viernes, 5 de septiembre de 2014

Entrevista a Jane Fonda

 
Activa, vibrante, interesada por la vida y ¡relevante! Así dice Jane Fonda que hay que estar cuando se alcanza esa edad en la que intentan 'jubilarte'... y no solo profesionalmente. Ella predica con el ejemplo. Y a los 76 no solo vuelve al cine, sino que está empeñada en exprimir hasta la última gota de su apasionante vida.
 
La incombustible Jane Fonda, que vuelve al cine a sus 76 años.
No es fácil exprimir tanto una sola vida. Hija de un mito; modelo en sus años mozos; actriz oscarizada por duplicado; gurú con calentadores; activista política; feminista militante; esposa de un director, de un activista, de un magnate... Jane Fonda lo ha sido todo; también, una figura controvertida. En 1972 posó para una foto que ha marcado su vida. La imagen de la actriz sentada en una batería antiaérea en Hanói durante la guerra de Vietnam enfureció a gran parte de la sociedad estadounidense. Aunque ha pedido perdón mil veces, Fonda sigue coleccionando enemigos acérrimos entre las filas conservadoras. Pero ya no le importa.
En 1991, y después de protagonizar cintas clásicas como El regreso, Klute, En el estanque dorado o Descalzos en el parque, anunció su retirada del cine. Le costó quince años reconciliarse con Hollywood. Ahora, Jane Fonda vuelve a la gran pantalla con Ahí os quedáis (estreno: 3 de octubre), una comedia sobre una familia que, al morir el patriarca, tiene que cumplir con la tradición judía de pasar siete días y siete noches bajo el mismo techo. «Jane me llamó y me dijo que quería hacer la audición para el papel. Yo le dije: '¡No hace falta! Sé que eres maravillosa'. Nadie pasa por un casting cuando es tan famoso. Pero ella quería hacerlo. Llegó con humildad y modestia; llegó hambrienta. Y lo clavó. Fue increíble», explica entusiasmado el director de la cinta, Shawn Levy.
Efectivamente, Fonda es un icono, pero no ejerce como tal. Vestida con un traje negro, una camisa blanca y unos zapatos planos, no exhibe esa aura inalcanzable de los mitos como ella. Al contrario. Le gusta hablar, recordar, opinar... Eso sí, sin rastro de melancolía.
XL Semanal. No es habitual que una estrella de su talla haga un casting, pero usted lo hizo. ¿Tanto deseaba el papel?
Jane Fonda. ¡No soy ninguna diva! [risas]. Deseaba este papel porque es muy divertido y quería demostrar que era la persona adecuada. Como mi personaje, yo también tiendo a hablar en exceso y a compartir demasiados detalles de mi vida privada... Y mis hijos se enfadan conmigo. Últimamente, trato de ser más precavida [risas].
XL. Y como a ella, también le gusta hablar sin tapujos de sexo...
J.F. Sí, lo hago porque creo que hablar de ello puede ayudar a muchas mujeres. Y también a algunos hombres. Yo tengo un amante mayor y conozco cuáles son los retos. Por eso, me gusta interpretar a una mujer mayor que aún piensa en el tamaño del pene de su marido [risas].
XL. Estuvo alejada de Hollywood durante quince años. ¿Lo echó de menos?
J.F. En absoluto. Me fui porque me sentía muy infeliz. Y encuentro dificilísimo actuar cuando soy desdichada. Luego viví durante diez años con Ted Turner y estuve casi cinco escribiendo mis memorias. Cuando terminé, era una persona diferente. Y sabía que tenía que volver a hacer películas y que sería capaz de hallar de nuevo la felicidad en esta profesión.
XL. ¿Hay algo sobre este negocio que haya aprendido demasiado tarde?
J.F. Sí, y es algo que me enseñó Katharine Hepburn. Cuando era joven, no me preocupaba en absoluto mi imagen. Hacía y decía lo que quería en cada momento. Eso enfadaba mucho a Katharine, que siempre tenía una presencia impecable. Pensé mucho en eso. Por eso cuando volví a la industria, a los 65 años, lo hice con un sentido de mí misma mucho más desarrollado. Ahora soy más consciente de mi propia imagen. Pero, al mismo tiempo, sé que si hubiera sido así en aquella época, no hubiera hecho ninguna de las cosas que hice entonces. Creo que habría tenido... demasiado miedo.
XL. Es usted un icono feminista. La mayoría de las actrices jóvenes evitan colgarse esa etiqueta. ¿Entiende la nueva generación lo que significa el feminismo?
