jueves, 31 de marzo de 2011

Infidelidad


La infidelidad es un tema que a mí nunca me ha dejado de sorprender, porque es como una plaga que está por todas partes y afecta a quien menos te hubieras pensado que le podría suceder.

Hace poco he sabido de una persona a la que su marido le ha sido infiel durante muchísimo tiempo, hasta que me imagino que por razones de edad se ha podido controlar un poco. Y la verdad es que me costó creerlo, porque ella siempre ha hablado de él con tanto cariño, se conocieron siendo muy jóvenes y llevan tantos años juntos y parecen tener tantas afinidades, que la infidelidad es lo último que hubiera imaginado en ellos.

Lo que siempre me ha llamado la atención es la infidelidad consentida. Que alguien sepa que su pareja no le es fiel e incluso llegue a conocer a algunas de las personas con las que tiene sus aventuras y trague con todo eso, me parece increíble. Los hay que fundamentan este comportamiento en estar en posesión de una moral más liberal de lo que es habitual, en que no hay que ser tan estrictos, tan convencionales. Otros hablan de relaciones de pareja abiertas, muy en la línea de la forma de vivir que los hippies tuvieron en su momento. Hay que liberar la mente, no circunscribirse a una única forma de hacer las cosas, probar otras posibilidades. Si no lo experimentas no puedes opinar. Hay que ser hedonista, buscar el placer alrededor, disfrutar al máximo. Lo demás son cortapisas impuestas por una educación decadente, es pura represión.

A veces tengo la impresión que las fronteras entre el mundo animal y el humano cada vez están más difusas. Evitar la promiscuidad siempre he creído que era un signo de civilización. No se trata de que el macho se asegure de ser el progenitor de su propia camada, sino que es más bien una cuestión que tiene que ver con las propias convicciones, con una forma de ver el mundo clara, concreta, sin confusiones ni medias tintas. Ser capaz de elegir una sola cosa entre una enorme gama de posibilidades es un acto de puro elitismo diría yo, un sibaritismo. El ser tan selectivo es una suerte de refinamiento que constituye una cualidad intrínsecamente humana, sólo compartida por muy pocas especies animales.

A mí me sigue pareciendo impensable imaginar a mi pareja con otra persona. No es ni siquiera un tema de posesión ni celos, pues nadie es propiedad de nadie. Es más bien un tema de honestidad, de madurez, de constancia, de exclusividad, de que soy el que ves y no otro, de que mis sentimientos no fluctúan en función de mis variables estados de ánimo, de que te he escogido a ti y tú a mí porque eres merecedor de mi atención y mi amor, y nadie más. Comprobar que no es así es una decepción brutal que te parte la vida por la mitad, una traición a la confianza absoluta que has puesto en esa otra persona. Por eso cuando alguien descubre que le han sido infiel, de repente cae en la cuenta de que en realidad no conocía a su pareja, que le parece que es otra persona, un extraño.

Cuando se traga con todo, como le pasa a esta conocida de la que me han hablado, es porque se ha perdido la dignidad, o quizá porque la propia dignidad es tan grande que está por encima de todas esas truculencias. Pero no deja de haber un cierto servilismo acomodaticio al consentimiento consciente de esta situación, un doblegamiento victimista ante la tiranía impuesta por la necesidad o el simple capricho del otro de satisfacer sus instintos primarios a costa de lo que sea. Por mucho que quieras a alguien y por mucho que intentes evitar su pérdida, en realidad esa persona ya no está contigo si hace eso, aunque viva bajo tu mismo techo y comparta tu cama y todo lo demás.

Recuerdo conmovida el caso de los actores Asunción Balaguer y el que fuera su marido Francisco Rabal. Él le fue infiel en todo momento durante su larguísimo matrimonio. Ella, aunque lo sabía, porque él mismo se lo había confesado más de una vez, hacía de tripas corazón. Pero hay que conocer a Asunción: si alguien la ha oído hablar alguna vez se dará cuenta en seguida de la clase de ser humano que es, pocas personas he visto nunca tan buenas y tan limpias. Ella hablaba de su marido como si fuera un niño que no supiera muy bien lo que hacía, como alguien que está enfermo y que es más digno de lástima que de otra cosa. Y puede que estuviera en lo cierto: en realidad ella lo era todo para él, pero no podía evitar hacer lo que hacía. Las demás no tenían importancia, sólo su mujer era primordial en su existencia, sin ella no podría vivir. Asunción parecía una madre más que otra cosa, comprensiva, generosa, de las que dan sin esperar nada a cambio, maravillosa. Fue él el que no supo estar a la altura, y puede que sea cierto que estuviera enfermo. La adicción al sexo es un tema que está a la orden del día. Todavía ella, cuando se le menciona el asunto, y eso que él hace tiempo que dejó este mundo, pone mala cara y cambia de tema enseguida. Hay cosas que pertenecen a la intimidad y que son dolorosas, y nadie puede invadir ese ámbito tan personal.

En el mundo que nos ha tocado vivir actualmente la infidelidad es moneda corriente. Cuántos son los que, como en los taxis, llevan el cartel de “Libre” y la luz verde encendida, cuando en realidad están ocupados.
Y es que los hay que no están ni libres ni ocupados, como el blogero aquel.


miércoles, 30 de marzo de 2011

Colin Firth y su discurso del rey


No hay duda de que los actores ingleses se distinguen del resto de intérpretes no sólo por su forma de trabajar sino también por su dicción, tan perfecta.

Colin Firth no escapa a este estereotipo. Aunque siendo aún un niño fue a vivir con su familia a EE.UU. y allí tuvo que modificar su acento para no parecer pijo, su origen marcó su trayectoria profesional, pues ya desde un principio se le asoció a papeles de gentleman, de galán serio y estirado, de pocas palabras, correctísimo, portador de un mundo de turbadores sentimientos a los que era incapaz de dar salida y que le hacían sufrir enormemente. Así fue en su inolvidable papel de Darcy en Orgullo y prejuicio, que luego medio repitió trasladado a los tiempos actuales en El diario de Bridget Jones.

