lunes, 11 de noviembre de 2013

Un poco de todo (XVIII)


- Ya me estoy hartando bastante de los captadores de las ONG’s que se te cruzan en mitad de la calle y te acosan para meterte su rollo y hacerte socio. Da igual cual sea la organización a la que representen en ese momento, se ponen la camiseta de turno o el dorsal, como llamo yo, y con unos papeles y un bolígrafo ya están armados para hacer lo mismo que hacen los mendigos cuando se te echan encima con el vasito de plástico para pedirte dinero.

Y es que en el fondo se trata de lo mismo, de que desembolses, como si tuviéramos un extra para los pobres, siendo nosotros los primeros que necesitamos extras. Algunos, que se ponen en la calle sin tener ni idea de cómo abordar a la gente, se quejan ostentosamente porque sus ridículos intentos de llevarse el gato al agua no surten efecto, reacción más infantil que otra cosa, porque cuando a uno le sale algo mal no puede armar la pataleta delante de todo el mundo, sino intentar mejorar. No son los demás los que no están a la altura, sino uno mismo que no sabe hacer las cosas bien.

Una chica increpaba a los que la rechazaban o ignoraban, diciendo en voz bastante alta que lo único que quería era amistad. Hay que tener cara dura para decir eso, cuando es evidente que lo único que quiere es el dinero de las pobres víctimas a las que asalta, y de paso llevarse ella su comisión por cada una que caza. Si no le gusta el empleo, que reconozco que no es fácil tampoco, como todo lo que sea vender algo, pues que se dedique a otra cosa. No todo el mundo vale para esto.

Lo que sí tengo claro es que de mi caridad no se beneficiará nunca nadie más que aquellos que me parezca oportuno, sin intermediarios ni grupos que afirmen hablar en su nombre, que luego la mayor parte de los dineros se quedan por el camino.

- Me quedé sorprendida el otro día cuando vi la última película de Tom Hanks, Capitán Philips. No sabía que para repeler a los piratas se utilizaran mangueras a presión colocadas a lo largo del perímetro del barco. Era muy espectacular verlo funcionando. Pero me recordó a Greenpeace, pues quién no los ha visto alguna vez en televisión intentando detener a algún buque con residuos tóxicos o a algún pesquero que hace capturas de especies protegidas, y son repelidos de la misma manera.

En el caso de los piratas no surtió efecto, ya que su violencia supera obstáculos como esos y mayores, y sólo usando armas como hacen ellos se les podría repeler.

Hubo un par de cosas en el film que me llamaron la atención: una fue cuando se reclutaba gente para hacer piratería en el mar, en que acudió un montón de gente como quien está a la espera de ser seleccionado para un trabajo cualquiera. Es realmente un oficio más en Somalia. Contrastaba la extrema delgadez de los somalíes y su mirada sombría con la cantidad de armas que tenían todos. Se tiene dinero para eso pero no para comida.

Lo otro que me llamó la atención fue cuando el capitán le dice a uno de sus secuestradores que tiene que haber algo mejor que la piratería para unos pescadores como ellos, y el aludido le contesta que los americanos pasan por allí con sus barcos y se llevan la pesca, y qué es lo que les queda a ellos después. No hubo ningún comentario a esa afirmación, quedó ahí en el aire, pero es una crítica tremenda a los países con afán imperialista como EE.UU., que tanto hablan de derechos humanos y luego son los primeros en pisotearlos. El pez grande se come al chico, y cuando no le chupa la sangre y lo ve agonizar hasta la muerte, impasible.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Harrison Ford


Se me acumulan los programas de El Hormiguero que me han gustado, o sobre los que quiero hacer algún comentario. El de ayer, sin ir más lejos, lo esperaba con expectación porque estaba invitado Harrison Ford. Cómo se notan ya los años, camina con lentitud, ligeramente cheposo, y ha visto reducida su estatura, pero conserva su atractivo animal, aún más interesante con sus canas y arrugas, y esa forma de mirar suya tan intensa. Nadie diría que ya tiene 71.

Estuvo como un poco pasota, o escéptico. Lleva mucho tiempo en esto del cine y debe estar ya un poco cansado de tanta promoción. Se pasó casi todo el tiempo haciendo muecas extrañas cada vez que algo le parecía incomprensible o inimaginable, como por ejemplo todas las alabanzas que le dedicó el presentador. Harrison es, sin duda, el antidivo, no creo que haya un artista de Hollywood que sea tan modesto como él. Lo que sí agradeció mucho fue el cariño del público, que no paraba de vitorearle, y que le recibió puesto en pie con una gran ovación, algo inédito en el programa.

Dijo estar muy agradecido a todos los espectadores que a lo largo de su carrera le han seguido y le han demostrado su cariño, y afirmó estar satisfecho por haber conseguido entretener a tantos y hacerles pasar buenos ratos.

