jueves, 2 de octubre de 2014

La cruda realidad (III)


Esa noche Mike está en casa de Abby para comprobar cómo le queda todo lo que se ha comprado. Baja las escaleras con el vestido de cocktail. Está deslumbrante.

-          Abby: Bueno ¿qué tal?

-          Mike: No está mal.

-          Abby: Es que no quiero parecer una Barbie.

-       Mike: Ni yo quiero convertirte en una Barbie. Debes ser dos mujeres: la santa y la zorra, la bibliotecaria y… la stripper (se levanta y se pone frente a ella). Mira, un lado tiene que apartar al hombre con fría indiferencia y el otro debe ser un brutal tornado de atracción sexual. Ahora te enseñaré a coquetear.

-          Abby: Ya sé coquetear.

-       Mike (poniendo voz susurrante y femenina): Hola, me llamo Abby, adoro leer a Tólstoi, me encantan los gatos, y la jardinería, y los picnis románticos… Yo creo que no.

-          Abby (poniendo voz de tío bruto): Eh, maciza ¿llevas ropa interior? (y le da un sonoro azote en el trasero a Mike).

-          Mike: Eh, no te pases, yo no digo eso ni doy palmadas en el culo.

-       Abby (con la misma voz de antes): ¿Qué tiene de malo dar unas cuantas palmaditas en el culo? (y le da otro sonoro azote). ¿Para que quiero un culo si no puedo darle palmadas? Sólo soy un trozo de carne con un montón de orificios.

-        Mike: Eres una persona muy pero que muy trastornada.

      - Abby (acariciando los hombros y el pecho de Mike insinuante): Lo que soy es buena alumna…

        -  Mike: Para ya de hacer eso…

         -  Abby: ¿El qué?

-      -    Mike: Eso… pasearme los dedos… de esa forma.

-        -  Abby: ¿Por qué? ¿te pone?

-          Mike: Bueno, tal vez…

-          Abby: Me está gustando, qué raro…

-          Mike: ¿de verdad?

-          Abby (riéndose): Idiotaaa…

-          Mike: ¡Lo sabía! Oye, no des lecciones al maestro.

De repente llaman a la puerta. Es Colin. Abby se pone muy nerviosa, pero Mike la tranquiliza. “Haz que la conversación dure un minuto”. Luego va a esconderse detrás del sofá, no sin antes darle a Abby un azote en el trasero. Ella se pone a hablar en la puerta de cosas intrascendentales y no tarda en cerrar, despachando a Colin, al que deja con la palabra en la boca.

-          Abby: ¿Y ahora qué?

-          Mike: Nada, que sufra el chaval.

-          Abby: Que sufra el chaval.

Colin, al otro lado de la puerta, la invita a ir con él a un partido de béisbol el fin de semana. Abby empieza a dar saltitos y a mover los brazos y la cabeza como si bailara, gesto característico en ella cuando está muy contenta. Mike se la queda mirando extrañado.

En el partido Abby lleva un auricular por el que Mike le va dando instrucciones acerca de todo lo que hacer y decir mientras está con Colin. Unas fans reconocen a Mike y se ponen a abrazarlo, lo que provoca las iras del novio de una de ellas. Mike le manda a la porra usando una frase escatológica, que Abby repite creyendo que la debe decir ella. Todo es un cúmulo de malos entendidos. Colin compra unos perritos calientes.

-   Mike: No olvides meterte el perrito en la boca muy muy despacio. Nos pone observar cómo os metéis cosas comestibles con forma de pene en la boca.

Abby, sobresaltada por la imagen mental, derrama sin querer su refresco sobre la bragueta de Colin. Ella se inclina sobre él y se pone a frotarle convulsivamente el pantalón con un pañuelo para quitarle la mancha, cosa que aprovecha la cámara del estadio para retransmitir la imagen en la gran pantalla, que desde ese ángulo da la impresión que le está haciendo otra cosa.

De vuelta a casa, Colin le dice que ella le parece diferente a todas las demás que ha conocido. Mike le indica por el pinganillo que saque tetas y de las buenas noches. Colin, de improviso, la coge por un brazo y le da un beso de tornillo. “Eso compensa mi entrepierna mojada”, dice él. Cuando se marcha Abby corre hacia Mike, que estaba escondido detrás de unos matorrales, y se abalanza sobre él para abrazarle.

-          Abby (eufórica): ¡Lo has conseguido! ¡Lo has conseguido!

-          Mike: Yo no he hecho nada, has sido tú. No me preguntes por qué pero yo diría que le gustas.

-          Abby: Es un tío genial ¿verdad?

-          Mike (con retintín): Siiiiiii…., el hombre ideal.

-          Abby: Sí, y cumple los 10 requisitos de mi lista.

-          Mike: Ya, pero los del 1 al 9 ¿tienen algo que ver con que sea muy gay?

-          Abby (alejándose hacia su casa sonriente): Voy a pasar por alto eso porque me encuentro de mi buen humor.

-          Mike: Ya lo he oído, entrepierna mojada.

Al día siguiente, en otro episodio de La cruda realidad, Mike habla a la audiencia disfrazado de orangután. Acompañan sus palabras la imagen en una pantalla tras él con dos monos apareándose.

-      Mike: Los monos bonobos son los parientes más cercanos del ser humano. Sobre todo en lo que respecta al sexo. Utilizan el sexo como modo de zanjar una discusión, una de mis técnicas favoritas.

