viernes, 29 de mayo de 2015

Las viviendas militares

 
Mi casa y la empresa de Defensa que la construyó vistas desde
el solar donde estaba Mahou
Dicen que tenemos una bicoca los que vivimos en casas de empresa. Pagamos un pequeño canon de alquiler, aunque sabemos que las viviendas nunca serán nuestras. Cualquier reforma que hagamos en ellas corre de nuestra cuenta y ahí se queda si alguna vez tenemos que dejarla.
Pero lo que nos pasa a los vecinos del inmueble donde vivo es de opereta. Las viviendas pertenecen al Mº de Defensa, están hechas desde finales de los años 50 y durante mucho tiempo nos han dicho que nos las acabarían vendiendo a los inquilinos, tal y como han hecho con el resto de las que estaban habitadas por personal militar en Madrid y en toda España. Pero no, en 2015, después de años de dimes y diretes, han hecho lo que es típico de este Ministerio: discriminar entre funcionarios civiles y militares. A estos últimos sí se les ha vendido la casa en la que vivían, que además era mucho mejor que la de los civiles, con calefacción central y habitaciones amplias.
Resulta que no sólo no nos las van a vender, sino que se irán incorporando al patrimonio de cierto organismo de Defensa, que se encarga de todo lo relacionado con viviendas, a lo largo de 3 años, durante los cuales supongo que nos subirán la cuota de alquiler y los gastos que genere la comunidad, como reparaciones, limpieza, etc., correrán de nuestro bolsillo, como si fuéramos propietarios. Increíble.
Se supone que seguiremos de alquiler hasta que la vivienda se vacíe, y sólo se la darán a familiares de los ocupantes en determinados casos, con lo que queda abierta y explícita la puerta a los arribistas de siempre. Las que están actualmente desocupadas serán reformadas para en el futuro acondicionarlas al uso del personal militar que venga a Madrid a hacer cursos o a lo que sea que vengan, porque tienen carta libre para todo.
Los inquilinos, que ya habíamos hecho planes, después de decirnos durante años y años que nos las iban a vender a los que quisiéramos comprarlas, y que una empresa se encargaría de los alquileres de los que decidieran seguir con este régimen, vemos ahora nuestros proyectos desaparecer en el aire. Pensábamos que un perito calcularía un valor razonable por cada piso, teniendo en cuenta el tiempo que hace que está edificado el inmueble, que carecen de calefacción (los que tenemos es porque se lo hemos puesto nosotros), que los materiales con los que fue contruído son de baja calidad, y que llevamos muchos años usándolas.
Qué clase de alquiler nos pondrán ahora. Desconozco si tendrán en cuenta que el funcionario civil del Estado tiene un sueldo miserable, y que la mayoría de las personas que viven aquí son señoras muy mayores con una pensión reducida.
viviendas que fueron militares, Pº Virgen del
Puerto, Madrid
Mi madre, que se preocupa tanto por todo y que tiene una imaginación desorbitada, ya se ve sentada en su sillón en medio de la calle, rodeada de sus muebles, como en los desahucios que por desgracia tan acostumbrados nos tiene la televisión. No poder tener la certeza de que la casa donde vives te va a acoger hasta el último día de tu vida, no tener siquiera esa tranquilidad al llegar a la vejez, que es un derecho básico de las personas, me parece tremendo. Yo estoy en la misma situación, pero a mí sólo me preocupa que no suban demasiado el alquiler, puesto que son viviendas sociales. A los militares se las vendieron por un precio razonable, y eso que son mucho mejores que las nuestras.
Cada vez que recuerdo el gigantesco bloque de pisos preciosos que dieron a los gitanos hace años cerca de mi barrio para realojarlos, se me abren las carnes. Luego por lo visto se dedicaron a desmantelarlos para vender lo que sacaban de allí a chatarreros y negocios de chamarilería: tuberías, pomos, cables eléctricos, de todo. Hay que ser de otra raza, o extranjero, para conseguir en este país ayudas y prebendas. Los que somos de aquí ya nos pueden ir dando.

 


jueves, 28 de mayo de 2015

El circo político nacional

 
Asistimos horrorizados a una estupidez creciente y a un crispamiento del ambiente político nacional que no creo que haya tenido parangón en ninguna otra época de nuestra Historia. Las recientes elecciones municipales han sido un claro ejemplo de ello. Los políticos de toda la vida van siendo sustituídos por otros de reciente hornada, de cuya solidez e integridad cabría más de una duda, pues venden su burra como si se tratara de un mercadillo de fin de semana, todo low cost imposible de rechazar.
A pesar de las nuevas tecnologías y la abundancia de información somos más ignorantes que nunca. Nos tragamos la 1ª monserga que nos coloquen sólo porque suena diferente a lo que ya estamos acostumbrados a oir, sin analizar lo que nos dicen y sin tener conocimientos suficientes para discernir lo que es cabal de lo que no lo es. Y me temo que la gente joven abunda en esto último más que ningún otro sector de la sociedad.
Queremos novedades, deseamos renovación, pero debe ser con criterio. Cierto que los políticos que nos asolan están ya muy quemados, sufren el desgaste de tantos años de trabajo, con la pérdida de valores e ilusiones que eso conlleva. Aún nos sorprendemos cuando tal o cual personaje del panorama político de toda la vida es pillado con las manos en la masa, trincando como si fuera un jeta recién llegado y no supiera ya cómo funciona esto. Ya nadie tiene clase, ni pedigrí, ni honestidad.
Y llega Esperanza Aguirre, que ya se estaba autoproclamando alcaldesa antes incluso de que Rajoy la propusiera candidata, y termina de colmar el vaso si no estaba ya bastante lleno. Siempre ha sido prepotente, pero antes tenía más donaire, salía más airosa de las situaciones incómodas que ella misma generaba. Sería porque era más joven, el caso es que la edad no le está sentando precisamente bien. Tampoco es tan mayor, y no se puede quejar de que a sus años y después de tantos puestos como ha ocupado la sigan teniendo en cuenta en la carrera política.
La decisión de hacerla candidata a la alcaldía fue, de todas formas, extraña. Porque no se dieron prisa precisamente para nombrarla. Pasaba el tiempo y ella lanzaba órdagos al presidente a través de los medios de comunicación. Parecía como si no hubiera nadie más disponible, nadie que quisiera hacerse con esa responsabilidad. Por descarte era como si sólo quedara ella. Rajoy la nombró con poca convicción, y en este tipo de cosas es donde se nota que le falta sangre, que es débil para enfrentar ciertas decisiones. Aparta el moscardón que le molesta de un manotazo y que salga el sol por Antequera.
Y pasó lo que tenía que pasar. La Aguirre, pasadita de revoluciones como está desde hace tiempo, lucía su prepotencia allá donde iba, como si su caché le diera venia para todo lo que quisiera hacer o decir. Se ve que ya no tiene paciencia, que no aguanta tanta pregunta reiterativa y simplona de la prensa, que contesta con cualquier fresca que se le viene a la cabeza, como hacen los abueletes malhumorados. En El hormiguero le dieron una de cal y otra de arena: el presentador la amonestó diciendo que no hablara por encima de él sin escuchar y que no dirigiera ella el programa, pues hasta dijo cuándo tenían que salir las mascotas habituales. Por otro lado, hicieron un pequeño video con algunos de los momentos de su carrera política en el que quedó bien. Pero el circo no terminó ahí, pues la obligaron a cantar en inglés un chotis, lo que le permitió lucir su excelente acento de Oxford.
Pero ¿quién es en realidad esta mujer? No podemos quedarnos con el sinfín de imágenes de ese video en las que se la veía haciendo de todo, igual cortando cintas para inaugurar lo que fuera, bailando con el que le tocara o con medio churro colgándole de la boca, por aquello de que hay que hacer lo que toca por pocas ganas que se tenga por el bien de la causa. Todo esto forma parte del espectáculo, del circo mediático que nos hemos creado en torno a estas personas. La Aguirre bien podría ser una excelente figura política en EE.UU., tan dados a la fanfarria y a la desfachatez cuando se trata de hacer campaña electoral, pero aquí no queda bien, somos más serios.
Para colmo, ahora que los votantes la han ignorado, persiste en su machaque a Podemos, y comparece tras las elecciones con los labios apretados y cara de circunstancias ante los medios, como si quisiera leerles la cartilla a todos porque no han hecho los deberes o no han cumplido con su obligación, que era por lo visto elegirla a ella. Y suelta la última absurdez que se le ha ocurrido, pactar con los socialistas para que Pablo Iglesias lo tenga crudo. Con tal de que los comunistas no ocupen puestos es capaz de hacer migas hasta con el PSOE, su eterno rival. Es el colmo del despropósito, porque se trata de una vendetta personal de esta señora, que está impregnando el ya farragoso mapa político con más miserias todavía. Da la impresión de que campa por sus respetos, que actúa sin consultar con nadie. No se ve el respaldo de Rajoy, pero tampoco su freno. La Aguirre se ha convertido en un bólido sin frenos que en algún momento se pegará el porrazo fatal. Ya ha empezado con el voto de castigo de las municipales. Cada vez que abre la boca su partido pierde votos.
Buscar apoyos en partidos opuestos al tuyo es el colmo de la desesperación. Porque claro, la izquierda no es toda igual, pero sea del signo que sea nunca tendrá nada que ver con lo conservador. Así como la derecha es bastante homogénea y predecible, extremismos aparte, la izquierda es una fauna variopinta y conviene distinguir. Lo único que ha conseguido con todo esto es que Podemos se querelle contra ella por injurias y calumnias, porque no se puede descalificar por sistema a los rivales. La Aguirre se ha convertido, si no lo era ya, en una máquina apisonadora que aplasta todo lo que no cuadre con su ideología personal, que no es la general del partido en el que milita.
Y no hace falta maltratar a Pablo Iglesias mucho porque bastante le dan ya en todos los sitios en los que va a hablar. La propia izquierda, encabezada por Felipe González, ya le denostó nada más aparecer. Lo del bolivarismo de Podemos fue el antiguo líder socialista el que lo ideó y divulgó, y el resto, masa aborregada, lo secundó.
La mala prensa favorece a los nuevos partidos porque cuando tanto se habla de ellos, aunque sea para defenestrarlos, por algo será. Es publicidad gratuita. Pero no deja de parecer un circo todo esto, la Aguirre con sus ortopédicos estilismos y su pelo indespeinable, y Pablo Iglesias con su coleta y sus pulseras de cuero en la muñeca, muy a lo perroflauta. Todos quieren lo mismo, todos usan las mismas tácticas para alcanzar lo que desean, esquilmar la reputación ajena e inflar la propia con más cualidades de las que en realidad se tiene. Qué será de nosotros, en manos de quién estamos. A morir por Dios, es lo único que podemos esperar.
 


