jueves, 28 de febrero de 2013

El Idaho privado de River Phoenix


Dicen que el talento de River Phoenix no fue lo suficientemente explotado durante los pocos años que vivió. De niño hizo papeles maravillosos que le dieron fama, como Cuenta conmigo y La costa de los mosquitos, pero al hacerse mayor los personajes que eligió se encaminaron por otros derroteros, roles controvertidos en películas independientes.

Muchos intérpretes que han alcanzado la gloria en la infancia pierden su buena estrella al crecer. Se convierten en almas perdidas, que luchan sin esperanza por recuperar un lugar que les perteneció y que no se resignan a perder. Pero hay otros que, por su talento o belleza, han podido seguir con su carrera. Este era el caso de River Phoenix.

Hacer ese tipo de cine alejado de los circuitos comerciales hace que no se sea un estereotipo más de Hollywood, un producto más fabricado por el star system. Adentrarte en mundos poco explorados por lo escabrosos que resultan, y sacar a relucir el lado oscuro que todos tenemos, permite una demostración de maestría interpretativa fuera de los cauces habituales.

Viendo Mi Idaho privado me pregunto hasta dónde quería llegar River, si pretendía escandalizar o simplemente explorar territorios underground que los prejuicios sociales no dejan abordar normalmente. Despertar conciencias, levantar ampollas. El relato crudo de dos jóvenes que mantienen relaciones homosexuales y venden sus servicios a cincuentones rijosos está atenuado, sin embargo, por la no inclusión de escenas explícitas de sexo.

La historia no tiene mayor complejidad, un chico pobre y otro rico, que pronto se cansa de su vida errante y, a la muerte de su adinerado padre, decide vivir a lo grande y tener relaciones con una chica, abandonando a su compañero pobre. Éste, procedente de un hogar desestructurado, no sabe con certeza ni quién es su padre, y va en busca de una madre que no se ha molestado en buscarlo a él. Enamorado del chico rico, no por su dinero sino por él mismo, es el suyo un sentimiento puro, una necesidad de amor nunca correspondida. La prostitución le da náuseas, pero es un círculo cerrado del que parece no poder salir.

River Phoenix es el muchacho pobre, de veintipocos años que va dando bandazos sin saber muy bien qué hacer con su vida, deseando encontrar infructuosamente afecto a todos los niveles. Su enfermedad, que lo deja fuera de combate cada vez que está alterado, es su cruz, y la lleva en solitario. Tan sólo la eventual compañía de otros chicos, que también se prostituyen como chaperos, es su única fuente de calor humano.

Me encanta, y al mismo tiempo me sobrecoge, la escena en la que todos los del grupo en el que está se ponen a gritar y danzar como poseídos, para terminar abrazados y riendo, tirados por el suelo. Es como un juego colectivo y espontáneo para exorcizar los demonios. Ese grito desgarrado, lleno de ira y dolor, es su desahogo ante la soledad, la falta de amor y la frustración.

Quién sabe si este papel no fue el que llevó a la muerte al joven actor. River Phoenix salió aquella noche fatídica de un night club, a duras penas, para terminar desplomado en mitad de la calle, con terribles convulsiones y un ataque al corazón al que no lograría sobrevivir. Johnny Deep, dueño del local, terminó cerrando el negocio, conmocionado por la muerte de su amigo.

Lo sucedido a River es algo muy parecido a lo que él escenificó en Mi Idaho privado, cuando el protagonista yacía convulso en el suelo atacado por su enfermedad crónica. River rodó 3 películas más, la última inconclusa, pero fue en Mi Idaho donde alcanzó la categoría de mito, es ese el film que ha quedado en la memoria de todos para siempre.

Su hermano Joaquin Phoenix, que en nada se parece a él, pues es el vivo retrato de su padre, estaba presente junto con una hermana cuando murió River. Si algo tienen en común ambos es la forma de meterse en los papeles que interpretan hasta casi olvidarse de sí mismos. Joaquin es más intenso, nos tiene acostumbrados a sobreactuaciones dentro y fuera de cámara. No se asemeja en absoluto a River, pero es el único vestigio que nos queda de él, alguien de su familia que aún sigue en el cine.

Puede que a River Phoenix le pasara lo mismo, que se le hubiera quedado metido dentro ese personaje desgarrado y desesperanzado, tierno y vulnerable, que protagonizó en Mi Idaho privado. No tenía motivos  para morir: gozaba de una exitosa carrera, tenía novia, y su propia banda de música. Veintitrés años es edad suficiente para saber que no se pueden mezclar drogas y alcohol, pero puede que le faltara madurez, o simplemente quería explorar sus propios límites y cometió un error.

He leído que aborrecía su imagen pública, y que sufría por sentir que no era considerado un actor serio, sólo apreciado por su físico. Su padre, que padecía depresiones, se solía ir con él para emborracharse juntos. Prácticamente mantenía a toda su numerosa familia. River sólo era feliz cuando actuaba, el resto del tiempo le parecía que nada tenía sentido y se deprimía. 

Han pasado 20 años desde que se fue, pero nos queda su imagen en Mi Idaho, a lo James Dean, al que en muchas secuencias se nota que imita. Y como él rebelde, incomprendido, eternamente bello.

miércoles, 27 de febrero de 2013

El matrimonio Stanford


Una mujer y su esposo, vestidos modestamente, se bajaron del tren en Boston y se encaminaron a la oficina de la secretaría del rector de la Universidad de Harvard, sin tener una cita. La secretaria que los recibió vio por su apariencia que venían de los bosques. “Bah”, se dijo, “son vulgares campesinos…no tienen nada que hacer aquí”.

“Desearíamos ver al rector”, dijo tímidamente el hombre. “Está ocupado”, respondió la secretaria. Durante horas, ésta los ignoró, esperando que se cansaran y se fueran. Pero como esto no ocurrió, frustrada e irritada, decidió interrumpir al rector para anunciarles su visita.

“Tal vez si usted habla con ellos se irán”, le dijo a su jefe. Él hizo una mueca de desagrado y asintió. La pareja le expuso entonces el motivo por el que habían llegado hasta allí. “Tuvimos un hijo que asistió a Harvard sólo un año”, dijo la mujer. “Él amaba Harvard, era feliz aquí. Mi esposo y yo deseamos levantar algo, en algún lugar del campus, que sea en memoria de nuestro hijo”. El rector se irritó. “Señora”, dijo con aspereza, “no podemos poner una estatua para cada persona que asista a Harvard y fallezca. Si lo hiciéramos, este lugar parecería un cementerio”.

