lunes, 30 de marzo de 2015

La modernidad líquida

 
Estaba leyendo un reportaje sobre los nombres ilustres que han pasado por la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, cuando tropecé con Zygmunt Bauman, sociólogo, filósofo y ensayista polaco, y un concepto, modernidad líquida, que ya sólo por su denominación me llamó poderosamente la atención.
¿Qué significaba aquello de “modernidad líquida”? De entre todo lo que encontré en Internet me pareció especialmente completo el estudio que sobre este concepto ha hecho Adolfo Vásquez Rocca, filósofo y profesor de Antropología y Estética en la UNAB. Aunque finalmente se revela como un pensamiento oscuro, pesimista, ¿realista?, acerca de nuestra sociedad y lo que nos espera en años venideros.
La modernidad líquida es una figura sociológica que tiene que ver con el cambio y la transitoriedad, y desde el punto de vista económico con la liberalización de los mercados. Para Bauman, además, refleja “la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones.
El amor se hace flotante, sin responsabilidad hacia el otro, se reduce al vínculo sin rostro que ofrece la web. Surfeamos en las olas de una sociedad líquida, siempre cambiante, incierta y cada vez más imprevisible, en la decadencia del Estado del bienestar.
Zygmunt Bauman
La modernidad líquida es un tiempo sin certezas, donde los hombres que lucharon durante la Ilustración para poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora con la obligación de ser libres asumiendo los miedos y angustias existenciales que tal libertad comporta; la cultura laboral de la flexibilidad arruina la previsión de futuro.
El olvido y el desarraigo afectivo se presentan como condición del éxito. Esta nueva (in)sensibilidad exige a los individuos compartimentación de intereses y afectos, se debe estar siempre dispuesto a cambiar de tácticas, a abandonar compromisos y lealtades. Hay un miedo a establecer relaciones duraderas y una fragilidad de los lazos solidarios, que parecen depender sólo de los beneficios que generan. Es mejor desvincularse rápido, los sentimientos pueden crear dependencia.
Bauman se vale de conceptos tan provocadores como el de “desechos humanos” para referirse a los desempleados (parados), que hoy se consideran “gente excluída, fuera de juego”. Hace medio siglo los desempleados formaban parte de una reserva del trabajo activo que aguardaba en la retaguardia del mundo laboral una oportunidad.
El amor, y también el cuerpo decaen. El cuerpo no es una entelequia metafísica de nietzscheanos y fenomenólogos. No es la carne de los penitentes ni el objeto de la hipocondría dietética. Es el jazz, el rock, el sudor de las masas. No es posible evitar los flujos, no se pueden cerrar las fronteras a los inmigrantes, al comercio, a la información, al capital. Hace un año miles de personas en Inglaterra se encontraron repentinamente desempleadas, ya que el servicio de información telefónico había sido trasladado a la India, en donde hablan inglés y cobran una 5ª parte del salario.
Las sociedades posmodernas son frías y pragmáticas. Si bien hay expresiones ocasionales de solidaridad estas obedecen a lo que Richard Rorty llamó “una esperanza egoísta común”. Piénsese, por ejemplo, en lo que ha sucedido en España después del terrible atentado en Madrid. La nación solidarizó con las víctimas. Fue una reacción mucho más “sensible” que la de los americanos después del 11-S, en donde tuvo lugar sin duda una mutación del terrorismo. Ellos expresaron miedo y reaccionaron de manera individualizada, cada cual portaba la foto de su familiar o amigo fallecido. Aquí, en cambio, todos sintieron que una bomba contra cualquiera era una bomba contra ellos mismos, una bomba contra cualquiera de “nosotros”. Ese “nosotros”  ampliado que se transforma en una empatía egoísta es la base de la “esperanza egoísta común”, una peculiar clase de ética de mínimos.
En cambio, cuando el otro es un “radical otro”, es decir, no es uno como nosotros, o si se quiere, no es uno de nosotros, entonces no surge la identificación con la cual se gesta un lazo espontáneamente simpatético, más bien se trata de alguien con quien no nos identificamos proyectivamente. Tal es el caso, por ejemplo, de las reacciones en Europa Occidental frente a la llegada de un importante contingente de personas procedentes de África; esta migración provocó reacciones de miedo, brotes de xenofobia, pero no parece haber generados cuestionamientos serios sobre el hecho, incontrovertible, de que el continente africano ha quedado marginado de la globalización, y de que su población llega al Norte (Europa) buscando aquello de lo que el Norte ya goza, como derechos adquiridos, prerrogativas sobre las cuales ya ni siquiera se repara.
Antes existían estructuras sólidas, como el régimen de producción industrial o las instituciones democráticas, que tenían una fuerte raigambre territorial. La apropiación del territorio ha pasado de ser un recurso a ser un lastre, por las inacabables y engorrosas responsabilidades que inevitablemente entraña la administración de un territorio.
Nuestras ciudades son metrópolis del miedo, lo cual no deja de ser una paradoja, dado que los núcleos urbanos se construyeron rodeados de murallas para protegerse de los peligros que venían del exterior. Nos hemos convertido en ciudadanos adictos a la seguridad pero siempre inseguros de ella, lo aceptamos como si fuera lógico, o al menos inevitable, hasta tal punto que contribuimos a normalizar el estado de emergencia.
El miedo es más temible cuando es difuso, cuando no tiene una causa concreta, cuando la amenaza puede ser entrevista en todas partes y no se puede hacer nada para detenerla o combatirla. Los temores son muchos y variados: un ataque terrorista, plagas, violencia, el desempleo, terremotos, hambre, enfermedades, accidentes, el otro… Gentes de muy diferentes clases sociales, sexo y edades se sienten atrapados por sus miedos, personales e intransferibles, pero también existen otros globales, como el miedo al miedo.
Los miedos nos golpean sucesivamente, desafían nuestros esfuerzos por hallar su origen, que es la única manera de hacerles frente cuando se vuelven irracionales. El miedo ha hecho que el humor del planeta haya cambiado de manera casi subterránea.
La amenaza fundamentalista, que parecía una amenaza periférica, se ha desplazado hacia el centro, rumbo a una hegemonía que a los ojos de muchos resulta pavorosa. Hoy un grupo, monitoreando artefactos desde las montañas más remotas y miserables del mundo, es capaz de hacer estallar el icono más importante del poderío económico global como son las Torres Gemelas. 
Frente a esto las reacciones neoliberales contra el terror son siempre inadecuadas, puesto que magnifican el fantasma insustancial de Al Qaeda, ese conglomerado de odio, desempleo y citas del Corán, hasta convertirlo en un totalitarismo con rasgos propios”.
Es, en fin, esta una teoría muy interesante cuyo desarrollo nos lleva a confines del pensamiento nunca imaginados. Quizá sea también una visión del mundo actual demasiado sombría, aunque trata ciertos acontecimientos que han acaecido y nos acaecen con asombrosa agudeza. Hasta cuándo durará esta modernidad líquida en la que nos hallamos, que no es sino consecuencia de la fragilidad humana, de sus contradicciones, de sus luchas internas, nadie lo sabe.
 