miércoles, 27 de mayo de 2015

Eurovisión 2015

 
Edurne
Me veía el sábado pasado ante la pantalla de televisión, por la noche, dispuesta a tragarme el Festival de Eurovisión por complacer a mi hijo, que por alguna extraña razón le gusta, y eso que no ha conocido tiempos mejores, cuando era un certamen con un nivel enorme y en donde los intereses políticos prácticamente no eran tenidos en cuenta, sólo la calidad artística.
Desde luego Viena, en donde se celebraba este año, ha tenido un gusto exquisito en la organización del acontecimiento. Muy bellas las imágenes de presentación de cada país y sus concursantes, algunas en tonos Instagram, mucha vitalidad, aire libre y alguna temeridad, por aquello de dar la nota un poco, como en el caso de la pareja de cantantes que hacía puenting abrazados. Lo que nos quedaba por ver. Lo cierto es que con estas escenas pudimos gozar de la belleza de muchos rincones del mundo.
El escenario, cambiante y multicolor, era precioso. Me gustó especialmente en una de las actuaciones en que el suelo, visto desde arriba, lucía figuras geométricas móviles de una armonía y una elegancia increíbles. Muchas de las concursantes llevaron vestidos que desplegaban grandes vuelos a su alrededor, para que con las tomas que se hacían desde el techo se pudieran lucir sobre ese suelo luminoso y mutante. Eran como medusas que extendieran sus tentáculos. Lo malo fue que debían permanecer inmóviles en un punto concreto para no desbaratar el efecto, con lo que disminuía la expresividad de las intérpretes y les confería un cierto hieratismo. Algunos grupos miraban hacia arriba en determinados momentos, interpretando para las cámaras allí situadas, o se hacían la "foto" al final de su actuación. Aunque resultó una idea original, lo cierto es que tantos movimientos previamente concertados les restaron naturalidad a los cantantes.
Inevitables los móviles luminosos en la oscuridad durante las canciones más melódicas, como es habitual en los conciertos. Mucho ventilador para mover las largas melenas de las cantantes y sus vaporosos vestidos.
Los artistas, unos trágicos, otros festivos, la mayoría muy épicos, fueron apareciendo en representación de 27 países en los que todos cantaron en inglés menos Francia, Hungría, España e Italia.
La pareja de Eslovenia, que fueron los primeros en actuar, lucieron unos auriculares para estar más “concentrados”. Él, tocando un piano, es un afamado productor musical. Son pareja también fuera del escenario. Me resultaron un tanto peculiares.
El colmo de la innovación fueron los trajes que llevaron los representantes del Reino Unido, que se iluminaban en la oscuridad. La actuación en sí estuvo llena de fluorescencias, con unos breves fuegos artificiales de color rosa al final. Podría calificarse quizá de hortera o excesivamente kitsch. La verdad es que no consiguieron mucha puntuación.
Impresionante el chorro de voz de la cantante de Serbia, una mujer muy gruesa que se movía al ritmo de la música como si pesara la mitad. Sus estilismos, sin embargo, eran demasiado exagerados. No paró de moverse y de hacer gestos en todo el tiempo que duraron las votaciones.
La pareja de Lituania quiso ser más original que nadie y, además del citado puenting en su presentación, se dieron un morreo que interrumpió la canción y que duró más que en los ensayos, por lo que fueron amonestados. Me pareció un tanto vulgar y fuera de tono.
La pareja de Estonia hizo una puesta en escena muy original, con sus sombras alargadas impresas en el suelo en un ambiente de penumbra, y ella terminó la canción dejando caer unas lágrimas.
Mans Zelmerlow, Suecia
Pero para original el cantante de Suecia, que en la presentación se interna en una cueva llena de estalactitas embutido en un traje espacial. Durante su actuación usó hologramas, que se están imponiendo en las artes escénicas, figuras de luz que aparecen y desaparecen. Nada más verlo Miguel Ángel, mi hijo, dijo que sería el ganador, y acertó. Con un ritmo actual y trepidante, con unos toques estilo Enrique Iglesias, guapo y simpático, con una voz potente y bonita, se alejó del estilo eurovisivo más tradicional, que es un poco rancio. Muy popular en su país, es este un cantante que lleva muchos años en el mundo del espectáculo y es también presentador de televisión.
Australia, invitada por ser el 60 aniversario de Eurovisión, estuvo representada por un cantante con voz negra y estilo soul, que le dio curiosamente un toque muy yankee al evento. Aunque hubieran ganado no habría podido ser el país en el que se organizara el próximo festival, sólo estaban invitados, y probablemente no concursarán el año que viene.
El cantante de Israel, con sólo 16 años, se presentó con una coreografía de hombres muy altos, mezclando ritmos eurovisivos, bailes actuales y sonidos tradicionales de su país, con lo que se caldeó el ambiente, porque eran muy pegadizos.
Austria, la organizadora, se presentó con un guitarrista, un batería y un pianista, que era el que cantaba, y para desmarcarse de la tónica general incendiaron el piano. El que lo tocaba se levantó disimulando su azoramiento, porque ya se le quemaban las pestañas. Melenudos y con barba, comentaron que daban un aire hípster al festival, aunque yo los ví más bien sesenteros. Han sido teloneros de Bon Jovi. No gustaron mucho porque no recibieron mucha puntuación, no porque fueran malos sino porque no estaban en la línea de lo que se suele ver en este tipo de concursos. A mí sí me gustaron.
El cantante de Montenegro, puede que el de más de edad de todos los que se presentaban, actuó sobre un suelo que parecía hecho de agua de mar. Bailó con los brazos extendidos, coreografiado con las 4 chicas que le acompañaban. Su melodía fue muy típica en Eurovisión, con aires de su tierra, y fue coreado con palmas. Gran ovación al terminar.
Polonia presentó a una artista que iba en silla de ruedas. Bella y rubia, lució un vestido blanco con mucha caída a los lados, y las piernas, muy bonitas, al descubierto. Esta mujer trabaja habitualmente para la promoción de artistas minusválidos en su país.
España, con Edurne, hemos tenido un acierto como nunca antes en este concurso. Espectacular, dramática pero sin sobreactuar, bellísima, ya era hora de que pudiera lucir a gusto su hermosa y potente voz. Su toque original fue llevar un maravilloso vestido rojo con una gran cola que el acompañante de la coreografía, guapo y hercúleo, le arrebató para dejar al descubierto otro, dorado, que esculpía su impecable figura. Edurne mostró una fuerza  en su expresividad corporal increíble. Ya era hora también de que nos quitáramos la caspa acumulada en tantos años de mediocridades.
Con Italia y su trío masculino, muy joven, se cerró el festival y de paso supe que existe algo que se llama pop lírico: canción melódica con ribetes operísticos. Gustaron mucho.
Martin Grubinger
Martin Grubinger y su apoteósico intermedio de percusión, acompañado de una orquesta de viento, un enorme xilofón que también tocaba, una guitarra eléctrica y un tambor africano, fue el punto de inflexión entre el final de las actuaciones y el comienzo de las votaciones. Les acompañó el coro Arnold Schoenberg, que tiene un Grammy en su haber. No hubo mucho tiempo para que la gente votara con sus móviles, pero el de los 40 países que votaron se hizo interminable.
El cantante transexual que ganó el año pasado volvió a actuar. Miguel Ángel no era capaz de apartar los ojos de la televisión, tal era el impacto que le producía: melena, ropa, maquillaje, todo muy fashion y femenino, pero barba en la cara. Su voz podía ser igualmente la de un hombre que la de una mujer. Todo en él (o ella) era equívoco.
He leído que se abucheó a Rusia durante las votaciones. La cantante, que tenía una preciosa e impresionante voz, y que se puso a llorar nada más terminar, pensé que por la emoción del momento y el subidón de adrenalina, ya no dejó de hacerlo el resto del tiempo, y ahora creo que quizá fue por los abucheos, no a su actuación sino para manifestar su oposición a Putin. Los temas políticos una vez más saliendo a relucir y enfangándolo todo, prueba evidente de que las calificaciones no se basaron en cuestiones de índole artística como tendría que ser.
Esto y las etiquetas que ponen a los países, que son como San Benitos que nos caen y ya no nos los quita nadie. Así pasa con España, a la que se han acostumbrado a menospreciar y a considerar con un bajo nivel, a pesar de que la actuación de nuestra cantante fue magistral. Podríamos seguir mandando en años sucesivos intérpretes de la cantera de Operación triunfo, como han hecho este año,  pues si sólo unos pocos han hecho carrera es por el poco espacio que hay en nuestra escena artística, ya sobresaturada. Muchos volvieron al anonimato tras pasar por ese concurso, pero su talento y valía están fuera de duda.
Ha sido injusta la posición en la que han dejado a España, la misma en la que participaba, y la de otros países. El nivel este año era muy bueno y me imagino que habrá sido difícil decidir, pero no se puede arrinconar por sistema a ciertos países.
En fin, Eurovisión, que a nadie deja indiferente.
 


