miércoles, 16 de noviembre de 2011

En las redes de la red


Al final me he rendido a las tentaciones de Facebook, yo que despotricaba tanto cuando mi padre me convenció para que me uniera a esta red social, en la que estamos ya el común de los mortales. Hice lo que todo el mundo, busqué a amigos del pasado y a miembros de la familia, a los que hace mucho que no veo, y el resultado no dejó de sorprenderme.

Comprobé que aquellos a los que conocí hace tantos años siguen ahí, dispuestos de nuevo a responder a mi llamada como si el tiempo se hubiera detenido para nosotros. Pero el tiempo no se ha detenido para nadie: matrimonios, hijos, trabajos, para todos la vida ha cambiado, y todas las veces que me preguntaba qué había sido de fulanito o menganita, tuvieron por fin respuesta. Es muy grato saber que aquellos a los que querías y que formaron parte de tu mundo en un cierto momento siguen dando guerra y están bien. He contactado con una amiga del instituto y otra del colegio y el instituto. De las amigas recientes sólo dos tienen Facebook.

Luego están los desconocidos. Parece que es corriente en las redes sociales. Se me agregó la amiga de una amiga, a la que no conozco y a la que debí caer bien, y el hermano de un amigo del colegio y el instituto (mi amor de juventud), del que nada sabía porque es unos años menor que yo y no debimos coincidir. Conocía a otro hermano de los muchos que tiene, pero a este no. Son curiosas sorpresas.

Mi hija dice que en su Tuenti tiene agregadas a 700 personas, de las que no conoce a 100. En Facebook veo también a mucha gente con ciento y pico amigos o más. Al final, con quien te relacionas en realidad es con tu grupo de allegados, porque salir de marcha con todos los que se te adosan en las redes sociales sería como montar una manifestación o formar parte de un improvisado ejército, es imposible.

Para una persona muy extrovertida con muchas relaciones, estar en Facebook debe ser como vivir en una fiesta permanente. Pero para los que no hemos tenido nunca demasiados amigos es experimentar una realidad que no es real, pues a los pocos habituales que forman parte de tu círculo se unen otros que siguen estando en la distancia. Aunque hay una frase que me ha encantado siempre, y que aparecía en una postal que tenía pegada en una pared de mi habitación cuando era niña, en la que se decía que la amistad no depende de cosas como el espacio y el tiempo.

Con la familia también ha sido muy reconfortante, porque a parte de mi padre y mi tía Carmen (mis incondicionales, por supuesto), dos primas que se llaman Pilar Rubio como yo y un primo contactaron conmigo, y yo contacté con otra prima y otro primo más. Sólo nos veíamos en las bodas, y como ya se han casado todos hemos dejado de vernos hace mucho. La verdad es que somos tan diferentes que me cuesta creer que por nuestras venas corra la misma sangre, pero ahí están. Son un encanto.

También he lanzado peticiones de amistad a un par de personas que no me han respondido. No me extraña mucho, porque conociéndolas de antemano lo suponía, pero nunca está de más intentarlo. No nos va a querer todo el mundo, por mucho que queramos nosotros.

Mi padre se relaciona en Facebook con sus sobrinos más de lo que lo ha hecho en la práctica jamás, y ha contactado con un amigo de la infancia, muy simpático y cariñoso por cierto, que le manda unos correos electrónicos maravillosos.

En fin, que estoy en las redes de la red. Ojalá me siga deparando gratas sorpresas.

martes, 15 de noviembre de 2011

Elecciones


Hace poco hablaba con una amiga sobre las próximas elecciones generales y la situación general del país, temas que son vox populi desde hace tiempo. Me parece alucinante que un partido como el socialista pueda hacer una campaña electoral mínimamente creíble teniendo en cuenta el estado tan lamentable en que han dejado la nación y el hecho sin precedentes de que se haya tenido que adelantar la convocatoria electoral, a la vista del desastre y el disparate nacional al que hemos llegado.

Pero una característica del socialismo español es precisamente la desfachatez, porque en todos los partidos políticos se cuecen habas, pero en el PSOE lo hacen ya sin tapujo alguno. Su discurso es tan endeble y sus tácticas para captar el voto tan simplonas y marrulleras como lo han sido siempre. Nunca han dejado de echar balones fuera, de hacerse los desentendidos de los males que han hecho caer sobre nosotros, como los niños que son tontos y malos y no se quieren hacer responsables de sus acciones.

Para tapar sus muchas carencias y faltas se dedican puerilmente a resaltar las que ellos suponen en el partido de la oposición, y para asustar a las masas siguen haciendo retrógrada alusión al pasado franquista y los años de la guerra civil, épocas que están más que superadas y de las que pretenden dar una versión torticera, muy sui generis, al estilo de lo que nos tienen acostumbrados. Son campañas basadas en fomentar el miedo, sobre todo en personas que no han vivido esa etapa de la Historia de nuestro país, que son la mayoría, amparándose en la ignorancia de los hechos reales y aumentando el desconocimiento general. Desde cuándo en un ámbito democrático es lícito recurrir a la amenaza, eso sí que es propio de los totalitarismos, de tantas dictaduras violentas como ha habido y hay todavía.

