jueves, 15 de enero de 2015

Un poco de todo


- Cuánta seguridad últimamente en los partidos del Atléti. Después de la muerte reciente del jugador del Depor a manos de los ultras atletistas, que en realidad existen desde tiempo inmemorial y han protagonizado toda clase de fechorías sin que se les denunciara, es ahora cuando se ha decidido vigilarlos muy estrechamente, obligarlos a pasar varios controles antes de entrar en el estadio, con las cámaras de televisión muchas veces captándolo todo, a las que increpan haciendo culpables a los medios de comunicación de la mala prensa que tienen. Pues para eso están los periodistas, para sacar a la luz todo lo que debe saber la gente aunque haya quienes pretendan ocultarlo. Nada debe temer quien nada malo hace. Estoy segura de que de todas formas ellos van a continuar haciendo lo mismo de siempre. 
-  Me pregunto qué bolsillos habrá enriquecido el cambio de marquesinas que nos han impuesto últimamente. Ninguna falta hacía ese cambio, las que había eran incluso mejores que las actuales, ya que tenían luz y podías ver la hora y la temperatura. Las de ahora tienen ese incómodo trozo que divide el asiento, dicen que para que no se tumben los vagabundos (¡inhumano!), un cuadrado vacío sobre soportes que no se sabe muy bien si es para poner algún mapa de la ciudad, una guía de transportes públicos o simplemente el trasero, que es para lo que lo está utilizando la gente, y un techo plano en el que se acumulan las hojas y todo tipo de basuras que el viento deposita allí, al contrario que en las anteriores, que tenían el techo curvo y se ensuciaba menos. 

Me ha parecido ver que es el mismo modelo de marquesina que tienen en París. No sé por qué tenemos que imitar lo que hay por ahí fuera, si es mejor que lo que tenemos pues bien venido sea, pero no es el caso. Derrochar el dinero en cosas que no hacen ninguna falta nos va a llevar a la ruina como capital europea y como ciudad. En manos de quién estamos. 

-       En una conversación con unas compañeras de trabajo salía a colación el tema de la prestancia viril, que en los hombres de hoy en día parece tan ausente. Recordaba yo la belleza de Robert Redford en sus buenos tiempos y también la impronta que su personalidad dejaba en todo lo que hacía. Su manera de hablar, de mirar, de moverse, nos hacía percibir que detrás de la perfección física había todo un mundo lleno de matices, rico y complejo. Ahora, cuando contemplas a un actor en acción, de los muchos que hay apolíneos y a la última, no ves más que un trozo de carne con ojos que se mueve de aquí para allá sin conseguir transmitir nada. Es la ausencia de valores, la propia vaciedad de la sociedad, la preponderancia de las cosas materiales y lo superficial, la falta de reflexión, de cultura, de experiencias vividas con verdadera introspección e intensidad, lo que hace que detrás de una simple fachada no hallemos nada más. 
Hoy en día, que cada vez gusta más lo light a todos los niveles, hallamos una inconsistencia tal a nuestro alrededor que el mundo entero amenaza con derrumbarse como un castillo de naipes. No hay color, no hay calidad, ni en las cosas, ni en lo que comemos, ni en las personas, en nada. Y sin embargo seguimos viviendo, seguimos orbitando en el espacio y girando sin cesar en ese eterno efecto Coriolis que no nos deja parar. Será que las fuerzas de la Naturaleza, con su imperturbable, inexorable funcionamiento, son lo único auténtico, consistente, que existe. La mecánica del Universo, con sus reglas inmutables, es lo único que al final permanece inalterable en el tiempo.


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