miércoles, 30 de noviembre de 2011

Ladrones


Viendo las noticias del telediario estas vacaciones, me sorprendió una que contaba el robo a una óptica en una céntrica calle de Madrid, usando la técnica del alunizaje, por dos veces seguidas. Un encargado de la tienda manifestaba desolado que daba igual la protección que se pusiera en la tienda para impedirlo, pues sabía que en otros sitios habían puesto bolardos delante del escaparate, y habían hecho el alunizaje con camiones en lugar de con coches. La herramienta empleada iba en proporción al nivel de seguridad que existiera. La brutalidad no tenía fin.

La vigilancia policial por las calles no debía ser mucha tampoco, aunque si pusieran toda la que hace falta parecería seguramente que vivimos en estado de sitio.

Hace unos días me quitaron el monedero en el autobús. Un señor bajito y bien vestido no dejaba de arrimarse de forma exagerada, aprovechando que íbamos hasta los topes, y pensé lo de siempre: que quería pasar un buen rato, que me quería robar, o ambas cosas a la vez. Toqué mi bolso y noté que la cremallera seguía en su sitio. No fue hasta mucho después cuando me di cuenta del hecho. Por suerte aún no había sacado dinero del cajero y sólo se llevó unos céntimos. Me asombré de la capacidad de estos individuos para apropiarse de lo ajeno y encima dejarlo todo como si no hubiera pasado nada. Lo de volver a cerrar la cremallera es un detalle que nunca olvidaré.

Vivir en una ciudad como Madrid hace que casi todo el mundo tenga un largo historial de hurtos. La 1ª vez que yo recuerde fue cuando unas gitanas en la Gran Vía aprovecharon un descuido de unos segundos, en que levanté la mano con la que sujetaba el bolso y me quité el pelo que me molestaba en la cara, para sacarme el monedero, y aunque las seguí hasta una bocacalle para reclamar que me devolvieran por lo menos el DNI, se lo fueron pasando unas a otras disimuladamente y escondiéndoselo bajo esos faldones que llevan, haciendo caso omiso de mis súplicas. Una incluso se agachó cerca del bordillo de la acera simulando hacer sus necesidades para escondérselo mejor. Sólo una de ellas, la más joven, pareció apiadarse por un momento de mí. Las otras, maleadas por los años y los malos hábitos, permanecían indiferentes.

En otra ocasión un niño gitano en la Puerta del Sol me estaba metiendo la mano en el bolso cuando me quedé mirándolo y él, sorprendido y un poco asustado porque no sabía lo que iba a hacer, desistió del empeño. A estas pobres criaturas les enseñan a ser delincuentes desde bien pequeños.

Una vez dos chicos jóvenes me dieron un tirón desde su coche estando yo esperando en una parada de autobús de mi barrio. Como la correa cedió enseguida, se quedó medio colgando de mi hombro y no se salieron con la suya. Aunque no iban a mucha velocidad, me hicieron tambalear.

Hace unos pocos años fue un hombre enorme con una gabardina y un sombrero (la versión gigante del inspector Gadget), el que se me acercó durante una cabalgata de Reyes en la calle Mayor, estando con mis hijos. Menos mal que tenía un metrobus guardado en otra parte porque si no habríamos tenido que volver a casa andando.

La penúltima vez fue el año pasado una semana antes de Navidad. Subía con mi hija por una calle de mi barrio que no suele estar muy transitada ni iluminada cuando cae la tarde en invierno. Yo llevaba un bolsito de Berska, que son de chichinabo. Se acercó por atrás un chico muy joven, apartó un poco a mi hija y me dio el tirón. Salió corriendo calle abajo como una exhalación, cruzando a la otra acera y perdiéndose por una bocacalle. Iba encogido, con la cabeza metida entre los hombros, como si estuviera acostumbrado a que le dieran de palos. Ocurrió todo muy deprisa y no pude verle la cara, pero sí me pareció muy moreno, con el pelo y la piel oscura, no muy alto, un chiquillo. Debía ser extranjero. En esta ocasión se lo llevó todo: las llaves de casa, el móvil, la tarjeta de crédito, el DNI, el abono transportes, unas gafas muy caras que me acababa de hacer y dinero poco, unos 10 €. Menos mal que mi familia vive al lado y me dieron la copia de mis llaves que ellos tenían, porque sino no podría ni haber entrado en mi casa.

Luego poner la denuncia en comisaría, que nunca había tenido que hacerlo antes. No sé si sería casualidad pero todos los agentes que había allí eran andaluces. Comentaban con una compañera policía, mientras tecleaban mi declaración en una máquina del año pum, que estaba habiendo muchos robos de espejos retrovisores y antenas de coche por los alrededores. Cada vez se pone de moda robar una cosa diferente, por ridícula que pueda parecer. La comisaría tenía unas oficinas destartaladas, lo único un poco fashion era la sala de espera, una especie de pecera circular con mullidos asientos iluminada por halógenos.

Todo el mundo me decía que siempre se recuperaba algo tras la denuncia, pero yo ya sabía que eso no es así. Mi hija y yo estuvimos inspeccionando la calle por la que huyó el ladrón y no vimos nada tirado por el suelo ni sobre los coches, papeleras o contenedores.

