jueves, 25 de abril de 2013

Pequeña miss Sunshine


La pequeña Olive viaja con su hermano, sus padres, su tío y su abuelo en un monovolumen tipo años 70, más de mil kilómetros camino de un concurso de belleza infantil en el que tiene mucha ilusión por participar.

El abuelo, con sus vaqueros, sus camisetas de manga corta y su chaleco de cuero y ese aire macarrilla, es el que pone la nota picante. Inefable la forma como le habla a su familia. Al nieto adolescente le alecciona respecto de algunos aspectos de la vida. “Tú folla todo lo que puedas, cuanto más folles mejor. Tírate a cualquier mujer que te encuentres. Y mejor ahora, si los dos sois menores de edad, porque en cuanto cumplas los 18, si te lo montas con una menor son 2 ó 3 años de cárcel”. El chico no contesta, a raíz de un enfado decidió dejar de hablar y comunicarse únicamente escribiendo en una libreta que siempre lleva consigo.

Son inútiles los esfuerzos de uno de sus hijos, el padre del chico, para intentar cambiar de conversación. Es el que conduce, y está preocupado porque su trabajo corre peligro y porque disponen de muy poco tiempo para llegar a su destino. Oli escucha música con sus cascos, ajena a las conversaciones subidas de tono del abuelo.

El otro hijo, que les acompaña un poco forzado por las circunstancias, lleva vendadas las muñecas tras un intento frustrado de suicidio. Un homosexual con penas de amor. “Papá, ¿pero tú en la residencia estabas mal?”, le pregunta. “Qué va, estaba fenomenal. Piscina, sauna… Había 4 ó 5 mujeres por cada hombre”.

La nuera le recrimina con afecto por haber consumido drogas, que fue el motivo por lo que tuvo que marcharse del geriátrico. “Tú no consumas nada de esa mierda”, le dice el abuelo al nieto. “Pero si tú lo haces papá”, le dice su hijo gay. “Yo sí puedo, cuando se es joven no, pero ahora que ya soy viejo debo hacerlo. Estaría loco si no lo hiciera”.

Cuando aparcan en una gasolinera, el hijo gay le pregunta a su padre si quiere que le traiga algo. “Sí, cómprame porno, las revistas más guarras que veas. Ya sé que eres marica, osea que si quieres cómprate alguna de esas revistas para maricas”.

En la tienda se encuentra con su antiguo amante, aquel por el que había estado a punto de quitarse la vida. Le oculta sus vendajes detrás de la espalda. El otro mira extrañado las revistas pornográficas de mujeres que está comprando. Cuando se va, vuelve a la furgoneta muy desanimado.

En una cafetería de carretera, a donde han entrado a comer algo, el padre de Oli le reprocha que haya pedido helado porque engorda. La niña no se atreve a probarlo cuando lo traen, pero cuando ve que todos empiezan a probarlo, ella recobra su apetito. El padre de Oli suele ser pedante y engolado respecto a muchos aspectos de la vida, algo que a su mujer le hace poner los ojos en blanco más de una vez, pero en los momentos en los que hay que tomar decisiones importantes, es decidido y valeroso, y lo daría todo por su familia.

Los frenos del monovolumen se estropean, y el encargado de un taller de reparaciones, como ve que no tienen tiempo de arreglar la avería, les aconseja que empujen el vehículo y ya en marcha lo hagan funcionar metiendo la 3ª. El resto del camino cada vez que quieran ponerse en movimiento deberán empujar todos a la vez y subirse en marcha, con la puerta corredera siempre abierta. Como al principio va despacio 1º Oli y el abuelo, luego la madre, después tío y sobrino, de acuerdo con las fuerzas de cada uno, pues el vehículo va cogiendo velocidad. El padre siempre al volante. Es muy cómico verlos en esa situación, y ellos parecen divertirse mucho.

Cuando paran en un motel para pasar la noche, el abuelo ensaya con su nieta algunos de los pasos que hará durante el espectáculo, un baile que él le ha enseñado, al ritmo de una música trepidante. Los padres de Oli no dejan de discutir en su habitación a grito pelado, y aunque el tío pone la televisión alta para que su sobrino no los oiga, éste la apaga y escucha complacido con una sonrisa un tanto siniestra, tendido en la cama con las manos debajo de la cabeza.

Al día siguiente el abuelo no se despierta. Ha sufrido una sobredosis por culpa de las drogas que habitualmente consume. Cuando le llevan al hospital les comunican que ha muerto. Todos lloran desconsolados. Para evitar todo el papeleo y el entierro, que les retrasaría, deciden sacar el cadáver por la ventana y, envuelto en una sábana, lo meten en el maletero del monovolumen.

Ya en ruta, y a modo de distracción, Oli se dedica a hacerle pruebas de visión a su hermano, y descubren que es daltónico. Su tío le dice que no va a poder ser piloto de aviones de caza, que era su sueño. El chico entonces comienza a dar golpes desesperado, hasta que paran junto a un terraplén. Sale corriendo y baja por él hasta una zona de campo, donde grita y se sienta a llorar, lamentando su suerte. Cuando se decide a hablar por 1ª vez desde hace mucho tiempo es para insultarlos. La madre va junto a él pero no consigue convencerlo para continuar el viaje. Sólo cuando baja Oli, que apoya la cabeza en su hombro sin decir palabra, decide levantarse, pedir disculpas a todos por los insultos proferidos, y continuar el viaje.