J.F. Creo que no. Hubo una época, cuando tenía 30 años, en la que yo también pensaba que el movimiento feminista era antihombres. Y es un error. Ser feminista tiene que ver con aceptar tu fuerza, pero también tus debilidades. Y ser capaz de expresarlo todo. A los hombres se les tiene que permitir ser vulnerables y a las mujeres, tener una voz propia.
XL. Han pasado 46 años desde Barbarella y, aunque la tendencia está cambiando poco a poco, sigue habiendo muy pocas heroínas de acción en Hollywood...
J.F. Existe esa estúpida creencia de que una película con una protagonista femenina no funciona en la taquilla. Necesitamos terminar con ese viejo club de chicos que maneja Hollywood. Mujeres como Angelina [Jolie] o Scarlett [Johansson] pueden hacerlo. Yo tengo una fantasía: que vuelvo a ser Barbarella otra vez y estoy acompañada por un ejército de mujeres [risas].
XL. ¿Le preocupa que esta nueva generación también sea más tímida a la hora de hablar de política?
J.F. Siempre he pensado que es importante interesarse por lo que ocurre en el mundo. Al final de nuestras vidas, todos queremos sentir que hemos marcado la diferencia de alguna manera, sea por la forma en la que has educado a tus hijos o por tu implicación con tu comunidad, tu país o con el mundo. Si eres famoso, tu voz tiene más resonancia y, por eso, tienes que ser más responsable. No estás obligado a usarla, pero hacerlo te convierte en un ser humano más completo.
XL. ¿Y en qué le gusta pensar que ha marcado usted la diferencia?
J.F. No sabes cuántas mujeres me paran por la calle y me dicen: «Empecé a ir a las manifestaciones gracias a ti». Que yo alzara la voz durante la guerra de Vietnam tuvo un gran impacto en muchas mujeres. Luego está el fitness. «Empecé a hacer deporte gracias a ti», suelen decirme. Y eso es maravilloso porque, cuando yo empecé, ¡las mujeres no podían sudar! Los gimnasios eran solo para hombres.
XL. ¿Cuál es su cruzada ahora?
J.F. Ahora estoy tratando de demostrar que con 76 años todavía se puede ser una mujer sana, vital, vibrante, interesada por la vida y... ¡relevante!
XL. ¿Qué es lo que más le preocupa de lo que ve en los telediarios?
J.F. Las noticias me hacen llorar, sobre todo cuando las víctimas son niños o animales. ¡Y lo que le estamos haciendo al planeta! Si solo fuera por mí... ¡pero tengo nietos! Las noticias me ponen triste y me asustan.
XL. En los setenta llegó a definirse como socialista...
J.F. [Me interrumpe]. No, no soy socialista. Nunca he sido ninguna 'ista'...
XL. Iba a decirle que esa es una palabra prácticamente prohibida en la política estadounidense...
J.F. Bueno, es que los Estados Unidos se fundaron sobre un fuerte sentido del individualismo. Y hubo un momento en nuestra historia en el que eso era más cierto que ahora: podías empezar desde abajo e ir escalando con tu propio esfuerzo, pero ya no es así. Y, aun así, sigue formando parte de nuestro mito. No es un mito saludable para una sociedad. Hay que trabajar juntos, dejarse de 'yo' y 'mí' y funcionar como 'nosotros'. O sobrevivimos como 'nosotros' o no sobreviviremos en absoluto.
XL. ¿Le gustaría que Hillary Clinton llegara a la Casa Blanca?
J.F. Si Hillary decide presentarse, la apoyaría.
XL. ¿Públicamente?
J.F. No creo que ella me lo pida...
XL. ¿Y eso por qué?
J.F. Porque sigo siendo demasiado controvertida.
XL. Se ha definido como una mujer valiente «capaz de enfrentarse a gobiernos, pero no a los hombres». ¿Por qué?
J.F. Yo adoraba a mi padre, pero nunca supe si él me quería a mí. Nunca estuve segura de eso. Y eso no desaparece cuando te haces mayor. Tiendes a arrastrarlo en todas tus relaciones con los hombres. Me costó mucho curarme esa herida.
XL. Ha tenido una vida poco convencional. ¿Alguna vez echó de menos una existencia más mundana?
J.F. Si hubiera sido un ama de casa, creo que hubiese necesitado muchos tranquilizantes [risas]. ¡Y muchos martinis! No creo que hubiese sido feliz. Siempre he sido aventurera, una renegada.
XL. ¿Por qué se considera una renegada?
J.F. Bueno, crecí en las montañas de Santa Mónica mirando al gran horizonte del océano Pacífico. Creo que también tiene que ver con las películas de mi padre y los personajes que interpretó. Él hizo aquellas películas, yo las vi y por eso quise luchar. Mi padre me influyó muchísimo.
XL. ¿Cuál es el recuerdo más bonito que conserva de él?

