente esto no lo sigo porque necesito comer caliente, sobre todo para poder hacer una buena digestión.

Se adelgaza una media de cinco kilos al mes. Yo llevo poco más de un mes y he adelgazado 4 y unos gramos, y porque no he sido estricta. Puedes comer la cantidad que quieras de todo lo que está permitido, por lo que no pasas hambre. No se puede picar entre horas, aunque se hace una excepción a la hora de la merienda si se tiene apetito.

La parte del libro que está dedicada al mantenimiento, cuando ya se ha alcanzado el peso deseado, aún no me la he leído, pero espero llegar no tardando mucho. La verdad es que el método sorprende por su simplicidad, no hacen falta muchas cosas para volver a tener la línea que se perdió tiempo atrás.

Lo único que llevo mal, curiosamente, no es el no poder comer dulces o bollos, que sería lo normal en mí, sino la supresión de la fruta. Es lo que echo de menos, pero bueno, ya tendré ocasión de comerla de nuevo cuando acabe. La falta de vitaminas la suplo tomando un complejo vitamínico, Micebrina, que nunca está de más incluso aunque no se haga régimen.

De aquí a final de año no me va a conocer nadie, volveré a ser la que fui, en parte al menos.

lunes, 10 de octubre de 2011

Madagascar


Son muchas las películas de animación de Pixar que me han llegado al corazón por su especial sensibilidad, su derroche de imaginación y su tecnología tan sorprendente, pero los personajes de Madagascar en particular constituyen una inagotable fuente de humor y placer para mí. La 1ª vez que los vi me mareaba esa frenética actividad suya, moviéndose como una exhalación de un lado para otro, dando voces y haciendo aspavientos. Pero luego empezaron a formar parte de mi imaginario personal, por su forma de hablar y de ser y sus rocambolescas historias, terminando por convertirse en parte integrante de un mundo que evoco siempre que deseo reir o soñar.

Me conmueve la tierna e ingenua visión que tienen de la vida estos seres atrapados en un zoo en medio de una gran ciudad como Nueva York, que parecen no añorar su falta de libertad porque nunca la han conocido. Teniendo un lugar donde cobijarse, aunque sea de cemento, y comida asegurada a diario, les es suficiente. Álex, el león, ha perdido sus instintos salvajes, acostumbrado a hacer las gracias que el público visitante le pide y aplaude, como un trabajo que tiene sus horarios y sus servidumbres, aunque a él parece divertirle.

Cuando por fin salen de allí, siguiendo a Martin, la cebra, que quiere conocer la jungla, su llegada a la estación central es apoteósica. La anciana con gafas de culo de vaso que surge de repente de unas escaleras exhibe una fuerza descomunal e inesperada al sacudir con su bolso a base de bien a Álex, al sentirse amenazada por él. Son unas imágenes con las que me desternillo siempre que las veo.

Al arribar a Madagascar, de esa forma tan rocambolesca, arrastrados por las corrientes marinas metidos en cajas después de que naufragara el barco en el que viajaban, y su tremenda desorientación a cerca de dónde están, me conmueven, porque es como si volvieran a nacer, como si el destino les hubiera dado una 2ª oportunidad para vivir una vida más auténtica y ser felices. En su desconocimiento del mundo real, y al ser la primera vez que experimentan aquello, son como niños pequeños, no tienen referencias. Quién no se ha sentido así alguna vez.

Las trifulcas entre Álex y Martín son la monda, cómo compiten en la playa por ser el que mejor haga la choza o el que consiga encender el fuego más grande. Ellos, junto con Gloria, la hipopótama tan enorme y tan tierna, y Melman, la jirafa alocada, descubrirán no sin muchos recelos y sobresaltos ese mundo salvaje que hasta entonces desconocían, selvas intrincadas, una curiosa tribu de lémures histriónicos, praderas de hierba y flores (un paraíso en la Tierra), y sobre todo: aprenderán a valerse por sí mismos, a no reprimir ni avergonzarse de sus instintos, y a disfrutar de la libertad con todas sus consecuencias.

Hasta los pingüinos, peculiar banda pseudomafiosa, únicos, desternillantes, han renunciado a su hábitat natural para pasarse al clima cálido. Cuando regresan a la gelidez del polo deciden volver inmediatamente a la playa, después de medio segundo de reflexión, pertrechados con tumbonas, gafas de sol y crema bronceadora. En esta película abundan los contrastes, el estar fuera de lugar y sin embargo contentos.

Esta historia es ejemplificante para nosotros, los humanos, que vivimos encerrados en la gran ciudad en casas reducidas con trabajos rutinarios, llevando una existencia a medias por temor a descubrir qué hay más allá de los estrechos muros de nuestra paralizante cotidianeidad. Lo de tomarse un año sabático, como hacen algunos, no es suficiente. Hay que cambiar el chip, conocer otros lugares, otras personas, otras formas de vivir, y no sólo por una temporada: deberíamos romper las cadenas que nos atan a la seguridad artificial en la que nos movemos y atrevernos a experimentar cosas nuevas, a existir con plenitud, intensamente. 

Seamos como los personajes de Madagascar, así de espontáneos, de honestos, de libres. Venzamos nuestros temores, como hicieron ellos.

domingo, 9 de octubre de 2011

Jukebox (IV)


Recomiendo escuchar esta semana, en nuestra caja de música, unas cuantas canciones que sin duda no os defraudarán:

1.- Together again -Mike Candys

Dj suizo conocido sobre todo en Francia por su sonido electro. Ritmo trepidante donde los haya.