Pienso que si yo tuviera una ideología de izquierda y viera el panorama que el gobierno socialista ha dibujado en mi país, me sentiría profundamente descorazonada a la hora de volver a otorgarles mi confianza en unas elecciones. Si estuviera en paro y por ello esta crisis general (económica, social, moral) me afectara profunda y directamente, a mí y a mi familia, sería absurdo que cambiara mi ideología y votara a la oposición, porque para eso están las convicciones políticas, que no serían tales si cambiara de chaqueta a la primera de cambio. Entonces, ¿qué podría hacer?. El futuro se alzaría ante mí como un enorme desierto en el que nada encontraría de provecho. La decepción por el fracaso de los que representan mi pensamiento político me obligaría a votar en blanco probablemente. Y eso y la abstención es lo mismo que un espacio vacío, un punto de no retorno.

El socialismo que se practica en otros países no tiene nada que ver con el que tenemos aquí. Esa sí que es una ideología de izquierda auténtica. El verdadero socialismo, el que preconizaba Karl Marx, aquel que Engels dio en llamar socialismo científico, es un pensamiento que contiene grandes verdades, amén de bastantes deficiencias, y siempre ha despertado en mí un enorme interés. Porque aunque yo sea conservadora, no tengo un pensamiento cerrado que no admita otras opciones. Hay aspectos de otras tendencias que me atraen, y no me es difícil ponerme en el lugar de los que están a la izquierda para comprender que su perspectiva vital es actualmente muy desazonadora. Lo es para todos en realidad.

Votar a partidos minoritarios, cuyos líderes suelen ser renegados que han desertado de los partidos mayoritarios por algún encontronazo personal, y que no tienen la infraestructura necesaria, no parece ser la mejor alternativa para romper la costumbre del bipartidismo que tenemos tan arraigada en nuestro sistema político, y contra la que protestaban los indignados, no sin razón.

Votar en blanco se suele considerar un voto de castigo, pero es una actitud que no sirve de mucho, es poco práctica. Y lo de abstenerse lo considero casi un pecado mortal, porque es negarse a participar en la vida pública de un país, no hacer frente a nuestro futuro común, es un acto de irresponsabilidad, de cobardía y de indiferencia que no tiene justificación posible. Si todos hiciéramos lo mismo no habría democracia, existiría una nueva dictadura en la que la posibilidad de elegir a los que rijan nuestros destinos nos sería negada, teniendo que acatar lo que nos fuera impuesto. O habría una anarquía, un no gobierno, una ausencia de poder que degeneraría en el caos. Votar es un acto cívico que nos conforma como ciudadanos, partícipes de las decisiones que a todos nos afectan. Y para los que no se identifiquen con lo que hay ahora mismo, no está de más votar a lo menos malo, a lo que creamos más parecido a esa idea de gobierno que todos tenemos en nuestra cabeza.

Hace poco leía a un economista extranjero, de cuyo nombre no quiero acordarme, un señor ya mayor con muchos premios en su haber y, se supone, con una amplia experiencia, que afirmaba que la mejor solución para la crisis es eliminar el subsidio de desempleo puesto que, según él, no tiene sentido pagar al que no produce. No es difícil imaginar lo que eso supondría, aumento de la delincuencia (los presos que terminan su condena cobran el paro durante unos meses, y el ciudadano de a pie que no encuentra trabajo terminaría saltándose la ley en un acto de desesperación), y la mendicidad (muchas familias no tendrían un plato de comida que poner en su mesa, ni un techo bajo el que vivir).

Lo único que temo de que gane el PP es la vuelta de los atentados terroristas, porque es un partido que no admite negociaciones de ningún tipo, que es lo moralmente correcto (negociar con asesinos, sometidos al imperio del miedo), pero luego habrá que atenerse a las consecuencias.

En fin, habrá que irse a vivir a sitios como Noruega o Alemania, o en todo caso encomendarse a todos los santos.

lunes, 14 de noviembre de 2011

En la encrucijada


Leía un artículo de Carmen Posadas que habla sobre esas situaciones por las que a veces pasamos en la vida que nos ponen en el disparadero, y la verdad es que me ha dado mucho qué pensar.

En él se decía que, cuando hay que tomar decisiones importantes, de esas que pueden cambiar el rumbo que tome tu futuro, la mayoría de la gente se decantaba por hacerle caso a la cabeza o al corazón, y unos pocos, los más capaces quizá, a ambos a la vez. Pero a ella le dijo una vez un novio que tuvo hace mucho tiempo algo que se le quedó grabado en la memoria: tienes que saber, cuando elijas el camino que sea, si va a ser posible que vivas con ello el resto de tu existencia.

La escritora afirmaba que esto es sólo posible, no usando el cerebro o el corazón, sino el estómago, esa víscera que no es tan fashion como las otras dos pero que es determinante en determinadas circunstancias. Por eso se dan situaciones aparentemente contradictorias, como estar muy enamorado de alguien y sin embargo decidir no seguir adelante con ese amor porque es imposible, o todo lo contrario, haber dejado de querer a tu cónyuge y de todas formas continuar con tu matrimonio aunque parezca que ya no tiene sentido.

