viernes, 16 de septiembre de 2011

Soul kitchen


Zinos es un turco treinteañero que vive en Alemania y un día decide abrir un restaurante. Al principio los problemas se suceden: el cocinero es un gitano del norte de Europa que amenaza a los clientes cuando piden que les prepare platos que a él no le gustan; él tiene una hernia discal que no le deja vivir en paz; cuando contrata a un grupo para que toque en su local se va la luz; la camarera, que es un tanto enigmática, si no está de humor se niega a servir las mesas…

Poco a poco los platos que prepara el impredecible cocinero extienden la fama del local, aunque sigue siendo igual de agresivo: cuando le falta un día un condimento, echa un chorro del vino que está bebiendo a gollete en una enorme cacerola en ebullición, lo que provoca una gran llamarada, y acto seguido lanza un enorme cuchillo al tablón de corcho que está junto a la puerta cuando ve que Zinos se tiene que ir deprisa para solucionar un contratiempo. “¿Volverás verdad?”, le pregunta con su vozarrón amenazador. Realmente tiene algo de infernal esa cocina.

A Zinos le gusta colocarse junto a él para observar cómo cocina. Quiere aprender sus trucos para ser capaz de hacerlos él también, pero no es tan fácil: el cocinero bate una masa de tal forma que cuando pone el recipiente boca abajo no se derrama nada; cuando Zinos lo intenta se le derrama todo.

Otro día el cocinero le echa algo al postre que aumenta la libido (tiene un sentido del humor diabólico). Justo cuando reciben la visita de una inspectora de Hacienda muy estricta que le reclama impuestos a Zinos. El local se convierte al cabo de un rato en una reproducción de Sodoma y Gomorra, en una orgía sexual en la que la que participa con más entusiasmo que nadie es curiosamente la inspectora de Hacienda.

El cocinero dice que a la cocina hay que ponerle alma, que la suya es una “soul kitchen”, porque si no no merece la pena.

Contratan a un Dj y el restaurante se convierte en una improvisada discoteca, pero el hermano de Zinos, Illias, al que acaba de nombrar encargado porque ha salido de la cárcel y no encuentra trabajo, se pelea con el Dj y lo despiden.

Más grupos llevan su música en vivo al local, que se llena todas las noches hasta la bandera. Por un momento los hermanos bailan juntos música de su país, al que añoran. Están contentos. Son muy sentimentales, y tienen los dos mucho carácter, por lo que es inevitable que a veces choquen, pero se quieren profundamente.

Una amiga fisio lleva a Zinos a un hombre que ejerce la medicina alternativa en su casa. Está muy nervioso porque su hernia le produce mucho dolor y no sabe lo que le van a hacer. El hecho de que en la sala de espera oiga los gritos de un paciente al que está atendiendo antes que a él, y el saber que al que le va a atender le llaman “el rompehuesos” no contribuye precisamente a tranquilizarle. El curandero le ata con unas sogas y le coloca tirado en el suelo boca arriba. No hace caso de sus quejas y amenazas: le da un tirón enorme hacia atrás y él lanza un sonoro chillido. Por fin le han colocado todo en su sitio.

Cuando Zinos pierde el restaurante porque Illias se lo ha jugado a las cartas (cómo llora luego arrepentido, cómo le echa la bronca el abuelo), el cocinero se va a un circo ambulante como lanzador de cuchillos. Pero Zinos consigue recuperar el local de chiripa en una subasta, tras pedirle el dinero a una antigua novia adinerada que le traicionó con un chino, y porque el mejor postor se atraganta en la puja final con un botón que se le ha caído al abuelo sobre su pastillero y le impide hablar.

Zinos había aprendido todos los trucos del cocinero: consigue batir la masa de tal manera que cuando pone boca abajo el recipiente ya no se derrama. Y lo primero que hace al reabrir el local es cerrarlo para preparar una cena sólo para dos, a la que invita a su amiga fisio, que es la mujer que le gusta.

Soul kitchen es de esa clase de películas nada convencionales que te hacen reir de principio a fin sin necesidad de recurrir a los gags del cine más comercial, sólo con la originalidad disparatada de sus situaciones. Soul kitchen nos regala el oído con una selección musical muy interesante e intensa, y nos deja además un buen sabor de boca, no sólo por la exquisitez de sus platos. Sus protagonistas, a pesar de su extravagancia, nos resultan cotidianos, conmovedores, divertidos, cercanos, muy cálidos, e inevitablemente les terminamos cogiendo afecto. 

Cine reciente que ya ha pasado a formar parte de mi filmoteca particular.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Ilustradores (IV): Roselino López


Roselino López es un ilustrador y diseñador gráfico que lleva más de una década deleitándonos con sus dibujos. Sus trabajos son digitales, ya que le entusiasman los efectos que pueden llegar a conseguirse con el ordenador, aunque los bocetos los hace a mano. Le gustan también las técnicas tradicionales, y desde que hizo un curso se siente muy atraído por la acuarela y los acrílicos.

Imparte cursos, a medias con una narradora de cuentos y librera, en los que muestran a niños entre 6 y 14 años distintos géneros literarios, teatro, poesía y cómic, y a través de juegos sencillos les enseñan a escribir e ilustrar sus propias historias.

También es "pintacuentos" en colegios, bibliotecas y similares: según van apareciendo los personajes, los edificios, los lugares, los va dibujando en un bloc muy grande. Además decora paredes de habitaciones infantiles.

Roselino no sólo hace ilustraciones para publicaciones de todo tipo sino que hizo su propio álbum infantil, texto y dibujos.



Este ilustrador ha desarrollado un mundo visual muy rico lleno de imaginación y candidez, con auténtica obsesión por el detalle.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Britney Spears


Se ha hecho hace poco un reportaje sobre Britney Spears, con el que ella ha querido mostrar al público cómo es su vida cotidiana, pues se tiene según ella una idea equivocada de su persona, da una imagen que no se corresponde con la realidad.

Parece que muchos se acuerdan de Britney sólo en sus malas épocas, cuando aumentó de peso de forma alarmante, adicta a las drogas y al alcohol, y reaccionaba con suma agresividad ante la prensa. Tras romperse su matrimonio ella pasó por una etapa de depresión, y su estado llegó a ser tal que le retiraron por un tiempo la custodia de sus hijos. Ella no se justifica, dice que todos pasamos por épocas malas, y que se encontraba perdida. La casa se le venía encima, y los hijos, a pesar de ser lo que más quiere en el mundo, le producían una gran presión emocional. Se pasaba el tiempo de fiesta en fiesta, todo su afán era evadirse.

En el reportaje vemos a una Britney rodeada de guardaespaldas cada vez que va a un sitio público, y con su equipo mientras está trabajando. A pesar de estar siempre acompañada dice sentir soledad. Le falta el amor, el compañero de viaje, ese toque de romanticismo. Según ella desde que no tiene pareja los días no tienen color, son rutina, falta la pasión.

Los que le rodean la quieren a su manera, pero es difícil encontrar una amistad en ese ambiente. Ella dice que ha transmitido su tristeza, pero “los demás sólo oyen lo que quieren oir, y eso no está bien”. No puede evitar que se le salten las lágrimas.