Curiosamente lo que más me dolió fue que se llevaran el móvil, porque era un modelo muy coqueto que ya no se fabrica, y tenía fotos de mis hijos y tres grabaciones que Miguel Ángel se hizo a sí mismo cuando tenía 12 años y que eran muy divertidas, durante una Navidad en casa, simulando que estaba en una guerra. Hacía con la boca sonidos de bombas, ametralladoras, aviones en vuelo rasante y voces de soldados en situación apurada, todo con su voz de niño de entonces. Parecía de verdad, siempre se le ha dado muy bien imitar todo tipo de sonidos. Tenía mucha imaginación. Aunque sé que mi familia tiene copia en sus móviles porque de vez en cuando las sacan a relucir, para fastidio de Miguel Ángel. 

Madrid es una selva. Hay que andar con mil ojos y desconfiar tanto de las aglomeraciones como de los desiertos. Antes había ciertas zonas que tenían mala fama. Ahora ya no se libra ninguna. Con que cuidado, que el que menos te esperes puede ser un ladrón.

martes, 29 de noviembre de 2011

Queen


En estos días en que se conmemoran 20 años de la muerte de Freddie Mercury, su figura sigue despertando el mismo entusiasmo y admiración que cuando estaba vivo. Parece mentira que hayan pasado ya dos décadas desde que nos dejó.

Los miembros de Queen eran universitarios que cursaban estudios que no tenían relación alguna con el mundo de la música. Brian May, guitarrista y uno de los fundadores de la banda, se había educado en un selecto colegio inglés. Esa rara combinación de exquisitez británica y espíritu rompedor que caracterizaba a todos ellos convirtieron al grupo en un prodigio de creatividad y vanguardia.

Cuando empezaban a ponerse de moda los video clips, se disfrazaron de mujer para una de las canciones, en ese afán transgresor que siempre les caracterizó, y tuvieron muchas críticas por ello. El mercado de EEUU se les cerró prácticamente después de aquello.

Freddie Mercury no sólo era el cantante de la banda, con una voz prodigiosa que alcanzaba los registros más altos, sino el alma mater. Su carisma personal, su fuerza, la forma como se relacionaba con el público durante las actuaciones, y su buen hacer como cantante y como ser humano, atrajo en torno a sí una multitud creciente de admiradores entre los que se encontraban sus propios compañeros. Aunque ha transcurrido mucho tiempo desde que falleció, todavía lo recuerdan con sumo afecto y respeto.

Cuando empezó a estar muy desmejorado con la enfermedad que lo llevó a la muerte, ninguno le hizo preguntas a cerca de lo que le pasaba. Él siempre había sido muy reservado con respecto a su vida privada. Incluso al saber lo que le sucedía, no quisieron dar ninguna información a los medios de comunicación, negando todo lo que se decía, aunque fuese cierto. Queen quiso levantar alrededor de Freddie Mercury un muro protector que le salvaguardara del morbo que habitualmente suscitan las estrellas del mundo del espectáculo.

Pero era imposible: los paparazzi se acercaban a su casa y le hacían fotos hasta en su cuarto de baño. Hubo quien registró en el maletero de su coche esperando encontrar medicinas o diagnósticos médicos. Cuando ya su deterioro se hizo más que evidente, decidió hacer una declaración pública sobre su enfermedad. El SIDA apenas se conocía por aquel entonces, y suscitaba todo tipo de especulaciones y temores. Pero sus compañeros de la banda y demás miembros de su equipo nunca evitaron seguir relacionándose con él como lo habían hecho hasta entonces, no hicieron caso a los rumores de un posible contagio.

Freddie aún hizo alguna actuación para televisión. Pasaba horas en la sala de maquillaje para intentar disimular los estragos de su mal en su rostro. Su voz, aunque continuaba siendo potente, había perdido mucha de su fuerza. Sus ademanes, habitualmente llenos de ímpetu y energía, eran mucho más comedidos. En las imágenes que nos han quedado de él antes de grabar uno de los programas, se ve a algún miembro del equipo técnico a su lado con el semblante consternado. A todos admiraba la entereza que mostraba ante su situación vital. Tenía los días contados.

Brian May dijo que en una ocasión Freddie, cuando ya estaba bastante mal, le enseñó una pierna que le estaba doliendo mucho para saber cómo la veía, y que al observar la cara que éste ponía, se dio cuenta de hasta qué punto la enfermedad lo estaba destruyendo. Brian afirmó que, a pesar de todo, él nunca se quejó.

Queen fue el primer grupo que utilizó grandes efectos visuales y sonoros en los conciertos. En los videos que nos han quedado se ve al cantante interactuando con su público, esos estadios llenos hasta la bandera en los que no cabía un alfiler, con unos fans que seguían todas sus indicaciones al momento, como en una gigantesca coreografía de movimientos y sonidos. Cuánta energía, cuántas buenas vibraciones en esas noches de rock irrepetibles en las que la inconfundible voz de Freddie Mercury y la música de Queen atravesaban el espacio y se grababan a fuego en los cerebros y en los corazones de todos, para siempre.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Una oración


En la apertura del 129 periodo ordinario de sesiones de este año en el Senado argentino, se le pidió al padre Luis Farinello que hiciera una oración de apertura. Todos esperaban un discurso corriente, con referencias a asuntos más divinos que terrenales pero, para sorpresa general, esto fue lo que escucharon:

“Señor, venimos delante de Ti este día, para pedirte perdón y para pedir tu dirección. Sabemos que Tu Palabra dice: “Maldición a aquellos que llaman “bien” lo que está “mal” y es exactamente lo que hemos hecho.