viernes, 27 de marzo de 2015

La trayectoria académica de nuestro sistema educativo

Creo que merece la pena transcribir aquí a grandes rasgos cómo es la trayectoria académica que podemos tener en nuestro actual sistema educativo, tal y como nos la explicó el director del centro al que posiblemente vaya mi hija el próximo curso, que utilizó unas hojas para ilustrarnos con siglas, recuadros y círculos conectados entre sí con flechas. Una disertación la suya clara y ordenada como profesor que es. Una información que el Ministerio de Educación debería tener impresa o colgada en su página web para que no quedara lugar a dudas y nadie se llevara a error. Cuántos son los que, mal asesorados en su instituto por falta de datos suficientes, escogen asignaturas al llegar el Bachillerato que luego no les van a puntuar cuando lleguen a la Universidad. Mi hija entre ellas, y el conocido de una compañera de trabajo, que me ha contado hace poco.
Aparte de la Educación Infantil, la Primaria y la Secundaria, que está claro para todo el mundo, la cosa se complica al llegar a los 16 años, en los que se puede escoger entre hacer Bachillerato o Formación Profesional de Grado Medio. Ambos duran 2 años. A continuación de la F.P. de Grado Medio se puede cursar la de Grado Superior, que son otros 2 años. También se puede dar este paso desde el Bachillerato.
Para acceder a la Universidad la nota de corte es diferente si se hace desde la F.P. de Grado Superior, que requiere menos nota, que si se hace desde el Bachillerato, en el que se necesita más nota. Asímismo no hay Selectividad en la F.P. de Grado Superior. En la Universidad privada no hay nota de corte.
Las asignaturas se dividen en 3 grupos:
1)      MEC= se imparten a nivel nacional y las establece el Ministerio de Educación.
2)      CA= llamadas P.M., son propias de modalidad, se imparten a nivel autonómico y las establece cada Comunidad Autónoma. Las llaman “el pozo negro”.
3)      DU= llamadas VIN, son vinculantes, de examen obligatorio en Selectividad.

En Madrid hay 7 universidades privadas y 6 públicas, con 162 carreras diferentes.
La nota de corte tiene un cálculo complejo. Hay una fórmula general (FG), una nota de corte (NC) y una fórmula específica (FE):
FG= Inglés + Lengua +nota de una de las asignaturas optativas + nota de una de las P.M.   > 4
                                                                                              4
Se suman las notas de todas esas asignaturas, se divide entre 4, y el resultado debe ser igual o superior a 4.
NC= (0,6 x B + 0,4 x FG) > 5
La nota de Bachillerato se multiplica por 0,6, y a la puntuación obtenida en la FG se la multiplica por 0,4. Ambas cantidades se suman, y el resultado debe ser igual o superior a 5.
FE = (0,6 x B + 0,4 x FG) + PM 0,2 + PM 0,1 + PM 0 + PM 0,2
Es un complemento a la NC, cuando se necesita un poco más de puntuación para determinadas carreras con nota de corte muy alta. A la NC se le suman las PM. Unas tienen más valor que otras, como se puede ver, y en esto está la clave para poder acceder a la carrera que se desea cuando no se ha tenido nota suficiente al calcular la NC. Por eso es tan importante saber elegir antes de empezar el Bachillerato las asignaturas adecuadas a la carrera que se va a hacer.
Cada Universidad pública tiene una nota de corte diferente, dependiendo de la cantidad de plazas que oferte. Cuantas más haya menos nota exige. Hay 5 grupos con notas de corte diferentes, dependiendo de si se es de nuevo acceso, mayor de 25 años, mayor de 40, mayor de 45 o si se tiene ya una carrera hecha. Cada grupo se subdivide en 2, junio y septiembre. En septiembre hay titulaciones que no tienen nota de corte porque ya no les quedan plazas. He visto en Internet las que pedían para el presente curso, y me ha sorprendido ver carreras como Informática o Geofísica, que sólo se necesitaba un 5. Yo pensaba que era porque tenían poca demanda y era una forma de atraer estudiantes, pero no, es porque tienen disponible un volumen de plazas importante. En las facultades con mucha demanda, la admisión sigue un riguroso proceso descendente, de los que mejores notas tengan hacia abajo, hasta completar la totalidad de las plazas. Muchos se quedarán fuera, al menos en esa Universidad.
Hay posibilidad de dobles Grados, hacer 2 carreras a la vez, opción que según el director se está solicitando cada vez más.
El alumno, mientras está haciendo la Selectividad, debe solicitar en Internet la carrera o carreras que quiere y en las diferentes Universidades públicas que hay. Antes se hacía con lo que se llamaba “la sábana blanca”, que se compraba en los kioscos y era un desplegable en el que se rellenaban todos los datos y se entrega de forma presencial.
En la inscripción on line se pone, por orden de preferencia, el nº que corresponde a cada carrera en cada Universidad. La misma carrera tiene diferente nº en cada Universidad, hasta completar 12 opciones. Hay que tener cuidado de no equivocarse porque puedes pedir lo que no quieres o te pueden mandar a una Universidad que no deseas. Los códigos de cada carrera y Universidad se consultan en Internet.
Se me ocurrió comentarle al director que este sistema era un poco complicado, que era más sencillo lo que se hacía cuando yo estudié mi carrera, pero él no estuvo de acuerdo: ahora se afina más con las elecciones, y a partir del tercer año de carrera tienes la posibilidad de ir a una Universidad extranjera y el 4º año a otra, con Erasmus o sin él.
En fin, lo que habría que valorar es si la enseñanza ha mejorado su calidad o ésta ha ido en descenso en los últimos años, pues el proceso que hay que seguir para llegar a donde uno quiere es largo y complejo. Con la reforma de la ley Educativa que está pendiente hay asignaturas como Filosofía que pasarán a un 2º plano. Según el director desde hace tiempo hay materias que se están eliminando, como el Latín y el Griego, lo que le parece, con razón, un crimen.
Desde fuera uno tiene la impresión que, a la hora de elegir carrera profesional, te sumerges en una maraña intrincada de normas, modalidades, plazos ajustados y continuos cambios legislativos que convierten nuestro sistema educativo en una suerte de selva en la que no es difícil perderse. Más calidad y menos enrevesamiento. Copiemos los sistemas de los países nórdicos, con los que a buen seguro mejoraremos drásticamente. Los modelos están ya hechos, sólo hay que seguirlos, no hay nada nuevo que inventar. 