viernes, 22 de mayo de 2015

Algunos pensamientos de "Hacia el infinito"

 
Al hilo del post que dediqué hace un par de días al libro de Jane Hawking Hacia el infinito, quisiera reproducir aquí algunas de las reflexiones que en él hizo la autora, y que no incluí anteriormente para no alargar más lo escrito. 
Jane y Stephen asisten al funeral por un vecino muy querido para ellos. Está embarazada. Durante la celebración religiosa negros pensamientos acuden a su mente: “Mirando y escuchando, me obsesionó la paradoja de que la muerte hubiera borrado de un plumazo los conocimientos, las experiencias, el heroísmo, la bondad, los logros y los recuerdos de aquella vida de la que nos estábamos despidiendo, mientras dentro de mí se producía el milagroso comienzo de una nueva vida”.
Habla de los sentimientos que le inspira su esposo: “Lo amaba por su valor, por su ingenio, por su noción de lo ridículo y lo absurdo y por ese carisma pícaro que le permitía, y aún le permite, meterse en el bolsillo a la mayoría de las personas, yo incluída”.
Relata cómo fue la llegada de Jonathan a sus vidas, el hombre que se terminaría convirtiendo en su 2º marido: “Al principio Stephen reaccionó con cierta hostilidad masculina hacia Jonathan y trató de afirmar su superioridad intelectual al más puro estilo Hawking, como quizá hiciera ante un nuevo estudiante de investigación. Pero pronto quedó desarmado al descubrir que aquella técnica resultaba inútil, puesto que Jonathan no era competitivo por naturaleza. Con una extrema sensibilidad hacia las necesidades de los demás, respondía con mayor facilidad a la impotencia de Stephen y al encanto de su sonrisa que a la sonoridad de su fama. Stephen se volvió más dulce, más tranquilo, más agradecido, más relajado”.
Jane estuvo dando clases para alumnos que iban a hacer el acceso a la Universidad. En ellas se encontró con algunos estudiantes disléxicos, problema que también había habido en su familia. Reflexiona sobre la incomprensión del sistema educativo hacia este tema, para concluir diciendo: “Un niño inteligente con una capacidad de comunicación limitada a quien el profesor manda a la última fila se convierte en un niño frustrado que necesita que le enseñen con paciencia y consideración para poder recuperar la autoestima y expresar su inteligencia latente”.
Habla también de las suspicacias de Stephen una vez que volvió a casa después de un ingreso hospitalario complicado, en el que su vida peligró una vez más: “En circunstancias normales ya tenía poco respeto por la inteligencia de los demás; ahora, en las peores circunstancias, tendía a considerar idiota a todo el mundo”.
Jane dedica algunas parte de su libro a explicar por encima algunas de las nociones científicas sobre las que investigaba Stephen, pero me llamó la atención la que se refiere al sentido y la técnica del hecho de investigar en sí mismo: “En su rama de la ciencia, el acto de fe –o la conjetura feliz- se centraba en qué modelo del universo, qué teoría o qué ecuación elegir como objeto de investigación más apropiado. Luego había que contrastarlos en la etapa experimental mediante la observación. Con suerte, podía demostrarse que la conjetura –o el acto de fe- era “temporalmente no errónea”, en palabras de Richard Feyman. El científico tenía que basarse en la intuición de que su opción era correcta, o podía perder años en una investigación inútil con un resultado final que fuera definitivamente erróneo. Cualquier intento de hablar de las cuestiones profundas de la ciencia y la religión con Stephen tropezaba con una enigmática sonrisa”.
Lucy Hawking
Mientras miraba fotos con las que ilustrar este post, encontré una entrevista hecha a Lucy, la hija del matrimonio, en la que entre otras cosas habla sobre la época en que se publicó Una breve historia del tiempo, la obra que dio fama mundial al científico. Creo que es interesante reproducir sus palabras."Mi padre siempre dice que lo escribió para pagar mis estudios. ¡No le creas! Quería comunicar sus conocimientos de física, sin intermediarios, a la sociedad. Sus charlas en la universidad siempre fueron muy populares. Usaba un lenguaje inusualmente coloquial, ilustraciones (¡muchas hechas por mí!) y referencias al arte pop. Recuerdo un viaje que hizo a Leningrado, en 1987, donde dio una conferencia con traducción simultánea. La traductora sufría horrores para adaptarse a una jerga que no le parecía aceptable. Cuando escuchó a mi padre decir que 'el universo es tan sólo un asunto de plomería', rehusó  continuar y se marchó a su casa".
Son estos algunos de los pequeños retazos de pensamiento de Hacia el infinito, momentos de una existencia llena de zozobras pero también de ocasiones extraordinarias, de los que podemos extraer sin duda alguna enseñanza para nuestra propia vida.
 