Hay razones poderosas que ni nuestro intelecto ni nuestras emociones son capaces de procesar, y que tiran de nosotros de una forma aparentemente inexplicable, contra toda lógica. Es como una voz interior o un instinto que nos avisa sin que apenas lo percibamos, y que se termina imponiendo a nuestra circunstancia del momento.

Es en el terreno del amor donde se dan las mayores encrucijadas. A mí me resulta imposible emprender una relación en la que no haya un sentimiento compartido a partes iguales y una mutua confianza. Cuando uno u otro vacila y nunca se termina de decidir si tirarnos o no a la piscina, se produce una situación intolerable en la que ambos sufrimos sin llegar a ninguna parte. El conflicto entre la cabeza y el corazón genera una tensión emocional insostenible, pues la mayoría de las veces no se ponen de acuerdo. Y es entonces, como decía Carmen Posadas, cuando entre en juego el estómago, pues las cosas no sólo hay que pensarlas o sentirlas, sino sobre todo digerirlas.

Si hay algo que no puedo soportar es ver sufrir a alguien por algo que no termina de definirse, porque seguramente no tiene que ser. Ese sufrimiento del otro es capaz de acabar conmigo y, como el instinto de supervivencia sigue estando ahí a pesar de todo, siempre opto por la finalización del conflicto y por batirme en retirada. No quiero ser motivo de sufrimiento para nadie, antes al contrario, sólo de felicidad. Y por supuesto, tampoco quiero sufrir yo. Hay batallas que están perdidas incluso antes de que tengan lugar. Y después de todo hay que vivir. Al final, si no pensamos en nosotros mismos quién lo va a hacer. Como me dijo un tío hace años, a este mundo, aunque a veces pueda parecer lo contrario, hemos venido a pasarlo bien.

Dolor al tomar ciertas decisiones, y pesar ante las posibilidades que ya nunca van a verse realizadas. Porque tener estómago no significa no tener escrúpulos. Sigues sintiendo y pensando lo mismo que sentías y pensabas, pero la decisión está tomada. La vida está hecha así, de momentos que nos parecen maravillosos y otros que nos resultan miserables. La realidad es una, pero la percepción que de ella tengamos admite infinitas posibilidades, y así la forma como nos tomemos las cosas depende de nuestra forma de ser y del estado de ánimo que tengamos en cada ocasión.

Y aquí llegamos a la serenidad que, como decía Carmen Posadas en su artículo, no es tan llamativa como la felicidad pero es mucho menos efímera y mucho más consistente.

Quizá no deberíamos demorarnos tanto en tomar ciertas decisiones. Lo hacemos cuando las situaciones nos sobrepasan, cuando ya no podemos más, y a veces es como una olla a presión que estalla estrepitosamente. No hace falta llegar a esos extremos, habría que ser capaz de dirigirnos en una u otra dirección cuando aún la cabeza está fría y el corazón no demasiado palpitante. Pero no, cuando ya sentimos que nos vamos hundiendo cada vez más en el frío, oscuro y profundo océano, que nos estamos ahogando, de repente empezamos a dar brazadas desesperadas para llegar lo antes posible a la superficie y poder respirar.
Y sí, volvemos a respirar, una vez más.

viernes, 11 de noviembre de 2011

La Casa Tassel


El primer edificio que refleja el estilo del Art Nouveau fue esta casa unifamiliar construida en Bruselas por Víctor Horta entre los años 1892-93. Se inserta en un solar estrecho y profundo, entre medianeras ciegas, de manera que recibe luces sólo por los lados. La estructura es metálica, totalmente visible en el interior, y en la fachada en la parte central acristalada.

El alzado principal tiene, como elemento dominante, el bow-window (combinación de cuatro o más marcos de ventanas, que se unen para formar un arco; son como miradores con forma curvilínea). En el primer piso hay una serie de ventanas separadas por pequeñas columnas de piedra y, en el segundo, balcones altos de forjado a forjado, ligeramente retranqueados y protegidos con una barandilla de hierro. En el tercer piso el bow-window se convierte en una terraza. Están presentes en la fachada muchos elementos poco corrientes, como las superficies onduladas, las platabandas metálicas vistas, el curioso diseño de la balaustrada, etc. 

Con la Casa Tassel, Horta introdujo el hierro en la vivienda, empleándolo como material de construcción y simultáneamente, para los ornamentos lineales y flexibles; el gran jardín de invierno del piso bajo es sostenido por un esqueleto metálico visto, montantes elegantes soportan la escalera y son típicamente decorativas las barandillas de escalera y balcón.

Suelos, paredes y techos se cubren de “líneas látigo”, también llamadas “líneas Horta”, serpentean, se entrelazan, ondean y ascienden por los montantes del acristalamiento, rodean las patas de los muebles y retornan sobre si. Son en su mayoría motivos vegetales.







La casa se adapta perfectamente al propietario, el señor Tassel, profesor de geometría descriptiva en la Universidad de Bruselas y colaborador del estudio de la firma Solvay.

