martes, 25 de agosto de 2009

Momentos inolvidables del cine (II)








































- Jane Fonda se sienta sobre las piernas de Jon Voight, ex combatiente de Vietnam, que está en una silla de ruedas en “El regreso”. Mirando al mar, la armonía y la paz de dos que se quieren, lejos de pasados dolores, un mundo a parte.

- Momento de alta carga erótica por excelencia de la historia del cine en “El cartero siempre llama dos veces”, cuando Jack Nicholson despeja la mesa de la cocina, que está llena de harina, para tumbar a una escultural Jessica Lange, a la que ha levantado del suelo. Tórrida escena pasional que, sin embargo, no resulta sórdida. El deseo en estado bruto.

- Paul Newman en “La gata sobre el tejado de zinc”, cuando encerrado en el cuarto de baño, ve una toalla colgada detrás de la puerta, que pertenece a su mujer, Liz Taylor, con la que mantiene una tormentosa relación de amor-odio, y se la acerca a la cara para hundirla en ella, aspirando su aroma. Perdidamente enamorado, aunque no quiere que ella lo sepa, rinde su tributo al amor a escondidas.

- En “Psicosis”, por supuesto, momento cuchillada total en la ducha, el enorme cuchillo subiendo y bajando una y otra vez empuñado por una mano implacable, las manos de ella agarrándose a las cortinas de plástico intentando no caer, la sangre que se mezcla con el agua que corre. Planos rodados en picado desde arriba. Primeros planos sucesivos se alternan a gran velocidad y nos sumen en una angustia y un pánico parecido al de la víctima, de la que somos testigos impotentes de su tormento y su muerte. Hitchcock se las arregló para que no se pudiera ver en ningún momento la desnudez completa de Janet Leigh, que no habría podido pasar la censura.

- Paul Newman tumbado sobre una mesa en “La leyenda del indomable”, con la barriga abultada, tras ganar una apuesta por la que tenía que demostrar que era capaz de tomarse un montón de huevos duros. Con los ojos cerrados y su eterna y seductora sonrisa, porque una vez más se ha salido con la suya.

- En “Alguien voló sobre el nido del cuco”, cuando el compañero de Jack Nicholson rompe uno de los muros del manicomio en el que se encuentran para poder escapar, tras haber ahogado a éste con una almohada para evitar que siga sufriendo.

- La primera vez que Katharine Hepburn y Humphrey Bogart se besan y se descubren su amor en “La Reina de África”. Cuánta timidez y cuánta ilusión. Nunca se vió una pareja más desigual.

- Cómo no, la tristísima y desoladora escena final de “Titanic”, cuando él se aleja poco a poco hundiéndose en el mar helado sin dejar de mirarla a ella, a la que ha dejado a salvo sobre un trozo flotante resto del naufragio. Dulcísimo Leonardo DiCaprio. Conmovedora Kate Winslet.
- Cuando Harry Potter ve en el espejo en que se mira a sus padres e intenta tocarlos. El director de la escuela le dice que no conviene detenerse en los hechos del pasado y recrearse en el dolor, porque es fácil que termine apoderándose de ti y arrastrándote. Hay que mirar hacia adelante. La añoranza de los seres queridos que ya no están, el enorme vacío que produce su ausencia.

- Richard Gere en “Oficial y caballero”, llorando desesperado después de toda una larga serie de castigos, gritándole al sargento que no se puede ir del ejército porque no tiene a dónde ir. Desarraigo. Afán de superación. Valor. El hombre duro curtido en las calles viniéndose abajo cuando lo ponen en el disparadero. Humanidad. Esperanza.

- Burt Lancaster en “Apache” corriendo hacia la joven india que no deja de seguirle, pese a haberla rechazado brutalmente varias veces, y que se arrastra montaña arriba con las manos ensangrentadas siguiendo sus huellas. La pasión ciega, el amor más allá de cualquier explicación razonable.

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