Aunque su especialidad parecen ser las comedias románticas, en su última película aborda un tema biográfico al recrear la vida del rey Jorge VI, padre de la actual reina de Inglaterra, y su poco conocida lucha contra la tartamudez. Cuando fui al cine a verla, antes incluso de que se le concediera a Colin Firth el Oscar por su interpretación, me llamó la atención el hecho de que la sala estuviera llena de personas mayores, todos salvo una pareja treinteañera. Pensé que quizá el tema era aburrido, que no había escogido bien el film (hay tan poco donde poder elegir, a pesar de la enorme oferta cinematográfica que nos inunda), pero pronto me di cuenta de que lo que pasaba era que el argumento no era comercial, no tenía los ingredientes habituales en el resto de cintas que se exhiben últimamente: violencia, sexo, efectos especiales…

Qué decision más acertada fue ir a verla: el poder descubrir facetas insospechadas en un personaje histórico y el contemplarlas reflejadas con tanta delicadeza y realismo constituyó un auténtico placer. Y desde luego la elección del intérprete no pudo ser más acertada: Colin Firth supo entender como nadie el proceso emocional por el que debió pasar este hombre y, aleccionado por el guionista del film, que padece el mismo defecto, nos introdujo en ese mundo complejo de una persona que vive con un problema que le impide expresarse con soltura y llevar una vida normal, en medio de un ambiente tan estricto como la corte británica y expuesto a las burlas de todos. Cualquier figura pública tiene una imagen que salvaguardar.

“Valiéndose de una muda locuacidad, Firth logra comunicar la lucha que se da entre el instinto primario y la contención civilizada que define ciertos aspectos del carácter inglés”, han escrito sobre él. El actor temía la repercusión que esta película pudiera tener entre el público britanico, pues es bien sabida la veneración que sienten por la monarquía, pese a los escándalos que la han salpicado en los últimos tiempos. Pero, en contra de sus pronósticos, el film ha levantado pasiones en aquel país, llegando a ponerse en pie los espectadores en más de una escena para prorrumpir en aplausos, como si estuvieran en un teatro.

Colin Firth se abstiene de dar su opinión sobre la realeza, a pesar de haber sido interrogado al respecto a raíz de su participación en esta película, pero sí es un activo partidario del partido liberal, al que dio apoyo mediático durante un tiempo, e integrante de un grupo ecologista que creó su mujer.

Pero Colin insiste en que su labor como actor no es lanzar mensajes, si no que su esfuerzo se centra en crear personajes. En el caso de El discurso del rey se trataba de ir más allá de un dato biográfico. “El aislamiento, la soledad, son cuestiones universales. Con independencia de lo unido que estés a tu familia, de los muchos buenos amigos que puedas tener, de lo perfecto que sea tu matrimonio…, siempre hay niveles desconocidos en el interior de una persona. La película aborda esta realidad y la lleva a su extremo”. El guionista de la película, David Seidler, siendo como es tartamudo, se encargó de hacerle ver la dimensión del problema “de una forma tan elocuente que, a veces, te llegaba al alma. En un momento dado hizo una comparación entre la tartamudez y lo que sientes al estar sumergido en el agua. Una ligera sensación de pánico, de ahogo… También es un factor que se impone a todo lo demás, que determina hasta el plato que pides en un restaurante, simplemente porque su nombre empieza por esta u otra letra que eres capaz de pronunciar. Es algo a lo que no puedes abstraerte”. Firth consigue el justo equilibrio para que no resulte grotesco, y además muestra cómo manejarse con el problema, no se trata de enseñar una cura, que hasta el momento no existe. El propio Seidler es una prueba de ello: él sigue siendo tartamudo, pero consigue que no se le note.

Durante la película vivimos con su protagonista la angustia de no poder expresarse con normalidad, la vergüenza que pasa en los actos públicos, el desprecio de su padre y su hermano. Sólo el apoyo de su mujer y el cariño de sus hijas le reconforta. Ella es la que le conduce hasta su salvador. Cuando llega a él se encuentra ya en una situación límite en la que parece que fuera a reventar como una caldera a presión. El actor que interpreta a su instructor, Geoffrey Rush, al que ya hemos visto como uno de Los piratas del Caribe, en donde está irreconocible, debería haber sido tan premiado como el propio Colin, pues sin él la historia no habría sido la misma, y su actuacion es tambien magistral. Los poco ortodoxos métodos que su personaje emplea para mejorar la situación del rey, especializado en casos difíciles y carente de titulación universitaria (era un antiguo actor), son dignos de ser vistos. Gritar, cantar, soltar palabrotas, saltar, rodar por el suelo, mover las extremidades para relajarse, entre otras muchas cosas, además de una proyección psicológica inteligente (ser capaz de enfocar las dificultades de otra manera), son algunas de las muchas terapias que empleó para paliar el problema. Él trata al rey sin la ceremonia a la que está acostumbrado, le contradice siempre que lo cree necesario a pesar del disgusto que le provoca y, finalmente, se hace confidente de los secretos traumas del monarca, que tienen origen en su desdichada infancia, y se hace eco de su tristeza y su angustia con su enorme humanidad. Impresionante el esfuerzo final que hace el rey para pronunciar ese discurso al que alude el título de la película, que es el de su accidentada coronación, y que refleja el satisfactorio resultado de una larga y acertadísima terapia.

Recomiendo la película, con independencia de los premios y las excelentes críticas que ha recibido. Merece la pena.

martes, 29 de marzo de 2011

Citas varias (X)


- “Es conocido el hecho de la función catártica y relajante que supone en la conversación la blasfemia, el taco y la expresión malsonante”.

- “El latín sigue siendo nuestra lengua madre. El inglés es ahora la lengua del imperio”.

- “Siervos, los señores os parecen altos porque los miráis de rodillas. ¡Levantaos!” (Piotr Kropotkin, geógrafo, naturalista, pensador político).

- “A veces el camino más largo está a la vuelta de la esquina”.

- “El cómico o actor de verdad se rige por una escala de valores según la cual oficio y vida son sinónimos. Al desaparecer uno, la otra no tiene sentido”.

- “Como no sabían que era imposible, lo hicieron”.

- “Las personas sentenciadas por enfermedades prolongadas e incurables forman un universo de seres solidarios que sienten y se transmiten un poderoso amor a la vida”.

- “El placer de la verdadera amistad, como el del amor verdadero, consiste en mostrarse tal como uno es” (Alfredo Bryce Echenique, escritor).

- “A menudo pienso que es preferible optar por la soledad cuando se carece de maldad” (id.).

- “Saber que cualquiera es mar tiene una cualidad: uno navega a los demás seres cuando los ama” (Manuel Vicent, escritor).

- “Soy consciente de vivir en un país donde alguna gente muere todavía envenenada en los bautizos” (id.).

- “Si los norteamericanos y los rusos no arreglan sus asuntos, los primeros acabarán como fabricantes de hamburguesas con ketchup, y los segundos acabarán como profesores de esquí” (Gore Vidal, escritor).

- “La cultura de los indios norteamericanos ha sido reducida a un grotesco estereotipo para turistas”.

- “Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador” (proverbio africano).

- “Ante ciertos hechos, vivo en un estado de horror aletargado, porque me gusta comportarme educadamente” (Lawrence Durrel, escritor). 

