jueves, 17 de marzo de 2011

Javier Bardem

Cuando alguien se pone de moda nos lo sirven hasta en la sopa a diario, y este es el caso de Javier Bardem, que nunca ha sido un desconocido, pero desde luego ahora menos aún.

A mí nunca me gustó nada de él: ni su físico, ni su voz, ni su forma de actuar. Durante mucho tiempo sólo le daban papeles de chulo, de macarra, de perdido, que eran lo que más cuadraba con su aspecto y sus maneras. Pero como le ocurre a los buenos vinos, Javier Bardem ha ganado con los años, se ha pulido, ha acumulado experiencia y ahora es mejor, no tanto por las buenas críticas y galardones de los últimos tiempos, como por haber sabido escoger los papeles, atreviendose con todo. Su voz sigue sonando poco agradable, pero la pasión que pone en los personajes a los que da vida, el corazón y las ganas que le echa a todo lo que hace, la sensibilidad que ha sacado a la luz para entender a los seres que ha encarnado y conseguir que todos los entendiéramos igualmente, han allanado un camino que parecía escarpado y ha tocado la fibra sensible del espectador.

Hay como una ingenuidad casi infantil en Javier Bardem, como un espacio blanco e inocente en su alma que ha alimentado con los años y que transmite a su alrededor. Sigue teniendo ese aspecto de trozo de carne con ojos, el eterno conquistador al que de repente le da por ponerse serio de vez en cuando para no ser confundido con un hombre objeto. En América dicen que sigue sin gustarles ni su voz ni su nariz aplastada, pero que tiene una gran fuerza interior que es lo que cautiva al público. Y que posee el aspecto salvaje típico de los españoles. La verdad es que los estereotipos que se gastan los yankies son de juzgado de guardia.

Y es que un actor, si es realmente versátil, no tiene por qué verse condicionado por su físico. Cuántos grandes intérpretes ha habido, de todos los tamaños y colores. No hay un modelo standarizado a seguir. En el caso de Bardem nos hemos tenido que acostumbrar a su estilo un poco a fuerza de verlo en pantalla durante años, aunque sí es cierto que los personajes que ha interpretado desde hace un cierto tiempo nos han dado una visión de él polifacética que nunca hubiéramos pensado. Igual encarna a un ser humano tierno, atormentado y sensible como en Mar adentro, que se pone en la piel de un psicópata asesino espeluznante como en No es país para viejos.

No le importa no aparecer siempre atractivo, conquistador, galán de pacotilla como ha sido. Si hay que interpretar a un tetrapléjico suicida o a un chalado homicida (qué feo puede llegar a ponerse), allá que va él. Cuanto más complicados sean los personajes, cuanto más controvertidos y terminales resulten mejor. Javier Bardem busca denonadamente lo que todos los artistas: el aplauso del público, el reconocimiento a su trabajo, interpretando papeles lo más complicados y retorcidos posible con tal de demostrar su valía.

Ahora es un hombre enamorado y desde que ha sido padre su vida ha cambiado por completo. Ya no se le ha vuelto a ver esa cara de estar ausente y hasta malhumorado con la que aparecía frecuentemente en los actos públicos. Los premios, el amor y, sobre todo, su hijo, han dado definitivamente sentido a su existencia.

Se les ha criticado mucho que hayan ido a Los Ángeles a tener a su hijo. Cada uno puede escoger como quiera el lugar donde quiere que nazca su progenie, pero sí es verdad que como se les considera producto nacional (bruto), muy comercial y exportable eso sí, ha decepcionado un poco el que hayan puesto tierra de por medio en un acontecimiento tan importante.

Por mí que Bardem vaya a donde quiera, siempre que no salga mucho en pantalla con su madre. Sólo recordarla en la gala de los Oscar, cuando premiaron a su hijo y aparecía en el patio de butacas llena de collares y de anillos y un atuendo hortera y estralafario como es habitual en ella, me pone enferma. No se puede ser más chabacana. O como cuando gusta de encabezar manifestaciones dando gritos con esa voz cazallera que tiene, siempre amadrinando causas ajenas cuando aquí tenemos unas cuantas con las que nadie se atreve a protestar lo suficiente, como el terrorismo. Ella y toda su familia han exhibido su ideología política sin respeto por las demás ideologías, como si estuvieran por encima del bien y del mal, en posesión de la verdad absoluta. Qué señora más desagradable, y qué actriz más horrorosa. Parece que en esta vida lo que vale es echarle mucha cara a todo y estar de moda.

Que siga Javier Bardem sorprendiéndonos. Yo posiblemente no voy a ir al cine a verlo, pero me gusta ver cómo triunfa por ahí, porque en el fondo le tengo apego, me conmueve, y es seguro que todo le va a ir muy bien.

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