“Oh, no”, exclamó la mujer, “no deseamos erigir una estatua. Pensamos que nos gustaría donar un edificio a Harvard”. El rector entornó los ojos, echó una mirada a la vestimenta del matrimonio, y entonces les espetó: “¡Un edificio! ¿Tienen alguna ligera idea de cuánto cuesta un edificio?. ¡Hemos gastado más de 7 millones y medio en los edificios que hay aquí en Harvard!”.

Por un momento la mujer se quedó en silencio. El rector estaba feliz, pensando que se podría librar de ellos. Ella se volvió hacia su esposo y le dijo suavemente: “¿Tan poco cuesta construir una universidad? ¿Por qué no construimos la nuestra?”. Su esposo asintió. El rostro del rector se alteró por la confusión y el desconcierto.

El Sr. Leland Stanford y su esposa Jane Lathrop se marcharon y viajaron a Palo Alto, California, donde establecieron la universidad que lleva su nombre, la Universidad de Stanford, en memoria de un hijo por el que Harvard no se interesó.

La Universidad Leland Stanford Junior, en honor al hijo fallecido, fue inaugurada en 1891 en Palo Alto. Está a 56 km. al sudeste de San Francisco, en el condado de Santa Clara, en el corazón de Silicon Valley, actualmente centro de industrias de alta tecnología y origen de los “cerebros” informáticos, creadores de Internet y las redes sociales, entre otras cosas.

Mausoleo

Leland Stanford era un magnate ferroviario, uno de los “cuatro grandes” que construyeron el ferrocarril transcontinental que conecta los EE.UU. de este a oeste. Fue abogado, juez de paz y gobernador de California. Su único hijo había muerto de fiebre tifoidea. La Universidad es conocida localmente como “The Farm” (La Granja), debido a que está situada en lo que fue la granja de cría de caballos del Sr. Stanford.  

Su prestigio ha ido creciendo con el paso de los años, hasta el punto de que hoy en día es la número uno, por encima incluso de Harvard.

lunes, 25 de febrero de 2013

Sueños


A veces, cuando el nivel de frustración vital es importante, sólo los deseos se ven realizados cuando estamos dormidos, en nuestros sueños. Y así fue como hace poco logré materializar mis más personales anhelos.

Fue una noche completa porque, mientras soñaba, se fueron sucediendo sin solución de continuidad aquellas cosas que más deseo, y con ellas el desenlace ideal. Soñé que volvía a ver luz en la ventana de en frente, en el patio de mi casa, lo que quería decir que mi vecina había vuelto del hospital. En un post reciente he mencionado que falleció, por lo que este sueño se verá incumplido.

Soñé que una vecina de mi descansillo abría la puerta de su casa a alguien que preguntaba por su marido. Ella, sonriente y relajada, decía que ya no vivía allí, lo cual significaba que el susodicho, que se pasa todo el tiempo gritándola e insultando a ella y a su hija, da igual lo molesto que pueda resultar a los vecinos, ha cogido las de Villadiego. Esto es siempre motivo de celebración para mí, me produce una íntima satisfacción ver a un maltratador salir por piernas. Dudo mucho que este sueño se cumpla, pero nunca se sabe.

Soñé que un hombre muy atractivo, con un traje muy elegante, alto y moreno, de mi edad o un poco menos, me miraba con enormes ojos oscuros y una ligera sonrisa, sentado en el borde de una mesa, en una habitación acristalada que podría ser su despacho. Algo cálido e irresistible emanaba de su persona. En realidad, de forma consciente, no tengo un prototipo de masculinidad que pertenezca al ámbito de mis preferencias, pero ya se sabe cómo funciona el inconsciente. Este sueño largamente anhelado tampoco se ha visto realizado hasta la fecha, pero el tiempo dirá.

Soñé que brindaba con mi hermana y el resto de mi familia con unas copas preciosas llenas de champán, porque ella había conseguido ganar la oposición y ya tenía por fin un trabajo estable. Este deseo es el más antiguo de todos. Supongo que en realidad brindaríamos con sidra, que es lo que nos gusta. Es, probablemente, el único de mis sueños con más posibilidades de que llegue a hacerse realidad.

Y soñé, por último, que estaba yo sentada y entre mis piernas había de pie una niña preciosa, rubita, de unos dos años, que era mi sobrina. Mirábamos las dos al frente, como si nos estuvieran hablando o haciendo una fotografía. La envolvía con mis brazos y ella, cariñosa, se dejaba hacer. Pero en mi interior era de repente consciente de que algo malo sucedía con su salud, un problema con el que había nacido, aunque no se le notara.

En ese mismo momento un dolor agudisimo, profundo, abismal, como no he sentido estando despierta jamás, se apoderó de mí. Era una pena desgarrada, una impotencia ante un mal al que no era capaz de poner remedio, una desesperación absoluta ante una injusticia como es la de que pueda existir la enfermedad en la infancia. Fue sólo un instante, lo suficiente para que me despertara de repente sollozando. Tardó un rato en pasárseme la angustia, dejándome una impresión indeleble de la que ya no consigo librarme siempre que lo evoco.

Este sueño también tendrá difícil cumplimiento, pero nunca se puede decir que algo es imposible. Cuando se lo conté a mi hermana, omitiendo la parte del problema de salud, se le humedecieron los ojos. Cuánto desearía ella que lo que soñé se hiciera realidad. “Sigue soñando ese tipo de cosas”, me dijo con una sonrisa esperanzada.

Mis sueños no suelen ser así, en ellos no se materializan cosas bonitas que me gustaría ver cumplidas. Antes al contrario, son sucesos aparentemente absurdos, cuando no terroríficos. En general son un fastidio, lo paso fatal o me aburren sobremanera, pero como no se los puede alterar, la voluntad poco puede hacer ahí (quizá sólo en el duermevela), pues habrá que aguantarse, o cenar un poco menos. 

Lo cierto es que cuando tengo sueños bonitos, algo que sucede rara vez, paso un buen rato, aunque algunos, como este que he contado, que parece una novela por entregas, terminen un poco abruptamente. Sí, ojalá tenga muchos más, como me dijo mi hermana.