En la carretera un policía motorizado les para por exceso de velocidad. El claxon de la furgoneta suena todo el tiempo intermitentemente porque se ha estropeado, y se produce una situación muy cómica mientras el padre de Oli intenta explicarse con el agente con ese ruido de fondo. Éste le pide que abra el maletero, y ante el terror de todos en lo único que se fija es en las revistas pornográficas que compraron en la gasolinera. Distraído por el reclamo no sigue inspeccionando, y se queda con todas menos una, marchándose jocoso. Todos respiran aliviados.

Llegan por fin a las inmediaciones del sitio donde se celebra el concurso, equivocándose varias veces de dirección por los nervios y la gran velocidad a la que van, saltándose barreras, contra las que chocan, haciéndolas saltar por los aires. El tío se adelanta, corriendo hacia la mesa donde se hacen las inscripciones, con un trotecito extraño, pero llega tarde por unos minutos. La engolada mujer que le atiende les niega la inscripción, pero tras muchos ruegos el hombre que se encarga del ordenador les dice que no cuesta nada volver a encenderlo e inscribir a Oli, conmovido por el padre, que se ha puesto de rodillas.

El padre se desembaraza entristecido del abuelo contactanto con una funeria. Tío y sobrino pululan por allí aburridos, y mientras Oli se prepara salen a tomar el aire. El ambiente no les gusta nada, niñas repollo maquilladas, peinadas y vestidas como si fueran adultas, obligadas a ejecutar los ejercicios más rocambolescos para demostrar sus destrezas. El hermano de Oli piensa que ella no tiene ninguna posibilidad, pues no tiene el mismo aspecto que las demás.

Oli tampoco lo tiene claro, y ante las dudas y la expectación de sus padres, termina decidiendo participar. Su número despierta las iras de la señora de las inscripciones, que intenta detenerla, sin éxito. El abuelo había enseñado a la niña pasos de baile felinos, provocadores, como si fuera un espectáculo erótico. Los primeros sorprendidos son su familia, que no sabían en qué clase de baile la habían adiestrado. El jurado mira perplejo, sin poder salir de su asombro, mientras Oli va de aquí para allá sobre el escenario, disfrutando de su momento, ajena al revuelo causado a su alrededor. Poco a poco, 1º el padre, luego su tío, después la madre y el hermano, van subiendo al escenario cuando ven que mucha gente se va escandalizada. Al final todos juntos bailan y animan al escaso público que ha quedado para que aplaudan y disfruten.

Quedan descalificados y un policía los custodia hasta que abandonan el edificio, y el estado. Salen de allí rompiendo otra barrera, pues el monovolumen sigue sin frenos, ante el asombro y la furia de la encargada de las inscripciones, que los ve desde su coche. Misión cumplida, han hecho el espectáculo, en memoria del abuelo, y aunque Oli no ha ganado no importa, se ha atrevido, ha podido cumplir su sueño. Todos se sienten liberados, satisfechos. Son una familia, contra viento y marea, y al final lo han pasado bien viviendo una experiencia única. 


miércoles, 24 de abril de 2013

Wendy Luhabe


El dinero da libertad y poder. Para emprender más, para seguir creando riqueza, para elegir el futuro, para comprarse un barco. El credo de la empresaria sudafricana Wendy Luhabe no difiere del de cualquier otro empresario. Pero lo que la ha convertido en una de las 100 personalidades más influyentes del mundo, según la revista Time, es que ha convertido esa libertad y ese poder en una oportunidad para los que no tienen ninguna.

Wendy es una “emprendedora social”. Una sociedad mejor la construyen las personas, dice. Y ella invierte en su crecimiento. Ética y beneficio: esa es su balanza contable.

Los jóvenes negros con pocos recursos fueron el primer yacimiento de riqueza en el que se fijó. Con el tiempo, puso en marcha un ambicioso plan: convencer a las mujeres, pobres y negras, de que son líderes, aunque no lo sepan. Ella lo había comprobado siendo niña: su madre se quedó al cargo de cuatro hijos, los sacó adelante y los matriculó en la escuela y la Universidad, con los 40 dólares al mes que ganaba como enfermera. “Decidió no ser una víctima”, dice Wendy.

Con el tiempo, creó el primer fondo de inversión privado para financiar a mujeres emprendedoras, el Women Private Equity Fund. Ese modelo de mujer fuerte, que no renuncia a sus sueños y sabe cómo conseguir atajos baratos y eficaces, como su madre, fue su inspiración. Las mujeres sacan su fuerza de donde pueden para salir adelante, porque tienen hijos a los alimentar. Y, la mayoría de las veces, solas. “Por eso, las madres, las abuelas, las hermanas mayores son las líderes de su familia, de su barrio, de su comunidad, de su país. Aunque su modestia y su falta de formación les impida darse cuenta”, explica Wendy a los poderosos del mundo, especialmente a las poderosas, que hoy la reciben con los brazos abiertos: Hillary Clinton, Melinda Gates o la Princesa Rania.

Curiosamente, el mundo se apiada de esas mujeres y, en su piedad equivocada, las reviste del manto de las víctimas. Mientras se compadece a alguien, es difícil considerarle autónomo, capaz, autosuficiente. Libre. Así es difícil que el poder cambie de manos: la víctima permanece atada su dolor, como a un destino, y el verdugo sigue dictando las reglas. Estas mujeres merecen otra suerte. Y además, excluirlas, es una gigantesca falta de visión empresarial.