Hemos perdido el equilibrio espiritual y hemos cambiado nuestros valores.

Hemos explotado al pobre y hemos llamado a eso “distribución de la riqueza”.

Hemos recompensado la pereza y la hemos llamado “Planes Sociales”.

Hemos matado a nuestros hijos que aún no han nacido y lo hemos llamado “la libre elección”.

Hemos dejado que maten y roben y lo hemos llamado “derechos humanos”.

Hemos sido negligentes al disciplinar a nuestros hijos y lo hemos llamado “desarrollar su autoestima”…

Hemos sido corruptos y abusado del poder y hemos llamado a eso “Política”.

Hemos codiciado los bienes de nuestro vecino y a eso lo hemos llamado “tener ambición”.

Hemos contaminado las ondas de radio y televisión con mucha grosería y pornografía y lo hemos llamado “libertad de expresión”.

Hemos ridiculizado los valores establecidos desde hace mucho tiempo por nuestros ancestros y a esto lo hemos llamado “obsoleto y pasado”.

¡Oh Dios!, mira en lo profundo de nuestros corazones, purifícanos y líbranos de nuestros pecados.

Amén”.

La reacción fue inmediata. Un Senador abandonó la sala durante la oración. Tres más criticaron la oración del Padre calificándola como “un mensaje de intolerancia”.

Durante las semanas siguientes, la Iglesia donde trabaja el padre Farinello recibió más de 5.000 llamadas telefónicas, de las cuales sólo 7 fueron desfavorables.

Esta Iglesia recibe ahora peticiones del mundo entero, la India, África, Asia, para que el padre Farinello ore por ellos.

Un famoso locutor de radio difundió esta oración en su emisión habitual y tuvo una audiencia mucho mayor de lo normal en su programa.

Farinello es muy conocido por su lucha social y sus controvertidas opiniones sobre casi todo. Es un sacerdote que, cuando no está oficiando Misa, no usa alzacuellos ni clergyman. Es un hombre de talante abierto y dialogante, valeroso y polemista.

Lo que él dijo en Argentina es aplicable al resto del mundo. Reflexionemos a cerca de ciertos valores que parece que están cada vez más en desuso, y que son la esencia de nuestra humanidad.

Oremos para que llegue el día en que podamos vivir en un mundo mejor, construido gracias al esfuerzo de todos.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Playas de colores


Hace poco me mandaron un correo electrónico en el que aparecían playas de diferentes partes del mundo que destacaban por su sorprendente tonalidad, con un efecto visual único. Decidí investigar en Internet para descubrir el origen de estas maravillas naturales.

Hyams-Beach se encuentra en Nueva Gales del Sur, Australia, y su arena está compuesta de granito de magnesio, proviniente de los residuos coralinos de la zona. Su blancura supera al de las playas caribeñas, y por ello figura en el Libro Guinness de los Récords.








Papakolea Beach se sitúa en Hawai, y el color verde de su arena se debe a un silicato mineral llamado olivino, también "diamante hawaiano", que contiene hierro y magnesio, y que está en la base de los primeros cristales que se forman al enfriarse la lava tras una erupción volcánica.















Pfeiffer Beach debe su nombre a la primera familia de colonos europeos que se asentó en la zona. Se encuentra en California, y la arena debe su tonalidad al manganeso granate.







Pink Sands se halla en la isla de Harbour, Bahamas. Sus arenas están compuestas de pequeños animales microscópicos con caparazón rosa o rojo, los foraminíferos, que viven en la parte inferior de los arrecifes, en la zona más profunda del mar.





Punaluu Beach está también en Hawai y la negrura de sus arenas se debe al basalto volcánico. También es sorprendente por la cantidad de tortugas verdes que pululan por allí. Tiene agua dulce subterránea con salida al mar, y los antiguos pobladores hacían inmersiones con recipientes en tiempos de sequía para cogerla.
























Red Sand Beach está en kaihalulu, Hawai. Su color se debe a la erosión de una colina de arenisca roja, rica en hierro. En el lugar hubo una fortaleza y un templo, y fue escenario de cruentas batallas contra los invasores de las islas. 






  

jueves, 24 de noviembre de 2011

Grandes esperanzas


Las cosas que les suceden a nuestros hijos es lo mismo que si nos sucedieran a nosotros, porque ellos son nuestra carne y nuestra sangre, el vestigio vivo de nuestro paso por el mundo. Nos preocupa su futuro desde el mismo momento de su nacimiento, cuando aún lo tienen todo por hacer.

Todos queremos que a nuestros vástagos les pasen nada más que cosas buenas en la vida, y siempre he dicho que no hay nada peor que el que a un hijo le falte la salud. A Miguel Ángel le falta la salud de la mente, y pensé ilusa que esto tendría solución asistiendo a las terapias del Hospital de Día. Pero una conversación no hace mucho con el psicólogo que le trata echó por tierra todas mis esperanzas.

Me dijo que ninguno de los chicos y chicas que son dados de alta allí tienen la salud psíquica totalmente recuperada. Cuando se padece un problema de estas características hay siempre una secuela. En este centro les ayudan a conocerse mejor a sí mismos y a afrontar las exigencias de la vida real, pero no hacen milagros: como en cualquier otra enfermedad, queda un rastro de lo que hubo. Y más tratándose del cerebro, que debe ser como Internet, que lo que por allí pasa permanece grabado aunque lo intentemos borrar.