Cuando le preguntaron que cómo era un día feliz para él, contestó que despertarse al lado de su mujer, llevar a su hijo al colegio, pilotar un rato alguno de sus aviones (el presentador le inquirió acerca de cuántos tenía y él dijo bromista que quedara como un secreto entre ellos que poseía varios, sin llegar a decir cuántos), y regresar a tiempo para recoger al niño y ocuparse de que hiciera los deberes. Quién le ha visto y quién le ve, con un hijo que podría ser su nieto, haciéndole más caso del que sin duda prestó a sus anteriores vástagos, producto de sus anteriores matrimonios, ya muy mayores. En aquella época le pillarían en pleno auge de su carrera, y ya se sabe cuáles suelen ser las prioridades en profesiones como ésta.

Con su mujer actual, la también actriz Calista Flockhart, enclenque y con cara de niña eterna, parece haber encontrado la ansiada felicidad. Ese niño del que cuida es hijo adoptivo de ella. No es actriz de pantalla grande, pero sí se ha hecho famosa en su país con series para la televisión.

El presentador mencionó una ocasión en la que Harrison se vio envuelto en aventuras, por una vez fuera de la pantalla. Con su helicóptero personal y la ayuda de un equipo especialista rescató a una mujer que se había quedado atrapada en una montaña mientras hacía escalada. Comentó, a modo de broma, que vomitó mientras la llevaban al hospital, donde no tardó en recuperarse.

También emitieron unas secuencias de una campaña que protagoniza Harrison, en la que se le ve tendido en una camilla y una mujer con bata blanca le pone sobre el pecho una especie de gran venda depilatoria, que le arranca acto seguido con mucha energía, dejándole una zona pelada en sus poblados pectorales. La agresora exhibe la venda depilatoria en una mano ennegrecida con los pelos del actor, algo que me pareció de mal gusto. Esa acción, que consigue dejar a Harrison impertérrito sólo a medias, es para concienciar a la gente sobre la deforestación del Amazonas. El actor habló de las causas ecologistas que apoya con mucho entusiasmo.

El presentador hizo pasar a una orquesta especializada en interpretar temas de cine, y le obsequió con la sintonía de La guerra de las galaxias o Indiana Jones. Al final le pasaron la batuta y, sorprendido y expectante, inició la dirección muy despacio al principio, y luego más deprisa, divertido. Se marchó saludando a todos y dando las gracias, muy parsimonioso, asomándose una vez entre bambalinas con cara de misterio y guasa, cuando ya creíamos que había desaparecido del todo. Harrison Ford tiene una mezcla de seriedad y jocosidad muy curiosa, alternando una u otra según el momento. Se pasó todo el rato haciendo bromas, sobre todo cuando aparecieron las hormigas durante la entrevista, a las que se quedó mirando con una mezcla de estupefacción y rechifla.

Todos le adoraron, se palpaba la admiración por una estrella que lleva con nosotros tantos años y a la que, sin embargo, su humildad hace no dar importancia al aura que se ha formado en torno a él. Y es que ha rodado algunas de las mejores películas de la historia del cine: además de las dos mencionadas antes están Blade Runner, Armas de mujer, Único testigo, Presunto inocente, Lo que la verdad esconde, La costa de los mosquitos (esta me gustó menos, pero él estuvo muy bien), A propósito de Henry, Seis días, siete noches, Morning Glory y tantas otras. Siempre ha elegido trabajos de calidad, haciendo gala de un agudo instinto y una gran inteligencia. A pesar de las sagas que ha protagonizado, nunca se ha visto encasillado, siendo un intérprete muy versátil.

Investigando un poco en su vida, he leído que, aunque nació en Chicago, su ascendencia es europea, pues era hijo de católico irlandés y judía rusa, su abuela paterna era alemana y sus abuelos maternos bielorrusos. Su madre fue actriz de radio antes de dedicarse a su hogar, y su padre publicista y también actor de radio ocasionalmente. Tiene un hermano 3 años menor. En el instituto participó en todo tipo de asociaciones y fue mal estudiante.

Fue educado con la mezcla de religiones de sus padres, por lo que ya adulto, cuando le han preguntado por sus creencias, ha contestado sarcástico: “Demócrata”. También dice que se siente "irlandés como persona pero judío como actor", en alusión también a la diversa condición de sus progenitores.

La cicatriz que siempre ha lucido en la barbilla se la hizo en un accidente que tuvo cuando empezaba a conducir. Sí sabía que había sido carpintero, y parece que muy bueno por cierto, y que trabajaba en las escenografías de los estudios de cine cuando alguien le dio una oportunidad, pues su vocación como actor empezó ya en la universidad, en donde no logró concluir sus estudios.