jueves, 21 de mayo de 2015

Ejecutivo agresivo

Dave no se ha atrevido a besar abiertamente a su novia cuando se despedía de ella en el aeropuerto porque un hombre sentado a lo lejos les estaba mirando fijamente, o eso le pareció a él, el mismo hombre que ahora le invita en el avión a sentarse a su lado porque el asiento está libre: Dave tenía dificultades para desocupar del que le correspondía a un tipo chulesco que lo había ocupado y le invitaba a sentarse en el que él había dejado vacío, en medio de un hombre y una mujer obesos que dormían a pierna suelta.
Cuando se sienta al lado de aquel extraño hombre, este le advierte un tanto amenazador, y sin perder su diabólica sonrisa, que no debe ocupar su parte del reposabrazos, y con los cascos puestos escucha la película que están transmitiendo en los monitores, soltando risotadas estruendosas a cada momento, para consternación de Dave que quiere descansar. En la película aparece una mujer pechugona, y el desconocido le pregunta a Dave a voz en grito qué opinión le merecen los implantes mamarios, con lo que el resto del pasaje se les queda mirando estupefacto. Cuando le quiere pedir unos auriculares a una de las azafatas porque también quiere oir la película, esta reacciona de forma extrañamente agresiva, diciéndole que no le puede levantar la voz y que no sea impaciente. Llega un miembro de seguridad, un hombre negro muy alto que termina de sacarle de quicio, y que le reduce al silencio con un aparato eléctrico de los que usa la policía para inmovilizar a los delincuentes. Su extraño acompañante duerme y ronca tan tranquilo a su lado.
Sin comerlo ni beberlo se ve en los tribunales donde la juez le condena a pagar una cuantiosa cifra y a seguir una terapia de control de la agresividad, acusado de causar lesiones a la azafata. A la salida se encuentra con el extraño personaje que lo acompañó en el vuelo, que resulta ser un psiquiatra, el doctor Rydell. Le ruega que le firme el papel que le han dado en el que se ratifica que no necesita terapias, pero el médico le dice que no puede firmar sin más ni más. Como condición le insta a acudir a una sola de sus sesiones.
Y así se encuentra en una gran sala haciendo una terapia de grupo, en la que se pone muy nervioso sólo con que le hagan varias veces la pregunta de quién es él y no atine con la respuesta que el doctor espera, y en la que despierta la iras de otro paciente que casi le da un puñetazo. Todos están allí para controlar su agresividad, a duras penas. A la salida el doctor le dice que necesitaría el doble de horas de terapia que las que le recomendó la juez. Afirma que existen 2 tipos de agresividad: la explosiva y la implosiva. "Ira explosiva es la  del señor que estalla cuando cree que la cajera del supermercado le ha dado mal el cambio. Ira implosiva es la de la cajera que aguanta a tipos como ese un día tras otro hasta que llega un momento en que coge un fusil y se carga a todo el supermercado. Tú perteneces a esta última categoría". Para rematar, le asigna como compañero al paciente que le quería pegar, pues así se ayudarán mútuamente.
Este acude poco después durante la noche a su casa para desahogarse después de que le hayan despedido del trabajo. Está en pleno ataque de ira y lanza gritos en el portal para conseguir que Dave, que está con su novia, baje de una vez. Van a un bar cercano y entonces el compañero organiza una pelea, en la que Dave golpea sin querer la cara de una camarera. Se ve de nuevo ante la jueza, y la intervención del Dr.Raydell en el último momento le salva de una condena mayor.
El doctor se presenta al día siguiente en su casa."Capto efluvios de frustración y dolor", le dice nada más entrar. Su intención es hacer la terapia las 24 horas del día durante un mes, por lo que debe vivir con él. "Mañana instalaremos las escuchas telefónicas" le dice al ayudante que le ha traido su equipaje. Le tira los CD's de Cat Stevens a la papelera, porque a pesar de ser un cantante melódico opina que sus letras representan la demencia y la obsesión. Repasan las normas: "Te abstendrás de cualquier gesto de violencia, incluyendo la verbal y el gesto obsceno. Se prohibe el consumo de cualquier sustancia que aumente la agresividad, tales como cafeína, alcohol, cocaína, crack, fetabetas, chupitorras, prifadinas, profalobsas y prongococo. Y habrá que suspender la masturbación. Por favor, hazlo sin el estímulo de imágenes pornográficas que representen lo que se considera entre comillas sexo furioso. Soy un tipo fantástico y lo pasaremos muy bien juntos". Dave no parece estar de acuerdo. "El sarcasmo es el cuñado feo de la rabia", le dice el doctor. Le da una grabadora para que se grabe cuando tenga un episodio de ira.
A la hora de acostarse, y como Dave tiene sólo una cama, el doctor no duda en compartirla con él, no sin antes quitarse toda la ropa bajo las sábanas. "Yo siempre duermo desnudo". Después hace unos movimientos con los brazos y sonidos ininteligibles para relajarse, y termina poniéndose de medio lado abrazado a Dave. Al día siguiente este está en el suelo, junto a la cama, cubierto por sábanas, y el doctor le despierta haciéndole fotos con una Polaroid. Dice que así queda reflejado su comportamiento en el despertar. Dave mira el despertador y ve que son las 6,30 de la mañana. Ante sus protestas por lo temprano que es el doctor le dice: "Tienes que prepararme el desayuno. Cocinar es muy terapéutico y relajante. Quiero dos huevos ecológicos poco hechos, tostadas integrales y... te lo suplico... dime que tienes ketchup".
Cuando el doctor ve que los huevos están muy hechos, en un arrebato de ira estampa el plato con huevos y todo contra la pared de la cocina. "¡He dicho que poco hechos!" vocifera. Enseguida se calma y coge unos cereales. "Es un psicótico" murmura Dave mientras recoge los restos del estropicio. "Ahora iremos al trabajo" dice el doctor ante la estupefacción de Dave, que no sabía que también lo acompañaría allí.
Durante el trayecto, y como llegan tarde, Dave va demasiado deprisa y se salta los semáforos. El doctor le obliga a parar en medio del puente de S.Francisco y para que se relaje le dice que cante una canción, "Me siento guapa", de West Side Story. Un taxista muy enfadado para a su lado y expeta: "Qué coño están haciendo ahí?". "¡Cierra la bocaza, estamos trabajando!" vocifera el doctor. El taxista se marcha disculpándose, medio asustado. Los coches les rebasan pitando, pero el doctor hipertérrito le da el pie varias veces hasta que Dave empieza a cantar, y le hace los coros. "¡Fuera de ahí capullo!" grita un conductor al pasar. "¡Que os folle un pez!" vocifera otro. Terminan la canción en medio de una gran exaltación.
Ya en el trabajo el jefe le recrimina que llegue tarde. El doctor les observa interaccionar, y no deja de meter pullas para que Dave saque su ira. Cuando el jefe pregunta quién es y le cuentan los episodios violentos en los que Dave se ha visto envuelto no da crédito. El doctor altera el nombre del jefe pronunciándolo como si fuera femenino para cabrearle, pero es Dave quien termina gritando:"¡Se llama Frank!".
En su mesa de trabajo le enseña su gato, un animal muy gordo para el que tiene el encargo de diseñar ropa en el ordenador. Aparece un compañero, que es además amigo de su novia. Es el típico listillo que habla en tono burlón y el doctor le despide haciéndole una peineta. Este hace alusión al "paquete" que tiene para sembrar las dudas sobre una posible infidelidad de su novia si es amiga de un tipo tam bien armado. Dave le habla de ella: es profesora de poesía y hace poemas.
Más tarde Dave habla con su lamentable abogado, que nunca sabe defenderle en los juicios, y le da información sobre el doctor. Le dice que tiene diez pleitos pendientes y que sus técnicas son muy polémicas y revolucionarias. Dave aprovecha esto para usar la grabadora cada vez que el doctor haga algún comentario escandaloso o le obligue a hacer algo inusual.