En el estanque Dorado

J.F. Rodar con él En el estanque dorado fue precioso. También recuerdo cómo íbamos a pescar juntos cuando yo era pequeña.
XL. Dice que el tercer acto de su vida es para usted el inicio. ¿Por qué?
J.F. El gran poeta T. S. Eliot escribió: «Tienes toda una vida para explorar y después de esa exploración vuelves adonde empezaste. Y lo sabes por primera vez». Yo siento que he vuelto a ser quien era antes de ser una adolescente. Era valiente, fuerte, un poco chicote... Y lo perdí todo.
XL. ¿Por qué?
J.F. Les pasa a muchas adolescentes... Tu voz se entierra, quieres ser una buena chica. Recuerdo que Elia Kazan me preguntó una vez: «¿Eres ambiciosa?». Y yo le dije: «¡No!». Porque una buena chica no debía serlo... Además, si no tenía un hombre a mi lado, no era nadie. Me ha costado mucho tiempo y trabajo volver a ser quien era.
XL. De hecho, acaba de escribir un libro sobre la adolescencia.
J.F. Sí, lo escribí porque mi adolescencia fue horrible. No tuve a nadie con quien hablar.
XL. Dice que padecía la enfermedad de 'tratar de complacer a todo el mundo'. ¿Ya se ha curado?
J.F. Sí, ya no siento esa necesidad. Y ahora, además, tengo mucha más confianza en mí misma. Si pasa algo malo, pienso: «Ya he estado en esa situación. Y sobreviví». Sabes que puedes sobrevivir otra vez. Ser joven es mucho más difícil que ser viejo.
Privadísimo
1. Cuando tenía 12 años, su madre Frances Ford Seymour se suicidó mientras recibía tratamiento psiquiátrico. A ella le contaron que había muerto de un infarto. La actriz descubrió la verdad ojeando una revista meses más tarde.
2. Sufrió bulimia desde los 13 hasta los 37 años y ha confesado que, en sus años de modelo, sobrevivió a base de tabaco, café, yogur de fresa y speed.
3. Desde hace cinco años escribe un blog. «También tengo Twitter, ¡pero no lo utilizo para decir que me voy a hacer la manicura!».
4. Fue intervenida en 2010 después de habérsele diagnosticado un cáncer de mama. Ya está completamente curada.
5. Hace una década se convirtió al cristianismo. «Soy una feminista cristiana que estudia el budismo [risas]. La fe me ha dado una guía para vivir la vida. Soy más espiritual que religiosa».
 
(Entrevista publicada en el XL Semanal de 30/8/14)
 



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