No es de extrañar que el físico de Harrison Ford acuse tanto el paso de los años, pues la suya ha sido una dura carrera, al querer interpretar él mismo casi todas las escenas de riesgo de sus películas, lo que le ha provocado todo tipo de lesiones, sobre todo con las sucesivas películas de Indiana Jones, durante las que sufrió rotura de ligamento de una pierna, contusiones severas en las costillas, y hernia discal de tanto montar elefantes.

En fin, espero que tengamos actor para rato. Sin él el mundo del Séptimo Arte, y nuestro mundo, el imaginario colectivo al que hace ya mucho tiempo que pertenece, no serían los mismos.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Volviendo a Mariano José de Larra


Leía mi hija uno de los artículos de Larra, a propósito de un examen que le iban a poner en el instituto, pues está estudiando el Romanticismo en Literatura, que no es precisamente de los más nombrados pero que me encantó cuando me lo pasó para que la ayudara. Un reo de muerte no es quizá la elección más jovial para que la gente joven vaya familiarizándose con la obra de este gran periodista y escritor, pero supone un principio interesante al reflejar, como hace en el resto de su trabajo, algunas de las características que le acompañaron: la ironía exacerbada, la crítica social, la vigencia aún hoy en día de su pensamiento.

Abogaba por la abolición de la pena de muerte, la supresión de las corridas de toros, y en general su pensamiento es lo suficientemente progresista y liberal como para sintonizar más con lo que se lleva en el momento presente que con lo que regía por aquel entonces en nuestro país. Hace tiempo dediqué a la figura de Larra un post, pero no puedo resistir volver sobre él.

Se cuenta en el mencionado artículo el ambiente que rodea a un condenado a garrote vil, pena que por cierto se abolió en un par de ocasiones a lo largo de nuestra Historia para reaparecer nuevamente, hasta que desapareció definitivamente en 1978 con el fin de la pena capital. Es mucho tiempo pues el que estuvo funcionando en España.

Se describe la prisión en la que espera el reo su ajusticiamiento, la gente que llena las calles para presenciar el lamentable espectáculo, la plaza donde se ha situado el patíbulo con toda su parafernalia de muerte. Este hecho trae a la mente de Larra toda una retahíla de consideraciones, habituales en él, acerca de la política y las costumbres sociales, elementos ambos que deplora. Se pregunta cómo una sociedad que es violenta de por sí puede erigirse en juez y verdugo de uno de sus individuos.

Me encanta la clasificación que hace de las distintas formas de afrontar la muerte para un condenado: el que carece de creencias religiosas, que no tiene esperanza ni arrepentimiento, y se comporta de manera maquinal; el que sí las tiene, que está feliz y esperanzado por poderse reunir con el Creador; y el que está en un nivel intermedio, que quizá sea el que peor lo pasa, lleno de dudas y miedo. Luego describe al reo que lo es por su ideología, que permanece sereno, sustentado en sus convicciones profundas.

Me gusta especialmente la parte que dedica al que no cree en Dios: “En tan críticos instantes, sin embargo, rara vez desmiente cada cual su vida entera y su educación; cada cual obedece a sus preocupaciones hasta en el momento de ir a desnudarse de ellas para siempre. El hombre abyecto, sin educación, sin principios, que ha sucumbido siempre ciegamente a su instinto, a su necesidad, que robó y mató maquinalmente, muere maquinalmente. Oyó un eco sordo de religión en sus primeros años y este eco sordo, que no comprende, resuena en la capilla, en sus oídos, y pasa maquinalmente a sus labios. Falto de lo que se llama en el mundo honor, no hace esfuerzo para disimular su temor, y muere muerto”.

Cuando comencé a leer el artículo, en voz alta para que mis hijos lo escucharan, me dijo enseguida Miguel Ángel que le recordaba mucho a Pérez Reverte, algo que también he pensado yo más de una vez. Se puede decir que Reverte es como el Larra de nuestra época, siempre afilado crítico de los vicios y la decadencia de nuestra sociedad, sólo que aquel posee un lenguaje, en ocasiones, bastante grosero, y por el contrario Mariano José de Larra jamás escribió una sola palabra malsonante.

Busto de Larra en la calle Bailén de Madrid
Recomendé a Ana que leyera alguno de los otros artículos que tanta fama dieron al autor, satíricos y desternillantes, en los que pone siempre el dedo en las llagas, pero no tomando como punto de partida un tema tan lúgubre como el que a ella le encomendaron. El castellano viejo es uno de ellos, lo que me habré podido reir con él. También En este país, La Nochebuena de 1836. Mi criado y yo. Delirio filosófico y Vuelva usted mañana, todos célebres y eterna fuente de inspiración. Su crítica era tan feroz que en muchas ocasiones hasta la dirigía contra sí mismo.