Su padre pulula por allí haciendo como que organiza cosas. Me recuerda para mi horror al de Amy Winehouse. Todos se arriman a la gallina de los huevos de oro, vendiendo el producto en su propio beneficio. Pero aunque sean parientes, todo parecido es mera coincidencia.

El más humano y con el mejor sentido del humor es su coreógrafo, un hombre negro de su misma edad. Da la impresión por algunos gestos que hace de que es homosexual. Cuando le preguntan sobre Britney parece estar en perfecta sintonía con ella, pues afirma que ella llena su vida, lo que hacen juntos da sentido a su existencia, si está contenta se refleja en su trabajo y le llena a él de alegría. Los números de baile que monta para ella son estupendos, y Britney además tiene talento para la danza.
La cantante cuenta que los dos primeros años fueron maravillosos, era como flotar en una nube: los autógrafos, el reconocimiento social. Pero cuando llevaba seis años ya no aguantaba más ese ritmo y deseaba parar, y no podía. El éxito es una locomotora imparable.

Britney decía haber conocido lo peor y lo mejor del mundo del espectáculo, lo peor por la soledad y la falta de libertad que tiene, lo mejor porque cuando está actuando “es algo celestial”.

Le preguntaban al final si no creía que sus fans se verían defraudados por no haber contado sus secretos. En realidad el reportaje servía para dar a conocer la vida diaria de la cantante, las cosas que piensa, no para mostrar sus intimidades. “Algún día escribiré un libro contando mis secretos”, dice sonriendo.


martes, 13 de septiembre de 2011

Un poco de todo (XXIV)


- Mis agradecimientos a Voro, que lleva tiempo siguiéndome, y a TéllezMérida que se ha incorporado recientemente. Nunca me parecerá que hay suficientes lectores de mi blog, y cuando alguno se va me apena mucho, incluso aunque no sepa quién de ellos es, porque ya van siendo unos cuantos y resulta difícil ubicarlos a todos. A veces creo que soy como un flautista de Hamelin, que con el sonido de mi flauta consigo que me sigan en hilera mucha gente, cada vez más, atraída por la musicalidad de mi interpretación. Ojalá fuera así.

- Ya estoy en Facebook. Al final todos terminamos cayendo, por mucho que nos hayamos resistido. Mi padre llevaba tiempo diciéndomelo, que si era una cosa interesante, que si estaba muy bien… A él todas estas cosas le encantan. Me abrió una página, puso mi fecha de nacimiento y dejó que el resto lo hiciera yo.

Él ha contactado con primos que hacía décadas que no veía y que no viven en Madrid. También con los hijos del mayor de sus hermanos, los únicos sobrinos de los muchos que tiene que se enrollan bien. Y está muy contento: se mandan fotos, videos, chascarrillos, se cuentan batallitas de hace muchos años… La verdad es que es todo un mundo.

A mí no me apetecía porque la mayoría de mis amigas no tienen Facebook. Además tampoco tengo mayor interés en localizar a gente del pasado ni creo que nadie desee localizarme a mí.

En realidad nunca me he sentido tan expuesta como ahora, es como haber pegado el cartel de “Se busca”, como si fuera un noticiero universal en el que todo se puede llegar a saber de ti, o como si se tratara de un meeting point de gente a la que no puedes ver pero sabes que está ahí.


Yo ya tenía mi espacio en Internet con este blog, ya tenía creado mi perfil y todo eso. Los datos del Facebook son más exhaustivos. Es como tener una ficha policial.

Ni siquiera la foto que he puesto la elegí yo. También fue mi padre, que dijo que esta imagen que me sacó en la boda de mi hermana estaba muy bien. A mí no me lo parece tanto, soy poco fotogénica, en pocas fotos salgo bien.

Parecemos niños, es como si estuviéramos otra vez en el patio del colegio, ahora te ajunto, ahora no te ajunto, ahora quieres ser mi amigo y me agregas, pues a lo mejor sí o puede que no. Me recuerda a la rue del Percebe de aquellos tebeos que leía de niña, mucha gente comunicándose a la vez, cada uno en su casa, incapaces de estarse quietos o callados.

Al teclear en Google hay una o dos chicas que tienen el mismo nombre y apellidos que yo. Es un poco inquietante. Aunque mis apellidos no son muy corrientes no quiere decir que no existan en otras personas.

En fin, es lo que quería mi padre y complacerlo no me cuesta tanto. Ahí estoy, no sé por cuánto tiempo.

lunes, 12 de septiembre de 2011

La piel que habito


Se esperaba con impaciencia la nueva película de Pedro Almodóvar, La piel que habito, y con ella comprobamos que con los años se está volviendo cada vez más descarnado, y nunca mejor empleado este adjetivo porque en este film le arranca literalmente la piel a uno de sus protagonistas para convertirlo en otra persona.

El afán transformista del director manchego ya ha tenido sus precedentes, como cuando hizo travestirse a Miguel Bosé en Tacones lejanos, fantasía sexual que sin duda deseaba desde hace tiempo llevar a cabo (el hombre bello y ambiguo convertido en mujer).

Siempre le ha gustado jugar con el equívoco, el ser o no ser, las apariencias que engañan. Un hombre joven que es cambiado de sexo tras un lento y doloroso proceso en castigo por una acción infame. El autor de los hechos, un interesantísimo Antonio Banderas convertido en un apuesto galán maduro, misterioso e inquietante, que se termina enamorando de su creación, o más bien obsesionándose con ella. Una nueva lectura del clásico Frankenstein, la eterna fijación del científico que pretende hacer lo que nadie antes ha conseguido hacer y que termina destruido por su monstruo. Banderas es otra persona desde aquellos primeros años en los que se dio a conocer de la mano de Almodóvar. Su dicción es muy buena, su forma de interpretar muy natural, resulta realmente convincente.

Será ese quizá el sueño nunca declarado de Pedro Almodóvar, el de casi todos los homosexuales, de poder vivir en un cuerpo de mujer, y que la transformación sea tan perfecta como la que él ha recreado. La piel de Elena Anaya, tan blanca y limpia, es retratada por la cámara del director en unos primeros planos casi compulsivos. Siempre obsesionado por las superficies lisas, puertas con pomos y paredes sin adornos, todo en tonos pastel, o por las geometrías, a través de objetos cotidianos como un adorno de una casa, una cama con sugerentes sábanas negras con simétricos bordados en blanco. Recuerdo su afición al rojo en los tiempos de Mujeres al borde de un ataque de nervios, con aquellos labios, uñas, vestidos, gazpachos en tonos tomate reventón.

También el afán de posesión tiene antecedentes en su cine, como en Átame, el secuestrar a una mujer, encerrarla como si fuera un animal precioso y codiciado, hacer con ella lo que el hombre quiera, dominarla hasta conseguir su absoluta entrega, aunque sea sólo en apariencia.