- “Todas las cosas, ya estén cerca o lejos, están unidas por una fuerza inmortal. No puedes ni siquiera tocar una flor sin llevar el desorden a alguna estrella” (Francis Thompson, poeta).

lunes, 28 de marzo de 2011

Querida Liz


Aunque ya sabíamos hace mucho tiempo que no gozaba de buena salud y que los años no pasaban precisamente en balde para ella, sigue pareciendo increíble que alguien como Elizabeth Taylor haya abandonado definitivamente este mundo. Hace un año fue la protagonista de uno de mis posts, y recuerdo que disfruté mucho recreando a grandes rasgos su vida, su obra y su personalidad.

Es increíble también cómo esta mujer logró estar presente en la escena pública desde el primer momento que participó en una película, siendo una niña, hasta el mismo día de su muerte. Su figura, cálida, cercana, especial, de una belleza entre delicada y voluptuosa en su juventud y madurez, eclipsaba al resto de los astros del firmamento interpretativo sin proponérselo, simplemente por el brillo de su esplendor natural.

Liz Taylor no hizo otra cosa en su vida que ser ella misma. Salvo su profesión de actriz, que siempre afirmó que le había sido impuesta (bendita imposición), nada ni nadie pudo nunca impedir que caminara por el mundo fiel a sí misma, a sus propias convicciones e intuiciones. Las convenciones sociales carecían de importancia, ardían a las puertas de su arrolladora personalidad. Ella se dejaba llevar por su instinto, por sus impulsos interiores. El corazón siempre pudo más que la cabeza.

Las ocasiones en las que protagonizó algún escándalo no fueron intencionadas, no buscaba hacerse publicidad gratuita como tantas otras estrellas. Sólo hacía lo que creía que debía hacer, desde luego pensando más en sí misma que en ninguna otra persona (seductora egoísta), y al que no le gustara que se aguantara. Si algo destacó en ella por encima de otras muchas cosas fue su valor. Vivía el día a día intensamente, sin preguntarse qué sucedería mañana.

El coraje de vivir hace que se quemen muchos cartuchos, que se sufra mucho, pero también que se goce con más intensidad. Nada hay comparable a poder desarrollar la profesión que a uno le gusta y tener reconocimientos por ello (eso no hay dinero que lo pague). Nada hay comparable tampoco a atreverse a elegir un amor, aún en contra de la opinión ajena, y entregarse a él en cuerpo y alma, disfrutando cada instante como si fuera el último, porque sólo se vive una vez. Qué pasará en el futuro es lo de menos: el presente es lo único tangible, lo único real, y hay ocasiones que son irrepetibles. Liz tenía una intuición terrible para estas cosas, sabía cuando algo especial llegaba a su vida, y lo aprovechaba al máximo. Que nada es eterno, eso lo sabe todo el mundo. La eternidad la dejamos para el otro mundo. 

Cuando se publicaron hace poco las cartas que su amor más apasionado y polémico le escribió a lo largo de su vida, El amor y la furia, estuve tentada de comprar el libro. Liz, por alguna razón, había creído llegado el momento de desvelar algunos de los sentimientos que acompañaron esa relación tan turbulenta (muchos ya conocidos), y compartirlos con su público. No hay afán exhibicionista en ello, Liz no necesitaba a estas alturas demostrar nada, pero creo que sí quería que se conociese mejor el nada convencional amor que se profesaban y la figura de Richard Burton, a la que tantos ominosos defectos se le achacó siempre. Creo que son especialmente conmovedoras las cartas que él le escribió cuando ya se habían separado definitivamente, poco tiempo antes de morir.

Este epistolario sirve sobre todo para poder comprenderla mejor, la razón por la que una persona puede llegar a aguantar e infligir tan terrible trato. Sus discusiones interminables, acompañadas de desperfectos varios y palabrotas irreproducibles, son la muestra fehaciente de que no hay una sola forma de amar. Ella, que parecía tan menuda y frágil, podía llegar a ser una fiera salvaje si le tocaban la fibra sensible.

En la amistad, igual que en el amor, fue una mujer intensa. No creo que Liz Taylor se haya ido de este mundo teniendo enemigos. Puede que algunas de las cosas que hizo levantaran ampollas en su momento, pero su personalidad es tan hipnótica, ejerce una fascinación tal, que hace que cualquier defecto suyo nos parezca poca cosa. Ella ha sido amiga de personas de todas clases, pero creo que algunos de sus más especiales afectos los guardó para los seres más sensibles, tiernos, dulces y atormentados que conoció a lo largo de su vida, como Monty Clift, James Dean o Michael Jackson. Comprensiva en grado sumo, paciente, inteligente y desgarradoramente humana, sabía escuchar y ayudar cuando la ocasión lo requería.

Elizabeth Taylor fue una mujer plena, en la que tenían cabida toda clase de sentimientos y pensamientos acerca del mundo, un alma rica en facetas y matices que no tuvo pudor en mostrar, tanto en su vida real como cuando interpretaba. Por ser auténtica, por su valor, por su forma de ser, por su talento, siempre estará en nuestro corazón.

jueves, 24 de marzo de 2011

Jose Mª Ruiz Mateos


Pocas personas han despertado sentimientos tan encontrados en este país nuestro como Jose Mª Ruiz Mateos. Con él la polémica está siempre servida.

Cuando hace ya 28 años saltó a la palestra su caso, no han dejado de sucederse las noticias que con él tenían que ver o con los miembros de su familia. En un primer momento llamó poderosamente la atención las circunstancias en que tuvo lugar la expropiación de sus empresas. Unos dijeron que había sido un robo a mano armada por parte del gobierno socialista, que por aquel entonces regía nuestros destinos, envidioso del poder y el nivel económico que había alcanzado este empresario. Otros afirmaron que había sido un golpe maestro de un superdotado de la economía como era el ministro Boyer. Las lenguas de triple filo dejaron entrever en su posterior dimisión aquello de dar una de cal y otra de arena: ya que había alcanzado la cumbre del éxito profesional llevándose por delante un botín tan codiciado, había que contentar también a los que pedían su cabeza por tamaño atrevimiento. El escándalo sentimental que le envolvió fue una excusa perfecta, porque en este país cuando nos ponemos puritanos no nos gana nadie.

Resulta una cruel ironía que aquellos que dicen ser socialistas, que saben repartir los dineros entre todos (qué es eso de los monopolios) y hacer justicia social, sean los que protagonizaron uno de los episodios más vergonzosos de la Historia de este país cuando todo eran corrupciones que alcanzaban desde el más grande hasta el más pequeño del partido. Luego ha habido otras, en todos los partidos, pero no como aquella.

Y ahí tenemos a Ruiz Mateos, dando también sus propias campanadas. Aquellas imágenes suyas que tanta gracia nos hicieron, cuando se le ve golpeando a Boyer o disfrazado en múltiples ocasiones de todo tipo de personajes, con el fin de llamar la atención pública sobre su caso y pedir justicia, ahora sin embargo nos parecen que forman parte de una España cañí, lamentable y casposa, que crea pequeños monstruos o personajes de guiñol para irrisión de propios y extraños.

