miércoles, 14 de octubre de 2015

Dior y yo


Nada sabía de Raf Simons hasta que hace unos días tuve el placer de ver en televisión un documental, Dior y yo, en el que se mostraban los primeros pasos de este diseñador de ropa masculina en la Casa Dior como director creativo, hace 3 años, sustituyendo a John Galliano que, como es bien sabido cometió la imprudencia de hacer unos comentarios racistas a unas personas que estaban sentadas cerca de él en una terraza, mientras se tomaba algo, y como trascendieron fue despedido de inmediato. Se supone que en tus ratos de ocio eres libre de hacer o decir lo que te venga en gana, pero si trabajas para un emporio de la moda como Dior puedes dañar la imagen de la Casa si cometes un error. Lo mismo pasaría con cualquier otra firma, ser diseñador es como un sacerdocio, es algo que llevas puesto encima en todo momento.

Algo que a Raf Simons le ha venido de perilla. Con amplia experiencia en el mundo del pret-a-porter para hombre, había estado anteriormente entre otros con Jean Paul Gaultier. Simons trabaja y vive en Bélgica, de donde es oriundo, y viaja a París 2 veces al año para sus colecciones. La alta costura es nueva para él, con ella que dispone de menos tiempo para realizar sus colecciones; el pret-a-porter se puede realizar con mucha más antelación y tranquilidad.

El reportaje empieza con el presidente de la Casa Dior presentándole al resto del personal, y especialmente a las encargadas del taller de vestidos y del taller de trajes. Empieza hablando en francés, pero se disculpa porque dice que aún no lo maneja lo suficiente, y termina hablando en inglés. Allí parece que todo el mundo le entiende. Él a su vez presenta a su mano derecha, Pieter Mulier, su mano derecha desde hace una década, belga como él, con el que se siente respaldado y dispuesto a empezar una nueva etapa de su carrera.

Se intercala una voz que representa a Dior, a modo de narrador, que reproduce lo escrito en sus Memorias. Así sabemos que era un hombre al que no gustaban el ruido ni la vida de ajetreo social, que quiso vestir a las mujeres que habían salido de la 2ª Guerra Mundial, acostumbradas a uniformes y trajes rectilíneos, con vestidos que realzaran la feminidad: hombros redondeados, cinturas finas, faldas largas y amplias como corolas. Y resultó que su gusto personal coincidió con el de la mayoría de la gente. Él empezó con 41 años en 3 talleres de una conocida calle parisina.

Las primeras colecciones de Raf Simons como diseñador datan de hace 20 años. En Dior sólo conocían su trabajo los encargados de ropa masculina, que son pocos, porque la Casa se ha especializado siempre en ropa de mujer. Raf es un hombre poco dado a la exposición pública, que desempeña su labor con pasión pero queriendo verse libre de las servidumbres de la fama.

Raf va a los ateliers y conoce a cada uno de los que los componen. Está preocupado porque sólo tiene 8 semanas para presentar la nueva colección de Dior. El ayudante de Raf, Pieter, se asombra de que Christian Dior trabajara sólo 10 años en una Casa que lleva 60 años funcionando. Eso demuestra que aunque estuvo poco tiempo lo que hizo fue revolucionario. De Raf dice que él no dibuja, pero que elabora conceptos visuales muy concretos. Hace dossieres con ellos a base de fotos, grabados y bocetos de los diseñadores de la Casa. De 250 puede elegir 3 ó 4. Le gusta hablar con todo el mundo y da mucha libertad a sus equipos, por lo que todos tienen la oportunidad de incluir sus ideas, y la colección resulta mucho más rica. Raf tiene palabras de elogio para las encargadas de los talleres, no las considera simples empleadas sino figuras importantes dentro de la firma que están a cargo de equipos muy grandes y colecciones muy grandes.

Florence, la encargada del taller de vestidos, explica cómo trabajan. Deja los bocetos sobre una de las mesas para que todo el mundo se acerque, los mire y elija lo que quieren hacer. Hay un diseñador oriental que se suele encargar de los grandes volúmenes. Los bocetos están clarísimos, precisados al milímetro. Pieter tiene una excelente relación con las encargadas de los talleres. Florence y él congeniaron desde el primer momento. Con Monique, la del taller de trajes, un poco menos porque se angustia enseguida con el tiempo y con las dificultades que van surgiendo.