Almodóvar tiene unos tics muy marcados cuando enfoca la cámara. Los protagonistas no son lo único que cobra importancia en el desarrollo de sus tramas, también los ambientes, los decorados, el color. Cada vez parece más obsesionado con la perfección estética. El rostro de Elena Anaya casi no es real por la ausencia de imperfecciones físicas. Tendida en la cama o sobre una camilla, sus pechos se muestran como dibujados con un compás, redondos e inmutables. El conjunto de efectismos visuales y tramas morbosas crea una curiosa mezcla de dramatismo y banalidad, nos hace recrearnos en detalles aparentemente inocuos pero que unidos generan una atmósfera opresiva.

Es habitual en él recrearse en los primeros planos de los rostros de sus protagonistas. A las actrices que han trabajado con él las ha reflejado de la misma manera: el mismo maquillaje, la misma expresión alucinada, angustiada, los ojos enormes que miran a la nada, como a punto de llorar. Así ha sido con Carmen Maura, con Victoria Abril, con Elena Anaya ahora.

Lo que sí está incorporando últimamente en sus películas son escenas de sexo. En La piel que habito es donde más ha hecho. Parece que hasta ahora no se había atrevido a abordar el tema abiertamente. Aunque tampoco en esto enfoca el asunto con naturalidad, son mujeres-víctimas, que sufren un abuso, o que fingen disfrutar por temor. Hay como un impedimento, una frigidez, y el hombre aparece como un animal incapaz de contener sus instintos más primarios.

Almodóvar decía en una entrevista que le hicieron cuando estrenó la película que se daba cuenta del cambio que en él se ha producido a lo largo de los años, desde aquellas primeras películas suyas que le lanzaron a la fama, en las que predominaba el humor desquiciante y la comedia desaforada, hasta la actualidad, en la que prima la oscuridad. Afirma que no es algo premeditado, sino que es producto de su evolución natural, porque la vida le va pesando. Se ha vuelto más sombrío.

Sin embargo el interés que sigue despertando Pedro Almodóvar radica en la originalidad de su estilo, en el enrevesamiento de sus tramas argumentales, en los giros inesperados. Gusta fuera de nuestras fronteras, donde se busca lo nunca visto antes.

A pesar de no ser un director que me plazca precisamente, siempre me despiertan curiosidad sus propuestas. Me pregunto de qué será capaz la próxima vez, a qué se atreverá. Nos hace preguntarnos también con esta última película cuál es realmente nuestra piel, en qué piel habitamos.

domingo, 11 de septiembre de 2011

El amor, la escritura y el arte según Gala

Antonio Gala es siempre una fuente inagotable de referencias a todos los temas que se puedan imaginar. En su libro Los papeles de agua, aunque su lectura me ha resultado tediosa y lo voy a tener que dejar a medias, he encontrado sin embargo algunos de esos pensamientos suyos tan profundos que le han hecho famoso y que son en realidad pura poesía. El amor, la escritura y el arte son la piedra angular de todos ellos:

“Te quise puerilmente, con una pasión profunda y delicada, acerca de la cual no he podido hablar ni una sola vez: no hubo nunca un momento propicio ni una propicia compañía. Cuanto más sensitiva es una persona, cuanto más casta y tímida, más necesaria es la máscara de las risas. Como una gasa fina que cubre las heridas bajo el brutal esparadrapo… Es preciso recordar que todos pueden ser fácilmente heridos….”

“Sé que hay escritores que se cumplen sólo escribiendo, que se desahogan escribiendo, que sustituyen el fervor y la palpitación y el riesgo de la vida por aquello que escriben: es más cómodo y menos peligroso. Pero también sé que muchos hay que opinan que vivir puede ser un sustituto osado y temerario de escribir o pensar. (…) Al contrario de lo que creían los románticos, ningún verdadero escritor ama ese riesgo, esa zozobra mortal que es la vida”.

“El idioma es un vehículo, sí, un sistema circulatorio de raíces y arterias. Una vía de comunicación, de conocimiento. Y una compañía infinita. ¿Por qué, si no, me alimento y me protejo trazando palabras, sin saber bien cuáles ni por qué, en estos papeluchos?. (…) La comunicación más alta posee el don de despertar en otro el sentido de quién es y contribuir a que se reconozca. Lo mismo que el amor: un trabajo que contribuye a que otro se realice y que a su vez realiza a quien lo hace”.

“La soledad del acto de escribir. Lo terrible no es el hecho de exhibirse en los folios, de desangrarse en ellos: eso es un masoquismo consolador a veces. Ni es lo terrible la misión, inventada o no, de remediador de la realidad o devorador de ella; ni la búsqueda del conocimiento de las causas más hondas, de la verdadera voz de la justicia. Lo terrible no es su labor de denuncia, de desenmascaramiento, de guerra a muerte a la inhumanidad. Hablo de la infinita soledad del que levanta unos segundos los ojos del papel, mira al frente y no ve nada. O no mira al frente, sino dentro de sí, y está temblando, extraviado en una selva no amiga, casi siempre hostil, llena de ruidos, de rumores, de recovecos, de sugestiones, y tiene que llegar a donde nadie lo está esperando. (…) Perdido, solo y perdido. De eso hablo. De ese animal no doméstico ni domesticable; de ese animal indómito, en apresurado anhelo de su propio ladrido, de su gañido, de su aullido, de una voz propia. (...) De ahí que el auténtico escritor no haya de justificarse. Todo le servirá. Hasta sus pecados”.

“¿No voy a saber yo que el escritor es siempre un marginado?. Los otros corren tras metas previsibles, encaran dificultades superables, se recompensan con resultados más o menos próximos. El escritor no sabe dónde va ni qué busca. Lo marginan o se margina él: no le gusta la clase en que nació, ni su mundo, ni su época, ni la profesión que lo alimenta. Lo cambiaría todo si pudiera. Pero la literatura es para él como el aire: contaminado o no, precisa respirarlo. Esa es la prueba definitiva de que uno es escritor: moriría –en cierta forma, pero moriría- si escribir no le fuese posible”.

“La literatura fue mi forma de amar, de conocer, de acariciar, de aprender (…). El que escribe no vive para contar: cuenta para vivir más y, de paso, contagiar más vida a los que leen. Escribir no consuela de nada; no, no cura, sino que reabre las heridas: es una llaga nueva por la que, como por un ojo, se ha de ver todo de nuevo; por la que, como por una boca, se ha de contar todo de nuevo; revivir lo que de veras no se ha sabido vivir. (…) Para algunos seres, literatura y vida son dos nombres de la misma ansiedad y el mismo júbilo”.

“Eso es lo que a la gente le acobarda y le hace huir: el desvalimiento, la dependencia, la sorpresa infinita, el asombro infinito que provoca el amor…Y es eso justamente lo más hermoso de él: la huella que deja cuando nos abandona… Por eso a mí el amor me resulta difícil. Y yo a él, imposible…”

“Si los críticos de cualquier arte tuvieran serio sentido crítico, cambiarían de profesión. El único capaz de internarse y ahondar en una creación es el propio creador, siempre que sea auténtico”.

sábado, 10 de septiembre de 2011

El nieto de Freud (II)

Lucian y Caroline Blackwood
Los cuatro McAdam heredaron de su progenitor sus ojos azul aguamarina y su talento innato por la pintura. Todos estudiaron Bellas Artes y son, hoy en día, cotizados pintores. Lucy Freud contó que en la escuela de arte, al terminar un lienzo, un compañero lo alabó, comparándolo con un cuadro de Lucian Freud. Entonces ella le confesó que era su hija, pero no le creyó. Nadie la creyó, así que decidió cambiarse el nombre por el de Lucy Freud. De los pocos años de la infancia que vivió bajo el mismo techo que su padre, apenas tiene memoria. Recuerda que se ausentaba por las noches con la excusa de que tenía que pintar. Recuerda la ausencia de su padre y su frialdad, una frialdad que atribuye al tiempo que pasó en un campo de refugiados cuando su familia huyó de la Alemania nazi.