Hasta hace muy poco se paseaba todos los años por el cielo de Benidorm, sobre la playa, una avioneta que arrastraba una pancarta, ondeando al viento, en la que Ruiz Mateos seguía pidiendo justicia. Sólo imaginarlo en la cárcel, a donde sus huesos fueron a parar finalmente, amenazada su vida (dice que allí intentaron matarlo), hace que su existencia nos parezca la de un pobre desdichado al que la fortuna ha dado irremisiblemente la espalda y cuya biografía sería digna de un novelón o de una película de acción y suspense.

Porque la imagen que nos ha dado siempre es la de un hombre honrado y trabajador que ha sido perseguido injustamente, víctima de ese pecado nacional que es la envidia, padre de familia numerosa, felizmente casado desde hace décadas con una mujer con la que incluso ha terminado teniendo parecido físico, alguien también muy peculiar a la que hemos visto dormitando muchas veces en la tribuna del estadio donde juega el Rayo Vallecano, porque ser dueña de un equipo de fútbol no quiere decir que te apasione este deporte.

Y aunque Jose Mª Ruiz Mateos empezó casi desde el primer momento de la catástrofe a montar de nuevo un gran emporio, como el Ave Fénix que resurge de sus cenizas, cuando creíamos que la normalidad se había instalado en su vida, si es que alguna vez es posible que algo así le pueda suceder, ahora salta a los medios de comunicación otra noticia acerca de su familia, al ser acusado uno de sus muchos y similares hijos de estafa.

Ruiz Mateos es ahora un hombre mayor que está bastante delicado de salud, aunque sigue conservando su dialéctica polemista e incendiaria. Si esto le hubiera pasado hace unos años ya se habría enfundado su disfraz de Superman o cualquiera de los otros que tiene en su colección para salir a la calle y reivindicar sus derechos y los de los suyos. Echo de menos su energía, su peculiar sentido del humor hasta en las situaciones más difíciles, su mezcla de coraje y desamparo infantil, su sagacidad para los negocios, su inagotable confianza en sí mismo y en los suyos, su enorme capacidad de trabajo y de reinventarse a sí mismo, su verbo explosivo. En este sentido, es alguien excepcional, fuera de lo común.

En cualquier caso, qué difícil es vivir en paz para algunas personas.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Escultores (I): Alfred Gilbert

El beso de la victoria

Hijo de músicos, nació en Londres a mediados del siglo XIX. Fue educado en París, y estudió en Roma y Florencia.
Se casó con una prima, con quien tuvo cinco hijos. Con el tiempo ella le abandonó, y terminó ingresando en una institución mental, en la que permaneció hasta su muerte.
Se volvió a casar. Murió a mediados de los años 30.

Anteros. Fuente en Picadilly Circus

Entre sus obras detaca el Anteros que corona la famosa fuente de Picadilly Circus, que era el dios del amor desinteresado en la mitología griega. Fue la primera figura del mundo vaciada en aluminio, y usó como modelo a un joven italiano de 16 años, al que tenía de asistente.




Alfred Gilbert empleaba sobre todo bronce, mármol y metales semipreciosos. Además de sus obras públicas, produjo muchos bustos y alcanzó gran reputación como orfebre. También pintó al óleo.


Comedia y Tragedia

martes, 22 de marzo de 2011

La pasión de escribir



Hace poco tenía en mis manos un pequeño cuadernillo que es el cuento que escribió mi madre, siendo muy jovencita, sobre los años que pasó en un internado que había en Aranjuez, al morir su padre. Siempre pensé que lo había hecho cuando mi hermana y yo éramos pequeñas, un poco para recordar una época muy importante, delicada y decisiva de su vida, un poco para relajarse de las tensiones del día, como hacía cuando pintaba al óleo.

Mi padre hace un tiempo transcribió ese relato al ordenador, ya que estaba escrito a mano, le puso una portada muy sencilla y lo plastificó. Pero a mí el otro día, cuando lo tenía en mis manos, me pareció que no era tan extenso como cuando estaba manuscrito. Y es que en él se contenían sólo algunas anécdotas significativas, faltando otros muchos detalles que mi madre nos ha contado de viva voz muchas veces a lo largo de los años sin llegar a escribirlas, y que sin duda contribuirían a recrear aún más la historia y a dar mayor sentido si cabe a lo que ella quiso transmitir, las emociones que en él reflejó.

Le propuse darle un repaso, volver a cogerlo y hacerlo más largo, añadiendo todo aquello que se había dejado en el coleto. Es un relato muy bonito y da pena dejarlo así, tan incompleto. Para intentar convencerla le dije que imaginara que tenía una cámara detrás que fuera captando los sitios por donde iba y las cosas que le habían sucedido allí, sus impresiones sobre tal o cual cosa, al modo del tipo de documental que está tan en boga ahora. Al pensarlo de esta manera pareció por un momento que cambiaba de opinión, pero finalmente no claudicó: hace mucho tiempo que ella no escribe y se le hace un mundo volver a coger la pluma y enfrentarse a una hoja en blanco, posiblemente ni siquiera sabría por dónde empezar. Dice que le falla la inspiración, seguramente a fuerza de no convocarla, que su estado de ánimo no le mueve a volcar sobre el papel todo aquello que pasa por su cabeza.

Es cierto que el estado del espíritu influye enormemente en la capacidad creativa. Las circunstancias familiares de los últimos años no han sido muy propicias para que ella se sienta bien. Además mi madre ve el mundo desde un punto de vista muy pesimista: cualquier tiempo pasado fue mejor, como decía Jorge Manrique. A ella no le gusta cómo ha cambiado la sociedad. Quizá vea demasiados telediarios.

A mí hay también épocas en que me faltan las fuerzas para poder escribir, cuando agobiada por las preocupaciones llega un momento en que parece que todo me da lo mismo. Entonces es como si la mente y el alma se volvieran yermos, y la inspiración huye desde luego de los espíritus pequeños, pobres. Es una sensación muy extraña y descorazonadora: siento la necesidad de escribir pero algo dentro de mí me lo impide, como una fuerza paralizante, que tira de mí hacia atrás, y me hace experimentar una impotencia desesperante.