jueves, 26 de marzo de 2015

El mapa del cielo

 
Me daban el otro día por la calle un folleto azul, junto con una piruleta de fresa con forma de corazón, envuelta en un plástico con la misma foto que la de la propaganda: la portada de un libro flotando en medio de nubes blancas, cuyo título en amarillo rezaba El mapa del cielo. En la otra cara del folleto había, también en azul, un mapa cartografiado del firmamento, un gran círculo dividido en segmentos por cada mes del año. Una mancha blanca de un lado al otro de esta esfera, supongo que la Vía Láctea, manchaba algunas de las constelaciones. Sin duda esta es una forma de hacer publicidad imaginativa y con buen gusto.
Libro escrito por Eben Alexander, neurocirujano y profesor de Medicina norteamericano, que abunda en el tema de las experiencias más allá de la muerte, cuenta lo que vio en la semana que permaneció en coma: un lugar donde el tiempo y el espacio no se experimentan de la forma como los conocemos, pero donde percibió un amor infinito. “Nada está alienado, nada está abandonado, y a nadie se les permite la desesperación”, explica. El autor describe un bosque lleno de árboles, flores, animales, riachuelos, en el que reina la paz y la belleza, y también a Dios, que nos ama y hacia el que confluye el Universo entero. También se encontró con su hermana biológica, a la que nunca había visto.
Afirma que hay que dar la importancia debida a estas vivencias, y que no son simples procesos bioquímicos del cerebro. Tampoco se debe ver desde el punto de vista del antagonismo entre ciencia y fe, sino sencillamente como algo que está más allá de todo condicionamiento y comprensión humanos.
Antes de este libro había escrito hace 3 años otro, La prueba del cielo, en el que describió sólo una parte de lo que vivió. Esta 1ª obra suya tuvo muchas críticas de la comunidad científica, que rechazó de plano las afirmaciones de Eben Alexander acerca de lo sobrenatural del fenómeno que le aconteció. Él las ha rebatido con diversos artículos publicados en algunas de las más prestigiosas revistas científicas. “La muerte del cuerpo y del cerebro no supone el fin de la conciencia, la experiencia humana continúa más allá de la muerte", dice.
Según he leído en Internet, “el libro narra cómo, en el cielo, obtuvo respuestas existenciales que le permitieron perdonar y sanar heridas muy profundas de su infancia, pues fue hijo adoptivo y, ya de adulto, su familia biológica no quiso tener gran contacto con él, por lo que se sumió en depresiones severas que ni la brillantez de su mente racional pudo ayudarle a elaborar”. Eben extrae sus propias conclusiones: “Sé que nuestra conciencia no se limita a nuestro cuerpo físico sino que se extiende más allá de la muerte física. Saber eso me protege ante el dolor que causa ver las tragedias del mundo”.
El neurocirujano cree que su mente no pudo producir esa experiencia porque la meningitis bacteriana severa que padeció, y que le llevó al estado comatoso, destruye la parte más importante del cerebro, el neocórtex. Los médicos que le trataron se mostraron escépticos respecto a su relato, y él mismo quiso serlo también, pero las evidencias le terminaron de convencer. “En esas primeras semanas después de haber emergido de una larga semana de coma, cuando trabajé para poner todos mis recuerdos sobre el papel, paraba y pensaba “Fue demasiado real para ser real”. Se sintió tan real, tan ultra real, que la experiencia de recordarlo resultaba un shock en sí misma”.
Antes era ateo, y muy escéptico respecto a estas experiencias ultraterrenas. El haber experimentado una le ha cambiado la vida: ahora cree en Dios, valora hasta las más pequeñas cosas de la vida, y ya no le tiene miedo a la muerte. Hasta la fecha ninguno de los doctores que lo trataron han podido explicar su milagrosa recuperación.
Eben tiene ahora una certeza: “Eres amado y apreciado profunda y eternamente. No tienes nada que temer (… ) La muerte del cuerpo no es el fin”. 



