martes, 8 de marzo de 2011

Natascha Kampusch


Es siempre muy impactante cuando tenemos noticia de alguien que ha sufrido cautiverio durante largo tiempo o algún tipo de tortura, y ha conseguido salir con vida de tan terrible circunstancia. Cuántas personas han sido secuestradas en las últimas décadas en todo el mundo, es como si fuera un método que se hubiera puesto de moda a la hora de conseguir dinero, muchas veces camuflado con reivindicaciones políticas.

Pero cada vez más se hace desaparecer a las personas, mujeres normalmente, por otros motivos. El caso de Natascha Kampusch es el último de una larga lista. Ahora que sale a la luz todo lo que le ocurrió, no deja de ser una novedad el hecho de que esta mujer hable tan abiertamente de su traumática experiencia, dando entrevistas, haciendo reportajes para televisión y escribiendo un libro sobre el tema.

Por lo general, la mayoría de la gente que pasa por un trance semejante prefiere guardar el anonimato y sobrellevar en privado lo sucedido. Sólo vemos unas fotos de la interesada o unas secuencias en televisión de su rescate, unas pocas palabras dando sus impresiones y varias entradas y salidas de juzgados rodeada de mucha gente curiosa (morbosa) y con mucha protección policial.

Realmente, la víctima de un proceso como éste se convierte en un muñeco de trapo que es zarandeado a placer por todo el mundo, alguien a quien el shock y la cercanía de los hechos impide actuar con iniciativa propia pues, aunque sea temporalmente, ha quedado despojado de su voluntad. Hay muchos buitres siempre dispuestos a alimentarse de carnaza, de los despojos ajenos, en cuanto se presenta la ocasión. Pero Natascha Kampusch parece ejercer un extraño dominio sobre su propia vida a pesar de las secuelas que lógicamente le han quedado, y que no le impiden sin embargo tomar sus propias decisiones y, por decirlo de alguna manera, “sacar tajada” de su propia desgracia, pues es la única verdadera interesada en toda esta trágica historia.

Yo vi un reportaje que le hizo un periodista de su país natal, en el que no entraba en muchas profundidades, pero dijo lo suficiente para podernos hacer una idea de su calvario, con unas pocas palabras y el gesto de su cara lo dijo todo. “Me ha robado mi infancia”, “Lo peor era la soledad y el hambre”, “No le guardo rencor, pero no puedo olvidar”… Casi no habla de los abusos sexuales, es como si pasaran a un segundo plano en comparación con todo lo demás.

Natascha es una joven mujer muy valiente e inteligente. Ha enfrentado sus fantasmas casi desde el primer momento, con una frialdad que parece casi también de psicópata. Es como si se hubiera contagiado del espíritu que animó a su secuestrador, y se hubiera trazado como él un plan mental que está dispuesta a llevar hasta el final. Y aunque hable de todo lo sucedido con naturalidad e incluso acceda a vivir en la misma casa en la que sufrió su tormento, me da la impresión de que sigue atenazada por el sufrimiento, como si su torturador siguiera con ella. La veo incapaz de comunicarse verdaderamente, de establecer relaciones estrechas con los que la rodean, más allá de una conversación.

Sus padres se desentendieron de ella bien pronto cuando fue secuestrada, no se molestaron gran cosa en buscarla ni saber qué había sido de ella. Ahora parece que quieren sacar provecho del asunto, pero tiene que ser muy difícil sobreponerse a todo lo sucedido cuando hasta tu propia familia es una extraña para ti.

Pero lo que más admiro de Natascha Kampusch es su valor y su determinación. Durante el cautiverio, y pese a los muchos momentos de desesperación, una idea se forjó en su mente: aquel hombre no iba a poder con ella. Su resistencia moral, que a su propio torturador se le escapaba, y su capacidad de extraer dulzura y esperanza de los más pequeños detalles, junto con su rabia, la condujeron a un final inesperadamente feliz. Ella, que aún era una niña cuando le sucedió, ya demostró tener una gran personalidad.

Hablar o escribir sobre un trauma es una buena terapia, pero no sé hasta qué punto la atención mediática que este caso ha levantado y que la propia interesada ha alentado la va a ayudar en el futuro a superar el problema. Siempre habrá alguien que se lo recuerde, si es que alguna vez consigue olvidar. Además, las penas, por mucho que se quieran compartir, son sólo tuyas.

Natascha, bajo su apariencia serena, esconde un alma frágil, herida, como de una niña indefensa. La veo muy expuesta, siempre en el objetivo de la opinión pública y de las cámaras. Parece que quisiera buscar ayuda y solidaridad en los demás a costa de poner al descubierto sus más íntimos pensamientos y sentimientos. Se muestra tal cual es, con sus terribles circunstancias, que son la carga que tiene que acarrear, con una enorme sencillez, pero corre el peligro de convertirse en una atracción de feria.

Yo no voy a leer su libro, porque no me siento capaz de conocer todos los detalles de su calvario, lo encuentro incluso morboso hacerlo, pero sírvanos su ejemplo para cualquier momento difícil de nuestra vida, cuando falla la entereza y la vida parece un largo y oscuro túnel del que no sabemos cómo vamos a salir. Todas mis simpatías y mi solidaridad para Natascha.

lunes, 7 de marzo de 2011

Fotógrafos (IV): Robert Pietraga

No he sido capaz de encontrar absolutamente nada sobre la biografía de este magnífico fotógrafo, uno de los mejores del mundo, pero he aquí una pequeña muestra de su trabajo, perteneciente a una larga serie de imagénes tomadas en el Báltico.

viernes, 4 de marzo de 2011

Desmontando a Mary Poppins



Ver Mary Poppins me trae siempre buenos recuerdos de cuando mis hijos eran pequeños y disfrutaban con las aventuras que en la película se relataban, un canto a la imaginación y la inocencia infantil, pero con la perspectiva de los años pasados he llegado a vislumbrar una segunda lectura en esta historia.