En el mundo de los sueños todo es posible.

viernes, 22 de febrero de 2013

Montserrat Caballé


Montserrat Caballé pertenece a una saga de cantantes de ópera que vivió tiempos gloriosos, aquellos en los que el bel canto tenía un prestigio y un brillo que parece haber ido perdiendo con el paso de los años. Quizá ese aire elitista que siempre lo ha acompañado, el estar reservado a un público restringido, ha mantenido al resto al margen de este placer sin igual, resignado a escuchar las obras maestras en grabaciones o por televisión.

Por supuesto no es lo mismo: no se puede comparar un espectáculo de estas características presenciado en vivo y en directo a disfrutarlo de cualquier otra manera. Cada representación es un momento único, se crea una atmósfera especial distinta en cada ocasión, y permanece en la memoria de los asistentes de forma indeleble.

Y en el caso de Montserrat Caballé son actuaciones son magistrales. Es difícil no sentir una conmoción artística total al escucharla. Rara vez se ha estado tan cerca de la perfección. Ella, que tuvo la fortuna de codearse con las divas del pasado, figuras de la talla de María Callas, es sin embargo distinta a todas, e igualmente incomparable. La Callas y ella sintieron un profundo respeto mutuo cuando se conocieron, y siempre le dijo lo afortunada que era por tener una familia unida que la apoyaba, y el amor fiel e incondicional de un hombre en su vida, sentía admiración por ello. María no tuvo nunca esa suerte.

De hecho, la propia Montserrat ha dicho que sin el amor y la armonía que han existido siempre en su familia nunca habría podido hacer su carrera. Aunque siempre sufrió mucho porque no podía estar de continuo con sus hijos. Los constantes viajes por el mundo entero la mantenían alejada del hogar más tiempo del que ella hubiera querido. Su marido la acompañó la mayor parte de las veces, y si no podía se encontraban en un punto determinado durante las giras de ella.

Bernabé renunció a su carrera como tenor para apoyar la de su mujer y cuidar de sus hijos cuando ella no estaba. A él dedica siempre Montserrat sus más tiernas palabras, su agradecimiento absoluto, su respeto, su amor incombustible a pesar del desgaste de los años. Sus hijos han crecido en un hogar donde nunca faltó el cariño, a pesar de las ausencias.

Es de sobra conocida la facilidad que tiene la Caballé para transmitir todo tipo de sentimientos y emociones, perfeccionada con la experiencia acumulada tras cientos de representaciones. Su repertorio es de los más grandes jamás conocidos. Quién se lo iba a decir a ella, cuando siendo jovencita pasaba penalidades por la pobreza de su familia, durmiendo a la intemperie más de una vez porque no podían pagar el alquiler de la casa. Sólo gracias a un mecenas y a los esfuerzos de sus padres pudo costearse los estudios de canto.

Y el caso es que viéndola parece el prototipo típico de cantante de ópera, con sobrepeso, majestuosa. Montserrat dice que hay que conocer el propio cuerpo, la forma como emitir el sonido. Si las vibraciones son fuertes, las armonías resultan duras. Hay que proyectar la fuerza hacia abajo, para que los pulmones alcancen su máxima capacidad.

Pero ella no se ha limitado sólo a cantar. Ha ido a las bibliotecas a buscar personajes y obras que luego ha puesto en pie en un escenario. Son muchas horas de dedicación y estudio. Montserrat es muy curiosa, quiere saber la historia del autor y su obra, quiere entender el significado que hay detrás de todo ello. Le gusta conocer los detalles de los ropajes de la época que va a representar, la decoración, las costumbres, los usos lingüísticos.  
Con su hija

Cantó muchas cosas con su marido. Ella dice que era el terror de los agudos: es capaz de romper el cristal, algo que su hija también puede hacer. Juntas han dado ya muchos recitales.

Cuando le diagnosticaron cáncer, ella dijo que las grandes cosas hay que hablarlas poco, pero hay que tenerlas muy presente. Recuerdo una entrevista que le hizo Julia Otero cuando ya había pasado todo. No era algo de lo que Montserrat quisiera hablar, y la expresión de su rostro, mezcla de tristeza y reconvención, hizo avergonzar a la periodista, que se dio cuenta de inmediato de su error, pues ciertos temas, tan personales, no se pueden tratar como si tal cosa en un programa de televisión.

Ella es una mujer muy humilde (es la antidiva), sencilla, y al mismo tiempo enérgica y segura de sí misma. Inteligente, sensible, tremendamente humana. Cálida en las distancias cortas, su risa es como un gorjeo, cantarina, luminosa, contagiosa. Toda ella te envuelve, te lleva a donde quiera con sus relatos, su vitalidad y optimismo son contagiosos. Transmite mucha paz.

Con Freddie Mercury

Recuerda cuando cantó con Freddie Mercury y le dijo que era seropositivo. Ella se sintió muy cerca de él, y él cantó como nunca a su lado, unidos dos estilos y dos voces que nada tienen que ver, pero que en conjunto resultaron sorprendentes, magníficos. En escena ambos son grandiosos, llenan el escenario con su poderosa presencia. La fuerza expresiva que emana de ellos inunda y arrasa allá donde estén.

Cuántas ovaciones habrá recibido Montserrat Caballé, cuántas veces el público se ha puesto en pie, cuántos flashes han disparado los fotógrafos sobre su persona, cuántas entrevistas ha concedido. Ella habla con naturalidad de todas las cosas de su vida, ella vive con naturalidad una profesión que es tan poco común como lo es ella.

jueves, 21 de febrero de 2013

Mi semana con Marilyn


Durante el rodaje de una película los actores que participan son protagonistas involuntarios de toda clase de situaciones imprevisibles, pues el arte de la interpretación es el único en el que los artistas ofrecen su trabajo en conjunto y no individualmente. A veces se produce una lucha de egos al interactuar personalidades muy acusadas. Debe ser muy difícil hacer bien tu trabajo cuando te toca estar con alguien que te resulta desagradable.

Y así pasó durante el rodaje de El príncipe y la corista, aunque la visión que nos ha dado sobre aquel encuentro-desencuentro el film Mi semana con Marilyn está más humanizada que la que ha circulado siempre por ahí. Se decía que Lawrence Olivier, insigne actor donde los haya, había menospreciado a la actriz por considerarla una mera mujer-objeto. La rigidez inglesa frente a la laxitud norteamericana.