martes, 24 de marzo de 2015

Regreso al colegio

 
Andaba Anita, mi hija, buscando instituto para cambiarse el próximo curso, pues es en estas fechas cuando está abierto el plazo para hacer reservas. Ya no se molesta en pedir en los institutos públicos de nuestro barrio y alrededores, en los que el año pasado no la admitieron porque están a tope. Ni a ella ni a dos de sus amigas, pues van juntas a todas partes, aunque una de ellas se ha desmarcado y busca por otros lugares, bastante lejos de donde vivimos.
El caso es que a Ana no le gustan los cambios, y ningún sitio de los que ha visto la termina de convencer. Se acomoda pensando que donde está ahora ya conoce a la gente, que en el fondo es lo que más le importa a la juventud, y siempre hay cierta suspicacia a la hora de enfrentarse a desconocidos que, según cree, se conocen desde hace años y ya tienen sus grupos formados y cerrados. Una amiga mía, que la conoce bien, opina que para ella no supondrá mucho con lo extrovertida que es, pero incluso los que son sociables hacen pereza cuando tienen que vencer la resistencia ajena y ganarse la confianza de los otros.
Yo les había sugerido que probaran con un centro privado, y creí que no me habían hecho caso hasta que Anita llegó un día diciendo que habían visitado uno que hay cerca de casa, aunque era obligada una entrevista concertada con el director antes de tomar cualquier decisión. Cual no sería mi emoción cuando resultó que este lugar fue el primer colegio al que yo fui, que por entonces era de monjas seglares. Corría 1971-72, tenía 5 años. Sólo estuve un año porque al curso siguiente la directora, que no debía ser monja seglar si no otra cosa más fuerte, hizo un desfalco yéndose con todo el dinero. Tuvimos que ir mi hermana y yo a otro colegio, también privado, pero mucho peor.
Con los años lo volvieron a abrir tal y como es ahora. Cuando llegué con Anita, su amiga y el padre de su amiga, ya la entrada me pareció distinta. Me gustaba del que fuera mi colegio hasta la puerta de entrada. El hall también se le veía reformado. Al cabo de un ratito nos recibió el director, un hombre menudo y mayor, con el pelo canoso medio pegado a la cabeza, muy educado, que nos hizo subir la escalinata que yo recordaba de niña mucho más majestuosa y blanca.
Al llegar a lo más alto y aparecer el pasillo con las clases del primer piso me vino de repente una sensación que creía perdida en algún recoveco profundo de mi inconsciente. Me veía a mí misma a mis 5 años, llorosa, llegando justo a aquel tramo, de la mano de una señora que me llevaba a una de aquellas aulas, que estaban en el lado izquierdo, la última. Vestía mi uniforme, jersey verde oscuro, camisa blanca, faldita escocesa de cuadros verdes y granates, medias de lana por debajo de las rodillas verde oscuro también. Recordaba el pasillo más ancho y elegante. Había estado por error varios días junto a mi hermana en una gran clase en la planta baja, junto a la secretaría, donde vi que todavía seguían los niños más pequeños. Cuando se dieron cuenta de que yo era mayor y me trasladaron, tuve miedo, pensaba que se equivocaban, que era cruel separarme de mi hermana.
Al subir aquellas escaleras y llegar a ese punto tuve la misma sensación de desamparo ante la incertidumbre de mi destino, al mismo tiempo que una cierta curiosidad. Recreé en mi memoria la clase a la que llegué, todos mirándome y preguntándose quién era yo que no estaba allí desde el primer día. Para un tímido todo esto se le hace un mundo, veía los ojos puestos en mí, entre interrogantes y burlones, aunque la novedad llamó por poco tiempo su atención.
Vi a Juan, un niño muy peculiar que se sentaba a mi lado, y que era muy parsimonioso. Comía su donut a la hora del recreo con mucha meticulosidad, abriendo mucho las piernas sentado en su silla para no mancharse. Los niños se burlaban de él cantándole “Juanito banana se mea en la cama”, pero él ni les miraba, seguía concentrado en la degustación de su pequeño manjar, atento sólo a su bollo, al que se aferraba de tal modo que quedaba muy claro que no pensaba compartirlo con nadie que se lo pidiera. Su pelo era oscuro y muy liso peinado como a tazón, y su piel también oscura. Aquel era su momento de gozo particular del día y no quería ser molestado.
Recuerdo también a una niña alta, morena y desgarbada que se sentaba lejos de mí, junto a los grandes ventanales, y que un día se mofó porque hacía los ochos con dos bolas una encima de otra. Tardé un poco en ser capaz de hacerlos de un solo trazo. Quizá me acuerde sólo de estos dos compañeros por lo que de indignidad tenían, uno por ser blanco de las burlas ajenas y la otra por hacerme a mí blanco de las suyas. Siempre tuve mucho amor propio y era muy sentida. Para un tímido cualquier ofensa en el pasado permanece indeleble en la memoria por muchos años que pasen, sobre todo por la injusticia, el abuso y la indefensión de los que ya desde pequeños somos objeto. La vida es dura, se suele decir. Quizá por eso también recordamos las muestras de afecto de que hemos sido objeto con igual intensidad, para compensar lo anterior.
Y volviendo al momento presente, el director nos condujo a una pequeña sala de profesores, que conservaba el suelo de azulejo antiguo del edificio, y nos dio una disertación que entre información y preguntas que hicimos se prolongó cerca de 2 horas. Nos contó que era licenciado en Física y que daba clase de Matemáticas para ciencias. Su forma de explicarse, tan ordenada y claramente, nos abrió las puertas a una realidad que hasta entonces permanecía oculta en una maraña de confusión. Me pareció compleja la forma como ahora se calcula la nota de corte para entrar en la Universidad. Utilizó una serie de fórmulas con las que parecía más estar impartiendo una de sus clases que tratando una simple media aritmética entre las notas de Bachillerato y la Selectividad, como se hacía en mis tiempos.
Cuando se lo comenté él dijo que sin embargo le parecía ahora todo mejor, que era más laborioso pero que se afinaba más a la hora de entrar en una u otra carrera. Su disertación la expondré en otro post porque creo que puede interesarle a muchos, dada la complejidad de nuestro sistema educativo, que según él era una copia del francés, así como el universitario mencionó que era una copia del alemán.
Al final les indicó a Ana y a su amiga qué mejores opciones escoger de cara a las carreras que quieren seguir, Anita Magisterio y su amiga Psicología, que por lo visto es considerada ahora de ciencias, puesto que ese sector profesional consiguió tener presencia en centros sanitarios.
A pesar de que Ana me había estado dando golpecitos con la pierna bajo la mesa para que no hiciera tantas preguntas y acabáramos de una vez, no pude resistir, cuando los demás bajaban ya la escalera hacia la salida, quedarme un momento con el director y comentarle mi paso por aquel centro cuando no era el que es hoy. Sabía perfectamente la historia que le contaba y me pregunté cuántos años llevaría allí. Muy animado, me enseñó una de las aulas, que yo recordaba más grandes, en la que además de la pizarra convencional había otra electrónica, y cañón de diapositivas colgando del techo. Me pareció un hombre que sentía verdadero amor por su trabajo y por aquel lugar, y era como si quisiera transmitírnoslo a los demás. Contó que hubo que hacer una reconstrucción de la fachada y las aulas a raíz de un atentado terrorista que hubo en esa misma calle, que recuerdo perfectamente. Le manifesté el grato recuerdo que de ese sitio tenía, sobre todo porque en él fue donde aprendí a leer y a escribir, ventanas que nos permiten abrirnos a la vida.
Al salir, tarde oscura, lluviosa y desangelada de comienzos de primavera, contemplé lo que era nuestro recreo, por entonces una zona de tierra con columpios y uno de esos conos metálicos que daban vueltas sentados en ellos. Recuerdo un percance que tuvo una niña en los columpios, pues se cortó con algo y se la tuvieron que llevar sangrando. También unas matas en un lateral en las que nos escondíamos y explorábamos mi hermana, yo y algunas de nuestras compañeras. Ahora todo eso es una pista azul con canastas de baloncesto. Las matas desaparecieron y la valla que rodea el recinto es más alta. Una gran puerta daba al salón de actos, que ahora es un gimnasio. Lástima que lo quitaran porque me gustaba mucho, con sus butacas y su escenario, donde en Navidad cada clase hacíamos una pequeña representación o un coro y a donde venían a vernos nuestras familias. El colegio me parecía un lugar señorial.
El tener que marcharnos de allí de forma tan abrupta fue como un hachazo en mitad del normal discurso de nuestra existencia cotidiana, una promesa de futuro truncada ya en la infancia en un lugar en el que a buen seguro habría tenido experiencias mucho más agradables que las que me tocó vivir en el centro al que fui después.
Clases de sólo 22 alumnos, atención personalizada, en fin, algo muy distinto a lo que Ana está acostumbrada. Todo un lujo hoy en día. Será estupendo que ella y su amiga puedan estar aquí.

Por la noche vino ella a darme un beso de buenas noches cuando yo ya estaba acostada, algo que no suele hacer. La niña que fui mientras estuve en aquel colegio, y que esa tarde había regresado a mí, y la mujer que soy ahora se lo agradecimos.


 

lunes, 23 de marzo de 2015

La vejez bien entendida

 
Últimamente no hace más que salir en los medios de comunicación la creciente actividad de la mujer a una edad en que ya se la supone retirada del mundanal ruido. Por ejemplo el artículo que apareció a principios de mes en 20 minutos, sobre una octogenaria que había acabado la carrera de Periodismo y posaba con la foto enmarcada del día de su graduación, muy orgullosa, al tiempo que explicaba sus avatares hasta que logró integrarse en su clase. Sus nietos cursaban otras ramas de CC. de la Información y coincidían en la cafetería, donde se tomaban unas cañitas. El grupo que la acogió la invitaba a sus fiestas, y ella a cambio les invitaba a merendolas en su casa. Qué mujer más simpática, qué prodigio de vitalidad y ganas de vivir. Quién dijo que la vejez eran sólo achaques, inactividad y soledad. Es en la forma de ser donde está la clave de todo.
 
Carmen Dell'Orefice
En un reportaje de Mujer Hoy aparecían mujeres en los 60, 70 y 80 que siguen llevando una vida plena. Cierto que los “arreglos” estéticos las han ayudado mucho para dar una imagen más juvenil y tener más seguridad en sí mismas, aunque otras partes de su cuerpo, como brazos y manos, les traicionen. Se le da demasiada importancia a la cara, quizá porque es como nuestra tarjeta de presentación, y se descuidan otras cosas. Sin embargo, pese a todo, hay que reconocerles una genética privilegiada y mucha inteligencia a la hora de saberse cuidar, algo que se debe hacer durante toda la vida, porque no se puede pretender llegar a mayor en buenas condiciones sin haber tenido siempre hábitos saludables.
 