De pronto entra en el plató el sobrino de Mike. Abby se le acerca deprisa y le dice que eso no es para niños. “Tranquila, lo conozco”. Cuando termina y sale de cámara, el matrimonio de presentadores sigue sentado, con la cabeza baja, como si estuvieran anotando algo en el papel que tienen frente a ellos. Él murmura “Yo tengo un bonobo adulto enorme y muy machote entre las piernas”. “Eso hay que verlo”, dice ella sin levantar la vista.

-Mike: Oye ¿qué haces aquí? Te dije que no vieras este programa, y mucho menos en directo.

- Sobrino: Es que tengo algo urgente que consultarte.

La chica que le gusta le ha invitado a una fiesta con baile y no sabe si decir que sí.

-    Mike: Las chicas empiezan a entrarte, llevas la delantera. ¡No sabes lo guay que es eso! Disfruta de tu momento. Y ahora largo, te veo a las 5.

-          Sobrino: Vale, y no olvides la pizza, King Kong.

-          Mike: ¿Cuándo me olvido?

A Abby, que ha estado observando la escena, le explica su relación familiar. Luego le pide que le ayude a bajar la cremallera del disfraz de orangután.

-          Mike: Anda, desnúdame.

-     Abby: Oye ¿sabes una cosa? Colin ha llamado, quiere volver a quedar (e inicia uno de sus bailecitos espasmódicos)

-          Mike: ¡Ay, madre!

-          Abby: ¿Cuánto tiempo debo esperar para acostarme con él?

-          Mike: Bueno, cuanto más le hagas suplicar más lo vas a tener enganchado, así que menos eso haz todo lo demás. Pero hazlo insinuando también que bajo esa fachada de obsesa del control tan tuya hay una psicópata sexual esperando ser liberada.

-          Abby: No, no soy una psicópata sexual.

-          Mike: Ya veo, me da que no follas desde hace cuánto ¿un año?

-          Abby: No, sólo once meses.

-          Mike: ¡Dios! Once meses… ¿y no te has muerto? ¿Con qué asiduidad te haces…?

-          Abby: ¿Me hago qué?

-          Mike: Ya lo sabes… frotar el garbanzo…

-          Abby: ¿Qué garbanzo?

-          Mike: ¡Tu garbanzo! El que tienes abajo…

-          Abby:¡¡Auuuhhh!! (le da un golpe)¡ Guarro! ¿Así lo llamas? ¡Qué mal estás!

-    Mike: La verdad es que lo llamo masturbarse, pero creía que podía ofender tu delicada sensibilidad femenina, así que…

-      Abby (negando con la cabeza mientras mira a su ayudante, que se ha acercado a servirse un café y lo ha escuchado)

-          Mike: ¿Con qué asiduidad le das friegas?

-          Abby (irritada): ¿Con qué asiduidad te das friegas tú?

-          Mike: Sólo me lo preguntas para imaginarme meneándomela, mientras tú te frotas.

-          Abby: No, no, no lo hago jamás.

-          Mike (canturreando): Sí lo haces…

-          Abby: No, lo encuentro… impersonal, sí.

-          Mike: Abby ¿qué puede haber más personal que frotarse el garbanzo?

-          Abby: Oye, no me veo haciendo eso ¿vale?

-       Mike: Vale, pues yo sí me toco. Tienes que empezar ya, porque si tú no quieres tener sexo contigo ¿por qué va a querer Colin?

Esa noche alguien llama a la puerta de la casa de Abby, y al abrir se encuentra una bolsa de papel muy primorosamente adornada. Cuando la abre descubre unas bragas vibradoras y un mando a distancia. Hay también una tarjeta con un monito colgando de una rama en la portada, dibujado por Mike, en la que le escribe “Este regalo no es para ti, es para tu garbanzo”. Estando ya arreglada para su cita con Colin, éste le pone un mensaje al móvil diciendo que se va a retrasar un poco. En ese rato, curiosa, se pone el regalo y guarda el mando en su bolso. Llaman al timbre y aparecen Mike y su jefe: esa es la noche en que tiene lugar la cena con los directivos. Ella, contrariada, les dice que ya ha quedado con Colin. “Tú no sabes el trabajo que da conseguir una cita”, le dice Mike a su jefe, y este le contesta que se traiga a su cita.

Ya en el coche, camino del restaurante, está Colin también.

-          Mike: Siento haberos secuestrado chaval.

-          Colin: No pasa nada. ¿Tú también eres productor?

-          Mike: No tío, soy la estrella.

-          Colin: Osea que eres presentador.

-          Mike: No, hago La cruda realidad.

-          El jefe: ¿Nunca ha visto el programa?

-          Mike: Venga Stuart, nuestro programa es demasiado zafio para Colin. Es médico.

-          Abby: Sí, es verdad, lo es…

-          Mike: No va a oir hablar de cosas como implantes y sexo oral.

-          Colin (muy interesado): ¿Habláis de sexo oral?

-          Abby (disimulando): ¡Ay! Ya hemos llegado.

Al entrar en el restaurante se acercan las chicas con las que Mike se bañó en sirope.

-   - Abby (indignada): ¿Has invitado a las gemelas sirope?

-         -  Mike: Sí, me pareció buena idea…

Se unen a los ejecutivos, se intercambian saludos chistosos y van a la mesa. 

(.../..)


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