Siempre hubo algo que nunca terminó de encajarme. Deslumbrados por el despliegue de unos efectos especiales muy particulares que hacen las delicias de cualquiera, y que nos permiten adentrarnos en un mundo de fantasía incomparable, no reparamos en las pequeñas grandes crueldades que envuelven a los personajes, y que son estigmas que existen en nuestra sociedad desde tiempos remotos: la soledad y la falta de comunicación. Los padres de los niños ofrecen una imagen ridícula, abstraídos cada uno en sus ocupaciones e incapaces de compartir su tiempo con sus hijos, a los que no escuchan ni consideran, pues todo lo que ellos tengan que decir carece de valor, ya que son pequeños.

El no reparar en lo que la gente menuda piense o sienta atendiendo a su edad es bastante común. Yo misma fui educada de esa manera. Incluso ahora, que parece tenerse tan en cuenta los sentimientos y opiniones de la infancia y casi se han borrado las fronteras que separaban a profesores y alumnos en las escuelas, marcadas por los límites del respeto debido a los mayores, incluso ahora repito me parece que los niños, con sus necesidades y urgencias, siguen siendo unos grandes ignorados.

La película trata supongo de hacer una crítica a esos padres demasiado preocupados en ganar dinero o mantener una desenfrenada vida social. Contratar una niñera es como el talismán que procurará a los progenitores librarse el mayor tiempo posible de la engorrosa obligación de atender a los hijos, a los que se ha traído a este mundo porque es la costumbre cuando uno se casa. El dinero lo resuelve todo.

Los niños, ingenuos, inocentes y abandonados a su suerte en manos de una extraña excéntrica que vuela por los aires con su sombrilla y saca hasta lámparas de pie de su enorme bolsón, encuentran refugio en esa mujer que ha surgido de no se sabe dónde, y a la que parece que alguien hubiera encargado la misión de velar por ellos hasta que las cosas se hagan como es debido en su casa.

Pero lo que hace realmente insoportable a Mary Poppins es la forma como se mofa de las ocurrencias de los niños, como si estuvieran llenos de defectos, e incluso llama a la niña esa palabra tan repelente, “marisabidilla”, que es precisamente el apelativo que cabría aplicarle a ella misma.

Una señora, o señorita (solterona remilgada, esa es la imagen que da), que es capaz de ordenar una habitación en un abrir y cerrar de ojos con sus poderes mágicos, que sin duda no se merece, y de imponerse a adultos y pequeños de una forma tan absoluta, me parece el colmo de la estupidez. Y cuando se hace la loca al recordarle los niños las peripecias que han vivido cuando salen a la calle, negándolo todo y dando a entender que son unos mentirosos, da la impresión de que ha perdido definitivamente la cordura. ¿Se burla una vez más de los niños?. ¿Teme ser descubierta?.

Cierto que consigue que los padres entren en razón, aunque sea a base de estar a punto de perderla viendo tantos sucesos extraños en su casa. Ya sólo con ser testigos de los correteos de la madre y los criados cada vez que el vecino de en frente dispara desde el torreón de su ático un enorme cañón para dar las horas, creyendo que sigue siendo capitán de barco (marinero de agua dulce diría yo que es), con el fin de evitar que los objetos caigan al suelo y se rompan, mueve a la más absoluta hilaridad, y nos hace pensar que si gente tan peculiar vive en ese sitio, por qué no ha de tener cabida alguien tan extraño como Mary Poppins.

Lo cierto es que aunque se trata de un relato de hace muchas décadas, sigue estando de rabiosa actualidad. Cualquier persona que quiera emplearse en una casa tiene una larga lista de exigencias que aquellos que la contraten tienen que acatar. Parece que todo son imposiciones, y sus deberes nunca están lo bastante claros.

También es verdad que se sigue dejando a los niños en manos de extraños, ante la imposibilidad de hacerse cargo personalmente de ellos, pues hay que pagar facturas, hipotecas eternas, y sólo trabajando sin descanso se puede lograr. Sé de alguna chica a la que la niña que cuidaba terminó llamando mamá, en vez de a su propia madre.

Cruel Mary Poppins, que abandona a los niños cuando cree haber cumplido su misión. Es rara hasta para eso: cuándo una nurse se despide no teniendo problemas en la casa en la que trabaja y siendo aún pequeños los niños a los que cuida. Será que otros la esperan, y allá irá para dar la barrila a más pobre gente a la que sin duda favorecerá con sus extraños manejos. Síndrome de Estocolmo es lo que tenían los protagonistas de esta historia. Si no, no me explico.

A mi hija le gusta. No sabe lo que dice: si tuviera que aguantar todo el día a una señora que no deja de decirle lo que tiene que hacer y que da a entender que es la imagen de la perfección absoluta, seguro que acabaría harta… O puede que no.

jueves, 3 de marzo de 2011

Pintura hiperrealista (XXII): Marcos Ortolán

Este pintor argentino estudió Arquitectura, aunque el Dibujo y la Pintura le interesó ya desde su adolescencia.
Su obra está influída por el Renacimiento italiano y el neoimpresionismo francés.








Venecia es un tema recurrente en él, aunque también ha pintado retratos y paisajes. En sus cuadros se aprecia su enorme policromía, la intensidad de los colores, la gran riqueza visual y la luz.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Album familiar (III)

Foto de grupo familiar. A la izquierda mi tía Carmen, hermana de mi madre. Sujetándome por los hombros mi abuela Pilar. Al lado mi madre sujetando a mi hermana, y en el centro mi padre. Yo debía tener unos cinco años. Es en El Escorial y se nos ve un poco agrestes. Echo mucho de menos los días en el campo, al aire libre.

En esta tendré casi dos añitos y mi hermana unos meses. Las dos con nuestro eterno chupete. A mí me duró hasta los tres años, y porque me engañaron para quitármelo, que si no seguro que aún sigo con él. Estamos en el barrio, junto al Manzanares. Mi madre se pintaba un lunar en la mejilla, según la moda de la época, que dicen que hacía muy sexy. Siempre me encantó esta foto porque se ve a Susana con su papadita tan mona. Un tío mío, para hacer una broma, solía decir al ver esta foto que se parecía a Juan XXIII.