La ocasión la tiene cuando le lleva a una zona de prostitución de travestis y hace que uno de ellos se suba al coche. En la parte de atrás hacen las presentaciones. El transformista tiene acento alemán y le gusta gastar bromas. Pasea una pluma de pavo real por la cara de Dave para insinuarse. Luego estira las piernas y bajo el vestido Dave ve un enorme "cacharro". El individuo le pregunta si necesita disciplina y empieza a darle mamporros a Dave, que se enfada. Cuando el doctor da por finalizada la experiencia, el travesti pone una  voz muy grave de macho y les dice: "Sois unos pervertidos". El doctor le pide la grabadora a Dave y graba en ella muy satisfecho: "El paciente Dave ha aprendido la diferencia entre la ira malsana y la ira moralista, por lo tanto ha pasado a la 2ª etapa de mi programa".
De regreso a la casa de Dave, y mientras el doctor se ducha, llama la ayudante de éste para decir que avise a su jefe de que su madre va a someterse a una pequeña intervención quirúrgica. El doctor sale de la ducha enarbolando sobre su cabeza un aparato que despide unos rayos azulados que le crispan los pelos. "Me estimula los folículos pilosos" dice mientras se cepilla los dientes. Dave decide gastarle una broma diciendo que su madre debe someterse a una operación grave. El doctor grita, llora y hace grandes aspavientos presa de la desesperación. "Mamá, eres todo lo que tengo", se lamenta, como si fuera un niño. Al final le dice que es sólo leve, y entonces le obliga acompañarle a Boston para ir a verla.
Linda, la novia de Dave va a despedirles, y el doctor flirtea con ella. Cuando va a coger su coche para emprender el viaje, que está en un aparcamiento elevado, el doctor le da un golpe con una barra de hierro a otro coche que le entorpece la salida y luego le pone su tarjeta para que llame a la aseguradora. Pero cuando va a dar marcha atrás el coche sale despedido al vacío, ante la sorpresa del propio doctor. En Boston les dicen que la madre no tiene nada de importancia.
Cuando van a comer algo el doctor le señala a una chica rubia que está tomando una copa en la barra y le dice que ligue con ella. Quiere que aprenda a desenvolverse en todas las situaciones, que se sienta capaz de cualquier cosa y que su autoestima aumente. A pesar de la oposición de Dave, porque tiene novia, termina accediendo. La 1ª vez que se acerca ella le rechaza de forma desagradable. El doctor le indica lo que tiene que decir: “Le pido perdón por mi torpeza de antes, pero me es muy difícil expresarme cuando está a punto de estallarme el paquete”. Dave, muy a su pesar, le repite la frase a la chica y, cuando está esperando una reacción violenta de ella, se sorprende al ver que da resultado.
La chica le lleva a su casa, y allí resulta ser una desequilibrada. Dave sale por pies soltando venablos. Al volver a su casa el doctor le confiesa riéndose que la chica era actriz y que había sido una paciente suya. Con esto se vengaba de la broma que Dave le había gastado acerca de su madre. Su novia había llamado en su ausencia y al doctor le faltó tiempo para decirle que había salido con una rubia.
El doctor decide llevarle a un monasterio budista donde vive el que le humilló cuando eran niños bajándole los pantalones y los calzoncillos en plena calle, delante de todo el mundo. El susodicho se ha convertido en un monje. El doctor no deja de pinchar para que Dave se enfrente con él y supere sus miedos y su pasado, diciendo cosas como: “Dave ha dicho que cómo un tío que pesa 300 kilos (Buda) tiene los huevos de enseñar autodisciplina al resto del mundo”. A pesar de que la filosofía budista propugna la paz, el aludido se encoleriza por eso y por otras cosas que le dicen, e inicia una pelea cuerpo a cuerpo. El doctor le ayuda en algún momento dado, distrayendo al monje para que se despiste y Dave le pueda zurrar mejor, o encañonando con una pistola al resto de los monjes para que no intervengan, hasta que ven que dispara chorros de agua. Ambos salen pitando en el coche. Entre risas el doctor le felicita diciendo que ha llegado al nivel 3.
La novia de Dave le dice que es mejor que dejen su relación por un tiempo porque, por consejo del doctor, cree que saldrán fortalecidos. Dave va a ver al doctor y este termina de convencerle. Mientras Dave habla por teléfono desde su trabajo con su novia otra vez sobre ello, intenta aparentar calma pero la ira hace que lance lejos una calculadora de su mesa sin mirar y le atiza a un compañero en la cabeza.
Al volver a su casa se encuentra a unos compañeros de la terapia que esperan en su descansillo pensando que el doctor está con él. Uno de ellos le da un juego de llaves de su casa que la novia ha dejado, puesto que ya no van a salir, y otro le dice que mientras ella estuvo allí habló por su móvil con otro hombre con el que se citó. Le dice dónde han quedado y él acude al restaurante con dos compañeras de la terapia que son despampanantes aunque promiscuas y lesbianas. Casualmente tienen mesa al lado de donde su novia está sentada, y descubre que su acompañante es el doctor. Dave lo lleva aparte y el doctor dice que lo ha hecho para retirarla de la circulación, pues su amigo de enorme paquete la persigue. Dice que se mostrará aburrido para que ella no se entusiasme.
Al regresar el doctor a casa, Dave le pregunta ansioso qué ha pasado. Ella le había invitado a su casa y él dice que no pasó nada, pero que se dieron 2 besos, el 2º con lengua. Suena el teléfono y es ella. Rydell le habla de manera insinuante. Al colgar le dice que firmará sus papeles para que termine su terapia, y que él y Linda se han enamorado y que quiere su bendición. Dave se abalanza sobre él y le lesiona el cuello.
Otra vez ante los tribunales es nuevamente condenado, esta vez por intento de homicidio. A la salida el doctor coge un taxi con Linda mientras se quita el collarín: todo ha sido una pantomima.
En el trabajo Dave está tan cabreado por todo lo que ha pasado que provoca a su jefe para que le despida y golpea a Andrew, el compañero, amigo de Linda, al que acaban de ascender. Este le había dicho que el doctor y Linda estarán en el estadio determinado día. Dave le canta las 40 al jefe y pisa la cabeza de Andrew cuando se va.
En el estadio Dave intenta saltar al campo pero se lo impide un miembro de seguridad, que resulta ser el travesti con el que casi liga días atrás. Éste le deja pasar, haciéndole bromas como siempre, se hace con el micro a duras penas y se dirige al público buscando a Linda. Los compañeros de la terapia lo están viendo por t.v. Linda le hace señas y se ponen a hablar. El doctor, mientras tanto, ha subido a la cabina de control para que escriban en el marcador unos nombres y unas frases. El alcalde de la ciudad ordena que dejen hablar a Dave. Está venciendo su temor a manifestar afecto en público y a tener autoestima. Le pide que se case con él. Mientras la besa, a petición de ella, aparecen en el monitor sus nombres y su imagen. Linda le felicita porque ha terminado la terapia.
Ella le descubre que todo ha sido un montaje. Había leído un libro del doctor y le pidió ayuda, porque Dave estaba cada vez más encerrado en sí mismo y más agresivo. Todo estaba programado. Cuando están haciendo una fiesta en el parque para celebrarlo, aparece un hombre que dice ser el dueño del coche que el doctor tiró desde el aparcamiento y que encañona al doctor. Dave se interpone y de repente se pone a cantar la canción que el doctor le había obligado a cantar en el puente de S. Francisco. El hombre dispara chorros de agua: era otra broma. Uno de los de la terapia, que no se había dado cuenta de que no era real, se tira sobre el hombre desde un árbol con un golpe seco. Una vez todo aclarado la fiesta continúa.  
 