Se reencontró con su padre, al igual que sus olvidados hermanos, durante la última semana de vida, cuando ya no podía moverse de la cama. Explica que su padre se mostró cariñoso y cálido con ella. Le enseñó fotos de sus dos hijas, le explicó cómo le había ido en la vida y le pidió una foto con él, deseo al que él accedió. Murió a los pocos días.

Si la relación con sus hijos fue complicada, también lo fue la relación con sus dos hermanos, Stephen, el mayor, y Clement, el pequeño. Sir Clement Freud fue un famoso político y presentador de televisión, uno de los primeros chefs televisivos. Tuvo cinco hijos. Uno de ellos está casado con la hija de Rupert Murdoch. Stephen, por su parte, eligió una vida discreta. Es el único Freud que no ha tenido una carrera brillante ni se ha relacionado con el arte. Compró una ferretería en Baker Street, en cuya entrada ni tan sólo aparecía el apellido Freud, y la regentó durante 50 años junto con su esposa. Con 89 años, es el único de los tres hermanos que sigue vivo. Sólo ha concedido una entrevista en su vida, hace tres años, en la que confesaba que no se hablaba con Lucian desde hacía 10 años. Un día discutieron por una tontería y ya no le volvió a hablar.

De hecho, al final de su vida, Lucian no se hablaba con ninguno de sus hermanos. Con Clement rompió los lazos en 1955, después de que acudiera a él para pedirle dinero prestado y éste se lo negara. El juego era una de las pasiones de Lucian Freud, junto con los caballos y las mujeres. Pasaba horas en los hipódromos y casinos clandestinos, que por aquella época eran ilegales. Siempre apostaba grandes cantidades de dinero y siempre perdía. Algunas de sus amantes explican que le gustaba contar su historia con los gemelos Kray, la banda de gángters que dominaba las calles de Londres durante los 50. Les pidió dinero prestado, lo perdió y éstos enviaron matones a por él. Salvó su vida por los pelos, probablemente porque detuvieron a los Kray en 1958.

A Lucian no le sentó nada bien que su hermano le diera la espalda. No se lo perdonó. No le volvió a hablar en más de 50 años. Su rencor era tal que cuando la reina Isabel II le ofreció el título de Caballero de la Orden Británica, éste lo rechazó porque antes se lo había ofrecido a su hermano. Sir Clement Freud murió en 2009. Su entierro fue multitudinario. Asistieron desde el primer ministro, entonces Gordon Brown, hasta los principales intelectuales y artistas del país. Lucian, no. Prefirió irse a comer con una amiga en un restaurante. Simplemente alegó que no le gustaban los entierros. Era cierto. Tampoco asistió al de su madre.

Sus 14 hijos reconocidos forman una trouppe intelectual digna de su progenitor:

Annie es la hija mayor. Es una respetada poetisa.

Annabel Freud es la segunda hija de Lucian y Kitty Epstein. Estudió en la Escuela de Camberwell, en Londres y es una reputada pintora.

Bella Freud es hija de Bernardine Coverley. Estudió moda con Vivian Westwood y es un famosa disñadora, casada con James Fox, un famoso actor británico.

Esther Freud es la segunda hija de Bernardine Coverly está considerada como una de los 20 escritoras jóvenes más talentosas de Reino Unido.

Rose Boyt es novelista. Estudió en el University College de Londres. Ha escrito varias novelas, entre ellas Sexual Intercourse.

Isabel Boyt es profesora infantil. Es una de las hijas que más posó para su padre.

Susie Boyt es escritora. La pequeña de Freud y Suzy Boyt. Ha publicado cinco novelas con buenas críticas. Casada con el productor Tom Astor.

Jane Freud McAdam es autora de pinturas, esculturas e instalaciones de arte moderno que están expuestas en el Museo Británico.

Paul Freud McAdam es artista de arte figurativo abstracto, de gran reputación. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Camberwell.

Lucy Freud McAdam es pintora surrealista que ha expuesto en la Royal Academy, en Christie’s y Sotheby’s. 

David Freud McAdam es el más joven de los hijos de Lucian y Katherine McAdam. Pintor de retratos y cuadros abstractos.

Frank Paul es hijo de la pintora Celia Paul, el más joven de los hijos conocidos de Freud, y como ya mencioné antes también se dedica al arte.

Lucian Freud, artista paradigmático donde los haya, nos lega su genialidad, su obra y la historia de una vida intensa.


viernes, 9 de septiembre de 2011

El nieto de Freud (I)


Pocos hombres dejan tras de sí a su muerte una fortuna tan incalculable, una vida tan intensa y tantos descendientes entre los que repartir su herencia como el controvertido y excéntrico pintor Lucian Freud, que ha muerto hace poco en Londres a los 88 años de edad, dejando algunos de los mejores cuadros hiperrealistas de la segunda mitad del siglo XX, y un capital valorado en 143 millones de euros cuya distribución, a buen seguro, generará polémica porque deberán repartírsela entre los 14 hijos, con cinco mujeres diferentes, aunque podrían ser más. Se rumorea que hasta 40. Sin contar con la casa-estudio victoriana de Notting Hill donde Lucian, nieto de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, pintó la mayor parte de sus obras y que podría convertirse en casa-museo, al igual que la mansión de su abuelo en Hampstead Heath. Y están sus lienzos, sus retratos y desnudos hiperrealistas, de valor incalculable. En el año 2008 se convirtió en el pintor vivo más cotizado cuando vendió su lienzo Supervisora de subsidios durmiendo, en el que aparecía una mujer obesa tumbada en un sofá, por 3,5 millones de euros.

Entre hijos, mujeres que aún viven, sus cinco sobrinos y una extensa familia que nadie sabe donde termina exactamente, ademas de sus guardeses y sus mascotas. De los 14 vástagos reconocidos, los dos primeros los tuvo con su primera esposa y los 12 restantes con amantes. Tres de sus hijas nacieron el mismo año, en 1961, de madres distintas.