Aquí está mi padre en su trabajo, no mucho antes de jubilarse. Él es delineante. Tenía un despacho espacioso y con mucha luz que compartía con un par de compañeros muy guasones. Es un esteta: detrás de él se ven fotos de cuadros y cosas de arte. En otra zona colgó dibujos que hacía a carboncillo del Palacio Real y algunas iglesias de Madrid. Son preciosos. Es muy detallista en sus trabajos. Ahora ha enmarcado algunos y los ha colgado en casa. Cuando era más joven hacía diseños de chalets, muy en la línea de los 60 y 70, y también de interiores. Eran magníficos.

martes, 1 de marzo de 2011

Elvis

Hay dos fechas en el año en las que siempre se recuerda a Elvis Presley: en enero, cuando nació, y en agosto, que fue cuando murió. El mes pasado volvían a poner en televisión algunos momentos de sus actuaciones e infinidad de fotos que le hicieron en varias etapas de su vida. No creo que nunca una persona haya sido inmortalizada en tantas ocasiones por la cámara, y por muchas razones.

Y sin embargo a pesar del éxito su existencia, como le ha pasado a tantas otras estrellas, lejos de ser feliz y plena estuvo marcada por un sino extraño ya desde su nacimiento. Dicen que se gestó en el vientre de su madre con un hermano gemelo al que estranguló con su cordón umbilical. Me cuesta imaginar a dos hombres iguales que fueran como él.

Siempre estuvo muy unido a su madre, y su prematura muerte, cuando él estaba en la cumbre de su carrera, fue un golpe tremendo. En cuanto empezó a ganar dinero le faltó tiempo para comprarle una espléndida casa a sus padres. Elvis era un hombre muy familiar y entrañable.

Su ex mujer no habló bien de él cuando se separaron. Contaba las múltiples infidelidades de que fue objeto por parte del cantante, y del hecho de que la tuviera encerrada, junto con su hija, en la lujosa mansión que se compró siendo muy joven y que sería su casa hasta que él murió. Ella decía que era una jaula de oro. Algo que no le ha impedido administrar hasta el día de la fecha su cuantiosa fortuna, y cuidar con veneración y respeto de la casa y los objetos que hay en ella, tras convertirla en un museo visitado por miles de personas todos los años, lo mismo que el lugar donde yacen sus restos.

Jamás una persona despertó sentimientos tan contradictorios. Por un lado sus fans, que en sus conciertos organizaban auténticas batallas campales, presas de una histeria muy anterior a la que luego hiciera famosos a grupos como Los Beatles. Su voz tan profunda, la sensualidad de su cuerpo y su forma de bailar (nadie ha conseguido imitar el contoneo de sus caderas, con el toque preciso de sexualidad masculina para no parecer afeminado), la frescura de su cara, prototipo de la lozanía juvenil emergente de la sociedad americana de aquel entonces, todo ello hicieron de él una figura única con más imitadores que ninguna otra estrella de la música.

Mucho tuvo que trabajar Elvis para llegar a donde llegó. Lo peor era la censura. En más de una ocasión se las tuvo que ver con las autoridades, que se empeñaban en obligarle a seguir unos patrones de conducta “moral” en sus actuaciones. Como le prohibieron mover las caderas, encogía los hombros (fue siempre su forma de acentuar determinados compases de sus canciones, no se podía estar quieto en el escenario). Pero el efecto seguía siendo el mismo, y contra esto nada podían hacer los censores. Era muy difícil no dejarse llevar por el impulso rítmico de El rock de la cárcel o King Creole, mis favoritas. La acústica de sus canciones más movidas era magnífica, impactante. Compuso muchas de ellas, a medias con un colaborador, como la famosa Love me tender. Sabía tocar, además de la guitarra, el piano, y lo hacía muy bien.

Se cuenta que era un hombre insaciable en lo que al sexo se refiere: nada más fácil para una estrella de la música que escoger cada día a una chica diferente de entre las que estaban en las primeras filas en los conciertos, cuanto más jóvenes fueran mejor.

También se han dicho muchas cosas tremendas sobre la época en que entró en declive, cuando se vio reducido a actuar en los circuitos de Las Vegas, el lugar del desenfreno y la excentricidad. Cosas como que dormía con una pistola debajo de la almohada, o las ingentes cantidades de comida basura que ingería diariamente, en un afán por calmar su ansiedad y llenar su vacío. O los excesos con las drogas, que le llevaron a la tumba.

Incluso en esta etapa, cuando ya no era ni volvería a ser el mismo que fue, marcó estilo. Cierto que los 70 fueron una época de horterez estética en general, que él sublimó con unos atuendos increíbles, pero era Elvis, y todo lo que él hacía resultaba distinto, espectacular.

Con sus muchas cualidades y defectos, fue un ser humano que quemó sus cartuchos quizá demasiado rápido, como si la vida hubiera dejado de tener interés para él muy pronto, pero al que guardaremos eterno respeto y admiración.

lunes, 28 de febrero de 2011

Grandes arquitectos contemporáneos (VI): Philip Johnson

Crystal Cathedral
Arquitecto norteamericano, máster por la Universidad de Harvard. Fue el primer director del departamento de arquitectura del Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Durante su juventud desempeñó múltiples labores, como crítico, autor, historiador y director de museo. No hizo su primer edificio hasta los 36 años. Desde entonces se ha dedicado por completo a la Arquitectura.
Colaboró en el diseño, junto con van de Rohe, del edificio Seagram.
Recibió el primer Pritzker que se concedió.

Glass House

Su Casa de Cristal es su obra más famosa, que diseñó para sí mismo.
Pennozil Place

viernes, 25 de febrero de 2011

Citas varias (VIII)


- “Hay que alzarse críticamente contra quienes creen que nuestra ética personal y cotidiana no puede modificarse hasta que no se transformen las grandes estructuras políticas, sociales y económicas” (Fernando Savater, filósofo y escritor).

- “A pesar de mi ascendencia noble, mi apellido es uno de esos que, desde tiempos inmemoriales, parecen ser propiedad común de la multitud” (Cuentos, de E.A. Poe).

- “La singularidad de su expresión, la intensa, la asombrosa, la estremecedora evidencia de una vejez tan grande, tan absoluta, dominó mi espíritu con un sentimiento inefable” (id.).