Tengo en casa un ejemplar que recopila unos cuantos y que me compré para recordar los buenos ratos que me hizo pasar cuando lo leía por 1ª vez, precisamente en mi época del instituto, como Ana. Me sorprende gratamente que a mi hija se le recomienden estas lecturas, que yo creía erradicadas de la enseñanza actual, pues hasta ahora las que le habían sugerido han sido por lo pronto peculiares.Cultura, mucha cultura es lo que necesitan las generaciones que nos preceden, y para todos, y con Larra, su inteligencia, su sensibilidad y su agudo sentido del humor, es además un camino delicioso.

Buscando datos sobre la vida de este autor, encontré algunas curiosidades que desconocía. Que nació, por ejemplo, en la calle Segovia, junto al Viaducto (cerquita de mi barrio); que era hijo del 2º matrimonio de un médico militar, cuya mujer tenía un apellido compuesto que coincide con uno de mis apellidos; que a los 15 años se enamoró de una mujer mucho mayor que él, que luego resultó ser la amante de su padre, lo que le produjo un shock que le cambiaría el carácter para siempre; que su matrimonio fue doloroso y acabó en separación; que tuvo un hijo que se dedicó a escribir zarzuelas, y dos hijas, de las que lo único que se resalta es que una fue amante de Amadeo de Saboya, y la otra estuvo implicada en una estafa bancaria por la que fue encarcelada un tiempo; que sus restos han sido cambiados dos veces de campo santo y en su tumba descansan también otras dos figuras ilustres, el escritor Ramón Gómez de la Serna y el por entonces presidente de la Asociación de escritores y artistas Jose Gerardo Manrique de Lara; y que cada cierto tiempo se organizan homenajes y conmemoraciones en su memoria en los que participa un descendiente suyo, Jesús Miranda de Larra, nieto en 4ª generación, que además de escribir y dar conferencias sobre su ilustre pariente es doctor ingeniero agrónomo y representante del Mº de Agricultura español para la FAO en Roma, Londres, Washington y Perú.

Es pues la vida de Mariano José de Larra, fallecido con tan sólo 27 años, una existencia breve pero intensa, en la que le dio tiempo a dejar una huella permanente en nuestras letras y en nuestro pensamiento, pues nos sigue haciendo reflexionar sobre cuestiones que aún perviven hoy en día.





miércoles, 6 de noviembre de 2013

Emociones tóxicas (VIII): la vergüenza


Existen situaciones en las que nuestra sensibilidad y vulnerabilidad son probadas al máximo, hasta el punto de desencadenar en nosotros ciertas reacciones que no nos hacen sentir muy cómodos, como por ejemplo no emitir nuestras opiniones ni darnos a conocer como realmente somos.

Cuántas veces te has quedado en silencio y pensabas: “Tierra trágame”.
Justamente, de esto se encarga la vergüenza, de relegarnos; actúa como un falso muro de contención frente a las diferentes posibilidades que se nos presentan.

Muchos creen que la insignificancia es garantía de seguridad y prefieren ser ignorados para no arriesgarse al “qué dirán”.

La vergüenza es la creencia dolorosa y errónea que abrigamos sobre nuestras propias deficiencias. No tiene que ver con capacidad, talento, potencial y coeficiente intelectual, sino con sentir directamente que somos inadecuados, que no somos aptos.

Tal vez, durante parte de tu vida, has vivido junto a personas que utilizaban la vergüenza como método de disciplina. Padres o abuelos que pensaban que, corrigiéndote o exhortándote en público, aprenderías más rápido la lección.

Jefes severos que necesitaban mostrar su poder o su cargo descalificando tu trabajo delante de otros.

Parejas que, sin importar quién está delante, tratan por todos los medios de dar a conocer tus errores y tus carencias, pensando que cuanto más mengües, más permiso tienen ellos para crecer y demostrar que son superiores a ti.

Palabras, insultos, menosprecios, desprestigios, críticas cuyo único fin es descalificarte y dañar tu estima.

El que se avergüenza lo hace por inseguridad.

Cuanta más competitividad haya, más tratará la persona insegura de sí misma por todos los medios de descalificar. Si tú eres su blanco de ataque, es porque eres su competencia, y si eres su competencia es porque eres apto para ganar el premio. Si de verdad no sirvieras o no estuvieras cualificado, no tendría puestos sus ojos en ti.

Sólo una autoestima sana puede resistir el error y a la vergüenza. Errar es humano.
¡Y qué bueno que seas un ser humano capaz de revertir cualquier error!.

La crítica constructiva no existe, es crítica. Las equivocaciones, los errores, no se critican, se corrigen.

En primer lugar, comienza por rechazar todas aquellas palabras de burla que en algún momento de tu vida te han dicho y hoy aún resuenan en tu mente.

Menosprecia toda palabra, todo recuerdo y todo gesto que te haya limitado.

La vergüenza es una barrera, un muro que no nos permite conectarnos con nosotros mismos y con los demás.