Gillian Lynne
Actrices como Helen Mirren a sus 69 años o Judi Dench a sus 80, bailarinas de ballet como Gillian Lynne con 89, o la enigmática y elegantísima modelo Carmen Dell’Orefice con 81, que sigue desfilando, continúan acaparando la atención de los medios de comunicación en cada una de sus apariciones públicas. Aunque no sé muy bien el por qué nos parece tan llamativo, cuando los hombres más influyentes y poderosos de la Tierra están, en su mayoría, en la 3ª edad y a nadie le produce asombro o curiosidad. Puede que sea porque nosotras lucimos más espectaculares, y dada nuestra condición de género que ha estado siempre supeditado al masculino y que aún tiene tantos hándicaps que superar, además de ser capaces de compaginar nuestros roles sociales con la maternidad, es por lo que nuestros logros tienen más resonancia. Seguimos pareciendo una excepción, o un milagro.
No es verdad eso de que la vida se acaba con la jubilación, al contrario, se tiene la oportunidad de desarrollar todo aquello que quedó pendiente en la juventud y que siempre quisimos hacer. Se disfruta más de todo, no hay tantas obligaciones, las responsabilidades son menores, y también las exigencias. No comprendo cómo tantos tienen miedo a que llegue ese momento. Será por la cercanía de la muerte y el deterioro corporal, pero ya sabemos desde la niñez cual es nuestro destino final, no hay sorpresas, nos ha tenido que dar tiempo de sobra de hacernos a la idea. Incluso el que tiene un gusto por la vida extraordinario y ha gozado de éxito a todos los niveles, y por ello le es tan duro renunciar a todo con lo bien que se lo está pasando: es inútil y poco realista aferrarse a lo que nos es dado por un tiempo, muy breve en comparación con la eternidad. Ni vida eterna en la tierra ni elixir de la eterna juventud. Yo no ansío romper las reglas de la Naturaleza. ¿No dicen que es sabia?


martes, 17 de marzo de 2015

Blogs votados en el concurso de 20 minutos 2015

 
Un año más ha tenido lugar el concurso de blogs de 20 minutos, y en esta ocasión hubo algunas novedades, como el que no se pudiera ver cuántos votos tenía cada participante, con el fin supongo de no influir en la decisión de los votantes. La categoría de Personal, que es en la que yo participo, ha visto menguado notablemente el nº de inscripciones, en favor de otras como Blogosfera, o Multimedia y Redes Sociales. También son muchas las blogeras que dedican íntegramente sus contenidos al tema de la maternidad. Consejos de todas clases sobre el cuidado de los hijos, repetidos hasta la extenuación con puntos de vista y experiencias muy parecidas. Creciente afición por poner los títulos de los blogs en inglés o el nombre y apellidos de quien lo escribe, cosas ambas que me producen grima.
Estos son los que yo voté:
-        Actualidad: El señor gordo. Lo voté en alguna otra edición, y es de los pocos que sigo habitualmente. Me hubiera gustado cambiar pero las opciones restantes no me convencieron. Es un lugar este donde prima la inteligencia, la ironía y el buen humor en general.
-         Blogosfera: Bloggy Mary. Sobre el mundo del Periodismo, con contenidos muy interesantes, un lenguaje sencillo y claro, y cierto sarcasmo atemperado. Ha sido un muy agradable descubrimiento. Me gusta hasta el nombre del blog, que juega con los significados.
 
-        Ciencia, tecnología e internet: Afán por saber. Aquí igual se habla de Ciencias Naturales o Literatura que de los trámites que hay que seguir para realizar una gestión en Hacienda. Bitácora curiosa y para curiosos.
 
-        Cine y t.v.: El cine de Hollywood. A mí, que me apasiona el cine, me gusta mucho cómo habla de los últimos estrenos, aportando datos interesantes y opiniones a considerar. Buenas fotos.
 
-        Cultura y tendencias: Culturioseando. Me encanta este blog, su presentación, la forma como está estructurado. Todos los temas de actualidad, en lo que a cultura se refiere, tienen aquí cabida: teatro, cine, festivales, arte urbano, libros… Genial. Un título el suyo más que acertado, y ocurrente.
 
-        Deportes: A pie de pista. Diario de una olímpica. Qué mejor manera de entender el deporte desde dentro que leer las sensaciones que describe una mediofondista que ha participado en las Olimpiadas. Lenguaje sencillo, emociones a flor de piel, toques femeninos. Es un blog que merece tener su lugar entre los elegidos.
 
-        Economía: Ahorra y gana dinero. Me ha encantado también este blog por la variedad de sus contenidos y la claridad expositiva. Temas peliagudos como las finanzas, la Bolsa y otras cuestiones por el estilo son aquí abordadas con sencillez y transparencia. Consejos para ahorrar, sugerencias sobre sitios con descuentos, en fin, una ayuda para sobrellevar un tema tan fatigoso como el de la economía doméstica.
 
-        Gastronomía: A golpe de sabor. Recetas sencillas y suculentas. Fotos con las que se hace la boca agua.
 
-        Humor: Humor casi inteligente. Blog que ya voté en otra edición y que sigue siendo con diferencia el mejor de todos los que concursan en esta modalidad.
 
-         Medio ambiente: Biología. Disertaciones sobre Ciencias Naturales, Astronomía y los más variados ámbitos del saber. Interesantísimo, con imágenes increíbles.
 
-         Moda y belleza: Trucos de mujer. Sugerencias llenas de buen gusto sobre ropa, complementos, peinados y todo lo que nos pueda hacer parecer más bellas. Buenas fotos.
 
-        Motor: Va de barcos. Cansada de las habituales bitácoras dedicadas a los coches y las motos, este blog trata sobre todo tipo de embarcaciones que uno pueda imaginar. A mí, que el mar me fascina, no puedo por más que disfrutar con las coloridas imágenes de los barcos que aquí están expuestos.
 
-        Multimedia y redes sociales: Fotos del mundo. Fascinante blog donde se recrea cualquier lugar y acontecimiento mundial con maravilloso repertorio visual. Un regalo para la vista.
 
-        Música: Bandalismo. Me encantó el título, que juega con el significado de las palabras. Muy completo, muy bien estructurado y muy interesante.
 
-        Personal: La salamandra. Bien escrito y con buenas fotos. Elegante y lleno de imaginación.
 
-        Salud y vida sana: Adelgazar y salud. Tema que es de especial interés para mí. Muy bien planteado, con datos contrastados, y con el que se puede aprender mucho.
 
-        Solidario: África en colores. Nada mejor para conocer un lugar que leer las experiencias de 1ª mano de alguien que vive allí. Contenidos apasionantes y fotos muy bonitas sobre el siempre fascinante continente negro.
 
-        Tu ciudad: Mi Petit Madrid. Curiosa y magnífica bitácora con originales ilustraciones llenas de color e imágenes en movimiento. Muy completa a la hora de saberlo todo sobre la capital.
 
-        Viajes: Al infinito y más allá. Blog de una viajera empedernida que, armada con tan sólo una mochila, es capaz de dar la vuelta al mundo. Colaboran con ella su hermana, correctora y editora, un amigo en la edición también, y otro amigo que diseña los dibujos e iconos que aparecen. Muy bien estructurado, y apasionante, como todo lo que tenga que ver con los viajes.
 
