
La voz de la profesora, demasiado alta y chillona, no lograba interesar a sus oyentes ni despertar a la muchacha, así como tampoco acallar un leve rumor de conversaciones de fondo. Ana me dijo que todo esto pasaba sólo con esa docente. No comprendí cómo no llamaba la atención a la dormilona, que era la más cantosa, en mis tiempos esto hubiera sido impensable, por muy cansada que estuviese o mucho sueño que tuviera. Imaginé que la profesora en cuestión era alguien con poca autoridad y demasiados nervios, que iba a lo suyo, y si alguien se dormía mejor, menos guerra daba. Y es que a los chicos, siempre se ha dicho, hay que traerlos educados de casa, porque si no es muy difícil que nadie los eduque ya ni que alguna vez consigan un nivel mínimo de convivencia y respeto.
Si es este el panorama general de nuestra enseñanza, y eso que este instituto es de los que más hace cumplir las normas y más exige en lo académico, estamos arreglados. Tampoco es bueno lo de antes, horas interminables sentados en las sillas escuchando monólogos, guardando la compostura en todo momento como estatuas vivientes, memorizando como loros las materias. Entre aquello y lo de ahora hay un término medio. Lo único que cabe esperar es tener la suerte de dar con un buen profesor, de los que saben hacerse respetar e impartir su asignatura interesando. Es como un trébol de cuatro hojas, difícil de encontrar, pero los hay.

Siempre digo “en este país”, como afirmaba el gran Larra, frase que al mismo tiempo criticaba por considerar que a ella se recurría con demasiada frecuencia para lamentarse de los males que nos aquejan a los españoles, prácticamente los mismos desde hace siglos, en lugar de intentar superarlos. Pero es así, en este país, digo de nuevo, no hay iniciativa seria que prospere con éxito por la tendencia que tenemos a convertir cualquier reunión multitudinaria y reivindicativa en un carnaval, un motivo para la juerga. Conseguiremos algún día esa madurez que nos falta y seremos realmente los dueños de nuestro destino, no como ahora, que estamos en manos de gente que no es de fiar, y encima lo celebramos.
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