miércoles, 20 de mayo de 2015

Hacia el infinito o la Teoría del todo

 
Stephen Hawking en 1950
Nunca un científico renombrado tuvo un seguimiento tan grande de su vida y su trabajo como el que tiene Stephen Hawking, nunca un personaje de sus dimensiones fue tan accesible para el público. Gran divulgador, además de sus clases y conferencias ha publicado varios libros sobre sus descubrimientos, pero si alguno ha llamado mi atención fue el escrito por la que fuera su 1ª mujer, Jane Wilde, y la película a la que ha dado lugar.
Hacia el infinito es una biografía pormenorizada de la relación que la autora y el científico sostuvieron, entre novios y casados, a lo largo de más de 25 años. No es difícil imaginar, a través de las palabras de Jane, cómo era Stephen en su juventud, su atrevida timidez, su ya por entonces portentosa inteligencia, su fino sentido del humor, su apoyo a causas antibelicistas, sus ideas socialistas, de las que participaba toda su familia. Jane se quedó prendada de su encantadora sonrisa y de la luz y la chispeante dulzura que emanaban de sus ojos.
La acogida de los padres y hermanos de Stephen no fue calurosa. Una de las hermanas, celosa hasta el extremo, no dejó nunca de criticarla y poner obstáculos en sus vidas. Otra fue en cambio más comprensiva. Del hermano no habla gran cosa. Cuando se casaron ya le habían diagnosticado la enfermedad, para la que le daban tan sólo 2 años de vida. Sorprende que pese a todo continuara sus estudios y decidiera seguir el curso de su existencia como si no pasara nada.
Encontró el tema para su tesis en la Universidad gracias a que un profesor le invitó a acompañarle a una conferencia en la que se habló de agujeros negros. Desde entonces fue su meta, la finalidad de todas sus investigaciones.
El deterioro de su cuerpo fue muy rápido al principio. Jane se pierde en una relación interminable de problemas que tuvieron que afrontar para conseguir una casa adecuada a las crecientes necesidades del científico, sobre todo porque en aquella época su situación económica no era buena y tardaron años en conseguir las ayudas públicas que requerían. Se diría que Jane, a pesar de su formación universitaria,  habla de su vida en pareja como un ama de casa cualquiera, perdida en mil detalles sobre la contabilidad doméstica y las sucesivas reformas que emprendieron en las viviendas que ocuparon.
La autora dedica frases amorosas al nacimiento de sus hijos, describiendo sus peripecias y caracteres, 1º Robert, tan inquieto, después Lucy, tan sosegada. Verlos crecer y comprobar que son niños sanos es una de sus escasas alegrías.
Cuenta cómo sacaba tiempo libre como podía para ir a la biblioteca y consultar libros, fichas y cualquier información con la que desarrollar su tesis universitaria, como licenciada en lenguas romances que es, a los largo de 12 años, siempre supeditada al cuidado de esposo e hijos. Las minusvalías físicas de Stephen la angustiaban y la sobrepasaban, sobre todo porque él no quería ayuda externa. Exigía que fuera ella, la familia y los estudiantes a los que daba clases los que le echaran una mano, y algún colega, sobre todo en las numerosas ocasiones en que viajaba al extranjero para asistir o impartir conferencias o para recibir premios.
Los padres de Stephen tan pronto la defenestraban diciendo que no hacía lo suficiente por él y que no estaba a la altura a ningún nivel, como se adolecían y les echaban una mano. Compraron una casa en una zona campestre para la que no tuvieron en cuenta las dificultades del hijo, pues estaba situada en un sitio elevado y había que subir interminables escaleras.
El científico, por otra parte, tenía la desagradable tendencia a menospreciar los gustos de su mujer, como su afición a determinados clásicos de la música, que nada tenían que ver con Wagner, el único al que él escuchaba. Lo mismo pasaba con los estudios de ella, que consideraba inútiles y estériles, o con su fe religiosa, siendo él ateo como era. Sin embargo, a pesar de defectos como ser terco o irse endiosando paulatinamente según se acrecentaba su éxito, siempre le reconoció su generosidad, su genialidad, su valor y su fuerza.
Describe la 1ª vez que ve a Jonathan de una forma muy especial. Lo conoció cuando empezó a formar parte del coro de la iglesia local, pues ella era anglicana. Tenía una bonita voz y aquello fue una manera de escapar de tantas obligaciones y dedicar un poco de tiempo libre a algo que le gustaba. Jonathan dirigía el coro y era un consumado pianista. La atracción entre ambos surgió casi desde el primer momento. Se acababa de quedar viudo, al morir su mujer de leucemia, y no tenía hijos. Ayudar a Jane y su familia era una manera de encontrar una ocupación útil y un sentido a su existencia. Stephen receló al principio e intentó imponerse con su orgullo de genio mundialmente reconocido, pero la sencillez y la bondad de Jonathan vencieron todas sus reticencias. A partir de entonces empezó a formar parte de la familia. A pesar de la atracción entre él y Jane mantuvieron la compostura para no hacer daño al resto.
A pesar de todo, cuando ella tuvo a su tercer hijo, Tim, su suegra llegó a preguntarle desafiante si era de Stephen o de Jonathan. Jane, indignada, defendió su honestidad. En realidad hacía tiempo que no ponía medios anticonceptivos, que entorpecían más que ayudaban, pensando que la enfermedad de Stephen repercutiría en su fertilidad, pero no fue así.
Cuando por fin pudieron hacerse con un cuadro médico de enfermeras que la liberó de la pesada carga física y emocional que había soportado durante tantos años, los problemas no hicieron sino aumentar en lugar de disminuir. Aquellas mujeres se enseñorearon de la casa y de su familia, de modo que era imposible la privacidad. En todo momento cubrían a su paciente de halagos y mimos. Jane utiliza una frase que me llamó mucho la atención, porque pretendía ser de consternación, pero como es tan educada le salió un poco pomposa: “Stephen sucumbió a la lisonja”.
Para entonces el científico estaba más que pasadito de revoluciones, con un montón de aparatos en su silla de ruedas que traducían con voz robótica todo lo que decía, y era una estrella archiconocida gracias a sus libros de divulgación y su peripecia personal. Una de las enfermeras, Elaine, se hizo con el control y Stephen terminó sucumbiendo a sus encantos. Abandonó su hogar y a su familia para irse a vivir con ella, que también estaba casada y tenía hijos, a un piso de lujo. En las fotos de boda con ella se ve al científico mirándola con arrobo, en una actitud amorosa que no se vio en su 1ª boda. Los hombres al llegar a cierta edad, da igual si son genios o lerdos, sanos o enfermos, a todos les pasa lo mismo, babean con un tipo de mujeres que nunca nadie hubiera imaginado. 
Jane, que no lo vió venir, se sintió sorprendida y traumatizada, aunque este giro inesperado en su vida le permitió unirse a Jonathan, con el que se casó y vive feliz hasta el día de hoy. Hace al final una breve descripción de las ocupaciones actuales de sus hijos, de que ya tiene 3 nietos, de que falleció su madre (sus padres fueron siempre un gran apoyo para ella), y de que Stephen, tras su 2º divorcio, acude con regularidad a su casa para comer y tienen una excelente relación, lejanas ya las tensiones matrimoniales. También reflexiona sobre el peso que la figura paterna tuvo en sus hijos, pues se esperaba no ya que lo superaran sino que la menos lo emularan, sobre todo en el caso del mayor. La propia Jane se vio durante años minusvalorada y hasta menospreciada, como si su misión en la vida fuera únicamente cuidar de Stephen.
En la película, La teoría del todo, se hace una versión bastante libre del libro. Aunque los protagonistas quedaron muy contentos con el resultado, lo cierto es que es una versión edulcorada de la realidad. Jane aparece más decidida y hermosa de lo que era. Se ve a Stephen transportado en volandas por sus amigos en la Universidad, bastante propensos a la gamberrada por otra parte, o dejándose caer sentado por las escaleras de su casa cuando ya tenía a su primer hijo y su movilidad estaba bastante mermada. Se omiten las preocupaciones económicas, la invasión de su intimidad por el plantel de enfermeras, las posteriores bodas de ambos. Elaine es representada como una mujer manipuladora, dominante y picante. Quizá eso era lo que necesitaba el científico, en lugar de la resignada amargura de Jane y su forzada servidumbre, alguien que jugara con él, que no le reverenciara, que le cuidara en exclusiva sin dedicarse a nada más. Las intenciones de esta señora parecían ya obvias entonces: interés económico y afán de notoriedad.
En el film hay una intimidad y un afecto, unas palabras y una corriente de amor que en el libro apenas se perciben. Se ve a Stephen tropezando con sus pies y cayendo de bruces, y ya sin poderse levantar del suelo, hecho a raíz del cual le descubrieron su padecimiento. Se escenifica el rechazo de Stephen hacia Jane cuando le diagnostican la enfermedad, cómo esta le obliga a jugar a cricket y él la complace a regañadientes sólo para mostrarle lo muy torpemente que puede hacerlo debido a los primeros estragos del mal, el amor incondicional de ella apoyándole pese a todo. Se los ve bailando bajo las estrellas cuando eran novios, o ya casados en la cama compartiendo confidencias. Y momentos duros como cuando el científico decide que sea Elaine la que le acompañe a uno de sus viajes, y una Jane llorosa le dice, acuclillada a su lado, que lo ha hecho lo mejor que ha podido, y Stephen se echa a llorar porque sabe que es el punto de inflexión definitivo, el final de su unión después de tantos años y tantos avatares. En el libro no se cuenta así. Puede que los realizadores de la película hayan hablado con la pareja para ahondar en sentimientos y situaciones que no quiso Jane mostrar en su obra, quizá por pudor.
Es sorprendente como Eddie Redmayne se metió en el papel, cómo ha conseguido deformar su cuerpo hasta captar la postura y los ademanes del científico. El momento en que llora cuando se da cuenta de que todo ha acabado para ellos es sumamente conmovedor, y perfecto desde el punto de vista interpretativo: cómo expresar un dolor así cuando se está físicamente tan disminuido, sin terminar pareciendo algo grotesco. Es magistral. Ya pudimos apreciar el talento de este actor en Los miserables, musical en el que se lució con una de las voces más hermosas que he escuchado nunca.
los protagonistas reales y los de ficción
Jane declara en su libro la admiración profunda que ha sentido siempre por Stephen no sólo por su genialidad, sino sobre todo por el valor y la fuerza interior que siempre ha mostrado a la hora de enfrentarse a su terrible enfermedad. Cuenta que este mal presenta dos vertientes, una grave en la que el paciente muere porque se le terminan paralizando los músculos de la garganta, y otra, que es la que tiene el científico, en la que ocurre eso mismo pero más tarde. Stephen Hawking ha superado todos los peligros que le han acechado, contra todo pronóstico. Siempre he pensado que quizá se deba a su mente privilegiada, que le ayuda no sólo en lo intelectual sino también en lo físico y lo emocional.
Los títulos de crédito, al final de la película, se sobreimpresionan en un espacio infinito, en el que la cámara va viajando a través de nebulosas de bellos colores y constelaciones, un hermoso homenaje a la labor de Stephen Hawking en el campo de la Astrofísica. Una vida apasionante la suya, llena de dolor pero también de prodigios y esperanza.
 


