martes, 11 de marzo de 2008

ETA: la violencia que no tiene fin

Parece que la violencia en nuestro país tiene fechas señaladas, como sucede con el terrorismo integrista. También ETA se ha dejado envolver por este fetichismo, y ahora le da por planificar sus atentados en días y horas fijos.
Se acercaba el terrible aniversario del 11-M, que también por entonces fue periodo electoral, y algo tenía que pasar. No podían dejar transcurrir esta fecha en paz, sólo con el inevitable dolor que produce el recuerdo de lo que aconteció en Atocha. Es como si los etarras hubieran establecido un pique con el terrorismo islamista de a ver quién hace más daño, a ver quién puede más. A lo mejor les tocaba a ellos dar la campanada siniestra, o quizá se reparten el trabajo para que no les coincidan las fechas. El caso es no dejar vivir.
En esta ocasión a quien no le han dejado vivir es a un ex concejal socialista. Cinco tiros a bocajarro cuando se acababa de meter en su coche. Como siempre, se trataba de un hombre desarmado, desprotegido. Le habían amenazado de muerte en varias ocasiones, osea que no se llamara a andanas que ya estaba avisado. Peor para él por no haber salido corriendo. Cómo debe ser el calvario de una persona que sabe que tiene los días contados, como una espada de Damocles pendiendo sobre su cabeza, sabiendo que los sicarios que van a acabar con él andan por ahí acechándole. Manada de lobos.
Así se puede explicar la reacción de la hija mayor del asesinado, contestataria, desafiante, casi eufórica. La tristeza deja paso a la rabia, no quiere dar el gusto a los matarifes de verla derramar una sola lágrima. Antes al contrario, exhibe una sonrisa, casi siniestra diría yo, mientras dedica insultos de todo tipo a los culpables cada vez que se le acercan los periodistas con sus cámaras y micrófonos: “Sois unos cobardes, unos hijos de puta”. No tiene pelos en la lengua, no tiene miedo.
ETA atenta indiscriminadamente contra todo tipo de personas, da igual a qué clase social pertenezcan, ni cuál sea su ideología, su edad o su sexo. Todo el que no esté metido en su mundo, ese extraño y macabro mundo de ciencia-ficción terrorífica, merece el secuestro, la tortura y la muerte.
Y para llevar a cabo tan tortuosos designios, valen todos los medios que tengan a su alcance: bombas, ametrallamientos, tiros por la espalda, en la nuca o de frente y a bocajarro, como ahora ha sucedido. Sólo falta que usen catanas, y así se pondrían en sintonía con el mundo oriental y las artes marciales que están tan de moda ahora. O que la emprendan a cañonazos. Desde luego están lejos de la sofisticación y el poder apocalíptico y destructor de Al-Qaeda, con sus mochilitas y sus potentísimas bombas accionadas a distancia.
¿Y por qué no se inmolan como hacen ellos?. Queda muy espectacular esta moda extendida por los países árabes, tendrían el éxito mediático asegurado, vendrían las cámaras de televisión para filmar en vivo y en directo sus atentados, sería como un concurso de esos que proliferan en EEUU donde el impacto de las imágenes y la descarga de adrenalina estarían aseguradas.
Pero para llegar a eso hay que estar muy loco, o con un nivel de fanatismo al que los etarras aún no han llegado a pesar de todo, o dejar de ser unos cobardes y atreverse a lo que haga falta por salvaje y demencial que sea.
Y mientras sentiremos vergüenza de tener una lacra como ésta en nuestra sociedad. ¿Cómo se puede tener un cáncer como éste en un país que se considere avanzado?.
Una panda de matones y alimañas, que eliminan incluso a miembros de su propia organización cuando han tenido el atrevimiento de salirse de sus filas, como le pasó a Yoyes, que fue asesinada delante de su hijo. El mundo de los terroristas es un mundo deshumanizado, implacable, hermético, donde sólo ellos tienen derecho a la vida, donde sólo sus familias y su entorno importan.
Ciertamente, los epítetos que les ha dedicado la hija del último asesinado son certeros, pero aún así se quedan cortos. Cobardes, cabrones, hijos de puta.
Violencia verbal contra su violencia total. Hoy, que es el 4º aniversario de los atentados de Atocha, una vez más hablamos de violencia, una vez más nos tenemos que lamentar de lo mismo. Nada ha cambiado, seguimos estancados en el lugar que estábamos entonces. Y parece no tener fin.....

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