Hablamos del futuro profesional de Miguel Ángel, y por 1ª vez me dijo abiertamente que no le veía en el Ejército. Ahora hay largas listas de espera por culpa del paro, no como hace un par de años que hasta te daban propaganda en la Puerta del Sol y todo tipo de facilidades para conseguir reclutarte. Ya no es tan sencillo entrar. Además están las pruebas psicológicas, aunque me consta que a buena parte de los que están en las milicias les falta un tornillo.

Pero Jesús descartaba además cualquier profesión liberal, administrativa o que requiriera una cierta cualificación. A pesar de ponderarle las capacidades intelectuales de Miguel Ángel, que él desconoce porque no tiene que evaluarlas, y que son muchas, negó rotundamente que hubiera posibilidad para él de desarrollar su faceta laboral en ninguno de esos campos. Aconsejó que hiciera un módulo cuando saliera de allí, o lo que es lo mismo, que aprendiera un oficio.

Nada tengo en contra de los oficios, pero no creo que Miguel Ángel se tenga que conformar con eso pudiendo aspirar a algo más. Es terriblemente injusto que a un muchacho se le cierren las puertas a su futuro aún antes de haber empezado a vivir la vida con la plenitud de la edad adulta.

Comentando todo esto con mi jefa, que estudió Psicología y algo entiende del tema, me dijo que Jesús no andaba descaminado, muy a mi pesar, y me contó el caso de un sobrino suyo, ya mayor, que hace unos años sacó la mejor nota de la Selectividad a nivel nacional. Es un chico extremadamente inteligente pero con algún trastorno de la personalidad que, por lo que entendí, nunca ha sido tratado. Da contestaciones fuera de lugar, auténticos exabruptos, o hace extrañas afirmaciones sobre cosas corrientes. Mi jefa afirmó que personas así nunca podrán tener un puesto de responsabilidad, ni tomar decisiones, ni trabajar en equipo, porque no pueden relacionarse con los demás con normalidad.

Yo siempre he tenido grandes esperanzas respecto al futuro de mis hijos, y no porque pensara que fueran a hacer brillantes carreras y a tener un buen nivel de vida. Sólo con que pudieran desarrollarse profesionalmente en el terreno que hubieran elegido es ya una garantía de cierta felicidad. Pero poder trabajar en aquello para lo que nos hemos preparado no nos está garantizado ni a los que se supone que tenemos una buena salud mental.

Hubiera querido para Miguel Ángel esa clase de bienestar emocional que reporta el poder sacar partido a tus talentos naturales, currar en algo que te guste, poderte ganar el sustento con ello, algo que yo no he tenido nunca. Quisiera poder ahorrarles a mis hijos cualquier clase de frustración vital, cualquier desilusión o pena, pero parece algo imposible. No está en mi mano conseguir la salud necesaria para Miguel Ángel, pero a pesar de todo sigo teniendo una fe enorme en sus posibilidades, lo mismo que en las de mi hija. Cuántos casos se han visto de personas con grandes problemas de salud, aún mayores que los de él, que a base de constancia, fuerza y coraje, han conseguido lo que nadie hubiera imaginado nunca. Y con el apoyo de sus familias, que en su caso formamos una piña en torno a él.

Daría cualquier cosa para que a mi hijo no se le cortaran las alas antes de que pudiera empezar a volar. Qué daño ha hecho a nadie, él que es tan dulce y tan bueno, tan sufrido y tan sensible, inteligente y perspicaz. No puede ser cierto lo que dicen de su futuro, yo haré lo que haga falta para que sea feliz. Ahora está en este sitio con sus tratamientos, mañana Dios dirá. Y no creo que Dios quiera que a ninguna de sus criaturas se les pueda considerar sólo unos santos inocentes, hijos de un dios menor.

Tengo, como el título de la novela de Dickens, grandes esperanzas.


miércoles, 23 de noviembre de 2011

Brooke Shields


Hay veces en que la Madre Naturaleza derrocha delicadeza y perfección en determinadas criaturas. Es el caso de Brooke Shields. Su exultante y salvaje belleza, que el tiempo no ha conseguido disminuir, sigue acaparando los objetivos de los fotógrafos y las portadas de innumerables revistas.

Ya siendo una niña resultaba muy impactante la dulce perfección de su rostro, sus ojos, su boca, el mohín de su nariz, el brillo de su larga melena, la perturbadora y temprana exuberancia de su silueta. Esa imagen hizo que fuera contratada en el cine para interpretar papeles controvertidos, morbosos, en los que se jugaba con  su incipiente sexualidad. Así ocurrió cuando encarnó a una niña prostituta, algo que levantó encendidas polémicas en la opinión pública estadounidense en su momento.

En su adolescencia se siguió explotando su imagen sensual al llevar a la pantalla la historia de una joven pareja que vive un apasionado romance en El lago azul. Los planos de sexo casi explícito, rodados con sumo buen gusto, y el marco tan incomparablemente paradisíaco que se eligió, incluidas escenas submarinas en un mar maravillosamente turquesa, contribuyeron sin duda al taquillazo que fue en su momento.