Otras veces han sido precisamente las malas épocas las que me han hecho coger la pluma, porque no hay mejor forma de descargar tensiones y de paso reflexionar que canalizar los esfuerzos en impulsos creativos, sean del tipo que sean. En otras ocasiones el saber que hay personas que te siguen y aprecian lo que escribes es un acicate irresistible que vence en denodado combate a la pereza o la desilusión. Porque siempre me ha parecido que todas aquellas obras que permanecen encerradas en un cajón o en la memoria de un ordenador sin que nadie las haya visto nunca no son auténticas creaciones artísticas. Tiene que haber un público en el que haya una reacción, una respuesta, alguien que sea receptor de todo ese maremagnum emocional, porque sino parece algo baladí. Pienso que todo aquello que se crea y no es mostrado pierde su verdadero significado, permanece en el limbo, en un espacio vacío sin objeto, como un mensaje que no es transmitido, sólo para el gusto de su autor. Eso diría que es onanismo.

Mi madre hacía unas poesías maravillosas hace años. Eso sí que me parece un arte, y un arte difícil que muy pocos son capaces de llevar a cabo. Es una forma especial de escritura que yo he intentado poner en práctica en alguna ocasión, con resultado infructuoso. Sería una lástima desperdiciar ese talento.

La escritura en nuestra familia es como un virus que muchos de nosotros tenemos inoculado desde nuestro nacimiento. Parece una pasión a la que no podemos sustraernos, ya que lo llevamos en la sangre. Es una necesidad imperiosa, una fiebre ardiente que nos consume si no lo llevamos a efecto. Además pienso que no existe ninguna otra expresión artística que sea tan poderosa, que llegue tanto al alma de las personas.

De cualquier forma ahí queda nuestra palabra escrita, algo que nos sobrevivirá cuando ya no estemos en este mundo.

lunes, 21 de marzo de 2011

Álbum familiar (V)


En esta foto se nos ve a mi hermana y a mí la primera vez que fuimos al colegio. Íbamos a uno que estaba cruzando el Manzanares. Recuerdo lo poco que me gustaba tener que madrugar en las mañanas de invierno, lo consideraba una crueldad sin sentido. Tenía yo aquí cinco años. Susana parece que tiene una flor sobre la cabeza, porque coincidió que detrás había un macetero con plantas artificiales. Sólo estuvimos un año, porque la directora dio un desfalco y se largó con el dinero. Nunca he vuelto a estar en un sitio con las instalaciones que había en aquel colegio. Una enorme y blanca escalinata conducía a los pisos de arriba. Había también un gran salón de actos, donde en Navidad yo cantaba en un coro villancicos con el resto de los compañeros de clase, y mi hermana lució un disfraz de pastorcilla confeccionado por mi madre con el que estaba graciosísima. Es la única vez en mi vida que he llevado un uniforme.



En esta otra estoy con mis padres en El Escorial, uno de los fines de semana en los que íbamos. Mi madre me está tomando la lección. Yo tendría unos trece años. Estábamos tan relajados tumbados en la hierba, bajo el árbol en el que nos solíamos poner, el transistor a un lado. Era una gozada.



Esta foto es una de mis preferidas. Estoy con mi madre y mis abuelas en Benidorm. Yo tenía 17 años. Fueron muy contadas las ocasiones en que vi a mis abuelas juntas. Estoy feliz. Son momentos irrepetibles.

viernes, 18 de marzo de 2011

Un poco de todo (XIV)


- Dos seguidores muy especiales se han unido a mi blog últimamente: Nietzsche, que es miembro de un blog interesantísimo llamado La inacabada folie de Nietzsche en el que escriben otras tres personas, si mal no he entendido. Otra de las miembros, Folie, me encanta también. Tienen una forma de decir las cosas distinta a todo lo conocido. Son directos, profundos, no tienen miedo a tocar todos los temas. Me gusta especialmente la manera como acaban los posts, siempre imprevisible, desconcertante. Me encantó especialmente uno de Nietzsche, Cobardía, escrito recientemente.
El otro seguidor es Erick Bojorque, que tiene varios blogs, uno de Arquitectura. Supongo que llegaría al mío por la sección que dedico sobre este tema.
Es un descubrimiento maravilloso haber conocido a estas personas y estas nuevas formas de ver el mundo.

- Es tremendo lo que ha pasado en Japón. Cada vez que veo en televisión esas imágenes de la crecida del mar y el oleaje incontenible que arrasaba todo lo que encontraba a su paso, me siento sobrecogida. Me ha llamado la atención lo negras que eran las aguas. Qué siniestro. He leído, no sé si será cierto, que Japón se ha movido unos metros a raíz de este seísmo, y el eje de la tierra también, cosa que ya dijeron cuando lo de Sumatra. Al final se va a terminar alterando el efecto Coriolis aquel, que da título a este blog. 
Es cierto que es admirable la forma como se está comportando la población. Los japoneses son un pueblo disciplinado y resignado, inasequible al desaliento. Los admiro.

- He conocido a un hombre, al que ya creía conocer, que me ha sorprendido. Él lo tiene todo para ser perfecto, aunque parece ser el único que no lo sabe, o su enorme modestia le impide reconocerlo. Es dulce, bueno, muy inteligente, sensible, cariñoso, trabajador, educado... Cuando está temeroso o inseguro dice muchas cosas que no son verdad, pero no lo hace con mala intención, son escudos que se pone para protegerse. Creo que aún no ha asumido que no es una persona convencional. Tengo la impresión de que nos parecemos. Estuvimos charlando, pero no estábamos en situación ninguno de los dos. En cierto momento me hizo sentir mal y fui brusca con él. Cuánto lo lamento. Es un ser tan vulnerable, me parece tan indefenso, que me conmueve profundamente. Es finísimo, y muy tierno. Me encanta.

jueves, 17 de marzo de 2011

Javier Bardem

Cuando alguien se pone de moda nos lo sirven hasta en la sopa a diario, y este es el caso de Javier Bardem, que nunca ha sido un desconocido, pero desde luego ahora menos aún.

A mí nunca me gustó nada de él: ni su físico, ni su voz, ni su forma de actuar. Durante mucho tiempo sólo le daban papeles de chulo, de macarra, de perdido, que eran lo que más cuadraba con su aspecto y sus maneras. Pero como le ocurre a los buenos vinos, Javier Bardem ha ganado con los años, se ha pulido, ha acumulado experiencia y ahora es mejor, no tanto por las buenas críticas y galardones de los últimos tiempos, como por haber sabido escoger los papeles, atreviendose con todo. Su voz sigue sonando poco agradable, pero la pasión que pone en los personajes a los que da vida, el corazón y las ganas que le echa a todo lo que hace, la sensibilidad que ha sacado a la luz para entender a los seres que ha encarnado y conseguir que todos los entendiéramos igualmente, han allanado un camino que parecía escarpado y ha tocado la fibra sensible del espectador.

Hay como una ingenuidad casi infantil en Javier Bardem, como un espacio blanco e inocente en su alma que ha alimentado con los años y que transmite a su alrededor. Sigue teniendo ese aspecto de trozo de carne con ojos, el eterno conquistador al que de repente le da por ponerse serio de vez en cuando para no ser confundido con un hombre objeto. En América dicen que sigue sin gustarles ni su voz ni su nariz aplastada, pero que tiene una gran fuerza interior que es lo que cautiva al público. Y que posee el aspecto salvaje típico de los españoles. La verdad es que los estereotipos que se gastan los yankies son de juzgado de guardia.