2.- Suk bromance -Tim Berg

Dj, remixer y productor sueco, que con sólo 22 años ha reventado las listas de éxitos con sus creaciones.

3.- Umbrella y Only girl -Rihanna

Umbrella, que fue lanzado en 2007,  supuso uno de los primeros éxitos de esta jovencísima cantante negra que ha saltado a la palestra pública tanto por su talento como cantante como por su turbulenta vida personal. Only girl salió el año pasado y ha encabezado también los primeros puestos de las listas.

4.- Crazy -Gnarls Barkley

Es el nombre del duo formado por el productor Danger Mouse y el cantante de rap Cee Lo Green. La canción es de 2006, y el video está inspirado en el test de Rorschach, que en psicodiagnóstico se emplea para evaluar la personalidad. No es el primer video en el que utilizan imágenes caleidoscópicas acompañadas de ritmos muy acústicos. Resulta muy hipnótico. Es siempre un placer escuchar este tema, da igual el tiempo que haya pasado desde que fue compuesto.

5.- Remember me -Blue Boy

Pseudónimo del Dj escocés Alexis Blackmore. Sacó este temazo en 1997 y si Crazy es un placer para los sentidos éste lo es aún más.


viernes, 7 de octubre de 2011

El lenguaje SMS


Hacerse con las nuevas tecnologías no es siempre tarea fácil, pero manejar el lenguaje que arrastra consigo es aún más complicado, al menos para mí.

No soy capaz de entender la mayor parte de lo que quieren decir las frases que aparecen en la parte inferior de la pantalla en ciertos programas, cuando la gente manda mensajes por el móvil para dar sus opiniones en televisión. Sílabas sueltas, cambio de b por v y al revés, omisión de la h inicial o de vocales, usar números o signos aritméticos en lugar de las palabras, cambio de c por K, o de b por w, o de la y por i, etc.

La mayoría de las cosas que pretenden decir se sobreentienden por el contexto de la frase, porque son palabras amputadas que por sí solas no significan nada: tmb en lugar de también, a2 en lugar de adiós, knto por cuánto, wuenas por buenas, xq en lugar de porque, estoi en vez de estoy. Luego hay términos que suenan hasta mal, y de los que desconozco su etimología y cómo se ha llegado a semejante aberración, como "xoxo" que significa abrazos y besos (¡¿?!).

Luego están los emoticones, unos que expresan estados de ánimo, como :) que es alegría o xD que es carcajada, y otros que representan objetos y suelen ir entre paréntesis, como (L) que es corazón, o (K) que es beso.

Una vez le pregunté a mi hija si lo hacían a propósito para resultar originales o es que eran medio analfabetos. Ella me dijo que lo hacían así porque querían, pero tengo mis serias dudas al respecto. Analfabetismo puro y duro es lo que es. Terminaremos hablando con onomatopeyas.

Comprendo que se haya inventado un pseudo lenguaje con el que poder comunicarse vía SMS, pues el formato requiere simplicidad y rapidez, pero también sucedía lo mismo cuando antaño se enviaban telegramas, y sin embargo se entendía perfectamente todo lo que en ellos se decía. Había economía de palabras, no de sintaxis.

Si soy incapaz de leerlos, mucho menos de escribirlos. Mi hermana me manda mensajes al móvil que tienen mucho de ese lenguaje, no todo, quizá porque la moda nos ha pillado un poco tarde. Y mis hijos lo utilizan habitualmente. Yo me siento bloqueada si pretendo hacer lo mismo, no me sale, me parece una aberración. No estaré en la onda, pero me da igual.

El lenguaje de los SMS parece más el balbuceo de alguien que sufre retraso mental o algún problema foniátrico o de afasia que le impide desarrollar un discurso normal. Tendemos a economizar, a esquematizar, a reducir casi a la nada la cultura y la comunicación. Y esto afecta hasta a los libros de texto de nuestro actual sistema educativo.

Me niego a perderme en esos desiertos lingüísticos en donde hace tiempo desapareció todo vestigio de vida, producto sin duda de la apatía y la fugacidad que imperan en nuestro mundo hoy en día. Yo seguiré poniendo cada sílaba en su sitio, cada coma, cada punto. Será más largo, tardaré más, pero me entenderá to quisqui, no sólo unos cuantos que están en esa extraña y exclusiva “onda”.

jueves, 6 de octubre de 2011

Citas varias (XIII)


- “¿Quién fue el idiota que puso el botón del café capuchino junto al del armamento nuclear?.” “Ud. señor presidente”. “Mike, despide a alguien” (De la película de animación Monstruos contra alienígenas).

- “Una vez más un ovni ha aterrizado en EEUU. Parece ser que es el único país en el que las naves alienígenas quieren aterrizar” (id.).

- “Los hombres rara vez son realmente tan formidables y estupendos como creen ser. Es difícil que sean capaces de colmar la vida de una mujer, de interesarla día tras día, de satisfacerla sexualmente sin humillarla, de convencerla sin agredirla”.

- “No conviene deleitarse en los sueños, y olvidarse de vivir” (De la película Harry Potter).

- “Es el converso más difícil que he tenido. No he podido acercarme a él en ningún momento. No tiene la más mínima curiosidad intelectual ni naturaleza piadosa. No se corresponde con ningún grado de paganismo conocido…” (De la película Retorno a Brideshead).

- “La intensidad, la singularidad, la inspiración” (id.).

- “Me habló con ternura de su infancia como quien pasa las hojas viejas de un libro de cuentos para niños…” (id.).

- “En esa sinceridad muy de moda hoy en día entre ciertos matrimonios que se lo cuentan todo, la que cuenta la verdad es casi siempre la mujer. El hombre o miente, o disimula, o presume”.