-        Videojuegos: El rincón de Urko. Espacio de fantasía montado de forma espectacular. Un regalo para los entendidos en esto de los juegos de consola y para todo tipo de soportes.
 

 

miércoles, 11 de marzo de 2015

Un buen maestro lo cambia todo

César Bona
Teniendo en cuenta que somos el país de la Unión Europea con mayor índice de fracaso escolar (el 23 %), conviene escuchar lo que tiene que decir César Bona, profesor del colegio público Puerta Sancho de Zaragoza, con opciones a ser elegido mejor profesor del mundo. Un amigo de César vio la convocatoria y propuso su candidatura al galardón, valorado en un millón de dólares y que en marzo otorgará la Global Teacher Prize, una fundación presidida por Bill Clinton. Se presentaron 5.000 profesores de 127 países y solo quedan 38. Los motivos de esa selección son muchos. No tiene absentismo, ha trabajado con población marginal y ha conseguido que sus alumnos sepan leer en un año. Además de inglés, en su clase se aprende a hablar en público y a defender ideas.
En las entrevistas que ha concedido, le preguntan qué hace para tener tanto éxito. Él afirma que su método se basa en la participación, la comunicación y el intercambio. Hace que sus alumnos de 11 años expongan lo que les sale de dentro; en su clase no hay niños arrinconados, él les enseña a no tener miedo a sus emociones y a expresarlas. Apenas usa libros de texto y pone pocos deberes. Cuando tratar un tema en clase, propone la asociación libre: "Tenéis que asociar –les dice–, no sigáis ningún orden a la hora de escupir ideas".
Este profesor repite varias palabras clave: respeto, sensibilidad, empatía, imaginación, creatividad. Estas son algunas de sus afirmaciones sobre su modo de educar: "A los niños hay que educarles en el respeto y a que piensen no solo en ellos, sino también en los demás"; "Es imprescindible que se impliquen. Sentirse importantes en clase, tener su función, ver que te puedan enseñar a ti"; "Los maestros somos privilegiados, trabajamos con fuentes infinitas de imaginación"; "Les digo que soy maestro, pero no lo sé todo. Y les animo a que me enseñen". Aplicando estas ideas, promueve que sus alumnos sean seres libres que puedan gestionar sus emociones en un intercambio creativo y solidario con los demás.
El flechazo entre Bona y la enseñanza es recíproco. "El primer día nos dijo que lo más importante no era sacar buenas notas, sino que fuéramos buenas personas –dice uno de sus alumnos–. Nos subimos en las mesas y empezábamos a hablar, para perder la vergüenza. Ha sido un gran maestro, me ha enseñado a valorar lo que tengo, y a los animales y las personas".
Si el mejor premio de un maestro es oír que sus alumnos nunca le olvidarán porque ha influido de una manera determinante en sus vidas, ese galardón ya lo tiene, pero también ha recibido otros reconocimientos más oficiales e inesperados. Cuando Bona se hizo cargo de la escuela de Bureta, que solo tenía siete alumnos, se le ocurrió cohesionar a su grupo haciendo un cortometraje de cine mudo. Su título: 'La importancia de llamarse Applewhite'. Esta película se ha proyectado en festivales de medio mundo y ganó un premio del Ministerio de Educación. Para hacer el corto, propuso a los niños que hablaran con sus abuelos. Así valorarían sus raíces y aprenderían sobre sus orígenes.
Gracias a ello, los niños descubrieron cosas que no están en los libros, pero que les ayudan a construir y valorar sus cimientos subjetivos. Los abuelos expresaron lo que les hubiera gustado ser, y los nietos les hicieron cambiar el tiempo verbal, ponerlo en presente. En la película, los mayores escenificaron ese sueño incumplido, ayudados por sus descendientes.
Otro de sus logros fue El Cuarto Hocico, una protectora de animales virtual. Cuando daba clase en Muel, también en Zaragoza, llegó un circo en el que los niños pudieron ver el maltrato a los animales. Y se les ocurrió crear la protectora. Un libro con prólogo de la primatóloga Jane Goodall cuenta el proyecto, que tiene hoy alcance internacional.
Un maestro tiene la tarea de guiar al alumno y sacar a la luz sus potencialidades, respetando su personalidad y alimentando aquello que le va a servir para sentirse más seguro en la vida, para que aprenda a pensar y a ser propietario de sus conocimientos y su mundo emocional.
La sensibilidad de este maestro es tan alta como su fortaleza psíquica. Para introducir el conocimiento en los niños hay que tener en cuenta su psiquismo y sus necesidades. Solo puede ser educador quien es capaz de compenetrarse con empatía con el alma infantil. Para ello hay que llevarse bien con el niño que fuimos.
Reprimir la infancia, desconocer los conflictos del psiquismo infantil y privilegiar la acumulación de datos va en detrimento de una enseñanza en valores.
César Bona, maestro de Primaria de un colegio público de Zaragoza, es uno de los finalistas del Global Teacher Prize, un premio anual considerado el Nobel de los docentes. Promovido por la UNESCO, el galardón reconoce la educación fundamentada en la consolidación de valores y se entrega a un maestro que haya tenido un impacto inspirador en sus alumnos, en otros profesionales, en su comunidad y más allá de sus fronteras.
("Un buen maestro lo cambia todo", revista Mujer Hoy de 21/2/15)
 

martes, 10 de marzo de 2015

Acosados

Es tremenda la cantidad de casos de acoso que hay, a todos los niveles, hoy en día. En este sentido me encantó la entrevista que le hizo el juez Garzón al escritor Roberto Saviano y al fundador de Wikileaks Julian Assange. Son tres personas perseguidas por romper con las normas establecidas, gente que se enfrenta a poderes que son más grandes que ellos y que arrostran las consecuencias para el resto de sus vidas. En realidad no sabemos si dedicarles una calurosa ovación o llorar de pena por su suerte.
Saviano, amenazado por la mafia napolitana tras desvelar sus trapos sucios en sus libros, protegido en todo momento por un equipo de escoltas, y Assange, confinado en la embajada de Ecuador en Londres desde hace casi 2 años para evitar ser detenido, hablaban con calma de libertad de expresión y de derechos humanos como si, a pesar de todo, todavía creyeran en la existencia de tales cosas y nunca les hubieran sido negadas. Parece increíble que en el siglo XXI y sabiendo lo que sabemos sobre las irregularidades de organizaciones y estamentos de toda índole, todavía sean los justos los que son acosados y los culpables los que permanecen libres haciendo y deshaciendo a su antojo, ostentando poder y riqueza.
Hay en Saviano, concretamente, una fuerza tan grande, la pasión tan típica de los italianos, y en el fondo una ingenuidad tan desconcertante para un hombre hecho y derecho como es él, que una mezcla de esperanza, de inusitada energía vital y cierto velado dolor asoman a sus enormes ojos oscuros. Dice pasar por momentos muy bajos, de gran depresión, aunque durante la entrevista no se perciba, quizá por la emoción que siente ante un encuentro tan especial. Se expresa con las manos, con el rostro, y escucha a su compañero, Assange, con la vista en el suelo, como meditando todo lo que dice.