Lucian Freud, nacido en Berlín en 1922, era el mediano de los tres hijos de Ernest Freud, un reputado arquitecto. Su familia, judía, emigró a Londres en 1933 huyendo del nazismo. Su abuelo se reuniría con ellos tres años más tarde. Se casó, por primera vez, con Kitty GarmanEpstein en 1948. Kitty era hija del escultor Jacob Epstein y una de las siete hermanas Garman, conocidas por su belleza y por pertenecer a los círculos artísticos del Grupo de Bloomsbury. Lucian conoció a Kitty a través de Lorna Garman, su tía, con la que salía. Con Kitty tuvo dos hijas. El matrimonio se deshizo en apenas cuatro años. Se divorciaron en 1953 y entonces se casó con Lady Caroline Blackwood, escritora y actriz, la bella hija, de 22 años, del marqués de Dufferin y la heredera del imperio cervecero Guinness. La suya fue una relación tumultuosa, con frecuentes infidelidades por parte de Freud. Lady Caroline no quiso tener descendencia con él y se divorciaron en 1958, cuando él contaba 36 años. Ya no se volvió a casar, aunque aun tendría 12 hijos más con otras cuatro mujeres, algunas de las cuales simultaneó. Con la escritora Bernardine Coverley tuvo dos niñas. Con Suzy Boyt, una brillante estudiante suya en la escuela de arte St Martin’s, tuvo cinco hijos. La diseñadora de moda Katherine McAdam, dio a luz a otros cuatro vástagos suyos. Y con la pintora Celia Paul, alumna suya en la escuela de Bellas Artes Slade, tuvo un niño.

La prestigiosa poeta Annie Freud, de 63 años, es la mayor de sus hijos, mientras que Frank Paul, de 26 años, es el menor. Éste acaba de exhibir su primera colección de cuadros de estilo surrealista, como su padre en los comienzos. De hecho, la mayoría de los hijos conocidos de Lucian Freud han desarrollado exitosas carreras artísticas, sin que su padre les haya dado nada más que sus genes.

Intenso y libre, analítico y profundo, Freud dedicaba como mínimo nueve meses en completar cada uno de sus cuadros, en sesiones interminables de a veces 14 horas, de día y de noche. Recitaba a sus musas desnudas fragmentos de poemas, les cantaba, bailaba con ellas y les ofrecía champán. Luego se acostaba con ellas. Y seguía pintando. No podía parar de pintar. Sus cuadros se caracterizan por la intensidad y la vitalidad, y por la profundidad psicológica de sus modelos. Fue un conquistador hasta el final. En 2003, con 80 años, mantuvo una relación con su nueva musa, la modelo Emily Bearn, de 29 años. El apetito sexual del artista era insaciable. Las mujeres que estuvieron con él lo definen como una persona extraordinariamente atractiva y carismática, con una personalidad arrolladora y genial.

La escritora Joan Wynham, una de sus amantes, explicó que «no podías evitar sentirte atraído por Lucian, era maravilloso e increíblemente excéntrico». Un amigo íntimo suyo relató que, a los pocos días de casarse con Lady Blackwood, comió con ellos en París y que, durante la comida, «pasó una muchacha muy guapa, Lucian se levantó y se fue tras ella, no lo volvimos a ver hasta dos días después».

También era conocido su fuerte temperamento. Pintó Self-Portrait with a Black Eye (Autorretrato con un ojo morado) tras una pelea con un taxista. Se negó a pintar a personas que no le gustaban como el Papa Juan Pablo II o la Princesa Diana. Y rechazó pintar a la mujer del célebre dramaturgo Andrew Lloy Webber por «amenazarle» con entregarle entradas gratis para su nuevo musical. Siempre hizo lo que quiso y cuando quiso. Su madre decía que las primeras palabras que pronunció fueron: «Dejadme en paz».

Ninguna de sus hijas recuerda a Lucian como padre. Era su padre pero nunca le llamaron papá. Estaba entregado en cuerpo y alma a la pintura. Su vida era su estudio. Y allí era donde, a veces, dejaba que lo visitaran ellas. La única manera de acercarse a él era posando, a menudo desnudas. No obstante, ninguna de ellas habla mal de su padre. Todas lo admiran como pintor. Ellas y sus madres fueron sus principales musas. Necesitaba conocer muy bien a las personas que pintaba. Tal vez fueron Bella y Esther las dos hijas que se llevaron mejor con su padre. Y de las pocas que tenían su número de teléfono. Eran las hijas de la escritora Bernardine Coverley. Bella Freud está considerada como una de las diseñadoras británicas más importantes, mientras que Esther Freud es escritora, elegida en 1993 como una de los mejores 20 escritores jóvenes del país. Esther declaró una vez que nunca tuvo una relación padre-hija con su padre. «Posé para él cuando tenía 16 años, así fue como pude conocerle, nunca habíamos vivido en la misma ciudad», confesó. Esther cuenta que ellos, los hijos, no tenían elección: «Puedes conseguir un poco de él si no esperas que actúe como padre».

Por su parte, Susie Boyt, la escritora, confesó que estaba muy tensa la primera vez que posó como modelo para él, a los 17 años. «Quería decirle: ‘¿dónde estabas cuando te necesitaba?’», explicó a la prensa local. Pero no le dijo nada. Se conformó con un poco. Se limitaron a hablar de literatura, de arte y de musicales, y a cantar. Después de estudiar en Oxford, Susie Boyt, inició una exitosa carrera como escritora. La ausencia del padre es una constante en su obra.

A los cuatro hijos que Lucian Freud tuvo con Katherine McAdam, se los conoce como los hijos olvidados de Freud porque no se supo de ellos hasta el año 2004. Crecieron lejos de su padre porque su madre, allá por 1971, los metió en una furgoneta alquilada en medio de la noche y se los llevó a vivir lejos de Londres y lejos de Lucian Freud. Acababa de enterarse, a través de la prensa, de las otras amantes y otros hijos que tuvo mientras estaba con ella. Se instalaron en un piso de protección oficial y empezaron una nueva vida, con el apellido McAdam y, aunque sabían de quién eran hijos, no volvieron a reunirse con su padre hasta la madurez.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Fotos que me gustan


Esta foto la encontré por casualidad cuando estaba buscando imágenes de Ceuta, el lugar donde nació mi padre. Es un barco abandonado en una playa cerca de allí. Se ve más bonita en mis archivos, al pasarla aquí ha perdido color.

Me parece como si los barcos fueran igual que las personas: unas veces navegan con rumbo preciso, otras van a la deriva; unas veces luce como si fuera nuevo, otras está oxidado. Al final, varados en un lugar solitario.

Y cómo no, el famoso beso de Times Square, 1945, por Alfred Eisenstaedt. Ví hace un tiempo un reportaje en una revista en el que salían los dos muchos años después, hechos una pasa. Había sido un ósculo sin más trascendencia, pero la pose quedaba muy bien.














Esta imagen la tenía de fondo de pantalla en el ordenador en mi anterior trabajo. Me parecía sugestiva y relajante la arena negra de esa playa, con esas estrellas de mar tan bonitas.




Este faro me pareció espectacular. Quisiera saber quién hizo la foto para poder ver otros trabajos suyos. Ese cielo, el tono azulado del faro. Es maravillosa.
Nueva York al anochecer. Este tono malva me encanta.


Hay algo en la postura de este niño, en su falta de interés por la clase, o en su forma de mirar, que me parecieron sugerentes. Él, protagonista absoluto casi sin quererlo, con el fondo desenfocado del resto del aula. Hay una rebeldía juvenil, un cansancio, un aburrimiento muy propios de esa edad.