Wendy Yvonne Nomathemba Luhabe nació en 1957, en Sudáfrica, en pleno “apartheid”.

Se graduó en Arte y en Marketing y Comercio por la Univesidad de Lesotho.

En 1993 creó el Women Investment Portfolio Holdings, para formar a las mujeres como emprendedoras, y en 2002 lanzó para ellas el primer fondo privado de financiación, el Women Private Equity Fund.

Está casada con el gobernador de la provincia sudafricana de Gauteng y tienen dos hijos.

Por sus palabras la conoceréis:

"Mis padres se ganaban la vida de forma miserable. Su obsesión era matricular a sus hijos en el colegio, que era de pago para los negros. Mi madre me enseñó que todo era posible, y siempre quise vivir una vida sin barreras" (Madame Fígaro, febrero de 2013).

(Artículo aparecido en Mujer Hoy el 16/3/13)


martes, 23 de abril de 2013

El Papa Francisco


Nunca pensamos, cuando fue elegido el Papa Francisco, que le veríamos arrodillado lavándole y besándole los pies a la gente, tal y como hacían Jesús y sus discípulos en los comienzos del cristianismo. En los tiempos que corren, donde hay que mantener una pos preestablecida de cara a la galería, todo dentro de las normas y el protocolo habitual y "bien visto", esta señal de humildad puede parecer inapropiada.
Pero el Papa no entiende de rigideces ni costumbres inamovibles. Él hace parar su papa móvil en medio de la muchedumbre, se baja y se acerca a acariciar y besar a un hombre con parálisis cerebral que está en brazos de otra persona, y les dirige unas palabras. Él no pasa de largo, saludando desde su vehículo sin casi mirar a los que le rodean, él se fija, y si ve que alguien necesita una atención especial va y se la da, sin más. Y no es un golpe de efecto de cara a la opinión pública, se nota enseguida que es lo que le sale del corazón, lo más natural del mundo para él.

Qué sentido tiene seguir los pasos de Cristo desde un vehículo motorizado, o emular su estilo de vida sencillo simplemente lavándole los pies a la gente. ¿Cómo viajaba Jesús cuando predicaba su doctrina?. Ya sé que no tiene sentido hoy en día ir de un lado para otro a pie o en burro, como se hacía entonces, pero bajarse del papa móvil en un momento dado y acercarse a los demás es lo menos que se puede hacer. El Papa no es un mero símbolo, una figura a la que idolatrar y preservar por temor a que pueda ser dañada, es un ser humano que quiere estar en contacto con otros seres humanos, un hombre al que el azar ha querido poner en un lugar preeminente en la jerarquía eclesiástica, y no para permanecer ahí estáticamente.

La polémica está servida: que si es demasiado impulsivo, que si pone en peligro su seguridad constantemente, que si los guardaespaldas tienen que ir a la carrera detrás de él por sus imprevistas aproximaciones a los que vienen a verle. Es cierto que está en el punto de mira de toda clase de terroristas y chiflados, pero si algo le pasara en el ejercicio de su labor ¿no estaría siguiendo en realidad los pasos de Cristo, que dio su vida en el ejercicio de su misión?.

Ignoro cuál ha sido el pasado del Papa Francisco, se dijeron muchas cosas oscuras que no eran ciertas. Lo que sí veo ahora es a una persona que disfruta, pese a su edad, de todo lo que hace, con entusiasmo y vigor. Cansaba ya un poco la imagen del eterno Pontífice exhausto, con mala salud, excesivamente mayor y sin demasiada alegría. Debe ser duro ejercer ese ministerio, pero el actual Papa lo desempeña con un ánimo que no he visto nunca antes, y eso es muy de agradecer.

Hace unos días leí un artículo en el que se criticaba su excesiva exposición mediática, alegando que corría el peligro de adquirir un protagonismo que en realidad le corresponde a Dios, del que es sólo su representante en la Tierra. Pero estoy segura que esta afirmación está muy lejos de ser cierta: Francisco I es un hombre que quiere vivir de acuerdo con los tiempos que corren, y si las nuevas tecnologías de la comunicación y las redes sociales provocan una excesiva amplificación de todo lo que sucede en el mundo no es culpa de él.

Y es que a la Iglesia católica se la critica por todo, porque está obsoleta unas veces o, como en el caso del actual Papa, porque que quiere innovar, aunque sea en algunos aspectos, ya que en otros es difícil aún que se produzca un progreso.
Cierto es que el ser humano es propenso a la idolatría, a crearse símbolos de cosas que creemos buenas, sublimes, ejemplos a seguir que llenen nuestras corrientes vidas. A ellos les otorgamos cualidades especiales, les suponemos niveles a los que creemos que nosotros nunca llegaremos. Pero a estas alturas, y por mucho que nos quieran vender la burra, ya nadie se lleva a engaño, y la figuras que merecen la pena ser admiradas son fácilmente reconocibles y perdurables, y las que resultan ser un timo no tardan mucho en ser descubiertas y vilipendiadas, terminando relegadas al ostracismo.

Poco margen queda a la idolatría. El Papa es la cabeza visible de una institución, nada más. Su forma de actuar es escrupulosamente seguida por todos, todo lo que hace o dice es analizado hasta la exasperación, como ocurre con cualquier figura pública. Hoy en día se cuestiona todo, y el Papa no es una excepción. Todo el mundo parece tener su propia opinión, influido por los medios de comunicación o por la educación recibida.