- “Si fuera jefe y le mandara a la gente lo que no quiere hacer, dejaría de ser jefe (De la película La selva esmeralda).

- “No es la dificultad la que impide atreverse, pues de no atreverse viene toda la dificultad” (Arthur Schopenhauer, filósofo).

- “Necesito que me conozcas para que yo pueda conocerme” (Del blog Ni libre ni ocupado).

- “…Porque los sindicatos, aunque a veces no cumplan con su función institucional, son algo más que maquinarias al servicio de las frustraciones y aspiraciones particulares, y de los intereses y privilegios de pequeños grupos, o al menos eso quiero seguir creyendo”.

- “Es un hombre que pretende conseguir la supremacía internacional mediante el poder de las convicciones morales. Y aquí es donde se da el conflicto, el conflicto entre el idealismo y el realismo” (Henry Kissinger sobre Barak Obama). 

- “Nadie era inmune a los errores de juicio cuando toda certidumbre le ha sido arrebatada” (El jardín olvidado, de Kate Morton).

- “Me uní al catolicismo porque es una religión que osa descender conmigo a las profundidades de mí mismo” (G.K. Chesterton, escritor).

miércoles, 5 de octubre de 2011

Billy Elliot (II)


Llega el invierno y con él la nieve. El padre rompe a martillazos el piano de su difunta mujer para tener algo que echarle a la chimenea. Mientras celebran la Navidad frente al fuego, el padre se pone a llorar. Se acuerda mucho de su mujer, y la situación laboral por la que pasan le acongoja. Está lamentablemente cómico con un gorrito de fiesta sobre la cabeza haciendo pucheros.

En la calle, Michael quiere que Billy se caliente las manos bajo su abrigo. “No serás marica”, le pregunta Billy. Michael le besa en la mejilla como respuesta. “Que me guste el ballet no significa que sea marica”, le dice Billy. Entran en el gimnasio y le da un tutú a su amigo para que se lo ponga. En realidad le acepta tal como es. Le enseña algunas posturas de baile. El padre entra de repente, avisado por uno de sus amigos. Ellos están bromeando, pero al ver a su padre ambos chicos se detienen sorprendidos. Billy decide ponerse a bailar para enseñarle todo lo que ha aprendido. Al cabo de un rato, el padre se da media vuelta y se va. Billy le sigue hasta la calle, pero él le dice que vaya a casa.

El padre se presenta en casa de la profesora. Quiere que Billy vaya a la prueba. Después de verle bailar ha comprendido lo mucho que significa para él.  Le agradece su ayuda pero quiere pagarle a su hijo todo lo que cueste el proceso. Es muy orgulloso y no acepta nada que no haya conseguido con su propio esfuerzo.

Al día siguiente el padre se presenta a trabajar en la mina, renunciando a sus principios y a la huelga. Si no no habrá dinero suficiente para costear lo de Billy. Soporta la burlas de los que no han secundado nunca el paro. Mientras va en el autobús de la empresa pasa por en medio de los piquetes, que les lanzan cosas. El hijo lo ve desde fuera e intenta encaramarse al autobús. El padre respira agitado, se siente muy violento.

El hijo le grita desde lejos y corre hacia él cuando baja del autobús. Le pregunta que qué está haciendo, si se ha vuelto loco. Se abrazan llorando tras un breve forcejeo. “Lo siento, lo siento”, dice entre sollozos. “Estamos acabados. No tenemos otra salida. Lo hago por Billy”. El padre claudica y no va a trabajar. Ya encontrarán otra forma de conseguir el dinero.

El padre vende las joyas de su mujer, muy a su pesar. Luego, va con Billy por la calle hacia donde se cogen los autobuses para Londres. Billy, como acostumbra, no deja de dar pasos de baile. “¿Es absolutamente necesario que hagas eso?”, le dice a Billy. Está nervioso porque no sabe qué pasará y porque pese a sus años nunca ha estado en la gran ciudad. Billy se sorprende de que haya ido nunca.

En la escuela oficial de baile, antes de la prueba, pasa una revisión médica. “Papá, he cambiado de idea”, le dice en un momento dado asomándose por una puerta. Le asaltan los miedos y las inseguridades, no se cree capaz de superar todo aquello. “Vuelve ahí dentro, no seas estúpido”, le dice el padre. El tribunal examinador estudia sus posturas sin música. Luego, cuando llega el baile, le cuesta empezar. Todos observan su peculiar estilo, tan intenso y tan poco ortodoxo.

Cuando sale piensa que no le van a admitir. Le pega un puñetazo a un chico en el vestuario por una tontería. Está nervioso y de malhumor. No responde al padre cuando le pregunta cómo ha ido, se limita a mirar hacia otro lado con mala cara. El tribunal les reune y reprende por el incidente del vestuario. “¿Por qué te interesaste por el ballet?”, le preguntan a Billy. “No sé, me gustaba”, responde. “¿Hubo algún aspecto que te llamó la atención?”. “El baile”, contesta escueto. “Tenemos una carta muy apasionada de la srta. Wilkinson sobre ti, tus posibilidades y tus circunstancias”, le dicen. “Ningún niño puede triunfar sin el apoyo incondicional de su familia. ¿Apoya ud. a Billy?”, le preguntan al padre. “Sí, por supuesto”, dice al cabo de un momento.

Cuando se van a marchar, una mujer del tribunal le pregunta a Billy: “¿Puedes explicarnos qué sientes al bailar?”. “No sé”. Lo piensa. “Me siento muy bien. Al principio estoy agarrotado, pero luego lo olvido todo. Es como si desapareciera, y todo mi cuerpo cambiara. Como si tuviera fuego dentro. Y me veo volando como un pájaro. Siento como electricidad”. El presidente del tribunal le dice al padre: “Sr. Elliot, suerte con la huelga”.

Pasa el tiempo y reciben una carta. Todos esperan a Billy a que regrese de la escuela para que la abra. La dejan sobre la mesa de la cocina, en torno a la cual están sentados, y él la ve en cuanto llega. Se sienta con ellos, se miran en silencio. Se encierra en una habitación. Su cara es indescifrable cuando la lee. Hay angustia, emoción, muchos sentimientos encontrados. Los demás siguen sin abrir la boca, pero no pueden aguantar la espera. Van a la habitación en tropel, como movidos por un resorte. Billy está llorando. Ninguno ha despegado los labios. “Me han admitido”, dice finalmente.

El padre va corriendo por las calles. Se lo dice a sus compañeros, que están reunidos para hablar de la huelga. Casi no hacen caso a lo que dice. “Se acabó la huelga, hemos fracasado”, le dicen compungidos.

Durante un paseo Billy le pregunta a su padre: “¿Si no me gusta puedo volver a casa?”. “¿Lo dices en serio?. Hemos alquilado tu habitación”, le contesta muy serio. Billy se queda estupefacto, pero luego se echa a reir cuando ve que es una broma. Ambos caen al suelo tronchándose.

Billy va a ver a la profesora para despedirse. “La echaré de menos”, le dice. “Es la hora de empezar a hacer tu vida, y todo lo demás. Mucha suerte Billy”. No hay abrazos ni besos. A ella no le gusta hacer demostraciones de afecto. Ahora le tocará volver a la rutina, ya no tendrá nada especial que llene su vida. Ha cumplido su misión.

La abuela, en casa, abraza a Billy con fuerza antes de partir. Siempre está diciendo que de joven estuvo a punto de ser bailarina. Ya en la calle, el padre y el hermano se pelean por llevarle la maleta. Michael, su amigo, le llama de lejos. Billy acude a su lado y le da un beso en la mejilla a modo de despedida. “Hasta la vista”, le dice. El amigo no dice nada, muy apenado.

A punto de que Billy coja el autobús, su padre lo alza por encima de su cabeza, entre sus brazos. Ambos lloran sin mirarse. El hermano le mira por la ventanilla. Le dice que lo echará de menos, pero él no puede oirle.

Mientras Billy está de camino a Londres, su padre y su hermano descienden a las profundidades de la mina, a los infiernos. Eso es todo lo que pueden esperar, ese es su futuro.

Años después van los dos a ver a Billy, que ya es una figura consagrada. Se ven envejecidos. El padre está impresionado por el metro de Londres, con tantas escaleras mecánicas. Nunca han estado en un teatro. Se sientan en el patio de butacas. A su lado casualmente está Michael, el amigo de Billy, que los llama y les dice si se acuerdan de él. Está maquillado y vestido de mujer, y su acompañante es un hombre negro muy exótico.

Tras el telón vemos a un hombre alto y corpulento, de espaldas, que se prepara para salir a escena. Está haciendo ejercicios de calentamiento, y con la ropa que lleva, el peinado y la fortaleza y perfección de su cuerpo está espectacular. Cuando llega el momento, hace su entrada triunfal en el escenario dando un salto enorme. Parece como si flotara en el aire. Su padre le mira con los ojos llenos de lágrimas, profundamente emocionado.

En Billy Elliot se aunan un grupo de  personajes inolvidables, agridulces, conmovedores, que nos hacen partícipes de sus vidas, aparentemente anodinas, para llevarnos por caminos absolutamente sentimentales, auténticos, con la moraleja final de que cualquier obstáculo de la existencia, por insalvable que parezca, puede ser superado si se pone el corazón en ello. 

En realidad Billy nunca colgó los guantes de boxeo, pues su trayectoria vital y la de su familia fue una lucha constante, un constante esfuerzo hasta conseguir llegar a la meta.

martes, 4 de octubre de 2011

Billy Elliot (I)


Billy es un chico de once años que vive en un barrio obrero de un pueblecito inglés a mediados de los 80. Su padre y su hermano mayor son mineros y están inmersos en una huelga. Su madre murió cuando él era pequeño.

A Billy no le gustan las clases de boxeo a las que le ha apuntado su padre, siguiendo la tradición familiar. A pesar de su corta edad es ya todo un carácter, sabe perfectamente lo que quiere. Es consciente de que un deporte como ese es lo más adecuado para un entorno como en el que vive, pero todo su interés lo acapara la clase de ballet clásico que un grupo de niñas da provisionalmente en el gimnasio de su colegio, mientras encuentran un lugar mejor.

Billy se apunta a las clases sin que su padre lo sepa. La srta. Wilkinson es una profesora exigente y disciplinada, con pocas concesiones a la familiaridad o el sentimentalismo. Sin embargo, enseguida ve en él grandes posibilidades. Aburrida de las rutinas de la vida diaria, en el fondo es una rebelde a la que le gusta romper moldes. Un niño en medio de una clase de niñas es una forma de saltarse los convencionalismos.

La cara del padre de Billy es inenarrable cuando ve por 1ª vez a su hijo en la clase de ballet, rodeado de tutús. Aunque la cara de Billy al verse sorprendido es también inefable. El padre lo saca de allí sin dejar de gritarle.

Ya en casa intenta hablarlo con calma, pero se juntan dos temperamentos muy fuertes. “¡Te odio, eres un cabronazo!”, le grita Billy a su padre con rencor. Se miran por un momento, el niño desafiante, como pensando lo que acaba de decir, el padre cada vez más rojo con creciente indignación . De pronto, casi al unísono, se levantan y salen corriendo, el padre persiguiendo al hijo para darle su merecido, en vano.

Billy visita a su profesora en su casa. El marido de ésta no dejar de meter la pata hablando mal de los mineros. La profesora está incómoda y Billy, molesto, le pregunta que a qué se dedica él. Cuando se entera de que está en paro, le asoma una media sonrisa, en uno de sus gestos más característicos y que tanto encanto le dan.

La hija del matrimonio, Debbie, que es de la edad de Billy, desvela en su habitación los secretos de su familia: su padre bebe porque se siente desgraciado, su madre y él duermen separados para no hacer el amor. “Mira que sois raros, estáis todos como una cabra”, le dice Billy. Luego se sonríe y empieza una guerra de almohadas.

Cuando la srta. Wilkinson lleva en su coche a Billy de vuelta a su barrio, le propone que se prepare para ingresar en la Royal Ballet School, una escuela de prestigio. Él tiene sus dudas porque sabe que no cuenta con la aprobación de su padre. Luego, medio bromeando, le dice a ella: “Lo haremos en privado”. “Vale”, le contesta. “¿No le estaré gustando, verdad srta.?”, le dice Billy con guasa. “Vete al cuerno”, le responde con sorna. “Al cuerno se irá usted.”, dice Billy riendo mientras sale del coche.

Billy va a casa de su mejor amigo, Michael. Lo encuentra probándose los vestidos de su hermana y pintándose con sus pinturas. “¿Qué diría si te viera tu padre?”, le dice Billy. “Pero si él se pone la ropa de mi madre cuando ella no está”, le contesta, y se pone a pintarle los labios a Billy con un rojo intenso. Le cuenta sus planes. “¿Y no lo sabe tu padre?”, le pregunta Michael. “No deberías ir, te voy a echar de menos”, le sigue diciendo. Billy de repente se siente desanimado y se tumba en la cama de su amigo resoplando: "¡Hay que joderse!”.

Billy acude a su 1ª clase privada de baile. La profesora está en el gimnasio vacío esperándole. Ambos se sientan en el ring y Billy le enseña una carta que su madre le escribió poco antes de morir y que tenía que haber leído cuando cumpliera 18 años. La profesora empieza a leerla en voz alta, es muy conmovedora, pero Billy la interrumpe para recitársela de memoria. “Tu madre debió ser una mujer muy especial”, le dice ella. “No, sólo era mi madre”, le contesta. Billy ha traído una cinta de música de su hermano, un boogie, y se ponen a bailar.

Cuando va por la calle no puede dejar de bailar, ensayando los pasos que ha aprendido.

El hermano de Billy se levanta una madrugada. Billy se despierta y ve que coge un martillo. Quiere ir a la huelga protegido. El padre se ha levantado también e intenta impedirle que vaya armado. Forcejean, ante la mirada asustada de Billy y sus gritos angustiados.
Billy se cansa de la tensión de las clases. Además está nervioso y disgustado por su situación familiar. Tiene una pelea con la profesora, durante la que le reprocha que quiera superar sus frustraciones personales haciendo de él lo que ella no ha sido, cueste lo que cueste. Le dice que es una amargada porque tiene un marido en paro que no la quiere. Ella le da un bofetón, del que se arrepiente enseguida, y él se marcha corriendo, aún más furioso.

Cuando por la noche, ya en casa, abre la nevera para beber leche, ve a su madre en la puerta de la cocina que le regaña cariñosamente por no coger un vaso, como solía hacer cuando vivía. Ella parece que siempre está presente, sobre todo en los momentos difíciles.

La profesora le cuenta, mientras van al lugar donde hará la prueba para enseñárselo, la historia de El lago de los cisnes, pero a su manera tan particular. Todo romanticismo parece haberle sido negado, y más ante las preguntas insistentes de Billy, que la ponen nerviosa.

Debbie se le acerca un día en el gimnasio mientras él se está atando las zapatillas de deporte. “Billy ¿yo te gusto?”. “No lo sé, nunca me lo he preguntado”, le dice muy serio. “Si quiere te enseño mi rajita”, le dice ella. “No, no hace falta”, le dice al cabo de un momento de desconcierto.

Los huelguistas huyen calle abajo de la persecución policial. El hermano de Billy se va introduciendo en todas las casas de la barriada, donde le franquean todas las puertas y le ayudan a escapar. Al final le alcanzan, ante la mirada decepcionada de Billy. 

Cuando llega el día de la prueba Billy no se presenta. La profesora va a buscarle a su casa, y se tiene que encarar con el padre y el hermano. Ellos no sabían nada. El hermano acaba de salir de la cárcel y está de muy mal talante. “No tiene más que 11 años”. Lo sube alterado a la mesa para que demuestre que sabe bailar, pero Billy no quiere. La profesora y el hermano se enzarzan en una discusión plagada de gritos e insultos. Billy sale al patio y le da patadas a todo, pero al final se pone a bailar porque es la única forma que tiene de dar salida a sus tensiones. Baila claqué durante mucho rato.

lunes, 3 de octubre de 2011

Prensa digital


Gracias a una compañera de trabajo he podido contactar con una persona, Concha, que acaba de montar un periódico digital, y a la que le ha interesado lo que escribo. Por mi colaboración no recibo compensación económica alguna, pero sí la satisfacción de poder escribir en un medio de prensa por primera vez en mi vida, y no de forma amateur como hice, cuando estudiaba Periodismo, para una revista de barrio y para el periódico de la facultad.