lunes, 18 de mayo de 2015

Frank Cuesta y el caso de Yuyee

 
No es la 1ª ocasión en la que Frank Cuesta aparece en El hormiguero. La última vez fue recién encarcelada su ex mujer, Yuyee, aunque en aquel momento el presentador, Pablo Motos, no se tomó muy en serio su situación, quizá aún no del todo consciente de la magnitud del drama, y tuvo la simpleza de preguntarle que qué pasaba, si no se estaba divirtiendo, viéndolo tan serio y con sonrisas tan forzadas. El hecho de ir a un programa de entretenimiento por lo visto supone que te tienes automáticamente que poner a dar saltos como un mono y proferir risotadas sin parar. Para espectáculos así nos vamos al circo.
Pero el otro día el presentador, más consciente del alcance de lo que le había pasado a la familia de Frank Cuesta, metió menos la pata. Le hizo 1º preguntas sobre los nuevos capítulos de su programa, que promete ser tan interesante, sorprendente y salvaje como siempre. Pusieron algunas imágenes de episodios ya rodados, en los que atrapaba a un pequeño cocodrilo con el hocico muy alargado, especie muy rara de ver, o en el que una serpiente torcía los colmillos cuando la sujetaba por la cabeza para darle con el veneno en la cara. Le vimos un ojo inyectado en sangre y contó que estuvo 3 días muy malo, porque también le entró en la boca.
Pablo Motos bromeaba con la afición masoquista de Frank, su adicción a las emociones fuertes, que le lleva a sufrir en su propia persona todo tipo de situaciones límite de las que un hombre cuerdo huiría. Él reconoce que no le da miedo el dolor y que hasta le gusta, porque es un reto más a superar. Quiere ser capaz de sobrevivir incluso estando solo, como ya le ha pasado más de una vez. Le parece una pasada, para estupor general, sentir cómo el veneno de un oficio entra en tu cuerpo, atravesando la carne. No le importa experimentar con las serpientes, obligándolas a morderle en los dedos de las manos. Dice que ellas no te quieren morder, que hay que obligarlas. Increíble. Cree que el animal más peligroso de la Naturaleza es el hombre, ese tópico al que tanto se recurre, aunque se diría viéndole que es un claro ejemplo.
Con el tema de su ex mujer cambió el tono de la conversación. Frank Cuesta se atrevió a hablar sin tapujos de la trampa que le tendieron a la madre de sus hijos, cómo la detuvieron en el aeropuerto de Tailandia, a la vuelta de un viaje, con la excusa de que le habían encontrado droga. Las declaraciones fueron alteradas una y otra vez: 1º se dijo que había una cantidad de droga, pequeña, luego dijeron otra mayor; 1º dijeron que la hallaron en su bolso, luego en una maleta, después que la llevaba en la mano. La dejan libre para después de un año hacerle un juicio rápido y condenarla a 15 años de prisión. Allí lleva 11 meses, consumida, avejentada, hasta el punto de que el propio Frank duda que pueda llegar con vida a final de año. "Yuyee es una mujer que está para morir". No es difícil imaginar su estado de ánimo, separada de sus hijos, aún pequeños. Frank dice que lo son todo para ella, que dejó su carrera cuando estaba en su apogeo para formar una familia.
Los hijos la ven a través de un cristal un cuarto de hora a la semana, después de un viaje de muchas horas y una espera aún más larga. Ha perdido 20 kilos, lo cual en su caso, al ser una mujer tan menuda, es una barbaridad, y se le ha encanecido el pelo. Hacinada en una celda de 45 metros con otras 70 presas, en el momento que una se levanta para ir al servicio, al volver se queda sin sitio y tiene que esperar de pie a que otra haga lo propio. La mayoría optan por orinarse encima. Las cárceles tailandesas han tenido fama toda la vida de ser de las peores del mundo.
Frank Cuesta ha hablado con todo tipo de autoridades, aunque le dicen que como ha habido un golpe de Estado allí se han interrumpido las relaciones diplomáticas hasta que se restablezca una situación aceptable en el país. Dice que a pesar de lo reprobable que pueda ser que el Ejército tome el poder por la fuerza, la enorme corrupción que había ha disminuido considerablemente, que fue el motivo por el que han llegado a esa circunstancia, pues era algo intolerable. Comenta que el juez que encarceló a Yuyee ya no es juez.
De todos es sabido que Frank y su ex mujer llevan años luchando contra el maltrato animal y el comercio ilegal de especies exóticas, un negocio lucrativo en Tailandia. Son muchos los que deseaban ver al matrimonio perjudicado de todas las maneras posibles. Cuenta Frank que cierta persona con influencias ya le había amenazado un año antes con que todo lo que hacían lo iban a pagar caro, que le iban a hacer daño en lo que más le dolía y que le iban a partir el corazón.
Frank dice comprender que los presos españoles en Tailandia tengan prioridad a la hora de que las autoridades les reclamen o defiendan sus derechos, pero Yuyee es además inocente. No quiere nada para él o la que fuera su esposa, sólo piensa en sus hijos, que sí son españoles. Hace un llamamiento al Rey, ya que le han dicho que es el único que puede hacer algo, conceder el indulto o lo que sea. Me imagino al actual monarca queriendo ser magnánimo y teniendo que atender peticiones semejantes de una lista interminable de personas en situaciones parecidas. Si lo haces con una lo tienes que hacer con todas, no sólo porque sea una mujer famosa que ha estado casada con alguien que también lo es van a tener un trato de favor. Es una cuestión de humanidad siempre, da igual de quién se trate.
Pablo Motos reproduce en el estudio la situación de Yuyee utilizando unas vallas con las que acotan un espacio idéntico al que tiene en prisión. Voluntarios del público acceden a tumbarse o sentarse como pueden ahí para que nos hagamos una idea. Frank les agradece a todos el esfuerzo y le dice al presentador que ha hecho más de lo que cree, sabiendo que el programa tiene mucha audiencia. Al final le da un pequeño bajón, después de haber tenido que explicar por enésima vez su problema tan penoso con el que se siente impotente. Él saca fuerzas de flaqueza para afrontarlo todo y luchar pero está deprimido, agotado, se nota que está deseando que toda esta pesadilla acabe ya de una vez.
Es lamentable que haya paraísos como Tailandia que, en contrapartida, tengan infiernos como sus cárceles, donde los derechos humanos no existen, sobre todo si eres de allí. Frank dice que tratan un poco mejor a los extranjeros. Ojalá que salga todo bien al final, que no sea esta una injusticia más de las muchas que suceden en el mundo a diario. Es cierto que todos tenemos derecho a que nos presten ayuda, pero ellos, al ser tan conocidos y dedicándose a lo que se dedican, habiéndose convertido en personas tan familiares para el gran público, les hemos terminado cogiendo afecto y haciendo nuestras sus causas, las de la protección de los animales y esta, tan terrible, en la que se hallan inmersos. Con lo escrito en este blog espero sumarme al apoyo que ya reciben.