El avergonzado se aísla. La timidez lo invade.

El vergonzoso se convierte en un blanco fácil para los ataques. La persona que padece esta emoción se siente indefensa, su energía disminuye.

El vergonzoso se siente menos que todos los que lo rodean. Nunca se sienten lo suficientemente aptos para estar a la altura de las circunstancias.

El hecho de que podamos reconocer nuestra vergüenza es sumamente importante. Es lo 1º que debemos hacer para no volver a ella jamás.

A medida que reconozcamos nuestra vergüenza, podremos aceptarnos más a nosotros mismos y, por ende, relegar el hecho que nos ha avergonzado al lugar que le corresponde.

Dándole valor sólo a aquellas palabras que aportan valor a tu vida, creyendo y confiando en ti mismo, te verás respondiendo y actuando de una manera diferente pero eficaz y segura.

No te castigues. Usa tus errores para crecer, la equivocación o el error no determinan tu identidad.

(Del libro de Bernardo Stamateas)

martes, 5 de noviembre de 2013

Cazadores aéreos de huracanes


Vi hace unos días un reportaje en televisión que me dejó impactada. Un grupo de expertos se dedicaba a viajar en un avión militar en su seguimiento de huracanes en EE.UU. Durante el documental se veía cómo seguían al Sandy, que descargó toda su fuerza destructora hace ahora un año.

Los pilotos observaban el comportamiento del fenómeno mientras lo sobrevolaban. Ellos investigan mientras el huracán no ha tocado aún tierra. La acumulación de nubes de tormenta se extiende a lo largo de decenas de kilómetros en torno al ojo del huracán. Pasan por zonas con vientos muy fuertes que hacen que el avión vibre y parezca que va a zozobrar. Las columnas de aire descendente verticales son las más peligrosas. En ese momento las estaban atravesando y no habría sido raro que los hubiera empujado en picado al mar.

Pasan por rachas de lluvia torrencial e incluso nieve, algo que les extraña, teniendo en cuenta la latitud a la que se encuentran, en la que no suele hacer tanto frío. Temen que se acumula hielo en las hélices. Presienten que aquel va a ser un huracán distinto a todos, uno que hará historia por su especial virulencia.

En el vuelo viaja también una experta meteoróloga que con sus aparatos va haciendo mediciones precisas. Sus datos son fundamentales para que la misión llegue a término satisfactoriamente, junto con los que van recogiendo los pilotos, que aprecian una deformación del cuerpo del huracán, ya que la parte de arriba va más rápida que la de abajo, produciendo una inclinación de varios kilómetros, como si fuera un muelle.

Vuelan a 3.000 metros de altitud, pero para que las mediciones sean más precisas deben acercarse al ojo del huracán, por lo que descienden a 1.500 metros. Es un momento impactante, porque ven la superficie del mar agitada por olas enormes que empiezan a formarse. El avión sufre las embestidas de la furia colosal del monstruo, que avanza a gran velocidad con vientos que superan los 200 km/h, mientras gira sin cesar. Cuanto más deprisa se desplace más rápido girará. Es como una trituradora gigantesca.

En tierra, las autoridades han dado la alarma con antelación, gracias al aviso recibido desde el avión, para que la población abandone el lugar. Aunque no todos lo hacen, pues prefieren reforzar puertas y ventanas con planchas de madera claveteadas antes que dejar sus casas. Los accesos al metro han sido taponados con sacos terreros para evitar que entre el agua cuando se desate la tempestad en la costa de Nueva Jersey. Sólo con que suba el nivel a metro y medio o dos metros ya estaría inundado, y se prevé que lo haga 3 metros.

Justo cuando el huracán toca tierra, el avión se aleja para contemplar desde lejos sus efectos. Acaba de caer la noche y hay luna llena, por lo que la marea está en su punto más álgido. El desastre será aún mayor por este motivo. El paisaje no puede ser más tétrico y desolador.

Cuando pasa el peligro, algunos de los que se quedaron lamentan no haber hecho caso a las autoridades. Los desperfectos están valorados en muchos millones de dólares y se ha cobrado 74 víctimas, pero los que resistieron y han sobrevivido en el lugar de los hechos piensan que la experiencia ha sido terrible y que no había motivo para exponerse a un peligro semejante. Uno de ellos afirma que no había visto algo así en los 54 años que llevaba viviendo allí.
Huracán Sandy

Para mí ha sido curioso y sorprendente descubrir que existen cazadores de huracanes aéreos, pues creía que sólo los había terrestres. Los pilotos comentaron, cuando las cosas se empezaron a poner feas, que preferían mil veces afrontarlos en el aire que en tierra, que es donde son realmente devastadores. El suyo es un trabajo que salva muchas vidas, pues no es raro que haya alguno casi todos los años, de mayor o menor intensidad. El Irene, en 2011, asoló Nueva York, Carolina del Norte y Filadelfia, y el Katrina en 2005 fue terrible.

Una profesión de riesgo donde las haya, sólo apta para personas valerosas y entregadas a la ciencia y el servicio a los demás.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Halloween un año más


Cada año que pasa está más arraigada la fiesta de Halloween en nuestro país, y se celebra cada vez con más entusiasmo. Grupos de niños de unos 7 u 8 años correteaban por mi barrio al ocaso, de un lado para otro, vestidos con capas, ropas oscuras, maquillajes de muerto y demás parafernalia de ultratumba. En el autobús chicas veinteañeras lucían sin reparo la cara blanca, los ojos sombreados en tonos negros, y una cicatriz que les subía por la mejilla desde la comisura de la boca. Estoy segura de que aquí aún no se conoce bien el origen de la fiesta ni su significado, pero como se ha convertido en un negocio lucrativo, tal y como pasa con la Navidad por desgracia, importa poco, el caso es disfrazarse y pasar un rato de juerga, y que unos cuantos ganen un dinero extra.

Pero a mí no deja de chocarme, y eso que se lleva celebrando entre la gente menuda desde hace 30 años, 1º sólo en los colegios privados y luego en el resto. Las tiendas adornan sus escaparates con brujas sobre escobas, fantasmas, telarañas, murciélagos y calabazas, todo muy gótico, para atraer a la clientela. Y la verdad que sí es un gancho comercial, porque hay que reconocer que la decoración halloweeniana es bonita, si no se carga mucho las tintas en las cosas tétricas.
Veía desplegar en la puerta de un restaurante en esos días una tira de calabazas recortables que animaban mucho el local. Lo que le falta a las tiendas españolas es una decoración primorosa, todo el año, no sólo cuando hay una festividad. En otros países los escaparates son estilosos y están llenos de detalles con gusto que son muy agradables a la vista.

Lo cierto es que se genera una gran confusión con los imperativos comerciales, pues en octubre ya están vendiendo adornos navideños, turrón y polvorones, y a primeros de noviembre montan Cortylandia, por lo que se mezcla Halloween y Navidad, más que nada porque unos se adelantan excesivamente a las fechas que les corresponden, y otros han venido a irrumpir en nuestras costumbres y tradiciones, cuando aquí el Día de Todos los Santos se celebraba de otra manera.

Ahora no sólo no se visita a los difuntos en los cementerios si no que se hace rechifla de todo lo relacionado con la muerte. Lo encuentro de mal gusto, algo morboso, siniestro. Quizá no debiéramos tomarnos tan en serio como solemos hacerlo, pero burlarse del más allá no creo que sea la solución para espantar nuestros miedos. Lo suyo es aprender a aceptar con más naturalidad el destino que nos aguarda, sin traumas ni temor, las cosas son como son y no hay que darle más vueltas.

Eso sí, la mayor perogrullada del mundo es lo del truco o trato, y de mal gusto. Es una velada amenaza, pues en su origen conllevaba que si no hacías lo que te pedían echaban una maldición sobre ti y tu casa, y ahora se ha quedado en que te gastan una broma pesada. Se suele decir que compensa más ceder al trato, sea el que fuere. Es como el impuesto revolucionario de la golosina y quién sabe qué más. Con lo que detesto las imposiciones. Esto no es como pedir el aguinaldo en Navidad, una cancioncita infantil y si quieres les das algo y si no quieres no pasa nada.

El lado oscuro de la gente sale en esas fechas, esa inclinación por lo tenebroso y lo macabro. Yo me quedo con las calabazas iluminadas por dentro, lo de las brujas y los muertos no, porque es estética y culturalmente deplorable. Y también me quedo con los buñuelos rellenos de nata y crema, no en cambio con los huesos de santo que son muy empachosos. En fin, que hay que quedarse con lo de bueno que cada festividad tenga.


jueves, 31 de octubre de 2013

Un poco de todo (XVII)


- Me encontré hace unos días por la calle con un amigo de la época del instituto con el que tengo contacto de vez en cuando en Facebook. De repente he oído mi nombre, pues yo suelo ir siempre pensando en mis cosas y no me doy cuenta de quien pasa por mi lado, y me ha hecho una ilusión enorme. Javier sigue siendo tan cariñoso como siempre, y tan guapo con sus magníficos ojos azules.

Pero en general Facebook no deja de ser una mera ilusión, como todo lo virtual. Le pedí amistad a Nicole Kidman, una de mis actrices favoritas, y me ha aceptado, dándome las gracias por mis “Like” con un privado y en nombre de otra persona. Dudaba que fuera la propia Nicole la que se encargara de estas cosas, y ahora que me fijo mejor veo que su nombre está escrito como Nicol, y que en la información de su perfil aparece que trabaja en el staff de Zuckerberg. Será otra admiradora, que la pone a ella en FB por propia iniciativa, con sus fotos y tal, pero luego el nombre es ligeramente diferente, para que no haya problemas.

