lunes, 12 de abril de 2010

Hermano mayor


Es tremenda la realidad de muchas familias que tienen hijos ya adultos con comportamientos antisociales. En “Hermano mayor” se ve cómo Pedro García Aguado, antiguo deportista de reconocido éxito, ayuda a jóvenes a superar situaciones de violencia doméstica a las que han llegado por una serie de circunstancias.
Tan sólo he visto un capítulo del programa, y ya me impactó. En él aparece una chica de 18 años que maltrata de palabra y a veces de obra a su madre. No estudia ni trabaja y sale con un chico que fue drogadicto y que dice estar rehabilitado. Las contestaciones salpicadas de insultos y palabras soeces, los empujones, tirarle cosas a la cabeza a su progenitora, se suceden sin cesar.
Cuando llega Hermano mayor todo empieza a cambiar. Se sientan juntos y cada uno expone sus razones. A la chica se la lleva a la playa para que trabaje con las mariscadoras, pues la acción transcurre en Galicia. Mientras tiene que coger una especie de gran tenedor que debe clavar en la arena del fondo del mar y moverla con fuerza durante horas, para hacer las capturas, una de las trabajadoras, aleccionada por los responsables del programa, la increpa constantemente diciendo que las ha visto más rápidas, que qué poco esfuerzo hace, ella que siendo joven tendría mucho que dar de sí. La chica hace su trabajo pero no deja de renegar.
Después se sienta a hablar con una psicóloga que la orienta en temas de relaciones sexuales. Ella prácticamente no utiliza métodos anticonceptivos ni se hace revisiones ginecológicas.
Luego la llevan a unos establos y tiene que recoger con pala los excrementos de las vacas. Un señor mayor la increpa porque dice no trabajar con la suficiente energía, y afirma que si tuviera que ganarse la vida con este oficio, como él desde que era pequeño, levantándose casi de madrugada, no conseguiría obtener el dinero suficiente para sustentarse.
Pero la forma como le habla, muy cercana, diciéndole que siente pena por ella porque lleva una vida cómoda y lo tiene todo para ser feliz y no lo es, hace que la chica se emocione y le abrace llorando. Las barreras psicológicas van cayendo.
Más tarde Hermano mayor le enseña en un portátil los videos grabados en su casa con todas las veces que discute con su madre y las cosas que hace mientras esto sucede. Se asusta de sí misma especialmente cuando se ve zarandeando a su abuelo. Ella se deja llevar y no repara en el alcance de sus actos. De repente, al mirarse en la pantalla, cae en la cuenta de la violencia que crea en torno a sí. En esta ocasión el arrepentimiento y la angustia pueden más que ella y se echa a llorar desconsoladamente.
Cuando madre e hija hablan cara a cara al final, sale a la luz la causa de todos aquellos desastres: la madre abandonó el hogar cuando la niña tenía dos años, por los problemas que tenía con su marido y aquejada de una profunda depresión. Hasta los 13 años vivió con su padre, que se desentendía de ella y la trataba mal. En ese momento decidió irse a vivir con su madre, pero fue con ella con quien descargó sus frustraciones, el rencor acumulado por años de ausencia cuando más la necesitaba, convencida de que era porque no la quería, y por la hostilidad del padre hacia ella. Hermano mayor dice que su madre también se fue de casa cuando él era pequeño, y que no entendió sus razones hasta mucho tiempo después, cuando se sentaron a hablar un día y se lo explicó todo. Le venía a decir que las cosas no suceden porque sí sino que para todo hay una razón, aunque a veces sea muy duro y cueste superar el momento, y que nunca hay que juzgar a nuestros progenitores pues la labor de los padres es ardua y no necesariamente comprendida ni acertada.
Es muy interesante el proceso emocional que se sigue a lo largo de todo el programa, hasta que la chica logra recapacitar. Contado con palabras no es lo mismo que viendo las imágenes y escuchando a sus protagonistas. Y es que la mayor parte de los problemas que se pueden plantear en el seno de una familia tienen una base afectiva que no se ha resuelto.
Pedro García Aguado, el Hermano mayor, fue campeón del mundo de waterpolo y medallista olímpico. Deportista de élite que muy joven cayó en las garras de las drogas y el alcohol, de los que se recuperó al cabo de muchos años. Se especializó en adicciones y se reconvirtió en terapeuta en el mismo centro donde se rehabilitó. Asesorado por un grupo de psicólogos, este programa de televisión es una forma más que tiene, junto con los libros que ha escrito, de ayudar a los demás. Con su manera de tratar los temas, siempre inteligente, y de hablar, firme y contundente pero sin agresividad y sin paternalismos, es el mediador insustituible para solucionar los conflictos que se van planteando. Además, el hecho de haber vivido en su propia piel muchas de las cosas tan tremendas que aquí aparecen, le dan una experiencia y una credibilidad como pocos podrían tener.
Lo mejor de aquel capítulo que vi fue el final, cuando abraza a un abuelo lloroso, y cuando la madre besa a la hija y se funden en un abrazo. No sabemos cuánto durará el efecto de la terapia, pero las bases de una relación familiar gratificante y saludable están ya sentadas.
 
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