 


jueves, 14 de mayo de 2015

Hostilidad

 
Estaba hace poco charlando con mis hijos sobre la forma de enfrentarse  a los obstáculos que los demás suelen ponerte en el habitual desenvolvimiento cotidiano. Es inevitable, por desgracia, encontrar en cualquier fase de la vida personas que parece que han venido a este mundo para impedir que tú evoluciones e incluso que existas.
Ya desde el colegio despuntan, y no precisamente por su inteligencia. El niño que malmete, que difama, que es envidioso y competitivo, que le gusta acaparar la atención de los demás. Está más pendiente de lo ajeno que de lo suyo, siempre comparándose y encontrándose menos que el resto. La autoestima, por la razón que sea, la tienen por los suelos.
En los niños aún se pueden corregir estos defectos. No en vano la personalidad aún se está formando. Cuando no se hace así se llega a la edad adulta con complejos, inseguridades, con marrullerías (el típico trepa que pone zancadillas en el trabajo), con falsedades y, en fin, dejando mucho que desear como persona.
Y son legión los que se cuentan en esta categoría. No sólo en la etapa escolar, sino en todas las demás (instituto, universidad, en el trabajo). Siempre hay alguien dispuesto a que recuerdes que existe, por si no te habías percatado, y que no tiene otra cosa mejor que hacer que impedir que te sientas cómodo y a gusto contigo mismo o en tu entorno, algo que por lo visto no pueden concebir. Las camarillas, porque es frecuente que se agrupen, funcionan como pequeños ejércitos bien organizados con unas consignas que comparten a muerte, y que jamás hacen una autoevaluación de sus conductas y de los valores morales que normalmente rigen la existencia de cualquiera, de los que ellos carecen por completo. La difamación es la piedra de toque, el arma inicial con la que extienden su maledicencia al resto, contaminando a los que todavía parecían no haber enfermado con sus lacras. Después usan el resto del armamento, nuclear por lo general.
Anita, mi hija, me contaba que hace 3 años tuvo un enfrentamiento verbal con 2 chicas que le cogieron ojeriza por razones obvias: ella es guapa, rubia natural, inteligente, simpática, afectuosa. A ver quién puede mejorar eso. Porque las cualidades ajenas, por lo que se ve, son una afrenta para este tipo de personas. No tardaron mucho en envenenar el ambiente en torno a Anita, de modo que gente que no la conocía de nada, a lo mejor sólo de vista, la insultaban cuando iba por los pasillos. Por fortuna aquello duró sólo un tiempo, pero cuántas personas no sucumben a un bullying, tan habitual en los ambientes académicos. Otra chica con menos entereza, con menos personalidad o autoestima, habría tenido un final lamentable, sino fatal. Ella me lo cuenta ahora, como si tal cosa, ya que en su momento apenas me dijo nada. De haberlo sabido habría puesto las medidas necesarias para acabar con semejante situación, denunciando si fuera necesario a quien hubiera hecho falta. Es porque se permiten estos comportamientos por lo que la gentuza prolifera, libres de cortapisas, inmunes e impunes. La clase de adultos que serán en el futuro nos lo podemos imaginar.
Miguel Ángel, mi hijo, me dijo que yo estaba equivocada al cifrarlo todo sólo en la envidia. Y fue más allá del término maldad: afirmó rotundo que simplemente es que hay gente cruel. A mí siempre me ha costado mucho asimilar el concepto del mal como algo corriente. Si pienso en alguien malo me vienen a la cabeza figuras tiránicas por todos conocidas, las típicas que se suelen mencionar, que han pasado a formar parte de la Historia por razones lamentables. Pero suelo creer, o al menos lo intento, que el mal es algo accidental cuando me lo encuentro cada día, que es un descuido de la persona, una equivocación, algo que no quería hacer en realidad. No pienso en la premeditación ni en la alevosía, en el cálculo frío y despiadado. Quizá el mal se haya convertido en costumbre, en la forma habitual de reaccionar, algo que parece natural de tanto utilizarlo: hacer el bien es más difícil.
Y todos incurrimos en algún momento en pequeños actos de maldad en un momento dado. El otro día vi una cartera tirada en el suelo del autobús, pero como era final de línea y ya estaba saliendo todo el mundo, era por la mañana temprano y tenía prisa, no me paré a recogerla para entregársela al conductor y que se hiciera cargo de ella. Pensé que quien la hubiera perdido le habría hecho un trastorno enorme: el dinero, las tarjetas, el abono transporte… Me supo mal pero continué mi camino. No me habría llevado en realidad ni 2 minutos detener mi marcha, interrumpir mi rutina, que es que parece que nos dan cuerda y somos como autómatas, siempre haciendo las mismas cosas y sin pensar, o como las cobayas en el laberinto del laboratorio, perdidos en el marasmo ciego de nuestra cotidianeidad urbanita. Y no es excusa lo de que hay días que estamos más cansados, o más aburridos de lo habitual, que era lo que me pasaba a mí.
Les dije a mis hijos que el ejemplo que yo sigo desde hace mucho es el de personas como Gandhi o como Martin Luther King, resistencia pasiva ante la hostilidad ajena y gratuita. Aunque parezcan figuras del pasado su filosofía de vida sigue estando vigente, lo estará siempre. Anita me dijo que fueron mártires, y es verdad, nadie queremos serlo. Siguiendo su ejemplo sí que se termina siendo, pero si se tiene paciencia sólo por un tiempo. Al final, estoy convencida, termina surgiendo el verdadero ser, el auténtico yo de las personas, que es bueno. Nacemos puros, salvo taras heredadas, porque todo se hereda, lo físico y lo psíquico. Sólo falta descubrir el alma de los demás, aquel reducto de cosas bellas que está escondido bajo capas de miseria que las circuntancias personales

han depositado allí. Todo tiene un motivo, una explicación racional. Otros ámbitos puede que no, pero lo que se refiere a lo intrínsecamente humano sí. Como me decían hace poco, el amor es el motor que mueve el mundo, y su falta la causa de todas las tribulaciones que nos aquejan. Es algo que yo he pensado siempre.

Llegar a ese estado de paz con uno mismo, de comprensión de los defectos ajenos, hasta tener capacidad de perdonar, que no es fácil, igual que nos gustaría que nos perdonaran a nosotros cuando somos los que hemos hecho mal, es para mí la cumbre de la realización personal, más que ninguna otra cosa.
Todos podemos tener maldad en un momento dado, y por eso hay que educar la mente, perfeccionar el autocontrol, para así erradicar del comportamiento los comportamientos perniciosos, que pueden convertirse en habituales. No podemos dejarnos llevar por nuestras inclinaciones más vergonzosas, dejar la puerta abierta al lado oscuro que todos albergamos en nuestro interior. No hagamos a los demás, en fin, lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros. El que actúa con mal de forma consciente no tiene excusa, puede, debe modificar su actitud. Tendríamos un mundo mejor si esto fuera así.
Mientras tanto, tendremos que seguir haciendo un esfuerzo para afrontar la hostilidad ajena, esa constante en la vida de no vivir y no dejar vivir que tienen muchos. Aunque Anita piense que es un signo de debilidad no responder a un ataque. Yo aún creo en la dignidad humana, en no ceder ante el mal, en no rebajarse a las mismas malicias a las que somos expuestos. Antes al contrario, lo considero una valentía.
 

 
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