Quién me iba a decir a mí que con los años que hace que terminé mi carrera iba por fin a poder desarrollar mi vocación. El periódico se llama 7 días Madrid, y actualiza los martes y los viernes. Los artículos que le mando los he publicado antes en mi blog, pero ella les da un formato diferente, con menos fotografías o distintas de las que yo escojo, para adaptarlos al espacio de que dispone. Me pedía 400 ó 500 palabras, que es más o menos la extensión que suelo emplear.

Concha ha alabado mi forma de escribir afirmando que es “brillante”, que tengo “buena pluma” y un estilo muy personal, ese algo único que todos tenemos que nos distingue de los demás, que es lo que le interesa a ella, pues está harta de los típicos informativos que abundan en sucesos (son demasiados, y no son relevantes) y en noticias a las que todos los medios dan el mismo tratamiento, como en una tediosa uniformidad. Sus palabras han halagado mi vanidad, lo reconozco.

De momento me ha publicado el viernes pasado un artículo que dediqué a la última película de Almodóvar. Está en la sección de Opinión, pinchando arriba a la izquierda en el periódico.

Concha ha pedido que se le de máxima difusión, por lo que escribo el sitio donde se puede encontrar: www.7diasmadrid.com

En el rato que estuve hablando con ella me pareció una mujer muy emprendedora y valiente, muy trabajadora y creativa, que quiere aportar su granito de arena al mundo de la comunicación con una propuesta que se salga en la medida de lo posible de la línea general seguida por todos. De aquí a finales de año espera encontrar patrocinadores, y así ir conformando el periódico en su forma definitiva.

Su tarea es ingente, porque no sólo debe revisar y seleccionar los trabajos de todos los que colaboramos, sino que además se nutre con las noticias nacionales e internacionales que recopila de los gabinetes de prensa y las agencias, a los que según ella parece que hay que “despertar”, porque han tenido una racha que estaban como aletargados. Además hasta que se de a conocer pasará un tiempo.


Confieso que nunca había hecho mucho caso a la prensa digital, acostumbrada a la tradicional, en papel, pero ahora ya ha dejado de ser así. Lejos queda la imagen del periodista de películas como Primera plana, en la que aparecían tecleando trepidantemente con dos dedos en destartaladas máquinas de escribir, y con una forma de hablar como de mafiosos o contrabandistas. A lo mejor es que vende más hablar de los profesionales que se dedican a la prensa amarilla. Pero ese es sólo un sector, esa no es la realidad.

Echad un vistazo al periódico porque merece la pena, el formato es atractivo y los contenidos interesantes. Y si podéis difundir la dirección que indiqué, donde se puede encontrar, os lo agradezco en el alma.. Que lo disfrutéis.

viernes, 30 de septiembre de 2011

La huelga de profesores


La verdad es que no doy crédito a lo que está pasando con los docentes, a sus huelgas repetidas y el ambiente de crispación que generan. El otro día, en el instituto de mi hija, en una de esas reuniones que convocan al principio de curso para los padres y el tutor de aula, el profesor no dejó de hablar de la huelga siempre que la ocasión le fue propicia, señalando las desventajas que este año iban a tener los alumnos por los recortes de la plantilla interina: no iba a haber clases de recuperación de las asignaturas del curso anterior, se limitarían las actividades extraescolares y las salidas fuera del centro, el funcionamiento de la biblioteca se vería restringido, etc.

Pero lo que más le dolía a este señor es que iba a tener que trabajar dos horas más a la semana: en total 20, en lugar de las 18 que venían haciendo. ¡Increíble!. Cualquier otro tipo de funcionario hace el doble de esa jornada o más y no arma tanto alboroto. Un empleado público de ministerio y organismos dependientes debe hacer 37,5 horas, aunque en la práctica sean algunas menos, pero nunca tan pocas como las de los profesores. Y no digamos un médico, con sus guardias interminables.

¿Y sus vacaciones?. Nadie en el mundo laboral tiene tantos días de asueto.

Cuando yo estudiaba en el instituto las jornadas diarias se prolongaban hasta las 7 de la tarde cuatro días a la semana. No había apenas tutorías, porque los padres sabían de antemano que no iban a ser escuchados en cualquier queja o preocupación que tuvieran respecto a sus hijos. La posición del profesor estaba por encima del resto de los mortales. Ni tampoco existía un departamento de orientación para los problemas psicológicos de los alumnos o sus dificultades de integración, que también existían como ahora. Que cada palo sujetase su vela. Y nadie se quejaba de aquellos horarios maratonianos para todos, ni de aquella falta de atención al alumno. Las actividades extraescolares no existían porque no había tiempo material casi ni para hacer los deberes (se hacían a contrarreloj), mucho más cuantiosos que los de ahora. Ni casi había salidas culturales: nuestros horizontes no podían ser más áridos.

El tutor de mi hija también se quejó del número de alumnos que había en las clases, entre 25 y 30. Cuando yo estudiaba éramos entre 45 y 48, y a nadie parecía importarle. Cierto es que con los años las condiciones laborales deben mejorar, pero lo que se hace ahora es quejarse por no estar callados. Qué flojos nos hemos vuelto, qué poco espíritu tenemos.

¿Qué hacen los docentes hoy en día?. Los contenidos de las asignaturas son minimalistas, ha lugar durante el curso para darle dos o tres vueltas a un libro de texto. No se requiere un gran esfuerzo para desarrollar los temas. Cuando yo estudiaba había que empollar lecciones interminables, y más de un profesor las ampliaba con trabajos de su cosecha que explicaba durante las clases y que había que coger en apuntes a velocidad de vértigo, lo mismo que luego en la Universidad.

Veía al tutor de mi hija, intentando hacerse eco entre los padres de sus alumnos, a los que admitió no conocer todavía porque entre fiestas y huelgas no les ha dado clase más de tres horas. Con pantalones marcapaquete de rockero trasnochado, largas patillas y una pegatina en su camiseta que hacía alusión a la huelga, tuvo la cara dura de decir que también el alumnado se había puesto en huelga en más de una ocasión y había sido apoyado socialmente, por lo que ellos tenían derecho igualmente. Era lo último que le quedaba por decir para justificar lo injustificable, aunque él parecía el héroe que resiste atrincherado en el castillo asediado por las medidas gubernamentales. Había que admirarle, encima.

Si siguen llamando tanto la atención y con tan poca enjundia, igual se le ocurre a alguien revisar su salario: pagarles en proporción a las horas que trabajen, como el resto del funcionariado de su mismo nivel y grupo. Entonces sí que se les iba a caer todo el equipo.

Qué dirían aquellos profesores de los años 40 y 50, mal pagados, con sus trajes raídos llenos de brillos por tanto uso, vocacionales, entregados a su labor como nadie, pendientes de sus alumnos y éstos de ellos, en un toma y daca de respeto mutuo y afecto. Mi madre me ha hablado más de una vez de ellos. Qué dirían al ver a los docentes de hoy en día que paralizan la vida escolar por dos horas de trabajo más a la semana, a sumar a su exigua jornada habitual. Anda que se ponen en huelga cuando no hay clase, para no perjudicar al alumnado, del que en el fondo pasan totalmente.

Y además cuando salen a protestar se visten todos igual, con camisetas verdes en las que llevan escritas sus reivindicaciones. Va a surgir toda una industria con el tema huelguístico para surtir de complementos a los que decidan dejar de trabajar para reivindicar lo que sea. Me recuerdan a las peñas de los pueblos, que en época de fiestas se distinguen unas de otras por el color de sus vestimentas y los letreros que llevan escritos en ellas. De esto al carnaval no hay más que un paso.

No hay sangre en esas venas, no hay vocación ni ganas de trabajar. El poco respeto que pudiera quedar en los alumnos se está perdiendo después de semejante demostración de estulticia. Vaya ejemplo que les están dando. Se supone que los adultos somos el espejo en el que ellos se miran, pero no sé qué verán ahora cuando intenten encontrar sus referentes en nosotros y se den cuenta de que no hay nada.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Los archivos de Lionel


Poco antes de que se rodara El discurso del rey, se encontraron unos archivos desconocidos que pertenecieron a Lionel Logue, el terapeuta del habla que trató a Jorge VI. Un nieto suyo, que nació 12 años después de que muriera su famoso abuelo, los heredó al morir su padre. Contiene tarjetas de Navidad del rey y la reina, una carta de condolencia del rey a Lionel cuando murió su esposa (sufrió un repentino ataque al corazón al poco de acabar la 2ª G.M.), una carta de agradecimiento de la reina por una carta que Logue escribió cuando el rey murió. Y cientos de cartas intercambiadas entre el rey y el terapeuta, con un contenido increíblemente amigable, aunque existió siempre un cierto tipo de etiqueta bajo la cual Lionel se regía. Muchos de los datos que en él se contienen sirvieron para enriquecer el guión del film.

También se encontró una copia real del discurso que el rey leyó al estallar la 2ª G.M., y que dio título a la película, en la que aparecen notas escritas a mano con lápiz indicando palabras que recalcar y dónde realizar las pausas.

Lionel viajó por numerosos países del mundo con el fin de estudiar los métodos para hablar en público. A su regreso desarrolló varios tratamientos para los veteranos de guerra que, debido a la “fatiga de combate” tenían problemas con su voz. Además de ejercicios físicos de respiración, la terapia de Logue hacía hincapié en un sorprendente sentido del humor, la perseverancia y la cercanía personal. El paciente debía encontrarse lo más relajado posible, tener toda su confianza.

Logue llegó a Londres con su familia en principio para unas vacaciones. Ocupó puestos de enseñanza de locución en escuelas de la ciudad. Luego abrió una consulta de logopedia. Utilizaba los honorarios pagados por los clientes ricos para subvencionar a los pacientes que no podían costearse los tratamientos.

Fundó un club para hablantes en público.

La película condensa la relación de amistad del rey y Lionel durante 13 años, entre 1926 y 1939, pero ellos se conocieron durante algo más de un cuarto de siglo.

En el archivo se ha hallado la tarjeta de citas del terapeuta, cuando inscribió con letra muy pequeña a su nuevo paciente, Albert, duque de York, en 1926. Anota : el duque “tiene una aguda tensión nerviosa (…). Contrae los dientes y las muelas, y mecánicamente cierra la garganta (…) un hábito extraordinario de recortar pequeñas palabras – a, en – y diciendo la primera sílaba de una palabra y la última sílaba de otra”.

En la película se escogió a unos actores poco agraciados para dar vida al matrimonio Logue, que en realidad fueron muy atractivos, según las fotos que han quedado de la época. Pero sin la inolvidable interpretación de Geoffrey Rush ya no podríamos imaginarnos a Lionel Logue tan maravillosamente como lo hemos hecho.

Como dato curioso, el film fue clasificado en un principio para mayores de 15 años por el lenguaje procaz que se exhibe en ciertos momentos, pues la libre expresión de emociones y tensiones formaba parte del tratamiento de Logue. Luego cuando la película tuvo tan buena acogida se la clasificó como “para todos los públicos”.