Assange, envejecido prematuramente, es como si estuviera en el cuarto de estar de su casa, pues es en la embajada donde está refugiado donde transcurre la entrevista. Por eso ni siquiera lleva los zapatos puestos, sólo los calcetines. Mucho más comedido en su expresividad, habla más deprisa, como norteamericano que es, no tiene la cadencia del italiano. Sus ideas son muy claras y las expone sin vacilación. No se queja, no se victimiza, sólo sobrelleva su cruz con realismo y cierta resignación. En cierto momento son preguntados acerca de lo que el uno opina del otro. Se miran confraternizantes, se suaviza la expresión de sus caras. Ambos se admiran mutuamente, todo son elogios para el otro. Y lo creen sinceramente, no hay adulación.
El juez Garzón, que conduce este programa, Voces para un mundo mejor, con el que la fundación que lleva su nombre colabora, entrevista a figuras internacionales que son perseguidas y aún siguen teniendo algo que decir. Él mismo ha visto su carrera profesional interrumpida por sus polémicas sentencias. Se ha encargado durante años de todos aquellos casos que el resto de sus compañeros eludían. No le importa abordar asuntos espinosos, aunque sus métodos son a veces cuestionables.
Al terminar Saviano y Assange se miraron a los ojos con cierta ternura y amplia sonrisa, y se dieron la mano. El equipo del programa les dedicó un pequeño aplauso y se hicieron unas fotos. Aunque el material audiovisual y fotográfico fue incautado en ese momento, Saviano pudo publicar en su Facebook una foto de los dos, aunque guardó confidencialidad no haciendo comentario alguno sobre el encuentro en su artículo habitual para el periódico en el que trabaja.
Hace poco veía un reportaje en t.v. sobre el caso de Aaron Swartz, un joven cerebrito que terminó suicidándose ante el acoso de que fue objeto por su activismo social y político en Internet. Una mente brillante con un prometedor futuro por delante, que no tuvo el valor ni la firmeza suficiente para aguantar por mucho más tiempo las amenazas a su vida.
El último caso de acoso que me ha llamado poderosamente la atención, esta vez en instancias tan inamovibles como las militares, es el de la comandante Zahída Cantero, acosada sexualmente 1º por uno de sus jefes, y laboralmente después por el resto, pues como pasa con los médicos hay estamentos que son muy corporativos y hacen una piña para evitar ver dañada su reputación y poder continuar disfrutando de los beneficios de su status. Esta mujer llegó a poner los hechos en conocimiento del mismísimo ministro de Defensa, sin resultado alguno. Dónde están los derechos humanos. No es de extrañar en una profesión como esta en la que el sexismo sigue siendo una de sus lacras más arraigadas.
No entiendo cómo con los medios de comunicación y las redes sociales de los que disponemos actualmente, que permiten que estos casos tengan una enorme difusión y una repercusión sin precedentes, no se facilita la erradicación de todos estos males. Es como si nos paralizara la estulticia, como si nos parecieran normales estos casos a fuerza de escucharlos a diario y ya no suscite reacción alguna en nosotros. Somos autistas en potencia, nos asemejamos a los individuos despersonalizados de aquella obra siniestra, Un mundo feliz, que Aldous Huxley popularizó hace décadas con asombrosa anticipación. Salgamos de nuestra zona de confort. Cómo puede haber confort en medio de tanta injusticia. 


lunes, 9 de marzo de 2015

Hay un cielo

No quería yo ver El cielo es real, porque aunque es un tema que difícilmente no puede dejar de interesar (quién no quiere saber si efectivamente existe un más allá y cómo es), araña zonas profundas del corazón y de la mente, allí donde están guardados nuestros más profundos anhelos y esperanzas. Posiblemente no deseaba que alguna cosa que se pudiera decir en la película removiera esos espacios profundos en los que todo parece estar más o menos asentado. Debe ser que llegando a ciertas edades sólo queremos estabilidad emocional, y confort mental.
Y baste que la historia se nos presente a través de los ojos de un niño para que le demos credibilidad. Cierto que en la infancia predomina la imaginación, pero cuando Colton, un crío norteamericano de tan sólo 4 años aporta datos tan precisos, resulta escalofriante. Aquí no se limita a describir la luz al final del túnel ni otras cosas que están ya muy oídas.
Colton ha permanecido muerto por unos pocos minutos durante una intervención que en principio era sencilla. Pero 3 meses después empieza a contar que ha visto a sus padres en la sala de espera mientras le operaban, y a su lado en la habitación durante horas cuando no despertaba. Los ángeles le visitaron en el quirófano, y después le acompañaron a un lugar que era como una pradera muy verde, inmensa y soleada donde se respiraba paz. Allí encontró a personas de su familia que no había llegado a conocer, como una tía, o su bisabuelo, el abuelo de su padre, fallecido 30 años antes. Hace una descripción de él cuando era joven, porque el padre le muestra una foto hecha poco antes de que muriera, en la que aparecía anciano, y Colton dijo que no era así. Le enseñó otra en la que se le veía joven y el niño dijo que era él, que fue muy cariñoso y que habían jugado. Afirmó además haber estado sentado en el regazo de Jesús.
Lo que más conmovió a su madre fue que hubiera estado hablando con una niña rubia de cabellos largos y rizados, con un vestido vaporoso y blanco, que se le acercó para decirle que no tuviera miedo y que no se preocupara, que ella era su hermana. Colton dijo que tenía otra hermana y le preguntó su nombre. La niña le contó que no tenía. La madre, sorprendida y llorosa, le preguntó cómo era ella, y le dijo que se parecía a la hermana pero con el pelo de la madre. Ésta le contó a Colton que no tenía nombre porque nunca llegó a nacer, y ni siquiera sabían que era una niña.
Cuando el padre va con Colton al hospital donde ha estado éste para pagar la factura de la estancia hospitalaria, que a duras penas puede afrontar porque pasa por una mala racha económica, el niño se acerca en un momento de descuido a una cama que ha visto al pasar, donde yace una niña enferma de leucemia. Le da palabras de aliento, porque sabe que va a morir, le coge de la mano y le dice lo que va a encontrar en el Cielo. Ella le sonríe y se lo agradece mucho.
Supieron de una niña, Akiane, que vivía en otro estado, y que contaba cosas parecidas tras unos sueños que tuvo. Ella, que dibuja muy bien, pintaba sin cesar el rostro de Jesús. Curiosamente en su familia son ateos. El padre de Colton le enseñaba a éste las típicas imágenes que de la figura de Cristo se han hecho, pero cuando le mostró uno de los retratos que había realizado la niña dijo sin dudar que era Él. Tampoco los ángeles que vió eran como los solemos representar.
El padre de Colton es líder de la iglesia metodista wesleyana de su comunidad, que se diferencia del metodismo calvinista en que fue el primigenio. Tanto él como toda su familia son profundamente religiosos. Al principio tuvieron sus reservas a la hora de transmitir al resto de los fieles lo que el niño contaba. Muchos fueron los que les cuestionaron, pero al final hicieron piña en torno a ellos y creyeron en lo que les anunciaban, interpretándolo como una señal.
Será por la necesidad de creer que hay un Cielo, y la inocencia y naturalidad de unos niños nos hace confiar en lo que dicen y pensar que están en lo cierto,  pero hay muchas preguntas sin respuesta. ¿Y los que nacieron deformes, también allí lo son? Se pinta un lugar donde no existe el dolor, donde permanecemos tal como éramos en la juventud. Muchas veces me he preguntado qué apariencia tendríamos allí, si la del último día de nuestra vida siendo ancianos o la de jóvenes, que es cuando se supone que estamos frescos y saludables. La hermana de Colton que no llegó a nacer tenía unos 5 ó 6 años. ¿Es que allí crecemos si morimos siendo embriones?.
Todo esto resulta extraño, y un poco pueril. La fe cristiana nos enseña a aceptar estos misterios sin darle tantas vueltas, sin cuestionar, sin pretender comprender lo que por lo visto está fuera del alcance de nuestro limitado entendimiento mortal. Hay cosas que nos superan, que están más allá de nuestras capacidades, y no hay que aventurarse a especular sobre ellas. El libro que el padre de Colton escribió contando la experiencia fue millonario en ventas hace 5 años. Muy oportuno teniendo en cuenta los apuros económicos por los que pasaba entonces. Hace 2 años sacaron otro, El cielo lo cambia todo. Vive cada día sabiendo que hay un después, escrito en colaboración con su mujer. El matrimonio vino a España con Colton, que por entonces ya tenía 13 años, a presentarlo. Y así están, de gira por el mundo, hablando del tema, o más bien predicando. Dicen querer ayudar y reconfortar a la gente con sus experiencias, sobre todo a las madres que han tenido un aborto, y a los que han perdido a sus seres queridos.
Habrá que echarle un vistazo al libro, por lo menos al 1º que publicaron. No querría imaginar que nunca volveré a ver a aquellos que ya se fueron, ni que los que se quedan aquí no me vuelvan a ver a mí. Hay un Cielo, o eso quiero creer con todas mis fuerzas, y puede que sea como el que describe Colton. 