Sus anuncios para Levis tuvieron un éxito sin precedentes, pues a nadie podían sentarle mejor los vaqueros que a ella. Brooke daba la imagen perfecta de la típica americana fuerte, sana y hermosa, en la plena lozanía de su juventud.

Ella siempre fue polifacética, y no se conformó con experimentar sólo el mundo de la interpretación. Durante un tiempo llegó a ser una acróbata aceptable trabajando en el circo.

Con los años, y después de protagonizar series de televisión sin demasiado éxito (la crítica se cebó con ella), saltó de nuevo a la palestra pública a raíz de su romance y posterior matrimonio con un conocido tenista, y que sólo duró dos años. Se volvió a casar y tuvo dos hijos, pero también sus padecimientos durante el primer embarazo fueron carnaza para la prensa sensacionalista, cuando se habló de su profunda depresión postparto y de ideas suicidas.

Yo, que también la sufrí con mi primer hijo, aunque no con la gravedad de Brooke, sé que es algo que puede llegar a ser muy desagradable. Ella necesitó terapias y medicación durante mucho tiempo, pero cuando aquella etapa pasó retomó su carrera de actriz y protagonizó una obra teatral que tuvo un éxito rotundo.

Desde entonces da conferencias sobre el tipo de depresión que padeció, y sigue actuando en los escenarios teatrales con muy buena acogida por parte del público.

Su rostro ha evolucionado con los años, tiene ojeras oscuras y sus pómulos están más marcados. Sus facciones se han endurecido, pero su encanto y su belleza, su mirada dulce y penetrante se han acentuado aún más si cabe.

Pero ¿qué es lo que hace a Brooke Shields tan especial?. Sin duda no es sólo su extraordinaria belleza sino también su forma de ser. Me ha parecido siempre una persona muy auténtica, en absoluto pagada de sí misma, como podría haberle sucedido fácilmente al poseer una perfección física como la suya, haber tenido tanto éxito y ser objeto desde la infancia de tanta atención mediática. Brooke, antes al contrario, no ha tenido una niñez y una juventud normales, ha sufrido la separación de sus padres, el férreo control de su madre y la posterior adicción de ésta al alcohol, y ha pasado por varios desengaños sentimentales, pues muchos se han acercado a ella atraídos por su fama. Poderse defender de todo esto ha sido su hándicap, pues  los hombres se sienten inevitablemente atraídos por su aspecto y pasan por alto su mundo interior, que es rico y profundo.

Hipersensible a todo cuanto le rodea, hay en ella una cierta tristeza mezclada con hastío, cansada de luchar contra esos lastres que forman parte del mundo del espectáculo desde hace tantos años, batalla que parece perdida de antemano, pero siempre saca fuerzas de flaqueza para seguir adelante cuando todo parece ponerse oscuro. Su belleza interior sale a relucir y es tan evidente como su belleza exterior. Es como si su inocencia, su ingenuidad de niña que no ha podido vivir su infancia con plenitud, siguiera intacta. 

Y es que Brooke nunca dejará de ser en el fondo esa niña de belleza singular que un día irrumpió en la gran pantalla para dejarnos atónitos, hipnotizados con su naturalidad y su estética virginal, deslumbrante, casi inquietante de puro perfecta .

martes, 22 de noviembre de 2011

Braccialini


Robert Braccialini fundó su empresa junto con su mujer a mediados de los años 50.

En los 90 empezó a fabricar para un público más joven y a precios más bajos.

Actualmente está en 40 países.











La originalidad de sus diseños le ha hecho conocido en el mundo entero. Sus bolsos están sacados de objetos cotidianos, dándoles un toque colorista y divertido. También diseña llaveros y otros complementos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Un poco de todo (XXIX)

- Triunfo electoral que ya estaba cantado y que se había hecho tanto esperar. Hace mucho tiempo que Mariano Rajoy debía haber estado donde está ahora. Cuánta confianza tengo puesta en sus manos. Me siento feliz al ver que por fin rige los destinos de este país nuestro un hombre cabal como él. Ha trabajado mucho y es una persona respetable y digna, con unos principios morales a prueba de infiernos diversos. Y se ha sabido rodear de un magnífico equipo. Podemos respirar tranquilos.

- Mi agradecimiento a Johanna por su incorporación a mi pequeño grupo de seguidores. Bienvenida.

- Mi padre puso en mi Muro de Facebook un video en el que sonaba de música de fondo Sous le ciel de París, cantada por Edith Piaf. Tú eres el cielo de París, me tradujo mi hijo. Ante esa voz desgarrada y profunda, con esa dicción maravillosa que parece que degustaba las palabras más que cantaba, no pude por menos que sentirme sobrecogida y se me puso la carne de gallina, como se suele decir. No es una cantante a la que haya oído mucho, pues murió tres años antes de que yo naciera, pero con el paso del tiempo he aprendido a paladear esa y otras delicias del pasado, gustos que quiero cultivar y ampliar en la medida de mis posibilidades. Va de retro.

- Y ya puestos a movernos por la red, me he atrevido a poner en el Muro del Facebook de Kate Winslet una dedicatoria, una frase laudatoria escrita en mi mal inglés diciéndole que es una actriz maravillosa y dándole las gracias por todo lo que nos da. Me imagino que no será ella quien gestione su Facebook, sino que lo hará alguna de las personas que trabajan a su cargo, pero de todas formas no he querido dejar pasar la ocasión de plasmar el testimonio de mi admiración por su trabajo y como ser humano.