Pero Marilyn también tenía su carácter, su personalidad era tan particular e intensa como la de Olivier. Dos personas que no tenían nada en común, unidas en un rodaje con un tema ligero que no era habitual para el veterano actor.

Marilyn llegó acompañada de su por entonces marido el escritor Arthur Miller. Se sentía tan insegura como siempre, era la 1ª vez que viajaba a Inglaterra, y no sabía si se iba a adaptar bien al país y a su partenaire. Ya desde el principio el trabajo fue un infierno para ella, le costaba memorizar los textos, actuar con naturalidad y meterse en el papel. El nivel de disciplina y exigencia de Olivier la intimidaban profundamente, y sus miedos impedían que pudiera dar de sí todo lo que podía.

La acompañaba en todo momento Paula Strasberg, con quien había aprendido interpretación, y que se había convertido en confidente y amiga íntima, su soporte vital, alguien que la comprendía y apoyaba en todas sus zozobras. Ella le daba tranquilidad y seguridad, hasta que conoció a Colin.

El joven Colin era un tercer ayudante de dirección, el chico de los recados como él mismo decía. Enseguida conectó con Marilyn. Él, fascinado desde siempre por su persona, no creía la suerte que tenía de poder estar cerca de ella. Olivier le utilizaba para saber cómo se encontraba la actriz en cada momento, disgustado por las interrupciones del rodaje y al mismo tiempo preocupado por su salud.

Un día incluso le mandó ir en mitad de la noche a la casa que ocupaba ella con su marido, una mansión en el campo. Encontró al matrimonio en un momento difícil, en medio de una discusión, y decidió no interrumpir, quedándose tras una puerta medio asomado. Marilyn lloraba sentada en las escaleras que conducían a los dormitorios, apoyada la cabeza contra la pared, envuelta en una manta y con un manuscrito de su marido en la mano. “¿Qué hacías ayer por la noche en mi casa?”, le preguntó ella a Colin al día siguiente, “no te habrá mandado Lawrence a espiarme…” Colin le explica la situación, y ella hace lo propio. “Mi marido ha dicho cosas horribles de mí en sus escritos. Los deja a propósito a la vista para que yo los lea. Él dice que son cosas mías, pero no es verdad, y no sé por qué lo hace”.

Colin se convirtió también en su confidente y amigo. Él tenía una manera muy dulce de hablarla, estaba siempre pendiente de sus deseos, era exquisito con ella, la comprendía perfectamente y terminó enamorándose de Marilyn, con ese arrebato platónico y apasionado del primer amor. Marilyn comienza a actuar mejor y parece siempre divertida. “¿Qué es lo que le has dado?”, le pregunta jocoso e irónico Olivier.

Ella lo invitaba a su casa para conversar, paseaban por los jardines. “Olivier es un gran actor que quiere ser una estrella y usted es una estrella que quiere ser una gran actriz, pero ambos no lo van a conseguir, al menos no en esta película”, le dijo Colin un día muy atinadamente. Inteligente, observador y sagaz, daba en el clavo con sus opiniones y la hacía reir, además de aportarle sosiego.

En una ocasión le llevó a un río cercano, conducidos por su chófer, para pasar el día al aire libre, comer en el campo y darse un baño. A la hora de darse el chapuzón Marilyn se desnudó por completo, ante los atónitos ojos de Colin, que la siguió al agua pudorosamente cubierto sólo por sus calzoncillos. El momento era muy sugerente, pero no se dieron más que un ligero beso. Al salir, una diosa esculpida en mármol, ella se vistió y sintió frío, y él la cubrió con su chaqueta. La actriz coqueteaba sólo lo justo, necesitaba ser querida y estar acompañada siempre.

Luego visitaron un castillo cercano. No podían pasar si no tenían algún contacto, pero Colin conocía a una de las personas encargadas del edificio, un aristócrata, pues él en realidad pertenecía a una familia aristocrática. Marilyn se sorprendió mucho con la belleza de las pinturas, grabados y otros objetos que le fueron mostrados, y disfrutó mucho con el recorrido. Al acabar la estaba esperando el personal que trabajaba allí, que la recibió entre aplausos al pie de la escalera de salida. Ella le susurra a Colin al oído: “¿Debo ser ella otra vez?”, y se pone a hacer algunos de los sexys y tan femeninos gestos que la han hecho famosa.

El marido de Marilyn tiene una charla con Lawrence Olivier, que le pregunta por ella. “No puedo trabajar, no puedo dormir, no consigo hacer nada, me tiene obsesionado”, se lamenta el escritor. Poco después regresa a EE.UU. por motivos de trabajo, y ella, sintinéndose abandonada, cae en un estado de semiinconsciencia depresiva, adormecida por los fármacos de los que es habitual, que le impiden moverse de la cama.

Una noche llaman a su puerta, cerrada con llave por dentro, y nadie responde. Todos se asustan, y Colin decide entrar por la ventana. Ella está tan profundamente dormida que no se entera de nada, pero él la medio despierta. “¿Tienes familia Colin?”, le dice dulcemente, con voz somnolienta. Él asiente. “Eres afortunado. Yo pasé mi infancia en varias casas que me acogieron, y en ninguna me quisieron”. Una infancia sin amor fue el permanente tormento de Marilyn. Él se queda junto a ella en su cama, para velar su sueño.

El rodaje va cada vez peor, las pocas escenas que Marilyn rueda es sobreponiéndose a sí misma. Se siente sola, aunque esté rodeada de gente. Una noche tiene fuertes dolores y empieza a sangrar profusamente. El médico le diagnostica un aborto. Ella nunca pudo tener hijos propios, otra de las tristezas que tuvo que arrastrar a lo largo de su vida.

Por fin acaban el rodaje, y casi parece haberse olvidado de Colin. Antes de marcharse, se acerca al hostal donde él se aloja. Todos los que allí están se quedan sorprendidos ante esta aparición, lo que le da al chico oportunidad de presumir. Salen un momento y se despide de él, dulcemente. “Lo hemos pasado bien ¿verdad?. Quizá algún día volvamos a vernos”. No quiere dañar sus sentimientos, pero a él se le ha partido el corazón. Mientras la despide contempla, nostálgico y contento por la experiencia vivida, cómo se aleja su coche por la vereda.

Colin encuentra a Olivier en la pequeña sala de proyecciones de los estudios, viendo la película ya montada. El veterano actor se siente melancólico, y expresa la profunda admiración que siente por Marilyn, a pesar de las apariencias. “No habrá nunca otra mujer como ella”, le dice al chico. “Ni ella misma sabe el potencial de su talento, todo en ella es espontáneo y natural. Todos nos hemos enamorado de ella”.

Colin se convirtió con los años en un guionista y escritor conocido, y decidió escribir un libro sobre aquella semana perdida en los recovecos de su historia personal, en la que la diosa fortuna unió su vida a una mujer como aquella, aunque fuera brevemente. 

Marilyn rodó esta película 5 años antes de morir. Su dulzura, su encanto, su fragilidad, el tormento de su alma, todo contribuyó a hacer de su persona alguien único, grabado en el imaginario colectivo ya para siempre.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Ubuntu


Un antropólogo propuso un juego a unos niños de una tribu africana. Puso una canasta llena de frutas junto a un árbol y les dijo que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas.

Al dar la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos. Después se sentaron juntos a disfrutar del premio.

Cuando les preguntó por qué habían corrido así si uno solo podía ganar, le respondieron Ubuntu. ¿Cómo uno de nosotros podía ser feliz si los demás estaban tristes?

Ubuntu, en la cultura Xhosa, significa “yo soy porque nosotros somos”. El sacerdote misionero franciscano, de origen argentino, padre Jorge Bender, en su libro África no me necesita, yo necesito de África!, explica el término Ubuntu con más detalle.

Si lo traducimos a nuestra lengua significa “Humanidad hacia otros”, “Soy porque vosotros sois”, “ Una persona se hace humana a través de las otras personas”. Una persona con Ubuntu es aquella que se alegra cuando otro es bueno en algo, porque piensa que todos se benefician con esto, que todos son más.
Muchas tribus africanas creen que cada persona decrece cuando otras personas son humilladas o menospreciadas, cuando otros son torturados u oprimidos. En esta ética de pensamiento se basó la política antiapartheid de Desmond Tutu en Sudáfrica.

Ojalá nos contagiáramos de esta filosofía africana, para superar la insolidaridad, el individualismo en el que vivimos.

martes, 19 de febrero de 2013

Para Úrsula


A finales del mes pasado falleció una de las pocas vecinas que tengo a la que guardaba un enorme aprecio. En diciembre estaba yo en la parada del autobús y la vi en la acera de en frente, cargada con bolsas, que iba hacia su casa despacio y tambaleante. Crucé rápida para ayudarla, y estuvimos charlando un rato, como solíamos hacer cada vez que nos encontrábamos, mientras caminábamos.

Úrsula me contó que en breve iba a ir al hospital para que le hiciesen una prueba o para operarse de algo, no recuerdo exactamente lo que me dijo. En varias ocasiones estuvo a punto de caerse, apoyada a duras penas en su bastón, que había comprado hacía poco. Recuerdo que le dejé las pesadas bolsas en el ascensor de su casa y, al despedirnos, tuve la sensación de que esa sería la última vez que la vería.

Hace 18 años y medio que conocía a Úrsula, cuando vine a vivir a mi casa. Por entonces todavía estaba su marido. Ambos fueron conmigo siempre muy afectuosos. Ella y yo solíamos charlar cuando íbamos a tender la ropa, pues la ventana de su cocina estaba en frente de la mía en el patio. Por entonces, aunque ya era mayor, aún se encontraba bien. Tenía algunos achaques de salud que solían incordiarla, pero lo llevaba con mucha dignidad, procuraba tener buen aspecto, llevaba ropa sencilla pero de vestir, iba a la peluquería con cierta frecuencia y tuvo siempre un aire de tranquila elegancia que provenía de su forma de ser y de su educación.

Me ayudaba a cambiar las cuerdas de tender siempre que se me rompían, lo cual ha sucedido con cierta frecuencia. Usaba un enorme cuchillo de cocina para cortar la cuerda que sobraba, y un mechero para quemar la punta y que no se deshilachara. Los días de lluvia ponía un gran plástico cubriendo mi ropa para que no se mojara, fijándolo a sus cuerdas, que estaban a los lados de las mías, con pinzas, lo cual era muy trabajoso. Me admiraba su fortaleza. A veces nos avisábamos por teléfono cuando empezaba a llover si veíamos la ropa de la otra tendida sin protección.

Me contaba cosas de su hijo cuando era pequeño, cuando se sentaba al lado de la puerta para que le sacara al parque a jugar, o cuando le abría los cajones y armarios de la cocina y le sacaba los cacharros. Decía que fue siempre un niño muy bueno y muy estudioso. No pudo tener más hijos por complicaciones en el parto. Antiguamente se hacían auténticas carnicerías con las parturientas.

En Navidad ella me pasaba atada a las cuerdas de tender una bolsa con dos cajas de lenguas de gato o cualquier otra delicia de chocolate para los niños, y yo le compraba bombones. Mis hijos se asomaban de vez en cuando para saludarla cuando tendíamos, y ella siempre se maravillaba de lo de prisa que crecían y lo guapos que eran.

Un día sacó orgullosa por la ventana una olla exprés de las que se cierran haciendo coincidir las asas. Hacía la comida en la mitad de tiempo que una olla exprés convencional. También tenía vitrocerámica. Hace 2 ó 3 años puso aire acondicionado. Siempre dije que para ser tan mayor era más moderna que yo. En otra ocasión me pasó un tipo de gamuza especial que ella empleaba y que ella aseguraba que limpiaba mejor que ninguna. Aún la conservo.

Tenía su casa como la patena. Su marido nos visitó un día para que le enseñáramos nuestra calefacción, pues no sabía qué modelo instalar, y le gustó tanto que terminó poniéndola él también. Cuando murió, Úrsula, aunque había sido el suyo un matrimonio tormentoso en los últimos años (se les oía discutir constantemente), necesitó aumentar la dosis de somníferos que habitualmente tomaba para poder dormir. La fuimos a ver a su casa para darle nuestras condolencias.