Víctor Horta era hijo de un zapatero. Durante un breve periodo estudió violín. Expulsado del Conservatorio por indisciplina, se matriculó en la Academia de Bellas Artes, en la especialidad de Dibujo Arquitectónico.

Diseñó otros edificios de gran fama, pero esta obra es quizá mi preferida. La Casa Tassel tiene una rara belleza, no parece real, es como si estuviera hecha de pastel.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Álbum familiar (XII)

Aquí hay algunas fotos del Escorial, en diferentes épocas.

Yo, con 6 años, con mi hermana tomando el sol en la tapia que había en la zona donde nos solíamos poner.

Algún balón colé por encima cuando jugábamos.

Tenía poyetes de piedra adosados al muro y daba mucho gusto sentarse ahí en invierno porque tomabas el sol refugiada de los vientos, que a veces soplaban con fuerza.

Pensaba que había adoptado las mismas costumbres que las lagartijas, de las que había unas cuantas entre las rendijas.

Es una pena que esta foto no sea en color, porque lucíamos muy guapas con aquel peto azul marino, la camiseta y las zapatillas rojas.

Con ese corte de pelo teníamos un poco pinta de golfillos.



Papá haciendo el ganso con Miguel Ángel, que debía tener aquí 8 ó 9 años. Nos gusta cuando vamos allí dar unos cuantos golpes de raqueta.

En plena primavera, el campo está de un verde precioso.






Haciendo el ganso aquí también con mi padre mientras jugábamos al tenis. Yo tendría 13 años en esa época.

Termino con una que no es del Escorial sino de Benidorm. Ana con un gesto muy gracioso sentada en la terraza del apartamento. Tendría 4 añitos quizá.

martes, 8 de noviembre de 2011

París


Por estas fechas viajé a París con mis hijos hace dos años, y en su momento puse fotos que encontré en Internet para adornar el post que escribí contando mi visita. Ahora pondré algunas de las que yo hice y que he encontrado en el portátil de mi hija, donde las ha descargado.

 La Torre Eiffel, cómo no, a la que hice fotos hasta aburrir, desde todos los ángulos y distancias. Estoy fascinada por su diseño. No comprendo cómo los parisinos quisieron deshacerse de ella en su momento.

El tiempo no acompañaba mucho. Salvo el primer día, que fue soleado, estuvo nublado, lloviznaba y corría un viento desapacible. Hay que ir en otra época. El mes anterior habría estado muy bien. Además allí se deja notar el frío antes que aquí, aunque los parisinos se sientan en sus famosas terrazas hasta casi diciembre, como si las inclemencias meteorológicas no les afectaran.
 Aquí estoy con Miguel Ángel. Cómo ha cambiado desde entonces. Las vistas del Sena y de la Torre Eiffel desde aquel puente donde nos hicimos esta foto son increíbles.

Tengo otra foto con Ana en la Torre Eiffel pero no debió gustarle cómo salía porque no la ha descargado.

El edificio de El Louvre es tan maravilloso como las obras de arte que encierra en su interior. No podía dejar de mirar su belleza, la forma de sus tejados, los relieves de su fachada. De noche la iluminación que tenía era espectacular. Me tenía hipnotizada.



Esta es una imagen de Las Tullerías tomada desde la Torre Eiffel. Elegancia, magnificencia. Todo en París es señorial.


La Ópera de noche. Este edificio tenía diferentes tonos según cómo le diera la luz y según la hora del día. Grandes y preciosas arañas de cristal adornan sus estancias.

Notre Dame. Llegamos tarde y ya no pudimos subirnos al campanario, pero la visita que hicimos por dentro mereció la pena, porque es maravillosa. Las cristaleras tienen un color azul cobalto que cuando pasa la luz a través de ellas produce unos efectos increíbles.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Un poco de todo (XXVIII)


- Querría dar la bienvenida a una joven universitaria, Cala, que se agrega al pequeño grupo de seguidores que me congratulo de llevar conmigo a cuestas en este blog.
- Me sorpendió mucho la muerte de Steve Jobs, el fundador de Apple. No sabía que estaba enfermo. Ver desaparecer a alguien así, en la plenitud de su madurez, es muy triste.

Ahora circula sin cesar el discurso tan significativo que pronunció en la Universidad de Stanford para inaugurar el año académico. En él habla de su desaparición, tan cercana, pero no parecía que ello le arredrase.

Cuán distintamente trata la diosa Fortuna a las personas, como reparte hiel y miel a partes iguales. Este hombre que lo tenía todo, dinero, éxito profesional, una familia que lo quería, una mente privilegiada, ve acabar sus días prematuramente cuando aún tenía mucho que decir y hacer.

Todo lo que tomaba bajo su cargo se transformaba en algo rentable y maravilloso. Así ocurrió cuando cogió Pixar, que se convirtió en una empresa creadora de animaciones únicas. Jobs parecía tener una varita con la que repartía magia a su alrededor.

Dicen que era muy trabajador e imaginativo, pero también egocéntrico y gritón. Son las características propias de casi todos los genios, y él era uno de sus miembros más destacados.