Raf Simons no puede pasar un día sin ver alguna exposición. Necesita contemplar Arte, le da ideas y le ayuda a relajarse. Sterling Ruby le inspira para hacer varios modelos. Es un pintor que no toca el lienzo directamente sino que utiliza sprays. Raf quiere se se use una técnica parecida para sus vestidos. Para ello se necesitan grabadores y no hay ninguno disponible en Francia hasta varios meses después. Además los ateliers tienen que atender los pedidos de las clientas particulares. Por fin consiguen proveedores que se encargarán de ello y lo harán a destajo, con días y noches y fines de semana trabajando si parar.

Raf reflexiona sobre el concepto que tiene la gente de su estilo. Todos creen que es minimalista, porque anteriormente estuvo trabajando para una marca que lo era, pero él dice que además de eso también le gustan otras cosas, y piensa que el público lo comprobará en el desfile. 

El diseñador va a visitar en una soleada mañana, junto a Olivier,el jefe de comunicaciones, la casa en la que vivió Dior en su infancia, un edificio de 2 plantas con fachada rosa y situada junto al mar. Está rodeada de jardines, pues heredó de su madre la afición por las flores. Hay un pequeño busto de Dior en medio de ellas.

Los diseñadores-as del atelier hacen sus propios bocetos, pero Raf siempre retoca. Este va con algunos miembros de la Casa a inspeccionar una mansión particular de varias plantas, sin amueblar, que les van a ceder para hacer el desfile. Es muy señorial, pero le hace falta una limpieza y pintura en las paredes. Raf tiene una propuesta que hacerles, aunque cree que a lo mejor es muy arriesgada: quiere llenar todos los espacios de flores, cada estancia de un color diferente, y que todos puedan aspirar su fragancia. Dice que la idea está inspirada en una escultura de Jeff Koons, Puppy.

A Raf le traen las primeras telas con las impresiones inspiradas en los cuadros de Sterling Ruby. Los coloca sobre algunas de las modelos, prendidos con alfileres, para que se muevan y ver el efecto. Está encantado, le parece sublime.

Van también a la mansión donde tendrá lugar el desfile. Han hecho estructuras que llegan hasta el techo, altísimo, donde se engarzan las flores. Aún sólo hay algunas, de diferentes colores, para ver el efecto. El presidente de la Casa Dior va a verlo porque es el que tiene que dar su conformidad, sobre todo por el elevado presupuesto que lleva consigo.

Olivier, el jefe de comunicaciones le dice a Raf que la Casa Dior espera mucha prensa, pero que hay que hacer una selección de quiénes y dónde van a entrevistarle. Raf manifiesta su horror a que le filmen o fotografíen, sobre todo si es gente que no conoce. Pregunta qué es lo mínimo que tiene que hacer para saludar al público y contentar al señor Arnault, el presidente ejecutivo de Dior, porque no está dispuesto a pasearse por todas las salas como un payaso, ni tampoco recorrer la pasarela al término del desfile, se siente incapaz de hacerlo. Olivier le dice que es importante para ellos que permita hacerse una foto con 10 modelos delante de una de las paredes de flores. Es la condición imprescindible para tener 10 páginas en París Match. Raf se frota lentamente la cara, angustiado. Hacen una broma para quitarle hierro al momento, y después Raf afirma no tener mucha elección y accede.

Raf está haciendo retoques a las prendas y tomando decisiones hasta el último momento. Le gusta contemplar a las modelos caminando mientras él está sentado a lo lejos pensativo, con la mano apoyada en la frente o en la cara. De vez en cuando se levanta, hace superposiciones con telas de las más variadas texturas y colores, camina unos pasos hacia atrás para tomar distancia y ladea la cabeza, como sopesando el efecto.

Llega Esther, una modelo que va a hacer su primer desfile de su vida, una nueva adquisición de la Casa Dior. Raf piensa que es muy guapa pero que no puede caminar así, y que debería relajarse porque parece asustada. Mientras, en los ateliers las costureras trabajan incansablemente. Llega una gasa transparente en negro con bordado de flores de un azul intenso que es una maravilla. Creo que a eso se le llama encaje. Por más que busco en internet no soy capaz de distinguir entre gasa, tul, muselina, chiffon, satén y organza, es algo que hay que tocar y ver, no te puedes hacer una idea real en un ordenador.

Una de las diseñadoras del atelier dice que hay alegría y tristeza cuando llega el final, porque las prendas les han pertenecido durante mes y medio y luego ya no les pertenecen, las dejan ir. Raf les ha hecho llegar a todos y cada uno de ellos una tarjeta en la que ha escrito de su puño y letra palabras de agradecimiento por la labor realizada y afirma que "mañana será un día fantástico", refiriéndose al día del desfile.