Luego me he fijado que, como todos los personajes conocidos, tiene su propia página en FB en la que sólo puedes escribir comentarios y poner “Me gusta”, pero no pedirles amistad. Son páginas impersonales, que seguramente lleven gente que trabaja para ellos. Tan cerca y tan lejos.

- Y para coincidencias, he visto por fin una foto de mi amigo Melchor en el Alfa y Omega del ABC. Siempre me fijo en si aparece en sus páginas, porque es un suplemento que trata de temas religiosos, y especialmente de todo lo que acontece en el Vaticano, que es donde está él. En la imagen aparecía en una carrera de relevos, que han llamado “los 100 metros de la fe”, compitiendo con dos atletas, creo que en la Plaza de Roma, porque se ve el Vaticano de fondo. Se le veía apurado para llegar. Y es que era perfecto en todo menos en el deporte. Él se apunta a lo que haga falta.

- Estoy alucinando todo el tiempo con lo de la “doctrina Parot”, rimbombante nombre para lo que en realidad es una miseria más del sistema judicial, denominación que además hace referencia al nombre de un terrorista, que de este modo pasa a la Historia casi como un héroe o alguien digno de mención. Amnistiar presos terroristas con delitos de sangre por “beneficios penitenciarios” (trabajo, estudios), que ya de por sí deberían darse con un canto en los dientes por disponer de semejantes prebendas con los delitos que tienen acumulados, y que encima les hace sumar puntos, gente que tiene condenas que no podrían cumplir ni aunque vivieran mil vidas, es demencial. Nos vamos a terminar preguntando por qué estaban allí, qué habían hecho de malo los pobrecitos para merecer semejante castigo. Parece que se quiere olvidar que los terroristas no son presos comunes, no pueden tener el mismo trato que los demás.

Si se dedican a poner en la calle a asesinos y gente peligrosa, en qué clase de sociedad vamos a vivir. Y encima interviene el Tribunal de Estrasburgo a su favor, al que yo tenía en otro concepto, pues tiene en cuenta sólo los derechos humanos de los criminales pero no de sus víctimas, que ya nada pueden reclamar. Qué sabrá ese tribunal de nuestra problemática, de todo lo que hay detrás del terrorismo en nuestro país. Y más con cárceles como las que tenemos, que son modélicas si las comparamos con las de otros países, no sé qué queja pueden tener.

Puedo imaginar lo que sentirá el familiar o amigo de una persona asesinada por ETA que se encontrara por la calle a uno de sus verdugos, haciendo su vida como si tal cosa. Al final nos obligan a tomar la justicia por nuestra mano, a falta de ella. Este tema será motivo de ira segura para Pérez Reverte, que en sus artículos siempre se está lamentando de esta España nuestra que cada vez más va a menos en todos los terrenos. Despotrica e insulta, y aunque pueda parecer desagradable en ocasiones, en realidad tiene mucha razón. A dónde vamos a llegar…


miércoles, 30 de octubre de 2013

Macaulay


Estaba buscando otra cosa y de repente leo: “Macaulay Culkin recuperado”. Precisamente me había venido a la memoria, hace pocos días, no sé por qué. Siempre que lo evoco siento tristeza, incertidumbre y temor. Tristeza por lo que ha sido su vida, incertidumbre porque se empeña en caminar por una cuerda floja, y temor porque no se sabe qué le puede suceder, con los excesos que comete y las malas compañías de las que a veces se rodea.

Ese Pete Doherty, que lleva años comportándose como un adolescente neurasténico, a pesar de que ya tiene sus años, no es el amigo ideal que digamos para alguien con la sensibilidad y los desequilibrios emocionales de Macaulay. La verdad es que circulan todo tipo de barbaridades sobre el actor en Internet, y ya no se sabe qué creer. Las imágenes no son tampoco muy halagüeñas, con el pelo teñido de colores y disfrazado de forma extravagante. Me horrorizan especialmente unas en las que se le ve con un maillot y unas alzas, como un transformista. Todo por llamar la atención, para que no lo olviden. Es como si clamara“¡Eh! ¡Que estoy aquí!”.

Se dice que es drogadicto. Su aspecto tan desmejorado a principios de este año no hacía presagiar nada bueno. Estaba en los huesos y con un gesto extraño, como suele tener en los últimos tiempos, mezcla de orgullo y melancolía, como si no quisiera que nadie le compadeciese y se protegiera de la crítica ajena, pero al mismo tiempo dejando traslucir esa parte de sí mismo que es presa de la desolación porque no encuentra su lugar en el mundo, no consigue estar en paz. Los medios de comunicación se han cebado siempre con él, lo ridiculizan hasta el extremo. Es repugnante.