- Sorprendida me quedé hace unos días al escuchar a una joven china cantando ópera al principio de Arenal. De pie, con unas partituras en las manos, entonaba dulces y muy bellas melodías con una voz prodigiosa que era la admiración de todos los que pasábamos por allí. Los oídos y el corazón se llenaban de mágicas notas que flotaban en el aire y nos transportaban a mundos de fantasía, en los que es posible que frágiles muchachas orientales puedan mostrar su talento musical sin tener que mendigar en la calle. 

- Otra cosa que me encanta es oir ese extraño instrumento de cuerda con el que algunos músicos callejeros de procedencia oriental extraen melodías almibaradas, envolventes y relajantes típicas de esa nación inmensa que es China. No sé cómo se llamará el instrumento, porque he buscado en Internet y hay varios que son parecidos con nombres diferentes. Me maravilla cómo suena.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Rafael


Se murió hace dos días Rafael, el padre de mi cuñado Ángel. A todos nos cogió un poco por sorpresa, porque aunque había estado muy malito tras su 2ª intervención, parecía que ya se encontraba mejor. Fue la mejoría de la muerte, como se suele decir.

Estuvimos acompañando a su viuda en el tanatorio, que está cerca de mi casa. Por ahí pasaremos todos, si seguimos viviendo en el barrio y alrededores para entonces. Yo había ido antes en un par de ocasiones. Lo construyeron hace unos pocos años, junto a un parque al que iba de niña, y la verdad es que está montado a todo trapo: grandes salones de paredes azules y techos de escayola blanca, cortinas y tapizado de las sillas a juego, una mesa redonda cerca de la ventana y confortables sillones al fondo junto a una mesa baja y otra de rincón con lámpara, cuadros elegantes y un tapiz. El personal de mantenimiento se ocupaba de que no faltaran termos con leche caliente, café o agua para las infusiones, además de agua mineral y bocadillos cuando ya empezó a hacerse de noche. Unas pastas metidas en su cajita estaban sobre la mesa baja.

Angelita estaba destrozada. Hundida en uno de los sillones, ella que es tan blanca y tan rubia, su piel había enrojecido con el sofocón, y tenía una dolorosa opresión en el pecho. Cuando llegué con mi hermana, se abrazó a ella llorando desesperada. Todos lloramos con ella. Rafael era un hombre bueno, jovial y dulce, un buen esposo y padre, un abuelo abnegado cuando sus nietos eran pequeños, pues a pesar de sus muchos achaques los llevaba y traía del colegio y hasta daba de comer si era preciso. Todos los días hacía el largo recorrido que hay desde su casa a la de los niños para cuidar de ellos. Allí estaban en el velatorio, hechos un hombre y una mujer. Son un poco mayores que mis hijos. Sé que le hubiera gustado ver a los nietos de su hijo más pequeño, mi cuñado Ángel, pero no ha podido ser. Más adelante es posible que los vea, desde allá donde se encuentre.

Se sucedieron los parientes y amigos, y algunos compañeros de trabajo de mi cuñado. Todos accedían a la sala contigua para ver a Rafael, que yacía en su féretro tras una cristalera. Ni su viuda, ni una hermana ni yo pudimos verlo. No tengo resistencia emocional para semejante cosa, es algo superior a mí. Sé que si veo a una persona querida de esa manera ya no voy a poder quitarme esa imagen de la cabeza nunca más, y se sobrepondría a las que tengo de cuando estaba vivo. Admiro a las personas que pueden hacerlo, tienen una entereza de la que yo carezco por completo. Quizá en el mundo occidental nos tomamos la idea de la muerte de una forma muy trágica, muy tremenda. En otros lugares se organiza hasta una fiesta cada vez que hay un difunto, se come, se bebe, suena la música. La muerte no se considera un hecho luctuoso, sino un tránsito a una vida mejor, a la que tarde o temprano pasaremos todos, donde todos nos volveremos a encontrar de nuevo. La falta de esa certeza es seguramente el origen de tanto dolor como sentimos en esta parte del mundo, porque si lo consideramos una despedida, una separación definitiva, entonces todo se nos viene encima.

Mi cuñado Ángel iba de un lado a otro atendiendo a los que llegaban, yendo a ver a su padre de vez en cuando, intentando asimilar su muerte. En un momento dado, con los ojos húmedos, se agachó tierno y solícito junto a su madre, que parecía estar un poco más tranquila, y juntaron sus cabezas mientras mantenían una breve conversación. Ángel, que quería profundamente a su padre y con el que guardaba un gran parecido en todos los sentidos, aguantó a duras penas las lágrimas todo el tiempo, mostrando una presencia de ánimo que ya quisiéramos muchos para nosotros. Rafael tenía 79 años, que hoy en día no es edad para dejar este mundo, pero las cosas vienen dadas a veces como nunca hubiéramos pensado, y si lo único que hacía era ya sufrir, la naturaleza es sabia y ha dejado de funcionar cuando más conveniente era.

Rafael y Angelita iban a hacer 52 años de casados el próximo mes. No logro imaginar cómo se puede soportar la ausencia de alguien a quien has querido mucho, con el que tantas cosas has compartido y que te ha acompañado durante prácticamente toda tu vida.  Debe ser como si te amputaran una parte de tu cuerpo y además a lo vivo, sin anestesia. Todo fue tan rápido en el caso de Rafael que a su viuda e hijos no les ha dado tiempo a hacerse a la idea. Ha sido un shock para todos.

