El pasado día 15 se casó por fin mi amiga. Como lo hizo en Gijón, donde vive su familia política, porque su suegro está delicado de salud y no puede viajar, nos fuimos para allá un día antes y volvimos el día después.
Marchamos en el coche de una de sus hermanas, en el que iba la otra hermana también y una amiga. Tuve ocasión hasta de conectar un GPS, algo que nunca había hecho antes y que resultó muy sencillo, pero a la conductora, entre lo mal que conducía y lo poco que se orientaba, no le sirvió de mucho. Fue un recorrido interminable, aunque la belleza de los paisajes lo amenizaba un poco. Las hermanas llevaban también a su perrito, que pasó todo el tiempo enroscado en el asiento de atrás durmiendo. Es un bendito.

Llegaron los novios y nos fuimos las amigas con ellos a cenar. Pasamos por delante de la iglesia donde se iban a casar, que de noche estaba preciosa con la fachada iluminada. Encontramos un sitio precioso cerca del hotel a muy buen precio, el Café Plaza. Me sorprendió un aperitivo que nos pusieron mientras esperábamos: un crepe relleno de jamón y queso fundido acompañado de un tubito lleno de arroz con leche y canela que sabía a natillas caseras.
Por la mañana, cuando quedaba menos de una hora para el enlace, subimos las amigas a ayudar a vestir a la novia en la suite nupcial cuando llegó de la peluquería. El fotógrafo no tardó en aparecer y, mientras él hacía su trabajo, yo también hacía fotos. Mi amiga estaba guapísima recién peinada y maquillada, y con su manicura francesa perfecta. Cuando bajamos ya la estaba esperando un coche magnífico, en el que iría con el padrino.
Cuando salimos, mientras los novios y padrinos se hacían fotos en un parque de la zona, nos fuimos con uno de los amigos del novio por el paseo marítimo de S. Lorenzo hasta el restaurante, situado al final de la playa. Lucía un sol espléndido y nos hicimos algunas fotos con el mar de fondo. Me sorprendió lo mucho que había retrocedido la marea en comparación con el día anterior por la tarde, en que salimos la hermana mayor de mi amiga y yo a pasear al perrito por la playa, pues estaba muy alta y casi no había arena por donde caminar. El perrito no había visto nunca el mar y al principio le ladraba a las pequeñas olas espumosas según venían, pero luego se acostumbró y se lo pasó en grande corriendo suelto por todas partes con otros perros. Lo malo es que le salió al encuentro una galga espectacular, preciosa, y su tamaño lo amedrentó un poco, aunque sólo quería jugar. La playa, aquella mañana soleada camino del restaurante, se veía gigantesca, muy bonita.
El restaurante estaba situado junto al paseo en un primer piso desde el que se dominaba la costa. Me acordé de la 1ª vez que visité Gijón hace 3 años con mi amiga. Lo conocimos juntas, y nunca pensamos que después hallaría al amor de su vida en Madrid en la figura de un asturiano cuya familia vivía cerca de algunos de los sitios por los que pasamos entonces. El destino nos alcanza siempre, tarde o temprano. La flamante novia me lo recordó después más de una vez con emoción.
Antes de la comida un pequeño cocktail. Ya en la mesa se sentó a mi lado otro de los amigos del novio, que nos estuvo ilustrando sobre algunos de los platos típicos de la zona, con nombres que ahora no recuerdo, y sobre las condiciones del mar y la playa. Afirmó que hay gente que se baña pese al frío todos los días del año. Una de las amigas estaba muy resfriada, porque el día que llegamos no se le ocurrió otra cosa, viendo bañistas y surfistas, que darse un remojón. A nuestro improvisado interlocutor no pude dejar de alabarle las delicias de la comida asturiana, pues una simple tostada en el desayuno que me había tomado esa mañana tenía un sabor exquisito. Él pareció complacido con cada lisonja que le dedicaba a su tierra. Se le notaba mucho el acento al hablar. Nos dijo que era de Langreo. El secreto de los manjares asturianos es sin duda el uso de productos de 1ª calidad y una cocina a la antigua usanza que en otros sitios de España está cada vez más en desuso.
2 comentarios:
Perdon, ya se que no me conoces, pero queria darte las gracias, porque estoy escribiendo un relato y me ha venido muy bien tu comentario de la boda. Gracias.
No hay de qué, me alegro de que pueda servirte de inspiración. Un saludo.
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