Si la Torre Eiffel parece impresionante aquí, nada comparable a como es en realidad. La vi de noche de lejos, espectacular, pero cuando me intenté acercar no conseguí encontrarla entre la maraña de callejuelas. Algo muy propio de mí, tener algo muy cerca y que aún así me resulte inalcanzable.














Este árbol lleno de mariposas azules es una maravilla también.


Este ratoncito es una cosa monísima, da ganas de comérselo a besos.

Los huracanes han sido siempre algo que me pone mucho. Los del coche lo llevan claro.

Un tren fantasmagórico. Es como si todo el mundo hubiera salido corriendo. El equipaje abandonado. Un tren detenido en medio de un campo húmedo y frío, la niebla cerniéndose sobre todas las cosas. Es como la vida, un tren que en realidad parece que no va a ninguna parte, y que a veces se detiene...

Un lugar misterioso, en medio de la niebla. la cancela que da paso a una mansión.. o a un cementerio. Hay una cierta elegancia decadente.

De niña me gustaba coleccionar las imágenes que me parecían más impactantes y bellas, aquellas que fueran momentos únicos y que dieran qué pensar. Las recortaba de las revistas y las pegaba en folios para formar una especie de álbum. Aún las conservo.

Hoy en día que lo visual ha cobrado tanto protagonismo, me siento a mis anchas, porque siempre me he considerado una esteta.

Esta es una recreación futurista de un Londres apocalíptico. Impresiona.

 

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Álbum familiar (XI)

Aquí estoy el día de mi bautizo, con sólo un día de vida. En aquel entonces era costumbre bautizar a los niños a poco de nacer por aquello de que si les pasaba algo que no fueran al limbo por no haberles echado el agua bendita encima. La abuela Pilar, que me sostiene en brazos, fue mi madrina, y el abuelo Alfonso mi padrino. La abuela Luisa completa la escena. Parecen muy solemnes, y muy vestidos teniendo en cuenta que estaban en pleno verano. Esta foto la tengo yo en una de las estanterías del mueble del salón de mi casa. Siempre me ha gustado mucho, mis abuelos al completo mirándome, pendientes de mí.


En esta estoy en el apartamento que solíamos ocupar en Benidorm, muy pequeño, con mi hermana y dos de mis primos, que como viven en Alicante nos solían visitar en las vacaciones. Mi primo Alfonso tiene un poco cara de guasa. Mi primo Carlos está jugando conmigo al ajedrez. Él tenía en realidad sólo un año menos que yo, pero casi parezco su madre, porque se crió un poco canijo. Ahora de mayor nada que ver. Yo tendría unos 14 años.

Mis primos eran buenos chicos pero con tendencia a ser un poco gamberros. Cuando éramos más pequeñas que en esta foto les gustaba escandalizarnos y hacernos reir haciendo el ganso y diciendo cosas graciosas. La edad del pavo parecía que no se les iba a terminar nunca. Lo de hacer ruidos metiendo la mano bajo la axila y subiendo y bajando el brazo nos hacía morirnos de la risa a mi hermana y a mí. Como éramos tan educaditas cualquier cosa que se saliera un poco de lo normal nos sorprendía y regocijaba.



Aquí aparece mi madre de la mano de la abuela Pilar, y su hermana, mi tía Carmen, en brazos de la tía Regina. Mi tía Regina era la hermana más pequeña de mi abuelo materno. La tuvo mi bisabuela, a la que yo conocí porque murió casi con 100 años, de su segundo matrimonio, tras quedarse viuda.

Era una mujer menuda, muy rubia, con los ojos muy azules y la piel muy blanca. Parecía extranjera. Tenía un magnífico carácter, siempre amable con todo el mundo, y educadísima, con ese refinamiento que ya casi sólo puede encontrarse cuando se mira al pasado. Se ha muerto hace poquito, a finales de agosto, nonagenaria también pero, a diferencia de su madre, ella no pudo llegar en buenas condiciones.

Impresiona ver que alguien como ella desaparece, porque era el último miembro de una generación muy especial que marcó toda una época. Con mi tía Regina se van costumbres, formas de ser, actitudes vitales que difícilmente vuelvan a darse, valores que hoy están en desuso.


martes, 6 de septiembre de 2011

Gay Talese: el último outsider

Gay Talese ha afimado hace poco: "Si Facebook y Wikileaks son el nuevo periodismo, es una tragedia". No es que tenga nada contra las redes sociales o las filtraciones en Internet. Al contrario, pero cree que el `verdadero´ periodismo es otra cosa. Le avala en sus afirmaciones haber escrito el mejor reportaje de todos los tiempos, haber llevado a cabo las investigaciones más completas del siglo XX y seguir en activo a los 76 años. ¿Crisis de los medios? Él lo tiene claro: "Para la verdad siempre hay mercado".

Hijo de un sastre de Calabria y de una italoamericana que dirigía con éxito el negocio familiar de prendas de vestir. Lo que sirve para entender por qué Gay Talese viste como un personaje de una película de los 30, con un elegante e impecable atuendo en el que no falta detalle. Lleva trajes a medida desde su infancia.

La señora Talese vestía a las mujeres de clase alta de Ocean View, la ciudad de Nueva Jersey donde nació Gay. Mientras se probaban las prendas aireaban su vida privada y la de sus amistades. "Siendo yo un niño, aprendí muchas cosas que me serían útiles años después. Aprendí a escuchar con paciencia y cuidado y a no interrumpir nunca, ni siquiera cuando las personas parecían en apuros para darse a entender: lo que vacilan en contar puede ser muy revelador. Tengo claro que las cuestiones sociales y políticas que marcaron la segunda mitad del siglo XX en EE.UU. se ventilaron antes en la boutique de mi madre mientras yo me hacía mayor".

Talese fue periodista desde niño, siendo un mal estudiante, aunque su carrera oficial empezó en The New York Times, donde trabajó una década. Está considerado uno de los padres del nuevo periodismo, junto con Tom Wolfe y Truman Capote, aunque él rechaza la etiqueta porque cree que algunos miembros de ese club "no fueron rigurosos y exageraban la realidad", algo que él considera delito. Se le atribuye haber escrito el mejor reportaje jamás publicado, un perfil que apareció en 1966 en Esquire sobre Frank Sinatra, y ha llevado a cabo dos de las investigaciones periodísticas más espectaculares de la historia, compiladas en sendos libros ahora publicados en España: La mujer de tu prójimo, sobre la revolución sexual en los 60, y Honrarás a tu padre, sobre una familia de mafiosos.

Talese lleva 50 años casado con Nan, una conocida editora, y tiene dos hijas. Viven en la misma casa del West Side de Nueva York desde que se casaron, aunque han ido comprando diferentes plantas del edificio hasta hacerse con todo. Él trabaja en el sótano, rodeado de cientos de cajas y cuadernos de notas. No tiene móvil ni e-mail. Prefiere los métodos tradicionales. En el bolsillo lleva unos tarjetones donde sigue tomando nota a mano de las cosas que le interesan o de ideas que le asaltan.

