lunes, 9 de marzo de 2015

Hay un cielo

No quería yo ver El cielo es real, porque aunque es un tema que difícilmente no puede dejar de interesar (quién no quiere saber si efectivamente existe un más allá y cómo es), araña zonas profundas del corazón y de la mente, allí donde están guardados nuestros más profundos anhelos y esperanzas. Posiblemente no deseaba que alguna cosa que se pudiera decir en la película removiera esos espacios profundos en los que todo parece estar más o menos asentado. Debe ser que llegando a ciertas edades sólo queremos estabilidad emocional, y confort mental.
Y baste que la historia se nos presente a través de los ojos de un niño para que le demos credibilidad. Cierto que en la infancia predomina la imaginación, pero cuando Colton, un crío norteamericano de tan sólo 4 años aporta datos tan precisos, resulta escalofriante. Aquí no se limita a describir la luz al final del túnel ni otras cosas que están ya muy oídas.
Colton ha permanecido muerto por unos pocos minutos durante una intervención que en principio era sencilla. Pero 3 meses después empieza a contar que ha visto a sus padres en la sala de espera mientras le operaban, y a su lado en la habitación durante horas cuando no despertaba. Los ángeles le visitaron en el quirófano, y después le acompañaron a un lugar que era como una pradera muy verde, inmensa y soleada donde se respiraba paz. Allí encontró a personas de su familia que no había llegado a conocer, como una tía, o su bisabuelo, el abuelo de su padre, fallecido 30 años antes. Hace una descripción de él cuando era joven, porque el padre le muestra una foto hecha poco antes de que muriera, en la que aparecía anciano, y Colton dijo que no era así. Le enseñó otra en la que se le veía joven y el niño dijo que era él, que fue muy cariñoso y que habían jugado. Afirmó además haber estado sentado en el regazo de Jesús.
Lo que más conmovió a su madre fue que hubiera estado hablando con una niña rubia de cabellos largos y rizados, con un vestido vaporoso y blanco, que se le acercó para decirle que no tuviera miedo y que no se preocupara, que ella era su hermana. Colton dijo que tenía otra hermana y le preguntó su nombre. La niña le contó que no tenía. La madre, sorprendida y llorosa, le preguntó cómo era ella, y le dijo que se parecía a la hermana pero con el pelo de la madre. Ésta le contó a Colton que no tenía nombre porque nunca llegó a nacer, y ni siquiera sabían que era una niña.
Cuando el padre va con Colton al hospital donde ha estado éste para pagar la factura de la estancia hospitalaria, que a duras penas puede afrontar porque pasa por una mala racha económica, el niño se acerca en un momento de descuido a una cama que ha visto al pasar, donde yace una niña enferma de leucemia. Le da palabras de aliento, porque sabe que va a morir, le coge de la mano y le dice lo que va a encontrar en el Cielo. Ella le sonríe y se lo agradece mucho.
Supieron de una niña, Akiane, que vivía en otro estado, y que contaba cosas parecidas tras unos sueños que tuvo. Ella, que dibuja muy bien, pintaba sin cesar el rostro de Jesús. Curiosamente en su familia son ateos. El padre de Colton le enseñaba a éste las típicas imágenes que de la figura de Cristo se han hecho, pero cuando le mostró uno de los retratos que había realizado la niña dijo sin dudar que era Él. Tampoco los ángeles que vió eran como los solemos representar.
El padre de Colton es líder de la iglesia metodista wesleyana de su comunidad, que se diferencia del metodismo calvinista en que fue el primigenio. Tanto él como toda su familia son profundamente religiosos. Al principio tuvieron sus reservas a la hora de transmitir al resto de los fieles lo que el niño contaba. Muchos fueron los que les cuestionaron, pero al final hicieron piña en torno a ellos y creyeron en lo que les anunciaban, interpretándolo como una señal.
Será por la necesidad de creer que hay un Cielo, y la inocencia y naturalidad de unos niños nos hace confiar en lo que dicen y pensar que están en lo cierto,  pero hay muchas preguntas sin respuesta. ¿Y los que nacieron deformes, también allí lo son? Se pinta un lugar donde no existe el dolor, donde permanecemos tal como éramos en la juventud. Muchas veces me he preguntado qué apariencia tendríamos allí, si la del último día de nuestra vida siendo ancianos o la de jóvenes, que es cuando se supone que estamos frescos y saludables. La hermana de Colton que no llegó a nacer tenía unos 5 ó 6 años. ¿Es que allí crecemos si morimos siendo embriones?.
Todo esto resulta extraño, y un poco pueril. La fe cristiana nos enseña a aceptar estos misterios sin darle tantas vueltas, sin cuestionar, sin pretender comprender lo que por lo visto está fuera del alcance de nuestro limitado entendimiento mortal. Hay cosas que nos superan, que están más allá de nuestras capacidades, y no hay que aventurarse a especular sobre ellas. El libro que el padre de Colton escribió contando la experiencia fue millonario en ventas hace 5 años. Muy oportuno teniendo en cuenta los apuros económicos por los que pasaba entonces. Hace 2 años sacaron otro, El cielo lo cambia todo. Vive cada día sabiendo que hay un después, escrito en colaboración con su mujer. El matrimonio vino a España con Colton, que por entonces ya tenía 13 años, a presentarlo. Y así están, de gira por el mundo, hablando del tema, o más bien predicando. Dicen querer ayudar y reconfortar a la gente con sus experiencias, sobre todo a las madres que han tenido un aborto, y a los que han perdido a sus seres queridos.
Habrá que echarle un vistazo al libro, por lo menos al 1º que publicaron. No querría imaginar que nunca volveré a ver a aquellos que ya se fueron, ni que los que se quedan aquí no me vuelvan a ver a mí. Hay un Cielo, o eso quiero creer con todas mis fuerzas, y puede que sea como el que describe Colton. 


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