Si ocupar un sitio como el del Papa es difícil, y de hecho muchos lo han rechazado antes cuando han sido propuestos, es precisamente por su enorme exposición, además de por su apretada agenda, excesiva para personas de edad tan avanzada como suelen tener los elegidos. Lo que pasa es que Francisco I no lo lleva como una cruz, como les ha pasado a otros antes que a él, sino como algo que forma parte de su misión. Y, aceptémoslo, a él le gustan los baños de multitudes, por qué no, va con su carácter. Los hay más retraídos, que prefieren el recogimiento y el aislamiento de la oración. Él no, es capaz de alternar ambos estados.

Me quedo con su eterna sonrisa, con su forma de hablar con la mirada, con su desenvoltura, su criterio propio, su inteligencia y su sensibilidad, su gran personalidad. Apoyémosle, ahora que está empezando, para que pueda seguir con ese ánimo, en lugar de criticar sus maneras sólo porque no sigue como un borrego el camino ya tan trillado antes de que él llegara. Al final van a ser los demás, y no la Iglesia, los que no saben adaptarse a los cambios. 

lunes, 22 de abril de 2013

Fotos que me gustan (XVIII)


Turquía


Plaza de Roma



Islas Graciosas (Azores)


Volcán Puyehue Caulle (Chile)


Volcán Puyehue Caulle (Chile)


Arnastape (Reikiavik)



Volcán Sta. Ana (Salvador)

Volcán Zunil, Quetzaltenango (Guatemala)


Volcán Pacaya (Guatemala)


Flores de hielo

Ártico

Iceberg gigante (Australia)



Antártico

El Ártico desde un avión

Titán (luna de Saturno)

Groenlandia

Cuevas de Eisriesenwelt, montañas de Tennen (Austria)

Ártico

Sáhara

Sáhara





Islandia


viernes, 19 de abril de 2013

Las espinas del amor


Es curioso cómo para algunas personas cuestiones tan delicadas como el amor son sencillas, y para otras es un camino incierto cuajado de espinas. Cual puede ser el secreto, la fórmula mágica que permita que para unos sólo haya disfrute y para el resto sólo pesar.

Mi hijo, que acaba de romper con su chica tras casi medio año de relación, ha encajado la situación con filosofía. A las exigencias que ella tenía él no se sintió capaz de responder, y ante la insistencia decidió, después de muchas moratorias, dar por concluido el noviazgo. Ella montó en cólera (demasiado carácter para él), y se lamentó por el tiempo “perdido” mientras estuvieron juntos. Este es un error en el que suele incurrir la mayoría de la gente cuando se termina el amor.

Nunca es baladí la experiencia, los buenos momentos vividos juntos es con lo que nos deberíamos quedar. No hay garantía de que la aventura sea duradera y satisfactoria, ojalá fuera así, pero cuando nos embarcamos en ella procuramos poner lo mejor de nosotros mismos. Miguel Ángel le dijo a Fiona que comenzó ilusionadísimo. Era ciertamente una ilusión necesaria, después de haber tenido experiencias poco gratas en el pasado. Necesitaba resarcirse.

Lo del tiempo perdido puede que sea una afirmación, muy estereotipada por otra parte, fruto de la rabia por el fracaso de aquello que había dado lugar a tantas expectativas.

Miguel Ángel fue muy caballeroso. Él, lejos de enfadarse, se sintió entristecido y prefirió enfocar el asunto desde un punto de vista más positivo, dándole las gracias de una forma muy bonita por el tiempo que habían pasado juntos. Pero algunas mujeres se encolerizan aún más cuando la otra persona se lo toma con calma, por lo visto necesitan hacer un drama de todo. Fiona era un poco tremenda.

Ahora dice no tener ganas de iniciar una nueva relación sentimental, por ahora ha tenido bastante. Su corazón necesita un descanso, y prefiere compartir su tiempo con Lucas, su mejor amigo hasta el momento. Ellos se entienden, tienen cosas en común, y comparten sus cuitas, encontrando alivio en la amistad más que en cualquier otra parte.

Yo le aconsejé cuando aún no tenía claro lo que iba a hacer, y porque él me lo pidió. En Semana Santa él se marchaba al pueblo de su padre, y después ella se iba de viaje de fin de curso a París. Se dieron un compás de espera y lo hablaron después, pero estaba todo más o menos decidido. Le dije que ella no era mala chica, pero que las cosas en una pareja se deciden a medias, no hay que hacer siempre lo que quiera una de las partes, y con Fiona todo tenía que ser como ella creyera oportuno.
Son muy jóvenes, y es difícil que ambos tengan madurez suficiente como para llegar a un ten con ten. Es complicado incluso en la edad adulta. Miguel Ángel necesita una chica dulce, con personalidad, con buen carácter, inteligente, no demasiado habladora, porque él no lo es y se aturde. Se trata de pasar tiempo juntos y sentirse a gusto. Ahora él siente su ausencia, esa persona que llenaba su corazón y sus horas. El ser amado es una joya que quién sabe en qué arcón de los tesoros pueda encontrarse.