viernes, 6 de marzo de 2015

Quemar el instituto

No pude dejar de reir cuando pasé por el instituto donde estudia Ana, mi hija, y vi unos carteles pegados en algunos puntos de la fachada, todos iguales, en los que en letras mayúsculas se leía: “Quema el instituto. Recupera tu vida”. El dibujo de un brazo en alto empuñando un cóctel molotov listo para ser lanzado, y un lugar y fecha de reunión, completaban el horroroso anuncio. Siendo como es un centro donde se exige tanto al alumno, donde se puntúa siempre por debajo del resto de institutos de Madrid, donde la disciplina, aunque ya no es como la que había hace años cuando yo estudiaba allí, es muy superior a la de otros sitios que son auténticos campos de batalla, no es de extrañar la saña y la furia de los que han colocado esos carteles. Un ánimo incendiario prende, nunca mejor dicho, en el ánimo de los estudiantes, por aquello del fuego purificador y la destrucción total de aquello que desea verse desaparecer. Y lo de recupera tu vida es lo que me ha parecido más hilarante. En el fondo el mensaje me gusta, y me habría encantado que algo así hubiera aparecido pegado en la fachada de ese instituto cuando yo estaba en él como alumna, aunque reconozco que nunca aprendí tanto como en aquel entonces.
Igual sorna malévola me produjo un gran cartel metálico sobre unos postes que, hace un tiempo, se colocó dentro del recinto, tras las vallas, al aire libre, y en el que se podía leer: “Obras de rehabilitación de las instalaciones por deficiencias varias”. Y cuántas deficiencias había, ya lo creo, y no precisamente estructurales, en la época en que me tocó estar entre sus cuatro paredes. El ambiente tan particular que allí existía, hijos de militares y un pequeño porcentaje de hijos de funcionarios civiles de Defensa, no se da en la actualidad, afortunadamente.
Ana intentó "escapar" el año pasado junto con algunas de sus amigas al llegar el momento de empezar Bachillerato, que es donde más les aprietan los tornillos, pero los demás institutos de la zona estaban ya colapsados, sobre todo porque muchos habían llevado a cabo la evasión antes que ella y estaban las plantillas cubiertas. Este año vuelve a las mismas, ahora que está aún dentro del plazo para realizar la solicitud, pero le surge la duda de a dónde ir. El público que llena el resto de los centros está plagado de extranjería, y lo que ganaría en menor exigencia académica lo perdería en un mejor ambiente y en lejanía de casa. Un instituto privado, le dije, pero aparte del dinero que eso supondría piensa que estará repleto de pijos. Complejo social quizá, porque por el hecho de vestir bien y hablar con corrección no quiere decir que se sea repelente o se mire a los demás por encima del hombro. Antes casi todos los estudiantes éramos así, y no éramos adinerados.
Total, que es bastante probable que tenga que continuar donde está ahora, aunque la dejen machacada por el alto nivel que demandan. Por fin este año ha sabido lo que es currárselo, a pesar de afirmar que lo lleva haciendo desde que repitió 3º de ESO. Ha estudiado más pero seguía con las triquiñuelas y el escaqueo que le son habituales, hasta que llegó este curso. Tampoco ayuda mucho el hecho de que sus amigas sean poco estudiosas. Me da la impresión de que Ana es una buena estudiante porque se obliga a sí misma más que por convicción personal. Quiere hacer una carrera, aunque a veces le surjan dudas sobre si es lo que realmente quiere o no, y sabe que las notas que piden para entrar en las facultades no son como las que pedían cuando yo fui a la Universidad. Ahora hay más gente todavía, y se necesita más para llegar a donde uno se ha propuesto.
Cuando la veo estudiando sin cesar, siempre metida en su habitación, con la persiana bajada y la puerta cerrada para que nada la moleste, con el flexo encendido, me adolezco por ella al pensar que es para hacerse un porvenir, pero que está desperdiciando un tiempo de juventud precioso que se pasa enseguida y en el que tendría que estar disfrutando al máximo. Me adolezco de mí misma además porque me veo yo en ella, tantas horas dedicadas al estudio para nada. Nunca he echado cuentas sobre este tema, porque prefiero pensar que cumplía con mi deber, pero lo cierto es que tiré por la ventana buena parte de mi mocedad en aras de una meta que nunca llegó a materializarse. La vida de estudiante es monótona y solitaria, exige una concentración y unos desvelos que pocas veces, la verdad, merece.
Me pregunto qué será de este instituto en el futuro, ahora que con las obras que piensan llevarse a cabo en la zona quieren derruirlo por considerarlo obsoleto y construir otro más grande en un solar cercano. Por un lado ya que no hay fuego por lo menos que haya demolición para ajustar cuentas con el pasado, pero por otro lado algo de mí desaparecería con aquellos muros. Es una historia de amor y odio la que yo tengo con este lugar. Sólo el tiempo dirá lo que ha de pasar.

 
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