- A raíz de escribir sobre el periodista Gay Talese, quise saber cómo escribía y me leí uno de sus libros, Retratos y encuentros, pues se decía que en él estaban algunos de sus mejores reportajes. Curiosamente, los que trataban de personajes muy conocidos, como Frank Sinatra, que son los que le han dado fama, no han sido los que más me han gustado.

Es cierto que Talese es un gran observador, que cuando retrata a alguien exhibe una gran penetración psicológica, lo describe minuciosamente con unos cuantos detalles, y usando frases que haya pronunciado o conversaciones que haya tenido. A todos les da una de cal y otra de arena, expone lo bueno y lo malo que tienen, sin tapujos, pero para mi gusto se alarga en exceso, se recrea en detalles nimios y salta de un acontecimiento a otro un poco caóticamente.

Además me choca bastante, no tanto el lenguaje tan directo que emplea, que es propio del mundo de la prensa, como la impersonalidad de su discurso narrativo. Me recuerda un poco al estilo de los gángsters de las películas negras americanas de los años 50, que cuando hablaban parecía que disparaban ráfagas de metralleta por la boca, usaban una dialéctica seca, dura, con frases breves y cortantes. Quizá Talese estaba influído por ese estilo, pues fueron aquellos los años en que empezó a trabajar.

Los artículos en los que habla de sí mismo, de sus padres en su taller de costura, las anécdotas que recuerda, detalles curiosos de la época, o cuando estudió en la universidad y el día que le publicaron su primera noticia, son infinitamente mucho más interesantes y están mejor escritos. Para referirse a su propia vida utiliza un tono amable, agridulce, lleno de humor, que me encanta.

Muy recomendable para el que quiera conocer a personajes famosos que hace tiempo que no están entre nosotros, y para sumergirse en una época llena de luces y de sombras que ya forma parte del pasado.  

Talese ha dicho que él hace literatura de la realidad, que es un escritor de no ficción. Algo con lo que me identifico plenamente.

viernes, 4 de noviembre de 2011

La Constitución de 1812


Cuando estudiaba Historia de España no me daba cuenta de lo importante y lo interesante que es la Constitución de Cádiz de 1812, de lo mucho que supuso para los ciudadanos y las bases que sentó en cuanto a avances sociales y sistema político hasta nuestros días.

Ver el edificio en el que se refugiaron los miembros del gobierno, replegados ante el avance de las tropas francesas, me causa una gran impresión. El Real Teatro de las Cortes, en S. Fernando, es un lugar lleno de trascendencia histórica, donde se decidieron cosas importantísimas para el futuro de nuestra nación. Nadie lo diría viéndolo desde fuera, pues su aspecto es más bien modesto.

En medio de acaloradas discusiones se debatieron temas impensables no mucho tiempo atrás: la triple división de poderes, la libertad de imprenta, el recorte de poderes a la Iglesia y la supresión de la Inquisición, la abolición de los derechos señoriales, etc.

Cuando volvió el rey Fernando VII al cabo de seis años de su exilio, y abolió esta Constitución, se cernió de nuevo el oscurantismo sobre la sociedad española. Los participantes fueron perseguidos, y las tumbas de los que fallecieron fueron destruidas. Hubo una animadversión terrible contra ellos, como sucede siempre que se quieren implantar reformas en una sociedad anquilosada por siglos de rígidas costumbres, acomodada a un estado de cosas al que no deseaba renunciar. Pero ya se habían sentado los principios de lo que sería la actual democracia.

En televisión vi al encargado de la biblioteca de las Cortes que iba enseñando las diferentes constituciones que han existido desde aquella de 1812, todas encuadernadas en piel o terciopelo y muchas con hojas de filo dorado. Mientras hacía comentarios sobre la historia de unas y otras, afirmó que la documentación anterior a nuestra actual Constitución abarca un kilómetro, pero desde nuestra Constitución vigente hasta ahora hay diez kilómetros de papeleo archivado. Se reía socarrón mientras lo decía. Una aberración, pensaba yo, puesto que estamos en plena era informática y ya no debería existir tanto soporte escrito.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Temblor

Hoy no voy a escribir nada mío. Hoy quiero reproducir aquí un artículo de Juan Manuel de Prada que ha publicado en el XL Semanal en estos días y que, como muchos otros que él ha escrito, me han conmovido profundamente. En él habla del amor, de su amor. Espero que lo disfruteis como lo he hecho yo.

¿Qué habrá visto en un tipo tan atrabiliario, gruñón y desportillado como yo? Es lo que cada mañana me pregunto ante el espejo; y, a medida que pasan los días, mi asombro no hace sino crecer. La conocí hace algo más de tres años, cuando mi vida merodeaba los vertederos del hastío y el agostamiento espiritual: yo era un hombre íntimamente aplastado por el estigma de la derrota, tentado por el cinismo, la misantropía y la abulia. Solo el amor consolador de mi familia y la fe en un Dios que guardaba silencio me mantenían en pie: pero mantenerse en pie y echar a andar, aunque sea con muletas y renqueando, son cosas muy distintas; y yo había renunciado a andar, paralizado por la desconfianza, temeroso de despeñarme por un barranco.

