
Y la verdad es que acude a lugares de todas clases. Uno de ellos, el más espectacular de todos los que he visto hasta ahora, fue una mansión señorial al sur de Devon, en medio de la campiña inglesa, un edificio vetusto regentado por un matrimonio mayor con poca visión para los negocios, ideas anticuadas y, eso sí, un gran amor por lo que hacen.
En su programa Alex suele pasearse seguida por la cámara, sin que estén presentes los propietarios, inspeccionando todos los rincones, y haciendo comentarios sarcásticos acerca de todo lo que ve, con muchas caras de asombro humorístico y "uf!". En esta ocasión hizo mofa de los adornos que la dueña había puesto por todas partes, pequeños cojines de raso con puntillas, algunos con forma de corazón, que seguramente había hecho ella misma. Se horrorizó por la cantidad de cosas de color rosa que había en el cuarto de baño de una de las habitaciones: las toallas, los complementos de aseo, la alfombrilla, etc. Las habitaciones eran espectaculares, grandes, con mucha luz por todas partes, y una decoración añeja pero elegante. Un poco recargadas quizá. Es un lujo decadente y con mucho encanto.
Alex les hacía recomendaciones que sus anfitriones recibían con reticencias. La habían llamado para que los ayudara pero luego no estaban dispuestos a hacer grandes cambios. Tenían unas ideas muy rígidas sobre cómo hacer las cosas, las habían puesto en práctica desde hacía muchos años y quizá también por su edad les costaba renunciar a ellas e introducir innovaciones. La experta, después de pasar la noche allí, como suele hacer en cada lugar que visita, les dijo que una habitación que costaba 273 € la noche tenía que demostrar que lo valía. Pero no se atrevió a hacer muchas modificaciones, sólo cambió unos almohadones por otros más modernos y elegantes, y puso una tapicería diferente en los sillones. Quitó figuritas, los pequeños cojines y otros adornos anticuados y los sustituyó por otros más actuales. En el baño dijo que lo mejor eran las toallas blancas porque transmitían sensación de limpieza.
Otro paso fue modificar su página web, cambiando la fotografía con las vistas del hotel, pues era tan mala que casi le hacía parecer una fábrica, quitando otra en la que aparecía el matrimonio con su perro (deseaban que apareciera por ser un miembro más de la familia), y arreglando los fallos de las reservas on line que no funcionaban. Por último, hizo venir a gente de negocios y críticos hoteleros para que los propietarios les dieran una charla informativa y les enseñaran las instalaciones, jornada de puertas abiertas lo llamó Alex. Les dio algunas instrucciones, y el matrimonio preparó unas presentaciones con diapositivas y dieron una extensísima explicación sobre la historia del lugar, con pocos datos prácticos, que aburrió a todo el mundo. La experta estaba horrorizada, y así se lo hizo saber. Ellos prometieron hacerlo mejor la próxima vez. En cambio la comida que ofrecieron a continuación, bien servida y exquisita, así como su conversación, fueron un éxito.
En otro capítulo Alex llegaba a un lugar bien diferente, un hotel más convencional regentado por un matrimonio cuarentón. Él iba vestido como un rocker, e imitaba con poco acierto a Elvis Presley, muy hortera, no pegaba nada con la imagen del lugar. Él era el cocinero. Preparaba unos platos abundantes y grasientos que asquearon a Alex. En la carta tenía demasiadas propuestas, de todas partes del mundo, por lo que gastaba mucho en materia prima. La experta le dijo que redujera la carta, y para saber qué platos casi no se consumían le hizo anotar durante un mes el nº de veces que los pedían. El propietario era muy reacio a hacer cambios, aún sabiendo que la mayor parte de sus pérdidas venían del gasto de la cocina. Presumía de ser generoso y de gustarle mucho su trabajo. Dijo que ella no entendía de comida, y que por eso estaba tan flacucha. Él, al igual que su mujer, eran obesos. Las habitaciones gustaron a Alex, y valoró mucho que tuvieran Wifi gratis. Sólo les faltaba crearse una página web para anunciarse. Les reformó el comedor, dándole un aire más moderno, con muchos estores blancos, muebles de maderas robustas y adornos florales.

Me gusta este programa, porque te enseña todo tipo de ambientes, y me hace gracia los toques que Alex le da a todo y los comentarios que hace, además de la paciencia que tiene, yo no lo aguantaría. Lo encuentro muy original. Me gusta también la decoración de interiores y las localizaciones. Inglaterra está lleno de sitios con mucho encanto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario