Nunca antes había visto completo el desfile militar con motivo del Día de la Hispanidad, pero ayer estaba tan interesado mi hijo que lo estuvimos contemplando en televisión.
La familia real estaba muy seria, diría yo que preocupada. Había habido abucheos cuando llegaron y empezaron a saludar a los miembros del gobierno y jefes militares. El príncipe miraba a un lado y al otro con ojos desconfiados y malhumorados mientras hacía el saludo militar junto a su padre al sonar el himno nacional, gesto idéntico al que exhibió el año pasado. El rey parecía estar muy tranquilo. Es un señor mayor que está delicado de salud y su máxima preocupación debía ser sin duda ser capaz de mantenerse en pie el tiempo que durara la ceremonia, a duras penas ayudado por su muleta futurista. A ciertas alturas de la vida se está pendiente de lo básico, y sobra todo lo demás. No así su hijo, que se siente herido en su orgullo y sufre por su familia.
Los abucheos, que este año fueron escasos, a mí me parece que van dirigidos sólo a los miembros del Gobierno, pero al estar todos allí juntos y revueltos se crea una situación muy incómoda. Y eso que se habían instalado paneles electrónicos advirtiendo que se guardara silencio y se tuviera respeto. Es increíble que tengan que poner ese tipo de cosas para que la gente se comporte con educación, aunque supongo que se tratará sólo de unos pocos exaltados y agitadores.
En la tribuna la familia real y autoridades presenciaron el desfile por primera vez sentados. Las condiciones físicas del rey así lo exigían. No sé por qué no delega estas cosas en su hijo, qué manía tienen ciertas figuras, monarcas y papas, en mantenerse en el puesto cueste lo que cueste, no se resignan a la jubilación, como si creyeran que se los fuera a relegar, a no tener en cuenta. Eso no es así: cuando uno ha cumplido su misión en la vida y además durante tanto tiempo, siempre hay un momento en que llega el merecido descanso y hay que saber retirarse antes de que no se pueda desempeñar el cargo con dignidad. Hay que tener clase hasta para eso.
Después de izar la bandera y de depositar la corona funeraria en honor a todos los que dieron su sangre por la patria, acto durante el que se entonaron cánticos exaltados y sentimentales, comenzó el desfile. Me pareció curioso que estuviera encabezado por 36 Harley Davison de la Guardia Civil (qué marcha), seguido de un montón de ancianitos puestos de pie muy tiesos en vehículos todoterreno que representaban a los veteranos, todos con traje azul, a los reservistas voluntarios y creo que también a los mutilados.
Luego siguieron los boinas negras de la Infantería Ligera de la BRIPAC, Unidad Militar de Emergencia, Unidad de Artillería, Artillería Antiaérea, Unidad de Transmisiones, Unidad mixta motorizada de la Guardia Civil, Regimiento Batería acorazada con carros de combate Leopardo 3, Unidad de Infantería de Marina, y Vehículos Centauro del Grupo de Reconocimiento de la Brigada de Infantería aerotransportable.


Cuando llegó La Legión hubo sonoros aplausos. A partir de aquí comenzaron las unidades más pintorescas, es como si dejaran lo más llamativo para el final. Con sus 160 pasos por minuto, cortos y rápidos, camisa de manga corta, pantalones marcapaquetes con tirantes y la cabra (también puede ser un carnero), los legionarios resultaban un grupo un tanto extraño, pues cuando más viriles pretenden parecer menos lo consiguen con esa forma de caminar, y encima con una suerte de majorette masculina que se pasaba una especie de bastón por todas las partes de su cuerpo. La verdad es que daban mucho espectáculo.

Siguió un Escuadrón de Caballería de la Guardia Civil que tiene misiones de protección civil y que llevaban el tricornio, una banda terciada y los manguitos amarillos, el pantalón blanco y la chaqueta azul marino con pechera roja. Unos caballos percherones tiraban de unos cañones de 1906 que aún seguían en uso. En su Unidad de Música tocan trompetas y van sobre caballos blancos.
Al terminar el desfile la familia real ya sí aparece sonriente. El rey se despide de los jefes de las distintas Agrupaciones. Al darle la mano a la reina, el jefe de los legionarios hace una rotunda inclinación de cabeza. Se tiene una imagen de ellos como de gente salvaje y bruta, pues antiguamente se decía que se enrolaban en ese cuerpo los desesperados y los marginados, pero en realidad son muy educados y caballerosos.
Una Unidad a caballo de la Guardia Real, Lanceros y Coraceros, con grandes penachos blancos sobre el casco plateado, chaqueta azul y pantalón blanco, acompañan a la familia real cuando se va. También los hay con penacho rojo y uniforme azul más claro ribeteado en rojo.
En total fue poco más de hora y media. El día lucía magnífico, con un sol espléndido y un cielo azul despejado, algo poco corriente porque recuerdo otros años con frío e incluso con lluvia. Y el desfile lució muy vistoso, magnífico también.
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