Ella sacó un día un retrato de él por la ventana de la cocina, mientras charlábamos en el patio como solíamos hacer. Estaba llorosa y deprimida. Lo cierto es que desde que ella se quedó viuda y yo me divorcié, ya no volvimos a ser las mismas ninguna de las dos. Úrsula acusó la soledad, aunque fue siempre muy independiente, y su salud y los años que no pasan en balde hizo que se resintiera. Todo en la vida pasa factura. Como además fue perdiendo audición, que nunca tuvo mucha, hacía difícil que pudiéramos charlar como solíamos.

Por las noches, como su habitación y la mía están pared con pared, la oía hablar en sueños con palabras entrecortadas e incomprensibles, y su respiración tan profunda, pesada e inquieta me preocupaban.

No sé lo que le pasó en realidad. Me imagino que saldría de su operación y, como realmente ya no podía valerse por sí misma sola, la llevarían a una residencia de ancianos. Pienso en su horror viéndose allí metida, entre extraños, a ella que no le gustaba estar en más sitio que en su casa. Seguro que no lo resistió. Su hijo llamó a mi ex marido para agradecer las amabilidades que habíamos tenido con ella a lo largo de estos años. En realidad era ella la que las tuvo con nosotros, no hay sitio suficiente aquí para describir todos los innumerables pequeños detalles con los que me obsequió, no siempre materiales. Es lo que se obtiene del trato con personas buenas, y especiales.

Cuando se quedó viuda su hijo nos pidió que la cuidáramos, si no era mucha molestia, echando una ojeada de vez en cuando a su ventana para ver si había movimiento. Sus visitas eran breves, es un hombre muy ocupado, y se adolecía de no poder atenderla mejor.

Cuando la conocí recuerdo que me sorprendió la semejanza que me parecía que tenía con mi abuela Pilar, el ademán con el brazo y la mano que acompañaba armoniosamente sus palabras, su manera de hablar cadenciosa e inteligente, su forma de reir. Eran personas con una elegancia innata, que está más allá de la simple apariencia externa.

Ignoro si tendré nuevos vecinos en breve o no. Por lo general cuando una vivienda se queda vacía tardan mucho en ocuparla. No soportaría gente ruidosa y maleducada, estoy acostumbrada a la exquisita educación que tenían Úrsula y su marido. Aún me cuesta mucho ver que por la noche no se iluminan sus ventanas, no me hago a la idea de que ya nunca más se asomará mientras tiendo la ropa para charlar un rato. La muerte es así de inexorable.

Si alguna vez no supe corresponder en su amistad, espero que me haya perdonado. Tengo la dicha por lo menos de haberla conocido y tratado durante unos cuantos años, que me han parecido pocos. Siempre la voy a llevar en mi corazón.

lunes, 18 de febrero de 2013

Un poco de todo (XXII)


- Me han dado hace unos días por la calle un folleto en el que se reclamaba la libertad de Noelia, una chica que está presa en la cárcel de Brieva (Ávila), y que está sufriendo acoso y abusos policiales.

Según he podido leer, es diabética y se le niega la medicación que necesita para subsistir. Como protesta por el trato que le dan, la han golpeado en innumerables ocasiones y la esposan a su cama. En octubre sufrió incluso abusos sexuales por parte de uno de sus carceleros. Además, se la tiene aislada, impidiendo que se comunique con su madre y amigas.

Ignoro cuál fue su delito, pero por lo visto entró para cumplir condena durante año y medio y ya lleva 5 años. Me parece increíble que pueda suceder esto. Ya fue muy conocido anteriormente el caso de Alcalá Meco, cuando se descubrió que varios funcionarios de la prisión recibían favores sexuales de las presas a cambio de tabaco y otros artículos. En esa ocasión sí hubo una investigación y los culpables no quedaron impunes.

Cuántos casos así habrá en las cárceles de nuestro país. Creemos, por comparación con lugares como Tailandia, que tenemos un sistema penitenciario estupendo con unas instalaciones renovadas, pero no se inspecciona la gestión de los carceleros, si se cometen abusos y delitos. La condena del que delinque se supone que debe servir no sólo para castigar sino sobre todo para rehabilitar.

Los abusos y delitos de los propios presos son de sobra conocidos, algo a lo que hay que poner coto, aunque creo que son fruto de la rigidez de las normas carcelarias, la incomprensión de las autoridades respecto a los problemas de los presos y a un mal enfoque del sistema, que en realidad no ayuda a superar las lacras de la vida del convicto.

No se puede consentir ni dejar impune el hecho de que los propios encargados de administar el castigo impuesto por la justicia comisionen actos execrables como los relatados anteriormente. Es como si los que deben tener un comportamiento ejemplarizante fueran los primeros que se apuntan al fuera de la ley.

Es increíble que a estas alturas estemos todavía existan casos de torturas en las cárceles. Por suerte, cada vez hay más personas que se manifiestan en la calle denunciando estos hechos, como en el caso de Noelia.

- Es increíble el revuelo que se ha armado con la decisión del Papa de renunciar a su cargo por razones de salud. Que si no es lo habitual, que si sólo había pasado con dos antecesores suyos hace siglos… Cuántas tonterías. Es como si todos tuviéramos que hacer siempre lo mismo, lo socialmente aceptado, como ovejas en un rebaño, sin capacidad de decisión ni disensión. Ni siquiera que existan antecedentes palía la crítica.

La dignidad de las personas pasa por no tener que desarrollar una labor en situación de salud precaria. Lo que sucedió con Juan Pablo II me pareció siempre una barbaridad, una ruina humana que ni se podía mantener derecho y al que se le caía la baba, la cara contraída por el dolor, en medio de los interminables actos oficiales a los que tenía que asistir.

Fue una decisión personal, igual que Cristo llevó su cruz él quiso hacer lo mismo, como una penitencia. Hay algo descarnado, cruel y atroz en esa fijación de la Iglesia católica por el autocastigo. Es un masoquismo innecesario, antinatural. A mí lo del anterior Papa me pareció lamentable, digno de lástima, e incluso de repulsión. Cristo sufrió un martirio infringido por otros, no se martirizó a sí mismo, ofrecido a sí mismo como espectáculo multitudinario y truculento. Juan Pablo II fue un Papa extraordinario, pero ahí me parece que no estuvo acertado.

Admiro la decisión de Benedicto XVI, que siempre ha sido un hombre muy particular. Reservado, tímido, modesto, no dado a alardes públicos de ninguna clase, nunca ha buscado emular a nadie ni conseguir la popularidad que caracterizó a su antecesor. Es sin duda, y aunque no lo parezca, alguien con mucha personalidad que sabe muy bien lo que quiere.

Si en el Vaticano tienen la costumbre de elegir a los Sumos Pontífices de entre personas de avanzada edad, no es de extrañar que termine pasando esto: es como querer que alguien haga la carrera del galgo al final de su vida, cuando las fuerzas ya empiezan a fallar.

A lo mejor quieren eso, gente anciana que dure pocos años, y así renovar con frecuencia ese puesto tan ansiado por tantos ambiciosos como hay en la curia romana. Al final la propia Iglesia católica es víctima de la rigidez de sus normas: si no fuera así no se habría armado este escándalo, todo habría transcurrido con la naturalidad que debería ser normal.

El futuro eclesial es incierto. Hay muchos candidatos a suceder al Papa Benedicto. Sólo el color de las fumatas lo podrá esclarecer.

- Mi agradecimiento a Nathaly Habich como nueva seguidora de este blog.



viernes, 15 de febrero de 2013

Astronomía (V): La nebulosa del Ojo de Gato





Cuando una estrella como el Sol consume todo su hidrógeno, se convierte en una estrella gigante roja. En esta fase, la estrella expulsa sus capas exteriores y deja un núcleo caliente que colapsa para formar una enana blanca. Un rápido viento estelar emanado del núcleo caliente empuja la atmósfera eyectada y crea estas fabulosas estructuras filamentarias.

En el caso del Ojo de Gato, el material expulsado por la estrella está volando a una velocidad de 6,5 millones de kilómetros por hora. En las fotografías podemos ver el halo gaseoso de más de tres años-luz de diámetro. Las nebulosas planetarias son comunes en las fases finales de estrellas similares al Sol, sin embargo, sólo algunas poseen halos similares a este, probablemente formados de material expulsado en los primeros episodios activos de la evolución estelar.

jueves, 14 de febrero de 2013

Retrato de un beso


Parece que se han conjurado los hados meteorológicos para no ser adversos un día como hoy de los enamorados, en el que brilla el sol en una anticipada primavera.

No tenía intención de escribir sobre el amor precisamente por celebrarse en esta fecha, y porque si lo único que conmemora es el relativo a la pasión, a mí me abandonó hace tiempo. Otros tipos de amor llenan mi corazón, a mis hijos, mi familia, mis amigos, pero el de pareja sigue estando ausente de mi horizonte vital, y no por que lo desee así realmente.

Decidí hablar sobre ello contemplando una foto en blanco y negro esta mañana en un blog que sigo, en la que aparecía una pareja besándose en una estación de tren. Estas imágenes antiguas, en las que el color está ausente porque aún no se había inventado para la cámara, siempre son motivo de inspiración para mí y una fuente inagotable de nostalgia, tienen algo único del que carecen los pics actuales, mucho más perfectos y de gran definición, pero sin ese trasfondo, esa magia que emana de las de hace muchos años. Se puede decir que tenían alma.

Las despedidas en esos lugares siempre han tenido algo especial, el adiós tiene algo de tristeza y emoción contenida que se trasluce en las actitudes, en los cuerpos. Hay una precipitación, como una angustia, una desesperación por la inminente separación. Eran corrientes hace años las fotos de soldados que se iban al frente, como la que aludo, y en ellas parece que el dramatismo es aún mayor por la incertidumbre de saber si su protagonista volverá o no de la contienda. Hay algo heroico, sublime, en esas instantáneas, y una cierta desesperanza que nos es intrínseca a los seres humanos, pues el final de la vida es inevitablemente la muerte, sea en el campo de batalla del frente o en el de la existencia cotidiana.

El beso que más años lleva circulando por ahí, como enseña del amor pasión más romántico, es el que retrató en el París de los años 50 el fotógrafo Robert Doisneau, si bien fue un posado pagado y no una instantánea que reflejara al paso la vida en la capital, como puede parecer. También es cierto que la pareja que se besaba tuvo una relación bastante efímera, pero para nosotros ha quedado como el símbolo absoluto del amor, de la juventud eterna, de la esencia de la vida que fluye a través de esos labios unidos en un momento eterno de cálida emoción.

El beso de Klimt también se ha hecho famoso en los últimos años, al ser revalorada su obra y el autor a pesar de la distancia temporal que nos separa de ambos. Es un beso de amor extraño, por la postura, y porque todas las creaciones de este artista son sofisticadas y exuberantes, y no se suelen corresponder a los cánones estéticos más convencionales. Es un beso protector, lleno de ternura, en el que prima la virilidad del hombre sobre la feminidad y el recatamiento de la mujer, que se deja querer, abandonada al amor. Ella parece objeto de adoración, y él la figura poderosa que la cubre como una sombra.

En el cine, uno de los besos que más se recuerda es el de Clark Gable y Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó. Las mujeres admiramos siempre la forma de “agarrar” que tenía este actor en las escenas de amor, había algo sumamente elegante, apasionado y masculino en esa forma de coger a su pareja, como si al abrazarla la cogiera sólo para sí y ya no la dejara escapar. Ese afán de posesión tan típico de los hombres de antes, y que mirado fríamente a mí me produce un agobio enorme, si lo sintiéramos nosotras en nuestras propias carnes, así en caliente, seguramente nos subyugaría por completo.

En estas cosas no hay que ser extremo, ni quedándose corto por lo escaso, como los “picos” que llaman ahora la gente joven, ni exagerando la nota por lo excesivo, como esos besos con lengua profunda y prospectora, con mucho intercambio de saliva.

El beso es ese momento de amor que, un día como hoy de los enamorados, despierta nuestras más profundas emociones, quizá dormidas por el devenir cotidiano, y que se convierte en objeto de admiración artística cuando se sabe dar en su justa medida. El amor, detrás de ese beso.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Blade Runner


Me pasaba mi hermana el otro día Blade Runner, una película que le regalé hace tiempo, porque sé que para ella es un film de culto, imprescindible en nuestro imaginario común, punto sin retorno del pasado que nos recuerda la época que nos tocó vivir y lo que sentíamos entonces.