- “¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien veces en momentos en que cometía una acción tonta o malvada por la simple razón de que no debía cometerla?. Eso es la perversidad” (id.).

- “Y al pronunciar estas palabras le hice una sonrisa de inteligencia, y le guiñé un ojo mientras le daba suavemente con el dedo en las costillas” (id.).
- “No hay belleza exquisita sin algo de extraño en las proporciones” (Francis Bacon, filósofo).

- “Estamos próximos a despertar cuando soñamos que soñamos” (Novalis, poeta).

- “Cuando alguien se queda sin gafas, de repente se encuentra en un mar de colores sin sentido” (El señor de las moscas, de W. Golding). 

- “Cuando llueve, el agua se precipita como en una batalla” (Jeremiah Callanan, poeta).

- “Sólo se tiene miedo cuando no se está de acuerdo con uno mismo” (Herman Hesse, escritor).

- “El clasismo existe hasta en las clases más bajas”.

- “Encontraba siempre nuevos modos de renacer”.

- “Hacía las cosas con una sencillez capaz de tocar fondo”.

- “Más que una moral, lo que sigo es una ética: sé lo que quiero y no hago lo que no me gustaría que me hicieran a mí” (Carmen Llera, escritora).
- “La capacidad del comic moderno está en la creación de ambientes más que en el desarrollo convencional de una historia”.

- “La paz viene cuando se profundiza en las ideas y se ve que los antagonismos son más aparentes que reales” (Irene de Grecia).

jueves, 24 de febrero de 2011

Fotógrafos (III): Mike Reyfman

Ucraniano de origen, Mike Reyfman empezó tarde a hacer fotografía, y se inició con una cámara de su abuelo, de los tiempos de la 2ª Guerra Mundial, que llevaba 40 años en el desván de su casa en perfecto estado.

Su padre era fotógrafo profesional y siempre se sintió muy atraído por ese mundo. Él le enseñó muchas cosas del oficio.

En 2000 emigró a EE.UU. con su familia.

Gran viajero, su pasión es el paisaje y la Naturaleza.


 




miércoles, 23 de febrero de 2011

Un poco de todo (XII)

- Mis saludos de bienvenida una vez más a una seguidora que se ha unido a mi blog, Grace, que por lo que veo compartimos una común afición por la escritura de Pérez Reverte. Mi agradecimiento para ella por estar ahí.

- He vuelto a ver después de mucho tiempo La hija de Ryan, y aunque es un clásico del cine que siempre me ha desazonado por su temática, tan cruda y tan dulce al mismo tiempo, y con un metraje demasiado largo para mi gusto, de lo que sí he disfrutado más que nunca en esta ocasión es de su fotografía y la forma como aparece reflejada  la belleza del paisaje de Irlanda. El pueblecito costero que aparece en la película, Dingle, es una auténtica delicia, aunque quizá la única pega que yo le veo es el clima, tan húmedo y tormentoso. La pureza y la limpieza de todas las imágenes, de la playa con los protagonistas paseando por su orilla un día de sol radiante y cielo muy azul, con la arena tan blanca, el mar embravecido por una tormenta tremenda mientras el viento huracanado lleva el agua pulverizada de las olas al interior, las nubes tan blancas desplazándose a gran velocidad por entre los escarpados riscos que parece que se pueden tocar con las manos, el verdor del bosque con la suave brisa soplando entre las copas de los árboles, a través de las que se filtran los rayos de sol, la transparencia del agua de los estanques, la luz que traspasa una telaraña como si fuera un cristal lleno de gotas de agua, los dientes de león que se deshacen con el viento… No se entendería de la misma forma la historia que se nos cuenta si estuviera ubicada en un lugar distinto. El paisaje, la Naturaleza en estado salvaje y puro, envuelve a los personajes y es como si los determinara. La hija de Ryan es un goce estético ante todo.

- Hace poco, cuando escribía el post dedicado a Fama, leí sobre la muerte del actor que interpretaba el personaje de Leroy, mi preferido. Sí recuerdo cuando dieron la noticia, hace seis años, que apenas tuvo repercusión, y que a mí me causó tristeza, aunque no sorpresa. Hacía tiempo que sabía que estaba metido en drogas. En una foto que vi hace años aparecía en el autocar con el que hacía las giras, rodeado de sus compañeros, que le profesaban muestras de afecto, pero él tiene el gesto apesadumbrado, muy triste. No era muy distinto el papel que interpretaba, no tanto en la serie de televisión como en la película que lo catapultó a la fama, del ser humano que era en realidad. Un pasado de pobreza o una infancia difícil son suficientes para marcar a una persona de tal manera que le impida que el resto de su vida se desarrolle con fluidez. A él le perseguían sus fantasmas.

Tenía 42 años cuando murió, y se había pasado casi toda su existencia dedicado casi exclusivamente al espectáculo Fama. No hubo una oportunidad para él en otros papeles o facetas que le hubieran permitido mostrar y cultivar sus talentos. Era un magnífico bailarín, con un estilo muy personal. Poseía una rara belleza, muy exótica. Me encantaba. Y como persona creo que era un ser volcánico y dulce al mismo tiempo, un hombre bueno.

Nos queda en el recuerdo para siempre.

martes, 22 de febrero de 2011

Hospital de Día (II)

Últimamente a Miguel Ángel le gusta, mientras vemos la televisión después de cenar, poner su cabeza sobre mi regazo y dejar que le de masajes por la espalda, los brazos, el pecho y la cabeza. Eso le alivia y le relaja mucho, casi no se quiere acostar cuando llega la hora, sólo por estar más tiempo así. Tiene 15 años y es más grande que yo, pero sigue siendo un niño que necesita mucho afecto y comprensión, todo el que pueda dársele.

Es ahora cuando se le está viendo mejoría. Su hermana es la que más lo percibe, dice que habla más con ella. Siempre han hablado, pero ella dice que nunca han llegado a comunicarse. Además nos mira a todos a la cara y se queda como pensativo, es como si empezara a salir de su mundo, un lugar en el que hasta el momento había permanecido encerrado, ensimismado. Su gesto se ha relajado y a veces me sonríe de una forma muy dulce, ya no está siempre serio como antes. Su gran inteligencia y su sensibilidad han permanecido semi ocultas por todas estas circunstancias.