Ayer, en La Almudena, en un día gris y lluvioso como hoy, hubo unas breves oraciones antes de la incineración. Había estado allí hace unos pocos años, cuando falleció una tía mía. Siempre me ha parecido muy teatral y muy patético eso de ver el féretro desapareciendo tras unas cortinillas que se cierran al final. Es como cuando se cierra el telón y se acaba la función. El adios definitivo. No se encuentra el momento de marcharse de allí, de alejarse del ser querido. Qué solos se quedan los muertos, que decía Bécquer, aunque en realidad ellos ya no se enteran de nada. Los que sí se quedan solos son los que aún están vivos y ya no pueden estar más con él.

Recuerdo a Rafael y a su mujer tan contentos el día que se casaron mi hermana y Ángel. Aquel verano junto al mar, en una terraza al aire libre celebrando el banquete, compartimos todos un acontecimiento precioso e irrepetible. No tuve ocasión de tratarlo mucho, cuánto me hubiera gustado que fuera de otra manera, pero de todas las veces que le vi voy a tener presente aquella imagen en la que, sentados en la mesa de los novios, junto con mis padres, Rafael y Angelita disfrutaron de un momento mágico que ya se ha quedado grabado en mi memoria para siempre.

 

viernes, 18 de noviembre de 2011

Invernaderos del mundo (I): Invernaderos Reales de Laeken


Voy a dedicar una serie a los invernaderos del mundo, lugares que siempre me han parecido maravillosos, pues encierran un mundo en pequeño lleno de vida. Aunque se suelen considerar edificios menores, sus diseños y estructuras me parecen bellísimos.






Los Invernaderos Reales de Laeken, situados en el parque del Castillo Real de Laeken, en Bruselas, constituyen una de las mayores atracciones turísticas de la ciudad. El complejo fue comisionado por el rey Leopoldo II de Bélgica, y diseñado por Alfonso Balat. Se construyó entre 1874 y 1895.


El complejo se puede visitar solamente durante dos semanas, entre abril y mayo.

jueves, 17 de noviembre de 2011

007


Es muy reconfortante poder disfrutar de las aventuras de un agente secreto tan distinto a todos los que anteriormente han aparecido en la gran pantalla como el encarnado por Tom Cruise en Noche y día. Acostumbrados al típico macho duro, experto, implacable, calculador, de gran forma física y muy atractivo, en esta versión se nos dibuja un galán con aire juvenil, igualmente experto, implacable y calculador pero como quien no quiere la cosa, sin hacerse el interesante, y que le da a todo un toque de humor, de locura, de entusiasmo casi adolescente, un poco desvalido y tierno en el fondo de su corazón.

Hasta ahora habíamos sufrido las interminables sagas de James Bond en la figura, entre otros, de Roger Moore, alto, elegante, guapo, que alcanzó el éxito en su carrera cinematográfica en los años 70, en plena época del destape. Siempre estaba rodeado de hermosas y exuberante mujeres que tan pronto querían seducirlo como intentaban eliminarlo con métodos tan poco expeditos como los que él mismo utilizaba. Siempre pensé que esta versión del agente 007 era deleznable, un ser que no tenía respeto alguno por la vida ajena y que se jactaba de su éxito con el sexo opuesto, al que trataba con tanto desprecio que las organizaciones feministas de hoy en día le habrían defenestrado sin descanso. Roger Moore estuvo tanto tiempo interpretando el papel que, según las lenguas de triple filo, al final llevaba peluquín y dentadura postiza, aunque para un compañero de trabajo aquella época fue la mejor de la saga, quizá por el glamour con que se hacía cine antes o por la novedad.

Antes que él lo encarnó Sean Connery, que en su juventud, y para mi gusto, no era ni la mitad de interesante de lo que ha sido al alcanzar la madurez. Me encantaba su aire varonil, tan moreno, con enormes ojos oscuros, serio, sobrio en su interpretación, creible, siempre dispuesto a todo. Su forma de mirar parecía que te atravesaba e iba más allá. Era inteligente y estiloso, pero igualmente machista. Por entonces, debía ser la moda.
Pierce Brosnan intentó darle un toque de gentleman, pero resultó engolado y redicho. Impecable en el vestir y en sus modales, le faltaba sin embargo garra en su interpretación. Me parecía completamente insulso, pero quizá es que él es así.

A Daniel Craig lo vi un tanto bruto, en plan apisonadora. Atractivo, cómo no, fuertote, pero sin clase. En otros papeles ha demostrado ser un buen actor, pero de entre todos los personajes de acción el de James Bond requiere un tratamiento diferente, no es como los demás, por muchas versiones que de él se hayan hecho intentando buscar una nueva óptica que evite la monotonía y entretenga al público.

Val Kilmer encarnó al personaje de El Santo muy convincentemente. Espía camaleónico, camuflado bajo mil disfraces y nombres, es en realidad un pobre huérfano con una infancia traumática que encuentra la inocencia y la pureza nunca antes conocida en la figura de una bella, frágil e inteligente mujer, encarnada por la siempre maravillosa Elisabeth Sue. Conmovedor y romántico, se aleja también bastante de la versión tantas veces repetida de lo que se supone que debe ser un agente secreto.

