viernes, 22 de mayo de 2009

La creación




No deja de ser un tanto estrambótico todas esas teorías sobre el origen del Mundo y de la vida. Eso de que en un momento dado una gran masa de materia densa pegase un petardazo y en uno de esos trozos viajemos nosotros flotando por el espacio tiene su puntito espectacular, salvaje. Y lo de que la vida surgiera en el agua y que de una simple célula haya podido salir todas las especies que conocemos ahora es increíble.
A Darwin lo insultaron y se rieron de él, caricaturizándole en la prensa de la época, cuando expuso sus investigaciones sobre simios y hombres. Nunca un hombre tan sabio fue más incomprendido y vilipendiado. Quizá por ello ha despertado siempre mi admiración El conocimiento y la tolerancia están al alcance de pocos. Tenemos unos antepasados de los que por lo visto hay que avergonzarse, no conviene sacarlos a relucir mucho. Un origen tan poco estético y tan animalesco no es algo que satisfaga a muchos. Y sin embargo el parecido, sobre todo en algunos casos, sigue siendo más que evidente.
Intenté hace algún tiempo leer el libro que Darwin escribió sobre la evolución de las especies y lo tuve que abandonar al poco de empezarlo, porque me fue imposible entender su significado, tan complejo y especializado era el lenguaje que empleaba. Es sólo para eruditos, para especialistas en la materia. Lástima, me hubiera gustado comprender sus teorías con sus propias palabras si éstas hubieran estado al alcance de los profanos.
Algunos nos seguimos recreando en la Creación de todo lo conocido a lo largo de seis días, con descanso en el séptimo, según estipula el contrato laboral que Dios mismo se hizo. Esta cualidad divina de crear cosas de la nada la compartimos con nuestro sumo Hacedor los que nos dedicamos a las Letras, los pintores, escultores, publicistas, actores y otras hierbas en general.
Por lo común se suele necesitar más de seis días para llevar a cabo un trabajo bien acabado, y con frecuencia rectificamos sobre lo ya hecho porque el criterio del ser humano es indeciso y cambiante, o quizá porque sólo se proponga alcanzar lo que imaginamos es la perfección, algo que cada uno ve de forma diferente.
Pero Dios hizo un trabajo rápido, preciso y sin vacilaciones. Sabiendo en lo que derivaríamos, bien podría haber introducido algunos cambios que mejoraran el proceso resultante. Si todo acabó siendo como es, sólo Él sabrá por qué. Incluso Dios tiene sus razones.
Se dice que estamos destruyendo el planeta, pero cuando sobrevino la glaciación en los tiempos prehistóricos no se debió a la acción humana, y sí que entonces fue una auténtica catástrofe de proporciones gigantescas.
Ahora jugamos a ser un poco Dios, intentamos controlar la Creación con nuevos inventos que nos hagan dueños de todo lo que existe. Queremos ser capaces de provocar lluvia, queremos crear nuevas especies animales y vegetales en los laboratorios, decidimos sobre la vida y la muerte de los demás, los avances en Medicina no son tan rápidos como los que tienen lugar en la industria armamentística. Está bien intentar prever y manejar las posibles catástrofes naturales que nos amenazan, aunque aún estamos lejos de dominar la situación, sigue siendo la Naturaleza la que manda.
Por no decir de las catástrofes que el propio ser humano provoca con los atentados terroristas, las guerras, las tiranías, los intereses comerciales de unos pocos…
El origen de todo lo conocido sigue teniendo muchas teorías, todas muy dispares, y parece que cada cual se queda con la que más le gusta o parece convencerle. Es increíble que ni siquiera nuestros orígenes sea algo que esté lo suficientemente claro.
Lo importante es saber qué vamos hacer a partir de ahora con la Creación. Conservémosla, porque es la casa donde vivimos. A dónde iríamos a parar si no.

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