martes, 10 de abril de 2012

Un poco de todo (XLI)


- Aunque ya sabíamos que andaba delicado de salud y que tenía ya muchos años, no te deja de pillar por sorpresa la muerte de alguien de la talla de Antonio Mingote. Hay ciertas figuras sin las que el panorama nacional parece huérfano. Él es una de ellas.

Cuán distinto era cuando empezó, tanto en su apariencia física como en su forma de dibujar. Si se comparan las viñetas que hacía en sus comienzos con las que vinieron después, no parece que estén hechas por la misma persona. Es la evolución del artista a lo largo del tiempo.

El humor de Mingote tenía esa mezcla de inocencia y travesura que es propia de los niños. Incisivo en los temas políticos, tierno y a veces desgarrador al tratar temas humanos. A los anales pasarán sus señoras tan grandes y gruesas con pinta de mal genio, al lado de hombres menudos con aspecto gris y aburrido (la figura de la mujer adquiría preponderancia en su pluma). También las chicas con aspecto estupendo y los niños.

Me encantaba cómo cuidaba los detalles, los paisajes de fondo que ponía, los gestos. Con unos cuantos trazos hacía un compendio sagaz y abreviado de una situación, un mensaje o una idea. Su sentido del humor me parecía un poco soso a veces, pero quizá fuera porque en realidad era un hombre que pertenecía a otro tiempo.

A lo largo de los años mantuvo siempre su elegancia campechana, la seriedad del que le gusta hacer bromas sin sonreir apenas, pura ironía. Mingote era un hombre sumamente educado, inteligente y sensible, un gran transmisor y transgresor del pensamiento, que con sus dibujos aparentemente sencillos e inocuos supo reflejar la tónica general de todas las épocas que le tocó vivir. Nos queda su ingente testimonio, fruto de una labor de décadas, de un hombre muy trabajador, de profundas convicciones, que nos miraba con un deje de melancolía, tanto como había visto. Para él nuestro recuerdo. 

- Compruebo emocionada que por fin salió un Plan Nacional de Circo del Ministerio de Cultura hace unos meses, algo que se tenía en proyecto pero que nunca se había llegado a hacer, pues los esfuerzos se enfocaban al desarrollo del Plan Nacional de Teatro, que es a lo que se le ha dado siempre prioridad. Mientras estuve trabajando en aquel ministerio, tuve ocasión de comprobar la escasa atención que se le daba a un espectáculo como éste, y también pude sentir la ilusión, las ganas y la fuerza con que los profesionales que viven de ello ponen en todo lo que hacen, a pesar de la adversidad. Sólo hace falta que se lleve a la práctica para que de verdad se pueda elevar la dignidad de un mundo que parece en franco declive y que en los últimos tiempos ha sido muy denostado.

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