Entonces ella me llamó un día, en pleno agostorro madrileño: trabajaba en un canal televisivo del que apenas había oído hablar; y pretendía que participase por la jeta en un programa de tertulia política. A mí el programa me importaba un ardite; pero ella me pareció divertida, chispeante, llena de ese ímpetu juvenil que no es arrogante ni estragador, sino cálido y vivificante; y escondía, entre su locuacidad tumultuosa y atolondrada, remansos de una sensibilidad en carne viva, magullada y a la vez risueña, en los que de buen grado me hubiese acurrucado.

Cuando miré el reloj, descubrí perplejo que llevaba casi una hora hablando con una completa desconocida; pero, extrañamente, aquella desconocida había sabido pulsar la nota secreta de un violín desvencijado (yo mismo) que ni siquiera quienes mejor me conocían habían sabido pulsar nunca. Noté, mientras la escuchaba, que mi sangre exhausta se levantaba de su sepultura; y que su locuacidad tumultuosa y atolondrada iba resquebrajando mi laconismo, que yo creía blindado contra sorpresas y sobresaltos. Inevitablemente, accedí a su petición; y me planté en aquella tertulia política que me importaba un ardite, por la curiosidad de conocerla.

La cortejé abruptamente, insensatamente, chapuceramente, como solo puede hacerlo un tímido que desconoce las maniobras del cortejo. Ella huyó al principio despavorida, como no podía ser de otro modo; pero algo debió de gratificarla en aquel osado patán que buscaba su compañía del modo más catastrófico concebible. Y un día inopinado accedió a tomar un café conmigo, a pasear conmigo, a tomarme de la mano: su locuacidad tumultuosa y atolondrada venció al hombre reducido a escombros que yo era por entonces; y de pronto me vi renacido por dentro, como lavado por un agua bautismal que arrastraba los detritos del cinismo, la misantropía y la abulia.

Y le enseñé mis heridas, que creía incurables; y, mientras se las enseñaba, noté -con incredulidad, con desconcierto, con alborozo- que habían empezado a cicatrizar; y también que el bálsamo que las curaba era la sangre de sus propias heridas, que también empezaban a cicatrizar al hermanarse con las mías. Cuando por fin me atreví a besarla, antes de que tomara un taxi en la Gran Vía, me sentí como debió de sentirse Lázaro después de abandonar la tumba: invulnerable, inmune a los estragos de la edad, habitado de una vida nueva que no se marchita.

Corrí a una iglesia, para dar gracias al Dios providente que había dejado de guardar silencio: porque, al besarla, había sentido que el ser divino temblaba dentro del ser querido, como escribió en cierta ocasión Victor Hugo; y aquel temblor me inundaba de una exultación inédita, como si ante mis ojos se hubiese descorrido el velo de un mundo desconocido. Y ese mundo me pertenecía por completo, y tenía toda la vida -toda la eternidad- para explorarlo.

Han pasado tres años desde entonces; y aquel temblor primero sigue dentro de mí, y dentro de ella, como un pájaro que aletea en su nido, ansioso de brindarse. Hemos pasado juntos algunas tribulaciones y muchas zozobras; hemos aprendido a amarnos también en nuestras miserias e imperfecciones, o sobre todo en nuestras miserias e imperfecciones; hemos vencido escollos y navegado juntos aguas turbulentas; y, como el amor nos llena de una intrepidez un tanto suicida, hasta hemos montado un programa de televisión juntos que hace nuestro amor más indestructible, porque las satisfacciones mayores del amor también se alimentan de penalidades. Y ahora un tipo tan atrabiliario, gruñón y desportillado como yo se une con ella para siempre; y su ímpetu juvenil, su sensibilidad en carne viva, su locuacidad tumultuosa y atolondrada, es la casa que habito, la casa en la que deseo morir y resucitar, la casa inundada de temblor, con las luces encendidas y vibrantes, que exorciza la noche.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Va, pensiero


A Berlusconi le dicen lo mal que lo hace hasta en la ópera. Hay un video, que ya es famoso, en el que se relata cómo, durante la representación de Nabucco el pasado 12 de marzo, el maestro Riccardo Muti, que dirigía la orquesta, interrumpió en un momento dado la velada para dirigirse al público. Y así es como él mismo lo cuenta.

"Al principio hubo una gran ovación en el público. Luego comenzamos con la ópera. Se desarrolló muy bien hasta que llegamos al famoso canto “Va pensiero”. Inmediatamente sentí que la atmósfera se tensaba entre el público. Hay cosas que no se pueden describir, pero uno las siente. Era el silencio del público que se hacía sentir. Pero en el momento en que la gente se dio cuenta que empezaba el “Va Pensiero”, el silencio se llenó de verdadero fervor. Se podía sentir la reacción visceral del público ante el lamento de los esclavos que cantan: "Oh patria mía, tan bella y perdida."