Y mientras, en el Hospital de Día sigue sus terapias. Él nunca quiere hablar de lo que hace en ellas. Sé que en las que son colectivas todos se reunen y comentan sus experiencias personales. Miguel Ángel es el único que no habla, aunque nadie le obliga a ello. Así ha sabido lo que les pasa a los demás: chicas con bulimia, alguna con anorexia, que han intentado suicidarse o que se autolesionan, un chico que salió de un coma etílico, otro que ha estado en correccionales (si se le ve nadie lo diría, porque tiene un aspecto impecable), uno que maltrata de palabra y obra a su madre… Hace poco llegó una chica que nació en Chernobil y tiene problemas de salud a consecuencia de ello, además de haber sufrido abusos sexuales en su infancia. A veces te preguntas cómo en una vida tan corta han podido caber tantos horrores.

Me angustia que Miguel Ángel tenga que escuchar todas esas barbaridades, aún es demasiado joven para tener que aguantar tales cosas, pero alguien me dijo hace poco que no me preocupara porque sin duda él saldría reforzado de toda esta experiencia, y creo que sí va a ser así.

Cada dos semanas vamos a unas reuniones de padres en las que se cuenta las preocupaciones de cada cual, es un desahogo, y se opina sobre la experiencia de los otros desde la experiencia personal. Jesús, junto con una o dos terapeutas, hace las veces de introductor y moderador, el resto del tiempo se limita sólo a escuchar. Los únicos que no abrimos la boca somos mi ex marido y yo, él porque no termina de aceptar la situación y acude de mala gana, y yo porque me siento incapaz de hablar sobre lo que desconozco y ya el tener que escuchar la clase de problemas que tienen los que allí acuden me deja sin palabras. No tengo tampoco la confianza suficiente con estas personas como para permitirme opinar o aconsejar sobre sus problemas tan personales. Qué puedo yo decirle a una madre cuyo hijo sigue con vida sólo porque ella tuvo los reflejos suficientes para cogerle a tiempo por la ropa y evitar así que se tirara por una ventana de su casa… Yo de por sí no suelo hablar mucho cuando hay mucha gente a mi alrededor, pero además aquí es que me siento superada por las circunstancias.

Una vez al mes tenemos consulta con Jesús, en la que está presente Miguel Ángel. Jesús parece muy satisfecho por la forma como están yendo las cosas. De él dijo que era “un tío muy honrado y trabajador”, algo que a mi hijo le gustó oir, por supuesto. Yo dije que además es muy sufrido también, porque nunca se queja de nada, a pesar de todo.

Miguel Ángel sigue siendo reacio a abrirse a él. Jesús, con mucha gracia, contó que le había tenido que acorralar un día en la cocina, como si fuera un sparring, para poder hablar con él. Dice que sólo le ha sonreído en alguna ocasión, y es como si le doliera porque es un hombre tremendamente humano y necesita también que haya reciprocidad, no sólo da apoyo y tratamiento a los chicos sino que quiere sentir que le corresponden.

Como dije en la primera reunión de padres a la que asistí, cuando tienes que resumir tu caso para que los demás lo conozcan, “no sé qué es lo que le pasa a mi hijo, pero por lo menos sé que está en un sitio donde se interesan por él y le pueden ayudar”. Y eso es más de lo que he podido decir hasta ahora.

lunes, 21 de febrero de 2011

Hospital de Día (I)

La verdad es que me vino Dios a ver el día en que, por medio de una compañera de trabajo, conocí a Jesús. Andaba Miguel Ángel, mi hijo, muy perdido y yo ya no sabía qué hacer. Él se había pasado un curso entero metido en casa, nada más que jugando con la play y viendo televisión, y el nuevo curso que empezaba iba a ir por el mismo camino.

En abril hará dos años que empezó a salirle una especie de urticaria virulenta por todo el cuerpo que al principio no supieron ni los médicos a qué atribuirla, hasta que con el tiempo me di cuenta de que era una reacción al stress. Miguel Ángel llevó muy mal tener que repetir curso, pero al iniciar el siguiente se le habían acumulado de tal manera los suspensos que aquello era como una montaña que se le venía encima, y era incapaz de afrontar la situación y acudir a clase con normalidad.

El psiquiatra y la psicóloga de la Seguridad Social, sobre los que ya hablé en otro post, no sirvieron para nada. Fue mi compañera de trabajo quien, a través de un psiquiatra amigo suyo, me puso en contacto con Jesús.

Jesús es psicólogo y tiene su consulta en el ático de un chalet de tres plantas. Yo llegué allí una tarde de finales de octubre pasado sin saber muy bien a dónde iba. Él ocupa una habitación abuhardillada con terrazas a ambos lados, llena de objetos antiguos (un ventilador plateado años 50, grabados de barcos antiguos colgados en la pared, montones de libros ya amarillentos sobre psicología apilados aquí y allá), y recuerdo que entraba un sol dorado de atardecer otoñal por uno de los ventanales.

Miguel Ángel se mostró muy cerrado y a disgusto, contestaba con monosílabos a lo que Jesús le preguntaba, pero entre lo poco que de él sacó y unas cuantas cosas que yo le dije se hizo enseguida una composición de lugar. Él es un hombre sumamente sagaz e inteligente y no necesita muchas palabras para comprender. Cuando habla dice siempre las palabras justas y da en el clavo con todas las cuestiones, como si en su cabeza se organizara al momento un puzzle en el que todas las piezas encajan a la perfección, salvo algunas pocas que quedan sueltas porque ahí es donde él y su equipo tienen que intervenir. Dijo que enseñarían a Miguel Ángel a reír, a llorar, a enfadarse y, en definitiva, a desarrollarse como ser humano, para que en el futuro pudiera tener un trabajo, una pareja y, en fin, una vida normal. Nunca dejaría de ser introvertido, pero sería nada más que un rasgo de su personalidad, no un impedimento para su desenvolvimiento vital.