Y quién no está libre, a cualquier edad, del deseo de encontrar ese preciado tesoro. Yo en eDarling, hasta el momento, no he encontrado lo que buscaba. Si envío un mensaje a alguna pareja que me sugieren, la mayoría no responden, y los pocos que lo hacen emplean palabras educadas de saludo y nada más. En cuanto ven que tengo hijos, aunque ellos también los tengan, no quieren saber nada. En otros países esto seguro que no pasa, pero en España está muy arraigado el “moro”, el que acapara y sólo quiere a la mujer para sí, sin querer compartirla con nada ni con nadie, el celoso egoísta. No en vano estuvieron entre nosotros durante siglos.

Dónde está el amor en estos casos, la atracción sana, desinteresada y limpia, sin ideas preconcebidas, cómo puedes alcanzar a vislumbrar más allá de lo que hay tras una simple foto o de la impresión de una 1ª y única cita.

Yo siempre comparo la elección amorosa a lo que me sucede cuando voy a comprar unos zapatos. Y digo zapatos porque es una de las cosas con las que más me cuesta decidirme, porque mis gustos son muy definidos y no me conformo con cualquier cosa. Miras y miras tiendas, harta ya de dar tantas vueltas y de marearte, viendo siempre el mismo tipo de modelos, hasta que donde menos te lo esperas encuentras lo que andabas buscando, sientes ese placer que da la sorpresa de hallar lo largamente deseado y que creías que nunca  encontrarías, aquello que es distinto y que presientes que te va a colmar.

Para algunos es fácil, el amor es un sendero sin escollos por el que se dan un paseo triunfal. Es cuestión de tener buen ojo, buena suerte, un sexto sentido

o como quiera llamarse. Para otros nos es poco gratificante, es un camino oscuro e incierto. El camino de espinas del amor.

jueves, 18 de abril de 2013

Monólogos de cine (II): Algunos hombres buenos


Siempre me han gustado las películas en las que aparecen juicios. Es tan interesante escuchar, no tanto la exposición de hechos del abogado de la acusación, como el alegato del abogado de la defensa. Esa guerra dialéctica, esa exposición apasionada de razonamientos y ese manejo de las palabras para lograr convencer, son lo que hacen que parezca viva una maquinaria tan soporífera como es la de la justicia.

En España el jurado popular ha tenido escaso éxito. No es lo mismo la ficción, en la que somos meros espectadores, que tener que decidir en la vida real sobre el destino de otra persona. Es curioso que en el cine me parezca que tiene una función social y lo encuentre hasta loable (qué valor para enfrentarse cara a cara a un asesino y emitir un juicio), y sin embargo en nuestra realidad cotidiana me parezca algo siniestro, pues cómo se puede poner la vida de alguien en manos de personas inexpertas en cuestiones legales, fácilmente influenciables. Su imparcialidad es cuestionable. Y el cargo de conciencia que queda si te das cuenta que has cometido un error, eso es insoportable.

Nadie está lo suficientemente libre de culpa como para ser juez y condenador de nadie. Aunque a la mayoría de nosotros nos encanta opinar sobre asuntos ajenos, es muy distinto eso a tener que sopesar la información que los abogados (uno bueno entre 100) quieran darnos.

El juicio más original e hilarante que recuerdo en el cine es el que se recreó en La costilla de Adán, pero uno de los que más me impresionó fue el de Algunos hombres buenos, cuando Jack Nicholson, en el papel de un alto mando del Ejército americano, descubre casi al final toda la trama en un arrebato de ira a duras penas contenido, ante las palabras de un joven e inexperto abogado militar que le acusa de homicidio.

“Yo desayuno a 1000 metros de 15000 soldados cubanos entrenados para matarme y no voy a consentir que ninguna boquita de Harvard con su amariconado uniforme blanco venga a decirme como tengo que defender a mi país, ¿está claro?”.

A la pregunta de si ordenó un código rojo, por el que perdió la vida uno de sus hombres, él responde en una explosión de ira que así fue, y continúa, creyendo estar en posesión de la verdad absoluta, convencido de haber hecho lo mejor y creyéndose impune:

“Hijo, vivimos en un mundo que tiene muros, y esos muros deben ser protegidos por hombres con armas. ¿Y quién va a hacerlo? ¿Tú? ¿Tú, teniente Weinburg? Yo asumo una responsabilidad más grande de la que puedas imaginar. Lloras por Santiago y desprecias a los marines. Puedes permitirte ese lujo. Tienes el lujo de no saber lo que yo sé: que la muerte de Santiago, aunque trágica, probablemente salvó vidas. Y mi existencia, aunque grotesca e incomprensible para tí, salva vidas. Tú no quieres la verdad porque en tu interior, en lugares de los que no hablas en las fiestas, me quieres en ese muro, me necesitas en ese muro. Utilizamos palabras como honor, código, lealtad. Utilizamos esas palabras como la columna vertebral de una vida dedicada a defender algo. Tú las utilizas como una frase hecha. No tengo ni el tiempo ni las ganas de dar explicaciones a un hombre que se levanta y se va a dormir bajo el manto de libertad que yo le garantizo, y que luego cuestiona la manera en que yo le protejo. En tu lugar, me limitaría a darme las gracias y seguir tu camino. Si no, te sugiero que tomes un arma y ocupes un puesto de vigilancia. En cualquier caso, me importa un carajo lo que creas a lo que tienes derecho”.

Magistral Nicholson en el papel. Él suele encarnar con frecuencia personajes extremos, duros, seres al límite que guardan una violencia a duras penas contenida, que se dejan arrastrar por sus bajas pasiones hasta rozar la locura.