Y es que un actor, si es realmente versátil, no tiene por qué verse condicionado por su físico. Cuántos grandes intérpretes ha habido, de todos los tamaños y colores. No hay un modelo standarizado a seguir. En el caso de Bardem nos hemos tenido que acostumbrar a su estilo un poco a fuerza de verlo en pantalla durante años, aunque sí es cierto que los personajes que ha interpretado desde hace un cierto tiempo nos han dado una visión de él polifacética que nunca hubiéramos pensado. Igual encarna a un ser humano tierno, atormentado y sensible como en Mar adentro, que se pone en la piel de un psicópata asesino espeluznante como en No es país para viejos.

No le importa no aparecer siempre atractivo, conquistador, galán de pacotilla como ha sido. Si hay que interpretar a un tetrapléjico suicida o a un chalado homicida (qué feo puede llegar a ponerse), allá que va él. Cuanto más complicados sean los personajes, cuanto más controvertidos y terminales resulten mejor. Javier Bardem busca denonadamente lo que todos los artistas: el aplauso del público, el reconocimiento a su trabajo, interpretando papeles lo más complicados y retorcidos posible con tal de demostrar su valía.

Ahora es un hombre enamorado y desde que ha sido padre su vida ha cambiado por completo. Ya no se le ha vuelto a ver esa cara de estar ausente y hasta malhumorado con la que aparecía frecuentemente en los actos públicos. Los premios, el amor y, sobre todo, su hijo, han dado definitivamente sentido a su existencia.

Se les ha criticado mucho que hayan ido a Los Ángeles a tener a su hijo. Cada uno puede escoger como quiera el lugar donde quiere que nazca su progenie, pero sí es verdad que como se les considera producto nacional (bruto), muy comercial y exportable eso sí, ha decepcionado un poco el que hayan puesto tierra de por medio en un acontecimiento tan importante.

Por mí que Bardem vaya a donde quiera, siempre que no salga mucho en pantalla con su madre. Sólo recordarla en la gala de los Oscar, cuando premiaron a su hijo y aparecía en el patio de butacas llena de collares y de anillos y un atuendo hortera y estralafario como es habitual en ella, me pone enferma. No se puede ser más chabacana. O como cuando gusta de encabezar manifestaciones dando gritos con esa voz cazallera que tiene, siempre amadrinando causas ajenas cuando aquí tenemos unas cuantas con las que nadie se atreve a protestar lo suficiente, como el terrorismo. Ella y toda su familia han exhibido su ideología política sin respeto por las demás ideologías, como si estuvieran por encima del bien y del mal, en posesión de la verdad absoluta. Qué señora más desagradable, y qué actriz más horrorosa. Parece que en esta vida lo que vale es echarle mucha cara a todo y estar de moda.

Que siga Javier Bardem sorprendiéndonos. Yo posiblemente no voy a ir al cine a verlo, pero me gusta ver cómo triunfa por ahí, porque en el fondo le tengo apego, me conmueve, y es seguro que todo le va a ir muy bien.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Grandes arquitectos contemporáneos (VII): Santiago Calatrava

Arquitecto español y escultor. Estudió ingeniería civil en Zúrich. De niño estuvo varios años en la Escuela de Bellas Artes.
Su estilo se basa en dejar las estructuras de los edificios al aire, como elementos esenciales de los mismos.
Algunas de sus obras han sido muy discutidas, pero su fama es internacional.
Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia

martes, 15 de marzo de 2011

Fotógrafos (V): Simon Procter

Este fotógrafo inglés estudió Bellas Artes y hasta hace poco era escultor y pintor abstracto. Hace trabajos ocasionales en París, ya que trabaja con varios diseñadores de alta costura. En uno de ellos tuvo que fotografiar un desfile de Dior desde un techo a 100 metros de altura.
En los últimos años se ha convertido en uno de los fotógrafos publicitarios más exitosos del mundo.
También fotografía estrellas de cine de Hollywood.
Sus composicione parecen pinturas. Su estilo es grandioso, espectacular, muy plástico.

lunes, 14 de marzo de 2011

El ideal de amor


Hay temas en los que nunca nadie se pone de acuerdo, y cuando salen en una conversación surgen opiniones y sentimientos encontrados. Uno de ellos es el amor. Y así ocurrió hace poco hablando con unas compañeras de trabajo. Para una significaba la estabilidad de una duradera relación de pareja, una intimidad y una confianza muy grande que te permita darte a esa otra persona sin temor. Para otra era muy importante estar con un hombre con mucha experiencia, alguien que supiera muchas cosas de la vida, porque así sabría cómo tratarla y resultar interesante.

Yo expuse también mi ideal que, a pesar de ser completamente pueril, sigue siendo el eje central de mi forma de pensar y de vivir: el amor basado en la bondad y pureza de corazón, que la persona objeto del mismo sea como una página en blanco sobre la que yo pudiera escribir, que no tuviera mancha. Mis compañeras pensaron que lo que quería es que fuera como un niño y no como un hombre. Todos llevamos una mochila a nuestras espaldas, cargada con las experiencias pasadas que fueron negativas, nadie llegado a una cierta edad carece de ella, pero eso no impide conservar esa bondad y pureza de corazón por encima de todo. Puede que efectivamente lo que yo quiera es un hombre que sea como un niño, alguien que por su conducta intachable y el estado de su alma puedan llegar a parecer un ser que está empezando a vivir.

Mis compañeras me dijeron que lo que deseo es una figura de barro que pueda moldear a mi capricho. Todos tenemos un ideal de ser amado que, casi siempre, no se corresponde con nadie real porque, al menos en mi caso, es demasiado sublime. Pero exigir esas premisas en el hombre que ha de compartir tu vida no es en modo alguno un intento de crear un prototipo perfecto que responda a todas las expectativas posibles. No me gustaría que ese hombre fuera un ser manipulable, sin personalidad, que dijera que sí a todo sólo por complacerme, sin ninguna convicción.

Comparé mi ideal del amor con la historia de Romeo y Julieta: una pureza tan grande y una entrega tal que se llega a dar la vida por ello. Por supuesto no hay que ir tan lejos ni ponerse melodramáticos, y yo como Julieta estoy ya talludita, pero en esa línea voy. O, cómo no, el modelo de hombre para mí perfecto que representó el protagonista de Titanic, alguien valeroso, lleno de vida y amor, libre de mente y de espíritu, generoso hasta el extremo (no de dinero), dulce y tierno. Es cierto que era casi un niño, no sólo por su edad, pero no creo que alguien así hubiera cambiado mucho si hubiera podido llegar a la madurez, y desde luego resultaba adorable.