En seguida vió que las visitas particulares de poco le iban a servir a Miguel Ángel, y me propuso que acudiera al Hospital de Día para Adolescentes, una de cuyas unidades está en ese chalet. Allí mi hijo acudiría por la mañana a hora no muy temprana y se quedaría hasta después de comer para llevar a cabo unas convivencias con otros chicos y chicas de su edad que también tienen problemas de conducta. Se le daría de baja médica en el instituto e iniciaría un tratamiento basado en terapias colectivas e individuales. Varios terapeutas se encargan de impartirlas, todos con una amplia experiencia en el tema juvenil.

Miguel Ángel, tan reacio en un primer momento a ir, lleva sin embargo desde principios de diciembre acudiendo a ese lugar y no pone mucha pega. Jesús dijo que aquel era un lugar al que ninguno de los chicos quería ir, pero del que al final ninguno se iba. No hay vallas, ni puertas cerradas. Tan sólo se les dio el caso de un chaval que se marchó por voluntad propia, y entonces hubo que decirle a los padres que no volviera porque así no podían desarrollar el tratamiento.

A Miguel Ángel le llamó mucho la atención, cuando íbamos por allí y aún no había iniciado la terapia, que la gente se paseaba por todas partes con mucha tranquilidad, como Pedro por su casa como se suele decir. En la parte de atrás tienen una zona ajardinada en la que se oía música y hay una mesa de ping pong. Parecía un lugar de recreo y relajación más que otra cosa. Es muy curioso.

Desde que empezó el tratamiento Miguel Ángel ha tenido dos o tres momentos críticos en casa durante este tiempo, ocasiones en las que sus nervios están tan crispados que se conduce con agresividad verbal y hasta física si te pones en su camino. El pobre no hace si no responder a su esquema genético, pues por desgracia ha heredado casi todas las taras psíquicas de su padre. Eso y la forma como éste lo trataba cuando era pequeño han traído consecuencias que nunca hubiera pensado. Jesús ya me dijo que había que evitar toda confrontación, había que retirarse y dejarlo pasar. En realidad el que peor lo pasa es Miguel Ángel, porque corre a su habitación buscando el refugio y la quietud de su cama, mientras se deshace la piel a tiras con los rascados; entonces se tiende y aprieta los párpados cerrados, a la espera de que pase el momento. La última vez fue porque había discutido con un amigo: cualquier contrariedad o cualquier idea extraña que pase por su cabeza es motivo para que le suceda esto.

Pero sólo le ha pasado en dos o tres ocasiones, como ya dije antes. Algo le están removiendo en su interior, y eso le provoca días de tristeza o de rabia, según el caso. Esta última vez, y como he aprendido a afrontar la situación y mantener la calma, me senté en su cama, mientras él estaba tendido debatiéndose con los ojos cerrados, y le empecé a acariciar en la zona del corazón, que latía como si se le fuera a salir del pecho. Esos masajes suaves y tranquilos le fueron calmando.

viernes, 18 de febrero de 2011

Cosas que no volvería a hacer

Hay ciertas cosas que uno nunca querría volver a hacer, sobre todo porque han dado lugar en su momento a situaciones truculentas y ridículas, y nos excusamos con la sempiterna frase “todos somos humanos”, algunos más que otros, y por tanto todos nos podemos equivocar. He aquí algunas de las que a mí me han ocurrido. Ríanse o lloren, hay para todos los gustos:

1) Cuando me comí aquellas bravas un verano en una terraza junto a la playa. La salsa picante se me fue por mal sitio y estuve tosiendo media hora sin parar, llorando y babeando, más roja que una grana. La vergüenza que pasé y la angustia por no poder rehacerme y volver a respirar con normalidad no lo sabe nadie. Además estábamos sentados con una conocida de mis padres, que todo el rato la pobre estuvo intentando animarme y quitarle importancia al asunto.

2) La limpieza de cutis que me hice hace unos meses. No me la había hecho nunca y tenía curiosidad por saber cómo es eso. En buena hora: aunque la chica que me atendió era sumamente amable y se veía que sabía hacer bien su trabajo (me aplicó mascarillas de todas clases, desde tierra volcánica hasta extracto de algas y animales marinos varios), la cara me estuvo doliendo por lo menos dos días.

3) Ponerme una faja después de dar a luz a mi primer hijo, por recomendación médica, para que el abdomen vuelva a su sitio. La congestión de mis partes íntimas fue tan grande que se me estuvieron a punto de soltar todos los puntos que me dieron, que fueron incontables. Si ya entonces no me gustaban las fajas, ahora además las odio. Las prescripciones facultativas a veces hay que pasárselas por ahí mismo.

4) Pisar aquella caca de perro nada más salir del portal de mi casa el día que hacía mi Primera Comunión. Yo llevaba sandalias, pero la cosa no fue más allá. Este tipo de cosas me suelen pasar con frecuencia, y pisar mierda nunca me ha traído buena suerte.

5) Intentar asar un cordero en el horno de mi casa estas Navidades, que hace tiempo que no funciona bien. Se quedó tan crudo que al día siguiente los restos que habían quedado hicieron amago de irse a pastar al campo.

6) Limpiar los cristales del ventanal de mi cocina subida en lo alto de una escalera. Esto me sucedió cuando estaba arreglando mi casa para casarme. Había un cubo lleno de agua sucia de fregar al lado de la escalera. Al bajar no miré bien y allá fui yo a meter un pie en el cubo. Estaban conmigo dos de los sobrinos de mi ex marido, que por entonces eran pequeños, y se rieron un montón por lo bajinis. Me recordó uno de esos sketchs cómicos que ponen a veces en televisión.

7) Probarme en una tienda un vestido que resultó no ser de mi talla. Le reventé una de las costuras laterales y lo devolví procurando que no se viera el roto. Iba con mi hermana (en vaya apuros la meto). Se dieron cuenta cuando ya salíamos por la puerta, pero fuimos veloces. Esto ocurrió hace muchos años. Si me pasara ahora por supuesto que ya no me volvería a comportar así.