Un grupo continúa trabajando por la noche, cosiendo unos abalorios malvas y naranjas sobre una gasa de un anaranjado muy pálido. Es una gran tela de un vestido que ha habido que rehacer, y la combinación de colores y texturas es fantástica. De repente les llaman por teléfono: es la hora del champán. Raf, Pieter y el resto les están esperando para brindar, momento que aprovecha Raf para agradecerles la forma como les han acogido a él y Pieter, y espera permanecer mucho más tiempo allí en mutua colaboración.

El día del desfile los que componen el atelier llegan cuando aún no hay gente en las salas para contemplar la maravilla de las flores colocadas por las paredes hasta el techo. Están asombrados y encantados. Raf recibe a la legendaria y terrible Anna Wintour, directora del Vogue norteamericano, que fue retratada en la película El diablo viste de Prada. Está unos momentos con él recorriendo las salas pero no tarda en despedirle con un vaivén de la mano. Raf aprovecha para escabullirse rápidamente, algo que parecía querer hacer porque en su presencia pocos son los que estarán cómodos.

Llegan otras celebridades, Donatella Versace, y la esposa del príncipe Alberto de Mónaco, entre otras. Se hacen las fotos de rigor al pie de la escalinata, en el hall principal. Raf las contempla desde arriba y parece ponerse nervioso por momentos. Va a la terraza y se toma un refresco con Olivier, sentados al sol, que le dice que hay muchos más fotógrafos de lo habitual. Raf parece meditarlo y exclama "Olala" varias veces, intentando dominar sus nervios. Olivier le indica que cuando termine el desfile irá al baño, se hará unas fotos y concederá algunas entrevistas. Raf parece dejarse invadir de repente por todo el cansancio y la angustia acumulados durante meses y dice: "No me lo puedo creer", y afloran algunas lágrimas a sus ojos. Olivier le da unas palmadas en la espalda para infundirle ánimo. Luego salen, les ofrecen unas botellas de agua mineral, y Raf aprovecha para mirarse en uno de los grandes espejos recomponiendo su aspecto y ver si se nota que ha llorado. Luego desaparecen en un ascensor.

Raf camina entre las modelos, a las que les están dando los últimos retoques de maquillaje y ropa en uno de los pasillos, junto a unos grandes ventanales. Allí están todos los miembros de los ateliers. Pieter pasa unos guantes de goma que lleva puestos por la ropa de cada modelo antes de que salga, para quitarle cualquier adherencia que haya quedado prendida en las telas. Las modelos deben subir muchas escaleras y atravesar muchos pasillos hasta que llegan a la zona del desfile. Caminan hieráticas y acompasadas, como si ya estuvieran desfilando delante de la gente. Los miembros de los ateliers ven el desfile en una sala a través de una gran pantalla.

Esther durante el desfile
A medida que avanza el desfile Raf se va emocionando cada vez más. Pugna porque las lágrimas no afloren a sus ojos, inútilmente. Está mascando chicle desde antes de que empezara, para calmar los nervios. Se abraza a Pieter, que también llora emocionado. Cuando termina, Raf se pasea por el recorrido entre los aplausos del público y choca los cinco con el presidente de Dior ya casi al final del trayecto. Luego se hace fotos con las famosas, las antes mencionadas, y con las actrices Marion Cotillard y Sharon Stone. Jennifer Lawerence también estaba entre los asistentes. También con gente del mundo de la moda, y con sus padres, a los que presenta, rodeándolos con cada brazo con afecto. Ha sido su gran día.

Raf Simons es una curiosa mezcla de timidez y carácter. Parece como si un volcán rugiera en su interior a pesar de querer aparentar calma y cierta despreocupación. Hipersensible a todo lo que le rodea, se le critica que soporte mal la presión, aunque sus lágrimas en los momentos cumbres se deban más bien, creo yo, a la emoción y el sentimentalismo. Contrasta la escasa expresividad que demuestra habitualmente con esos torrentes de turbación. Su despedida de su anterior trabajo también le supuso un llanto incontrolado, entristecido al tener que abandonar la firma después de los años que llevaba con ella. Sólo parece olvidarse de su pudor cuando está con las personas que él considera de confianza, que no son muchas.

Y lo más curioso es que nunca soñó con ser diseñador de moda. Hijo de una mujer de la limpieza y un militar que entró en el Ejército con tal sólo 16 años, nació y creció en un pequeño pueblo de Bélgica donde la única distracción era la tienda de discos. Estudió diseño industrial, pero con 19 años empezó a interesarse por el mundo de la moda. Le sorprendía la influencia que tenía en la gente. Actualmente está considerado un diseñador con métodos muy particulares, que es mundialmente reconocido por sus creaciones y su talento para fomentar tendencias.  


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