Sus reportajes siempre han llevado su tiempo, en el de Sinatra tardó cuatro meses, y sus libros le llevan casi diez cada uno. Algo que no parece muy compatible con el periodismo actual. Pero Talese no cree que en el fondo la cosa haya cambiado tanto. "En los 60 ya se decía que la televisión iba a acabar con nosotros y no ha ocurrido. Internet tampoco lo va a hacer. El periodismo profesional va a seguir existiendo. Lo que sucede es que hay quienes se llaman a sí mismos `periodistas´ y no son profesionales. Lo que no significa que no tengan derecho a existir. Por supuesto que lo tienen. Pero no poseen los estándares que debe tener un buen periodista: ser responsable, riguroso y preciso. Los periodistas de verdad comprueban lo que oyen; no hacen circular mentiras ni para conseguir un titular ni para atribuirse haber llegado primero. Hay que tener curiosidad, paciencia y perseverancia. Cuando la gente dice que el periodismo, tal y como yo lo entiendo, está muerto, que las noticias están en Facebook o en los blogs, siento sinceramente que no puede ser, porque sería trágico".

"Si investigas la vida, sea política, creativa, deportiva o científica, tienes que conocer a la gente. Eso no está en Google. No te puedes esconder detrás de tu ordenador todo el tiempo. No tendrás una carrera seria como periodista si no sales a la calle y miras al otro a la cara".

Pero el negocio de la prensa no parece ir por ahí: no hay presupuesto ni parece que haya interés del público por los temas tratados en profundidad, y los artículos de 20 páginas. "Siempre hay que tener en cuenta lo que el público quiere, es cierto, pero sin perder de vista el fondo de la cuestión. Lo que tienes que preguntarte es: ¿Está la gente interesada en la verdad?. Si no hay mercado para la verdad, es el caos. Y yo no creo que sea el caso. ¿Y quién va a decirte la verdad? ¿El Gobierno? Los gobiernos nunca lo van a hacer. Nunca lo han hecho. El verdadero periodismo es el que provee la verdad".

Y las fuentes de información verídicas no están necesariamente en los Wikileaks. "Siempre hay alguien en la corte del rey que filtra lo que sucede dentro del castillo. Muy a menudo, el periodista llega a la verdad a través de eso. Pero la verdad no es solo la filtración". 

Talese es muy crítico con el periodismo actual y su cobertura de las grandes noticias. "A las pruebas me remito. La operación contra Bin Laden. La prensa no cuestionó nada. ¡Pero si los Navy Seals son como la mafia! ¿Qué hacen? Llegan, disparan y se van. Eso es lo que hace la mafia. Vale que Bin Laden estaba considerado el mayor terrorista del mundo y el responsable del 11-S. Pero quizá averigüemos dentro de unos años que ni siquiera sabía lo del 11-S, que no lo organizó él, porque esos tipos muchas veces se atribuyen crímenes terribles para capitalizar el miedo que causan. Estoy especulando, pero podría ser. Sin embargo, todos los medios han aceptado la versión oficial. Lo mismo que sucedió de 2001 a 2003. Todos los medios norteamericanos, todos, fueron negligentes. El Gobierno les dijo que había armas de destrucción masiva en Irak y todos lo aceptaron. Sin más".

"Averiguar la verdad requiere trabajar. En primer lugar, la mayoría de los periodistas son bastante vagos; los lobbies y los grupos de presión se ocupan de alimentarlos de información sin que tengan que buscarla. Además, ahora los periodistas y la gente en el poder pertenecen a la misma clase, viven en el mismo sitio, se interrelacionan demasiado. Gran parte de los periodistas de mi generación éramos outsiders. Estábamos separados del poder y eso nos daba otra perspectiva. No debería haber esa mezcla de periodismo y poder. ¡Pero si ahora los periodistas hasta van empotrados! Nadie cuya seguridad depende de los militares puede hacer ningún servicio a nada, salvo al Ejército. Por definición. Son mascotas".

"Se puede ir a la guerra sin protección, por supuesto que sí. Hay un montón de historias que se pueden hacer en un país en guerra sin salir de las áreas restringidas". 

Por eso dijo en su momento que quería ir a Irak, "pero con setenta y pico años no hay muchos medios dispuestos a darme una credencial".

Talese opina que hay muchas historias por contar. "El que fue ministro de Exteriores de Sadam, Tareq Aziz. ¿Por qué no va nadie a entrevistarlo? Está ahí, en la cárcel: es un cristiano, en aquel mundo, habla inglés..."

Otro de los temas claves de su obra es la sexualidad, un asunto de actualidad con escándalos como el de Strauss-Kahn. "Es un caso interesante, pero yo no haría la historia de Strauss-Kahn, sino la de la camarera. Y no la de Diallo. Haría una historia sobre la camarera común. Gente que entra en la habitación de un centenar de personas cada día, que saben lo que desayunamos, las medicinas que tomamos..., hasta nuestra vida sexual. Y luego se va a su casa, en la que probablemente no hay nada de ese glamour de los hoteles de lujo... Strauss- Kahn dejará de ser noticia pronto, pero la historia de una camarera la lees dentro de un año y es igual de interesante".

En su libro La mujer de tu prójimo cuenta la revolución sexual en los 60 y 70. Talese piensa que ha hecho cambiar la sociedad. "Sí, lo creo. Es una enorme revolución. Crecí como un joven católico y, cuando ya era periodista, me di cuenta de que lo que me habían dicho que estaba mal de repente ya no lo estaba. ¿Qué había pasado? El libro trata sobre la redefinición de la moralidad. Trata de definir qué es obsceno. Quería relacionarme con gente obscena y ver qué hacían que los diferenciara de mí... e hice de todo para consguirlo".
 
Y no se sentía extraño practicando de repente nudismo, o manteniendo relaciones sexuales con gente desconocida. "Tenía que hacerlo porque me tomo mi trabajo muy en serio, pero debo decir que me resultó fácil. Los seres humanos somos capaces de experimentar un enorme catálogo de emociones y convicciones". Lo que él se proponía era "entender" la revolución sexual. Su libro es una exhaustiva investigación que recoge desde las primeras mujeres que posaron para Play Boy hasta prácticas más "complejas". Le hizo ganar una fortuna, pero también estuvo a punto de destrozar su matrimonio.

En 1997 Talese viajó con Muhammad Alí, que tenía 54 años y ya estaba enfermo de Parkinson, a Cuba para verse con Fidel Castro en una misión humanitaria. Sin entrevistar a ninguno, traza un brillante perfil de ambos a través de su patético encuentro. Castro hace esperar a Alí y su séquito durante una hora, sin ofrecerle nada de comer o de beber, y luego casi no pueden comunicarse. La única muestra de entendimiento se produce cuando Alí, usando un truco de magia, hace desaparecer un pañuelo en su mano usando un pulgar de goma de color carne. Castro se entusiasma: "¡Déjame probármelo!. ¡Es la primera vez que veo esta maravilla!". El artículo está ahora incluido en los mejores ensayos norteamericanos y en el libro Retratos y encuentros, pero diez revistas lo rechazaron en su momento.

