
En unas aparece con coloristas, complicados y psicodélicos dibujos en la cara, los ojos desorbitados y decolorados con el Photoshop, la lengua, kilométrica por cierto, saliendo de una boca deformada por un rictus desagradable. La niña de El exorcista se queda en nada a su lado.
Hay una foto que me ha llamado la atención especialmente, porque está en la bañera de su casa metida en un mejunje rosa que debe ser pintura. No sé si hará estas cosas cuando no estén sus padres o quizá estos sean muy permisivos respecto a las ocurrencias de la niña (no hay que reprimir el talento creativo), pero desde luego en la puesta en escena no escatima medios, es lo que tiene querer darle realismo a las situaciones.
Ana dice que tiene una cámara de las que ella está deseando tener y que no hace más que insistir en que se la compre, de esas que son muy caras y con un objetivo muy largo. La niña en cuestión cuando no hace alardes creativos tiene un aspecto resultón, convencional, flequillo recto, piel blanca, boquita pequeña muy pintada de rojo reventón. Nadie diría al verla que luego se dedica a provocar encontradas reacciones, a escandalizar.
Lo que sí que hay que reconocer es que es muy atrevida, y que tiene mucha imaginación.

También poner la nave al pairo, que leí en un artículo en el que se hablaba de temas marineros, y que viene a ser echar el ancla y poner la proa de cara al viento. Se suele hacer en días de tempestad. Lo que me recuerda la frase me la trae al pairo, que es que me da igual, que me es indiferente, como permanecer estático contra viento y marea.

Es muy peculiar la forma como esta mujer plantea los temas sobre los que habla, los hace comprensibles e interesantes. Lo malo es que como habla mucho, al igual que le pasa a su padre, nunca tiene tiempo suficiente para exponer todos sus razonamientos, y eso es un poco estresante. Me dan picores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario