Cuántos libros se han escrito sobre el tema, y cuán de moda están los cursos que pretenden enseñarnos la mejor manera de recibir a nuestros invitados en casa. Desde originales recetas o los platos más adecuados para cada ocasión, hasta la disposición de la mesa y la decoración del hogar. En foto todo queda maravillosamente, los resultados de las sugerencias hechas por los expertos dan muy buen en cámara pero, como todo lo que se desea que resulte bien y sea bonito, requiere un esfuerzo que, a mí particularmente, me suele dar mucha pereza llevar a cabo.

Y yo, como cuando empiezo así ya no hay quien me detenga, seguí dándole bola y terminé viéndome en una gran casa como las que salen en las películas americanas, no tipo adosados tan corrientes aquí, sino una de planta grande, con un gran porche y precioso jardín con arboleda. El otro día viendo la enésima versión de Mujercitas, la interpretada por Winona Ryder, me recreaba en la contemplación de la casa familiar, tan confortable y acogedora por dentro, con chimenea en cada habitación, y tan señorial por fuera, rodeada por una valla y con su buzón para la correspondencia con una forma divertida. El paisaje estaba nevado, y las casas se alienaban a un lado de un sendero con cierta distancia entre sí. Maravilloso. Lo mismo que cuando nos ponen en estas fechas películas como Solo en casa, en las que salen casas increíbles de varias plantas decoradas con un gusto exquisito, para ponernos los dientes largos.

Como anfitriona no me estoy luciendo mucho en los últimos tiempos. Este año, en la cena de Nochebuena, todos tuvieron que añadir sal a la sopa a pesar de haberla probado yo primero y parecerme que estaba bien, el pescado en salsa con gambas se quedó sin salsa, y el helado de postre estaba tan congelado que hubo que meterlo en el microondas. El año pasado el cordero asado que puse se quedó medio crudo porque el horno no funcionó bien.
Siempre me propongo, al comenzar un nuevo año, aprender muchas recetas diferentes con las que agasajar a mis invitados y despertar el interés de mis hijos en las comidas diarias, pero la pereza me vence. Me encanta ver las fotos de los platos elaborados por expertos gourmets o las de decoración de interiores en las revistas, disfruto imaginando todo eso para mí, pero luego no me siento capaz de llevarlo a la práctica. Será porque tengo poca confianza en mis posibilidades, además de vaguitis.

Hay gente que es muy dispuesta. Yo me ahogo en un vaso de agua, nada me parece que esté lo suficientemente bien. Pero espero, con el tiempo y con perseverancia, llegar a ser una buena anfitriona.
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