Cuántos artistas han seguido su camino, y más cuando han sido niños prodigio. Si la niñez no se desarrolla en condiciones normales, el resto de la vida suele ir en picado. Aunque nos deleiten con su precoz talento, no deja de ser una explotación infantil. Se les exprime para sacarles todo su jugo y cuando llegan a adultos y pierden ese encanto y esa ingenuidad propia de los niños, se les desecha como si ya no sirvieran para nada.

Con Macaulay ha sido un proceso especialmente sangrante. Siendo aún menor de edad demandó a sus padres, que durante su divorcio se habían estado repartiendo los despojos de la fortuna de su hijo, sin contar con éste, como buitres que se pelean por la carroña. De los muchos vástagos que tuvo esta pareja, hippy en su juventud, Macaulay fue el que peor parado salió, cuando parecía todo lo contrario, al ser el “elegido” para la gloria, el más guapo y talentoso de todos ellos, la gallina de los huevos de oro. Es desolador cuando todo a tu alrededor se derrumba, cuando tu entorno más cercano resulta ser frío y extraño, y ya no puedes confiar en nadie.

Fue a él y no al resto de sus numerosos hermanos al que no dejaron tener una infancia normal. Uno de ellos también hizo sus pinitos en el cine, pero sin consecuencias. La sombra de Macaulay era muy alargada, y el parecido muy lejano, no resistió la comparación. Realmente es distinto al resto de su familia, no parece que pertenezca a ella. Ningún actor de éxito tiene una existencia normal, da igual cual sea su edad. La fortuna ganada hace que puedas permitirte el lujo y el desenfreno. Conoces a figuras míticas que jamás habría pensado conocer, como Michael Jackson, con el que mantuvo de niño una gran amistad, otro ser sin infancia, y al que defendió ya de adulto cuando pesaron sobre el cantante aquellas terribles acusaciones.

Todo es como un sueño. O como una pesadilla si te dejas atrapar en ese torbellino. Qué pasa cuando no te reciclas, cuando ya no estás de moda y ya nadie te contrata. Pocos son los que superan la barrera de la edad. Y luego está esa fama que tienen los actores de inestables. Si sumamos todo eso, resulta un cocktail explosivo.

En la noticia de un Macaulay Culkin recuperado se ven fotos de él con dos amigos en un estudio de pintura. Se dice que ha reformado su apartamento para convertirlo en un taller con el que desarrollar su nueva faceta artística. Y ha organizado una exposición. Es la 1ª vez que aparece con un rostro sereno, hecho ya un hombre a sus 33 años. Incluso parece que se han reducido sus “morritos”, esos labios rojos y carnosos que fueron siempre su seña de identidad, y tiene ahora un aspecto más corriente, y más saludable.

En su última aparición pública estaba irreconocible, con un look diferente, el pelo largo y la complexión fuerte, imitando a Kurt Cobain, que aparece también en sus cuadros. Puede que ahora se haya obsesionado con él, lo cual no deja de ser inquietante. Aunque no es el único, a mí también me pasó cuando lo descubrí, es un ser magnético. Macaulay es camaleónico, como buen actor, o quizá por esto esté actuando sólamente, interpretando un papel más, poniéndose en la piel de otra persona, y además alguien a quien admiras.

Ojalá que tenga éxito en este nuevo rumbo que ha tomado, y que le dure mucho tiempo, pues es eso lo que necesitaba, una ocupación, una actividad con la que pueda tener el reconocimiento del público como solía tener antes, una ilusión que de sentido a su vida, independientemente del dinero que pueda reportarle, y del que no creo que Macaulay ande escaso. No le hace falta, él busca otra cosa.

Los hay que dejan atrás épocas que consideran quemadas, superadas, se resignan a que haya acabado lo bueno que tuvieron. Otros no, no quieren superar nada porque aquello que tenían es la esencia de su ser, es el verdadero motor de sus vidas, y no quieren o no saben hacer otra cosa. Quitarles eso es aniquilarlos.

Lo de Macaulay ha sido una lenta agonía, un deterioro progresivo y constante de su persona. A mí me conmueve no sólo por lo adorable que fue de niño, sino también porque es horrible contemplar la autodestrucción de cualquier ser humano, y más cuando nos ha dado lo mejor de sí mientras pudo, y porque comprobamos lo cruel que puede llegar a ser el destino. Afortunadamente, hoy comienza una nueva etapa, un nuevo sueño. Le deseamos lo mejor.

martes, 29 de octubre de 2013

Fotos que me gustan (XVII)




Edensor, Inglaterra

Edensor, Inglaterra




Antártida













Islas Banda, Indonesia



Suecia

Catedral de Ntra.Sra.de Las Lajas, Colombia





arte en el hielo de Jim Denevana

 
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