Aquí encarna a un hombre con delirios de grandeza, un auténtico déspota que se cree elegido para alguna misión especial, un patriotismo mal entendido en cuyo nombre no duda en eliminar a quien considere un obstáculo, por el bien de esa misión. Es una apisonadora, una máquina alimentada por su propia soberbia, creador de su propia justicia, la que toma por su mano, ciego a cualquier otro razonamiento, que se salta a la torera las normas preestablecidas.

Sin embargo su monólogo tiene algo en su exposición devastadora que atrae como un imán, la poderosa atracción magnética que produce una convicción y una personalidad tan fuertes y arrolladoras. Así debe ser un líder, aunque en este caso se llegue demasiado lejos, al trastocarse los valores morales y llegar a un lamentable final.

Un monólogo este memorable, que ha pasado a los anales del cine.


miércoles, 17 de abril de 2013

Palabra de gitano (II)


Más tarde se ve a un nutrido grupo gitano esperando a la entrada de un hospital, donde acompañan a un marido cuya esposa está siendo sometida a una delicada intervención. Él está sentado en una sala de espera rodeado de varias personas, apoyado en su cayado con gesto apesadumbrado. Llora un poco de vez en cuando. Una de las gitanas dice tocándolo con afecto que es muy tierno y cariñoso, muy sentido, y que este momento lo lleva especialmente mal. El aludido permanece callado, medio abstraído en sus preocupaciones. Cuando sale el médico diciendo que todo ha salido bien, aparece una gran sonrisa en su cara, y llora otro poco, de emoción. Todos están contentos y aliviados.

Alguien dice que los payos no acompañan a sus enfermos, que sólo les visitan una o dos personas, y que eso es muy triste y está muy mal. Lo que no dice es que ellos se saltan las normas de los hospitales a la torera, que están para impedir la acumulación de personas y que no se moleste a los pacientes.

Otro dice que cuando se muere alguien es porque Dios lo ha querido así, y entonces todos dan grandes muestras de dolor, gritando, llorando, golpeando las paredes. Algunos hasta se desmayan. Lo que tampoco cuentan es que la mayoría son muy desconfiados y atribuyen la muerte a la negligencia del médico, por lo que no es raro que amenacen al personal sanitario con navajas.

El fallecimiento de algún miembro de la familia es una auténtica tragedia que nunca termina de superarse. Los ejemplos que muestra la serie son numerosos. Una mujer va con sus muchos hijos, ya mayores, al cementerio en el día del aniversario de la muerte del marido. Todos lloran compungidos. Una anciana acude también al cementerio asiduamente a visitar la tumba del marido difunto hace muchos años. Besa su retrato en la lápida y se enjuga las lágrimas con un pañuelo. Una mujer que vende flores junto al cementerio dice que desde que murió su padre hace 6 años la vida ya no ha vuelto a ser lo mismo para ella, ya no puede disfrutar con nada. Un hombre mayor llora la muerte de su mujer, hace mucho tiempo también, y aunque dice que tiene a sus hijos y nietos, no puede evitar lamentarse cada día recordándola. Nadie ha significado para él tanto como ella. Es por eso que los gitanos visten ropas oscuras, porque siempre están de luto.

Realmente tienen un sentido de la fidelidad y la familia como pocos. Esto no quiere decir que no haya gitanos mujeriegos, pero no es lo más frecuente. Como se casan tan jóvenes y tienen tantos hijos, y todos permanecen unidos en grandes clanes desde que nacen hasta que mueren, cualquier problema o ausencia se vive con mucho sentimiento.

En la serie sale a relucir un tema que no suele tratarse normalmente: la homosexualidad. El gitano que es afeminado se le rechaza, no es bien recibido en el grupo. Una mujer decente jamás se pararía a hablar con él. Uno de ellos, que vive apartado de su comunidad, se queja de esta situación. Critica las costumbres tan arcaicas de los de su raza, y señala que habría que preguntarle a las mujeres gitanas qué opinan ellas de muchas de esas tradiciones, como la del desvirgamiento durante las bodas, o tener que casarse tan pronto, entre otras cosas. Se siente injustamente tratado.

Los gitanos son, sin duda, un mundo aparte. En nuestra sociedad permanecen al margen porque ellos mismos lo han querido así, no se adaptan a las normas sociales, pero sí se aprovechan de los beneficios que su condición les proporciona, como ayudas, vivienda, o la que tenemos todos, asistencia sanitaria, etc.

Su animadversación hacia los payos está siempre latente, aunque ellos quieran disimularlo con fingidas amabilidades. A mí hace poco, porque no le quise coger lotería a una gitana que insistía mucho, como hacen siempre, persiguiéndome un buen trecho por la calle, cambió de repente su empalagosa insistencia por una serie de exabruptos que no voy a reproducir aquí.

La misma manía le tengo a las que se dedican a vender pequeñas ramitas de pino, o yo qué sé qué es eso que ofrecen por la calle, sobándote con ellas por el brazo y arrimándose más de lo que la buena educación aconsejaría. Yo siempre desconfío, por si lo que intentan es robarme, al igual que hacen con sus hijos, pobrecitos, que desde pequeños les enseñan a robar. Por supuesto, cuando les rechazas el ofrecimiento (quién quiere dar dinero por semejante ridiculez), se apresuran a echarte mal de ojo de muy mala manera, esa costumbre tan ridícula y de tan mal gusto con la que se creen los dueños y señores de la vida y la muerte de los demás, del bien y del mal. Estúpido alarde de soberbia que es una de las cosas por las que tienen tan poca aceptación en la sociedad. 