8) Colarme en el metro aprovechando que no hay empleados en las taquillas, como pasa en algunas entradas a las estaciones. Mi preferida era una de las de la Plaza de España. Por supuesto que ya no lo he vuelto a hacer, son cosas de juventud, pequeñas gamberradas, un desafío a las normas establecidas, a ver quién tiene narices. Hoy en día veo a mucha gente que lo hace.
9) Irme sin pagar de un bar en el que no me he sentido bien atendida. Es cierto que hay sitios que te atienden tarde, mal y nunca. Esto también fue cosa de mi juventud, aunque no descarto volver a hacerlo, porque en muchos sitios, cada vez más, ponen a prueba la paciencia de los clientes hasta más allá de lo estrictamente razonable.

Yo me veo con frecuencia metida en situaciones cómicas, rocambolescas o como quiera que se llamen, a las que nunca sé cómo he llegado a parar. Conmigo los payasos del circo tendrían un número extra que añadir a su espectáculo. Pasen y vean.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Album familiar (II)

En esta foto se nos ve a mi hermana y a mí cuando yo tenía 6 años en El Escorial, a donde íbamos los fines de semana a pasar el día en el campo. Daba igual que fuera invierno o verano, que hiciera frío o calor, lloviera o hiciera sol, rara vez faltábamos a nuestra cita con la Naturaleza. Era una gozada estar al aire libre. Aquí llevábamos unos pantalones de peto y un corte de pelo que nos hacía parecer unos golfillos, a mí sobre todo. La casa que se ve de fondo estaba abandonada y se utilizaba como improvisado W.C. Con el tiempo la derribaron, y en su lugar crecen grandes matorrales, producto de todo el abono que quedó en el lugar. Desde allí hay unas vistas increíbles.

Aquí estamos en Torrevieja, muy cerca de las salinas, en un atardecer dorado de verano. Yo tendría unos 7 años. Soplaba el viento y se ve el contraste entre nuestra piel bronceada y la blancura de los vestidos. Me la han alabado mucho las compañeras de trabajo cuando la han visto. Esta foto capta un momento cualquiera de nuestras vacaciones en la playa, un instante relajado, armonioso, perdido en el tiempo.



Mi hermana y yo en el salón de casa, vestidas para ir a dar un paseo. Yo tendría 8 años. Susana parece enfadada. Siempre fue muy expresiva, se le notaba mucho tanto cuando estaba contenta como cuando estaba contrariada, triste no se la solía ver nunca. En los años 70 se llevaba el empapelado en las casas, que lo hacía mi padre. Si es ahora no lo soportaría, es una locura de paredes. También era verano.

martes, 15 de febrero de 2011

Pintura hiperrealista (XXI): Eloy Morales


Eloy Morales es madrileño y está licenciado en Bellas Artes.
Empezó haciendo cuadros de temas taurinos, que le dieron mucha fama. Después hizo muchos retratos, con carboncillo y al óleo.
En la actualidad su temática es amplia y variada. 
Utiliza fotografías, a partir de las cuales hace bosquejos.




lunes, 14 de febrero de 2011

Love actually (Amor en realidad)


Hoy que es un día dedicado al amor y a los enamorados (todos los días lo son), y la mejor manera que tengo de escribir sobre este tema es, cómo no, a través de una película que describe muy bien las muy diversas formas de amar, da igual la edad o condición.

La acción de Love actually transcurre en Inglaterra en Navidad, y trata de un conjunto de historias de seres muy distintos con vidas muy diferentes que, de alguna manera, están relacionados en un momento dado. Cada uno siente el amor desde su circunstancia vital, para llegar a la conclusión de que es algo sin lo que no podemos vivir, y si lo hacemos no podemos llevar una existencia plena.

La primera historia es la más original. Un cantante de rock casi sexagenario, antiguo yonki, acaba de sacar un disco aprovechando el tirón comercial navideño. En cada una de sus apariciones en televisión acostumbra a decir lo que piensa, por escandaloso que pueda resultar. Siempre tiene una ácida ocurrencia para todo, y saca a relucir tan descarnadamente sus propias miserias, invitando a los demás a que hagan lo mismo, que resulta cuando menos grotesco. Pero a él le da todo igual. Cuando en un programa le recuerdan que está en horario infantil no se le ocurre otra cosa que decir: “Niños, no compreis drogas. Si os convertís en estrellas del pop os las darán gratis”. Para colmo promete cantar en Nochebuena, en “pelotas” según sus propias palabras, si gana en la lista de hits navideños, cosa que en efecto termina sucediendo. Cuando le invitan a las fiestas de los famosos tras su éxito, él preferirá estar con su manager, un hombre gordito y pacífico, al comprender finalmente que es la única persona que ha estado siempre a su lado, apoyándolo y dándole comprensión y afecto en los momentos difíciles. Me encanta este personaje que aparenta ser un degenerado y un descreido de la vida y descubrimos que en realidad se reviste de esa coraza para no parecer vulnerable. Viéndolos juntos no puede haber polos más opuestos.

Otra historia nos cuenta cómo es el amor para un hombre que está asistiendo a la boda de uno de sus amigos, pues está secretamente enamorado de la contrayente. Con ella suele ser esquivo, y ella cree que es que no le cae bien. Cuando le pide la grabación de la boda para tenerla de recuerdo y descubre que está centrada nada más que en ella, caerá en la cuenta de lo que él siente en realidad, para vergüenza de él, que no sabe qué decir. Al final él le dice que la quiere presentándose en su casa tras la luna de miel. En la puerta, sin llegar a entrar, él le va mostrando una serie de carteles en los que ha escrito en tono de humor y de amor todo lo que no se atreve a decir con palabras, con una música navideña de fondo que ha puesto para la ocasión. Saben que aquello no puede ser, pero ella para compensarle le despide con un beso.