En 1965 The New York Times le encargó cubrir un juicio de la mafia. Allí vio pro primera vez a Bill Bonanno, hijo del padrino de una poderosa familia de Nueva York. "Cruzamos la mirada y sentí una cierta comunicación visual", recuerda Talese. Con todo, le costó un mes que Bonanno accediese a reunirse con él. Talese, que con 30 años ya estaba cansado de las prisas del periodismo, le propuso escribir algo largo en lugar de una entrevista. Empezó así una relación, una amistad durante años antes de escribir una línea, que se mantuvo hasta la muerte de Bonanno en 2008. De ahí salió su libro Honrarás a tu padre, en el que cuenta con detalle y absoluto rigor cómo es la vida familiar, cotodiana, de un mafioso, historia que ha inspirado series de televisión.

Talese cree que al acceso de la mujer al mundo laboral y su presencia en puestos de poder ha cambiado la concepción de lo que se considera un escándalo sexual. "Hay un caso en EE.UU., el de Anita Hill, que acusó de abuso sexual al juez Clarence Thomas, pese a que nunca le había puesto la mano encima. Y ganó. Las mujeres han conseguido cambiar el lenguaje. Yo ya no sé qué es abuso sexual. ¿Qué es?".

"Por supuesto, creo que se deben perseguir los crímenes sexuales, pero la prensa no debe ser la que marque los códigos de moralidad sexual. A eso me refiero. Y no quiero que se me malinterprete. A veces la gente dice algo ante la grabadora que no era exactamente lo que quería decir. "Pero lo dijiste, está grabado, es tarde". No es justo. En ocasiones dices cosas que no has pensado bien o no has acabado de elaborar. Uno tiene derecho a equivocarse".

Gay Talese sigue pensando que las tecnologías no ayudan al periodismo, aunque se trate de una simple grabadora, a la que sólo excusa cuando no hay tiempo para hacer una entrevista más en profundidad. Además el entrevistado se suele sentir incómodo si sabe que lo que va a decir va a quedar grabado, ya no se confía tanto, le es más difícil dar rienda suelta a sus pensamientos y emociones.

Él es un periodista a la antigua usanza de los que ya quedan muy pocos. Un outsider, como dijo él mismo. Ahora los medios de comunicación abarcan más y profundizan menos. Talese siempre escribió reportajes y libros que hicieron pensar y que causaron polémica en su país cuando fueron publicados, sacando a relucir temas controvertidos que fueron debatidos en la palestra pública.

Es realmente el último outsider.


lunes, 5 de septiembre de 2011

Rascacielos


Son muchos los factores a tener en cuenta cuando se construye un rascacielos, con unas técnicas que han ido evolucionado a paso de gigante a lo largo de las últimas décadas. Ya desde la inauguración del edificio Flatiron en Nueva York a comienzos del siglo pasado, una de las primeras construcciones de este tipo que se levantaban, el progreso de esta clase de edificaciones no ha hecho más que ir en aumento.

El Flatiron tiene una curiosa forma de cuña que produce un efecto de cañón en el viento que sopla en una de sus calles laterales. Tiene una estructura de acero (no se podría haber hecho tan alto si no fuera así), tan fina que pudo ser revestida de un recubrimiento de mampostería que imitaba una fachada de piedra, al uso clásico de la época. El diseño no tenía precedentes y fue auténticamente revolucionario.

Los rascacielos de cristal vinieron mucho después. Cubrir un edificio con cristal tiene la ventaja de que aporta máxima iluminación en el interior, pero también acumula el calor del sol. Hubo que inventar un sistema de refrigeración, el actual aire acondicionado, que hacía pasar la masa de aire caliente por un depósito de agua fría, con lo que se conseguía a la vez enfriar y secar el aire.

Para la construcción del Burj Dubai, donde las temperaturas son tan altas, hubo además que recubrir los cristales con una capa de plata para refractar la luz.

Uno de los principales obstáculos que hubo que salvar cuando se empezaron a edificar a grandes alturas era cómo conseguir elevar los materiales. La revolución vino cuando se crearon las "grúas canguro", llamadas así porque parece que van saltando a medida que van haciéndose los pisos, se estiran sobre sí mismas mientras permanecen en el interior del rascacielos, con un radio de acción absoluto. El único inconveniente es que expulsa mucho aceite y hay que estar limpiándola con mucha frecuencia.

El viento es otro de los problemas que hay que afrontar cuando se va a construir un rascacielos. La Torre Sears de Chicago es un buen ejemplo de ello, pues es una ciudad con vientos muy fuertes. Su estructura está compuesta por nueve tubos que rodean el edificio formando un exoesqueleto flexible que permite resistir el aire soplando a gran velocidad sin que apenas se note en el interior. Un mirador acristalado, construido en el piso 103, es una de las mayores atracciones turísticas que tiene la ciudad porque desde allí se puede apreciar el suave balanceo del rascacielos los días en que el viento es especialmente intenso.

El Burj Dubai tuvo que tener en cuenta al viento también cuando fue diseñado. Posee una fachada irregular y no plana para "despistar" al aire huracanado y así evitar que se formen pequeños tornados.

Y cómo no los terremotos, otra de las amenazas que deben tener en cuenta los arquitectos de rascacielos. El Taipei 101 posee una tecnología puntera en este sentido, al estar sustentado sobre unas columnas rígidas alrededor de las cuales se ha creado una estructura elástica que se mueve en dirección contraria a la que las ondas sísmicas marquen en cada momento, permitiendo una gran estabilidad. De hecho durante su construcción hubo un terremoto y tan sólo se cayeron algunas grúas.
 
En Burj Dubai no se pudieron conformar sólo con esta técnica antisísmica tan avanzada, porque allí hay mucha agua en el subsuelo lo que hace muy difícil cimentar. Se utiliza una sustancia, el polimero, que es algo más densa que el agua pero no tan espesa como el cemento, que desplaza los depósitos acuíferos haciendo que se hundan aún más en el terreno. Además al no ser demasiado fluida ni demasiado espesa se puede lanzar por las tuberías hasta las zonas más altas del edificio sin que se apelmace ni resulte inconsistente.

Los ascensores han mejorado también notablemente sus sistemas de seguridad anticaída y su velocidad de desplazamiento, siendo capaces de transportar a muchas personas una gran cantidad de pisos en unos pocos segundos, o de pararse en unos pocos metros si se produce algún problema.

Y por último los incendios. Burj Dubai, probablemente el rascacielos más alto que existe actualmente en el mundo, se construyó con unas habitaciones aisladas del exterior, una cada 30 pisos, a prueba de fuego, detonaciones y humo, y con un sistema de ventilación independiente del resto del edificio que dura dos horas. Hay además una red de ventiladores que saca el humo de las vías de evacuación. Se pretende conseguir así que no haga falta salir del edificio en caso de que se declare un fuego, pues el mayor número de víctimas se producen precisamente en las salidas de emergencia.

En lo que no parece haber muchos avances es en la seguridad de los rascacielos en el caso de que choquen aviones contra ellos, posibilidad que se puede dar perfectamente de forma accidental y no necesariamente por un ataque terrorista. Pero por el momento se están construyendo edificios que parecen resistentes a casi todo, diría yo inexpugnables, como los castillos medievales. Quién sabe lo que se ideará en el futuro.


 
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