Parece ser que diversas asociaciones defensoras de la cultura gitana han denunciado el programa aduciendo que se pretende dar una imagen sensacionalista y sesgada de su pueblo, ahondando en las diferencias respecto al resto del contexto social y en los antagonismos. Sin embargo, está siendo un éxito de audiencia, pues son muchas las cosas que no conocemos de ellos, a pesar de vivir entre nosotros desde siempre, y es por eso que despiertan tanta curiosidad. No creo que nada de lo que aparece sea mentira, es su vida en diferentes momentos. Quizá el problema lo tengan ellos, porque se ven diferentes, y se avergüencen o se acomplejen.

Salvo por los contratiempos callejeros antes mencionados, y algunos otros que no vienen al caso, el mundo gitano es un universo antiguo y peculiar, que conserva sus costumbres desde tiempo inmemorial, defensores de la pureza de su sangre y sus tradiciones. Seguiremos viendo Palabra de gitano, y dejándonos sorprender con la revelación de sus secretos, que hasta ahora habían guardado tan celosamente. 

martes, 16 de abril de 2013

Palabra de gitano (I)


Desde que veo Palabra de gitano, a instancias de mi hijo, que le gusta mucho, me ha cambiado en cierta manera la forma de percibir el mundo que de esta raza tenía, gente que convive con nosotros pero que está siempre al margen.Y esto no sé si sucede porque no nos gustan sus costumbres o porque a ellos no les gustan las nuestras, tan distintas. Siempre han tenido como una rivalidad con nosotros, los payos, como una inquina.

En el programa se nos presentan en cada ocasión algunos de los aspectos cotidianos del gitano. Me pareció curiosa la figura del mediador o "arreglaor", persona de cierta edad, muy respetada por su fama y su buen criterio a la hora de dirimir conflictos. Todos acuden a ellos cuando tienen un problema que no saben resolver, y sus consejos son tomados al pie de la letra. Son como unos padres para todos, lo que sería el consejo de los sabios en la antigua Grecia. Pero ellos no son patriarcas aunque algunos los llamen así, no les gusta que se lo digan.

Y tienen mucho trabajo, porque son comunidades muy numerosas en permanente reyerta: dos mujeres que se han agarrado del moño, un joven expulsado del hogar por su suegra porque es drogadicto... El arreglaor le dice que se vaya a un centro de rehabilitación y que en 3 meses vuelva para hablar con él, que él ya lo habrá solucionado con la suegra.

Varios de ellos cuentan sus experiencias, apoyados en sus bastones, que son como un símbolo de autoridad, pensativos, cadenciosos. Dicen estar cansados porque es mucho el trabajo. Algunos niños se abrazan a uno de ellos, se ve que lo quieren mucho, y éste se deja hacer. Aprovecha para presentar a su nuera, una paya, que al principio fue mal vista por todos, dado su rechazo a los que no son de su raza, pero al final fue aceptada y querida. Su suegra lo cuenta con mucha naturalidad y le pide perdón delante de todos. La aludida tiene la misma pinta que ellos, nadie diría que no es gitana.

También hay "arreglaoras", para asuntos que sólo se pueden resolver entre mujeres. Las separadas son las que más las solicitan. A ellas las llaman las mal casadas, y casi todas se han tenido que buscar un trabajo, al no tener a nadie que las mantenga. Una de ellas dice que es muy difícil rehacer su vida con otro hombre, porque los gitanos las quieren jóvenes y vírgenes.

Nos presentan varias bodas. La 1ª es de mucho postín, porque se casa el hijo de un gitano muy adinerado que, por lo visto, ha amasado su fortuna como prestamista extorsionando a los que no pueden pagar debido a los altísimos intereses que impone. Vive en un chalet de lujo y goza de todo tipo de comodidades.

El hijo se da un baño en la piscina de su casa antes de prepararse para la boda. Es muy joven, y luce un look muy al uso de los jóvenes gitanos actuales, con penacho en lo alto de la cabeza y cejas muy depiladas. Ellos tienen costumbre de ir a buscar a la novia a su casa antes de la ceremonia. Ya vestido en su habitación hay palmeo, baile y cante. Cuando sale de su casa también, cuando llega a la de su novia otra vez, cuando ella sale más. Y así se pasan todo el tiempo sin descanso.

La novia es hija de un barrendero, pero eso parece no importarle a nadie. Para tener sólo 16 años es toda una mujer. Super ceñida en un estrambótico vestido blanco, se queja de las apreturas y de la corona con el velo, que le han ceñido tanto que le estalla la cabeza. Los novios van cada uno en su coche, limusina en este caso. Ella tiene que parar a medio camino porque tiene mucho calor y se marea.

Un gitano oficia la ceremonia, y después el padre de la novia dirige a la concurrencia unas palabras y un canto que emocionan a todos. La verdad es que tiene un aspecto estupendo, nadie diría que es gitano.

Se ha contratado para la ocasión un palacete. Se han dispuesto las mesas en un patio central gigantesco al aire libre, rodeado por una columnata blanca. Son más de mil invitados, y no dejan de sacar paellas, algo que me choca, pues es la cena de una boda, no la comida del chiringuito playero.

Cuando se encierra la novia con las mujeres casadas, para desvirgarla, los hombres fuera no paran de beber. El novio está preocupado por si la hacen daño, y el suegro está muy nervioso por si resulta que no es virgen, algo que parece ser de suma importancia para los giranos. Hasta que no se compruebe ésto la boda no se considera oficialmente realizada.