Nobleza y valor son dos cualidades que considero imprescindibles en el ser amado. Parecen valores rancios, pasados de moda, pero creo que son la base fundamental que sostiene al resto. Un hombre innoble, que mienta o tenga una doble moral sería insoportable para mí, lo mismo que alguien que carezca de la valentía necesaria para afrontar los momentos difíciles de la vida. No hacen falta actos heroicos ni grandes alardes, no me gustan los que arriesgan sin más, a lo loco, por dar una imagen de gallardía. La gallardía está precisamente en esas cualidades a las que aludía al principio: bondad y pureza. La apostura física nunca está de más pero no es imprescindible. Para mí es mucho más atractivo el hombre que es sensible e inteligente que el simple figurín más pendiente de su aspecto externo que de su estado interior.

Pero llegados a este punto mis compañeras quizá tengan razón: alguien que es así se puede decir que es como un niño, alguien que aún no ha sufrido las inclemencias de la vida y por eso no tiene doblez. Es fácil caer en ese caso en la inmadurez, y ésto es algo que si en un cierto momento de la vida no se ha llegado a superar, es casi imposible que se supere ya, y es un estorbo que impide desarrollar una existencia plena y feliz porque, entre otras cosas, anula la capacidad para tomar decisiones importantes. La nobleza y el valor parece que faltan aquí, y por ello el amor parece un poco menos amor.

Quisiera poder albergar yo también esa bondad y pureza de corazón para estar a la altura. Y es que el amor es lo que tiene, que por él deseamos ser mejores personas. A lo mejor estoy pidiendo la luna.

viernes, 11 de marzo de 2011

Citas varias (IX)


- “La madre Teresa de Calcuta tiene un enorme corazón, pero no es en absoluto sentimental porque el amor puede ser duro. Ella conoce las proporciones que hay que dar a las emociones y por tanto puede actuar ante una desgracia sin dejarse sobrepasar por ella” (Irene de Grecia).

- “La realidad puede llegar a deshumanizar. La impresión de la desgracia puede saturar el sentimiento”.

- “Al margen de cualquier normativa o de la mirada coaccionadora de los chicos de la clase como conjunto que no admite diferencias”.

- “Los niños prodigio comparten cierta forma de enanismo, esa que los condena a ser réplicas miniaturizadas de los adultos”.
- “El cine y la vida son como la arcilla: están esperando a que les demos forma” (Shirley McLaine, actriz).

- “El miedo no es una cosa mala. Si el miedo es algo prohibido, algo malo, es más fácil experimentarlo. El problema está en lo que hay detrás del valor, lo que hay detrás del miedo”.

- “En la vida hay cosas innobles, y hay que asumirlas. La cuestión es qué hacer con nuestra suciedad” (Marco Pannella, político).

- “Cuando no hay humildad, las personas se degradan” (Agatha Christie, escritora).

- “Resulta tan inaudito que haya sobrevivido a mi propio carácter que, al final, me siento orgulloso de mí mismo”.

- “Casi toda la gente que conozco tiende a rechazar lo que desea. ¡Ah!, los deseos equivocados por miedo a los auténticos…”.
- “Jamás busca alivio en un tópico”.

- “No busques la verdad. Tu propia búsqueda destruiría lo que buscas”.

- “Este país timorato, donde hasta el sol parece salir con horario de oficina” (Eduardo Galeano, escritor).

- “Prohibir es la mejor manera de convertir en necesidad perentoria un mero deseo”.

- “El trabajo de un actor consiste en saber las frases y no tropezar con el mobiliario” (Spencer Tracy, actor).

- “¿No es extraño que cambiemos tan poco?. ¿No es triste que estemos tan locos?” (Syd Barret, músico).

jueves, 10 de marzo de 2011

Álbum familiar (IV)

Esta foto de mi abuelo Ricardo debe ser de mediados de los años 30. Yo nunca lo conocí porque falleció cuando mi madre tenía 14 años. Se le ve siempre en casi todas las imágenes que han quedado de él como melancólico. Aquí acababa de perder a su primera esposa, que murió de tuberculosis poco antes de que estallara la guerra civil. La hija de ambos había seguido el mismo camino por el mismo motivo unos años antes. Aún no conocía a mi abuela Pilar. Era comandante de Infantería. Se le ve muy elegante con el uniforme. Él supo lo que era el campo de batalla en varias ocasiones. Quizá ese sufrimiento hizo que abandonara este mundo tan prematuramente.

Mi madre cuenta maravillas de él. Cuánto me hubiera gustado conocerlo. Nos habríamos llevado muy bien.

Aquí está mi abuela Pilar con la perra de mi tía. Debía ser un par de años antes de fallecer. Nunca tuvo una cana ni se tiñó el pelo. Creo que he heredado de ella esa característica, entre otras. Se la ve bronceada, seguramente acababa de venir de la playa. Siempre iba bien arreglada, con su cabello cuidado, su maquillaje sin excesos y sus uñas pintadas. La perra, Tacha, era muy traviesa: hizo polvo los sillones y las cortinas de su casa, y cuando se descuidaba le quitaba a mi abuela el filete del plato.

En esta foto se me ve con un añito y pico. Estoy en el salón. Parece que quiero saltar de mi cuna, pero a la que se le daba muy bien el escapismo era a mi hermana. Es una imagen que siempre me ha gustado mucho, la encuentro muy bonita.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Un poco de todo (XIII)


- Gracias por la llegada de un nuevo seguidor, José Hervás, que escribe un blog llamado LaCasaDSanJamas, según él “una canción hecha programa de radio, un programa de radio hecho blog”. Un rincón muy interesante el suyo.

- Una vez más ha despertado en mí una viva emoción Esplendor en la hierba, paradigma del amor desgarrado y el sentimentalismo absoluto que ya en su momento, siendo yo adolescente, me causó una gran impresión. Es la representación del destino inexorable, de que todo es efímero, y de que pocas cosas están en nuestras manos en la vida. Y sobre todo los versos de William Wordsworth, un poeta romántico inglés, en su Oda a la inmortalidad, que son recitados por la protagonista en un momento especialmente emotivo, y también al final:

                                         Aunque nada puede hacer volver la hora
                                                     del esplendor en la hierba,
                                                     de la gloria en flor,
                                                     no hay que afligirse
                                                     porque la belleza
                                                    siempre subsiste en el recuerdo.

- Me produce una sensación muy extraña ver cómo derruyen la fábrica de cerveza que ha estado toda mi vida junto a mi casa. Un monstruo metálico gigantesco apareció no hace mucho por la esquina del edificio más alto del complejo y se fue comiendo poco a poco la estructura. Parecía un dinosaurio descomunal de largo cuello que abriese y cerrase la boca una y otra vez incansablemente devorador, o una serpiente colosal de las que cuentan las leyendas que atacaban a los barcos en alta mar.