También se ha comentado que los guionistas se tomaron muchas libertades a la hora de interpretar la relación del rey y Logue, pues se sabe que fue mucho más respetuosa. A mí me encanta la forma como la han recreado, el contraste entre la altiva y angustiada distancia del monarca, y la seguridad y la actitud desinhibida de Lionel. Y lo que más me llama la atención es la simpleza y el aspecto destartalado de la consulta del terapeuta. La 1ª vez que la ves produce una impresión desconcertantemente desagradable, con esas paredes costrosas. Yo no sé si me sentaría en ese sillón tan cutre o si me tiraría sobre esa alfombra tan vieja y roñosa, como hace el rey.
Lo que sí es cierto es que a partir de aquel primer momento en que el aún duque de York conoció a Lionel Logue, y a pesar de sus desacuerdos iniciales, su relación se mantuvo durante muchos años, más allá de lo estrictamente profesional.

Lionel murió en 1953, al año siguiente que el rey.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Amor, amor


Cuando contemplo a mi hijo fumando uno de esos cigarrillos que se hace con tabaco de liar, tan parsimonioso, no puedo evitar recordarle cuando era un niño, no hace tanto, sus manos tan pequeñas, su cuerpo menudo.

Y ahora de repente es ya un hombre, y el amor ha llamado a su puerta. Por lo que se ve no cejó en su amor por Artemisa, del que ya hablé algunos posts atrás, pues lo que parecía un rechazo por parte de ella era en realidad temor a lo que podría suceder.

En el Hospital de Día donde se encuentran no están permitidas relaciones de ninguna clase entre ellos, exceptuando las propias de compañerismo y la convivencia de todos a diario. Artemisa fue llamada aparte por una de las terapeutas para advertirle que no se haría ninguna excepción con nadie, que sabe las consecuencias que puede tener hacer caso omiso a las normas, sabidas por todos de antemano, y que mantuviera las distancias, que supiera estar en su lugar. Ella salió llorando después de aquello.

Miguel Ángel ha sido advertido también aparte en el mismo sentido, pero su reacción fue de abatimiento. Ella le preguntó, cuando le tocó poner la mesa a la hora de comer aquel día, qué le pasaba. Tras mucho insistir le contó lo que le habían dicho.

“Nadie puede interponerse entre dos personas”, ha sentenciado Miguel Ángel, al que ya intuía tremendamente romántico y apasionado. “Debes tener paciencia y terminar el tratamiento. Luego ya se verá”, le dije para consolarle. “Entonces arráncame el corazón”, me respondió muy serio. No pude evitar sonreir para mis adentros. Tiene la teatralidad propia de la juventud, cuando todo se hace un mundo y cualquier contrariedad es como escalar una montaña muy alta. Si se profundiza mucho en el tema sus ojos empiezan a empañarse y casi no puede hablar, lo que le avergüenza. Casi prefiero que hable cuando le apetezca, cuando tenga necesidad de desahogarse o esté relajado.

Pero la historia no terminó ahí. Hace unos días Miguel Ángel llegó a casa con los ojos arrasados en lágrimas. Nunca le había visto así, él nunca ha sido llorón. Cuando se calmó un poco contó que Artemisa le había dicho que no podían seguir adelante después de lo que les habían dicho. Él pensaba saltarse las normas del centro a la torera, aunque les expulsaran a ambos. El amor hace perder la cabeza fácilmente. Estaba dolido. Quitó la foto de ella de su cartera. Si no consigue las cosas cuando se le antojan se enfada enseguida. Hoy en día los chicos tienen muy baja tolerancia a la frustración. Además, es muy ingenuo todavía, y algo egoísta, porque sólo piensa en satisfacer sus caprichos, sin importar las consecuencias.

Aún recuerdo mi primer amor, casi con la misma edad que tiene él ahora. Nunca he vuelto a sentir como en aquella ocasión. Pero aún no tenía madurez, y mis circunstancias eran muy distintas a las de ahora. Todos procedemos movidos por nuestros condicionantes del momento, que son muchos. Y además la forma de ser lo es todo: en mi caso, con lo vergonzosa que puedo llegar a ser y los miedos que me asaltan, más después de un dirvorcio, no es raro que me pierda cosas interesantes.

Me hubiera gustado que a Miguel Ángel se le despertaran los sentidos en los sitios habituales para los chicos de su edad. Encontrar el amor en un centro de tratamiento psicológico no es muy alentador, al menos para mí. Artemisa tiene unos problemas muy particulares surgidos a raíz de una experiencia traumática. Ella es hermosa (mi hijo me enseñó en su momento la foto de la que ahora se ha desprendido tan sentidamente), alta, de complexión atlética. Una tentación para cualquier chaval. “¿Qué te gusta de ella?”, le pregunté hace poco. “Pues todo”, me dijo.

En fin, parece que ahora las aguas han vuelto a su cauce. Admiro su temple, porque tener que estar todos los días junto a la persona que quieres sin poder expresarte es un suplicio. Y más allí, que deben desnudar su alma en las terapias, para sacar fuera todo lo que lleven dentro.

Lo que sí es cierto es que tenemos que dejar a un lado los temores y permitir que los hijos hagan uso de su libre albedrío, siempre bajo supervisión claro, pues basta que nos opongamos a sus deseos para que éstos se hagan más fuertes. Acertará, se equivocará, como a todos nos ha pasado, pero tiene que seguir su camino, ser el dueño de su destino. Que disfrute y que sufra lo que tenga que disfrutar y sufrir, que el tiempo pasa y en algún momento encontrará la estabilidad, y que le quiten lo bailao, como se suele decir.
 
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