La escenografía de la cinta nos es ahora muy familiar, porque muchas películas la han utilizado después, pero en su momento fue una auténtica novedad, aunque se ha dicho que tiene mucho de la empleada por Fritz Lang en Metrópolis. Los coches que flotaban en medio de la noche entre edificios con carteles luminosos y cambiantes (obsesiva repetición del rostro de una mujer oriental), los espacios inmensos y fríos aunque bulla en ellos la vida, los interiores oscuros apenas alumbrados por unos pocos rayos de luz solar que se cuelan por las ventanas, la sensación opresiva de estar siempre encerrados y con luz artificial, son elementos que dieron al largometraje una atmósfera inquietante e intensa, sin igual por aquel entonces.

La música de Vangelis, que comenzaba a darse a conocer, resultaba muy plástica, relajante, fría, a ratos dulce, el contrapunto perfecto para la temática del film.
 
Me fascinan las imágenes de ciudad futurista, las calles oscuras y sucias, atestadas de gente y constantemente regadas por la lluvia. Harrison Ford sentado en un puesto callejero de comida china, metiendo los palillos entre gruesos fideos nadando en sopa. Escenografía similar se ha usado después en films como El quinto elemento, o Black Rain del mismo director. Es como si la vida en la ciudad fuera la única posible.

Me encanta el aparato que el protagonista utiliza para ampliar parámetros de una imagen, operando con la voz. Todo en esta película resulta sorprendente, maravilloso.

Blade Runner es un film que va más allá de la ciencia-ficción. Toda ella es un alarde estético, una puesta en escena que recrea los sentidos. Vemos a Rachael, la replicante que no sabe que lo es, vestida, maquillada y peinada en el 2019 como si estuviera en los años 40 del siglo pasado. Sus uñas rojas, largas, brillantes y perfectas en unas manos preciosas cogen un cigarrillo y lo encienden con absoluta elegancia, mientras se confunde con el humo que exhala, a contraluz. Sus lágrimas y la tristeza de su rostro al saber que no es humana son el paradigma de una sociedad futura en la que se ha perdido casi todo vestigio de humanidad.

Sean Young, la actriz que la interpreta, no consiguió después mantener aquel brillo repentino en su carrera profesional. El año pasado, en la entrega de los Oscars, protagonizó un lamentable espectáculo intentando colarse bebida en la gala sin haber sido invitada. Es triste ver cómo trata Hollywood a sus estrellas, cómo deja que éstas se apaguen después de haberle dado lo mejor de sí mismas.

Harrison Ford aparece muy joven, sin arrugas en la cara ni la boca torcida que tiene ahora, está bello y convincente.

Joanna Cassidy encarna a la replicante que subsiste en el mundo humano con un show de serpientes. Espectacular cuando llega a su camerino con un ligero tanga y el cuerpo cubierto de purpurina plateada, que le da un aire misterioso y sexy. Cuando mete la cabeza en la burbuja de cristal para secarse el pelo tras la ducha me pareció alucinante la 1ª vez que lo vi. Ahora es un artilugio corriente en muchos sitios. Es increíble, magnética, la persecución, rodada a cámara lenta, de que la hace objeto el protagonista, cuando va reventando los cristales de los escaparates de las tiendas por las que pasa (en realidad estaban hechos con láminas de azúcar), tiroteada y ensangrentada, en su loca huida hacia una salvación ya imposible. A pesar de la fuerza de su carácter y su personalidad, yace al final indefensa, repentinamente frágil y derrotada en el suelo, como una muñeca rota. Es la apariencia que confiere la muerte.
 
Daryl Hannah está original y desasosegante en la piel de una replicante que es una prostituta, rubia, ingenua en apariencia pero muy peligrosa, capaz de movimientos acrobáticos de ataque que nos dejaron a todos con la boca abierta cuando lo vimos por vez 1ª. Ese look cyberpunk que lleva lo ideó ella misma cuando hizo la prueba del casting, poniéndose una peluca rubia que encontró entre un montón de cosas, pintándose los ojos desde la sien de negro como dice que había visto hacer en Nosferatu. Las acrobacias fueron también de su invención, y no necesitó doble en muchas de las escenas porque en el instituto se le daba muy bien la gimnasia y aprendió a hacerlas.

El siempre inquietante y viril Rutger Hauer da vida de forma magistral al replicante más perfecto, que perdona la vida al protagonista en el último momento, viendo que la suya se acaba también. “¿Cómo se siente uno cuando se vive con miedo?”, le pregunta mientras lo sujeta en vilo sobre el vacío. “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais (...) Todos estos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia... Es hora de morir”, improvisó el actor, frases las suyas que pasaron a la posteridad. Él también puso mucho de sí mismo, sus sugerencias contribuyeron a crear un personaje complejo en el que se mezclaban la ira, el dolor, la melancolía, la dulzura, el miedo y la esperanza.

Es por ello que resulta ser el más interesante: creíamos que su inteligencia estaba puesta al servicio del mal, pero vemos que no es así realmente: los replicantes, esos seres mitad personas mitad robots, no han hecho otra cosa que intentar sobrevivir. Su generosidad final es un rasgo que le acerca al ser humano y a la humanidad que le ha sido negada. Su inmensa tristeza hace causa común con la de Rachael, pues los replicantes no tienen derecho a una larga vida, ni a tener sentimientos, ni recuerdos. Son los Frankenstein de la era moderna, fabricados a semejanza del hombre pero sin posibilidad de una existencia plena.

El protagonista se enamora de Rachael, y su reflexión personal le hace dudar sobre si la exterminación de los replicantes es lícita y necesaria. Al final nos preguntamos en quién estaba la humanidad. “Obliga a la audiencia a reevaluar qué significa ser humano”, he leído. El director, Ridley Scott, estaba pasando por un momento personal muy duro, al morir de cáncer su hermano, al que estaba muy unido. Su visión pesimista y terminal, la incapacidad de ponerle coto a la muerte, la impotencia ante el fin inexorable de la vida, tienen mucho que ver con lo que él sentía en ese momento. 

En todas las películas de Ridley Scott hay una enorme fuerza, un gran magnetismo y una gran sensibilidad. Aunque la acogida de crítica y público fue muy irregular, el tiempo ha hecho que Blade Runner sea una de las películas de su género más impactantes y extraordinarias, una visión desasosegante del futuro, pero también llena de melancólica poesía.

 
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