lunes, 19 de enero de 2015

Charlie Hebdo

Es curiosa la fuerza que tienen, no sólo las palabras, sino también las imágenes. Tanto como para llevar a dos asesinos a realizar una matanza en el diario Charlie Hebdo, que por cierto ya había sido objeto de ataques y amenazas por otros trabajos suyos. El hecho de que una viñeta, una simple caricatura, provocara las iras de los musulmanes hasta el punto de llegar al asesinato es algo que no nos es desconocido. No digo que todos los que adoran a Alá tengan ese afán de venganza sanguinario, aunque se sientan molestos cuando alguien se burla de su religión, pero sí una gran parte respaldan este tipo de acciones, y hasta son el brazo ejecutor de oscuros designios si la ocasión les es propicia.
 Y es que hay cosas en la mentalidad de otras culturas que nos cuesta comprender. A los occidentales no nos parece que merezcan pena de muerte los que faltan al respeto a nuestras religiones, las muchas que tenemos, católica, protestante, luterana o la que sea que profesemos. Nos podrá molestar, pero en un mundo como el actual donde se vierten toda clase de opiniones acerca de todos los temas imaginables en las redes sociales y medios de comunicación, ya nadie hace caso de nadie, hay una saturación de información, de declaraciones, que hace que la mayoría de las cosas apenas les prestemos atención, cuando no pasan desapercibidas. Cualquiera puede decir lo que se le antoje en cualquier momento, no hay un criterio selectivo para filtrar al público lo que de verdad pueda interesarle.
Es cierto que la libertad de expresión debería terminar allí donde comienza el respeto por la dignidad de los demás. Si alguien se mofa de los principios morales que conforman una creencia religiosa, para la mentalidad de una parte del mundo puede que no tenga importancia, pero la otra parte puede considerarlo un pecado mortal. Ya se sabe que en nombre de Dios, sea el que fuere, se han llevado a cabo a lo largo de la Historia guerras “santas” que han sido una simple excusa para la expansión de los imperios y para imponer la preeminencia de unos sobre otros: el más sanguinario era el que se llevaba el gato al agua.
Para nuestra forma de pensar una viñeta cómica no tiene repercusión ninguna, pero para el mundo árabe hasta la más mínima insinuación tiene su alcance. Ellos odian a todo aquel que no comulgue con su fe, consideran una afrenta el que otros tengan otras creencias. Y esta es la base del fanatismo, ya sea religioso o político. La no tolerancia de que hacen gala sí que es insultante para los demás, sí que es una afrenta para el resto. La cerrazón mental, la ignorancia, el miedo a ser cuestionados o influenciados por otros pensamientos que puedan “pervertir” su sentir primigenio, les lleva a tomar decisiones de lo más siniestras.
A mí personalmente me parece hasta infantil que haya alguien que se pueda molestar por un dibujo, por muy satírico que sea. Es como si estuviéramos en el colegio, y fulanito hiciera una caricatura de menganito y éste se cogiera una pataleta. En el caso de Charlie Hebdo, que había publicado la viñeta hacía dos años, resulta aún más anacrónico que ahora se les ocurra darles un castigo. Normalmente las reacciones de ese sector suelen ser inmediatas. Es como si los dos hermanos autores de la masacre actuaran por su cuenta, sin conexión con ningún grupo terrorista. Dos huérfanos con un triste pasado que quieren llamar la atención a toda costa, ser alguien en la vida pasando a la Historia por hacer algo “sonado”, y de paso ganarse el favor de una organización a la que sin duda veneran, como todos los descerebrados, carne de cañón para todo tipo de sectas.
Charlie Hebdo lo critica todo, se burla de todo, ya sean moros o cristianos, y para mi gusto con una grosería sin precedentes. Presumen de estar en el filo del cuchillo, en el ojo del huracán, y me imagino que nunca habrían adivinado lo que se les venía encima. Aunque parecen no tener miedo, porque siguen a la carga. A lo mejor cuando ya no quede ningún miembro en la redacción, masacrados por otros tantos individuos integristas, que parecen tener vía libre para entrar y salir de allí, será cuando la revista ponga fin a sus invectivas. Lo que sí es cierto es que se han atraído una publicidad gratuita increíble, aunque a costa de una tragedia.  Una libertad de expresión mal entendida, y una reacción ante la ofensa desproporcionada. Parece que compiten por ver quién es más radical.


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