Cuesta mucho dinero contratar los servicios de la desvirgadora, que además cobra los pañuelos en los que quedará la muestra de la virginidad, atados entre sí y bordados por ella con el color que le ha pedido la novia. Cuando sale ésta, ya aliviada tras el mal trago, su madre señala a algunos de sus parientes con los 5 dedos de una mano, contenta y orgullosa, los 5 pañuelos que ha manchado su niña. Cuantos más manche más pura es.

En otra boda se vive de otra manera. Se ve que no hay tanto nivel económico, pero todos los invitados llevan igualmente trajes muy ostentosos y horteras. Las mujeres casadas han cogido invariablemente un sobrepeso importante que a duras penas contienen con los vestidos excesivamente ceñidos. Parecen estar orgullosas de ello, cuanto más jamona más mujer.

En esta boda la novia se enfada con el que han contratado, negro para más señas, para tomar con una cámara de video todo lo que acontezca, y no es para menos, porque no viene bien preparado. Ella y su madre le llaman "amigo" con tono poco conciliador, diciéndole lo que tiene que grabar.

A la hora del desvirgamiento la muchacha lo pasa mal, tardan mucho en hacérselo porque ella tiene miedo y al estar tan tensa no facilita el proceso. Le preguntan los del programa cómo se siente, y ella, abanicándose mareada, dice que mal, llorosa, pensando aún en el dolor y el temor que ha pasado.

lunes, 15 de abril de 2013

Un poco de todo (XVI)


- Me quedé alucinada hace poco cuando me puse a mirar ofertas de trabajo de periodismo, algo que hago últimamente para ver cómo está el patio y por si sonara la flauta, como se suele decir, y pudiera encontrar un puesto de aquello para lo que me preparé en su día.

Dentro de lo poco que hay, pues la mayoría son empresas de marketing que quieren comerciales que gestionen además redes sociales, vi un puesto para el que se necesitaba un licenciado en Periodismo o Publicidad para gestionar contenidos web de una empresa. Pedían saber programación en lenguaje htlm para trabajos eventuales, e inglés avanzado. El horario era de 9 de la mañana a 7 de la tarde de lunes a jueves, el viernes sólo por la mañana. El sueldo era 50 ó 60 € más de lo que yo gano ahora.

Cuánto sinvergüenza hay por ahí, qué explotación más repugnante del ser humano. Por hacer y saber todo eso pagan prácticamente lo mismo que cobro yo por un trabajo de funcionaria para el que no se requiere estudios universitarios, ni idiomas, ni conocimientos de programación informática, y con un horario cómodo sólo de mañanas.

¿Y para ésto te tiras 5 años estudiando una carrera?. No me extraña que se esté yendo la gente a trabajar al extranjero. Estamos llegando a unos niveles de contratos basura y de depreciación de la calidad del empleo que no sé a dónde vamos a ir a parar. Me parece indignante.

- Me encantó la reposición de la serie que sobre santa Teresa de Jesús hizo Concha Velasco hace unos años. En su momento apenas si vi algún episodio, y ahora no es que haya podido ver muchos más, pero los he disfrutado de manera distinta, mucho más intensamente, a como lo hice en el pasado.

Concha estuvo insuperable con este papel. Nunca se la ha considerado una actriz de rango y abolengo, pues no posee quizá ninguna de las cualidades que se le adjudican a otras intérpretes, la mayoría provenientes de grandes sagas familiares dedicadas al teatro. Pero en algunos de los papeles que ha encarnado a lo largo de su carrera ha sacado de sí misma esencias nunca vistas antes en nadie más. Le ocurre, al igual que a actores como Daniel Day-Lewis, que los personajes se posesionan de ellos y los abandonan sólo al cabo de un tiempo, cuando ya no les dan vida.

El guionista de la serie es magnífico. Los diálogos y la voz del narrador están escritos magistralmente, no tienen desperdicio, y guardan un tesoro literario y espiritual que difícilmente encontraremos en ningún otro relato. Con cada episodio disfrutamos de momentos de paz y armonía, en medio de la vorágine que es la televisión actual.

Fueron muchas las dificultades que santa Teresa tuvo que superar a lo largo de su vida, según se nos cuenta en la serie, pero también muchas las alegrías. Sus experiencias místicas sobrecogen, y están muy bien llevadas a la pantalla. Concha Velasco interpreta estas sensaciones tan complejas con una maestría única, no se podía haber hecho mejor.
Me emocionó especialmente un canto que entonaba la santa mientras estaba acompañada de algunas de las hermanas de la congregación (vuestras caridades las llamaba ella), y estaban preparando figuras religiosas, creo que en Nochebuena. Era una melodía sencilla y bella, llena de alegría, que me llegó al corazón.

Me sorprende saber que el cuerpo de la santa fue desmembrado casi en su totalidad tras su muerte, y que esos trozos de su cuerpo están desperdigados por muchos sitios de España, donde se los venera. Son muy sorprendentes también todos los milagros que hizo, las cosas tan extraordinarias que pasaban cuando andaba ella cerca.
Sin duda Concha Velasco se dejó la vida en este papel. Muchas actrices consagradas podrían haberlo hecho, habrían tenido una oportunidad de lucimiento sin precedentes, pero la elección de esta gran actriz fue lo más acertado que se pudo hacer.

 
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