Cuando el coro llegaba a su fin, ya se oía entre el público pedir varios bises. Y comenzó a gritar: "¡Viva Italia!", "¡Viva Verdi!", "¡Larga vida a Italia!". La gente en el gallinero comenzó a arrojar papeles con mensajes patrióticos. Parecía una lluvia de confeti, como en una fiesta. En una única ocasión Muti había aceptado hacer un bis para el Va Pensiero en la Scala de Milán en 1986, puesto que para él la ópera no debe sufrir interrupciones. "Yo no quería sólo hacer un bis. Tenía que haber una intención especial para hacerlo", relata. Pero en el público ya se había despertado un sentimiento patriótico. En un gesto teatral, Muti se dio la vuelta, miró al público y a Berlusconi a la vez, y dijo:

"Sí, estoy de acuerdo con esto. "Larga vida a Italia". Pero... Ya no tengo 30 años y he vivido mi vida, pero recorrí mucho el mundo, y hoy tengo vergüenza de lo que sucede en mi país. Entonces accedo a vuestro pedido de un bis para el “Va Pensiero”, nuevamente. No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía el Coro que cantó "Ay mi patria, bella y perdida", pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia. En tal caso, nuestra patria estaría en verdad "bella y perdida".

Hubo fuertes aplausos, incluidos los de los artistas que, sobre el escenario, le escuchaban con gesto contrito y emocionado.

Continuó: “Ya que reina acá un clima italiano, yo, Muti, me callé la boca muchos años. Quisiera ahora... tendríamos que darle sentido a este canto; estamos en nuestra casa, el teatro de Roma, y con un coro que cantó magníficamente bien y que la orquesta acompañó espléndidamente. Si quieren, les propongo unirse a nosotros para que cantemos todos juntos”.

Entonces invitó al público a cantar con el coro de esclavos. Se vió grupos de gente levantarse. Toda la ópera de Roma se levantó. Y el coro también. Fue un momento mágico. En esa noche se dio no solamente una representación de Nabucco, sino también una declaración del teatro de la capital para llamar la atención a los políticos.

En Italia se estaba festejando el 150 aniversario de su unificación. Nabucco es una obra tanto musical como política: evoca el episodio de la esclavitud de los judíos en Babilonia, y su famoso coro Va, pensiero es el canto de los esclavos oprimidos. En Italia, este canto es el símbolo de la búsqueda de la libertad del pueblo, que a fines del siglo XIX, época en que se escribió la ópera, estaba oprimido por el imperio Habsburgo, al que combatió hasta la creación de la Italia unificada. Antes de la representación, Gianni Alemanno, alcalde de Roma, subió al escenario para pronunciar un discurso denunciando los recortes al presupuesto de cultura que hizo el gobierno, a pesar de que Alemanno es miembro del partido gobernante y viejo ministro de Berlusconi. Esta intervención política, en un momento cultural de los más simbólicos para Italia, produciría un efecto inesperado, cuando se produjo la intervención de Muti, y aprovechando que Berlusconi en persona asistía a la representación. La cara que se le quedó a Berlusconi es lo que me hubiera gustado ver.

En casa miraba el video con la traducción subtitulada del improvisado discurso de Muti, mientras disfrutaba con su marcado y delicioso acento italiano, que puntualizaba todo tanto y que con tanta intención y sabiduría fue pronunciado. Cuando el teatro entero se puso a cantar, yo también lo hice siguiendo las letras como en un inusitado karaoke operístico.Quién hubiera estado allí. Bravo por Muti.

Va, pensiero. Ve, pensamiento…

lunes, 31 de octubre de 2011

Fotógrafos (VIII): Hagop Garagem



Georgia. 1939

Es muy interesante el trabajo de Hagop Garagem, esas fotos que tomó en los años 20 y hasta los años 40, en las que se ven retratadas todas las clases sociales. Los contrastes se aprecian especialmente cuando aparecen niños, pues a los que son pobres se les ve con ropas modestas y gestos mohínos desempeñando todo tipo de trabajos (repartidores de periódicos, limpiabotas, recaderos), mientras que los de buena posición se ven con ropas elegantes y juguetes caros, y con gesto alegre y satisfecho.

Por el objetivo de Garagem han pasado seres de todo tipo de procedencias, hombres acaudalados descendiendo de coches enormes, mujeres al volante con gesto de guasa (un desafío para la época que se pusieran al volante) o en la playa con los austeros bañadores de entonces, starletts, asalariados con aire indolente en un momento de descanso... También se retratan magníficamente los ambientes, la vida de las calles en EE.UU. en aquellos años, las casas y los establecimientos tanto por dentro como por fuera.

Y cómo no resistirse a la fotografía artística, esos planos simétricos tomados en espacios que se prolongan y repiten, creando una visión casi hipnótica.



Cafetería universitaria en Washington. 1943

Parece mentira que con los rudimentarios medios que existían por aquel entonces y la ausencia de color se pudieran conseguir unos retratos tan sorprendentes de un tiempo y una nación que hace ya tanto que pasaron a la historia. Son fotos impactantes, porque al contemplarlas te llevan directamente al pasado y te introducen en un mundo que nosotros no hemos vivido, pero que así recreado parece como si cobrara vida de nuevo y tuviéramos la oportunidad de desenvolvernos en él, en una especie de realidad virtual.