Muchas veces contemplaba yo en mi infancia desde el salón de la casa de mis padres la parte alta de aquel edificio, donde está el gran cartel con el nombre de la marca, Mahou, que en aquella época tenía un fondo azul. Lo miraba en las noches de verano, cuando abríamos las ventanas en el calor insoportable del ocaso de Madrid, y los focos lo iluminaban como si fuera una valla publicitaria de cine.

Hace unos años pusieron un cartel con fondo granate y ampliaron las naves. Ahora están derribándolo todo desde el interior hacia las fachadas. Desde la calle, al pasar, se ve una montaña de escombros que me ha recordado la zona cero tras los atentados. Una nube de polvo cubre casi permanentemente los alrededores. Se especula mucho sobre lo que van a construir en esa enorme manzana: un centro comercial tipo Vaguada, bloques de viviendas….

De momento diremos adios a la visión fabril, monótona y fea que se contemplaba desde hacía décadas por las ventanas. Sería mucho pedir que el siguiente panorama fuera el de un hermoso parque lleno de árboles, hierba, flores y estanques, y que por una vez el aroma que llegara hasta mi casa no fuera el de la cebada como cuando hacían cerveza sino el de la Naturaleza, y que el sonido que se pudiera escuchar no fuera el tintineo de las botellas en la cadena de producción día y noche sino el trinar de los pajaritos. Es mucho pedir.

martes, 8 de marzo de 2011

Natascha Kampusch


Es siempre muy impactante cuando tenemos noticia de alguien que ha sufrido cautiverio durante largo tiempo o algún tipo de tortura, y ha conseguido salir con vida de tan terrible circunstancia. Cuántas personas han sido secuestradas en las últimas décadas en todo el mundo, es como si fuera un método que se hubiera puesto de moda a la hora de conseguir dinero, muchas veces camuflado con reivindicaciones políticas.

Pero cada vez más se hace desaparecer a las personas, mujeres normalmente, por otros motivos. El caso de Natascha Kampusch es el último de una larga lista. Ahora que sale a la luz todo lo que le ocurrió, no deja de ser una novedad el hecho de que esta mujer hable tan abiertamente de su traumática experiencia, dando entrevistas, haciendo reportajes para televisión y escribiendo un libro sobre el tema.

Por lo general, la mayoría de la gente que pasa por un trance semejante prefiere guardar el anonimato y sobrellevar en privado lo sucedido. Sólo vemos unas fotos de la interesada o unas secuencias en televisión de su rescate, unas pocas palabras dando sus impresiones y varias entradas y salidas de juzgados rodeada de mucha gente curiosa (morbosa) y con mucha protección policial.

Realmente, la víctima de un proceso como éste se convierte en un muñeco de trapo que es zarandeado a placer por todo el mundo, alguien a quien el shock y la cercanía de los hechos impide actuar con iniciativa propia pues, aunque sea temporalmente, ha quedado despojado de su voluntad. Hay muchos buitres siempre dispuestos a alimentarse de carnaza, de los despojos ajenos, en cuanto se presenta la ocasión. Pero Natascha Kampusch parece ejercer un extraño dominio sobre su propia vida a pesar de las secuelas que lógicamente le han quedado, y que no le impiden sin embargo tomar sus propias decisiones y, por decirlo de alguna manera, “sacar tajada” de su propia desgracia, pues es la única verdadera interesada en toda esta trágica historia.

Yo vi un reportaje que le hizo un periodista de su país natal, en el que no entraba en muchas profundidades, pero dijo lo suficiente para podernos hacer una idea de su calvario, con unas pocas palabras y el gesto de su cara lo dijo todo. “Me ha robado mi infancia”, “Lo peor era la soledad y el hambre”, “No le guardo rencor, pero no puedo olvidar”… Casi no habla de los abusos sexuales, es como si pasaran a un segundo plano en comparación con todo lo demás.

Natascha es una joven mujer muy valiente e inteligente. Ha enfrentado sus fantasmas casi desde el primer momento, con una frialdad que parece casi también de psicópata. Es como si se hubiera contagiado del espíritu que animó a su secuestrador, y se hubiera trazado como él un plan mental que está dispuesta a llevar hasta el final. Y aunque hable de todo lo sucedido con naturalidad e incluso acceda a vivir en la misma casa en la que sufrió su tormento, me da la impresión de que sigue atenazada por el sufrimiento, como si su torturador siguiera con ella. La veo incapaz de comunicarse verdaderamente, de establecer relaciones estrechas con los que la rodean, más allá de una conversación.

Sus padres se desentendieron de ella bien pronto cuando fue secuestrada, no se molestaron gran cosa en buscarla ni saber qué había sido de ella. Ahora parece que quieren sacar provecho del asunto, pero tiene que ser muy difícil sobreponerse a todo lo sucedido cuando hasta tu propia familia es una extraña para ti.

Pero lo que más admiro de Natascha Kampusch es su valor y su determinación. Durante el cautiverio, y pese a los muchos momentos de desesperación, una idea se forjó en su mente: aquel hombre no iba a poder con ella. Su resistencia moral, que a su propio torturador se le escapaba, y su capacidad de extraer dulzura y esperanza de los más pequeños detalles, junto con su rabia, la condujeron a un final inesperadamente feliz. Ella, que aún era una niña cuando le sucedió, ya demostró tener una gran personalidad.

Hablar o escribir sobre un trauma es una buena terapia, pero no sé hasta qué punto la atención mediática que este caso ha levantado y que la propia interesada ha alentado la va a ayudar en el futuro a superar el problema. Siempre habrá alguien que se lo recuerde, si es que alguna vez consigue olvidar. Además, las penas, por mucho que se quieran compartir, son sólo tuyas.

Natascha, bajo su apariencia serena, esconde un alma frágil, herida, como de una niña indefensa. La veo muy expuesta, siempre en el objetivo de la opinión pública y de las cámaras. Parece que quisiera buscar ayuda y solidaridad en los demás a costa de poner al descubierto sus más íntimos pensamientos y sentimientos. Se muestra tal cual es, con sus terribles circunstancias, que son la carga que tiene que acarrear, con una enorme sencillez, pero corre el peligro de convertirse en una atracción de feria.

Yo no voy a leer su libro, porque no me siento capaz de conocer todos los detalles de su calvario, lo encuentro incluso morboso hacerlo, pero sírvanos su ejemplo para cualquier momento difícil de nuestra vida, cuando falla la entereza y la vida parece un largo y oscuro túnel del que no sabemos cómo vamos a salir. Todas mis simpatías y mi solidaridad para Natascha.
 
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