El personaje del escritor es mi preferido. Como necesita aislarse para poder trabajar, va a una casa de campo en un pueblecito de Francia. La única persona con la que mantiene contacto es con la chica que limpia la casa, que es portuguesa. Cada uno intenta hacerse entender por el otro, y casi siempre dicen las mismas cosas, cada uno en su idioma, sin saberlo. Se producen situaciones muy cómicas, como cuando a él se le vuelan todas las hojas de la novela que está escribiendo mientras teclea en el porche, y van a parar al lago que está junto a la casa. Ella no duda en quedarse en ropa interior para lanzarse al agua fría, cosa que él termina haciendo también para no quedar mal. Mientras están en la casa se crea una cierta intimidad entre ellos, el lenguaje corporal lo dice todo. Ella es muy dulce y cuida de él sin que apenas se note, con una gran delicadeza, y él la trata con consideración y afecto, y la hace reir por su forma de ser tan despistada y desastrosa. La música de fondo que acompaña esta historia, a base de piano, es preciosa. Cuando tienen que despedirse ella no puede evitar romper su timidez y le da un beso de amor, aunque a él le pilla por sorpresa. De vuelta a Londres, él se dedica a aprender portugués en una academia. Cuando va a visitar a su numerosa familia por Navidad se da cuenta de que el amor está ahora en otra parte (“hay cosas que un hombre tiene que hacer”, les dice muy serio), y se marcha precipitadamente dejándoles los regalos para emprender rumbo a Portugal, a donde ella ha regresado. Acude a su casa y el padre le dice que está trabajando en un restaurante y se ofrece a llevarlo hasta allí. Se produce una situación rocambolesca e hilarante cuando son seguidos por la calle por la hermana de ella y el resto de los vecinos, que se quieren enterar de lo que está pasando. Al llegar le declara su amor en portugués, y ella le contesta en inglés, porque también había estado aprendiendo. Una confesión que es todo menos privada, pues todo el restaurante está pendiente de lo que dicen y aplaude la escena al final.

Y como ningún estrato social se libra del amor, tenemos al Primer Ministro, que pronto establece una relación muy especial con su secretaria por su sencillez y frescura. Es un hombre íntegro, muy simpático y educado, con un sentido del humor muy inglés. Cuando está a solas, y para descargar tensiones, se pone a bailar por toda la residencia presidencial al son de una música trepidante, hasta que le pilla una de sus colaboradoras y tiene que disimular. Una situación equívoca entre el presidente norteamericano y su secretaria hará que decida cambiarla de puesto, pero no tardará en echar de menos sus atenciones y la forma como ella le trataba. Un crisma de ella hace que vaya a buscarla a su casa, donde vive con sus padres y hermanos. Deciden ir a la fiesta de Navidad del colegio de los pequeños, y allí se aclaran todos los malentendidos y se declaran su amor.

Hay otro personaje que comienza su historia de forma dramática, en el funeral de su mujer. Él está preocupado porque su hijo no quiere salir de su habitación y siempre está triste. Piensa erróneamente que es porque ha muerto su madre, pero para su sorpresa él le dice que es que está enamorado. Ellos tienen largas conversaciones. “No hay una sola persona para cada uno de nosotros”, le dice al niño en una ocasión. Pensando cómo puede impresionar a la niña que ama, decide aprender a tocar la batería, para acompañarla en la fiesta de Navidad del colegio, en la que ella va a cantar. Quiere impresionarla, que se fije en él. Y efectivamente, ella canta una canción preciosa con una voz maravillosa, mientras él le da a la percusión con todo el entusiasmo del que es capaz. Cuando ella se va a EEUU para ver a su familia, él correrá por todo el aeropuerto, saltándose todo tipo de controles, sólo para poderse despedir de ella con un beso, que al final es ella quien termina dándole, para su sorpresa y regocijo.

Otra historia es la de la chica que le gusta un compañero del trabajo, y lo sabe toda la oficina e incluso el interesado, pero nunca se atreve a decirlo. A él tampoco le es indiferente y un día la invita a salir a cenar y a bailar. Ambos son tímidos, pero la situación les lleva a la casa de ella, donde son interrumpidos constantemente por las llamadas del hermano de ella, que está en un centro psiquiátrico. Al no tener padres, se siente obligada a cuidar de él en todo momento. Su vida no podrá ser normal hasta que ella no se sienta sobrepasada por las constantes demandas de atención de su hermano.

También aparece la hermana del Primer Ministro, que descubre que su marido la engaña con su secretaria cuando ve un regalo de Navidad que cree que es para ella y luego él le regala otra cosa, de menos valor. Es inefable la escena en que ella está en el dormitorio conyugal mirando las fotos de su marido y sus hijos mientras no puede dejar de llorar. Se inclina para tocar la cama donde ha compartido momentos tan maravillosos con él. La sorpresa, la decepción, el dolor, su vida rota en un instante: es como si nada de lo anterior tuviera sentido. Me encanta cómo ella se seca las lágrimas y hace de tripas corazón para no estropearle la Navidad s sus hijos, y no le dice nada a su marido hasta que no acaba la fiesta de Navidad del colegio de los niños. Él lo lamenta mucho, cae en la cuenta de repente del daño que ha hecho. A la vuelta de un viaje ella ya le ha perdonado, aunque nunca podrá olvidar lo sucedido.

La historia de una pareja de extras de cine que se dedican a rodar sólo escenas de sexo se sale de lo corriente. Mientras están trabajando no paran de hablar de sus cosas, con toda naturalidad a pesar de las situaciones tan comprometidas en las que se hallan. Para ellos es normal, la rutina del trabajo, pero no deja de ser muy cómico para los que los contemplamos. Para ellos es fácil conectar, dadas las circunstancias.

Y la última historia es la de un chico inglés que está obsesionado con el sexo, pero con las chicas inglesas no tiene ningún éxito, piensa que son muy frías, por lo que decide irse a Norteamérica. Nada más llegar, cuando se está tomando algo en un bar, liga con unas chicas que son amigas y comparten apartamento, todas despampanantes. No se lo puede creer. Le dicen todo aquello que cualquier hombre desearía oir, que tienen una sola cama, que duermen desnudas… El pobre no deja de alucinar. Cuando regresa a Inglaterra se llevará consigo a dos chicas espectaculares, una para uno de sus mejores amigos, que tampoco da crédito a sus ojos.

El amor en todas sus facetas, pero con un denominador común: lo distintos que nos hace sentirnos. Es un poder que desata estados de ánimo de todo tipo, y que nos libera o nos condena según el cauce por el que transcurra.

Amor en realidad.

 
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