Pero ha sido Tom Cruise, un actor resultón al que aparentemente no adorna ninguna cualidad especial, el que ha dado en la clave del asunto. Su forma de actuar, da igual el papel de que se trate, tiene algo que capta inmediatamente la atención del público y lo engancha. Es un talento natural que sólo tienen unos pocos actores y actrices. Quizá la versión de Noche y día no se corresponda exactamente con la saga del agente 007, pero da una idea de lo que debe ser un agente secreto que me encanta, un poco disparatada seguramente, pero estupenda.

Es bueno abandonar los clichés en casi todo en la vida, y en el cine, como en cualquier otra forma de expresión artística, aún más. Ofrecer un nuevo enfoque de lo que sea, sin perder el norte y el buen gusto, resulta placenteramente original. Tom Cruise aparece en esta película como un asesino que no para de matar, pero como si lo hiciera únicamente para defenderse de los que quieren acabar con él primero. Galante con su paternaire femenina, implacable con sus enemigos, siempre diferente, con un sentido del humor que tiene su puntito de locura, extremadamente inteligente, parece no darle importancia a la mayoría de las cosas, acostumbrado a jugarse la vida a cada momento.

Años atrás ignoraban los que hacen cine que lo que nos gusta a las mujeres no es el tipo guaperas, pagado de sí mismo, indestructible y terminator que pretendieron ofrecernos. Alguien que se crea así necesitaría tumbarse en el diván de un psiquiatra. A nosotras nos gustan monos, pero no hasta el empacho, seguros pero no soberbios, vulnerables y tiernos en el fondo, abiertos a todas las posibilidades, que no se tomen demasiado en serio a sí mismos. Y fieles. El cliché del tío que las conquista a todas suscitará la admiración de los hombres, pero da muy mala imagen ante las mujeres. 

La generación de los 007 que existía ha muerto definitivamente. Demos la bienvenida a la nueva, mucho más interesante.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

En las redes de la red


Al final me he rendido a las tentaciones de Facebook, yo que despotricaba tanto cuando mi padre me convenció para que me uniera a esta red social, en la que estamos ya el común de los mortales. Hice lo que todo el mundo, busqué a amigos del pasado y a miembros de la familia, a los que hace mucho que no veo, y el resultado no dejó de sorprenderme.

Comprobé que aquellos a los que conocí hace tantos años siguen ahí, dispuestos de nuevo a responder a mi llamada como si el tiempo se hubiera detenido para nosotros. Pero el tiempo no se ha detenido para nadie: matrimonios, hijos, trabajos, para todos la vida ha cambiado, y todas las veces que me preguntaba qué había sido de fulanito o menganita, tuvieron por fin respuesta. Es muy grato saber que aquellos a los que querías y que formaron parte de tu mundo en un cierto momento siguen dando guerra y están bien. He contactado con una amiga del instituto y otra del colegio y el instituto. De las amigas recientes sólo dos tienen Facebook.

Luego están los desconocidos. Parece que es corriente en las redes sociales. Se me agregó la amiga de una amiga, a la que no conozco y a la que debí caer bien, y el hermano de un amigo del colegio y el instituto (mi amor de juventud), del que nada sabía porque es unos años menor que yo y no debimos coincidir. Conocía a otro hermano de los muchos que tiene, pero a este no. Son curiosas sorpresas.

Mi hija dice que en su Tuenti tiene agregadas a 700 personas, de las que no conoce a 100. En Facebook veo también a mucha gente con ciento y pico amigos o más. Al final, con quien te relacionas en realidad es con tu grupo de allegados, porque salir de marcha con todos los que se te adosan en las redes sociales sería como montar una manifestación o formar parte de un improvisado ejército, es imposible.

Para una persona muy extrovertida con muchas relaciones, estar en Facebook debe ser como vivir en una fiesta permanente. Pero para los que no hemos tenido nunca demasiados amigos es experimentar una realidad que no es real, pues a los pocos habituales que forman parte de tu círculo se unen otros que siguen estando en la distancia. Aunque hay una frase que me ha encantado siempre, y que aparecía en una postal que tenía pegada en una pared de mi habitación cuando era niña, en la que se decía que la amistad no depende de cosas como el espacio y el tiempo.

Con la familia también ha sido muy reconfortante, porque a parte de mi padre y mi tía Carmen (mis incondicionales, por supuesto), dos primas que se llaman Pilar Rubio como yo y un primo contactaron conmigo, y yo contacté con otra prima y otro primo más. Sólo nos veíamos en las bodas, y como ya se han casado todos hemos dejado de vernos hace mucho. La verdad es que somos tan diferentes que me cuesta creer que por nuestras venas corra la misma sangre, pero ahí están. Son un encanto.

También he lanzado peticiones de amistad a un par de personas que no me han respondido. No me extraña mucho, porque conociéndolas de antemano lo suponía, pero nunca está de más intentarlo. No nos va a querer todo el mundo, por mucho que queramos nosotros.

Mi padre se relaciona en Facebook con sus sobrinos más de lo que lo ha hecho en la práctica jamás, y ha contactado con un amigo de la infancia, muy simpático y cariñoso por cierto, que le manda unos correos electrónicos maravillosos.

En fin, que estoy en las redes de la red. Ojalá me siga deparando gratas sorpresas.

 
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