 






Las imágenes tomadas sin posados, con algunas figuras distorsionadas porque están en movimiento, parecen querer salirse del encuadre en el que han sido capturadas, aprisionadas para la siempre, como si fueran planos de una película que nos estuvieran contando historias.


viernes, 28 de octubre de 2011

Un poco de todo (XXVII)


- Mi gratitud para Antonio Carretero, el último seguidor que se ha adherido a esta nave, maravilloso pintor hiperrealista por lo que he visto, que se suma a otros que con el mismo oficio también se me agregaron en su momento. Me siento muy halagada al despertar interés entre tantos buenos artistas.
- Y siguiendo con noticias estupendas, mi hermana está de nuevo embarazada, de casi dos meses y medio. Ahora puede guardar el reposo que no pudo tener anteriormente porque ya no está trabajando. Sólo las náuseas la molestan de vez en cuando, y desde hace poco, pero son molestias inevitables en estas situaciones. Si todo va como está previsto, tendré un sobrino o sobrina por fin, allá por mayo.

Le he terminado de pasar la ropa que me quedaba en casa de cuando mis hijos eran pequeños (parece mentira para ser mi casa no muy grande la de cosas que me cabían), además de la ropa de premamá que usé, y las revistas sobre embarazo, parto y cuidado de bebés. Había una en cuya portada salía un bebé precioso de unos 6 ó 7 meses, con la piel muy blanca, rubito, grande, con ojos enormes, envuelto en una toquilla blanca y sentado en un sillón. Recuerdo que, cuando estaba embarazada de Miguel Ángel, miraba esa foto y deseaba tener un niño así. Y la verdad es que mi hijo se le parecía mucho a esa edad. Siempre pensé que fue de lo mucho que contemplé aquella imagen. Esa revista la he guardado para mí.

Esta mañana he visto en el autobús a un bebé de esa edad más o menos en su silla, bien abrigado con mantas, que tocaba con sus manitas un juguete de esos que están hechos con una tela rellena blanda y suave, y que si lo aprietas suena una música muy dulce. Sus grandes ojos azules lo miraban con curiosidad, mientras succionaba acompasadamente su chupete, tan a gusto y tan tranquilo. Esa melodía que se extendía por todo el autobús ejercía un efecto relajante y casi te quedabas dormida. Ya queda menos.

- Y la que me trae de cabeza es mi hija. Está muy rebeldusca últimamente, aunque achacarlo a la etapa adolescente por la que pasa me parece un recurso demasiado fácil para justificar lo injustificable. A mis hijos les he dado siempre toda la libertad del mundo para que pudieran desarrollarse como personas sin cortapisas, dándoles unas elementales normas de educación que la mayoría de las veces, la verdad, se han pasado por el arco de triunfo. En ese sentido me siento decepcionada, porque he depositado en ellos una confianza que luego no he visto correspondida. No siempre un exceso de respeto y consideración son correspondidos.

Lo malo es que yo no tengo término medio, o hay una relación entre nosotras sin mayores contratiempos, en el que procuro por las buenas que corrija las cosas que hace mal, sin mucho éxito, o ya tira tanto de la cuerda y tantas veces que termino estallando colérica, muy de vez en cuando, y es como si nos hubiéramos declarado la guerra. Como es un estado que va en contra de mi naturaleza, siento que pierdo un poco la salud cada vez que sucede, y es por ello que no podré perdonarle nunca a Ana que me ponga en esas situaciones límite. Siempre pienso que me está castigando por el divorcio, aunque ella lo niega airada. Bastante malo fue tener que tomar esa decisión como para encima ser juzgada por ello eternamente, como si hubiera tenido muchas alternativas. Un mal matrimonio es como una enfermedad, hay que ponerle remedio porque te puede ir la vida en ello.

Hace poco veía en televisión una entrevista que le hacían a la gran actriz francesa Catherine Deneuve. Decía que cuando era joven y estaba criando a sus hijos sufría mucho porque nunca tenía la certeza de estar haciendo lo correcto en lo que a su educación se refería. Una madre me dijo una vez en el parque, mientras nuestra prole jugaba, que había que darse un poco de cancha, no cuestionarse tanto, no juzgarnos a nosotras mismas tan duramente. Ella había renunciado a su profesión de abogada y reconocía que, al cabo del día, necesitaba un buen rato de relax cuando sus tres hijos por fin estaban dormidos en sus camas, aunque ello supusiera acostarse a la una de la mañana. Tenía que desconectar, pero nunca ponía en duda las cosas que había hecho durante el día, y si algo no le gustaba simplemente procuraba rectificarlo.
La última que se le ha ocurrido a Ana es que en Halloween se va a disfrazar de tigresa, y ya se ha comprado unas orejas y un rabo felinos, aunque éste último no lo va a llevar (menos mal). El año pasado ella y sus amigas se disfrazaron de diablesas. “Ya podríais algún año disfrazaros de lirios del valle”, se me ha ocurrido decirle. “Sí hombre, mamá, de monjas si quieres”, me ha contestado con sorna, bastante picada.


En fin, paciencia. Ignoro lo que va a ser de ella a este paso, pero ignoro más aún lo que va a ser de mí.

 
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