miércoles, 15 de abril de 2015

El fútbol una vez más

 
Se empeñó ayer Miguel Ángel, mi hijo, en tener las ventanas de casa abiertas para oir el "ambiente" del partido del Atléti de turno, y nos tenía la cabeza locos por el escándalo que arman, entre gritos, cánticos y petardos, con su consiguiente humareda y el mal olor de la pólvora.
Partido de alto riesgo, como siempre que viene alguno de sus eternos rivales, el Barça o el Real Madrid. En esta ocasión le tocaba a este último, pero en realidad cuándo no es alto riesgo, si no hay más que ver la que organizaron hace poco cuando vinieron los del Bayer Leverkusen, creo que se llaman, a jugar hace un mes y pico. Los ultras atletistas tomaron, como suelen hacer, una calle lateral junto al edificio en el que vivo, donde está el bar que es su sede oficial, encendieron bengalas y estuvieron gritando, profiriendo insultos y coreando himnos y consignas durante horas. La policía, montada a caballo, observaba impasible cerca de allí, y a su lado las cámaras de televisión, colocadas sobre una tarima elevada, no dejaban de enfocarlos. Ellos, ufanos de verse impunes y encima grabados para la posteridad como si fueran héroes, arreciaban en sus vandalismos, junto a un gran póster del entrenador de su equipo, pegado en un muro, al que parecían adorar como si fuera un dios. Los fuegos rojos de las bengalas iluminaban la siniestra escena de idolatría colectiva. Parecía la reunión de alguna tribu primitiva dispuesta a hacer sacrificios sangrientos en honor a sus divinidades, mientras un descerebrado, un poco apartado y desentonando, insultaba a Del Bosque, que es el único entrenador y deportista un poco decente que ha tenido nuestro deporte nacional. Las ordenanzas municipales relativas al escándalo público, el aparcamiento en zonas indebidas, hacer sus necesidades en la vía pública o beber fuera de los bares, ese día se conculcan, y con el beneplácito oficial de las autoridades.
En casa volvía a oir por enésima vez el himno del Atléti, y refunfuñaba como una vieja: "Eso, eso, recitadlo que no lo habéis cantado ni na todavía, que no lo hemos escuchado veces hombre... Ahora que reciten la tabla del 3, a ver si se la saben, que lo dudo". Y es que siempre es lo mismo, un espectáculo lamentable que se repite sin cambios con cada partido. El himno es coreado con una frecuencia constante que me recuerda a las contracciones del parto, por su regularidad y penosidad. ¿Es que alguien lo lleva cronometrado y cuando ya toca da la señal para que empiecen todos? ¿O es que el borreguismo es así, cansino, cíclico, rutinario? Himnos o consignas insultantes, suelta de petardos y algarabía general, por este orden, una y otra vez.
Si todavía dieran un recital de coros y danzas, no sé, algo original que distrajera a los que les contemplan, ya que les encanta llamar la atención y ser el punto de mira de todo el mundo, algo que fuera digno de ver y no una simple demostración de lo que el hastío existencial y la falta de expectativas de futuro hacen con cierto sector de la sociedad, que se aferra a cualquier cosa para salir de una cotidianeidad aburrida y sin metas, aunque la repetición compulsiva de exhibición de enseñas y comportamientos en cada encuentro forme parte de esa rutina que pretenden combatir. La violencia en el fútbol es su válvula de escapa a tanta frustración.
Y esto es cosa de tíos. Rara vez se ven mujeres en ese estado paroxístico, como no sea en un concierto de quinceañeras, y si a alguien hacen daño es a sí mismas, porque les gusta sufrir, el masoquismo es así, lo pasan bien de esa manera. Las esposas, novias y madres del fútbol, como mucho, acompañan a los hombres de su familia, comen y beben con ellos, y se encargan de los niños, porque los hay que lo del alto riesgo les trae sin cuidado, a quién se le ocurre llevar peques en partidos como estos. Así ha pasado más de una vez que alguno ha muerto o ha resultado herido al verse de repente en medio de una refriega policial.
Pensé qué pasaría si saliera yo a la calle con la foto del aficionado del Depor que los ultras asesinaron hace pocos meses. O sacar las de su viuda y sus hijos. ¿Qué opinarían entonces? ¿Se ponen alguna vez en el lugar de los demás ¿Y si eso les hubiera pasado a ellos? Empatía cero típica de los psicópatas. Parece que esta clase de gente se olvida fácilmente de sus villanías, o cree que los demás las olvidamos, y no es así. Dejar que el tiempo pase sólo sirve para consolidar la memoria de los hechos, cualquier truculencia es ajena al olvido precisamente por el estremecimiento que causó.
No veo el momento en que se lleven el estadio de aquí. Tantas veces han retrasado su traslado que ya no me creo nada cada vez que dicen una nueva fecha. Pues les van a ir dando. Que se desfoguen lo que quieran, que de nada les va a servir. Volverán a sus oscuras vidas y su falta de alicientes les hará no saber hablar de otra cosa que no sea de fútbol. Qué lástima dan.
 


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